martes, 17 de marzo de 2015

Papá me quiere más a mí (Relato Largo)


Katia y Selena andan cogidas de la mano cruzando el puente. Unos metros por detrás van sus padres de bracito. Mariana comenta el inesperado final de la película. Ha sido una tarde de cine familiar. Daniel va asintiendo y soltando algún monosílabo pero su cabeza está en otro sitio. Mientras mira a sus hijas piensa si no debería ponerse más firme con el asunto de la vestimenta. Es cierto que los tiempos han cambiado, es cierto que todas las chicas visten así ahora en verano, es cierto que ya tuvo suficientes broncas el año pasado con este tema... además, parece que en estos asuntos su madre es quien lleva los pantalones en casa. Para pantalones: ¡los que llevan las niñas! ¡Eso no son pantalones ni son nada! ¿No podrían hacer los bolsillos más largos? Si se trata de que sobresalgan más allá del alcance de la tela ese sería el modo, de lo contrario esas prendas rallan los límites más elementales de la decencia. El año pasado ya vestían corto, pero algo ha cambiado. ¿Puede que con 15 años llenen mejor sus ropas? ¡Demasiado bien!

Más allá del resplandor de las farolas reina la oscuridad por donde se adentra el río. Daniel escucha el sonido de las hojas de los enormes árboles peinadas por una suave brisa. El sonido acompasado de los zapatos de su gorda mujer contrasta con el sigilo por el que transitan sus propios pasos de goma o incluso los de sus hijas. El calor de finales de junio aún no es suficientemente firme como para sobrevivir a la última hora. No ha sido mala idea ir andando aunque hay un buen trozo. Cruzado el puente parece que la pequeña ciudad ha quedado atrás. Que poco cuesta alejarse del ruido mundano con solo andar 15 minutos.

Está intrigado por los cuchicheos de sus hijas. Últimamente le ponen muy tenso. ¿Será por este estado alterado que le produce la medicación que le recetaron contra la depresión? ¿Será porque siente la imperiosa necesidad de impedir que ningún chico se acerque a sus niñas? ¿Será por esa especie de competición que tienen por ganarse el favor de papi y ser su preferida?: ese juego siempre existió, pero antes no implicaba ningún equívoco. No ocurre nada si tu hija de 6 años te da un beso en la boca. No es raro si tu niña de 8 se empeña en ponerte crema solar en el pecho. No es censurable que a los 10 se siente encima de ti. Solo una mente viciosa vería vergonzoso jugar a las cosquillas con ella a los 12 o pegarle un cachete en el culo cuando tiene 14. El caso es que todas esas pequeñas cosas han seguido ocurriendo ahora que están a punto de cumplir 16. Pero no se trata de esta clase de comportamientos, se trata más bien de algo más intangible, algo que entrañan esos roces, algo que hay en sus ojos, en su tono de voz o incluso en sus manos. Mientras esos pensamientos transitan por su mente, se descubre a si mismo mirando el enlace de los dedos de Katia y Selena. Sus manos unidas se acompañan del suave contoneo de unas jovencísimas nalgas a duras penas enfundadas en unos pantalones estudiadamente estropeados. Un hipnótico balanceo alentado por un paso tranquilo y despreocupado. Esas manitas traviesas... Esos dedos que salpican lo cotidiano de indecencia escudándose en el hecho de que "solo somos dedos". No son tetas o culos. Dedos desprovistos de connotaciones eróticas acariciándole la calva, las orejas, el cuello, el rostro y por extensión y de un modo accidental: su boca, como pidiendo ser besados. Ese último gesto de propina antes de perder el contacto, tan innecesario como significativo que dice: "quisiera más" refrendado por una mirada seductora y fugaz que añade: "¿te das cuenta?". Ese perfume pecaminoso solo se huele de cerca. La mayoría de veces Mariana presencia esos juegos y nunca se ha dibujado el más mínimo signo de desaprobación en su rostro. Sumergido en esas divagaciones, empieza a sentirse paranoico. ¿Serán todo imaginaciones suyas?


-¿Por qué hacen eso?-   dice Daniel contrariado.

-¿El qué?-   dice Mariana como despertando de repente.

-Cogerse de la mano. Ya son mayores-   refunfuñando.

-Déjalas Dani. ¿Cuántos padres quisieran que sus hijas se llevaran tan bien?-

-Bueno, cuando se enfadan tienen tela marinera-   con un suspiro de resignación.

-Chillan mucho pero solo son rabietas de niña pequeña-   condescendiente.

-¡Si ya pero! ¿Pero qué? ¿Has visto ese negro? ¿Pero qué miras negro?

****

Daniel no puede dormir. No es por los leves ronquidos de su mujer, ni por el viento que azota las ventanas. Se le ha quedado clavada la mirada de sus hijas después de que él arremetiera contra ese negro baboso. De hecho, solo las miraba de reojo al cruzarse con ellas pero eso le ha hecho hervir la sangre y ha perdido los nervios. Se conoce merecedor de un buen puñetazo. Ese hombre le ha mirado como a un loco; eso le importa poco, pero ellas... no lo entendían. Ni siquiera logra recordar lo que le ha gritado. Solo recuerda haber avergonzado a sus hijas y a su mujer. Sabe que si él fuera también un negro joven con un buen pollón de negro hambriento de chochetes jóvenes tampoco habría podido evitar un buen repaso visual a tales bellezas. No con esas ropas tan cortas y ajustadas. Con los ojos como platos fijados en el techo pasan las horas y empieza a sentir como esa inquietud que tiene con sus niñas empieza a convertirse en una obsesión, aun así, no tiene la mínima intención de comentarle nada a su psiquiatra: ella siempre lo vincula todo a el sexo y a ciertos vínculos primarios de fondo erótico con las personas más inadecuadas; eso le incomoda sobremanera. No, no es nada, solo es una fase por la que está pasando. Suerte que mañana es sábado y no tiene que madrugar.

****

El sol vuelve a ponerse por el horizonte un día más. Por la mañana Daniel ya se ha percatado que la obcecación de la pasada noche quedaba atrás y que después de haber dormido un puñado de horas todo se relativizaba. En el almuerzo nadie ha hecho mención del incidente y todo ha vuelto a la normalidad.

Está poniendo un poco de orden en el ordenador portátil sobre la mesa del comedor mientras las niñas miran un reality cutre de MTV y se ríen de sus protagonistas. Trabaja concentrado hasta que en un momento dado se sorprende por tanto silencio y levanta la vista: se encuentra con que Katia y Selena se están comiendo la boca la una a la otra en el sofá. Él se queda pasmado sin saber cómo reaccionar. Los instantes están suspendidos mientras Daniel intenta asimilar lo que ocurre con la respiración detenida. De pronto Selena repara en la mirada estupefacta de su padre e instantáneamente contagia la dirección de su mirada a Katia. Las dos estallan en una carcajada mientras intentan explicar lo que ocurre:

-No papaaá, no, no es lo que parece-   consigue pronunciar Katia.

-Solo me está, me está enseñando como besar-   completa Selena.

-Para que necesitáis aprender eso si ni siquiera tenéis novio-   sin vocalizar casi.

-Katia sí que tiene-   mirándola con picardía.

-¡Sssssssh Tiaaaaaah!-   abriendo mucha la boca llena de indignación.

-No pasa nada Katia, es normal-   dice Selena abriendo mucho sus ojos y sus brazos.

-No es novio-novio. Es solo... un novio-   intentando tranquilizar a su padre.

-¡Es un skater!-   Dice Selena para complicar aún más la situación.

-!!!Tiaaaaaaaaahh!!!-   aún con más desespero.

Daniel no sabe qué cara poner y decide no decir nada. Es bien sabido que odia irracionalmente a los skaters: ese aire modernillo y molón, ese pavonearse sin camiseta haciendo acrobacias sobre un juguete, esa improductividad rodando arriba y abajo de las rampas durante tardes enteras, esos tortazos consecuencia del escaso ángulo visual que provocan esos flequillos tan poco razonables, esa absurda admiración que provocan en las chicas...

Temía que este día llegaría. No hay nada que pueda hacer. La pesadilla se ha hecho realidad. Baja la mirada y finge que sigue con lo suyo. Ensimismado escucha como Katia vuelve a instruir a Selena y seguidamente empieza a morderle el labio inferior. Aún aturdido por el shock de la noticia vuelve a observar de reojo a sus hijas. Los leves sonidos salivales han atraído su mirada furtiva. Las ganas de pegar un grito y mandarlas cada una a su cuarto se desvanecen rápidamente a medida que nota como crece su virilidad en su entrepierna. La calma por donde navegaba el sábado se ve fustigada de pronto por violentas olas emocionales que golpean sus valores haciendo que se tambaleen. Vergüenza, lujuria, indignación, sofoco, preocupación, parálisis, desazón, miedo...

-¡La cena está lista!-   chilla Mariana.

Las niñas interrumpen sus actividades y de un bote se dirigen animosas hacia la cocina.

****

-El día transcurre con la tranquilidad propia del domingo. Mariana ha ido a visitar a sus hermanas y no volverá hasta tarde. Las niñas han ido con ella. Daniel se encuentra flojo y desanimado. Se ha quedado solo en casa y está tumbado en la hamaca del jardín. Se ha pasado todo el día sin hacer nada. Alarga el brazo para tocar el árbol pues necesita algo firme. Todo le da vueltas. Ha cometido la imprudencia de doblarse él mismo la medicación porque se sentía muy deprimido. Los últimos rayos de sol se asoman por la cumbre de la montaña. Poco a poco va recuperando el equilibrio cuando oye como chirria la puerta del jardín al otro lado de la casa. Seguidamente: un portazo de la puerta principal. Todavía es pronto. La curiosidad rivaliza con la pereza pero al fin logra empujarle para levantarlo y dar los primeros pasos hacia el interior de su hogar. Después de tropezarse con los zapatos de Selena, la encuentra llorando desconsolada en el sofá.

-¿Qué te pasa cariño?-   dice enternecido.

-Odio a Katia-   entre sollozos.

-No digas eso tonta, si no podríais quereros más-   mientras se sienta con ella.

-¡No papá!, es una zorra-   terminando con un susurro lleno de resentimiento.

-¿Cómo dices eso amor?-   con una curiosidad temerosa.

-¿Te acuerdas de Javi? es el jardinero de las tías Antonia y Dolores en el dúplex. Pues ese chico siempre me gustó y teníamos algo especial. Siempre coquetea con migo cuando me ve y hoy hemos pasado un buen rato flirteando hasta que ha aparecido Katia. De repente él solo tenía ojos para ella y he dejado de existir. No se han cortado ni un pelo ¡Y ella tiene novio! y luego se han ido a dar un paseo y me he quedado ahí sola con las yayas muerta de asco. Y luego cuando nos hemos juntado todos para comer, en la mesa...-

Daniel pierde el hilo de la explicación y entre tantas lágrimas no puede evitar sumergirse en algunos de sus razonamientos. Ciertamente, Katia es un poco más alta y delgada, puede que su belleza se corresponda más con los cánones, pero aun así, Selena tiene un encanto más personal. Unos labios más carnosos, una nariz más redonda, unos mofletes más apetitosos y unos ojos más grandes y sin duda, más llorones. Le cuesta entender que Katia haya podido eclipsar a tal preciosidad. La expresividad de la niña no tiene nada de actuación o de pose. Más allá de sus palabras entrecortadas, Daniel ve en sus gestos la crudeza de un corazón herido. Lo ve en la dirección inquieta de su mirada, en la manera de zarandear sus brazos despechadamente, en el tono de su voz que se debate entre la ira y el victimismo. Le apetece decirle que no es nada, que eso que le parece tan importante será algo de lo que se reirá en unos años, que los amores vienen y van y que tienden a parecer reales aunque no lo sean... pero se calla. Sabe que esos argumentos no le servirán por muy certeros que sean. Poco a poco el ritmo de la chica va menguando y la aceleración de su habla se disipa junto con el movimiento corporal. Ella se encuentra de rodillas en el otro lado del sofá con una postura recogidamente femenina. Daniel siente que debería decir algo para consolarla y tras planteárselo en un breve momento silencioso dice:

-¿Sabes que eres mi preferida?-   en voz baja llena de secretismo.

Selena vuelve a fijar su mirada en los ojos de su padre después de tanto mirar sin sentido. En su rostro se dibuja una sonrisa balsámica. Él nunca se había pronunciado en ningún sentido sobre este asunto, no lo encontraba ético y además no se habría decidido entre las dos, pero los últimos sucesos parecen decantarle hacia esa afirmación. Ella esgrime algunas lágrimas más pero esta vez parecen de emoción. Gatea hasta que logra asentar una rodilla en cada lado de su padre, que está formalmente sentado, para darle un sentido abrazo. El duda por un instante pero le devuelve el gesto aún con más energía, consciente de que está logrando animar a su nena. Se siente el mejor padre del mundo.

-Ya no me volveré a hablar con Katia, que le den-   haciendo morritos.

-No digas eso tonta, quien te va a enseñar a besar si no-   sin mucha reflexión.

Se produce un silencio que aboca ambos pensamientos a una respuesta común, tan inadecuada como evidente, más aún dada su proximidad física. Mientras Daniel intenta sin éxito pronunciar alguna palabra que corte esa deriva, Selena le acaricia una oreja permaneciendo encima de él y sin divagar lanza un presentimiento de lo más tendencioso:

-Seguro que tú besas bien-   susurrando entre risas juguetonas.

-mmm, pregúntaselo a tu madre, por eso se casó conmigo-   a penas sin tartamudear.

-¿Mamá era guapa de joven?-   elevando la mirada hacia el hemisferio imaginativo.

-No tanto como tú-   ya completamente embobado mientras la mira tan de cerca.

Selena trae de vuelta su mirada y tras unos instantes de intriga con la boca medio abierta se humedece los labios y bajando la mirada con timidez le pregunta:

-¿me enseñas a besar?-   bajando lentamente el dedo índice por la camiseta de papá.

Él no responde y ni si quiera logra apartar la mirada de su cara. Aún tiene las manos algo suspendidas sin saber dónde ponerlas. La chica acerca lentamente su rostro inclinado al de él hasta que ambos comparten el aliento. Aún más lentamente se aproximan hasta que sus labios entran en contacto de la manera más suave. Poco a poco ambos empiezan a articular la boca y todo empieza a fluir. Daniel se decide a acariciar los muslos de su hija arrastrado por los acontecimientos. Ya no le parecen demasiado cortos esos pantalones. Ella empieza a suspirar levemente mientras susurra:

-¿Así?... ¿así?-   buscando la aprobación de su padre.

-Siii, sii, muy bien cariño-   responde él.

Mientras Daniel saborea la lengua de Selena nota como su extensión varonil adquiere ya un vigor notable. Sus manos recorren su estrecha espalda ascendiendo guiadas únicamente por la osadía de sus dedos que, al encontrarse con el sujetador se enzarzan en una aparatosa trifulca para liberar las tetas de su hija. Torpemente consigue levantar la prenda por encima y empieza a disfrutar del magreo de esos maravillosos pechos adolescentes. Ella contesta emitiendo unos tímidos gemidos sin apartar su lengua de la de él hasta que se detiene en seco y dice:

-Papá, ¿me estas tocando las tetas?-   con una calmada sorpresa fingida.

Escuchar esa frase en la tierna voz de su propia hija le ilustra repentinamente la bochornosa carnalidad de sus actos, aun así, es tarde ya para oponerse. Su moral adquiere el estatus de una sola mano intentando detener el caudal de un río de lujuria.

-No cariño, claro que no-   negando lo obvio.                                                                
-Ah, vale... espera que me molesta el sujetador-  

Con la naturalidad de quien se quita una pulsera solventa el estropicio que ha hecho su padre y con un par de gestos simples consigue hacer salir el sostén por la parte inferior de la camiseta bajo la atenta mirada de Daniel que, de alguna manera, esperaba que algo detuviera esa locura. El modo en que Selena retoma el besuqueo tras la breve pausa parece indicar que no tiene la más mínima intención de ponerle freno. Daniel entra en el cielo a través de esos jugosos labios y las caricias de Selena en sus orejas y en su cabeza despejada son las alas que le permiten sobrevolarlo. Realiza un breve recorrido circular con sus manos por encima de esos pantalones que tanto odiaba para regresar de nuevo bajo la ancha camiseta en busca de esas divinas redondeces. No tarda en encontrarlas y apretarlas con fuerza provocando insinuantes lamentos agudos de dolor. De pronto empieza a notar como Selena se balancea imprimiendo empuje con sus caderas. Adelante y atrás, cada vez con movimientos más marcados y evidentes. Ella respira profundamente con el pelo despeinado cubriendo gran parte de su rostro. Los contoneos se aceleran. Hacía décadas que Daniel no estaba tan cachondo. Los jadeos de su niña cada vez son más profundos y se acompañan de gemidos más intensos aunque sigue conteniéndolos. Sin haberlo planeado empieza a llegar al éxtasis montada en algo más que una simulación. Galopa enérgicamente obligando a su padre a sujetarla fuerte por la cintura para que no salga despedida. Él se da cuenta perfectamente de lo que ocurre pero hay tanta energía entre los dos que no logra asimilarla y vuelve a sentirse mareado y sobrepasado por las circunstancias. La sugerente voz de Selena abraza su mente impregnándola por completo de erotismo con cada gemido y transportándole a otra dimensión más elevada y caótica. La niña chilla con el tono más agudo mientras la implosión de placer desata una serie de clamorosos orgasmos obligándola a abrazar con fuerza a Daniel que, a pesar de su imperturbable silencio, mantiene aún los ojos muy abiertos, sometido como un juguete a la voluntad de su hija. La actividad frenética se ha relajado aunque Daniel todavía ve estrellitas eclipsando la imagen del acogedor salón hogareño. Ella no se atreve ni a mirarle a los ojos y se coloca el pelo con un gesto inseguro mientras empieza a disculparse con un hilo de voz casi imperceptible.

-Papa, lo siento, no sé qué me ha pasado-   titubeante.

-No pasa nada cariño, es cosa de la edad, tienes las hormonas disparadas-

Daniel intenta mostrarse comprensivo aunque tiene la polla tan dura que apenas le llega riego sanguíneo al celebro para pensar. Se le ha aclarado la vista pero todo gira a su alrededor. Desearía arrancarle la ropa y follarla violentamente pero aún le queda un poco de cordura. La situación se ha desmadrado porque ella estaba muy vulnerable, pero ya pasó. Sin casi proponérselo sigue acariciándole los muslos a su hija consciente de que eso es solo un resquicio de lo que acaba de ocurrir. Sin elevar su bajísimo tono de voz ella continúa:

-Qué vergüenza, estoy toda mojada-   palpándose los pantalones.

En ese preciso momento el sonido de la cerradura agita con gran urgencia ambos corazones y sin apenas tiempo de nada se abre la puerta y entra Katia ajena a esa incestuosa escena. Le da tiempo de ver como Selena salta de encima de su padre aún despeinada. Atónita parece percatarse de que es ropa interior lo que su hermana se apresura a recoger antes de desaparecer con paso ligero en la profundidad del pasillo.

-¿Que hacíais papá?-   con un tono muy firme y estricto.

-¿Como que qué hacíamos? ¿No te da vergüenza robarle el novio a tu hermana?

Daniel intenta cambiar de tema. Todavía está un poco sudado y le falta el aire, más por el sobresalto de la llegada de Katia que no por lo acontecido con Selena. Se le nota nervioso y eso ofende más aún a la chica que busca la manera de verificar sus sospechas, más fundamentadas a cada segundo que pasa.

-¿Te puedes levantar papa?-   desafiante con un cambio radical de registro.

-No tengo porque levantarme Katia, me duele la espalda-   fingiendo.

La negativa de Daniel con su burda escusa da más consistencia aún a los temores de la chica que sabe que su padre no podría disimular la vergonzosa inflamación de su paquete si se encontrara erguido. Mientras tanto entra Mariela cargada con bolsas por detrás.

-¿Cómo dejas que tu madre cargue con todo?-   dice Mariela con resentimiento resignado.

-Eso papá ¿por qué no te levantas y ayudas a mamá?-  

Sigue con ese tono excesivamente musicalizado que insinúa más de lo que dice encerrando furia tras una mirada enojada con los ojos medio cerrados. Él la ignora y coge el mando de la tele para despachar el asunto. Katia se va a su cuarto con prisas dando un fuerte portazo. Daniel suspira desatendiendo las frívolas imágenes de la tele. Se siente un poco aliviado porque ya pasó el momento crítico, pero es consciente de que será difícil restaurar la normalidad familiar. Aún está malo. No consigue rebajar la firmeza de su miembro. Quizás debería... no, no tiene la costumbre. De hecho no recuerda su última eyaculación: "eso no puede ser bueno" piensa mientras intenta visualizar a la yaya Angustias desnuda. Esa visión acabaría con la erección del semental más potente en celo a media faena. Lentamente su fogosidad se dispersa entre pensamientos cada vez más insulsos: "¿cómo alguien puede escoger 'Angustias' como nombre para su bebe? ¿Las feas son feas porque tienen nombres feos o tienen nombres feos porque es su destino de fea? Es como el experimento ese en el que escribes 'odio' en un pote y el agua que contiene cristaliza de peor forma que el que lleva escrito 'amor'.

-Sí que estáis calladas niñas-   dice Mariela extrañada por una cena tan silenciosa.

-Déjalas mujer, por una vez ya va bien un poco de tranquilidad-   suaviza Daniel.

-Sí, eso es lo que teníais antes de que llegáramos ¿no? tranquilidad-   dice Katia enfadada.

Mamá se intriga un poco por esa insinuación pero está muy lejos de enfocar acertadamente cualquier sospecha y atribuye esa impertinencia a otra de las rabietas tan comunes entre sus hijas. Por momentos los cubiertos parecen ser los únicos que se atreven a mancillar el silencio de la tensa velada mientras Daniel reza para que no se desate ninguna discusión indiscreta delante de su mujer. Su mirada anda de puntillas ahuyentada por cada gesto hostil.

-¡Ay nenas como sois! ¿Eh?-   dice Mariela resoplando y sin recibir respuesta.

-Hoy hacen esa peli tan buena que dijimos-   Daniel intentando cambiar de tema.

-Uy no, estoy muy cansada, me iré a dormir ya mismo-   dice su señora.

-Yo también. No estoy de humor-   se suma Katia.

-A mí sí que me apetece papa, yo la veré contigo-   dice Selena intentando mantener un tono anormalmente neutral pero que a oídos de Katia resulta aún más desafiante.

La cena finaliza sin abandonar la calma tensa y mientras Mariela termina de recoger la mesa, los demás terminan los postres.

Al encender la tele se percatan de que la película justo está empezando. Selena se acurruca al lado de su padre mientras Katia se sienta en el sillón sin abandonar su rictus enfurruñado. Las dos llevan puestos ya sus pijamas dignos de Disney Chanel los cuales hace tiempo ya que han quedado pequeños.

-No te ibas a dormir Katia-   dice Selena con naturalidad.

-A ti que te importa, me iré a dormir cuando quiera-   calmada, sin siquiera mirarla.

-Vamos niñas, ya está bien de riñas, disfrutemos de la película-   conciliadoramente.

La cinta es de intriga pero no demasiado cautivadora, o puede que sí. Puede que por culpa de su hija Daniel no preste demasiada atención. Lo que en un inicio parecían roces accidentales por dejadez han propiciado que ahora ella le coja la mano. La chica juega con los dedos de su padre usando ambas manos mientras finge seguir con interés el entramado que se produce tras la pantalla. Katia los observa de reojo hirviendo de celos. Las caricias de su hermana van más allá de los límites que está dispuesta a consentir. Aún sin ninguna evidencia, de algún modo siempre se había sentido ganadora en su contienda para ser la preferida de papá; no solo de él, siempre se ha sentido la preferida de todos y asimismo ha sentido la necesidad de constatarlo. Ni siquiera le gustaba Javi, solo necesitaba demostrarle a Selena y a ella misma que es la más guapa y sexy. Ha salido victoriosa en ese asalto pero la competición por el amor de su padre es algo mucho más importante que se remonta más allá de sus primeros recuerdos. Siempre se han picado entre ellas de manera más o menos evidente pero siempre de buen rollo y sin cruzar ninguna línea roja. Con lo de Javi solo quería poner a su hermana en su sitio pero eso que estaba ocurriendo cuando ha abierto la puerta al entrar por la tarde es un golpe demasiado bajo. Daniel se da cuenta de que Katia les observa con disimulo y percibe su inquietud enfurecida. De cualquier modo, no se siente capaz de rechazar las caricias de Selena que ya empiezan a subir brazo arriba. Tiene que acomodar la postura para disimular su llamativa tienda de campaña. Una vez asegurada la discreción empieza a devolver caricias a su hija resiguiendo con cautela los carnosos límites de la moralidad.

-Papá, ¿el asesino sabe quién es ella en realidad?-   pregunta Selena.

-¿Que asesino?-   Contesta Daniel completamente despistado.

-Ffffff, que rollo de película, me voy a dormir, buenas noches tortolitos-   remuga Katia.

Asqueada se va a dormir. Una vez en la cama decide poner fin de la manera que sea a esa imparcialidad paternal. Siente la urgente necesidad de restaurar su reinado y humillar de nuevo a la usurpadora de su hermana.

Mientras tanto, en el comedor, Daniel y Selena llegan hasta los títulos de crédito sin dejar de acariciarse mutuamente de un modo... interpretable por decirlo de algún modo. La chica se despereza sensualmente para terminar con un "buenas noches papá" acompañado con un beso en la boca fugaz pero muy meloso. Él no deja de contemplarla sin soltar palabra hasta que desaparece dedicándole una última mirada antes de adentrarse en la oscuridad del pasillo. Daniel se pregunta: "¿eso será así siempre?". Después del surrealista episodio de la simulación intentaba auto-convencerse de la accidentalidad de lo sucedido tras una cadena de despropósitos: los efectos de su medicación, las hormonas adolescentes de Selena, su vulnerabilidad por las heridas amorosas, su aproximación... No contemplaba ningún otro camino que el de la recuperación de la normalidad pero la corriente de sucesos parece empujarlo lejos de la corrección de su honesto y monótono modo de vida. Ya en la cama contempla a su gorda mujer durmiendo a pierna suelta y escuchando sus rudos ronquidos se plantea si ese es todo el erotismo al que puede aspirar el resto de su vida. De hecho, ella seguirá en declive hasta el momento de su muerte. Esta cruda realidad le ahoga hasta que recuerda ese último beso de Selena tan breve como cargado de significado. De pronto percibe el acceso a su manantial de juventud virginal, al frescor de su turgente belleza, a su embriagadora feminidad adolescente... esas ideas le abren la puerta a la tentación más deseable consciente de que puede escabullirse sigilosamente al cuarto de su hija para azotarla con su incuestionable virilidad, pero desde lo más profundo emerge un ilustre sentimiento que cierra esa puerta de un portazo. El nada desdeñable amor paterno fustiga con su pureza esos lascivos pensamientos mientras lo retiene en su cama atándolo con cuerdas de resignación. Su estado de ánimo parece estar montado en una montaña rusa que transita por raíles de razonamientos contrapuestos.

****

Daniel está soñoliento todavía mientras se lava los dientes viendo el amanecer marítimo desde la ventana del lavabo. Ha dormido pocas horas pero a pesar de ello se siente bastante bien. Su nobleza le da palmaditas en la espalda congratulándose por haber superado la dura prueba de anoche. Tomó la determinación de hablar con Selena para apaciguar esa fogosidad que hay entre los dos. Intenta escoger las palabras sin presión: "Cariño, tienes que entender que caer en ese apetitoso error podría conducirnos a un oscuro escenario desmembrando la familia por completo y aun entendiendo la curiosidad propia de tu edad es comprensible que sea esa misma inmadurez la que provoca que confundas un sano amor hacia tu padre con inquietudes del todo inapropiadas. Además es digno de mención que..." una urgencia repentina interrumpe sus elucubraciones sorprendiéndole aún con el cepillo en la boca. Katia se ha levantado más temprano que de costumbre para ducharse antes de ir al cole y procedente del otro lavabo entra como una exhalación reclamando la atención de Daniel:

-¡Papá, tengo cáncer!-   con un rostro desencajado empapado en lágrimas.

-Pero que dices cariño-   sin dar ningún crédito a sus temores.

La niña solo lleva braguitas y sostiene una pequeña toalla que no alcanzaría para secar ni una porción de su cuerpo mojado. Daniel repara en su desnudez nada más superar la sorpresa inicial y empieza a sospechar de la autenticidad de sus lágrimas.

-Me noto un bulto ¡aquí!-   mientras deja caer la toalla.

Katia le coge la mano a su padre y la rellena con una de sus firmes peras. Daniel la aparta con urgencia como si quemara. Siente que ha salido del fuego para caer en las brasas.

-Pero papaaaá-   llorando.

-Perdona Katia pero no puedo tocarte las tetas-   excusándose contra la pared.

-¿Puedes tocarle las tetas a Selena porque estás cachondo y no a mí para diagnosticarme una enfermedad mortal?-   con cara de asco.

-¿Pe pe pero que dices? ... yo no-   a duras penas.

-¿Me lo ha dicho vale? lo sé todo-   destripando su autoridad moral con tal mentida.

-Papaaaá-   agudizando su llanto impaciente.

Acorralado y aturdido por esa falsa revelación, Daniel se somete a las súplicas de su hija y le examina cuidadosamente el pecho apartando los mechones de pelo aún empapado. Solo un fino pantalón corto de pijama defiende la decencia de papá frente a la grave amenaza que supone su inevitable erección. Se siente tan desamparado que ni siquiera intenta guardar las apariencias mientras la tela se tensa dibujando una bochornosa protuberancia en su perfil. Coincidiendo con los últimos sollozos de la chica se apresura a decir:

-No soy médico Katy pero yo diría que estás bien-   alucinando con lo buena que está.

-¿Y en el otro?-   suavemente pero conservando un tono serio de preocupación.

Daniel suspira viendo como Katia le rehúye la mirada y, con cierta indecisión, usa su otra mano para atender también al otro pecho sin abandonar el primero. Arrastrado por su ansioso deseo pecaminoso los aprieta con fuerza y avidez provocando un "ah" lleno de fragilidad y erotismo. La luz del alba ilumina grácilmente esa pavorosa escena difícilmente justificable.

-¿Así no estoy mala papa?-   con voz infantil.

-No, no estas mala cariño-   rendido sin parar de mover sus manos.

-¿Si no estoy mala quiere decir que estoy buena no?-   con una sonrisa pícara.

-Estás buenísima niña, estas tan buena... que casi no lo puedo soportar-   babeando.

-¿Así no has notado un bulto o algo duro?-   haciendo morritos de niña pequeña.

-¿Algo duro?...................Tus tetas están duras-   susurrando con desesperación.

-Aaaaaah, creo que no soy la única que tiene algo duro-   insinuando con la mirada.

Daniel ya casi se había olvidado del revelador relieve de su bajo-vientre, patente desde hacer rato. Katia se acerca un poco más para agarrar ese bulto provocando un rechazo repentino de su padre que la aparta de su lado.

-Vamos papá, quiero tocar una polla-   con gestos de niña mimada.

-¡Pero! ¿Qué te pasa Katia? tú no eres así-  en tono de súplica.                               

-Tú no quieres que sea así pero ya no soy una niña; ¿tú me has visto?-  posando.    

Se aproxima de nuevo y con sus frías manitas empieza a acariciarle el pecho mientras busca su mirada huidiza y desconcertada. Daniel siente como la cautivadora feminidad de su jovencísima hija ningunea su moral hasta convertirla en una salpicadura más en el suelo del lavabo. En la desesperación de la derrota nota el malintencionado recorrido descendente de los dedos de Katia que llegan sin oposición a la tensada goma del pijama paterno. Está tan viejo y dado de sí que un suave tirón basta para poder darle los buenos días al poderoso trabuco de papi que sale rebotado hacía arriba sonando cómicamente al impactar con la barriga.

-Hoolaaa-   dice Katia con una sonrisa de fascinación mientras lo agarra.

Nunca hubiera imaginado que su padre tenía semejante pollón escondido ahí abajo y no puede esperar para comprobar cuál es su máxima dimensión.

Daniel siente unas mezclas de orgullo y vergüenza, elevadas al máximo nivel. Hacía demasiado tiempo que su lascivo amigo no revelaba su potencial pero nunca pensó que despertaría la admiración de su propia hijita. Ella lo acaricia repleta de curiosidad hasta que inesperadamente dedica un firme apretón a los peludos huevos colganderos.

-!!Ah!!-   con dolorosa sorpresa.

-¿Lo ves? Te debía una. Tú antes me has apretado las tetas-   aleccionadoramente.

Él tiene las manos apoyadas en el mármol mientras se somete al dominio de su nena. La tiene muy cerca. Su pelo todavía húmedo le roza la piel mojándola mientras el olor de su champú le empapa el olfato de un afrutado perfume infantil. En un momento dado ella convierte el caótico movimiento de sus caricias en un masaje fálico bien reconocible. Daniel despierta repentinamente del trance en el que estaba sumergido y la para en seco.

-No Katy, eso NO-   enfatizando su intransigencia.

-Vamos papá, no me hagas reír, lo has intentado...-   con una sonrisa triunfal.

Ciertamente, el vigor de su verga es extremadamente sincero y deslegitimiza cualquiera de sus inútiles intentos de oponerse al hechizo perverso de su hija. Por otro lado y aunque el caminar de la coyuntura hacía previsible ese devenir: al notar su prepucio tensándose a manos de su niña, su último escombro de decencia se ha pronunciado con una pequeña contracción de rechazo.

-Alguien va a salpicarme hoy; puedes ser tú o puede ser mi novio skater-   aventajada.

El flash visual de un pringado corriéndose sobre su niña termina abruptamente con cualquier oposición residual. Sin dejar de mirarla a los ojos se sienta en los azulejos consiguientes al relieve de la bañera. Katia interpreta esa mirada acertadamente y desciende arrodillándose sobre la tupida alfombra mientras agarra de nuevo la gruesa polla de su padre con las dos manos subiendo y bajando con un ritmo lento pero creciente. Ella mira eso que tiene entre manos con la boca abierta y una expresión hipnotizada observando como la piel intenta cubrir el capullo una vez y otra sin acabar de lograrlo. Recobrando cierta verticalidad, Katia fija la mirada en los delirantes ojos se su padre dejando caer como por accidente un esporádico torrente salival que cae calculadamente en la cima del glande dotándolo de esplendor. El vertido ha sido suficientemente abundante para contagiar de humedad a todos sus dedos. La calentura de Daniel está desatada y empieza a ponerlo malo impregnando de ansiedad hasta el último milímetro cubico de su ser. La chica aprieta tan fuerte el manubrio enrojecido que parece inminente su explosión e incluso percibe el flujo sanguíneo que lo hace palpitar con cada latido acelerado. Temiendo por la integridad fálica de su padre, Katia cambia de técnica y empieza a golpearse las tetas con ese pedazo de polla colapsada que ya ha adquirido un colorido alarmante. Se golpea con toda la fuerza que le permite esa desmesurada longitud cárnica gimiendo de placer mientras cierra los ojos con la cabeza hacia arriba. Daniel no puede apartar la mirada de las ondas expansivas resultantes de esos libidinosos golpes sorprendiéndose de su propio tamaño que parece crecer minuto a minuto. Katia recobra su visión para acoger la virilidad de su padre entre sus esplendidas tetas. Vuelve a escupir pero esta vez le queda un hilo de babas colgando que une su boca con el engendro que abraza con sus duros pechos cariñosamente. La chica está muy cachonda pero hay algo que todavía le divierte más que su propio orgasmo: ese juego que controla por completo desde que ha entrado fingiendo su llanto, esa capacidad de doblegar la moralidad de su respetable padre, esa desmesurada erección apasionada que ha provocado... Se le ocurre algo más excitante que hacer que su papi se le corra encima: dejarlo con las ganas.

-Papá-   dice lentamente entre suspiros.

-Cariño-   disfrutando del masaje mamario.

-Llego tarde al cole-   aún con un tono erótico.

-¿Qué?-   sin acabar de asimilar esa frase.

-Que me voy, que llego tarde-   abandonando por completo su entregada actitud.

Daniel abre de golpe sus ojos viendo que Katia recoge la toalla y se dispone a abandonar la estancia sin cumplir con su cometido. La frustración del orgasmo fallido de la tarde anterior con Selena se suma con esta nueva amenaza creciendo hasta apoderarse de la motricidad de Daniel que se levanta con urgencia para impedir la espantada de su hija. La sujeta violentamente mientras la empotra delante del espejo e intentando bajarle las bragas la inclina sobre la pica. Katia intenta resistirse asustada por esos bruscos mangoneos llenos de urgencia y sintiendo la irrefrenable calentura de su padre a sus espaldas opta por suplicar: 

-No papá, no me violes que soy virgen-   buscando compasión.

Él la escucha esclavizado por su lujuria e intenta luchar para proteger a su hijita pero algo inevitable está a punto de ocurrir:

-Aprieta las piernas cariño ¡apriétalas!-   Sintiendo la tranca entre sus muslos.

-Vale-   dice ella flojito con una mezcla de temor y premura.

Daniel empieza a imprimir presión con sus caderas apretándose contra las nalgas de su hija mientras su húmeda polla se desliza asomando el capullo por la parte delantera. Katia se muerde los labios mientras se somete al fuerte ajetreo sin emitir ningún sonido. Daniel tampoco gime pero su fuerte respiración se suma a los golpes cárnicos articulando la particular acústica de la cerámica. La chica se observa en el espejo y percibe el reflejo de ese acto inmoral sobresaltado por cada envestida paternal. Asolada por la ignominiosa vivencia siente como ese caliente pedazo de carne duro y repleto de pasión se abre paso entre sus muslos fregando la parte inferior de sus bragas mojadas en cada incursión. Se siente sexy y ardiente mientras nota como se menean sus tetas víctimas de esa incestuosa agitación matinal. Tras apartarse su pelo mojado se llena de satisfacción al contemplar en el espejo a su padre con el rostro completamente enrojecido al borde de sus límites mientras empuja con toda la rapidez que le permite su cuerpo viejuno. Aún azotada por las bruscas envestidas, Katia alcanza a ver como a Daniel se le ponen los ojos en blanco y abre mucho la boca conteniendo su grito de placer. Algo está a punto de estallar. Esa situación tan nueva y prohibida hace gozar a Katia en un plano psicológico que flota sobre sus fluidos vaginales otorgándole su merecida victoria en la contienda con su hermana. Las torrenciales salpicaduras de su padre dan fe de ello mientras mojan generosamente sus nalgas y sus muslos. Daniel se corre experimentando un infinito desahogo que se canaliza a través de su polla eclipsando por completo todos sus sentidos. Ni si quiera el pensamiento logra progresar arrinconado por el ímpetu de esa desmesurada sensación. Después de dar unos pasos titubeantes consigue sentarse de nuevo al tiempo que intenta recuperar el aliento. Su noción del tiempo está nublada. Las estrellitas dejan paso gradualmente a los rallos de sol mientras le sorprende el sonido de la ducha: es Katia limpiándose el pringue que le ha vertido él mismo. No tarda en salir:

-Qué vergüenza papá, nunca pensé que fueras tan depravado-   en tono burlón.

La niña sale alegremente del lavabo como si nada mientras Daniel apenas logra levantar su mirada provista únicamente de agotamiento. Intenta asimilar los inesperados acontecimientos con los que ha empezado este insólito día al tiempo que procura subirse de nuevo al tren de su rutina diaria.

...................

Se desvanecen suavemente sensaciones confusas de confort mientras regresa la conciencia a través de las fisuras de la persiana desafiando la calmada oscuridad con definidos rayos de lucidez. Selena abre lentamente los ojos acomodada entre sus ositos y sus grandes almohadas. Busca con la mirada su reloj despertador al que solo le restan unos segundos antes de sonar. Se apresura a silenciarlo antes de que tal cosa ocurra. Se incorpora superando su pereza con esfuerzo pues hoy es el último día de cole. Guarda un instante de quietud cogiendo fuerza para realizar su próximo movimiento. Un sonido foráneo despierta su curiosidad. Mientras pisa su acolchada alfombra al pie de su cama crece su inquietud ahuyentando su nublada desidia. Asomada por el pasillo escucha unas respiraciones aceleradas y unos golpes cárnicos que se escapan a través de la puerta entreabierta del lavabo. Al tiempo que intenta procesar esos sonidos completa su percepción estereofónica escuchando los personales ronquidos de su madre con su oído derecho, al otro lado del pasillo. Parece distinguir un gemido de Katia al tiempo que un "Ah" masculino y cargado de urgencia se corta señalando un punto de inflexión que interrumpe los jadeos. La quietud matinal regresa adornada unos segundos más tarde por el tenue sonido de la ducha. Agarrando con fuerza el marco de la puerta de su habitación, la chica sigue a la expectativa con el corazón en un puño. Sus temores se consolidan dando forma a una tremenda traición en cuando escucha a lo lejos:
-Qué vergüenza papá, nunca pensé que fueras tan depravado- en tono burlón.
Al ver como se abre la puerta del lavabo, Selena se refugia súbitamente en su cuarto. La estrecha ranura vertical de luz dibuja una línea en su tembloroso rostro y le permite vislumbrar el fugaz paso del cuerpo desnudo de su hermana mientras ella permanece inmóvil, de pie, desolada, boquiabierta, bañada por una oscuridad que aún no se ha desperezado con la luz del nuevo día. No puede imaginar un despertar más amargo. Su egocéntrico prisma adolescente le empuja a preguntarse una serie de lamentos retóricos encogida dentro de su burbuja de realidad infantil: ¿porque me ocurre esto a mí? ¿Puede haber algo peor en el mundo? ¿Porque la zorra de su hermana es tan zorra? ¿Porque su padre ha caído en sus garras? ¿Cómo es posible?...
****
Solían ir juntas a pie de camino al colegio dado que se encuentra a pocas manzanas de ahí pero en las últimas horas se ha dilapidado cualquier vínculo afectivo entre ellas. Selena camina enfocando todo su odio con la mirada hacia Katia, quien va unos cien metros por delante. Odia su modo de andar, odia su ropa, odia a quien le saluda y hasta a quien la mira. Quien era su mejor amiga íntima se ha convertido tras un par de fechorías en su peor enemiga. Lo de Javi fue un golpe bajo: teniendo su hermana novio le robó al chico con quien flirteaba humillándola vilmente, pero lo de papá... eso no tiene nombre. Se reafirma a si misma justificando lo que ocurrió la tarde anterior:
"eso es diferente, no fue nada planeado, simplemente ocurrió, estaba herida por lo que me hizo Katia. Tenía mi tierna autoestima pisoteada y papá intentaba consolarme. Una cosa llevó a la otra. Como imaginar que Katia nos sorprendería. Además, ni si quiera me quité la ropa; ni él. Y por supuesto papá no se corrió, esa es una línea roja, es enfermizo; aunque yo sí lo hice, pero eso fue un accidente, algo descontrolado. Lo de ella, lo de ella es premeditado y perverso. Katia hervía en celos cuando nos vio haciendo manitas durante la película, ahí: ahí lo planeo. Se fue enfadada a la cama pensando como clavarme el puñal en la espalda, y esta mañana, aprovechándose de que yo dormía ha usado sus más bajas artimañas para follarse a papá..."
Durante toda la mañana, miles de pensamientos dañinos cargados de odio y resentimiento abordan el pensamiento de Selena mientras se ve obligada a contemplar la pletórica pose de Katia en su misma clase. Ella le devuelve de cuando en cuando la mirada con aires de superioridad victoriosa. Durante la hora del recreo, Sele rompe a llorar en un rincón a escondidas y poseída por la ira toma una sórdida decisión: tiene que derrotar a Katia de una vez por todas y solo hay un modo: bajar a su nivel y jugar con sus sucias armas.

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Katia llega feliz a casa a la hora de comer pero se encuentra a su madre desolada llorando en el comedor. Una angustia glacial le hiela el pensamiento creyendo descubierta su travesura mañanera. Su padre aparece con una bolsa llena de ropa y con una actitud algo incómoda le comenta a su hija:

-La tía Dolores está muy enferma, le queda poco de vida- con preocupación.
Katia apenas puede disimular su alivio mientras finge empatía abrazando a mamá.

-Tú quédate aquí y cuéntaselo a tu hermana, yo voy a acompañar a tu madre. Estará unos días fuera con Antonia para ayudar en todo lo que puedan a la pobre Dolores-

La chica les ve salir por la puerta con sus manos en el corazón sintiéndose una persona horrible por preferir la muerte de su tía; pero es que hubiera sido tan catastrófico que mamá se enterara de sus diabluras... no quiere ni pensarlo. Pocos minutos más tarde:

-hola- dice al ver a Selena entrar por la puerta.

Ella prefiere no contestar y la ignora dirigiéndose a su cuarto.

-Tía Dolores se muere- usando esa fuerza mayor para inquietar a su hermana.

-Qué pena que no seas tú quien se muere- replica después de su sorpresa inicial.

-Zorra- pronuncia Katia sin esperanzas de que su huidiza hermana la escuche.

****

Todo excelente para Selena. Solo se le ha escapado algún notable en gimnasia y química, "dichosas fórmulas". En el fondo no le importa demasiado. El resto de la clase no para de comentar sus más y sus menos. Se interesa disimuladamente por su hermana mirándola de reojo:

-¡Solo tres cates!- exclama Katia triunfal mofándose de las calificaciones.

Y como no: varios chicos babosos buscando su complicidad mientras ríen sus gracias.
Pues ya está. Se acabó el curso y ya se puede decir que el verano ha llegado. Selena mira por unos momentos al horizonte vislumbrando un futuro académicamente prometedor solventado el E.S.O. y se burla interiormente de su hermana que por mucho que quiera tomárselo a broma está a punto de perder un año repitiendo curso. "ya verás cuando se entere papa" piensa antes de caer en la cuenta del nuevo escenario que se ha dibujado en el lavabo por la bochornosa escena matinal. Cómo serán estos próximos días sin mamá. Vete a saber cuánto tiempo tardará realmente Dolores a morirse. Selena se siente despreciable al pensar en su tía como un simple accesorio de su realidad en lugar de centrar sus pensamientos en su dolor y su desgracia. Camina a paso ligero. Abandona la muchedumbre estudiantil donde no cuenta con demasiados amigos y se dirige hacia su hogar dejando a tras a su pérfida hermana que sigue bromeando con los demás. Quedaba aún una hora de tutoría pero a Selena no le hace falta comentar ni reclamar nada y se siente lo suficientemente rebelde como para ausentarse.

****

-Ahora que os tengo a las dos juntas creo que es un buen momento para dejar algunas cosas claras: en estos últimos días han pasado un par de cosas... difícilmente justificables. Podríamos pasar horas divagando sobre quien hizo qué o sobre quien tiene la culpa o sobre que es peor que qué, pero eso no nos llevaría a ningún sitio más que a más riñas y malas caras. He estado todo el día de hoy intentando perdonarme y creo que puedo afirmar que estaré en paz con migo mismo en cuando hayamos zanjado este asunto y todo quede como una desafortunada anécdota propiciada por ciertos acontecimientos que no hace falta mencionar aquí. De ahora en adelante necesito que esta vuelva a ser una familia normal que convive en armonía y en la que cada miembro tiene un rol adecuado a su condición- dice Daniel de un tirón con calma y con una elocuencia ejemplar.

-¿Y que es un rol?- pregunta Katia sin mucho entendimiento.

Selena se ríe para ridiculizar su ignorancia provocando la ira de su hermana.

-¿De qué te ríes lista?- ya con gritos

-De lo tonta que eres- sentencia aguantándole la mirada desafiantemente.

-Tú sí que eres tonta que no sirves ni para tener un solo amigo- pasando al ataque.

-Puede que prefiera tener pocos amigos que un puñado de pelotas lamiéndome el culo y babeando porque llevo ropa de zorra- con pronunciación solemne.

-Hhhhhhh!- aspira indignada -envidia que me tienes cabrona-

-¿Envidia de qué? ¿De ser tan puta?-

Ese último comentario empuja a Daniel a intervenir de una vez con un potente grito.

-¡Basta niñas! ninguna es puta ni zorra... ni tonta.

-Eso no es lo que dicen sus notas papá- replica llena de placer.

-¿Por qué no cierras esa bocaza cerda?- sorprendiéndose de esa bajeza.

-¿Cómo? ¿Ya tenéis las notas de fin de curso?- con una repentina curiosidad.

Normalmente es Mariela quien está al caso de todas esas cosas y Dani está tan aturdido por los recientes sucesos que no tenía presente que hoy era el último día de clase.

-A ver esas notas, ¿dónde están?- dice Daniel poniéndose las gafas.

-Toma papá, mira primero las mías- Selena con alegría repentina.

-Yo no las tengo, me las he dejado en clase- intentando escurrir el bulto.

-No me vengas con esas Katia, dámelas ya mismo- autoritario.

-Fíjate papá: 8 excelentes y 2 notables, piensa en eso para consolarte cuando mires las de ella- dirigiéndole una mirada burlona.

Daniel sospesa ambas notas mirándolas y comparándolas. Levanta la vista y mira a sus hijas: primero a una y luego a la otra y suelta un:

-¿Y ahora que tengo que hacer?- previo suspiro desalentador.

-Pues yo diría que está claro ¿no? premiar a una y castigar a la otra- dice Selena.

-Para mí ya es suficiente castigo repetir curso- dice Katia disgustada.

-Eso que lo decida papá- intentando meter el dedo en la herida.

Ofendida se levanta y se va a toda prisa hacia su cuarto mientras Selena se queda con su padre mirándole felizmente con aires de victoria.

-¿Que castigo le vas a poner? Tiene que ser gordo- alentando su severidad.

-No deberías alegrarte de sus fracasos hija- desanimado.

-Ella me quita todo lo mío por pura crueldad así que sí, me alegro- seria.

-Ella no te quita nada, ¿de qué hablas?- todavía concentrado en sus pensamientos.

-Me robó a Javi ¿te acuerdas?... Tú me consolaste ayer dándome eso tan especial pero lo has estropeado follándote a Katia esta mañana- dirigiéndole una mirada de odio.

Daniel sale de su abstracción de repente y la mira sobresaltado:

-Pe Pero que dices. Es yo  no he fo follado a...- tartamudeando.

-¿Como que no? os he escuchado perfectamente- incriminándole.

-No. no ha sido eso. Ha ocurrido algo pero no. no. eso no- buscando una salida.

-Pero te has corrido ¿verdad?- clavándole su mirada acusatoria.

Daniel niega con la cabeza sin mucha convicción mientras baja la mirada avergonzado.

-Piénsate un buen castigo para Katia y un buen premio para mí porque créeme si te digo que estoy herida y necesito un poco de justicia. Me merezco algo más. Si no quieres premiarme delante de ella dámelo por la noche en mi habitación. Piénsalo bien- terminando con un tono amable.
Selena se levanta y se marcha efectuando una leve caricia en la calva de su padre pensativo. Daniel siente como la morbosa espiral incestuosa le atrae de nuevo pero no, no puede caer otra vez. Lo ha pensado durante todo el día y ha tomado una determinación sobre ese tema. Mañana hablará con Mariela para decidir que regalo y que castigo serán los adecuados y punto. Nada de visitar nocturnamente a Selena para darle lo que quiera.

****

M: Deberías traerlas a las dos aquí.
D: Ni de broma Maite, no es una posibilidad.
M: Tengo que hacer mi trabajo y necesito toda las cartas sobre la mesa.
D: Ya te cuento yo todo lo que hay.
M: No, tú me cuentas tu versión pero no sé yo hasta qué punto...
D: ¿Te crees que me lo invento? estoy aquí para que me trates a mí, no a ellas.
M: Te seré sincera; creo que en tu historia hay mucha fantasía, no dudo de ti pero...
D: Sé que parece una locura Maite, pero debes creerme.
M: Un cierto flirteo es normal, común de algún modo.
D: Noooo, noo, no...No. Hay cosas que ni siquiera me atrevo a contarte.
M: Lo de Selena ya lo hemos hablado, fueron unos besos en un momento de confusión.
D: No. Hubo más. La cosa se calentó... No te daré detalles sórdidos pero...
M: Tienes que contármelo todo, las pequeñas cosas pueden ser importantes.
D: No nos quitamos la ropa pero, hubo una simulación y ella... ella llegó a correrse.
M: ... ¿Estás seguro que ocurrió tal cosa?
D: Siii, no fue algo sutil. Fue algo salvaje. Eso que pasó no se presta a equívocos.
M: ¿Y lo de Katia? ¿Hubo algo más a parte del examen mamario?
D: ...mmmmmmm... ¿Estoy protegido por el secreto profesional?
M: Te lo garantizo, llevo más de 20 años en esta profesión y nunca he revelado nada.
D: ¿Nunca?
M: Ni si quiera las veces en que lo ha requerido el juez. Es vital para mí.
D: ... Como te dije, eso del cáncer era una ocurrencia suya. Una trampa.
M: te pidió que le tocaras los pechos por si había algún bulto y...
D: Después quiso tocarme el pene. Yo lo tenía muy duro. Es algo incontrolable.
M: ¿Y tú la dejaste?
D: No, al principio no pero empezó a chantajearme.
M: ¿Cuéntame de qué modo puede chantajearte una chiquilla de 15 años?
D: Me dijo que si me negaba se acostaría con su novio ese mismo día.
M: ¿Y tú pensaste que era mejor que hiciera contigo su primer acto sexual?
D: Nooo, no hicimos... no, no la penetré.
M: ¿Que ocurrió entonces?
D: Me la toco... Me hizo una paja y me corrí.
M: ¿Eso fue todo? ¿No hubo forcejeo ni penetración entonces?
D: ¡Claro que no! ¿Me crees capaz de violar a mi propia hija?
M: Esto que me cuentas no es una violación pero está a medio camino.
D: ¿En qué universo eso se podría considerar violación?
M: No hace falta viajar a otro universo Dani, con 15 años en algunos países cercanos...
D: No me hables de leyes extranjeras. Ni si quiera de leyes locales.
M: No hablemos de leyes. Hablemos de moral entonces.
D: ¿Por qué te hablo de esto Maite? ¿Crees que lo haría si no tuviera un conflicto?
M: Estamos a viernes Daniel y eso que me cuentas ocurrió...
D: El, el pasado domingo y el lunes por la mañana con Katia.
M: Y ¿por qué has tardado tanto en contármelo? vienes los miércoles.
D: Es un tema que me incomoda profundamente y tú...
M: ¿Yo qué? ¿Hago algo que me haga desmerecedora de tu confianza?
D: Siempre lo vinculas todo al sexo.
M: Oh, perdona, supongo que esto que te ocurre no tiene nada de sexual.
D: No, ya sabes. Me refiero a antes. Con pequeñas cosas. Con todo el mundo.
M: Créeme si te digo que el ser humano es mucho más primario de lo que parece.
D: No me vengas ahora con esas.
M: Hay muy pocas emociones básicas que lo mueven todo y el sexo es la más fuerte.
D: No empieces ahora con tus teorías freudianas.
M: Me contaste que eso ocurre desde siempre en cierto modo.
D: Si pero era algo discreto y razonable. Ahora se ha desmadrado.
M: Pero me has dicho antes que hablaste con ellas para aclarar las cosas.
D: Si, pensé muy bien que decir y lo dije muy claramente.
M: ¿Lo entendieron pues?
D: Sí, pero ahora que no está su madre...
M: Ah sí, me dijiste que está cuidando de su hermana ¿no? que está enferma.
D: Las niñas siguen peleadas y se han propuesto... como decirlo.
M: ¿Siguen... acosándote?
D: De algún modo... verás, con la excusa del verano y el calor van casi desnudas y...
M: ¿No puedes impartir un poco de disciplina sobre ese tema?
D: Lo he intentado pero es que, técnicamente llevan ropa. Quiero decir, en la playa...
M: Si, la gente toma como referencia la indumentaria playera a modo de comparación.
D: Si pero es diferente fuera de contexto. Además no es la cantidad de tela...
M: ¿Quieres decir que no es la carne visible lo que te provoca? ¿Sino la ropa en sí?
D: También. Pero es que... no sé. Es Katia sobre todo. Lleva unos pantalones que...
M: ¿Son cortos? ¿Muy cortos?
D: Son tejanos pero son poco más que un tanga. Asoman sus nalgas impunemente.
M: ¿Y cómo le permites vestir así?
D: Tuvimos una discusión y acordábamos que no se pusiera eso fuera de casa.
M: ¿Y a cambio se lo podía poner en casa? ¡Pero hombre Daniel!...
D: Si, lo sé, me llevan por donde quieren, pero ahora no puedo cambiar el acuerdo.
M: ¿Y Selena? ¿Qué ocurre con ella?
D: Aparenta no ser tan descarada pero ocurren algunos accidentes... accidentales.
M: ¿Qué clase de accidentes?
D: ...minifaldas y camisetas anchas, se prestan mucho a según qué indiscreciones.
M: ¿Te refieres a que según la postura te enseña más de lo que debería?
D: Si, no lleva sujetador cuando está por casa y... creo que tampoco bragas.
M: Mmmmmm, entiendo.
D: Además, hay como una teatralidad erótica rondando las paredes de mi hogar.
M: ¿Te refieres a representaciones fruto de esa rivalidad entre las dos?
D: Sí. Palabras, miradas, roces, besos... hasta en el modo de bailar.
M: Ah ¿Es que bailáis?
D: No, yo no bailo pero el otro día tuvimos una cena con las vecinas y...
M: ¿Después de la cena hubo baile?
D: Sí. En el jardín. Las vecinas son buenas amigas de Mariela. Son cuarentonas.
M: No sabía que tuvierais una relación tan estrecha con ellas.
D: Ahora que mi mujer no está me echan una mano. Son muy atentas.
M: ¿No será que ellas también necesitan de tu atención?
D: ¡No te burles! Son gordas y feas pero con un par de copas de vino se desmelenan.
M: Entonces terminó la cena y os pusisteis a bailar.
D: No, primero hubo un poco de karaoke. Me parecía un poco inapropiado pero...
M: ¿Por lo de Dolores? ¿Por la situación familiar?
D: Sí. Mariela acompañando a la Dolores mientras se muere y...
M: Entiendo, "y vosotros cantando y bailando".
D: Pero me pareció una buena manera de disipar la tensión sexual por una noche.
M: Pero la cosa se torció ¿no?
D: Durante el karaoke aparecieron esas miradas... y luego empezaron a bailar.
M: ¿Cómo eran esos bailes?
D: ... Indescriptiblemente inapropiados. Yo estaba sentado de público.
M: ¿Y seguían mirándote del mismo modo?
D: Eso era lo peor. Si no me limitaría a sentirme culpable y contrariado.
M: ¿Y las vecinas? ¿Cómo se llaman?
D: Carmen y Conchita. Creo que todavía agravaban la situación.
M: ¿Cómo puede ser eso posible? ¿Me dijiste que eran gordas y feas?
D: Por eso mismo. Dan tanto contraste con mis preciosas hijas.
M: ¿Insinúas que son tan horribles que a su lado tus hijas te parecen más atractivas?
D: No solo porque riéndose todavía están más feas, sino por lo patosas que son.
M: ¿Por su gordura son patosas al bailar?
D: No solo por eso. Son cómicas y mis chicas son tan sexys a su lado.
M: Entiendo.
D: Se movían de un modo... y me clavaban esas miradas... saben lo que me ocurre.
M: ¿Seguro que no hay nada más que no me hayas contado?
D: Hay pequeñas cosas, todos los días, pero te explicado lo más revelador.
M: Si se tratara de una tensión sexual no resuelta que se pudiera resolver...
D: ¿A qué te refieres?
M: Suelo aconsejar a mis pacientes que resuelvan esas cosas para poder pasar página.
D: Crees que se resolvería si...
M: ¡No! por supuesto que no. Estoy hablando de casos éticos y legítimos.
D: Ya, pero mi caso es diferente. Ya lo sé.
M: La adolescencia es una edad difícil y confusa. Tu papel de padre consiste en otorgar a tus hijas unos valores que ahora parece que se les escapan. No te culpo, ni a ti ni a Mariela, ni siquiera al sistema educativo. Son tiempos difíciles y la crisis más grave, a mí entender, no es la económica. La crisis de valores es la que ha llevado a esta sociedad a la decadencia global que vivimos. Katia y Selena reciben desde todo los medios inputs inmorales de conducta, juicios erróneos sobre la popularidad, el sexo, la decencia, el esfuerzo, el mérito... Ahora lo que está de moda es la holgazanería y la superficialidad. Los jóvenes de hoy viven a través de pequeñas y grandes pantallas y a menudo confunden lo que en ellas se representa con la vida real. Lo llamativo es lo más inadecuado y en muchas ocasiones optan por destacar a cualquier precio para no verse arrinconados. Tus hijas están dejando de ser niñas y necesitan encontrar su identidad; cosas que las definan, necesitan la aprobación de los demás, compiten para encontrar su sitio, para reafirmar sus calidades y su potencial. Se ponen a prueba constantemente. Debes ocuparte de enseñarles que una persona con personalidad, raras veces se siente intimidada por el éxito de los demás, raras veces necesita competir con alguien que no sea ella misma. Sé que puede parecer imposible que te hagan caso, que te escuchen y te comprendan, pero de ti depende encontrar el mejor modo de inculcarles buenos valores que contrarresten toda esa porquería que viene de fuera. Te seré sincera Daniel: si las cosas son como me las has contado, opino que has sido un mal padre: débil, permisivo, calenturiento... indecente. Ahora la situación se te ha complicado al dejar que tus niñas se descarríen de ese modo. La convivencia en tu hogar se ha vuelto enfermizamente perniciosa y temo que siga acumulándose esa tensión sexual hasta que regrese Mariela. Y te puedo prometer una cosa: sí bien es difícil para una mujer sentir que su marido preferiría a otras, le es completamente imposible aceptar que esas otras mujeres sean sus propias hijas. Me da miedo Daniel. Me da miedo que esta situación se te haya escapado de las manos y te explote en la cara. Hace bastantes años que te trato y te puedo certificar que tus depresiones y tus ansiedades pasadas se pueden quedar pequeñas al lado de lo que te espera si no sabes solventar esta situación adecuadamente. Tu familia y tu hogar son los pilares fundamentales que sostienen tu vida y podrían desmoronarse si ese trastorno sigue corroyendo su estructura. Lo que te ocurre es muy grave. He visto disolverse familias por mucho menos y créeme: tengo pacientes hombres que han tocado fondo muy abajo después del divorcio. Las mujeres suelen sobrellevarlo mejor, pero tú... No te veo a ti muy capaz de empezar de nuevo solo y más con esas cargas familiares pesando en tu bolsillo. Piénsalo, es impredecible lo que ocurrirá cuando regrese tu mujer. No sabes hasta dónde puede llegar la inconsciencia y el egoísmo de tus hijas a su tierna edad y enzarzadas en esta escalada de rivalidad lasciva e inmoral. La discreción es complicada cuando se trata de acontecimientos que ocurren en el seno familiar. Katia os sorprendió a ti y a Selena primero, y luego Selena os escuchó a ti y a Katia después: esto prueba lo poco hermética que puede llegar a ser la intimidad entre personas que comparten techo. No es una aventura con la secretaria, esto va mucho más allá en todo los sentidos. Céntrate Daniel. Te voy a recomendar un par de libros y te voy a modificar un poco la medicación. Te diría que hicieras leer eso mismo a tus hijas pero dudo que sea una lectura apropiada para ellas, especialmente para Katia que no parece tener muchas luces. Te lo apunto todo aquí. Nos vemos el próximo miércoles y hazme caso: toma alguna determinación antes de que vuelva Mariela o puede que el asunto se vaya de madre. No confíes en el raciocinio de tus hijas porque ahora mismo lo tienen muy disperso y puede que para ellas deje de ser prioritaria su discreción si la situación sigue tensándose entre las dos. No se lo permitas. No permitas que se equivoquen y déjales las cosas muy claras.

****

-No papá, no puedes hacerme esto- dice Katia asustada.

-Claro que sí, ya te advertimos que si no te esforzabas habrían consecuencias-

-Con lo de no salir en un mes es suficiente ya- renegociando.

-No salir es poco si te pasas el día enganchada al móvil- justifica Daniel.

-Pero eso es demasiado, no puedo vivir sin el móvil y sin internet- con desespero.

-Solo será un mes, no te morirás- desdramatizando.

-Pero es que tú no sabes lo que me estás haciendo- asomando sus primeras lágrimas.

-Te vendrá bien para superar esa adicción- abrumado por la reacción de su hija.

-No, de verdad. Me va a dar algo. Pídeme lo que sea. Hare lo que sea de verdad-

Katia está al borde de un ataque de nervios y Daniel se ve sobrepasado de nuevo. Quisiera haber consultado el castigo con su mujer pero está tan disgustada con lo que está pasando con su hermana moribunda que no logró plantearle el tema en su última conversación telefónica. Ahora no puede echarse atrás con el castigo, sería sucumbir de nuevo a la voluntad de su hija que ya le ha manipulado bastante. Por otro lado, el llanto y los sollozos de Katia no parecen una actuación esta vez. Quizás su adicción sea más grave de lo que pensaba. Sin Mariela no para de meterse en jardines. Fustigado por las desesperadas lágrimas de su hija Daniel encuentra la manera de matar dos pájaros de un tiro:

-De acuerdo Katia, no habrá castigo si tú haces una cosa por mí- esperanzado.

-Dime... lo que sea- volviendo a levantar su mirada con la cara mojada.

-Tienes que disculparte con Selena y reconciliarte con ella de la manera que sea-

-Pero si es ella quien está enfadada, yo no le he hecho nada- protestando.

-Le quitaste a Javi, eso le dolió mucho. Fue el principio de todo- aclarándole.

-Eso solo fue... nada... no sabía que le importara tanto- con cara de perplejidad.

-Sé que piensas que no es justo y puede que tengas razón pero es eso o tu castigo-

Daniel se muestra inflexible con sus condiciones y Katia lo piensa detenidamente.

-Vale pero mañana aún no, déjame un par de días para que vaya calmando la cosa-

-Como quieras, pero tiene que ser antes de que vuelva tu madre que no tardará ya-

Se siente ingenioso al haber jugado bien sus cartas:
*Selena quedará contenta con su moto nueva y con las disculpas de su hermana, *Katia quedará contenta por poder seguir enganchada a su móvil y a internet,
*Mariela estará contenta de reencontrarse con la familia pasada esa fatigadora pérdida y
*Él estará contento por haber solucionado sus problemas.
Cuando las niñas se reconcilien todo volverá a la normalidad y la familia podrá superar esa pequeña crisis sin daños colaterales. En unas semanas todo quedará olvidado.

****

Daniel está pensativo en la sala de espera. Nunca le han gustado los hospitales. Enmascarada en esa pulcritud se esconden miles de enfermedades y microbios. La muerte acecha a los pacientes y los tullidos caminan a duras penas con pasos titubeantes. Katia y Selena están concentradas en sus móviles de última generación ajenas al mundo que les rodea. Guardan una proximidad y una simetría posicional sorprendente dadas sus últimas riñas. Les han dicho que aguarden un poco. Dolores está en su lecho de muerte. Han venido todos a despedirse de ella: Mariela, Antonia, su madre Angustias, Daniel, Katia y Selena.

-Niñas, cuando entremos quiero que apaguéis eso de inmediato- severamente.

-Vale papá- dicen las dos al unísono.

-Señor Valverde... ya pueden pasar.

-Vamos... ¡vamos!- impaciente.

-¡Vale ya va!- Protesta Katia.

Ya en la habitación empieza el calvario. Daniel nunca se sintió muy unido a Dolores, ni mucho menos, pero cuando alguien se muere es necesario que los miembros de su familia permanezcan unidos para apoyarse los unos a otros y darle el último aliento de cariño a quien abandona este mundo. Aunque Dolores no parece muy consciente. Puede que ni se percate de la presencia familiar. Está muy, muy desmejorada. No le queda nada de pelo y parece aún mayor que Angustias. Ha perdido mucho peso y se ha vuelto canija. El monitor del electrocardiógrafo marca uno a uno sus pasos hacia la muerte. Selena parece que por fin se emociona con tan deprimente estampa. Katia sigue masticando ese chicle azul sin cerrar sus labios en una clara aunque inconsciente muestra de falta de respeto. Daniel contempla la tediosa despedida de Angustias que no logra articular su discurso entre lágrimas. Luego vendrá Antonia, Mariela, y puede que las niñas. La gran burbuja del chicle de Katia explota en su boca al tiempo que ella misma se da cuenta de lo inadecuado de su filigrana. Daniel la mira ofendido con urgencia y Katia le devuelve una mirada mezclando sorpresa y vergüenza justo antes de bajar los ojos intimidada.
Eso es. A eso se refería cuando hablaba con Maite en la consulta. Ese contraste entre lo feo, estropeado, rancio, caduco, moribundo, arrugado, farragoso, deprimente, desteñido, grisáceo, aburrido, enfermizo, pesado... por encima de todos adjetivos resplandecen sus niñas con destellos de su refrescante juventud, su enérgica vitalidad, su tierna virginidad, sus cautivadores encantos, su incontestable y sublime belleza... incluso ciertos rasgos que deberían crearle rechazo, como su frivolidad y su mala educación (especialmente en Katia), le resultan tan sugerentes que provocan un bochornoso riego sanguíneo en su miembro viril. Daniel se ve obligado a sentarse en la única silla de la habitación para disimular su más que inadecuada erección. ¿Cómo es posible? ¿Cómo se le puede poner dura pensando en sus hijas en el lecho de muerte de su cuñada mientras el resto de la familia riega con sus lágrimas tan lamentable pérdida? Daniel opina por primera vez que su caso es el de un enfermo mental. El nauseabundo ambiente hospitalario empieza a hacer mella en el mareándole al mezclarse con los efectos de su nueva medicación. Empieza a retroceder en sus convicciones cuestionándoselo todo. Puede que Maite acertara en dudar de su versión. Puede que padezca un cierto grado de esquizofrenia. Siempre ha temido convertirse en uno de esos locos que no se dan cuenta de su locura, al fin y al cabo los esquizofrénicos no son conscientes de su condición y acaban pensando que todo el mundo está en su contra.
¿Y entonces? ¿Es posible que Selena no se corriera jadeando en su regazo?
¿Es posible que Katia no le masajeara su polla viciosamente?

-Mariela, no me encuentro muy bien, me estoy mareando, tengo que salir- susurra.
Ella parece no hacerle caso sumergida en un manto de lágrimas mientras él coge de la mano a su cuñada Dolores a modo de despedida. Daniel sale despavorido de la habitación apoyándose en las paredes del en busca del ascensor. Ya en el exterior, respira hondo sobre el césped del jardín. Todo le da vueltas. No se ve capaz de conducir para traer de vuelta a las niñas. Necesita estabilizarse aún más y se tumba bocarriba oliendo la verde humedad que le acaricia la piel mientras observa las algodonadas nubes. ¿Se mueven ellas o se mueve su visión?

****

Daniel se encuentra sentado en el borde de su cama oculto en la oscuridad de su habitación. Al otro lado del pasillo, tras el umbral de la puerta abierta de su cuarto, Selena se desprende de su escasa ropa diaria para vestirse con su pijama de Snoopy todavía más breve. Lo hace despreocupadamente, de un modo tan grácil que resulta difícil creer que no se sepa observada: mirándose en el espejo, tocándose el pelo, posando... El calenturiento abrazo de la inmoralidad envuelve el pensamiento de Daniel de nuevo ya con la expresión de su rostro inmunizada a tales provocaciones. Su mirada se ve estática y trastornada. Su tranca está dura como una mala cosa. Se ve a sí mismo entrando a la habitación de su hija y follándola salvajemente pero una vez en pie su maltrecha decencia le da fuerzas para cerrar la puerta. Se toma un somnífero adicional. Se tumba e intenta dispersar sus pensamientos. Esta última semana se ha pajeado como un mandril pensando en sus hijas pero se ha propuesto dejar de hacerlo pues no puede ser bueno para su cordura. Cada vez que empieza intenta imaginarse con otra mujer pero acaba salpicando a una de sus hijas en el último momento y está convencido de que esas ineludibles fantasías ligadas a cada uno de sus orgasmos condicionan sus sentimientos de amor paternal. Si no puede controlar sus pensamientos mejor no empezar a tocarse. Tras unos largos minutos de semiinconsciencia inducida 
parece que Daniel logra abandonar el mundo real definitivamente.

****

Unos místicos jadeos infantiles zarandean eróticamente su espíritu sonando como música celestial. Incontables caricias rozan su piel de la manera más suave mientras jugosos besos le premian con un afecto que esconde tras su pura ternura filial una lujuria incestuosa. Un desmesurado orgasmo despierta a Daniel mientras siente como incontables contracciones fálicas expulsan templados chorros empapando la fina teda de su pijama. Mientras se recupera de tan arrolladora sensación abre los ojos tomando conciencia de lo que acaba de ocurrir. No es exagerado decir que hacía ya más de tres décadas que no experimentaba esa clase de accidentes nocturnos. Quizás hubiera sido una buena idea sacudírsela antes de acostarse después de todo. Siente como una gota se derrama por su cintura y eso le empuja a incorporarse para ir al lavabo con sumo cuidado de no derramar más flujo. Su elegancia en el trayecto es pésima pero logra llegar sin hacer demasiado ruido. Echa un vistazo al pasillo: ninguna de las puertas está cerrada. Teme despertar a sus hijas con el sonido de la ducha. Mete el pantalón del pijama en el cubo de la ropa sucia quedándose completamente desnudo y se enjabona bien bajo el chorro de agua. Lo siente caliente y purificador. Todavía un poco adormecido sale de la ducha. "¿dónde están las toallas?". Daniel cae en la cuenta de que las puso a lavar y descuidó reemplazarlas. Da igual, no hace demasiado frío, solo mojará un poco el suelo. Se apresura a caminar descalzo por el resbaladizo suelo deseando reencontrarse con el tacto de la moqueta de su habitación bajo sus pies. A oscuras intenta encaminarse de vuelta a su cama cuando detecta que hay alguien en ella.

-Papá, he tenido una pesadilla, tengo miedo, no puedo dormir- llorosa.

-Katia, ¿qué haces aquí?- susurrando a la vez que regañándola.

-Estoy temblando, he soñado una cosa horrible, déjame quedar contigo- suplica.

-Eso no puede ser cariño, tendrás que irte a tu habitación o con Selena-

-No, todavía está enfadada conmigo, no puedo- protestando.

Las pupilas de Daniel empiezan a dilatarse adaptándose a la oscuridad después de abandonar la abundante luz del lavabo. A media que percibe de nuevo lo que le rodea se siente más desnudo e indefenso frente a la situación que le acecha.

-Papá, ¿cómo es que andas desnudo?- pregunta ella rebajando el tono.

-No, no viene a cuento, solo, solo tenía calor- mientras busca una prenda.

-No te preocupes, ya sé cómo es, ¿no te acuerdas?- llena de picardía.

No hay nada con lo que pueda vestirse a la vista. Daniel no desiste pero otra inesperada voz interrumpe su búsqueda.

-¿Qué pasa? ¿Por qué hacéis tanto ruido?- pregunta Selena mientras enciende la luz.

-Nada cariño, tu hermana ha tenido una pesadilla y no puede dormir- justificándose.

Katia cierra sus párpados molesta mientras Selena intenta vislumbrar la escena con los ojos entreabiertos. Daniel se apresura a apagar de nuevo la luz.

-¿Por qué estás desnudo papá?- pregunta extrañada ella también.

-he tenido que ducharme y no habían toallas- con tono exasperado.
Katia enciende la lámpara de la mesita de noche que tiene una luz más suave que no resulta tan molesta.

-¿Y qué hace Katia en tu cama?- con un tono inquietado.

-Ya te lo he dicho, yo volvía ahora y la he encontrado aquí- exculpándose.

Daniel se siente ridículo pronunciándose desnudo frente a su hija. Necesita coger las riendas de esa situación y toma la iniciativa:

-Katia necesita decirte una cosa hija, escúchala bien- mirándolas a las dos.

Se hace un silencio sostenido donde transcurren razonamientos dispares a cada cual pero finalmente Katia recapacita y percibe que la ejecución del acuerdo con su padre es inaplazable. Mira a su hermana que navega en una mezcla de ira, sorpresa y curiosidad y empieza su argumentación.

-Selena... (Traga saliva)... eres mi mejor amiga y siento haberte herido con lo de Javi. No sabía que te importaba tanto. Fui egoísta e insegura y quise demostrar que yo era más atractiva y que podía hacer lo que quisiera. Si fueras fea y gorda no necesitaría hacer estas cosas pero eres preciosa y a menudo me intimidas porque si además de ser mucho más lista también eres más guapa... ¿dónde me deja a mí eso? Lo último que quiero en esta vida es hacerte daño y sé que estos últimos días me he equivocado mucho. Solo necesitaba recuperar un poco de confianza en mí misma pero lo que he perdido es algo mucho más importante para mí...-

Mientras Katia argumenta su disculpa, Daniel contempla como ambas chicas inundan sus ojos con sendas lágrimas y se pregunta hasta qué punto es sincera la convincente disculpa de su hija. La trascendencia de la situación le hace olvidarse de su propia desnudez. Selena se sienta en la cama cerca de su hermana y con una mirada intensa pero enigmática pronuncia:

-Has sido una zorra- intentando mantener la seriedad segundos antes de sonreír.

Katia mantiene una expresión afable derramando un par de lágrimas justo antes de derribarla con un sentido abrazo. Daniel se siente aliviado. Parece que todo vuelve a su curso. Pero tras emitir un profundo suspiro se da cuenta de que algo no va bien. La emotiva reconciliación de sus hijas empieza a dotarse de unos besos marcadamente inapropiados. Los ya poco recatados límites de sus joviales pijamas veraniegos se ven propasados por confusas caricias descubriendo aún más ciertas redondeces que deberían permanecer en el anonimato. El rosa de Hello Kitty se enzarza en un lascivo duelo con el azul de Snoopy. Daniel levanta el dedo para decir algo pero se queda mudo al tiempo que toma consciencia de la situación: sus hijas están enrollándose en su cama mientras él las observa completamente desnudo. Su polla hace gala de su impetuosa independencia cobrando una notoria perpendicularidad con el resto de su cuerpo. A sabiendas de la dificultad que conlleva invertir este vergonzoso proceso Dani opta por encaminarse fuera de su propia habitación hasta que:

-Papá, ¿dónde vas?- pregunta Selena entre suspiros.

-... creo que es mejor que os deje solas- proclama en un mar de dudas.

-No te vayas, esta es tu habitación- contesta Katia con el pelo en la cara.

-Si quieres nos vamos nosotras- dice Selena mientras se coloca bien el pijama.

-Pues ahora que lo dices... puede que sea lo mejor- reflexiona Daniel.

-Vale. Apaga la luz y acuéstate, nosotras pronto nos vamos- dice traviesamente Katia.

No las lleva todas con sigo pero se apresura en acercares a la cama y apagar la luz para esconder su delatadora erección, aunque ya considera imposible que haya pasado desapercibida. Daniel está de pie frente a su lado del colchón. Tras unos instantes de inmovilidad y silencio dice:

-¿Os vais?- con un tono dotado de cierto victimismo.

-Aquí tienes sitio papá- dice Katia juguetonamente.

-Esta cama es de matrimonio, es para dos personas- notando débil su argumento.

-Mamá ocupa el doble que nosotras dos, somos pequeñas- rebate Selena.

Daniel piensa en buscar un nuevo pijama pero cae en la cuenta de que se dejó la última lavadora sin tender. Sin toallas, sin ropa limpia... como se nota que no está Mariela. Además, considera una mala opción volver a encender la luz para buscar otra prenda. De pronto todas sus convicciones se ven ninguneadas por esos cantos de sirena que lo atraen hacia su propia cama. La oscuridad parece permitir lo que la luz no permitía. Al fin y al cabo, él solo regresa a su lecho nocturno sin ninguna mala intención. ¿Quién podría reprocharle a un hombre que se meta en su propia cama en plena noche? Una emoción vestida de incerteza le acompaña en cada uno de sus lentos movimientos cuando vuelve a ocupar su lado del colchón. Su pene está tieso y, aún a oscuras, Daniel siente que esa tensión fálica rompe la armonía de su postura. Intenta acomodarse usando estrictamente su mitad de la cama para no sentirse culpable de ningún contacto accidental. Cuando hace ya algunos minutos que la oscuridad gobierna la habitación, sus ojos ya perciben formas y movimientos con la escasa luz lunar que entra por la ventana. El besuqueo entre las chicas sigue a su lado mientras intenta mantener una absurda compostura tapándose con la fina tela de sus sábanas. Las caricias se tornan magreos, las respiraciones se convierten en jadeos y los besos en lametones. Selena se incorpora para deshacerse de la parte de arriba de su pijama y levantando sus brazos saca a relucir unos espléndidos pechos adolescentes. Después siguen desabrochándole los botones a Hello Kitty. Katia se apresura para ayudarla a igualar la situación. En un momento dado Selena dice:

-Papá, ¿me estas mirando?- con fingida sorpresa.

-No cariño, solo, solo intento dormir pero armáis mucho jaleo- siguiendo el juego.

-Ah, perdona, es que Katia es muy escandalosa- modulando cómicamente su voz.

-Que dices guarra, si eres tú- protesta Katia dándole una bofetada.

-aaahhhhh- aspira Sele indignada -toma- y le propina otra en plena cara.

Se desata un forcejeo entre gritos y risas hasta que Katia empuja a su hermana encima de Daniel que permanece rígido.

-¡Ala papá!, ¿qué es eso tan duro que tienes aquí?

-No es nada cariño, es solo una erección mañanera, nos pasa a veces- con nerviosismo.

-A perdona entonces, no quería tocártela, ha sido un accidente- entre risas.

-No te preocupes Sele, no, no pasa nada- con algunas dificultades en su habla.

-¿No te he molestado? Es que la cama es espaciosa pero tú eres grandote- bromea.

-Si quieres me arrincono un poco más- sugiere Daniel.

-No, espera, no te muevas, yo me adapto- dice mientras gatea.
Selena está a cuatro patas haciendo un puente con su cuerpo por encima de su padre.

-Así es más fácil- susurra mientras su hermana le baja los pantaloncillos.
Una vez se deshace de esa prenda, Katia empieza a propiciarle ciertos tocamientos:

-Oh, sí, así está bien, oooh- Selena empieza a gemir mientras se balancea.

-¿Así te gusta eh zorra?- le dice cariñosamente Katia mientras le mete sus dedos.
Daniel permanece inmóvil pero ya no puede más. La sugerente postura de su hija realza sus eróticas curvas mientras se mueve y jadea sin apenas más roces que los de su melena haciéndole cosquillas en la barriga. La luna alumbra sus preciosas tetas que se tambalean suplicando que alguien las sujete. Papá responde a esta subjetiva súplica acariciándolos con avidez. Ese turgente tacto de suavidad celestial provoca una corriente en su sistema nervioso inundando todo su cuerpo de una cálida y portentosa sensación. Unos recién llegados centilitros de sangre se propulsan hacia su pene ya colapsado. Mientras su padre le toca los pechos, Selena sigue actuando como si no se diera cuenta durante unos instantes hasta que se detiene y dice:

-¿Me estás tocando las tetas?- extrañada.

-No cariño, solo te sujetaba porque me pareció que te caías- se escusa Daniel.

-¡Que mentidos! no me lo creo- negando con la cabeza.

-Papá, ¿te gustan más sus pechos o los míos?- pregunta Katia acercándose.

-No lo sé, los 4 son preciosos- afirma con diplomacia.

-Los míos son más grandes- reivindica Selena.

-Nooo,... puede que un poco pero también tienes más culo- replica Katia.

-Está bien tener un buen culo- reafirmándose mientras se lo acaricia Selena.

Por un momento Daniel se siente ajeno al conflicto y no entiende mucho la deriva de esa discusión hasta que Katia le pregunta:

-¿Tu qué opinas? tócamelas- empujando a su hermana para ganar la posición.

-¡Aaah! ¿Qué haces guarra?- mientras desplazada se sienta sobre su padre.

Daniel está ligeramente incorporado apoyado en sus grandes almohadas mientras Selena rodea su torso con sus muslos sentada en su cintura a escasos milímetros de su intrépido pene que rezuma fortaleza e inquietud. Papá usa sus dos manos para sospesar las jovencísimas tetas de Katia mientras ella suspira placenteramente. Pasados unos instantes pasa a tocar los de Selena recabando con sus pulgares en sus pezones. Desearía tener 4 manos pero a falta de 2 intenta apañarse con lo que tiene y alterna con sus dos hijitas. En un determinado momento parece prestarle más atención a Katia y, Selena, sintiéndose desatendida, aparta las sabanas y desliza sus nalgas disimuladamente hacia abajo para que se encuentren con ese gran pedazo de carne palpitante que lleno de vigor se acurruca verticalmente presionando el canalillo de ese precioso culo desnudo.

-Papá, ¿cuál es tu preferida?- dice Katia mientras siente como las fuertes manos de su padre le aprietan los pechos.

-No sé, me parecen igual- despistando.

-¡Noooooooo!- protesta infantilmente -ya sabes a que me refiero-

-Papá me quiere más a mí- afirma convencida Selena -Me lo dijo-

-No, no, yo no quise decir... en ese momento... lo que pasa es que...-

A Daniel apenas le llega riego sanguíneo a la cabeza mientras nota como el culo de su hija presiona con discretos movimientos la trayectoria de su miembro sin ninguna tela de por medio.

-Te lo diría porque lo habías puesto cachondo- dice Katia desconfiadamente.

-Nooo, eso fue antes, cuando me estaba consolando- rectificándola.

-Pues eso, te lo dijo porque eres una llorona- con voz burlona.

-Pues a ti no te lo dijo ni cuando se corría encima de ti, así que...-

-¿Y tú como sabes eso?- exclama Katia indignada.

-No estaba segura hasta ahora- restregándole su astucia investigadora -pero os oí-

-Chicas, chicas... no discutáis. Os quiero igual a las dos- diplomáticamente.
Se produce una intrigante pausa hasta que Selena dice con un tono más bajo:

-Papá... estaría muy feo que nos follaras aprovechando que no está mamá-

-Sí, además, las dos somos vírgenes y no estaría bien que nuestra primera vez...-

-¡Claro Katia! ni se me había pasado por la cabeza- mientras se derrumban algo en él.

-De todos modos ¿lo estamos pasando bien igualmente no?- lo anima Selena.

-Claro, como no- con un tono tembloroso.

-Si quieres puedo hacerte un masaje en el pecho- dice Sele intentando consolarle.

Daniel ya no sabe que pensar mientras su preciosa hija se balancea desnuda encima él frotando con sus manitas su fofo y canoso pecho. Su polla sigue vapuleada insistentemente por las redondas nalgas de su jovencísima masajista que disfruta notando esa cosa tan dura restregándose en su culo. Katia se inclina sobre su empanado rostro y tras un "te quiero papá" susurrado le besa suavemente en la boca.

-¿Te gusta?- murmura ella entre besos.

-Claro preciosa- intenta responder mientras su hija le mete la lengua.

Ese cálido aliento quinceañero le seduce espantando el recuerdo del tóxico aire que suele exhalar Mariela con sus pulmones castigados duramente décadas de tabaquismo. Los labios adolescentes de Katia saben tan diferentes que lo elevan sobre un cielo repleto de acolchadas nubes de azúcar. Daniel no pierde el tiempo con sus manos y acaricia los muslos de Selena que no cesa en su masaje pectoral.

-Eh, yo también quiero un poco de eso- dice al ver como su hermana le come la boca.

-Te esperas gorda- reivindicando su turno 

Aún sin ninguna penetración, Daniel se hubiera corrido ya de no ser por esa inédita polución nocturna de antes. Si bien parecía un accidente de lo más incómodo, ahora no sabe hasta qué punto agradecer tal suceso.
Selena le agarra firmemente los huevos provocándole una inesperada contracción:

-¡Aah! ¿Qué haces?- sobresaltado.

-Ya está bien, ahora me toca a mí- reprocha Selena enfadada.

-A ti ya te besé el otro día amor, a Katia no la había besado todavía-

-Da igual... pero con ella te corriste y con migo no- rebate Selena.

-Pero cariño: tu si te corriste y ella no, no creo ¿no?- pregunta con curiosidad.

-¡Ya está!- proclama Katia -Para no discutir tenemos que igualarnos en todo-

Daniel se entusiasma rápidamente con esa idea. Siente que toma partido en una conversación totalmente descontextualizada y siente extrañas esas palabras pronunciadas con tanta naturalidad por sus propias hijas.

-Me toca a mí correrme esta vez- dice Katia mientras empuja a su hermana.

-!!Aaaaai valee!!- protesta ella.

Katia se sienta donde estaba su hermana pero dándole la espalda a Daniel que se incorpora un poco más para tener mejor acceso a ella.

-¡Papá, no me toques las tetas!... tienes que hacer que me corra- en plan mandona.

-Vale preciosa dime que es lo que quieres- desistiendo de sus magreos.

-Para empezar, no me llames preciosa ni cariño... dime que soy una cerda y una zorra-

-¿Cómo quieres que te diga eso cielo?- alarmado y perplejo.

-Tu cielito es ella, yo soy una niña mala y me merezco un buen castigo- insinuante.

-Tú eres una buena chica en el fondo amor- contradiciéndola.
Katia menea su redondo culo desnudo envuelto en las grandes manos de su padre mientas entre suspiros empieza su particular tormenta de confesiones:

-No papá... aaahhh... he suspendido el curso por faltar a clase... ooh... y Derek no es el primer skater con quien me enrollo... siiii... además, alguna vez te he robado... de la cartera y ¿sabes?... fui yo quien te rallo el coche... ohhh... cuando llego al colegio me cambio de ropa para que todo el mundo se fije en lo buena que estoy... y hasta los profes se ponen cachondos con migo... si te fijas solo me suspenden... las profesoras... ooooooh-

Daniel se siente contrariado con toda esa información pero ¿qué puede hacer? no puede darle ninguna lección moral en ese momento: se está acostando con sus dos hijitas menores aprovechando la ausencia de su querida mujer.

-Es verdad que eres una zorra- "plax" y empieza a azotarle el culo.

-Ah sí, he sido una niña mala- "plax - plax"

-Eres una guarra y una cerda- "plax - plax - plax" cada vez con golpes más seguidos.

-¡Oh sí! Pégame, me lo merezco- "plax - plax"

-Dale papá, dale fuerte, es una puerca- "plax" le anima Selena.

-¡Cállate que después te va a dar a ti!- girando la cabeza de golpe para apartar su pelo.

-No, yo soy una niña buena. Su preferida-

Selena lo aborda para comerle la boca entre caricias causando que su padre se recline desentiéndase del castigo físico que le estaba propiciando a Katia. Ella no protesta demasiado porque empezaba a tener sus nalgas demasiado doloridas y aprovecha el receso para cambiar su postura. Mientras tanto su hermana sigue bañando su lengua en el charco de sus propias babas dentro de la boca de su padre el cual no para de masajearle las tetas. Ella se incorpora un poco más para poder restregarle sus juveniles virtudes por la cara mientras se sujeta con el cabecero de la cama. Katia empieza a sentirse marginada y celosa y agarrándole el trabuco dice.

-Papá, si la apartas de ti te la chupo- desafiante.

Daniel contempla este nuevo escenario y decide desprenderse de su amada hija buena para disfrutar de las travesuras de su hija mala. Selena se ve arrollada entre risas a un lado del colchón escandalizada por lo que está a punto de ocurrir. Katia escupe en la polla de su padre y se hace de rogar un poco jugando con el hilo salival pero finalmente procede y se la mente dentro relamiéndola con avidez. Ni si quiera usa sus manos. Intenta metérsela toda dentro pero aún no tiene esa habilidad. Nunca antes había comido una polla. Fruto de sus intentos alguna lágrima se derrama por el esfuerzo. Decide emplearse a fondo sin empeñarse en tragársela entera, no sea caso que eche la pota. Papá se siente en otro nivel, a pesar de todo lo ocurrido, nunca había tenido su polla dentro de una de sus hijas. Tanto rato de preámbulos y juegos le han dejado el pene rebosante de esperma otra vez y no se ve capaz de aguantar mucho más.

-oooh, oooh. oooooh... oooooooooh- alienado de sí mismo gime con fragilidad.

Daniel se corre en la boca de su hija atacado por cálidos escalofríos mientras ella se esfuerza en tragar con todo. Nota como ese pedazo de carne va perdiendo su vigor mientras aún gotea. Con un gesto jovial, Katia se incorpora apretando los labios con sus mofletes hinchados y se va al lavabo para limpiarse.

-Eso no es lo que habíamos dicho- proclama Selena disgustada.

-¿A qué te refieres?- dice Daniel volviendo en sí.

-Dijimos que nos igualaríamos pero ya te has corrido dos veces en ella y en mí no-

-No te enfades amor, aún me puedo correr en ti también- buscando su mirada.

-Que dices, mira cómo se te ha quedado, ya no tienes edad para eso papá- protesta.

-Ya lo sé cariño pero tú eres tan hermosa que podrías hacer que el abuelo Ambrosio se empalmara, y eso que lleva décadas impotente el pobre- sin pensar muy bien lo que dice.

-¡ala papá, que asco!... ¿te imaginas?- mientras hace una mueca de repugnancia.

-Prefiero no imaginármelo- sonriendo.

La conversación fluye y mientras él tiene a su hija rodeada con su brazo izquierdo, ella le acaricia la calva de nuevo. Daniel se siente autorizado para meter su mano derecha entre los carnosos muslos de Selena quien los tiene cruzados en una pose de lo más femenina. Ella no se altera mientras nota esos intrépidos dedos peligrosamente cercanos a su húmedo escondite. La chica levanta su mirada hacia su hemisferio imaginativo y pregunta:

-¿Te imaginas haciéndolo con la abuela remedios?- frunciendo el ceño.

-¿Que dices niña? eso sería enfermizo- ofendido.

-¿Por qué? Tú te acabas de correr en la boca de tu hija- rebatiéndole.

-Pero las madres son sagradas. Además mi madre está muy vieja y estropeada-

-Ya pero...- viéndose interrumpida.

-Así no me ayudas cariño, así no podré compensarte por lo de Katia-

En ese mismo instante llega ella acurrucándose bruscamente a su lado desestabilizándoles con su impetuosa llegada.

-Ya estoy bien limpia... Uy, veo que sin mí eso se ha quedado muy flojo- bromea.

-Es culpa de tu hermana que me hace pensar en la abuela Remedios- se excusa.

-Que enferma Sele, tu sí que sabes cómo empalmar a papá- ironizando.

-Es que yo no soy tan zorra como tú- replica.

-Claro, por eso contigo no se corre ni Dios- haciendo voz de subnormal.

Daniel vuelve a experimentar esa sórdida sensación al encontrarse inmiscuido entre sus dos hijas mientras estas no paran dispararse improperios sexuales impúdicamente.

-Yo me ocupo- dice Katia mientras se monta encima de papá.

-Noooo, ya se ha corrido dos veces en ti, ahora me toca a mí- protesta Selena.

-Noo, porque tú ya te corriste y yo aún no, y me lo he currado mucho más que tu-
Mientras habla ya está restregando su conejo empapado con el flácido miembro de su padre mientras ondula su cuerpo eróticamente.

-¡Que morrrrro!- exclama exaltada.

-aaah...aaaaah...aah... has tenido tiempo de sobras- le reprocha Katia.

-Estaba esperando que se recuperara un poco de ti- protesta.

-ooh...ooh... hablándole... oh... de follar con su propia madre decrépita- entre suspiros.

Daniel se siente excluido de la conversación pero eso no le preocupa demasiado porque vuelve a notar como su polla empieza a desperezarse bañada en los cálidos flujos vaginales de Katia. La conversación se detiene mientras transcurre la acción hasta que:

-¿Y qué? ¿Te lo vas a follar?- empezando a impacientarse.

-oh... ohh... oooh...- suspira Katia sin levantar la voz pero con una gran expresividad.

La polla de su padre ya está completamente tiesa pero se encuentra aplastada entre la barriga de Daniel y su coño. Ella no deja de jadear alentada por sus rápidos movimientos. Hipnotizado por el balanceo apasionado de sus jóvenes tetas, papá se apresura a contenerlas con sus manos y las masajea intensamente. Se siente potente y lleno de confianza. Sabe que después de correrse dos veces el tercero se hará de rogar. Lo más difícil era que a sus años se le pusiera tan dura a estas alturas de la película. Pero como no empalmarse... Katia está como loca frotándose con él. Daniel no hubiera pensado nunca que una simulación pudiera ser tan placentera. Hay algo que lo excita y lo teletransporta incluso más que el tacto de su hija: sus gemidos, su manera de respirar y de transmitir su gozo, el éxtasis que explota entre gritos desde su coño invadiendo todo su cuerpo y provocándole convulsiones. Por pura empatía él se une a sus gritos gozando como nunca. Katia se corre eyaculando sobre su padre inesperadamente bajo sorpresa de los tres. Selena ya estaba muy enfadada y celosa por verse arrinconada pero ver el brillo de ese flujo entre los dos la confunde haciéndole pensar que Daniel ha vuelto a premiar de nuevo a su hermana con su esperma. La escasa luz lunar no le ofrece mucha claridad como para interpretar acertadamente lo que ve y presa de su error se levanta en un arrebato de ira para recoger su pijama con la intención de regresar disgustada a su habitación. Su hermana se ha desvanecido complacida sobre la cama aún montada en su nube emocional pero Daniel no ha perdido aún su lucidez y su vigor se encuentra en las cotas más elevadas. No está dispuesto a dejarla marchar de ese modo, no antes de darle todo lo que tiene para ella. Su poderosa erección dista mucho de la flojera orgásmica dado que sus dos vertidos previos hacen del tercero casi una quimera. Cuando Selena se disponía a abandonar la habitación se nota sujetada violentamente por su padre que la zarandea hasta reclinarla sobre la gran cómoda negra de madera arrimada a la pared. La chica tiene miedo por un momento al sentirse agredida. No sufre gran dolor físico pero Daniel la maneja de un modo tan brusco y con tanta urgencia que teme por su integridad. Con los antebrazos apoyados plenamente sobre el mueble, Selena tira algunas de las figuras y fotos familiares que lo decoran.

-¿Qué haces papa?- dice temerosa mientras gira la cabeza para verle.

-Te voy a follar- contesta con plenas convicciones.

-Noooo, dijimos que no podíamos hacer eso, es pronto para mí- suplica.

Los acontecimientos despiertan la curiosidad de Katia que yace exhausta sobre la cama y combatiendo su fatiga enciende la lámpara de la mesita para vislumbrar mejor la sórdida escena. Sus viscosos flujos vaginales aún empapan la tranca de su padre la cual gotea atrapada entre los carnosos muslos de Selena. Daniel empuja instintivamente aunque sin penetrarla aún.

-¡No me violes papá! soy virgen y... ¡no llevas condón!- asustada.

-No te preocupes cariño, no voy a robarte tu virginidad y tampoco, tampoco te preñaré-

Sus respiraciones aceleradas dotan de trascendencia y emoción lo que está a punto de ocurrir. En cuando la tiene bien sujeta, Daniel encula a su niña penetrándola firmemente. Selena nota como la tremenda polla de su padre se abre paso por su culo hasta lo más hondo sirviéndose de la inestimable lubricación de su hermana. Esa sensación es tan nueva para ella que no puede razonar a duras penas sobre lo que le está ocurriendo. Daniel cabalga ya sobre una realidad muy lejana a sus conflictos y temores. Poco le importa ya lo censurable de sus actos. Toda su controversia ha sido barrida por esa embriagadora lujuria incestuosa. Papá se acelera exponencialmente hasta que logra llevar a su propio cuerpo más allá de sus limitaciones físicas para cumplir con su cometido. A duras penas puede sincronizar su respiración con tal desmesurado ajetreo mientras empieza a gruñir como un poseído. Ella abre mucho sus ojos sorprendida y abrumada por las embestidas desbocadas de su padre. Nota como arde su culo mientras esa gran polla transita frenéticamente dentro de él.

-¡Ay, aaaaay aaaahaaay!- exclama con sorpresa.

Katia les observa boquiabierta desde la cama sin dar crédito a lo que ven sus ojos. La energía con la que papá está follándose a Selena sobrepasa la capacidad que se le podía presuponer y, ciertamente, Daniel parece fuera de sí, como si de una posesión diabólica se tratara. Sometida a esas incontables acometidas anales, la chica empieza a notar cómo millones de pequeños destellos de energía aparecen llegados de todos los rincones de su cuerpo uniéndose entre sí a gran velocidad y constituyendo una incandescente y efímera masa que eclosiona 
dándole forma a un potente orgasmo que le hace perder la noción de la realidad.

-¡Ooooh, ooooooh, ooooooh!- evidenciando su estallido.

Mientras aún colea esa sensación, Selena intenta recobrar sus desvanecida percepción de la realidad y aún zarandeada salvajemente por su padre, recupera el sentido de su sacudida visión centrando su mirada en el retrato familiar que cuelga de la pared a escasos centímetros de su cara. Algo alienada, le cuesta creer que el afable padre de familia algo rejuvenecido que en la foto abraza a sus niñas de 10 años ahora esté penetrando su culo ferozmente con su tranca vigorosa gruñendo como un animal completamente salvaje. Daniel está haciendo el esfuerzo final que le permitirá alcanzar ese ambicioso objetivo. Al borde del derrame cerebral y notoriamente enrojecido deja de gruñir y de respirar para enfocarse totalmente en el colofón final que está a punto de coronar su gran gesta. Sus venas parecen a punto de estallar y su piel brilla humedecida por el sudor. Toda la energía de su ser se canaliza virilmente dentro del culo de su hija dejándolo tan exhausto que se desvanece sobre la moqueta. Viendo mil estrellitas nota como todo el mundo da vueltas a su alrededor. Sus pulsaciones bajan en picado desde lo más alto a través de un tobogán de desahogo y relajación. Cuando su mirada recupera su lucidez observa a su hija aún reclinada sobre la cómoda. Su respiración es aún algo acelerada y le mira a través de su melena despeinada que le tapa parcialmente el rostro.

-¿Estás bien papá?- pregunta preocupada por su lamentable estado.

-Si cariño... solo es que... que me he esforzado demasiado- recuperando el aliento.

-Estás viejo para estos trotes- bromea Katia apareciendo de nuevo en escena.

-Cállate tía, imagínate que se nos muere aquí follándome... ¿cómo lo explicamos?-

-Mamá te mata- dice Katia lavándose las manos.

Daniel desnudo y tirado en el suelo intenta incorporarse al tiempo que escucha esa frívola conversación de sus hijas afrontando de un modo tan ligero lo que acaba de ocurrir. Selena se distancia del mueble dejando sobre esa superficie la marca de sus pechos, sus brazos y su vientre marcando una artística silueta erótica que se desvanece a cada segundo que pasa. Sin una justificación declarada Katia apaga la luz de la mesilla dejando la estancia a oscuras de nuevo. Parece que les dé más vergüenza vestirse que desnudarse. Ya recuperado Daniel echa en falta a Selena que ya se ha ausentado sin despedirse.

-A mí no me has follado papá- susurra traviesamente Katia.

-Cariño... ¿te parece si lo dejamos para mañana? es que... me muero- extenuado.

-¿Que hablas tonto? ¿Crees que yo voy a dejar que mi propio padre me folle por el culo?

Daniel a oscuras siente como los pasos de su hija le rodean para abandonar la habitación al tiempo que una leve caricia peina su calva. Gatea sin fuerzas como un residuo humano para encaramarse de vuelta sobre su cama. Teme que una oleada de remordimientos le aborde una vez desvanecidas sus calenturientas motivaciones, pero justo cuando Mariela, Maite y su madre Remedios llegaban enfurruñadas a sus pensamientos para cantarle las cuarenta, la realidad se desvanece mezclándose con un montón de ideas absurdas e incoherentes. El cansancio ha hecho mella en él y se ve prematuramente sumergido en un profundo sueño justo cuando los primeros rallos de sol asoman por la ventana.

Autor
EREQTUS
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