jueves, 9 de abril de 2015

De cómo mi hermana y yo perdimos la virginidad


A los 15 años era un adolescente normal como cualquier otro. Empecé a tener curiosidad por mi sexualidad como a los 12 o 13 años y ya a los 15 tenía una colección de revistas eróticas y algunos vídeos pornográficos con los que me masturbaba con regularidad. En esa época, empecé a interesarme por las mujeres. Tenía muchas compañeras de colegio, porque iba a un colegio mixto, pero todas me parecían demasiado aniñadas, ya fuera por sus físicos como por sus intereses. Siempre me llevé mejor con la gente que es mayor que yo porque encontraba temas afines de los cuales hablar, gustos musicales, etc., así que se podría decir que ya en esa época tenía debilidad por las mujeres mayores que yo. Y un día me di cuenta de que tenía en mi propia casa a una mujer que podía decir que era perfecta en todo lo que a mi corta edad podía buscar en una mujer, mi hermana victoria. Mi hermana era una hermosa chica de 17 años, con un cuerpo impresionante, unas tetas firmes y grandes y un culo perfecto, 1.65 m, ojos verdes y un sonrisa que podía hacer que todo lo malo del mundo desapareciera en un instante. Cuando me di cuenta de eso, porque verdaderamente nunca lo había pensado, mi mundo cambio de repente. Comencé a obsesionarme con mi hermana, robaba algunas de sus bragas usadas cuando las dejaba para lavar, intentaba verla desnuda cuando se cambiaba, comencé a masturbarme pensando en ella todos los días. Decidí en algún momento que seguir así no me iba a llevar a ningún lado, así que empecé a relacionarme más con ella.


Me portaba cariñoso todo el tiempo, le decía piropos por cualquier motivo, tenía largas charlas sobre cualquier tema solo para poder estar con ella. Pero nada me daba indicios de que ella pudiera sentir ni una pizca de lo que yo sentía por ella. Así que tomé la decisión de intentar algo más drástico y un día, cuando ella estaba en la ducha entré completamente desnudo y me metí con ella debajo del agua. Mi hermana no supo cómo reaccionar, solo me dio la espalda y me decía que me fuera, que estaba mal lo que estaba haciendo, pero todo lo decía con una voz temblorosa que no tenía firmeza alguna. Yo obviamente no me fui, sino que además comencé a acariciarle la espalda y a tocar sus nalgas. Ese culo firme, perfectamente redondo era increíblemente suave al tacto, la piel de mi hermana era hermosa y de color muy blanco. Ella solo temblaba un poco y seguía repitiendo las mismas cosas pero no me obligaba a irme. Mi mano fueron amasando ese culo hasta que metí entre sus piernas una de mis manos y toqué por primera vez en mi vida una vagina, y nada menos que la de mi propia hermana. Ella se estremeció un poco, y luego de un rato comenzó a gemir suavemente.

Se dio vuelta por primera vez y pude ver esas suculentas tetas bien de cerca. Mi mano derecha fue al encuentro de su pecho izquierdo y al mismo tiempo que disfrutaba de ese contacto, mi boca fue al pezón derecho de mi hermana. Ella estaba más tranquila y me dejaba hacer mientras gemía un poco. Me dediqué un buen rato a tocar, chupar, morder y amasar esas tetas de infarto y comencé a bajar por el abdomen de mi hermana dándole besos. Cuando llegué a su vagina ella me detuvo. Yo la miré a los ojos, tenía miedo. Intenté acercarme nuevamente pero ella me volvió a empujar la cabeza con las manos. Decidí que no iba a forzarla, y fue lo mejor porque minutos más tarde, mientras estaba vistiéndome en mi habitación escuché la puerta de calle y a mi madre entrando en la casa con las compras de la tarde. Esa noche me masturbé varias veces recordando el cuerpo de mi hermana, pero no estaba para nada satisfecho. Quería más, quería recorrer todo su cuerpo, quería oler y chupar esa vagina depilada, quería meterle mi verga hasta lo más profundo. En los días siguientes mi hermana casi no hablaba conmigo, pero yo aprovechaba cada oportunidad que tenía para acercarme a ella e insinuar que no iba a descansar hasta conseguir algo de ella. La abrazaba por detrás y mientras le tocaba las tetas, presionaba mi bulto contra su culo, siempre en situaciones incómodas, como en el living mientras mamá cocinaba. Por algún motivo, mi hermana en vez de delatarme con mis padres se ponía nerviosa y me dejaba hacer lo que quisiera en esas situaciones. La única explicación que encontré para eso, es que ella no quería que yo me detuviera. Así que luego de un par de meses de acoso, una noche entré en la habitación de mi hermana mientras ella dormía. Me acerqué sigilosamente a su cama y comencé a recorrer su cuerpo con mis manos. Ella tenía solo una remera para dormir y sus bragas.

Metí mis manos debajo de su remera y comencé a tocar sus senos. Presioné sus pezones con mis dedos y mi hermana hizo un leve gemido. Levanté un poco su remera y comencé a chuparlos. Fui bajando y le quité sus bragas para dejar al desnudo su conchita depilada. Acerqué mi nariz y me llené de su olor. Saqué mi lengua y poco a poco fui lamiendo toda la entrada de la vagina de mi hermana. Ella se despertó, y antes de que pudiera decir o hacer nada, la besé. Fue un beso largo, que ella me devolvió después de unos segundos.

Cuando nuestros labios se separaron ella dijo
Victoria: Para, no podemos hacer esto. Sos mi hermano, no deberías estar en mi habitación a esta hora y mucho menos besándome.
Yo: Por favor, te juro que no le cuento a nadie. No puedo más, me estoy volviendo loco por vos y no se más que hacer.
Victoria: Pero sos mi hermanito, no podemos hacer esto además....
Yo: Además que? No me importa nada a mí, ni que seas mi hermana ni nada. Sos hermosa y creo que me estoy enamorando de vos.
Victoria: Eh? Mira, me encanta que me digas eso pero lo nuestro no puede ser. Además, yo nunca lo hice y me da miedo.
Yo: ¿Nunca hiciste qué?

Ella: Soy...... soy virgen, eso quise decir.... y se ruborizó algo avergonzada.
Yo: Con más razón, yo también soy virgen. Podemos tener nuestra primera vez juntos. Y lo de ser hermanos, bueno ¿preferís hacerlo con cualquier idiota desconocido antes que conmigo?
Ella; No yo..... Y en ese momento la besé de nuevo. Ella me devolvió el beso otra vez y me abrazó. Yo tocaba sus tetas con una mano mientras con la otra le acariciaba la espalda. Mi mano bajo para encontrarse con su vagina, que ya estaba húmeda de la excitación.

Dejé de besarla para chuparle la concha. Le pasé la lengua desde su ano hasta su clítoris y ella gemía suavemente al mismo tiempo que tomaba mi cabeza con sus dos manos y me instaba a que siguiera con lo que estaba haciendo. Luego de un rato de estar mamando la vagina de mi hermana, me quité mi ropa interior y quedé completamente desnudo frente a mi hermana. Ella sin decir nada, se acercó y comenzó a tocarme la verga. La acariciaba con fascinación, y poco a poco fue acercando su boca para poder besarla. Luego de recorrer mi verga con sus labios, sacó la lengua y me lamió completamente. Luego fue introduciendo mi verga en su boca y a mamarla lentamente. Me raspaba un poco con los dientes, pero eso no hizo que fuera menos placentero. Estuve a punto de acabar pero no quería dejar pasar la oportunidad de tener sexo con ella. Así que la tomé de la cabeza para que dejara de chupar mi verga, la recosté en su cama mientras la besaba nuevamente y me puse encima de ella al mismo tiempo que abría sus piernas con mis manos. La acomodé para poder penetrarla mejor y acerqué la punta de mi verga a la entrada de su vagina. Ella empezó a dudar un poco, pero ya no había marcha atrás. Aunque intenté hacerlo suavemente, como ella se movía y hacía gestos de dolor ante el más mínimo contacto de nuestras partes, La tomé firmemente de las caderas, acerqué mi verga de nuevo y con un movimiento rápido la penetré bastante profundo. Ella casi grita en el momento en el que perdimos la virginidad juntos. Yo logré taparle la boca y sin moverme demasiado para no lastimarla intenté calmarla.

Ella me daba algunos golpes en el pecho con lágrimas en los ojos pero poco a poco se fue calmando.
Victoria, ya más tranquila: Me dolió mucho idiota, como me la vas a meter así?
Yo: ¿y que querías que hiciera? si no parabas de moverte y de correrte con miedo
Victoria: Te dije que me daba miedo, ¿o no nene?
Yo: Bueno, perdón. Igual ahora ya está. Oficialmente, ninguno de los dos es virgen
Ella sonrió y cambió la cara. Poco a poco sus caderas se empezaron a mover solas.
Yo: ¿no te duele? ¿Queréis que me mueva ahora?
Victoria. Si, dale. Pero despacio, que es la primera vez igual

Yo saqué lentamente mi verga de la conchita de mi hermana. Tenía un poco de sangre pero no le di mucha importancia, comencé a meterla de nuevo en esa cavidad caliente y apretada y me fui abriendo paso dentro de mi hermana. En un par de entradas y salidas lentas y profundas, mi verga logró entrar completa y en ese momento mi hermana se arqueó un poco, al mismo tiempo que sus piernas temblaban y acababa en mi verga. Ella me empujó suavemente para que saliera y le di tiempo para que se recuperara del orgasmo. Cuando lo hizo, ella misma me agarró de la cara, me besó y me pidió que la cogiera de nuevo. Yo me metí entre sus piernas otra vez, al mismo tiempo que seguía besándola y le metí mi verga hasta el fondo por tercera vez.


Ella gemía suavemente mientras era penetrada por su propio hermano y con cada embate profundo clavaba sus uñas en mi espalda. Yo comencé a aumentar el ritmo, sabiendo que no podía aguantar mucho más, y penetrándola hasta el fondo por última vez descargué todo mi semen dentro de ella al mismo tiempo que ella alcanzaba un segundo orgasmo. Me quedé dentro de mi hermana hasta que mi erección bajo y saliendo de dentro de mi hermana me recosté a su lado con mi cabeza apoyada sobre sus tetas. Ella comenzó a acariciar mi cabeza y me dio las gracias por lo que había hecho. Me confesó que todas la veces que yo la acosaba ella se masturbaba pensando en mí, pero que no se animaba a más porque sabía que estaba mal. Yo la besé nuevamente, la tapé con sus sabanas y salí de su habitación, no era buena idea que nuestros padres nos encontraran durmiendo en la misma cama. Ese fue el comienzo de una relación que duró mucho entre mi hermana y yo. Ahora ella está por casarse pero seguimos teniendo sexo aún hoy. Y aunque esto se termine algún día, nunca nos vamos a poder olvidar porque yo fui su primer hombre, y mi hermana fue mi primera mujer.

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