jueves, 14 de mayo de 2015

Un hermoso romance entre mi hermanita y yo (Relato Largo)


¡Nunca sabrás cuando llegara el mejor momento de tu vida, en ocasiones sucede sin siquiera darte cuenta!

Por circunstancias de la vida y sin proponérmelo mi hermana Andrea y yo nos hicimos ingenuamente pareja. La curiosidad de ambos, demasiado tiempo a solas, las calenturas de la edad y algunas porno, hicieron el trabajo.

La historia comienza cierto día que decidí rentar una película porno en el club de video de Jorge, un buen amigo. Me encantaba encerrarme en la sala de la TV y disfrutar de las escenas eróticas imaginándome que yo era el protagonista.

Mi padre, catedrático de historia, se quedaba hasta tarde en la universidad revisando los trabajos de sus alumnos y sus pendientes, después iba a un bar cercano y se echaba un par de tragos mientras mama terminaba su jornada en el almacén de ropa, donde era jefa de vendedoras. La verdad era que llegaban a casa alrededor de las 10 pm, cenábamos y todos a dormir.
  
Yo estaba iniciando mi carrera y tenía mucho tiempo libre por las tardes, gracias a que abandone mi equipo de futbol y las parrandas con mis amigos, que después de la prepa habían emigrado a otras universidades dentro y fuera de la ciudad.






Andrea con 15 años recién cumplidos, cursaba el último semestre de prepa por lo que sus muchos trabajos la mantenían prisionera en su cuarto junto a la computadora. Como mama trabajaba, ella la ayudaba con algunas tareas de la casa, cocinaba, lavaba ropa, limpiaba parte de la casa y obvio, terminaba agotada.

A mí me tocaba el jardín, las composturas y algo de aseo en la cocina, mi cuarto, la cochera y los exteriores de la casa. Funcionábamos muy bien pero nuestra relación era algo distante y bastante normal entre hermanos. Ella en sus rollos y yo en los míos.



Como les decía, de vez en cuando y con muchas precauciones me aventaba una o dos porno por semana encerrado en la sala, cuidando de que Andrea no se diera cuenta, pero como toda travesura un día fui descubierto sin siquiera darme cuenta. Andrea de alguna manera, detecto mis actividades secretas y comenzó a tomar a escondidas mis películas para verlas a la menor oportunidad, regresándolas a su lugar original para que yo no lo notara.

Como la renta de la película era por tres días, ella tenía tiempo de sobra para verla. Un fin de semana mientras mis padres dormían, me levante como a las 2 a.m. al baño y a tomar un poco de agua, algo que no hacia regularmente. Al bajar del segundo piso donde están los cuartos, observe la sala de TV cerrada, al llegar a ella vi bajo la puerta el destello de la luz de la TV y poniendo atención no podía escuchar ningún sonido, lo que me hizo sospechar. Apresurado y excitado por la intriga, salí al patio y busque la ventana que daba a la sala. Después de luchar con las espesas ramas de los arbustos que bloquean la ventana, sin ruidos, logre asomarme e identifique las escenas de mi película porno. La sangre se me helo, distinguí la silueta de Andrea sentada casi frente al televisor, atenta a cuanto veía. Desconcertado, observe por un largo rato y observe como Andrea regresaba y adelantaba escenas para concentrarse en la toma donde la mujer chupaba el pene del hombre y cuando este la penetraba en diferentes posiciones.

Regrese a mi habitación y medite mucho tiempo lo que había visto. Mi hermanita despertaba a la curiosidad sexual igual que lo hacía yo. Era muy normal.

Seguí rentando películas porno y dejándolas donde Andrea pudiera tomarlas para verlas también. La espié unas cuantas veces para constatar el mismo proceso de adelantar y retroceder las escenas que a ella más la excitaban.

En cierta ocasión, mientras inspeccionaba los títulos pornos, di con Tabú, una película que involucraba relaciones incestuosas. Después de verla, me excite muchísimo con la trama, ya que se trataba de un tema prohibido y excitante y se despertó una espinita de malicia en mí, ¿Cómo reaccionaría Andrea al ver videos de incesto?

Para mi sorpresa todo fue igual, adelantar y regresar. Seguí rentando de otros títulos pero disfrutaba más las incestuosas. Finalmente las vacaciones llegaron y con ella el trabajo de mantenimiento de la casa. Pinte, lave, repare la cerca y detalle todo el jardín, en especial el arbusto junto a la ventana. Mi hermana parecía menos ataviada que yo y mis padres de plano, estaban echados todo el día leyendo o viendo la TV. Después de la primera semana, mis abuelos maternos nos invitaron a pasar una temporada en un condominio de la playa de Puerto Vallarta, solo teníamos que cubrir nuestro traslado y los alimentos.

Papa estaba renuente a abandonar su cómodo sofá, alegando que contaba con poco dinero para los gastos de nosotros 4. Yo le dije que no podía ir, que deseaba acudir a la boda de un amigo y a una excursión de dos días al campo. Andrea se sumó y le pidió quedarse para tomar unas lecciones de Internet que cierta amiga le daría. Pronto, papa no tuvo más remedio que aceptar y partieron para Vallarta por dos largas semanas.

Una vez que partieron, Andrea me pregunto si mi pretexto era cierto, sin esperar mi respuesta sonrió y me confeso que tampoco el de ella era verdad. Quiero flojear dos semanas, le confesé, ir al cine, ver películas, cenar algo en la calle y visitar a uno que otro amigo para actualizarme de los chismes. Ella me comento que solo quería encerrarse en casa y chatear por Internet con sus amigas.

Animado por la casi soledad, rente tres videos porno que seleccione cuidadosamente por lo incestuoso de sus tramas. Dos resultaron un verdadero churro, pero el tercero era bastante caliente, las chicas jóvenes y los supuestos hermanos y padres, también jóvenes y bien escogidos.

Excitado, decidí cambiar la estrategia y después de asegurarme que Andrea supiera de los 3 videos, los guarde con llave en mi closet. Desesperada, Andrea parecía andar molesta conmigo, evasiva y distante. Atrevidamente saque de mi closet las películas y las coloque en el buró junto a su cama mientras ella terminaba de cenar. Cerré mi puerta y decidí no espiarla esa noche.

Al amanecer, seguía media evasiva pero notablemente amable. Al bajar, mi almuerzo estaba sobre la mesa, algo insólito en ella. Sorprendido la busque con la mirada pero resulto inútil, ella había salido al supermercado.

Al regresar comimos juntos y fue ella quien rompió el hielo.



-¿Por qué dejaste esas películas en mi recamara?

-Pensé en esconderlas pero creo que tú también tienes derecho a verlas y como me daba pena dártelas, pues mejor las deje a tu alcance.

-Y ¿por qué piensas que me interesaría verlas?

-No te ofendas pero los dos sabemos que ves las películas que rento cuando todos dormimos profundamente.

-Pero como…. sabes que….

-¿Cómo sé que las ves?, por accidente lo descubrí una noche que baje a tomar agua y al subir revise y las películas no estaban donde las deje, entonces, después de mucho pensarlo, llegue a la conclusión de que no era malo, ambos somos curiosos respecto al tema del sexo.

Algo apenada, suspendió la conversación y cambiamos el tema.

Al día siguiente todo volvió a la normalidad, éramos nuevamente buenos hermanos. Por la tarde decidí entregar las películas en el video de mi amigo con la intención de rentar otras más.

-Voy al video de Jorge a regresar las películas, hoy se vencen.

-¿Te vas a tardar mucho?

-No creo, ¿se te ofrece algo?

-Es que debo ir al súper a comprar algunas cosas y quería que me llevaras

-Qué te parece si vamos a dejar las películas y de ahí pasamos al súper, así aprovechamos el viaje.

-Me parece bien, pero tú te bajas a entregarlas.

-OK.

Al llegar al club de video, me estacione y salude de lejos a unos amigos que platicaban con Jorge en la entrada de su negocio. Al mirar de reojo notaba a Andrea algo nerviosa.

-Déjame entregarlas y regreso enseguida.

Camine hacia mis amigos y decidí regresarme a preguntarle a Andrea para ver qué opinaba.

-¿Qué te parece si rentamos otras 3 películas?

-No, tus amigos se darán cuenta.

-No lo creo, las rentare con el empleado del video que atiende el mostrador mientras Jorge está cotorreando afuera.

-Está bien, pero se discreto.

-¿Rento algo en especial?

-Lo que quieras, solo apúrate.

Después de divertirme un poco al apenarla, salude a mis amigos de mano y tras breve intercambio de palabras entre al club. Entregue las películas y busque rápidamente dos cintas a las que ya les había echado un ojo antes, además de una que se caracterizaba por lo bien dotado de los tipos, obviamente para deleite de Andrea.

Pague la renta y me despedí del empleado que estaba algo ocupado acomodando los videos. Salí platique otro poco con Jorge y quede de hablarles para salir a cenar.

Al subir, Andrea seguía nerviosa y sin mucho trámite nos encaminamos al supermercado de costumbre.

Mientras Andrea escogía entre algunos jabones en polvo para lavar ropa, yo escogí algunos refrescos de 2 litros y algo de chatarra. Cada quien sus intereses. Al final yo llevaba botanas y refrescos mientras mi hermanita comida, jabones y una playera bastante holgada de color rosa de las que usan como pijama.

Llegamos a casa y después de guardar lo que compramos, decidimos no cenar, solo algo ligero para matar el hambre pues era aún muy temprano. Sonó el teléfono y saludamos a mis padres que parecían bastante a gusto, avisándonos que se quedarían una semana más de lo planeado porque habían sido invitados a un paseo en yate y la visita a una isla cercana. Nos quedaban un poco más de dos semanas libres.

Algo acelerado le pregunte a Andrea si quería ver una de las películas. Algo nerviosa, acepto y me pidió tiempo para preparar una botanita. Subí y me cambie de ropa, me puse mi short y me deje puesta la playera que traía, descalce completamente mis pies, me lave la cara y regrese con Andrea.

-Adelántate y llévate la botana, me cambio y enseguida te alcanzo.

Extrañado obedecí. Después de poner la botana en la salita, regrese de nuevo a la puerta y note que Andrea cerraba con llave la puerta principal y recorría las cortinas que daban hacia la calle y los vecinos. Volví al cuarto sin que se diera cuenta que la había observado. Pocos minutos después entraba a la sala de TV con una Coca Cola grande y dos vasos en una pequeña charolita de plástico. Las coloco junto a la botana y cerró la puerta de la sala, apagando la luz.

Como pude, por lo oscuro que quedo la sala, llegue a la video y encendí la TV, coloque una de las películas mías (no las de los superdotados) y pise play.

Apenas salían los letreros de advertencia contra la piratería, me senté en el sillón grande, junto a mi hermana, pero en el extremo opuesto. Pronto comenzó la trama. Conforme transcurrían las escenas eróticas y de sexo, se percibía un silencio mortal entre nosotros, a excepción del ruido que producían las golosinas que yo comía y el refresco que rellenaba el vaso cuando se vaciaba. Andrea concentrada y muy atenta, apenas volteaba, miraba como devoraba yo la botana y regresaba de nuevo a la trama.

Termino la película y fuimos a cenar a la cocina.

-¿Que te pareció la película? – me soltó la pregunta que yo, con toda intención, preparaba para ella.

-Buena, solo falta ver las demás y decidir cuál es la mejor.

-¿No te incomodo verla conmigo?

-Un poco, pero es por falta de costumbre, creo yo.

-¿Crees que con el tiempo podremos acostumbrarnos?

-Solo si nos tenemos confianza y vemos el tema como lo que es algo natural.

Platicamos sobre la situación y poco a poco fue ganándonos la confianza. Hablamos de las prendas eróticas y según Andrea lo incomodas que parecen, de lo jóvenes de los actores y de la naturalidad casi frígida con que realizan las posturas durante el acto.

Los dos días siguientes vimos las dos películas restantes dejando para el último las de los jóvenes superdotados. Al terminar, note a Andrea muy excitada y nerviosa.

-¿Que te parecen los tipos?

-Muy impresionantes, ¿esas medidas son comunes?

-Para nada, son actores seleccionados por sus atributos.

-Los senos de las mujeres tampoco son de esa talla, son operados.

-¿Cómo lo sabes?

-Fácil, el busto natural es de pequeño a mediano, los muy grandes son poco comunes en la naturaleza, de ahí que se operen para estas películas.

-¿No les será incomodo el peso de sus bustos en la vida real?

-Usan sostenes especiales para evitar lastimarse y duermen de lado.

Así seguimos platicando como dos grandes amigos, preguntando y revelando los secretos de cada sexo casi sin ningún pudor.

-Cuando tienen una erección, ¿no les duele el pene?

-No, por el contrario, se siente muy bien, solo debe doler un poco cuando el hombre le practica sexo anal a la mujer… supongo.

-Si pero te aseguro que a la mujer le duele más.

Nuestra relación mejoro a tal grado que hablábamos abiertamente del sexo y con mucha confianza y salíamos con frecuencia al súper, a cenar, al video e incluso al cine.

La vez que fuimos al cine, me sucedió algo extraño, mientras hacíamos fila para entrar a la sala, Andrea me tomo de la mano y me jalo para ganar la entrada a la gente que atropellaba las puertas. Al apretujarse la gente mi cuerpo se pegó al de Andrea que trataba de entrar sin éxito. Sus nalgas estaban pegadas a mí por lo que libere sus manos de las mías y la tome por la cintura. Mientras avanzábamos lentamente, nuestros cuerpos se acariciaban pegaditos hasta que finalmente entramos y tomamos un par de asientos por asalto.

Al terminar la película, yo pensaba esperar un poco a que se vaciara la sala para salir cómodamente, pero Andrea se puso de pie y jalándome de la mano me dirigió a la multitud ahora un poco menos ansiosa y numerosa.

Al llegar al tumulto, sujete su cintura para seguirla, mientras nos relegábamos nuevamente. Al salir del cine, ya rumbo al coche, me tomo de la mano y caminamos como si fuéramos una pareja. Salí rumbo a la casa pero Andrea me comento que quería pasear un poco, recorrimos las avenidas de la ciudad y paramos junto a un parque. Mientras ella observaba a los pocos paseantes a esas horas de la noche (11 p.m.), yo luchaba con el radio del auto para encontrar mi estación favorita. La música era agradable y tranquila.

Comenzamos a platicar de la película, bastante buena por cierto, aunque con una trama algo complicada. Ambos nos explicamos puntos que de momento no entendimos y detectamos otros que no pudimos entender. La noche transcurrió agradable y ya tarde llegamos a la casa a descansar.

La verdad y estaba muy excitado por lo ocurrido y bastante desconcertado con el comportamiento de Andrea. ¿Que deseaba ella de mí?

Al día siguiente como por arte de magia, la conversación giró en torno a mis pocas ex novias y mi experiencia sexual con ellas. La verdad no había casi nada que decir, me consideraba inexperto. Mi hermanita me hablo de comentarios de algunas de sus amigas anónimas respecto a breves experiencias con sus novios y las dudas que ellas tenían. Conforme avanzaba la plática, más me excitaba y ella parecía más interesada.

Me di cuenta que ella sabía tanto del sexo como yo, casi nada, nuestra experiencia se limitaba a platicas de amigos y algunos videos eróticos o pornos. Seguimos saliendo de compras y a pasear hasta que el fin de semana decidimos ir a un cine algo especial. Era un cine porno donde pasaban una película italiana muy erótica. Temerosos llegamos y vimos casi vacía la taquilla, estacionamos y bajamos a comprar los boletos. Algo oscuro, entramos a la única pero amplia sala más oscura que la entrada. Andrea me sujeto de la mano y me condujo por una fila de butacas hasta el extremo derecho, apenas a tres butacas de la pared. Estábamos situados en la segunda fila de arriba, desde donde contemplábamos todo el cine. Apenas había unas 10 parejas muy dispersas y otros tantos solitarios.

Después de explorar con la vista la sala, nos tranquilizamos un poco. Sin hablar esperamos a que iniciara la película. Efectivamente era muy erótica y trataba de una mujer de unos 30 años, modelo y guapísima que cuidaba a su pequeño hermano de 15 años, perdidamente enamorado de ella. El la celaba sin comprender ambos el porqué, obligándola a cortar con sus novios para recobrar la paz de hermanos, finalmente descubren que están enamorados pero como son hermanos, ella solo le permite verla desnuda, le cuenta historias eróticas mientras el disfruta de la belleza de su hermana.

A unos 20 minutos de empezada la película, tome la mano de Andrea, sentada a mi derecha, y coloque ambas manos en mi muslo derecho. Ella accedió dándome de vez en cuando algunos apretones en escenas muy excitantes. Al poco tiempo se recargo en mi hombro. Lego la pausa de media película y apenas se ilumino un poco la sala, me pidió un refresco y lo bebió casi de golpe. Al empezar la segunda parte, la modelo tomo la mano de su hermanito y la restregó por sus senos para excitar al menor, luego sin soltarla recorrió sus glúteos y la metió debajo de su falda para que su hermanito sintiera lo terso de sus bello púbico. Inmediatamente saco su mano y salió corriendo a su habitación para narrarle una historia erótica a través de la puerta, mientras ella se masturbaba.

Era tan erótica esa parte que yo estaba muy caliente. Andrea se recostó nuevamente sobre mi hombro y acercándose discretamente, comenzó a acariciar mi cuello con su lengua. Tan pronto la sentí, gire despacio, ella tenía los ojos cerrados y lucia muy excitada también. Baje un poco y acerque mi boca a sus labios, besándonos inmediatamente. Soltó mi mano y acaricio mi mejilla mientras aproximaba su cuerpo al mío.

Ya no pudimos ver la película. Nuestro beso ciego se volvió un montón de caricias lingüísticas, mis manos apretaban sus muslos cubiertos con su falda veraniega y sus manos acariciaban mi pecho y pierna derecha. Al poco su mano se metía dentro de mi camiseta y pellizcaba mis pezones bastante erectos. Con temor, subí mi mano y acaricie sus senos sobre su blusa oscura. Con dificultad detecte sus pezones ahora erectos y los pellizque. El faje duro el resto de la película.

Al terminar salimos apresurados al auto, apenas subimos retomo posesión de mis pezones sobre la camiseta mientras yo acariciaba el contorno de sus senos. Partimos y ansiosos llegamos a la casa. Sin decir palabra, entre a la sala de TV y encendí la video, Andrea entendió y cerro puertas y ventanas.

Acomodados en la sala inicio la película porno en turno casi en una oscuridad total, como en el cine. Nos acercamos y continuamos besándonos y fajándonos, ahora tranquilamente. Sin quitarnos la ropa recorrí sus senos, sus muslos y la entrepierna, ella mis pezones, mis piernas y mi paquete. Cuando parecía que ya no pasaríamos de ahí me dijo.

-Pon pausa, voy por un refresco y a ponerme el pijama, ya es tarde.

Accedí y subí tras ella para ponerme mi short sin nada debajo, tire mi camisa abotonada reemplazándola por una playera muy suelta, ambos de color blanco. Baje y regrese a mi lugar. Andrea tardo un poco más y entro con el refresco y los vasos servidos.


Llevaba la blusa rosa sin mangas que compro en el súper, la cual llegaba hasta la mitad de sus muslos y translucía un poco su figura. Su pelo castaño corto lucia suelto y permitía resaltar sus ojos café miel. Sus pies iban descalzos.

Bebimos para refrescarnos, se levantó y después de cerrar la puerta con seguro, volvió a apagar la luz. Quite la pausa de la película y unos segundos después retomamos posesiones.

Esta vez mientras mi hermanita me besaba, mis manos descubrieron que debajo de su blusa no había sujetador, podía tocar sus tersos senos a través de la suave tela de la blusa. Sin batallar identifique los pezones erectos y comencé a pellizcarlos, sin dejar de apretar sus medianos y carnosos senos. Sin poder evitarlo, baje a sus piernas y las acaricie suavemente, buscando la parte final de su blusa. Al encontrarla subí presuroso bajo la prenda rozando su blanca piel. Llegue a los ansiados senos y repetí el manoseo esta vez directamente sin prenda alguna impidiéndolo.

Andrea me despojo de mi playera y sus labios aprisionaron mi pezón derecho. Suspendí mi tarea y la deje disfrutar un poco. Con su mano busco mi paquete encontrándolo bastante erecto, lo acaricio sobre el short sin poder ver nada por la prenda y lo oscuro de la sala.

Su mirada se clavó en la mía mientras acariciaba mi pene con fuerza sobre el short. Comprendiendo lo que deseaba me levante un poco y baje aquella prenda liberando mi erección. El short salió por mis pies y quede completamente desnudo.

Mi hermanita acaricio un poco mi pene viéndolo apenas con el reflejo de la TV. La erección era total igual que mi excitación. Sin dudarlo mucho, Andrea se dobló hacia mis piernas y comenzó a lamer tímidamente lo largo de mi tronco y un poco la gruesa cabeza de mi pene. Casi de inmediato comenzó a chupar torpemente mi pene introduciéndolo en su boca. Los dientes me lastimaban y la fuerza con que sujetaba mi palo era mucha.

Con mi mano le hice entender que aflojara, le susurre que chupara como si fuera una paleta sin morder. Enseguida obedeció y la mamada se volvió algo muy confortable. Reaccione y jale su blusa hacia la cabeza sin lograr sacarla, mi hermanita seguía prendida de mi pene dándome una gran mamada. Después de un rato, aflojo justo a tiempo sin saber que yo estaba próximo a venirme en su boca. Se incorporó y comenzamos a besarnos apasionadamente.

Se montó sobre mí colocando sus nalgas sobre mi pene durísimo, su blusa y su bikini seguían en su lugar dificultándome cualquier intento de disfrutar su piel. Finalmente, subí su blusa y la saque por la cabeza con ayuda de mi hermanita que levantó los brazos. Sus senos rebotaron frente a mí, los tome con mis labios y los mordisquee junto con los pezones. De tamaño medianos eran redondos y carnosos, sus pezones también medianos eran muy rosados pero hinchados y sus aureolas pequeñas. Ahora solo restaba retirar el bikini pero por más esfuerzos que había ella no cooperaba para retirarlos.

Excitada comenzó a rozar su vagina cubierta con mi pene, podía sentir la prenda húmeda resbalar y la textura de sus bellos acariciarme. Ya más excitados, jale la prenda hacia un lado y por fin mi pene rozo sus labios vaginales empapados. Andrea se estremeció y se detuvo. Poco a poco retomo el movimiento de roce, ahora más suave, sintiendo mi caliente palo rozar sus labios húmedos. Podía escuchar el chasquido de la humedad de nuestros líquidos al vaivén del movimiento.

Nos excitamos tanto que con gran esfuerzo de mi parte arranque el delgado bikini, arrojándolo al suelo. Mi hermana pareció no notarlo y siguió el delicioso movimiento que la cautivaba.

Acaricie su cintura su espalda y sus nalgas ahora desnudas, sus muslos, sus brazos y su cuello. De pronto sentí venirme y empape su virginal vagina con fuertes chorros de semen que nos mojaron completamente. Casi de inmediato mi hermana se vino incrementando aún más los fluidos que nos mojaban.

Nos abrazamos un momento y se recargo en mi pecho satisfecha. La película hacía rato que había terminado y solo había una pantalla vacía sin ruido. Andrea se levantó y pude admirar su tupido pero recortado bello púbico, el contorno de sus caderas, sus muslos y esos bellos senos. Giro y después de buscar sus prendas, camino a la TV para apagar el video.

Su culo era hermoso, carnoso, sus nalgas redonditas, su espalda esbelta con una hermosa cintura tan femenina y llena de pecas. Al fin me daba cuenta de que a sus 17 años era una mujer en todo el sentido de la palabra.

Levanto su blusa y los restos del bikini, se puso la blusa y regreso a mi lado, pasamos una larga hora abrazados.

Después regresaron las caricias y de nuevo voló la blusa rosa. Nos fajamos un buen rato y de nuevo me dio una exquisita mamada. Cuando mi erección regreso, se montó para repetir el roce vagina pene. La gire sentándola en el sillón de frente a mí, me acerque y abrí sus piernas, apenas comencé a rozar mi palo en su vagina, perdió esa mirada de miedo que surgió en el cambio de posición. Era delicioso ver su coño virgen rozar mi pene duro. La jale un poco para resbalar mejor. Estaba excitadísima y disfrutaba como loca. Sin darle tiempo a reaccionar, me hinque y comencé chupar su vagina. Sus piernas se cerraron un poco apretándome pero pronto se abrieron aún más que antes. Sus manos acariciaban nerviosamente mi cabeza mientras con mis dos brazos sujetaba ambas piernas abrazándolas.

Andrea se vino llenando mi boca con sus fluidos, estremeciéndose pero sin abrir los ojos. Termino y limpie toda su humedad con mi lengua causándole algunas cosquillas.

Yo quede excitado pero no pude venirme por segunda vez. Descansamos un rato y me vistió con mucha paciencia, igualmente le puse su blusa y subimos a nuestras habitaciones a dormir.

Me asee un poco con mi playera y me derrumbe en mi cama a repetir cada escena ocurrida. Perdí el conocimiento en algún momento quedando perdidamente dormido y desnudo, pues así duermo yo.

Cerca de la mañana, mi hermanita entra a mi recamara despertándome con un grato beso. Su pelo húmedo evidenciaba su reciente baño y su perfume de jabón aromático lo confirmaba. Llevaba un camisón largo bastante conservador, yo seguía desnudo y boca arriba. Tan pronto desperté y la vi, mi erección regreso. Andrea lo noto y de inmediato se acomodó junto a mí, tomo mi pene y comenzó a mamarlo. La destreza adquirida la noche anterior se notaba, sus mamadas eran más profundas y delicadas. Me relaje y disfrute su gloriosa boca. Descansaba y volvía mamar, parecía disfrutarlo mucho. Podía ver el hermoso rostro de mi hermanita absorto en devorar mi pene, chupando con mucho cuidado, como si quisiera que durara para siempre.

Cambio y comenzó a masturbarme torpemente, la dirigí con mi mano y mejoro, estaba por venirme y se lo hice saber. Se detuvo lo pensó un momento y comenzó a mamar suavemente, mi semen salió en torrente mientras Andrea lo devoraba casi directo. Termine con algunos espasmos y mi hermanita limpio con su lengua hasta la última gota que pudiera escapar de su boca.

-Mmm estuvo delicioso hermanito, realmente me gusto.

El día inicio y me duche, era muy temprano. Hice mis tareas y salí a pagar unos recibos de agua y luz al banco. Regrese y Andrea se había arreglado, se veía preciosa. Usaba un vestido blanco con un escote discreto, chanclas blancas y un maquillaje ligero que resaltaba la belleza de su rostro y ojos.

Trabajo en sus tareas y conversábamos largamente como si nada hubiera pasado. Busque algo que hacer hasta que llego la noche. Me bañe y me vestí solo con un short sin playera, despeinado y húmedo me derrumbe en la sala. Puse una serie en la TV y sin mirarla pensaba y pensaba en Andrea.

Escuche el ruido del auto estacionar y las llaves abrir la puerta. Entro Andrea que venía de la calle, me beso la mejilla y corrió a su habitación.

Cansado por la fatiga del día, decidí acostarme temprano. Toque a la puerta de Andrea para despedirme pero escuche la ducha de su recamara. Me derrumbe en mi cama, desnudo boca abajo, sin apartar mi mente de Andrea.

En ese momento, abre la puerta de mi cuarto que siempre dejo sin seguro, da vuelta y la cierra con el pasador. Sin apagar la luz se despoja de su bata de baño y modelándome me muestra su desnudez. Observo su bello perfectamente rasurado, obviamente se esmeró en depilar su vagina. Su cabello lucia arreglado y recién cepillado. Mi erección despertó junto con mi asombro y ella inmediatamente lo noto.

-Hoy dormiré contigo completamente desnuda para ti, mañana tú dormirás conmigo igualmente desnudos, para mí.

Se sentó en mi cama y se recostó a mi lado. Con la luz apagada nos besamos, acariciamos nuestros cuerpos y fui yo quien le dio una mamada de coño larga y deliciosa que la estremecía de placer. La gire boca abajo y recorrí sus muslos traseros con mi lengua mordisqueándolos un poco, llegue a sus nalgas e igualmente las mordí suavemente, recorrí su espalda, bese su cuello, metí mi lengua en sus oídos con una suave caricia, podía sentir temblar su cuerpo. Regrese a las nalgas con besos y mordiscos. Lentamente separe ambas nalgas para apreciar su rosado y estrecho ano. Lo acaricie con mi lengua mientras sentía las contracciones que le ocasionaba mi descarada travesura. Devore su ano, su culo y sus muslos a mi placer. La rodé de nuevo poniéndola boca arriba, mame sus senos, mordí sus pezones y me concentre en esa deliciosa concha. Andrea tenia espasmos de placer conforme me comía su concha. Con mis manos apartaba sus piernas que obedecían de inmediato, abierta completamente y con sus pies en el aire regresaba a comerla. Su coño hinchadito y virgen estaba delicioso, el solo verlo me excitaba.

Me acerque y roce mi pene con su vagina, tan pronto lo sintió (pues tenía los ojos cerrados por el placer), tuvo un espasmo y empujo su panocha hacia el intruso que la acariciaba. A cada roce la excitación crecía. Ella misma con sus manos jalaba las piernas a los lados y en el aire para facilitarme el acceso a su concha.

La escena era impresionante para mí, impensable unos días atrás. Mi hermana con su blanca desnudez, sus juveniles senos y sus piernas abiertas, me ofrecían su virginal coño, sin defensa alguna contra cualquier intento de penetración.

La velocidad del roce aumentaba y ella acompañaba las pasadas con movimientos sensuales. Me detuve un instante con la puntita apenas clavadita en sus labios exteriores esperando una señal. Andrea siguió sus movimientos sola presionando un poco la cabecita para que entrara, entre un poco más con claras intenciones, detuvo sus movimientos sin abrir los ojos. Inmóviles esperamos uno al otro por cualquier señal. Salí y roce de nuevo unas cuantas veces para volver a detenerme. Mi hermanita sujeto sus piernas que ya descansaban en la cama y las abrió en señal de sumisión.

Penetre un poco y soltó un gemido, su bizcocho esta empapado, así que seguí penetrando lentamente hasta llegar a su himen. Retrocedía y volvía a meter mi pene hasta chocar su himen sin intentar romperlo. Casi de inmediato retomo ella el ritmo con mis entradas y salidas. Me anime y empuje con gran fuerza, apenas y resistió mi penetración. Mi pene se fue hasta el fondo de aquella deliciosa concha, acabando con su himen y su virginidad. Andrea soltó un quejido leve y se quedó inmóvil.

Salí y penetre despacio, amoldando aquel coño al grosor de mi palo. Percibía el color rojo de mi pene por la delgada y caliente sangre que lo cubría. Conforme la penetraba, los fluidos facilitaba la lubricación y disminuían cualquier dolor que sintiera. Al poco tiempo empecé a bombear y a deleitarme con aquella nueva sensación para mí, mi pene se alojaba a la perfección en aquel suave y reconfortable coño recién estrenado. Lo cálido de su coño estimulaba mi excitación y aceleraba mi bombeo.

Andrea pronto se sumó al vaivén de mis embestidas, empujando para que la penetrara hasta lo más profundo. De pronto sentí venirme y Salí rápidamente para eyacular sobre su vientre, fuera de aquel delicioso lugar.

Me recosté junto a ella sin decir palabra. Con los ojos cerrados me beso y giro para quedarse dormida o al menos así lo pareció. Una media hora después acaricie su espalda desnuda, su cintura y sus nalgas. Andrea giro y me regalo una hermosa sonrisa.

Por el pequeño sangrado suspendimos cualquier acción por ese día, nos duchamos juntos y la consentí para que descansara en mi cama junto a mí.

Por la mañana hablaron mis padres, estaban tan fascinados con la playa que hasta hablaron de regresar el año entrante. Los convencimos de que todo marchaba bien y que no se preocuparan.

Andrea tomo unas pastillas para el cólico y consulto un ginecólogo por la tarde. Al salir del consultorio la vi más tranquila, pero lucia radiante, con una mirada diferente.

Trate de averiguar en qué pensaba, como se sentía y que deseaba hacer pero no dijo casi nada, solo me pidió paciencia. Triste me aparte y le di su espacio. En la noche después de ducharme me recosté preocupado, sin poder borrar aquella poderosa escena de mi mente, cuando penetre por primera vez su coño hasta el fondo. Esa imagen de mi pene totalmente dentro de su vagina era mágica, aquella sensación de placer, única.

En eso estaba cuando mi hermana entro y sin decir palabra me extendió la mano. Me puse de pie y la seguí hasta su cuarto. Cerró con llave y se despojó de su camisón y su ropa interior. Se acercó a mí y me bajo mi short dejándome igualmente desnudo. Se hinco y después de colocar un cojín bajo sus rodillas, tomo mi pene y empezó a chuparlo. Aquella imagen de pasividad y sumisión elevaron mi erección que pronto lleno su suave boca.

Mamaba cada vez mejor, me sentó en la orilla de la cama, se acercó más y siguió mamando con gran delicadeza. Una vez que se sintió satisfecha me indico que me recostara bien y se acercó por un lado. Inmediatamente monto sobre mí y dirigió certeramente mi pene con su mano, justo hacia su coño. Penetre despacio hasta que todo estaba dentro, descanso unos segundos y comenzó a moverse hacia delante y atrás.

Rápidamente los fluidos aparecieron suavizando cualquier incomodo roce dentro de su vagina. Con mis manos jalaba su cintura dirigiendo el ritmo de su culo para cogerla mejor. Podía sentir como la penetraba hasta el angosto interior de su cuello interno. Esta vez veía su mirada serena y llena de placer, sus senos rebotar y sus pezones iniciando su erección. Su boca medianamente abierta denotaba placer y sus ojos destellaban lujuria.

Cambiamos y ella se colocó sobre mí en un 69. Sus piernas libraban mi cabeza y su carnosa concha llenaba mi boca de fluidos deliciosos. Su olor a hembra era tremendo y su perfume delicado. Mientras comía aquella delicia, mi hermanita mamaba afanosamente mi pene. En algunas ocasiones se detenía levantando la cabeza para gozar de un espasmo producto de mi degustación. Se levantó un poco y de nuevo guio certeramente con sus manos, mi pene a su bizcocho. Esta vez me monto de espaldas a mí.

Podía ver su espalda bajar, su cintura redondear la carne que su culo depositaba sobre mí. La sujete de esa cintura carnosa y firme y la penetración fue aún más profunda. Podía mirarla como disfrutaba ser penetrada. Me la cogí por varios minutos intercalando los movimientos circulares y laterales de su culo. Ambos aprendíamos el placer de culear.

Cambiamos y baje de la cama, la coloque en posición de perrito en cuatro patas y a la orilla de la cama. La penetre nuevamente admirando ese ano virginal que acariciaba con un dedo sin penetrarlo. Acelere mi ritmo de bombeo excitándome al ver como su culo se estrellaba en mis testículos cuando este devoraba mi pene completamente. Entre la humedad y golpeteo el sonido, la excitación crecía.

Me contuve y la acosté boca arriba para cogérmela nuevamente, colocando esta vez, sus piernas en mis hombros. Su boca estaba completamente abierta, sus ojos destellaban pasión y sus gestos me indicaban que estaba por venirse.

Efectivamente los espasmos y la humedad me sorprendieron y desencadenaron en mí un enorme deseo de eyaculación.

-Me vengo hermanita….

-No la saques esta vez hermanito, quiero toda tu leche dentro de mí, no temas, me inyectaron hoy anticonceptivos.

Obedecí y vacié toda mi leche dentro de mi hermana, era delicioso sentir su calor interno.

Agotado me derrumbe junto a ella.

-¿Te lastime?, aun estas reciente.

-No solo me arde un poquito al principio.

Se enderezo, tomo mi desguanzado pene y lo chupo hasta eliminar cualquier rastro de leche o humedad.

-Descansa hermanito, por la mañana deberás alimentarme con esa deliciosa leche y por las noches cogerme, así que debes ahorrar fuerzas. Hoy dormiré con toda tu leche dentro de mí, feliz de estar contigo.

Apenas amaneció, empezó a besarme y apenas me coloque boca arriba, se apodero de mi pene mamándolo como prometió.

-Mmmm, aun sabe a mi coñito.

Los días de vacaciones terminaron y mis padres regresaron a casa. Las cosas no volvieron a ser como antes, seguimos viéndonos de madrugada con muchísimo cuidado de mis padres. Como mi cuarto era el más alejado del de mis padres, era nuestro lugar de reunión.

Para Andrea, darme sexo oral era lo que más le gustaba, al igual que cabalgarme con mi pene totalmente dentro de ella. A mi penetrarla de perrito sujetando su cadera. La sensación de ver y escuchar cuando la penetraba, concretamente cuando mis testículos rebotaban en su hermoso culo, me excitaba mucho. Ver su boca chupar cuidadosamente mi pene, era otra escena muy erótica para mí, pero nada igualaba la sensación de soltar mi leche dentro de ella, justo cuando se venía.

Su conchita, apenas abierta, pronto comenzó a tomar la forma clásica de una mujer activa. Ahora depilada, era suave y tersa. La comía todas las noches antes de atravesarla con mi pene, algo grueso para ella.

Así continuamos por años, sin que nuestros padres supieran o sospecharan nada. Con el tiempo, decidimos juntos hacer nuestras vidas separados, por aquello del que dirán, casándonos con nuestras respectivas parejas.

Andy, mi esposa, era una chica muy dulce que congenio bien con Andrea, Enrique mi cuñado, un tipo normal bastante apasionado de su profesión, la medicina. Ninguno de los dos encargamos hijos, decidimos cuidarnos un tiempo.

Cada mes aproximadamente, buscábamos un punto de encuentro seguro y juntos nos trasladábamos a una cabaña rentada de ex profeso en las cercanías de la ciudad. Al llegar, no emitíamos sonido alguno, simplemente nos acariciábamos tiernamente.

Me gustaba acariciar su cuerpo sobre su ropa, sus senos, sus nalgas y sus piernas, como constatando que todo lo mío seguía en su lugar. Nos desnudábamos poco a poco jugando con nuestras manos hasta quedar completamente desnudos.

Andrea gustaba de besar mi cuerpo hasta llegar a mi pene. Lamia primero la cabecita y luego el largo del tronco, como reconociendo su privilegio de primera propietaria, después lo introducía en su boca iniciando una mamada primero lenta y después algo mas rápido. Tan pronto me alborotaba un poco poniéndome bien tieso, intercambiamos la iniciativa.

Yo devoraba un poco sus pechos, atormentando sus pezones con mis mordiscos, lo que la prendía de inmediato, acariciaba su culo apretujando cada nalga y acariciaba sus muslos. La ponía de pie, de espaldas a mí, y acariciaba sus pechos con mi mano izquierda y su depilada conchita en con la mano derecha. Su humedad aparecía puntual, refrescando su conchita antes que la devorara.

En cuanto mi lengua tocaba su concha, Andrea gemía de placer, produciendo aún más humedad, al mismo tiempo que me excitaba endureciendo mi erección. Luego cambiábamos a un 69, para disfrutar nuestros manjares. Mientras mi hermanita mamaba magistralmente, yo le comía su concha y lengüeteaba su virginal ano. Ya listos los dos, la colocaba boca arriba, ponía sus pies en mis hombros y la penetraba despacio.

Al momento de entrar por vez primera, nos invadía un estremecimiento a los dos, a mí por sentir como su coñito, acogía mi pene ansioso, cobijándolo con un manto húmedo y muy caliente bastante estrecho. A ella, al recibir aquel dulce y duro intruso penetrar sus paredes vaginales ensanchándolas a su paso.

Poco a poco empezaba el bombeo –mete y saca-, primero lento y luego rápido. Cambiaba sus piernas a mi lado, abriéndolas mas para acercarme a ella y besarla mientras me la cogía violentamente. Luego cambiábamos y ella me montaba, quedando yo acostado boca arriba y ella sentada sobre mí. En esta posición era ella quien tomaba la iniciativa y controlaba el grado y velocidad de la penetración. Apoyando sus rodillas piernas y manos a mi lado, levantaba y bajaba su cadera para ser penetrada. Luego se sentaba totalmente ensartada y movía su cadera en círculos, con lo que mi pene acariciaba su interior al ser rotado. Su culo se movía magistralmente en círculos y luego hacia delante y atrás.

Cambiábamos a la posición de cuatro patas para que yo comiera un poco su culo masajeando sus nalgas, chupaba su precioso ano y comía algo de su concha. Después la penetraba y seguíamos el bombeo. Observar mi pene como era devorado por el coñito de mi hermana, luego verlo salir muy mojado para volver a meterlo en el mismo sitio, es el paraíso. Admirar su ano desafiante y virgen provocaba que lo acariciara con mi dedo, penetrándola un poco para no lastimarla, luego sacaba mi dedo, lo ensalivaba un poco y lo volvía a meter.


Su concha cambiaba el color de sus fluidos de trasparentes brillosos a un tono más blancuzco. Mi hermanita bajaba su cabeza y levantaba un poco más su culo para recibir mis acometidas. Cambiábamos y ella me montaba nuevamente. Esta vez con excitación en su mirada y su boca ligeramente abierta, me culeaba con tal maestría que en breve, me venía. Tan pronto mi leche la inundaba, Andrea apresuraba el paso y se venía con fuertes espasmos. Al terminar, se desmontaba y me daba una tierna mamada para dejar mi pene impecable antes de que perdiera toda su rigidez.

Se tumbaba a mi lado y descansábamos acariciándonos como un par de novios, para que un poco después, nuestra vida volviera a ser la de dos hermanos que se llevan bien.

¡Nunca sabrás cuando llegara el mejor momento de tu vida, en ocasiones sucede sin siquiera darte cuenta!

Por boss456 

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