jueves, 21 de mayo de 2015

Con mi hermanito (Relato Corto)


Después de veintitantos años apareció un recuerdo en mi mente. Era un recuerdo infantil. Mi madre no estaba, mi hermano, 5 años mayor que yo estaba en su cuarto, yo, una niña de unos 10 años estaba en el mío. El me llamo, me dijo que pasara. Le encontré tumbado en su cama desnudo y acariciándose. No me sorprendí, solo sentía curiosidad por esa parte de su anatomía que nunca había visto.

Con la mano agarraba su miembro erecto y hacia movimientos de subida y bajada. Yo no podía despegar los ojos aturdida por ese vaivén. Me dijo que trajera la mano y tímidamente la fui acercando hasta que el me la agarro colocándola encima de “aquello”. Mi sorpresa fue en aumento porque su tacto era suave y tenía consistencia.

Mi hermano me pidió que moviera mi mano, primero me dirigió con la suya y cuando lo creyó oportuno me dejo hacerlo sola. Seguía admirada, lo que tenía entre mis dedos hacia que mi hermano se retorciera de gusto, que gimiera, jamás había oído tal cosa. Así que fui una buena chica y continúe haciendo lo que me pedía con una entrega total hasta que, de repente, su mano cogió con fuerza la mía y acelero el ritmo. Lo que sentí a continuación es indescriptible, unos chorros comenzaron a salir con violencia regando todo su torso mientras sus gemidos se intensificaban y su rostro denotaba un placer excelso. No sabía muy bien lo que había pasado pero me encontré mojando mis dedos en ese líquido viscoso y llevándomelos a la boca. Sabía bien.

Sé que no fue la única vez, una nebulosa rodea el recuerdo de otras sensaciones, el contacto de su mano en mi sexo, otras caricias.

Lejos de inquietarme este recuerdo despertó en mí un deseo morboso de buscar relatos, videos o lo que fuera sobre incestos, algo que estimulara mi imaginación. Me daba un poco de apuro contarle todo esto a mi marido, desde luego no quería hacerlo a palo seco. Así que empecé a fantasear mientras estábamos en la cama y no me costó mucho picarle con la curiosidad de los videos. Fue el quien consiguió material para solazarnos viendo hermanas primero y luego hermano y hermana; nos poníamos como motos y nos entregábamos a la lujuria pensando barbaridades.

Un día me reconocí a mí misma que deseaba a mi hermano. Di un paso más, le dije a mi marido que no solo le deseaba sino que quería ponerlo en práctica: estaba loca por acostarme con mi hermano. Vi cómo se alteraba, su respiración se hizo más intensa y me dijo que el también lo deseaba, que no entendía por qué pero le ponía fatal pensar que me fuera a tirar a mi hermano.

Buscamos la ocasión para coincidir con los niños un fin de semana en casa de mi madre, no era muy difícil en semanas alternas, ya sabemos cómo va para los padres separados. Los peques en una habitación y en la otra dos adultos. Nos las ingeniamos para que, de forma natural, tuviéramos que dormir mi hermano y yo juntos mientras mi marido se preparaba su cubil en el salón.

Estaba realmente nerviosa, me parecía irreal que fuéramos a intentar semejante cosa. Mi principal miedo era el rechazo, que se escandalizara. Pero bueno, al fin y al cabo ya había existido antecedentes, lo máximo que ocurriría podría ser una negativa cariñosa, o eso pensaba yo.

Llego el momento de irse a dormir. Mi hermano se metió en la cama y me dio las buenas noches. Entonces yo me aproxime a su cama, le dije que me hiciera un sitio y me senté muy pegadita a su cuerpo. Retire las sabanas un poco, lo suficiente para dejar al descubierto sus hombros y comencé a acariciarle con toda la intención de que era capaz, desde los codos hasta la nuca. Tumbado boca abajo, ni se movió. Dijo que estaba muy roto y quería dormir. Esta era mi oportunidad, moví mi mano hacia la parte baja de su espalda mientras le preguntaba si no tendría un rato para mí, que su hermana estaba juguetona y quería hacerle una propuesta deshonesta.


Quiso no entender pero mi mano ya le agarraba el culo y le espete si nunca se le había pasado por la imaginación tirarse a su hermana. Por supuesto dijo que no. Entonces yo le confesé que yo sí, que lo había deseado muchas veces. Fueron las palabras clave. Atrapo mi cuerpo introduciéndolo en su cama y comenzó a besarme como si fuera mi amante. Mi camisón voló por los aires. Algo animal se desato en mí, me coloque encima de él y me puse a besarle, acariciarle, a frotarme contra su cuerpo con pasión adolescente. Le sentía duro pegado a mi cuerpo y ya estaba yo impaciente por metérmela cuando me aparto un poco, quería meter su cabeza entre mis piernas. Yo hice lo mismo. Agarre su polla con ansia y empecé a comérmela disfrutando de cada movimiento y sin dejar de prestar atención al trabajito meticuloso que me estaba haciendo el. Ahora recuerdo que alguna vez mi cuñada me había dicho que era un buen amante.

Me tenía como loca, estaba deseando sentir su peso sobre mí. Deje de chupársela y me tumbe boca arriba, le dije “follame, por favor”. Lo estábamos deseando. Fueron dos empujones, primero solo el capullo, con el siguiente la metió entera. ¡Y yo sin poder gritar! Comenzó a moverse y lo hacía exactamente como a mí me gusta. Le abrazaba con las piernas mientras no dejaba de acariciarle.

Me pidió un poco de relax, estaba a punto de correrse y como el bien dijo, uno no folla todos los días con su hermano. Me alzo las piernas para dejar a su disposición mi coñito y mi culo y se puso a comerlos con entusiasmo. Yo estaba disfrutándolo pero no soportaba ni un instante más la lejanía de su miembro. Le pedí entonces que continuara con lo que estaba follandome, que deseaba correrme. Ahora no bajo el ritmo, yo subía el culo, pegaba la cadera para poder sentirle más y la movía sin parar.

Entonces fue la explosión, los dos a un tiempo nos fundimos en un placer infinito. Y al ir recobrando la conciencia de nuestro cuerpo, seguimos buscando el contacto del otro.

Estuvimos un rato acariciándonos. Entonces le volví a preguntar si realmente nunca había deseado tirarse a su hermanita y esta vez confeso que sí, que alguna vez esa idea había aparecido en su cabeza pero había sido rechazada. Entonces le conté dos pinceladas de mi recuerdo y se sorprendió, en su cabeza no había nada parecido, su mente había borrado cualquier situación delicada conmigo.

Quise entonces dejar abierta la posibilidad de que volviera a ocurrir y dándole un beso le pregunte al oído cuando volvería a llevar los niños a casa de la abuela.

Baje corriendo a refugiarme en brazos de mi hombre. Se lo conté minuciosamente dejando al final que comprobara lo que me había dejado mi hermano y que ahora mojaba mi entrepierna.

Seguro que no soy la única que vive estas experiencias. ¿Queréis compartirlo conmigo?
  
Por: conmihermanito

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