jueves, 23 de abril de 2015

Deseo entre Hermanos (Relato largo)



Sobre las 12 de la noche Juan estaba en su cuarto, frente al ordenador. En la pantalla, una guapa morena le estaba haciendo una estupenda mamada a un negro de polla impresionante. Juan subía y bajaba su mano a lo largo de su propia polla al ritmo de la boca de la chica. Llevaba más de media hora mirando vídeos porno y estaba, como solía decir, a punto de caramelo.

Un toque a la puerta de su habitación lo hizo parar en seco.

-¿Sí?
-Juan, soy yo – sonó la voz de su hermana pequeña – ¿Puedo pasar?
-¿Qué quieres?
-Tengo que hablar contigo.

“Joder, joder”, se dijo juan apagando el monitor y corriendo a su cama. Se metió debajo de las sábanas tratando de esconder su erección.

-Pasa, nenita.

Su hermana abrió la puerta tratando de no hacer ruido, pasó y la cerró tras de sí. Parecía nerviosa.

-¿Qué pasa, Susana?
-Es que…tengo que preguntarte algo.
-Venga, dispara.
-Uf, es que… me da cosa
-¿Qué cosa?

Susana sintió como las mejillas se le encendían. Se acercó lentamente a la cama de su hermano y se sentó a los pies. Decidió que la mejor manera de preguntárselo era directamente. Se frotó las manos y dijo, hablando rápido.

-¿Cómo se hace una paja?
-¿Qué? – preguntó Juan, dando un respingo. Tenía que haber oído mal.
-Que cómo se hace una paja.
-¡Pero nenita! ¿Qué dices?

Susana no dejaba de frotarse las manos, llena de nervios. Las mejillas ahora le ardían.

-Es que…estoy saliendo con un chico y… hoy me lo pidió.
-¿Que te pidió qué?
-Ya sabes… que…le hiciera una paja.
-¡Joder Susana!
-Me gusta ese chico. Y no quiero…. parecer una tonta. Quiero hacerlo bien.

Juan se quedó mirando a su hermana con los ojos abiertos. Ella, desde siempre, había sido una perfeccionista. Todo quería hacerlo bien. Ser la mejor de la clase. La mejor del equipo de natación. Siempre quería superarse a sí misma, y cuando no lo conseguía se frustraba.

Susana se atrevió a levantar la vista y mirar su hermano. Él la miraba con una expresión de asombro que le hizo gracia.







-Jiji, que cara has puesto, Juan.
-Coño. Es que me has dejado de piedra.

Esa misma tarde, cuando anochecía, Susana estaba en el coche de Ramón besándose con él, el primer chico con el que salía. Días antes empezaron con besos. Después llegaron las caricias. A Susana le gustaba sentir las manos de Ramón acariciándole sus pechos. Se le ponían los pezones duros y se le mojaba el coñito.

Esa tarde, las caricias fueron más audaces. Ramón le cogió una mano y se la llevó hasta su pantalón. Susana notó la dureza que se escondía debajo de la bragueta. Era la primera vez que tocaba una polla. Sintió mariposillas en el estómago. Él hizo que la recorriera con la mano, besándola con pasión, apretando sus tetas con la mano libre. Al poco, le soltó la mano y ella siguió acariciándolo sola.

Y entonces se lo pidió. Apenas separando su boca de la de ella, le dijo.

-Umm, Susana, cómo me tienes. ¿Notas mi polla dura?
-Sí, la noto.
-Está así por ti. Me has puesto muy cachondo. Susana…
-Ummm
-¿Me haces una paja?

Se quedó helada. ¡Una paja! ¿Y si lo hacía mal? Le gustaba mucho Ramón y no quería quedar ante él como una inútil. Quitó la mano de la dura barra.

-Yo…Ramón… es que…

Ramón era un buen chico. Le gustaba Susana de verdad, y no quería forzarla a nada.

-Tranquila, no pasa nada – le dijo, besándola
-Dame tiempo.
-No te preocupes, de verdad…

Condujo hasta las casa y se despidió de ella en el portal. Se fue derechito a su casa a calmarse la calentura con su propia mano.

Susana se pasó la cena callada, pensativa. Recordando la dureza que sintió en su mano. Lo excitada que estaba. ¿Cómo se hacía una paja? Más o menos tenía una idea, claro. Pero quería hacerlo bien. No podía quedar mal ante Ramón. Tenía que ser perfecto.

Miró a su hermano, que sentado frente a ella cenaba tranquilamente. Se llevaban muy bien. Se tenían bastante confianza. Seguro que él, como hombre, sabía perfectamente como se hacía una paja.

¿Pero cómo preguntárselo? Se moriría de vergüenza. No se atrevería.

Más tarde, acostada en su cama, no dejaba de darle vueltas al asunto. Seguro que al día siguiente Ramón volvería a besarla. Volvería a acariciarla. Y volvería a pedírselo. ¿Se negaría otra vez? ¿O se lanzaba y se la hacía? No sabría. Lo haría mal. Se empezó a comer el coco. Ramón no querría verla más. Iría diciendo por ahí que era una torpe. Se empezó a poner nerviosa, a angustiarse. Estuvo a punto de echarse a llorar.

No pudo más. Tenía que ponerle una solución a su problema, así que se levantó de la cama y se dirigió al cuarto de su hermano, que ahora la miraba con aquella cara de asombro.

-¿Cómo se hace? – volvió a preguntarle
-Joder Susana. Pues haciéndose.
-Juan, quiero hacerlo bien. Dejarlo…
-Contento.
-Sí.

La polla de Juan, que había empezado a aflojarse, volvió a ponerse dura. Tenía a su linda hermana sentada en su cama preguntándole como se hacía una paja. Aquello tenía su morbillo. Encima estaba con un pijamita corto y ceñido que dejaba entrever su joven cuerpo. No era la primera vez que Juan se fijaba en su hermana, pero sí la primera que lo hacía con ella sentada en su cama y él con la polla en pie de guerra.

-Pues… ¿No has visto videos por internet?
-No.
-Pero ya sabrás cómo va la cosa, imagino.
-Algo sé. Se agarra… ya sabes… la cosa, y se mueve la mano arriba y abajo.
-¿La cosa?
-La…polla.
-Eso. Básicamente es eso.
-Ya. ¿Pero cómo? ¿Rápido? ¿Lento? ¿Apretando o sin apretar? ¿Agarro arriba o abajo? Joder, no tengo ni idea.
-Un poco de todo.
-Uf, qué complicado.
-Bah, no, es muy sencillo. Solo hay que – hizo el gesto con la mano – darle al manubrio. Jajaja.

Al reírse se descuidó y se quitó la mano izquierda de encima. Era la mano que tapaba su erección. Susana vio entonces como algo puntiagudo levantaba la sábana. Juan se dio cuenta de hacia dónde miraba ella y volvió a taparse con la mano.

-¿La tienes… dura? -preguntó la joven, abriendo los ojos
-Bueno, esto… un poco.
-¿Te la estabas… meneando?
-Coño, Susana. Ese no es asunto tuyo.

Susana volvió a mirar hacia la entrepierna de su hermano, ahora tapada con la mano. Su cabecita empezó a trabajar a toda prisa. Tal era su necesidad de aprender, que ni pensó bien lo que dijo a continuación.

-¿Me dejas ver cómo lo haces?
-¡Pero Susana! ¿Estás loca? – respondió el chico, sintiendo un espasmo recorrer su polla.
-Es que…una imagen vale más que mil palabras.
-¡Coño! Pues busca videos en Internet.
-Venga, vaaa… porfi. ¿Qué más te da?
-¿Pero cómo que qué más me da? ¿Te das cuenta de lo que me estás pidiendo?
-Sí, que me enseñes como se hace…una paja.

La polla de Juan palpitaba. La sentía dura, muy dura, como nunca.

-¡Pero soy tu hermano, por el amor de dios!
-Pues por eso. Confío mucho en ti. Solo se trata de… mirar. Sería como si mirase un video.

Susana solo deseaba eso. Simple información. Aprender la manera correcta de hacerlo. Complacer a Ramón y quedar bien ante él.

Juan la miró. Parecía tan inocente. Con las mejillas ligeramente sonrosadas, con su lindo cabello rojizo y ondulado. El corazón le empezó a latir con fuerza. ¿Y si accedía? La situación, tan prohibida y a la vez llena de morbo, lo tenía paralizado.

-¿Estás segura de esto, Susana?
-Sí, lo estoy – respondió su hermana, con una linda sonrisa.
-Nadie jamás podrá saber nada de esto. ¿Eh?
-Claro, claro. Tranquilo. Nadie lo sabrá. Entonces… ¿Lo harás? ¿Me dejarás ver como…te lo haces?

La miró a los ojos.

-Vamos a ver, Susana. Hablemos clarito. ¿Quieres ver cómo me hago una paja?
-Uf… sí. Eso. En plan… educativo.
-Cierra la puerta con llave. Solo faltaría que a mamá o papá se le ocurra entrar.
-Oh, vale.

Juan se quedó mirando como ella se levantaba de la cama e iba corriendo hacia la puerta. Sus ojos se clavaron en el tentador culito de su hermana. La polla le palpitaba bajo las sábanas. Ella cerró con cuidado la puerta y volvió hasta la cama.

-Venga – dijo, ansiosa por aprender.
-¿Seguro? Aún estamos a tiempo de dejarlo.
-No seas tonto.
-Bueno, como quieras.

Juan agarró la sábana y tiró de ella, descubriendo ante su hermana su dura polla. Se quedó mirándola, y vio como ella abría los ojos, como sus labios formaban una ‘o’.

Ella no se esperaba algo así. La polla de su hermano era grande. Surcada por gruesas venas. Y se movía sola. Parecía palpitar. Era la primera polla que veía así, al natural, en vivo.

Pasaron unos segundos y ninguno decía nada. Él, mirándola a ella. Ella, sin apartar los ojos de la polla de su hermano. La miraba como hipnotizada.

-¿Qué te parece? – preguntó Juan.
-Uf.
-¿Uf?
-Es la primera que veo….
-¿Tú primera polla?

Susana asintió dos veces, sin apartar los ojos de la barra de su hermano.

-¿No se la viste a ese chico, el de la paja?
-No. Solo se la acaricié por encima del pantalón.
-Ummm, vaya con mi hermanita pequeña.

Otra vez los dos guardaron silencio. Susana no podía apartar los ojos.

.Qué? ¿Empiezo? -dijo Juan
-¿Eh?
-Que si empiezo…ya sabes… Con la paja.
-Oh, sí, claro, claro

Lentamente la mano derecha de Juan llegó hasta su polla, la agarró y empezó una lenta paja. Le encantaba como su hermana pequeña le miraba.

-¿Ves? Agarras la polla, con toda la mano…Subes y bajas, lentamente. Por como reaccione el chico sabrás como le gusta más.
-Ujum….

Durante los siguientes minutos, en silencio, Juan se fue pajeando mientras Susana no perdía detalle.

-Agggg, así…Luego vas acelerando, moviendo la mano cada vez más deprisa.
-Vale…

Susana se fijó que de la punta de la polla salía un líquido transparente.

-¿Te has corrido? – le preguntó.
-No. Es solo babilla.
-¿Babilla?
-Sí. Me sale cuando estoy muy… cachondo.

Ella apartó los ojos de la polla y miró a su hermano a los ojos. Hasta ese momento todo había sido muy ‘científico’, aséptico, solo por aprender. Ahora vio en la cara de su hermano excitación, placer. Sintió un estremecimiento recorrer su cuerpo y bajó la mirada hacia la polla de nuevo. Sus mejillas se encendieron.

Ver como su hermana se ruborizaba excitó más aún a Juan. Bajó la mirada hacia sus tetas, y se dio cuenta de que los pezones se marcaban claramente. Su querida hermanita se estaba poniendo cachonda mirando cómo se pajeaba ante ella.

-¿Ves cómo se hace…? Subes y bajas… subes y bajas…
-Sí…sí…lo veo.

La joven se empezó a sentir como cuando el chico la había acariciado, como cuando le tocó la polla por encima del pantalón. Notó como su coñito se mojaba más y más, como su corazón palpitaba con fuerza en su pecho. Sintió mucho deseo. De volver a estar con él, de…tocarle la polla, de hacer como veía que su hermano hacía. Agarrarle la polla y hacerle una buena paja a Ramón.

Juan vio como Susana se mordía el labio, sin apartar lo ojos de su verga. Ella lo había empezado. Ella había insistido. Estaba allí, sentada a su lado mientras él se pajeaba. Él no la obligó. Todo fue por aprender. Y la mejor manera de aprender es con la práctica. Su calentura le llevó a decirle a su linda hermanita:

-Nenita… ¿Quieres… practicar?
-¿Eh? ¿Qué? -preguntó Susana, absorta en la polla.
-Que si quieres practicar. Es lo mejor para aprender a hacer bien una cosa.
-¿Practicar? ¿Quieres decir que yo….? – preguntó asombrada Susana, mirando hacia los ojos de su hermano.
-Sí, eso quiero decir. Que practiques conmigo.

Susana se estremeció de pies a cabeza. Su hermano tenía razón. La mejor manera de aprender era practicar. Eso significaba tocarle la polla a su hermano. Cogerla con su mano. Hacerle una paja de… prácticas.

Se quedó quieta. Su mirada bajó lentamente hacia la barra que su hermano agarraba. Entonces él la soltó, dejándola estirada sobre su barriga,

-Venga, Nenita. Si quieres complacer a ese chico tienes que practicar – le dijo, sabiendo que azuzando la necesidad de perfección de su hermana podría convencerla
-Bueno, solo un poquito. Por aprender…
-Vale. Acércate -dijo Juan moviéndose hacia un lado de la cama para dejarle sitio a su hermana.

Ella se acercó y se sentó a su lado, sin dejar de mirar como la polla daba saltitos sola al ritmo de los latidos del corazón de Juan. Quiso mover su mano, pero estaba como paralizada.

-¿Qué pasa? ¿No quieres aprender?
-Sí, claro que quiero…pero…Uf, no sé. Me da cosa.

Temiendo que Susana al final se arrepintiera, Juan le cogió una mano y se la llevó hasta su polla. Ella no se resistió y tembló cuando sintió el calor y la dureza de aquella barra. Juan quitó su mano y ella dejó la suya sobre la polla.

-¿Ves? No muerde. Agárrala como hice yo.

El corazón de Susana parecía que se le iba a salir por la boca. Abrió su mano y rodeó con los dedos la gruesa estaca. Cerró las piernas, notando como su flujo empapaba ya hasta el pijama.

Se sorprendió de lo dura y a la vez suave que era la polla de su hermano. Y Caliente. La sentía latir entre sus dedos, que apenas conseguían abarcar la circunferencia del cilindro. Levantó la mirada y clavó sus ojos en los ojos de Juan.

-Ya la tienes agarrada. Ahora…mueve la mano, nenita. Lentamente… sin prisas – gimió Juan, temiendo correrse si ella empezaba rápido.

Susana clavó su mirada otra vez en la polla y empezó a mover su mando, con lentitud, como Juan le pidió. Al subir la piel cubría el glande, y al bajar lo descubría. Más líquido transparente y brillante salía de la rajita de la punta.

-¿Así? – preguntó sin apartar la vista.
-Ummm, sí, así… muy bien nenita. Despacito.

Juan se echó hacia atrás para disfrutar de la paja. Su hermana pequeña, su nenita, tenía agarrada su polla y movía su delicada mano arriba y abajo.

Susana notó que sus pezones le dolían. El suave roce de la tela del pijama en sus dos duros pitones mandaba descargas de placer por todo su cuerpo.

-Agggg, que rico, nenita…sigue…ahora…un poco más… rápido.

Ella aceleró su mano. Apretaba, sintiendo en sus dedos la presión que la sangre ejercía. Aquello le encantaba. Era muy excitante ver su mano subir y bajar a lo largo de aquella hermosa polla. Entrecerró los ojos al imaginar que al día siguiente le haría lo mismo a Ramón. Le haría una paja, como él le había pedido. Y lo haría bien, gracias a que su querido hermano le había enseñado cómo.

Soltó la polla.

-Gracias Juan. Muchas gracias por enseñarme.
-Eh ¿Pero paras ya?
-Sí, creo que ya entendí la mecánica.
-Pero nenita. No puedes dejarme así. ¿Acaso se la vas a menear a ese chico y parar en lo mejor?
-Es que…
-¿Es que qué? Si se empieza una cosa, hay que terminarla – dijo Juan, un poco mosqueado – Además, aún hay cosas que tienes que aprender.
-¿Sí? ¿Qué cosas?
-¿Sabes lo que pasará cuando él…termine?

Susana abrió los ojos. No había pensado en eso.

-Uy, pues no, tienes razón.
-Pues hay que tenerlo en cuenta, o los dos vais a terminar manchados.
-Uf. ¿Qué hago?
-Bueno, hay muchas maneras. Depende de dónde estéis. ¿Dónde se metieron mano?
-En su coche.
-Jeje, lo clásico. Pues entonces la solución clásica.
-¿Cuál es?
-Le tapas la polla con un pañuelo cuando se vaya a correr.
-Ah, vale. Bien pensado, jijiji.

Juan estaba muy caliente, con muchas ganas de correrse. Y deseaba que fuera su hermanita la que lo hiciera correr.

-¿Qué? ¿Lo practicamos?
-Juan, no sé… eso….
-¿Eso qué? Nenita, me has tocado la polla, me has hecho una rica paja. Y tienes que practicar para hacerlo bien.
-¿Tú crees? – susurró la joven mirando la palpitante polla.
-Claro que sí. Venga, sigue.

Lentamente, Susana movió su mano derecha y volvió a agarrar la cosota de su hermano. Enseguida estaba pajeándolo otra vez. Lo oyó gemir y se miraran a los ojos.

-Ummm, que rico nenita. Ahora no se te ocurra parar, ¿Eh?
-No….no paro…

Juan se apoyó en los codos para disfrutar del morboso espectáculo de ver a su hermana pequeña haciéndole una placentera paja y llevándolo inexorablemente a un intenso orgasmo

-Agggg, nenita…Sigue así… estás a punto de… hacer que me corra.
-¿Y el pañuelo? – dijo la chica, preocupada.
-No…hay…ti…empo….ya…saleeee

Susana notó un repentino espasmo en la polla. Y de repente, de la punta salió disparado un enorme y poderoso chorro de semen que hizo un arco en el aire antes de caer. Susana se paralizó, asombrada, sintiendo un segundo espasmo en su mano seguido de una segunda explosión, más fuerte que la primera.

-Agggggggg, dios, no pares…sigue…sigueee.

Asombrada por el maravilloso espectáculo de la polla corriéndose, Susana siguió moviendo su mano. Se estremecía con cada chorro que salía disparado de la amoratada cabeza. Chorro tras chorro, que caían sobre la camiseta de su hermano. Los dos últimos, ya con menos fuerza, bajaron por su mano, manchándola.

La polla dejó de manar, pero Susana no dejó de pajearla. Durante toda la corrida los dos habían dejado de respirar. Cuando Juan jadeó, Susana lo acompaño. Miraba embelesada su mano, brillante ahora con leche de su hermano. Siguió moviéndola. Su mirada iba de la polla a la barriga de Juan, cubierta de lamparones de semen.

-Wow, nenita. Vaya pajote.

Susana no podía hablar. Se sentía tan caliente, tan cachonda, que le bastó juntar los muslos para estallar en un intenso y repentino orgasmo. Apretó la polla, apretó los dientes y se corrió, tratando de que su hermano no se diese cuenta. Pero fue imposible que él no lo notara. No respiraba, tenía los ojos cerrados, los dientes apretados, el cuerpo en tensión.

Cuando volvió a respirar y abrió los ojos, se encontró con la mirada de su hermano. Él sonreía con malicia.

-Vaya, nenita. Te has corrido.
-Yo…no no…. – dijo Susana, soltando la polla y apartando la mirada. Sus mejillas se encendieron.
-Tranquila, es normal que te ponga cachonda hacerle una paja a un chico. Aunque sea… tu hermano.

Susana estaba avergonzada por lo que había pasado. Ella solo quería aprender. De reojo, miró hacia la polla, que seguía dura, descansando sobre la barriga. Y vio toda la leche de la abundante corrida sobre la camiseta.

-Te has manchado – dijo
-Tranquila. Nada que un poco de agua no pueda limpiar. Tú también.
-¿Qué?
-La mano – dijo, señalándola.

Susana se la miró. Tenía semen. Tenía leche de su hermano. Leche que le había sacado haciéndole una paja.

-¿Sabes? – preguntó Juan.
-¿Qué?
-Lo has hecho muy bien. Ese chico quedará muy complacido.
-¿Lo dices de verdad? – respondió la chica, otra vez contenta.
-Claro que sí, nenita. Será mejor que te limpies. Yo también necesito un repaso. Jajajaja.

Susana se levantó de la cama. Echó una última mirada a la polla. ¿Si le hacía otra paja se volvería a correr igual? Se estremeció solo de pensarlo.

-Gracias Juan.
-De nada, nenita. Para mí fue un placer ayudarte.
-Jiji, ya me di cuenta. Chao.

Juan se quedó mirando como su hermana se alejaba. Sus ojos se clavaron en el redondo culito su calenturienta mente empezó a trazar planes para con su hermanita.

Ella abrió la puerta con cuidado y fue directamente al baño. Allí se lavó las manos. Cuando se miró el espejo vio como sus pezones seguían bien visibles. Y cuando se miró entre las piernas, se dio cuente de que la humedad de su coñito había traspasado.

-Uf, uf.

Se miró las braguitas. Estaban tan mojadas que se dijo que si las retorcía seguro que gotearían. Se quitó el pijama y las bragas y lavó ambos. Después los pondría en el cesto de la ropa sucia, bien abajo.

Cuando regresó a su dormitorio, se puso ropa limpia y se acostó. Apagó la luz y trató de dormir.

Pero no podía. No se podía quitar de la cabeza la sensación que la dura polla de su hermano le produjo. Veía en su mente una y otra vez como él se corría, escupiendo toda aquella leche. Se imaginó a sí misma besándose con Ramón, tocándole la polla, haciéndole una paja como la que le hizo a su hermano. Deseaba hacerlo. Sentir la polla de su chico en la mano. Hacerlo correr.

Cuando se dio cuenta estaba tocándose. Recorría con sus dedos su encharcado coñito, frotándose los labios, el clítoris. Su otra mano pellizcaba sus duros pezones. No tardó en correrse con intensidad, apretando la cara contra la almohada para no gritar de placer.

Se acurrucó. Al poner sus manos juntas frente a su cara, olió el perfume de su sexo. Cerró los ojos y en la oscuridad se dibujó una sonrisa en sus labios. Al día siguiente le iba a hacer una buena paja a Ramón. Y gracias a su hermano, lo haría bien.

+++++

Por la mañana, mientras desayunaban con sus padres, Juan le preguntó de sopetón.

-¿Qué nenita? ¿Lo vas a hacer hoy?

Susana dio un respingo. Miró a su hermano asombrada.

-¿Hacer qué? – preguntó su madre.
-Tengo que… exponer un trabajo en clase – dijo con rapidez, deseando darle una patada a su hermano, que se reía con disimulo.
-Ah, seguro que lo harás bien, querida.
-Claro que sí – añadió Juan – Ayer lo practicamos.

Apunto estuvo Susana de tirarle a su hermano el tazón de cereales que se estaba tomando. Siguió desayunando, nerviosa. Cuando su padre se fue a trabajar y su madre a vestirse, se lanzó a por su hermano, furiosa.

-Eres un capullo. Casi me da un soponcio.
-Jajaja, tranquila, mujer. Que solo era una broma. Oye…
-Dime
-Cuidado no te manches… jajajaja
-Cabrón. Que te den.
-Jajajaja

Se levantó y se fue a su cuarto a vestirse. No pudo evitar reírse. Su hermano era un capullo, pero lo quería mucho.

Media hora después su madre la dejaba a la puerta del instituto. Se despidió de ella y buscó con la mirada a Ramón. Cuando lo vio acercarse, su corazón empezó a latir.

-Hola preciosa – dijo el chico pegándose a ella y basándola en los labios
-Hola Ramón – contestó azorada cuando sus labios se separaron.

Cogidos de la mano entraron, dirigiéndose a clase.

Durante el recreo, se sentaron a la sombra y se besaron, pero conteniéndose al estar en medio de tanta gente. Eso no evitó que Susana se excitara, que sus pezones se endureciesen y su coñito empezara a mojarse. Y se estremeció cuando comprobó al mirar hacia la bragueta de su chico, como él también estaba excitado.

-Oye, Susana… en cuanto a lo de ayer…
-¿Qué? – preguntó ella, mirándole a los ojos.
-Perdóname. Quizás me precipité al pedírtelo.

Con disimulo para que nadie se diese cuenta, Susana le rozó la bragueta con los dedos, apretando ligeramente.

-¿Trajiste el coche hoy? – le preguntó sin apartar la vista de sus ojos.
-Sí – dijo Ramón.
-Pues llévame a casa después y pídemelo otra vez.

Ramón se quedó unos segundos paralizado. Cuando comprendió lo que ella insinuaba, la besó con pasión. La polla le dolía, encerrada en los apretados vaqueros.

Cuando sonó el timbre, volvieron a clase cogidos de la mano. Y durante el resto de la mañana no dejaron de lanzarse miraditas hasta que sonó la campana anunciando el fin de la jornada.

La tromba de estudiantes parecía una estampida. Unos corrían hacia la calle. Otros gritaban y jugaban en el patio. Susana y Ramón, ajenos a todo, se dirigieron hacia donde Ramón había aparcado.

-EY, Ramonchu. ¿Me llevas a casa, macho? – preguntó, acercándose a la pareja, uno de los amigos del chico.
-Hoy no, tío. Llevo a Susana.
-¿Y qué más da? Ella vive antes, creo. La dejas de paso a mi casa – dijo el melenudo muchacho apartando a Susana con intención de subirse al coche.
-Que no, coño – exclamó Ramón parando en seco a su amigo.
-¿Pero qué paisa, tron?

Los dos muchachos se miraron. Y entonces el amigo comprendió.

-Ah, joder. Jejeje. Nada, nada…os dejo solos, tortolitos. Chao, campeón.
-Oye, como se te ocurra decir algo, te corto los huevos – amenazó Ramón.
-Tranqui, man. Soy la discreción en persona.

Tanto Ramón como Susana sabían que al día siguiente todo el instituto sabría que salían juntos.

Se subieron al coche y arrancaron. Al mirar por el retrovisor, Ramón vio cómo su amigo le hacía claros gestos de folleteo y le levantaba los pulgares, con cara de tonto. Se olvidó de él y miró hacia Susana. Elle le miraba, con una sonrisa preciosa.

-¿Estás segura? – le preguntó.
-Yo sí. ¿Y tú?
-Uf, ya lo creo.

Susana bajó la mirada hacia la bragueta. El bulto era más que evidente.

Ramón condujo hasta el mismo sitio en donde se habían besado el día anterior. Era un lugar tranquilo, sin tráfico. Aparcó y acercó su boca a la de Susana. Ella recorrió la mitad del camino.

Ahora sí que se besaron de verdad. Buscándose las lenguas. Gimiendo el uno en la boca del otro. La mano izquierda de Ramón buscó enseguida los pechos de Susana, acariciándolos sobre la blusa. Ella, sin que él lo pidiese, llevó su mano izquierda hasta la bragueta y apretó la dureza.

-Ummm, Susana… como me tienes otra vez.
-Ya noto Ramón… lo noto…

Ella le miró a los ojos. Ramón vio como brillaban los de ella. Sus labios entreabiertos.
-¿No me lo vas a pedir? – susurró la chica, apretando la polla sobre el pantalón.
-Joder, claro que sí… Susana… ¿Me haces una paja?
-Hoy sí.

Bajó la vista. Nerviosa, buscó la bragueta y la intentó bajar, pero no pudo.

-Déjame a mí – intervino Ramón, Levantándose un poco para poder estirar la bragueta y bajarla. – Ya está.

Con el corazón como loco, Susana metió la mano lentamente. Sus dedos tropezaron con la dureza que allí se escondía y se estremeció toda. Deseaba con todo su cuerpo ver la polla de Ramón, acariciarla, hacerle una paja y llevarlo al éxtasis. Buscó el elástico de los calzoncillos y tiró de ellos.

Sus dedos, por fin, tocaron la suave y cálida piel del miembro de su chico. Lo acarició con las yemas, haciendo que Ramón gimiera de placer.

-Sácamela Susana. Sácamela o….
-¿O qué?
-O me correré en los pantalones. Me tienes muy caliente.

Susana la agarró y tiró de ella. No le costó sacarla… Y sufrió una gran decepción. Aquella polla no se parecía mucho a la de su hermano. Era finita y no muy larga.

-¿Te…te gusta mi polla, Susana?
-S…sí…me… gusta… mucho, Ramón – dijo, mecánicamente.

La agarró. Sus dedos la rodearon con facilidad y se tocaron. Era igual de suave que la de su hermano. Igual de caliente. Pero no era como la de Juan.

-Aggg, Susana… que rico…venga…menéamela…hazme una rica pajita…

Tal y como Juan le había enseñado, empezó despacito. Arriba… abajo…arriba… abajo. Como a Juan, a Ramón le salía babilla transparente de la punta de la polla, que se esparcía por la pequeña cabecilla. Susana aumentó el ritmo. Miró a Ramón, que tenía los ojos cerrados y una expresión de placer reflejada en el rostro.

-Dios, Susana, que gustito. Qué bien lo haces.

El elogio hizo sonreír a la chica. Le gustaba hacer las cosas bien. Empezó a ir más rápido, haciendo de Ramón gimiese más fuerte y empezara a moverse en el asiento, próximo al orgasmo.

Susana recordó lo que Juan le dijo sobre mancharse. Si Ramón se corría en ese momento se pondría perdido. Podría incluso ensuciar el coche.

-¿Te vas a correr?
-Uf, Susanita… ya lo creo… estoy… agggg… a punto….
-¿Tienes un pañuelo o algo?
-Sí… sí…tienes clínex en la guantera. Date prisaaaaaa.

Susana soltó la polla y con rapidez buscó en la guantera los pañuelos de papel. Encontró un paquete y sacó todos los que pudo, temiendo que no fueran suficientes. Los agarró con la mano izquierda, volvió a agarrar la polla con la derecha, los puso sobre la punta y continuó masturbando al muchacho.

Menos de 20 segundos Ramón se tensó. Susana vio como apretaba los dientes. Y notó en su mano el espasmo de la polla. Por fin, su chico, se corría gracias a ella. Sintió el segundo, el tercero….y ya no más. El cuerpo de Ramón se relajó y puso una sonrisa bobalicona

-Ummm, Susana…que rico. Muchas gracias.

Se acercó a ella y la besó. La chica seguía con una mano agarrando la polla y la otra sujetando los papeles. Enseguida notó como la polla empezaba a aflojarse.

-¿Te ha gustado? – le preguntó.
-Mucho. Ha sido fantástico.

La chica separó los pañuelos. Nada se había manchado, principalmente porque Ramón había lanzado muy poquita leche. Él volvió a besarla y Susana se estremeció entre sus brazos. Notaba su coñito palpitar entre sus piernas.

-¿Te llevo a casa? – le preguntó el chico.
-¿Eh?
-Que si te llevo a casa. Yo tengo que ir a la mía a comer. Si llego tarde mi padre me echa un rapapolvo.
-Sí…también es tarde para mí.

Ramón se guardó el ya flojito pene, se subió la cremallera y arrancó, dirigiéndose hacia la casa de Susana. Paró delante de la puerta del portal y le sonrió.

-Ha sido maravilloso, Susana. Me gustas mucho, ¿Sabes?
-Y tú a mí, Ramón.

Se dieron un último beso. Susana se apeó y le saludó desde el portal. Ramón le envió un beso volado. Ella esperó a que él arrancase y se marchase. Abrió la puerta y se dirigió al ascensor.



Entró en su casa y saludó a su madre. Fue directamente a su cuarto y se sentó en su cama.

Estaba un poco triste. La cosa no había salido como esperaba. Sí, le gustó complacer a Ramón, pero en su cabeza no dejaba de compararlo con su hermano. Se dio cuenta de que le había gustado mucho más la paja que le hizo el día anterior a Juan que la que le hizo a Ramón. La polla de Juan era más… polla.

Un toque en su puerta la sacó de sus pensamientos.

-¿Sí?
-Soy Juan. ¿Puedo pasar?
-¿Qué quieres? – preguntó, notando un escalofrío.

Juan no esperó a que ella le diera permiso y entró, cerrando la puerta tras de sí.

-¿Qué? – preguntó.
-¿Qué de qué?

Juan se acercó a la cama y se sentó a su lado.

-Que si… lo hiciste.
-Sí – dijo Susana, desviando la mirada.
-¿Y qué tal? – ¿Salió bien?
-Sí, creo que sí.

De reojo, sin que Juan se diese cuenta, Susana miró hacia su bragueta. Abultaba. La excitación volvió a ella. Aunque se había apagado un poco por la decepción que sufrió con Ramón, saber que allí, a su lado, estaba su hermano con su linda polla dura provocó que su cuerpo se encendiera otra vez.

-Jiji, me alegro. Espero que no se manchara nada. Jajajaja.
-No, usé pañuelos – respondió Susana
-Buena chica. ¿Y tú qué tal?
-¿Yo? Bien.
-¿Sí? ¿Lo hizo bien?
-¿Hacer el qué?
-¿Cómo que qué? Devolverte el gustito.

Susana se quedó callada. Juan la miró.

-¿No te hizo nada?
-Claro que me hizo. Me besó y me acarició muy rico – exclamó Susana encarándose a su hermano.
-¿El… coñito?
-No…eso… no – dijo en voz baja la chica, mirando hacia el suelo.
-Qué capullo. Le haces una buena paja y no corresponde como es debido.
-Es que…se hizo tarde.
-Excusas baratas. Está muy mal que una chica le haga una paja a un chico y el chico no le devuelva el placer a la chica. Es chico tuyo es un capullo.

Que Juan hablase mal de Ramón lo le gustó nada a Susana, que se volvió hacia él y le dijo, resuelta.

-Pues ayer bien que yo te hice a ti una paja y tú a mi nada de nada.

Juan la miró, con una sonrisa maliciosa en la cara. Eso era justo lo que él quería.

-Tienes razón. Estuvo mal. Aunque, que yo recuerde, te corriste tú solita.

Susana volvió a mirar hacia abajo. Había hablado sin pensar, tratando de defender a Ramón.

-Pero eso tiene solución. Te podría…ya sabes… – dijo Juan poniendo una mano en la mitad de uno de los muslos de Susana.

Ella se quedó paralizada. El corazón le latía en las sienes, en el pecho y en medio de las piernas. Se quedó mirando como la mano de su hermano subía lentamente por su muslo.

-No es por nada – susurró el chico – pero las chicas siempre me dicen que soy muy bueno con los dedos.
-Juan…no…deberíamos – se quejó cuando su hermano llegó a su entrepierna y gimió cuando él presionó sobre su rajita con un dedo.

Juan se dio cuenta de cómo su hermana le miraba la polla de vez en cuando.

-Sí, la tengo dura, nenita. Nos podríamos hacer una paja mutua. Así practicas más. La práctica hace la perfección.

Susana levantó la mirada, encontrándose con la de su hermano. Ella respiraba por la boca. Tenía los labios entreabiertos y los ojos entrecerrados. Estaba preciosa, llena de deseo. Cuando se quiso dar cuanta su mano estaba sobre la polla de su hermano y la apretaba como él le apretaba a ella entre las piernas

Ambos hermanos tenían la mirada en los ojos del otro. Lentamente, esperando la reacción de ella, Juan fue acercando su boca a la de su hermana. Ella no se movía, permanecía quieta, esperando aquellos labios

-Chicos, a comeeeeeeeeer – gritó su madre desde la cocina

Juan estaba a punto pegar sus labios a los de su hermana. Cuando oyó a su madre llamarlos, se quedó quieto.

-Salvados por la campana – susurró Juan.

Susana sintió el cálido aliento de su hermano sobre sus labios. Gimió cuando él apretó aún más su dedo a lo largo de su rajita. A pesar de tener un grueso pantalón vaquero, aquella caricia casi la hace estallar.

-Después de comer, cuando mamá se vaya a dormir la siesta, te espero en mí cuarto, nenita. Si vienes te haré una rica pajita y podrás practicar conmigo.

Juan terminó de acercarse y le dio un suave beso en los labios a su hermana. Ella se estremeció toda.

Después Juan se levantó y se acercó a la puerta.

-Vamos a comer, nenita – le dijo.

+++++

Durante el almuerzo Juan no paró de echarle miraditas a su hermana. Ella, azorada, trataba de disimular el enorme grado de excitación en que se encontraba. Se notaba ardiendo. Sentía los pezones contra el sujetador, las braguitas mojándose más y más.

-¿Cómo estuvo esa presentación? – preguntó su padre.
-¿Uh? – Oh…bien, bien – respondió Susana, llevándose la cuchara cargada de sopa a la boca.
-¿Sobre qué era la presentación? – se interesó su madre.
-Pues… sobre… China.
-¿Sobre China?
-Sí…sobre lo que pasó en Tiananmen.
-Ah, aquella matanza de hace…. ¿Cuánto hace ya?
-25 años – dijo Susana, que preparaba un trabajo y lo sabía todo sobre el asunto.
-Joer, 25 años ya – dijo su padre – ¡Cómo pasa el tiempo!
-Bueno, hay chinos de sobra. No creo que se haya notado mucho – dijo, chistoso, Juan.
-No seas bruto, Juan – dijo enfadada su madre – No se justifica ninguna muerte.
-Que era broma, mami.
-Pues no me gustan esas bromas.
-Vaaaale.

Susana luchaba contra el deseo que invadía su cuerpo. Cada vez que levantaba la mirada se encontraba con la de su hermano, que le sonreía. No se podía quitar de la cabeza lo que él le dijo antes de ir a comer. Que durante la siesta de su madre fuera a su cuarto. Que fuera a practicar, a hacerle otra paja. Volvería a tener su dura polla entre las manos. Grande, caliente. Volvería a ver como se corría a borbotones.

Y, además, él la tocaría. Su hermano le haría a ella también una paja. El primer chico que la tocaría allí sería su hermano. Se derretía solo de pensarlo, de imaginarlo. Sabía que no estaba bien. Que todo aquello en lo que se había metido no estaba bien. Pero cada vez que su corazón latía, todo su cuerpo se estremecía.

Cuando terminó de comer, se fue directamente a su cuarto y se puso a estudiar. Quizás así se calmaría.

Pasaron los minutos. Oía a su madre recoger la cocina. Llegó la hora de la siesta y se hizo el silencio. Apretó los puños.

“No voy a ir… no voy a ir…”, se decía una y otra vez, cerrando con fuerza las piernas, notando la humedad.

A pocos metros de allí, acostado en su cama, Juan esperaba a su hermana. Miraba hacia la puerta, deseando que se abriese y ella entrase. Esperó… y esperó, y ella no venía.

Tras esperar 15 minutos, se levantó de la cama.

-Si la montaña no viene a Mahoma… dijo, abriendo la puerta y dirigiéndose al cuarto de su hermana.

No tocó la puerta. Abrió directamente y entró. Ella estaba sentada en su mesa de estudios. No le miró. Juan se acercó a ella, y se quedó de pie a su lado.

-Te estaba esperando, nenita.
-Juan, yo….
-¿No quieres practicar un poco?
-Esto está mal, Juan. Deberíamos dejarlo.

Desde su posición elevada, Juan miró a su hermana. Vio claramente como sus pezones se marcaban y como ella tenía juntas las piernas. Su polla le dolía encerrada en los pantalones. No se iba a ir de allí sin que su hermanita le hiciera una buena paja.

Susana no le miraba. Sus ojos los tenía fijos en los apuntes. Oyó claramente el sonido de la bragueta de su hermano al bajarse.

-Venga nenita. Mira como estoy. Practica un poquito.

El deseo de volver a ver la polla de su hermano fue mayor que su voluntad de no hacerlo. Giró la cabeza y se quedó como hipnotizada mirándola. Juan se la había sacado toda, incluyendo sus dos gordos huevos.

Era tan distinta a la de Ramón. Grande, poderosa. La atraía como una lámpara a una polilla.

-Cógeme la polla, Susana. Hazme una paja.

Sin saber cómo, lo próximo de que Susana fue consciente fue que tenía la polla de su hermano agarrada. Levantó la vista y se miraron a los ojos.

-Ummm, así, nenita. Mueve la manita como te enseñé.

Mordiéndose el labio, Susana comenzó su tercera paja. Se quedó mirando a la linda polla. Su mano subió y bajó a lo largo del grueso tronco, haciendo que la piel cubriese y descubriese la cabezota la de verga.

-Agggg, eso es…Lo haces muy bien. Seguro que ese chico quedó satisfecho.
-Eso dijo.
-Ya. Pero no te correspondió como te merecías.

Susana no dijo nada. Siguió masturbando a su hermano, sentada mientras él estaba de pie a su lado.

Juan recordó que una de las puertas del ropero de su hermana, por la cara interna, era un espejo.

-Levanta, nenita.
-¿Qué?
-Que te levantes. Ven conmigo.

Sin soltar la polla, Susana se levantó. Su boca quedó a escasos centímetros de la de su hermano. Cerró los ojos cuando él se acercó y la besó. Abrió su boca cuando él buscó con su lengua la suya. Gimió cuando él la atrajo hacia sí agarrándola del culo.

La cogió de la mano y la acercó al ropero. Lo abrió y se pusieron delante del gran espejo. Juan hizo que ella se diese la vuelta, quedando los dos de cara al espejo. A través de él se miraron. Susana no había soltado la polla en ningún momento.

Juan acercó su boca a la oreja derecha de su hermana.

-¿Te gusta mi polla, nenita?
-Ujummmm – gimió Susana cuando su hermano la besó en el cuello.

Sin apartar los ojos de los de ella, Juan llevó sus manos hasta las tetas de su hermana y se las acarició. Sintió a través de la tela la dureza de los pezones. Y notó como ella apretaba la mano alrededor de su polla, entornando los ojos.

-Eres preciosa, nenita. Y te noto muy cachonda – le susurró al oído
-Juan…Esto no está…bien.
-¿No está bien? ¿Qué no está bien? ¿Esto? – preguntó el muchacho metiendo las manos por debajo de la camiseta de su hermana y llevando sus manos hasta los sensibles pechos
-Aggggg….no…no….

La mano de Susana comenzó de nuevo a moverse a lo largo de la dura polla. Con los ojos entornados veía como su hermano la miraba a través del espejo. Veía, y sobre todo sentía, como besaba su cuello, haciendo que todo su cuerpo temblase.

Juan metió las manos por debajo de las copas del sujetador y atrapó las dos duras tetas de su hermana. Acarició su suave piel y pellizcó los pezones. Ella gimió más fuerte, frotando entre sí sus muslos, notando como sus bragas mojadas humedecían su piel.
-¿Estás mojadita, verdad, nenita?
-Ummmm.
-Dímelo. Dime como tienes el coñito, hermanita.
-Oh, Juan… eres malo – gimió la chica, apretando la barra entre sus dedos.
-No, no me lo digas. Lo comprobaré yo.

Susana tembló otra vez. Sus ojos apenas abiertos vieron en el espejo como la mano derecha de su hermano bajaba por debajo de su blusa hasta aparecer y seguir bajando. Vio como los dedos de Juan recorrían su pantalón, sobre su pubis, hasta llegar a su coño. Cuando su hermano apretó justo sobre su rajita, no pudo más y se corrió, apretando los dientes, tensando cada fibra de su cuerpo.

-Uy… ¿Ya te estás corriendo? – Le susurró Juan al oído – ¡Pero si apenas he empezado a tocarte!

Fue un largo e intenso orgasmo. Si Juan no la hubiese sujetado se habría caído al suelo. Él dejó que ella acabase, que recuperase la respiración, antes de abrirle el botón del pantalón y bajarle la bragueta. Lentamente, besando su cuello, metió la mano por debajo de las braguitas hasta que las yemas de sus dedos llegaron al virginal coñito.

-Ummm, nenita… estás chorreando.
-Aggggg, Juan….Juan….
-¿Te hago una pajita, hermanita? ¿Quieres que tu hermano mayor de haga correr con sus dedos?

Susana no podía hablar, pero mirando al espejo asintió. Miró el reflejo de sí misma. Los ojos entornados, los labios abiertos y resecos, las mejillas sonrosadas. Su pecho izquierdo atrapado por la mano izquierda de su hermano, y más abajo, la mano derecha metida dentro de sus bragas.

-Y tú a mí. Sigue meneándome la polla. Hagámonos una paja el uno al otro. Corrámonos los dos.

Susana aceleró la mano que agarraba la polla. Gimió cuando los sabios dedos de su hermano empezaron a recorrer su rajita, acariciando, frotando. Tuvo un espasmo cuando sintió como Juan frotaba su clítoris entre dos dedos.

-Agggg, Juan…. que rico…dios… que rico
-Te gusta, ¿Eh? te gusta que tu hermano mayor te acaricie el coñito.
-Sí…me… gusta

Durante varios minutos no hablaron. Solo se miraron, se acariciaron. Susana giró la cabeza para que Juan la besara. Cuando sus lenguas se encontraron no pudo más y otro arrollador orgasmo atravesó su cuerpo.

-Ummm, estás tan guapa cuando te corres, nenita. Me encanta mirarte…Aggg, sigue…sigue….estoy a punto de explotar….

Ella deseaba verlo. Deseaba ver como aquella polla se corría, como escupía su abundante leche, así giró la cabeza, mirando hacia adelante, hacia la dura estaca que frotaba con su mano.

Notó como el cuerpo de su hermano se tensaba. Sintió como la polla tenía un espasmo y vio como de la punta salía disparado un potente chorro de leche que se estrelló contra el espejo. No dejó de mover su mano, no dejó de ordeñar aquel surtidor, que nuevamente se contrajo y lanzó un segundo disparo que impactó también en el cristal. Y el tercero, y el cuarto.

Al quinto Susana se corrió por última vez y ya no pudo seguir mirando. Los ojos se le cerraron y solo pudo sentir, en su mano, los siguientes espasmos de la verga. Oyó los gemidos de placer de Juan junto a su oreja.

Segundos después, ambos jadeaban. Susana abrió los ojos lentamente. Miró hacia el espejo. La corrida de su hermano escurría lentamente hacia abajo. Los últimos chorros no habían llegado hasta el ropero y habían caído al suelo, manchándolo.

-Ummm, aprendes rápido, nenita.

Juan sacó la mano de entre las piernas de su hermana. Tenía los dedos mojados. Mirándola a los ojos, se los llevó a la nariz y se los olió.

-Que rico huele tu coñito. Seguro que sabe aún mejor – le susurró al tiempo que la besaba en una mejilla.
-Juan…
-Dime.
-Será mejor que te vayas… si mamá se despierta y nos descubre aquí encerrados…
-¿Crees que se imaginaría lo que su nenita acaba de hacer?
-Eres…malo

El muchacho hizo que su hermana se diese la vuelta, encarándola.

-¿Malo? ¿Soy malo?

La besó con pasión, con fuerza, casi mordiendo su lengua. Susana gimió en su boca cuando la mano de su hermano volvió a meterse por dentro de sus bragas y los dedos la frotaron de nuevo.

-¿Soy malo, nenita? – le preguntó mirándola a los ojos, atrapando su clítoris entre las yemas de sus dedos.

Susana no pudo responder. El placer era tan intenso que se abrazó a su hermano, rodeándole el cuello con los brazos y gozó de las caricias hasta que volvió a correrse, hasta que volvió a mojarle los dedos a Juan con sus jugos.

Ahora, frente a frente, mirándose a los ojos, Juan llevó esos dedos a su boca y los lamió, los chupó.

-Ummm, sí que rico tu coñito, hermanita.

Susana, aun jadeando, seguía sin poder articular palabra

-Será mejor que me vaya, hermanita.

Le dio un último beso, suave, en los labios y se dirigió hacia la puerta.

-¿Salgo así? – preguntó Juan, señalando hacia abajo

Susana miró y se percató de que aún tenía la polla fuera.

-Mejor no. – dijo ella, sonriendo.
-Jajaja, como quieras – añadió el chico guardándosela.

Juan salió. Susana se miró al espejo. Tenía la camisa descolocada, el sujetador casi sacado, los pantalones a medio muslo. El suelo manchado y la puerta del ropero ya goteaba el semen que había caído sobre el espejo.

Todo había empezado con una simple pregunta, con una duda. Y había terminado teniendo sexo con su hermano. Había cometido un acto horrible, prohibido. Pero eso no era lo peor. Lo peor era que le había encantado.

Se recompuso la ropa y trató de limpiar el espejo. Necesitó ir a la cocina a por un paño húmedo para dejarlo todo limpio. Después, se puso a estudiar.

El sonido de su teléfono la sacó de sus pensamientos, que no estaban para nada en los apuntes que tenía delante. Miró el número llamante y comprobó que era Ramón.

-Hola – contestó.
-Hola preciosa. ¿Cómo estás?
-Bien. ¿Y tú?
-Deseando verte. ¿Quedamos esta tarde un rato?

Susana se quedó callada. No tenía muchas ganas de salir, la verdad. Pero era Ramón, el chico que le gustaba. Tenía que olvidarse de Juan.

-Vale. ¿Sobre las siete y media?
-Perfecto. Te paso a recoger, guapa.
-Okis.
-Oye, Susana…
-Dime.
-Me encantó lo de hoy. Fue… maravilloso. Me gustó mucho.
-Y a mí.
-Pues hasta dentro de un rato. Besos
-Chao.

+++++

Cuando llegó la hora, Susana se vistió, se perfumó y le dijo a su madre que se iba a dar una vuelta. Cuando se disponía a salir por la puerta, se acercó Juan.

-¿A dónde vas, nenita?
-A dar un paseo.
-¿Con… él?

Se miraron.

-Sí, con él.
-Ummm, me estoy poniendo celoso.
-No seas bobo, Juan.

Su hermano se acercó a ella, pegando su cuerpo al suyo. Enseguida Susana notó la dureza que él le apretó contra la barriga. Cuándo él acercó su boca para besarla, Susana lo rechazó.

-Llego tarde. Déjame – le dijo, separándolo de ella.

Juan la volvió a agarrar y la sujetó con fuerza contra él.

-No te vas a ir sin darme un besito.
-Juan, ya está bien. Déjame ir.
-No.

Esta vez, cuándo él acercó la boca a la suya, Susana no se movió. Se dejó besar, esperando que él la soltara de una vez para poder marcharse. Lo que no esperaba fue el estremecimiento que recorrió su cuerpo cuando su hermano la besó con pasión.

Juan la soltó. Ella, con rapidez, salió por la puerta y la cerró. Juan se quedó sonriendo. Le encantaba jugar así con su hermanita.

Cuando Susana llegó a la calle, Ramón la esperaba. La recibió con un beso en la boca. El corazón de la chica latía con fuerza. Pero no latía por el chico que la besaba en ese momento.

-Hola guapa. ¿Qué te apetece?
-No sé. Demos un paseo,

Ramón la cogió de la mano y juntos pasearon por el barrio. Susana no decía nada. Su cabeza no dejaba de pensar en lo que le estaba pasando.

-¿Qué te pasa, Susana? Estás muy callada.
-No es nada.
-¿Seguro? No será por… lo de esta mañana, ¿No?
-No, no es eso, Ramón.
-¿Entonces?
-Nada. Estoy bien.

Llegaron a una pequeña plaza y se sentaron en un banco. Ya empezaba a oscurecer. Ramón, a los pocos minutos, se puso cariñoso. Empezó a besarla y a acariciarle los brazos. Cuando Susana notó que una mano se dirigía lentamente hacia sus pechos, lo detuvo.

-Aquí no.
-Tranquila, apenas hay gente. Nadie nos mira – respondió el chico besándola en el cuello y acercando su mano a su pecho.
-No, por favor.

Ramón no le hizo caso. Llegó a sus pechos y los acarició.

-Te deseo tanto, Susana. Estoy… cachondo otra vez. Tócame.

Susana lo apartó de ella y se levantó.

-Te digo que no. No quiero.

Ramón se levantó y se acercó a ella.

-Lo siento. Perdóname. Soy un idiota.

Susana miraba al suelo. Tenía ganas de llorar. Ramón le levantó la cara tirando de su barbilla.

-¿Me perdonas? Es que eres tan linda que… no lo pude evitar.
-Está bien.

La cogió de la mano y volvieron caminando por dónde habían venido. Ninguno de los dos dijo nada. Cuando estuvieron delante de la casa de Susana, Ramón la miró.

-¿Nos vemos mañana?
-Vale. Mañana.

Susana se dio la vuelta, para marcharse. Ramón la cogió del brazo, con delicadeza.

-¿No me das un beso? – le preguntó.

Ella se giró y le dio un rápido beso en los labios, sin apenas pegarse a su cuerpo. Después salió corriendo hacia el portal. Ramón se quedó mirando como la chica desaparecía.

Él esperaba más de esa tarde noche. Repetir lo de la mañana, y quizás, avanzar un poco más con ella. Pero se iba a casa de vacío. (O lleno, según se mire).

Susana abrió la puerta de su casa despacito y se acercó a la cocina.

-¿Ya volviste? – preguntó su madre.
-Sí. Fue un paseo corto. ¿Te ayudo con la cena?
-Claro tesoro.

Minutos después, cuando tenía un bol de ensalada entre las manos y se disponía a llevarlo a la mesa dio un grito y casi lo tira al suelo.

-¡Coño Juan! No seas idiota.
-¿Qué paisa, hermanita? – dijo su hermano, poniendo cara de inocente.
-Juan, deja a tu hermana en paz y lleva los platos a la mesa.
-Sí mami – respondió el chico mirando a su hermana y sonriéndole.

Sabía que su hermana no le diría el porqué del grito que había dado. Sabía que no le diría a su madre que disimuladamente se había acercado por detrás a ella y le había pasado, de improviso, los dedos a lo largo de la raja de su culo, sobre el vaquero. Cogió los platos y salió hacia el salón, en donde su padre esperaba ya sentado a la mesa.

Durante la cena, Susana no dejó de notar las miradas de su hermano. Miradas que la ponían nerviosa. Miradas que la ponían… cachonda. Cenó en silencio

Se marchó a dormir temprano. No quería seguir expuesta a aquellas miradas que tanto la encendían. Se despidió de su familia y se fue a la cama.

Allí, en la oscuridad trató de dormir. Pero era más temprano de lo habitual y tenía el cuerpo lleno de sensaciones. Se notaba caliente, excitada. Recordaba todo el placer que su hermano le había hecho sentir esa tarde. No solo lo recordaba. Quería más. Quería volver a sentir aquellos labios, aquellos besos. Las caricias en su coñito. Y sobre todo, sentir la poderosa polla en la mano… tan dura y suave a la vez. Caliente… Y volver a ver como estallaba, como se corría de aquella manera tan explosiva.

No podía evitar desearlo. Pero tampoco podía evitar sentirse mal por eso. ¿Por qué no podía sentir esas cosas por Ramón? Así todo sería más fácil, más sencillo. Más… adecuado.

Unos metros más allá, acostado en su cama, Juan estaba atento a los ruidos. Esperaba oír como corría la cisterna, señal inequívoca de que su padre se iba a la cama. Una vez la oyó, agudizó más el oído.

Diez minutos después, seguro ya de que sus padres estaban durmiendo, se levantó, y totalmente a oscuras, se dirigió al cuarto de su hermana. Abrió la puerta sin llamar, entró y cerró.

-¿Nenita? – susurró.

Susana, al oír a su hermano, se estremeció de pies a cabeza. Si estaba allí solo podía ser para una cosa. Eso que tanto la atraía y tanto la asustaba. Trató de parecer firme.

-¿Qué haces aquí? – Dijo, a la oscuridad – Vete. No seas idiota. Te van a descubrir.
-Tranquila, que ya están dormidos

La voz de Juan sonó más cercana. Se estaba acercando.

-Juan, por favor. Vete – dijo Susana, intentando parecer firme

Lo siguiente que sintió Susana fue como Juan se metía en la cama, levantando la sábana.

-Hazme sitio, nenita.

Susana notó el calor del cuerpo de su hermano, que se pegó al suyo. Iba a volver a protestar cuando su boca fue tapada por la boca de Juan. La lengua de su hermano se coló en su boca y Susana tembló de pies a cabeza.

El beso se intensificó. Juan notó las tetas de su hermana aplastadas contra su pecho, y allí llevó sus manos, metiéndolas por debajo del fino pijama. Ella no llevaba sujetador y Juan las abarcó con sus dedos. Los pezones estaban duros.

-Qué duritas tienes las tetas, nenita. Las quiero ver.
-Juan….déjame…déjame – se quejó la chica, sin mucha convicción.

El muchacho abandonó una de las tetas y bajó la mano hasta el pantaloncito del pijama de su hermana. La metió por dentro de las bragas y recorrió la hendidura.

-Pero si estás empapada, nenita. ¿Estás segura que quieres que de deje? – le susurró frotando arriba ya abajo
-Aggggggg – fue todo lo que Susana pudo decir.

En la oscuridad Juan la besó con pasión, masturbándola y pellizcado sus pezones. En pocos minutos las sintió tensarse bajo él. Ella cerró los muslos y atrapó sus manos entre sus piernas. El orgasmo fue largo e intenso. Juan no separó sus labios ni un instante. Cuando la notó relajarse, volvió a hablarle.

-Quiero ver tus tetas, nenita. Enciende la luz de la mesilla.
-Pero…nos pueden ver.
-Nah, la luz apenas se ve desde fuera.

Susana alargó una mano y encendió la pequeña lámpara. A la luz de ésta, Juan vio las mejillas encendidas, los labios entreabiertos. Sacó la mano de entre las piernas de ella y al otra de debajo de la camiseta. Lentamente, la fue levantando, hasta descubrir los senos de su hermana. Los miró.

-Son preciosas.
-¿De verdad? ¿No son demasiado pequeñas?

Ella siempre había estado un poco acomplejada por el tamaño de sus pechos. Pero en la mirada de su hermano no vio rechazo, sino todo lo contrario.

-No, son…perfectas.

Con delicadeza, Juan las acarició. Las suaves caricias erizaron el vello de la joven, que cerró los ojos con fuerza y arqueó la espalda cuando su hermano se agachó y chupó uno de sus pezones.

-Ummm, Juan… me matas
-¿Se lo hiciste? – le preguntó su hermano llevando la boca al otro pezón.
-Aggggg, ¿Qué cosa?
-A tu chico, por la tarde, cuando fuiste de paseo con él. ¿Le hiciste otra paja?
-No…no le hice nada.
-¿Y él a ti?
-No. solo…paseamos.
-Nenita…Hazme una paja.

Mordiéndose los labios, Susana llevó su mano derecha hasta el pantalón de pijama de Juan. La polla estaba dura como una roca. No le costó meter la mano por dentro y atraparla, ya que él no llevaba calzoncillos. La agarró y empezó enseguida a mover la mano.

-¿Por qué no le hiciste nada? ¿Él no quería?
-Sí…quería….agggggg… pero yo no tenía ganas.
-Ahora sí que tienes ganas, nenita. Te gusta mi polla, ¿Verdad, hermanita?
-Juan….
-Dímelo. Lo sé. Pero dímelo.
-Sí…me gusta… tu polla.
-¿Más que la de él?

Susana no contestó. Siguió masturbándolo. Ambos gemían de placer.

-Espera, nenita. Te voy a quitar la camiseta.

Ella se limitó a incorporarse y levantar los brazos. Juan se sacó la camisa y la contempló.

-Qué cosita más linda. Eres preciosa, nenita.

Ella sonrió. Se quedó mirando como su hermano se quitaba los pantalones del pijama, haciendo aparecer ante ella aquella polla que tanto le gustaba. Enseguida trato de agarrarla.

-No, espera – la detuvo Juan – levántate.

Susana obedeció. Se levantó de la cama y se quedó mirando como Juan cogía la almohada y se sentaba al borde de la cama, abriendo las piernas y poniendo la almohada en el suelo, entre ellas.

-Ven, siéntate aquí.

Estremecida, Susana lo hizo. La polla de su hermano quedó apuntando hacia ella.

-Sigue con la paja, nenita. Hazme correr sobre tus lindas tetas.

Susana sintió un espasmo. Se imaginó aquel mástil lanzando toda su caliente carga sobre ella. La mano le temblaba de deseo cuando agarró la polla y empezó a subir y bajar a lo largo de la barra. Juan se acomodó, sacando un poco más el culo, acercado más su polla a su hermana.

-Ummmm, eso es…que rico, hermanita. Me pones muy cachondo. ¿Lo notas?
-Sí, se te pone tan dura.
-Tú me la pones así de dura. Mira, ya babea.

Susana miró como de la punta empezaba a gotear ese liquidillo transparente. Lo espació con el pulgar, sin dejar de pajear.

Tener a su preciosa hermana arrodillada entre sus piernas, casi desnuda, y haciéndole una buena paja estaba llevando rápidamente a Juan a un poderoso orgasmo.

-Aggg, nenita, que bien lo haces. Me voy a correr enseguida. Llénate las tetas con mi lechita.

Susana arreció con su mano. La cabeza de la polla de su hermano estaba a menos de 10 cm. de sus tetas. Cuanto notó en la mano el primer espasmo, supo que el momento había llegado.

Juan se aferró con las manos a las sábanas cuando sintió el primer latigazo. De su polla salió disparado un enorme chorro blanco que se estrelló contra la teta derecha de Susana, de arriba a abajo, pasando justo sobre el pezón. El siguiente disparo también acertó el mismo pecho, pero Susana movió el cañón de leche en que se había convertido la polla de su hermano y el tercer y cuarto cañonazos alcanzaron el otro pecho.

Juan seguía corriéndose, sin poder respirar, mirando como su hermana iba repartiendo sus chorros entre ambos pechos. Uno de ellos alcanzó hasta el cuello de la chica, que no dejaba de mover su mano, acompasando las contracciones del orgasmo.

Fueron nueve latigazos los que alcanzaron de lleno las hermosas tetas. El décimo, con menos fuerza, cayó sobre el muslo derecho de Susana. El onceavo bajó por su mano.

-Wow…her…manita….creo que…uf…. no me había corrido así jamás.

Susana se miró. Se asombró de la cantidad de semen con que su hermano le había llenado las tetas. Y se embriagó con el olor que desprendía. Un olor dulzón que llenó sus fosas nasales.

-Estás preciosa así, nenita. Para sacarte una foto. ¿Puedo?
-Ni loca.
-Jajaja. Es broma, mujer. Oye, aún no lo he visto.
-¿El qué?
-Tu coñito. Solo lo he acariciado. Bueno, también probé lo rico que sabe. Levántate, nenita.
-Debería… limpiarme un poco. Esto empieza a gotear.
-jajaja, sí. ¿Tienes pañuelos de papel?
-Si, en la mesilla.

Juan buscó en la gaveta y sacó un paquete. Lo abrió, cogió varios pañuelos y limpió las tetas de su hermana. Le hizo falta medio paquete para recoger todo el semen. Los pechos quedaron pegajosos. Y el olor permaneció.

-Ya está. Limpita. Ahora, venga. Ponte en pie.

La ayudó a levantarse. Ya estaba casi desnuda. Solo tuvo que tirar del pantaloncito del pijama y sacárselo por los pies para tenerla completamente desnuda ante él.

-Ummm, nenita. Eres la cosita más inda del mundo.
-¿Lo dices de verdad?
-Claro que sí. Da una vuelta despacito.

Divertida, Susana giró lentamente sobre sí misma, para que su hermano pudiese verla bien. Le encantó como él la miraba. Era una mirada llena de deseo. Cuando estuvo otra vez cara a él, se paró. Los ojos de su hermano recorrieron su cuerpo y se detuvieron en su pubis.

-¿Me debería depilar? Ahora todas lo hacen.
-A mí me gustas así. Ven acuéstate en la cama.

Ella volvió a obedecer. Se acostó en la cama, boca arriba, mientras su hermano se quedaba sentado. Mantuvo las piernas juntas. Juan la miró a los ojos.

-Enséñame tu coñito, nenita. Abre las piernas.

El corazón de Susana latía con fuerza. Iba a mostrarle lo más íntimo de su cuerpo a otra persona por primera vez. Y esa persona era su hermano. Aún podía oler el aroma de su semen que emanaba de sus pechos. Lentamente, abrió sus piernas.....


No hay comentarios :

Publicar un comentario en la entrada

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...