domingo, 8 de marzo de 2015

¿Quién iba a decirlo?


Mi nombre es Laura y tengo 42 años, estoy casada con un hombre maravilloso y mi vida sexual dentro del matrimonio es satisfactoria, hasta que conocí Internet. Tengo 2 hijos, el mayor es Alberto, tiene 24 años y después está Beatriz que tiene 21, y ambos viven en casa desde que nacieron, no se deciden a independizarse y eso de alguna manera me alegra, sobre todo por Alberto, mi hijo y mi mayor satisfacción. Mi físico es bastante agradable, tengo unos pechos grandes, un poco caídos por mi edad y por haber sido la fuente que amamantó a dos hijos a temprana edad, pero los conservo bien grandes y gordos, mis pezones son algo que me enorgullece, ya que los tengo grandes y cuando me excito soy capaz de ponerlos tan grandes como mi dedo meñique, tengo una aureolas rosadas y amplias que dibujan el centro de mis tetas con mucha exactitud, en otras palabras tengo unas tetas muy majas. Mi vientre lo mantengo plano debido a años de gimnasio después de mis partos y mi trasero lo mantengo firme y alzado, redondo y bien duro, me considero una mujer cuidada en lo que al físico se refiere y aunque me resulte incómodo decirlo me gusta tener un cuerpo provocativo.

La historia que voy a escribir es realmente verídica y la escribo con el consentimiento de Alberto, mi hijo, ya que fue el quien me animó a esto y quien me metió en el mundo de Internet. Yo soy un ama de casa normal y corriente, mi marido trabaja en una multinacional y con un importante cargo dentro de la empresa, mis hijos estudian y llevan a cabo caminos prometedores en relación a sus estudios, las cosas en casa van de mil maravillas. No hace mucho tiempo instalamos Internet en casa y Alberto se pasaba horas y horas navegando, buscando y encontrando. Yo aprovechaba cuando estaba sola en casa para curiosear en la red, hasta que me encontré con algo asombroso. Alberto tenía unos ficheros con una serie de relatos eróticos, todos trataban del mismo tema, el incesto de madre e hijo. Yo al principio me asusté e incluso se me pasó por la cabeza la idea de comentarle algo a mi hijo, pero decidí callarme. Con el tiempo aprendí a navegar de manera más ligera y encontré páginas de contenido erótico y pornográfico, poco a poco me iba metiendo en este mundo que es la red y poco a poco me iba aficionando a las fotos de enormes penes, a vídeos porno y a relatos eróticos, también de contenido incestuoso. Nunca he sido una adicta a la masturbación, pero debo decir que desde que me conecto a Internet me masturbo muchísimo ante el monitor, no pasa un día en que no me toque mi coñito mientras me leo un relato en el que una madre se acuesta con su hijo o mientras veo esas enormes pollas bien empalmadas ocupando toda la pantalla.

Llegó el día en que solo pensaba en quedarme sola en casa para enchufarme al ordenador y gozar con mis deditos, la cosa me estaba obsesionando y llegué incluso a tener miedo de caer ante alguna adicción algo seria. Me estaba convirtiendo en una calentorra y casi cada noche le pedía guerra a mi marido en la cama, necesitaba follar a diario, me masturbaba cada mañana ante los relatos y el asunto iba en aumento.

Un día estábamos en casa Alberto y yo solos, mi hijo estaba en su dormitorio haciendo algo en el ordenador, yo estaba haciendo algunas labores propias del hogar cuando tuve que entrar en su dormitorio para recoger algunas cosas, mi hijo no tenía la puerta cerrada del todo, la tenía entreabierta, así que me asomé antes de entrar y quedé impactada ante el espectáculo que vi. Mi hijo estaba espatarrado en la silla ante la pantalla del ordenador mientras leía algo, sujetaba en su mano derecha algo grande y muy largo y paseaba su mano por toda aquella cosa que parecía no tener fin, era su polla. Mi hijo se estaba masturbando delicadamente y se masturbaba de una manera que me estaba poniendo cachondísima, mi Alberto tiene una polla preciosa y enorme, como nunca la había visto, sólo había visto pollas grandes y sobrenaturales en las fotos de Internet y creí que muchas de ellas eran montajes, pero tenía una de verdad en mi propia casa y aquel miembro tan espectacular no era ningún montaje, era y es de carne y hueso.

Me quedé sin respiración y algo atontada, con los ojos clavados ante mi nene que se tocaba la polla poquito a poquito y que parecía no dejar de crecer nunca, se me escapó un gemido de ahogo al ver aquello y Alberto se dio cuenta de mi posición, giró la cara y sus ojos se clavaron en mi rostro acalorado.

Cerré la puerta con el corazón a cien y me fui hacía el salón , me senté en el sofá y me tapé la cara, una extraña obsesión se apoderó de mi cabeza, deseaba aquella polla entre mis manos, entre mis labios y entre mis piernas, tenía en mi casa la razón de mis masturbaciones clandestinas, tenía acceso para poder ver en directo una maravilla de la naturaleza y eso me estaba atormentando, era mi hijo, mi propio hijo y eso no se me podía ocurrir a mí, pero cómo iba a meterme en la cama con mi hijo, una cosa es un relato erótico que puede ser incluso inventado pero otra cosa es la realidad, no puedo tener relaciones sexuales con mi hijo, aunque este tenga el aparato reproductor más tentador de la Tierra, no puedo y no puedo, me decía una y otra vez. No me di cuenta y Alberto se me acercó al sofá, estaba mudo y serio, se veía preocupado por mi respuesta al hecho de haberle visto masturbarse

-mamá…yo…yo, no quería que me vieras

Mi hijo balbuceaba una disculpa pero yo no podía ni mirarle a la cara por miedo a comérmelo a besos y cogerlo de la mano y llevármelo a la cama para que me mostrara su habilidad para amar a su madre, para hacer gozar a su madre, deseaba sentir su eyaculación dentro de mí y deseaba sentirlo por todos mis agujeros. Me retiré las manos de la cara y le miré sonriendo 

- No Alberto la culpa ha sido mía por asomarme sin avisarte, no debes preocuparte por nada, es normal que te toques, estas en la edad de eso, le dije mirándole a sus ojos.

Mi hijo estaba de pie ante mí, tenía el aparato genital a la altura de mi cabeza y el pantalón de pijama dejaba adivinar el impresionante tamaño de sus huevos y su pene, mi hijo era todo un hombre, dotado para llenar a la mujer más exigente que pudiera andar por esta tierra, y posiblemente esa mujer fuese yo. Mi hijo se acercó un poco más y capté el olor de macho en celo, sólo tenía que levantar la cabeza y toparme con su bragueta en mi rostro, deseaba lamer esa cosa que escondía pero era mi hijo y no podía

- mamá yo siento lo que estaba haciendo y siento mucho que me tuvieras que ver en ese momento, sólo te pido que me perdones, me parece una falta de respeto hacia ti no volveré a leer esas cosas, de verdad mamá te lo prometo.

Levanté la cabeza y vi su pijama, no había bulto ni estado de excitación alguno, le miré a la cara y le dije:

- nene ¿qué estabas leyendo para ponerte así hijo mío?

Le dije esto sin saber apenas lo que había preguntado, me estaba sonriendo y yo le devolví la sonrisa y le di un toque de picardía a la pregunta, para quitar importancia al asunto

- nada mamá estaba leyendo unos relatos picantes y me puse un poco ejem.. Ya sabes
- ¿un poco hijo mío? ¿Eso te parece un poco? pero sí estabas…bendito estabas para hacerte una foto estabas no quiero ni recordarlo

Le dije yo un poco más incorporada en la sofá y ya sin sentimiento de culpa, Alberto se rio y noté un leve movimiento en su paquete, aquello le había gustado al muy canalla, me dijo

- no mamá, no estaba del todo, sólo estaba un poco

Le miré sonriendo y con algún miedo en el cuerpo, la conversación podría llegar mucho más lejos de lo imaginado

- ¿sólo un poco? no me dirás que se te puede poner más grande porque hijo mío yo he visto algo muy grande y sí me dices que se te puede poner aún más yo no sé qué decir no me lo voy a creer sí no lo veo

Diciendo esto me di cuenta de lo que había dicho, estaba invitando a Alberto a que me enseñara su polla. Mi hijo me dijo

- si quieres verla la puedes ver, si quieres te la enseño mamá

En esos momentos noté cómo su bulto empezó a moverse y a incrementar en tamaño dentro de su pijama, yo no sabía qué hacer, estaba deseándolo pero sabía que era un error, un pecado, pero qué diablos me moría de ganas por ver aquella polla ante mis ojos

- ¿de verdad que me la enseñarías?

- pues claro que sí mamá anda quítame el pijama y verás cómo se me puede poner de grande

Agarré temblorosa el pantalón del pijama y se lo fui bajando poco a poco, me costaba bajarlo dadas las proporciones que estaba cogiendo su polla, se estaba empalmando con sólo bajarle el pantalón, cuando terminé de hacerlo mis ojos se quedaron abiertos como platos, me tuve que tapar la boca para ahogar un grito y cerré los ojos ante el impacto, mi hijo tenía una polla preciosa a medio empalmar y era enorme, estaba medio erecta y ya mostraba un glande enorme como un champiñón, rosado y brillante, unas gordas venas rodeaban su tronco

- hijo mío qué tienes aquí, qué cosota tan grande esconde mi niño, pero qué herramienta más magnífica tiene mi Alberto, cariño mío, vaya polla que tienes cariño.

Aquello iba creciendo más y más, se iba poniendo duro y poco a poco se iba levantando hasta apuntar al techo, dejando una estaca de dimensiones bestiales para mis ojos, no lo dudé más y se la toqué, se la agarré y empecé a masturbarlo poco a poco

- has visto mamá cómo se me puede poner más grande tú tócame más y verás cómo se te pone de grandota, tengo una buena polla mamá

Mi hijo ya me hablaba como si fuese una amiga suya, sin pararse a pensar que era su madre y a mí aquello me gustaba más y más

- cariño mío esto no para de crecer qué cosa qué maravilla cómo se te pone cómo se te pone ante mamá ¿mamá te la pone así de grande? Dímelo cariño, dime que mamá te la pone así de grandota

- claro que sí mamá, tú me la pones como nadie me la puede poner tú eres la mejor, me la pones como nunca y es para ti mamá, mi polla es para ti, anda tócamela más y chúpamela sí quieres

Mi hijo me estaba provocando a que le comiese la polla, yo tenía el rabo en las manos y eso parecía no dejar nunca de crecer, las venas estaban gordas y duras, el tamaño de la polla era enorme y con mis manos no abarcaba todo el tronco, estaba ardiendo por mí, la polla de mi hijo estaba ardiendo por los labios de su madre, yo comencé a masturbarlo con furia, suspirando y gimiendo diciéndole a Alberto

- dame más, cariño, quiero más polla para mamá córrete en mi cara corazón que mamá te va a cuidar esta cosota como nadie lo ha hecho nunca, es grandiosa hijo mío, ES UNA MARAVILLA MADRE MÍA QUIÉN LO IBA A DECIR QUÉ COSA TIENE MI HIJO PARA SU MAMA, MADRE MIA QUÉ POLLA MÁS ENORME HIJO MÍO, CÓRRETE CON MAMA CIELO, QUÉ HUEVOS QUÉ POLLA, CÓMO ME PONES HIJO CÓMO ME PONES

Todo esto se lo decía gritando y con cara de no saber qué hacer mientras le sacudía con mis manos aquella enorme polla ante mis ojos, decidí metérmela en la boca y sólo pude pegarle un chupetón en la punta y mi Alberto se corrió en mis labios y en mi cara, me llenó de leche ardiente todo el rostro, yo le gritaba

- ASÍ ASÍ…HIJO MÍO CÓRRETE EN MAMA, QUIERO TODA TU LECHE SIEMPRE PARA MÍ, ME VAS A FOLLAR TODOS LOS DÍAS, HIJO MIO QUÉ HUEVOS TIENES Y QUÉ POLLA MÁS ENORME QUE TIENES CARIÑO

Yo acabé como trastornada de oírme decir aquellas palabras, pero fue una locura que pienso disfrutar siempre que pueda. A propósito a Alberto le mide 24,5cm, una señora polla que me llena todos los orificios de mi cuerpo.

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