miércoles, 22 de julio de 2015

Papá me quiere más a mí (Relato Largo) 2a parte


Mariela observa como su marido duerme tumbado y desnudo sin ningún decoro sobre la cama. Ronca relajadamente sin inmutarse por los rallos de sol que iluminan la habitación.

-¡Dani!, ¡Eh, Dani!-   con una impaciencia creciente.

-¿Eh? ¿Cómo? ¿Qué?-  intenta ubicarse él.

-¡Dani por favor!, son casi las dos-  con desespero y resignación.

-Oh, Mariela, ¿ya estás aquí?-  bostezando.

-no, todavía no he llegado, ¿te parece?-  irónica.

-Ah, pensaba que...-

-La mesa sin recoger, los platos sin fregar, la lavadora llena de ropa mojada, no hay toallas en el lavabo... ¿es que no podéis comportaros como personas adultas cuando no estoy yo? ¿Cómo estáis todos durmiendo a estas horas? ¿a qué hora os acostasteis?¿Y cómo se te ocurre dormir desnudo?¿no ves que podría entrar una de nuestras hijas? Ni si quiera tenías la puerta cerrada. ¿Es que quieres traumatizarlas de por vida?

-Es que no tenía ropa limpia cariño-  se excusa.

-Me avergüenzo de ti Daniel. No eres bueno ni para contestar al teléfono. Ya puedes levantarte ahora mismo que dentro de un rato es el entierro de mi hermana. Sí. Ya murió esta noche, mientras estabais de fiesta.
Daniel tiene los ojos entreabiertos y aún no ha recuperado del todo su lucidez. Su mujer abandona decepcionada la habitación. Poco a poco recupera la conciencia de lo que ocurrió la noche anterior. No, no fue un sueño. Todo eso fue real: Katia, Selena... va llegando a su cabeza todo lo acontecido, cada detalle, cada caricia, cada jadeo, cada orgasmo... ¿cómo serán las cosas a partir de ahora? ¿Cómo actuar?



****

El día había amanecido soleado pero por la tarde el cielo ha querido acompañar el duelo y llora lágrimas de lluvia sobre la tumba de Dolores. Alrededor, más gente de la que cabía esperar guardan semblantes de tristeza mientras escuchan las protocolarias palabras del reverendo. Llega el turno de los argumentos más personalizados y los familiares más cercanos recitan emotivos textos escritos especialmente para la ocasión soportando estoicamente la lluvia, suave pero constante. Daniel no está por la labor. No es un hombre dado a ceremonias y mucho menos hoy. No deja de preguntarse qué futuro le espera a su familia mientras aún resuenan en su cabeza las risas juguetonas y traviesas de sus hijas en la oscuridad de su lecho nocturno.

Con la llegada de Mariela todo han sido gritos y prisas y no ha tenido tiempo de sentirse incómodo. No ha percibido en ellas la más mínima anomalía o secuela de lo acontecido.
-Dolores siempre lo dio todo sin esperar nada a cambio. Sufrió en silencio y soledad sus penas y compartió con alegría sus mejores momentos. Aún sin llegar a formar su propia familia repartió más amor que muchas madres y esposas, ayudó a más necesitados que muchas monjas y misioneros, enseñó más que muchas profesoras y maestros... Nunca pidió nada cuando bien merecía medallas...-

Daniel mira como recita Antonia con cierta incredulidad. Recuerda bien que en vida tenían unas peleas tremendas y el cómo llegaban a despreciarse en una malsana dependencia existencial retroalimentada de reproches e injurias constantes pero bien; está claro que la muerte enaltece a los muertos y les despoja de sus defectos. Por un momento imagina la reacción de la muchedumbre si él mismo se encaramara a la palestra y empezara a soltar los verídicos improperios sobre Dolores que todo el mundo se calla hoy discretamente. Una voz angelical derriba bruscamente sus divagaciones. Selena tiene la palabra y lee con emoción un papel castigado por la lluvia. Una a una, las gotas convierten en borrosa la tinta que articula sus frases escritas de puño y letra. Mariela se acerca y sujeta un gran paraguas negro encima de su hija para que esta pueda proceder.

-Puede que no fuera una triunfadora, tampoco era una persona de trato fácil, aunque no quede muy bien decirlo hoy aquí, pero era mi tía y debo decir que tenía buen fondo (como ha dicho Antonia) y no tenía un gramo de egoísmo ni maldad en su ser. Puede que con alguna que otra mala palabra en la boca, pero siempre miró por el bien de sus seres queridos y puedo decir que con migo y con mi hermana Katia siempre fue amable y atenta. Es posible que no la conociéramos en profundidad por nuestra condición de sobrinas pero se ganó un sitio en nuestro corazón y la echaremos de menos-

A Daniel se le humedecen los ojos. Percibe más emoción y sinceridad en el texto de su niña que en las previsibles y normativas frases de Antonia. Mientras observa la frágil expresión de Selena salpicada por la lluvia le invade el pánico. Se siente locamente enamorado. Todo se clarifica de repente. Todos sus dilemas y conflictos se reducen a un sentimiento, tan puro como incomprendido.


-Papá, ¿tú querías a Dolores?-  susurra Katia a su lado.

-No-  tajantemente.   -Ella nunca me aceptó para tu madre-  solo con la discreción justa para que no le escuche nadie más.

Tras un considerable silencio contemplativo Katia se acerca de nuevo.

-Yo la quería pero me da la sensación que debería haberla querido más-

-No. No pierdas el tiempo sintiéndote culpable. No elegimos nuestros sentimientos. Los sentimientos nos eligen a nosotros-  con rictus trascendental.

-¿Y a mamá la quieres?-  buscando sus ojos tras una breve pausa.

Daniel le devuelve la mirada inexpresivo sin contestar observando sus preciosos ojos negros. Quisiera que no hubiera nadie más para poder comérsela a besos. Se nubla de nuevo ese momento de claridad en que se revelaba su incontestable amor hacia Selena. Todo se vuelve complicado de nuevo pues no concibe que alguien pueda enamorarse de más de una persona a la vez y... aún menos dentro del seno familiar.

La tumba desciende con un arcaico mecanismo hasta lo más profundo del foso. Katia coge el brazo de su padre, quien sostiene un paraguas rosa con corazones que contrasta con el negro de todos los demás; pero es que hay mucha gente y pocos paraguas y en el estado en que se encuentra Daniel le trae floja el protocolo.  

****

-¿Y las niñas que tal?-  pregunta con interés Carmen, la vecina.

-Bien, como siempre, en la edad del pavo-  responde Mariela.

-Ah pues espérate. A mi hijo aún le dura y eso que tiene más de 20-  riendo.

-Tu hijo es un caso. A mí el que me preocupa es Daniel-  con la mirada perdida.

-¿Daniel? ¿Es que estaban muy unidos?-  extrañada.

-¡Que va! si no se soportaban...-  suspira Mariela

-A lo mejor le impresionó ver la muerte tan de cerca-

-No sé, no le ocurrió nada las otras veces cuando cayeron seres mucho más queridos pero esta vez... está muy extraño desde el entierro-

-¿Has hablado con Maite? ¿Ella le trata no?-  Carmen frunciendo el ceño.

-¡Nooo!-  riendo escandalizada.  -Si hablo con ella me mata Daniel-

-Aaah, he oído que es muy buena psiquiatra-  tranquilizadoramente.

-Espero que sí. Que Daniel esté en buenas manos. De momento lo único que me ha contado es que le ha mandado hacer mucho deporte y cada día se pasa horas corriendo y en el gimnasio. Si sigue así se va a convertir en un Van Damme.

-Ojalá mujer. Quien pudiera tener un marido cachas en casa. Yo lo cambiaba por mi Manolo ya mismo. No por tu marido ¿eh?... por Van Damme... y por Daniel también, que carajo.

****

-Como mola tía-  dice Katia muerta de envidia.

-No es para tanto, solo escogí la más útil-  responde orgullosa Selena.

-¿Que dices? así roja y negra... ya me la dejarás ¿no?-  haciendo morritos.

-Lo siento pero papá me ha prohibido que te la deje, forma parte de tu castigo-

-¿Papá? seguro que se lo ha dicho mamá-  negando con odio en sus ojos.

-Sí ya vez. Papá es un blando-  ríe Selena.

-Sí, es un blando... pero a veces se pone duro-  murmura malévola.

-Tiaaa...-  susurra más flojo aun bajando la mirada avergonzada.

-Pues me tocará andar. Como no me lleve Derek con el monopatín...-  suspira.

-¿Píllate la bici no?-

-Nooo, la bici es de "mataos", yo soy demasiado mona-  guiñándole el ojo.

****

M: ¿Entonces bien no?

D:   No me escuchas Maite.

M: Creo que sí. Yo creo que sí Daniel. Créeme. D:   No sabes lo que estoy sufriendo.
M: Pero sufres tu. Solo tú. Toda tu familia estaba en peligro. ¿Te das cuenta?. D:   Pero es que...
M: Daniel. Mírame. Mírame a los ojos. Los pilares de tu vida se estaban tambaleando y corrías el riesgo de destrozar a Mariela y traumatizar a las niñas. La situación se había vuelto insostenible y has conseguido redirigirla hacia la normalidad más absoluta. Tu sufrimiento es temporal, tratable, controlado. No eres el primer caso obsesivo dependiente que trato.

D:   No me catalogues por favor Maite.

M: No es peyorativo. Es ventajoso. Sabes que es conocido y tratable. D:   Tengo que irme.

M: ¡No espera!... ¡Daniel!

****

Son las 6 de la tarde y Daniel conduce alterado. Hace un día precioso pero bajo la luz de su propia angustia, tras el parabrisas lo ve todo feo. No soporta que su psiquiatra ningunee sus sentimientos rebajándolos a una simple patología. Es inútil asistir a sus sesiones dado que ella no conoce la mayor parte de lo acontecido. Pero ¿y él? ¿Acaso conserva la más mínima noción de la realidad? Anegado por ese amor bifocal tiene la capacidad razonadora bajo mínimos. Hace ya dos semanas del entierro de Dolores y desde entonces no ha habido ni un destello, ni un gesto, ni un flirteo... lo que deseaba con ansias el último día del curso escolar se ha convertido en su peor condena y cada protesta en forma de "¿qué haces?" o "¡hay déjame papa!" han cortado de raíz la legitimidad de sus tímidos acercamientos.


Un frenazo para en seco todas sus elucubraciones. Al pasar junto al parque ya cerca de casa ve a Katia en actitud cariñosa con un chico, entre monopatines, rampas y malos modales. Daniel aprieta fuerte el volante y con cara de desprecio pronuncia "Derek" sin despegar los dientes apretados.

****

-¿Y Tomás? ¿Y Oscar? antes salías con ellos-  sugiere Mariela.

-Ya cariño, pero no me caen tan bien, me cansan-   asqueado Daniel.

-Pues no se Dani, pero parece que últimamente te cansa todo-  resignada.

-No digas eso-  molesto.

-Será que te matas tanto haciendo ejercicio que no te quedan energías luego-

-No te preocupes, será una fase: el calor del verano, la medicación de Maite...-

-¿Te ha cambiado la medicación?-

-Bueno, a veces hace pruebas a ver si mejoro, soy su cobaya-  victimista.

-No sé, te veo muy raro, me extraña que las niñas no reparen en eso-

-No te preocupes más cariño, apaga la luz y duérmete-  intentando pasar página.

****

Agente:   ¿Se te ocurre alguien más? Katia:      Mmmmm, no, creo que no.
Agente:   No tenemos a penas pistas, cualquier cosa que se te ocurra... Katia:      Es que no he notado nunca nada. No sé...
Agente:   Derek no quiere poner una denuncia, pero nosotros tenemos que investigar de oficio. Ahora mismo estamos dando palos de ciego pero está claro que hay algo y es importante que estés alerta porque... ese "algo" gira en torno a ti y no sabemos aún hasta qué punto puedes estar en peligro.

Katia:      Jo, que mal rollo.

Agente:   Toda precaución es poca. Sobretodo intenta restringir al máximo tus redes sociales y no te quedes a solas en sitios peligrosos. Si sales por la noche es recomendable que siempre estés acompañada.

Daniel:    ¿Cómo está el chico?

Agente:   Parece que ya ha salido del hospital, pero puede que las peores secuelas sean psíquicas.

Daniel:     Y respecto a mi otra hija: ¿hay algún peligro?

Agente:   Son mellizas, pero no gemelas. Si tuvieran un gran parecido el riesgo le afectaría pero dado que se trata de un caso obsesivo, el único riesgo para su hermana procede del hecho de compartir vivienda. Más allá no veo peligro pero lo comentare con el psicólogo criminalista del equipo para despejar cualquier duda.

Katia:      ¿Podemos irnos ya?

Agente:   Sí, enseguida. Solo tenéis que firmar un par de papeles. Daniel:    Cualquier cosa que averigüen manténganos informados. Agente:   Descuide señor. Gracias por haber venido.

****

El sonido del intermitente adquiere un solitario protagonismo mientras Daniel tuerce hacia la derecha. La preocupación de Katia se podría cortar con un cuchillo.

-Ponte el cinturón cariño-
-Hay papá... déjame-  mientras mira por la ventanilla.

-No te preocupes, verás que no será nada-

-¿Tú qué sabes?... Ya le has escuchado-  con tono atemorizado.

-Sera algún chico de tu clase que está celoso. En todo caso, han pegado a Derek porque salía contigo. Eso indica que quien fuera el agresor... no te quiere mal.

-¿Es que no escuchas las noticias? ¿Y si quien sea opina que si no estoy con él no estaré con nadie y me tira ácido a la cara para desfigurarme?¿y si me viola?¿y si cada vez que salgo con un chico aparece ese tío encapuchado y le da una paliza?¿de qué me sirve ser tan guapa si me muero sola porque un psicópata no quiere que esté con nadie? Papá se siente aludido. ¿Psicópata?¿en eso se ha convertido?

****


M: -Se llama síndrome de Munchausen, pero ese no es tu caso. D:   -¿Entonces de que se trata?
M: -Tu no necesitas llamar la atención de nadie, al contrario. D:   -Ya, pero no me parece normal lo que me ocurre.
M: -No le quieres ningún mal a tus hijas, solo quieres que te necesiten. D:   -Pero me gustaría verlas llorar.
M: -Solo porqué así las podrías cuidar. Solo necesitas sentirte útil y necesario. D:   -Siento que soy una mala persona.
M: -Solo quieres sentir que son tuyas aún, que no pueden valerse por sí mismas, que son frágiles y necesitan de tu protección y cuidado. No es extraño que los padres se revelen contra el crecimiento de sus hijos, sobre todo cuando son chicas. Te sientes prescindible ahora pero conciénciate de que en esta edad los jóvenes se alejan del cobijo de sus padres y prueban cosas nuevas con otra gente. Devalúan la familia y sobrevaloran las amistades y los amores por encima de todo. Es una fase. Ya volverán cuando sean más razonables. A todos nos ha pasado.

D:   -Tu lo ves muy claro pero yo tengo el pensamiento lleno de conflictos.

M: -Los buenos pensamientos propician buenos sentimientos. Es bueno que entiendas lo que te pasa, que lo entiendas y que te perdones. No seas tan duro contigo mismo. Hemos hecho grandes progresos en estos últimos días. Lo que te ocurre le pasa a mucha gente pero tu tiendes a magnificarlo todo por tus problemas de personalidad obsesiva.

D:   -Será eso. Tengo que intentar relajarme.

M: -Creo que poco a poco vamos acercándonos a la normalidad. Recuerda ser constante con la medicación, si no ya sabes que te dan altibajos. ¿Cómo vas con el ejercicio físico?

D:   -Creo que es la mejor medicina que me has recetado nunca. Corro una hora diaria y también voy al gimnasio.

M: -¿Te sientes mejor?

D: -Me ayuda mucho. Tengo mis buenos y malos momentos pero he mejorado en lo que se refiere a ese agobio, esa pesadez de encadenar días y más días enteros sumergido en ansiedad y depresión. Ahora me desahogo y durante unas horas siento mi mente más ligera y lúcida.

M: -¿Lo ves? Es importante la actitud positiva. Si notas que estás mejorando es más fácil tener fe en que seguirás mejorando. Y si tienes fe en que seguirás mejorando es más fácil que mejores. Es un círculo virtuoso.

****

from: sauronpenetrante@outlook.com
to:       katiasupernena@outlook.com

kerida katia te paresera ke estoi loko pero solo estoi loko por ti destrosare a kualkier kabron ke se te aserke pronto seras mia i nadie i nos podra separar matare a kien se interponga en mi kamino kuando me veas sabras por fin ke soi el ombre de tu vida i te iebare lejos i te preñare kon mi gran poion i te dolera pero tendremos ijos presiosos i seras felis porke traere dinero i nunca tendras ke salir de kasa para trabajar i nos kerrremos muxo i foiaremos cada dia para tener muxos ijos i no te are nunca daño si te portas bien solo cuando te foie porke tengo muxa pasion i mi poia es mui gran mui mui pronto me conoseras. Soi tuio i tu eres mia para siempre.

****

Daniel se ha percatado de que las chicas están juntas en la habitación de Katia hablando de sus cosas y no puede evitar ceder a la curiosidad. Ha empezado afinando el oído pero en estos momentos ya se encuentra sobre el césped del jardín muy cerca de la ventana por la que fluye la conversación. Arropado por la oscuridad de la noche y haciendo gala de su mayor sigilo se ha sentado junto a la pared de la casa. Se relaja al comprobar lo fútil y frívola que es esa conversación:

S: -El rubio de a todo gas-

K: -Pero si ese murió, hemos dicho que están buenos, no que estaban- S: -No sé, Keanu Reeves entonces.

K: -Aha, exótico, un poco viejuno pero no se le nota ¿cuál más?

S: -Mmmmmmm... Ese, como se llama, el hombre lobo de crepúsculo.

K: -Otro exótico y que siempre hace de bueno. Te van los buenos chicos. S: -Será eso ¿y a ti?

K: -A mi malotes, hahaha, el de "transporter" por ejemplo. S: -¡Ala! ese sí que es viejuno y no mi Keanu.

K: -Noooo, lo que pasa es que está calvete y parece mayor. S: -Sisí, lo que tú digas.

K: -Vardem me pone cachonda también. S: -El otro... buagh.

K: -Más que el físico es lo que hacen; cuando se pegan me pongo húmeda. S: -¿En serio quieres a un novio violento?

K: -No es decisión mía. Es como ser etero o lesbi; no se decide. S: -¿Entonces Derek?

K: -Si le hubiera dado una paliza a ese tarado me hubiera derretido por él. S: -¿Le has dejado?

K: -Nooooh, me ha dejado él, eso es lo más triste, aunque es mejor así. S: -¿Por qué?

K: -Se ha cagado de miedo, el psicópata le dijo que no hablara con migo y... S: -¿Ni si quiera se despidió?

K: -¡Qué va!, me ve por la calle y sale corriendo, ni contesta al móvil, ni watts... S: -¿Qué palurdo no?  Ni que fuera culpa tuya.

K: -Y pensar que casi me lo follo. Hubiera perdido la virginidad con un llorica. S: -¿Lloró?

K: -Eso me han contado, lloró como una nena.

S: -Bueno, conservarás tu pureza unas semanas más.

K: -No como tú.

S: -Cállate, yo técnicamente soy virgen aún. Además, dijimos que no íbamos a hablar jamás de esto. Es lo que queríamos las dos no. Eso no pasó.

Daniel se sulfura desde su discreta quietud al escuchar la primera referencia a lo acontecido en esa insólita noche en casi 3 semanas. Ya empezaba a dudar seriamente de que todo aquello hubiera sucedido realmente, de que no fuera un sueño.

K: -Ya lo sé tonta, pero no se... me preocupa un poco él; está muy raro. S: -Normal, se sentirá extraño. Ya se le pasará.

K: -A lo mejor podríamos hablarlo con él.

S: -Ni de coña Katia, en serio. Eso se nos fue a todos de las manos. Lo mejor es hacer como si nunca hubiese pasado. Imagínate que mamá se entera. Además ¿qué le dirías? Solo empeorarías las cosas. Ese juego había destruido nuestra amistad e iba camino de romper muchas más cosas. Ahora somos una familia normal y seguiremos así. Ojalá no hubiera pasado nunca.


Ese baño de realidad zarandea el ánimo de Daniel que acurrucado en el rincón no se pierde detalle. Eso es. Eso debería ser. Una familia normal.

K: -Hablando de locuras. He recibido un nuevo mensaje del loco. S: -¿En serio? ¿Y qué dice?

K: -No lo quieras saber, pero no se lo voy a decir a papá. S: -¿Por qué no tía?

K: -Ya está desesperado por protegerme. No me lo quitó de encima. S: -Pero ¿y si estás en peligro?

K: -Si papá lee eso no me dejará salir de casa, y menos por la noche. S: -Es que si yo fuera tú me quedaría en casa, te lo juro.

K: -Porque tú eres una debilucha. Aun así seguro que podrías con Derek. S: -Como te pasas tía. Pobre chico. ¿Quieres que hable con él?

K: -Deja, deja. Así está todo bien. Es él quien ha quedado como un cobarde. S: -¿A qué te refieres?

K: -Solo un cerdo y un cobarde dejaría de lado a su amor por amenazas. S: -Amenazas no tía, que lo mandó al hospital.

K: -Pues que hubiera peleado como un hombre y no como una nena.

S: -Dijeron que ese tío era grandote. Puede que le pillara desprevenido. K:  -!Nada! le hubiera tenido que dejar yo sino... y sería la mala.

S: -¿Solo porque le han pegado le dejarías? no es su culpa.

K: -Ya te he dicho: a mí me ponen los hombres fuertes, hombres que se pelean y ganan sus batallas. Me pone que se peguen pero me pone mucho mas que se peleen por mi y si encima... si me defienden de una ofensa o de un peligro entonces ya me vuelvo loca.

S: -Entonces pídele salir al loco enmascarado, ese se pegó por ti. K:  -Pues quien sabe... si está bueno...

S:-¿Qué dices? me dan escalofríos solo de pensarlo.

K: -Pues imagínate yo. No te imaginas lo que me escribía en ese mensaje. S: -Pásamelo.

K: -Que va. Lo he borrado. Era enfermizo.

S: -Díselo a papá tía, que lo lleve a la policía, a lo mejor averiguan algo.

K: -Naaah, si se lo digo no me dejara salir y este sábado toca fiestuky.

S: -Al menos no vuelvas sola a casa que esto queda un poco apartado.

Las neuronas de Daniel están agitadas de nuevo con tanta información. Repasa mentalmente sus pasos ya dentro de la casa. Se siente un desequilibrado.

-escribir escalofriantes anónimos a su hija para que se sienta insegura.

-pegarle una paliza a su novio para que no se le acerque más.

-espiar conversaciones escondido en el jardín....

Sus pensamientos entran en incandescencia y empiezan a brotar ocurrencias absurdas y descabelladas.

****

Magic vigila atento la casa discretamente entre unos abetos. Por un momento se ve reflejado en la ventanilla de un coche cercano y no se reconoce. Lleva muchas horas ya sin beber pero la sobriedad no termina de regresar a su cerebro. Demasiados años de castigo continuado por el alcohol han dejado su materia gris reblandecida, aun así, su maltrecha razón le permite darse cuenta de que bien vale la pena cumplir el plan por 500€. Ya ha echado cuentas de cuanta cerveza podrá comprar con ese dinero:
2000 latas de las más baratas. Mientras extrapola sus cuentas a los briks de vino un suceso le llama la atención: Mariela y Selena salen a la calle y se alejan conduciendo un Audi familiar. Ha empezado. Mira su reloj Casio y empieza a contar los 30 minutos. Le asaltan algunas dudas. ¿Cuáles serán los motivos de ese hombre disfrazado que le contrató? ¿Quién era él? ¿Para que un plan tan absurdo? "Asustar a una chica que se ha quedado sola en casa" y ¿por qué es tan importante que lleve puesto ese pasamontañas rojo?... Algo no le cuadra, pero en su mente están los 500€ en primer plano y todo lo demás son simples figurantes secundarios. 500€, más dinero del que recuerda haber reunido en su vida, claro que en cuestión de recuerdos va más bien cojo. No tiene ningún recuerdo de la infancia ni logra recordar porque lo llaman Mágic. No recuerda haber tenido ningún familiar ni si quiera un amigo. Su mente concibe la existencia como una eterna estancia en la calle alternando las estaciones del año cíclicamente. Por un momento contempla su alrededor. Las casas son grandes y bonitas, los jardines frondosos y bien cuidados, las calles limpias y los coches aparcados se ven muy caros. Un sito residencial como ese no tolerará su presencia durante mucho tiempo. Faltan solo 10 minutos para entrar en acción. No tiene miedo: en su vida de vagabundo ha sufrido muchas penurias y ya no tiene temores. Nada que perder. Nada de nada.

****

Daniel, estresado dentro de su coche, empieza a arrepentirse seriamente de su plan. Ahora le parece una locura. ¿En qué estaría pensando? Pero es demasiado tarde. Solo le queda seguir los pasos establecidos. Faltan apenas 5 minutos para que todo empiece. Desde el otro extremo de la calle puede ver a lo lejos la puerta de su casa pero aún no ve a su esbirro.

****

Selena se ha ido un par de días con la tía Antonia, que se ha quedado muy triste sin su hermana y así le ayuda con sus cosas. Katia se encuentra sola en el comedor de su casa mirando un frívolo programa de canis haciendo el ridículo cuando de pronto alguien aporrea con fuerza la puerta. Asustada, baja el volumen de la tele hasta que reina el silencio más absoluto. Mientras van llegando mil temores unos golpes aún más ensordecedores aturden su estado mental sumergiéndola en el terror. Esos leñazos no son razonables. Está segura que se trata de ese loco que la acecha. Acercándose temerosa a la puerta con todo su sigilo no para de temblar. Suplica "basta por favor" con un susurro imperceptible. No hay nadie más en casa que la pueda defender. Se siente vulnerable. Una calma sostenida deja que la esperanza se asome hasta que alguien susurra al otro lado de la puerta "Katia" con una inquietante musicalidad. La chica, temblorosa, empieza a llorar y tras lograr sobreponerse a su parálisis corre hacia su habitación y cierra la puerta con un insignificante pestillo. Coge a su osito protector y dubitativa, agarra el móvil e intenta teclear la pantalla.

-hola cariño-  contesta Daniel aparentemente calmado.

-Papaá, papá, hay-hay alguien que-que quiere entrar en ca-casa-  aterrada.

-¿Qué dices Katia?-  inquieto. 

-Creo que-que es él lo-loco, papá, ayúdame-  con desespero.

-No te preocupes amor, estoy muy cerca, ya llego-  apresuradamente.

-Date prisa papá, correeeee, por favor, te lo suplico. !!!Aaaaaaaah!!!

El sonido de cristales rotos indica que el intruso ya ha encontrado la manera de entrar. Katia razona un poco y se deshace de Teddy para intentar bloquear la puerta con todas sus fuerzas. Tras unos pocos segundos Magic intenta entrar en el cuarto de la niña articulando el pomo y tras un breve silencio vuelve a cantar el nombre de su víctima de modo amenazador "Katiaaah" dejando un breve silencio. Katia intenta silenciar su llanto estampada al otro lado de la puerta hasta que el intruso lanza un violento grito desquiciado:

-!!!!KATIAAAAAHHH!!!!-

-!!Déjameee!!-  tiritando entre lágrimas.

-¡¡¡Abre Katia, abre de una vez, tengo que verte preciosa!!!-  pateando la puerta.

-¡Noooo! ¡Socorroooo!

Finalmente Mágic consigue romper la puerta y Katia cae al suelo. A penas consigue ponerle las manos encima. Daniel entra en escena y empieza a golpear al agresor encapuchado.

****

Una agente de policía intenta consolar a Katia mientras su compañero interroga a su padre.

-¿Y entonces que hizo usted?-  pregunta el agente Román.

-Yo estaba muy cerca. Al escuchar la llamada de socorro de mi hija me di más prisa para llegar. Entonces vi la ventana rota y entré a toda prisa. Ese animal estaba en la habitación de mi hijita forcejeando encima de ella.

-¿Entonces le golpeo?-  mientras apunta en su libreta.

-Todo ocurrió muy deprisa. Nos peleamos. Hubo muchos puñetazos y patadas. No recuerdo claramente lo ocurrido, solo que finalmente pude con él.

-De acuerdo, es todo por el momento. Ya ha llegado la ambulancia. Vaya a que le miren esas heridas y le examinen bien.

Katia, sentada en el pequeño muro de piedra de su jardín, observa temblorosa como dos agentes varones introducen a Magic en el coche patrulla ya desenmascarado. Sin mucha dilación se lo llevan rodeando la pequeña glorieta que define el final de su calle. Su visión borrosa por las lágrimas se vuelve hacia su heroico padre mientras es atendido por el personal sanitario a escasos metros. Parece que no será necesario ingresarlo.

-Tienes un padre muy valiente-  le dice la agente que se encuentra junto a ella.

Katia no logra responder y rompe a llorar traumatizada mientras esa mujer uniformada la abraza.

****

Mariela se sobrecoge con todo lo sucedido mientras su hija
Katia le cuenta todo con pelos y señales:

-Entonces llegó papá y le dio una paliza al loco-  entusiasmada.

-Sería una buena pelea, por cómo han dejado tu habitación...-  suspira.

-Siii. Entonces me dijo que corriera a casa de Carmen y Manolo y que llamáramos a la policía. Vinieron 2 coches patrulla en seguida y una ambulancia después-

-¿Seguro que estás bien cariño? Vaya susto-  mirándola fijamente.

-Aún estoy asustada, pero ya estoy mejor. Papá me ha salvado-
Daniel está presente en la cocina pero no interviene en la conversación. Se limita a gozar de la admiración de su familia mientras su culpabilidad se ve ninguneada por el triunfo. Todo le ha salido bien. La policía ha detenido por fin al supuesto acosador: un pobre hombre olvidado de Dios sin oficio ni beneficio que estará más bien cuidado en la cárcel, donde lo alimentarán, le darán cobijo y donde controlarán su preocupante alcoholismo y su salud mental. Estará mucho mejor que en las intempestivas calles del polígono donde solía cruzárselo. Por
Otra parte, tiene la sensación de que esos brutales acontecimientos han establecido nuevos lazos entre su queridísima hija y él; al fin y al cabo, ese era el único propósito de su descabellado plan.

-¿Que dice la policía?-  le pregunta Mariela.

-No tienen ninguna duda de que se trata del mismo tipo que pegó a Derek-

-¿Cómo pueden estar seguros?-  añade Katia.

-Por lo visto llevaba el mismo pasamontañas rojo. No tiene muchas luces-

-Vaya, ¿entonces le encerrarán?-  se preocupa Mariela.

-Sí. Le consideran peligroso. Estará una buena temporada encerrado-

-Papá, ¿enviaste esos mensajes que recuperé de mi correo a la Policía?

-Ah, sí, su manera de escribir lo delata. Su gramática es inconfundible. Siempre usa la
"k", la "i" y la "s" de modo incorrecto y no usa signos de puntuación.

Daniel se paró un día a leer el cartel que Magic sujetaba mientras estaba tirado en la calle pidiendo limosna:

"Soi pobre i tengo dos ijos ke mantener i no tengo dinero i kisiera una aiudita para pode vivir i komer un poko porfabor muxas grasias"

****


Después de una cena de conversación monotemática, Daniel y Mariela se encuentran en la cama a oscuras y dispuestos a conciliar el sueño, pero siguen dando vueltas a lo sucedido.

-¿Como pudimos dejarla sola?-  se lamenta Mariela.

-Hacia ya muchos días de lo de Derek y no conocíamos más indicios-

-¿Cómo pudo ser tan inconsciente Katia... para escondernos esos mensajes?-

-No lo sé, supongo que no quería preocuparnos-

-Siempre nos había creído a salvo de cualquier peligro-  reflexiona Mariela.

-Ya pasó todo cariño. No te preocupes más y duérmete.

Se establece un silencio poco sospechoso de ser definitivo hasta que:

-Selena no se lo podía creer cuando la he llamado para explicárselo-

-No me sorprende, no es para menos-   contesta Daniel.

-Y Antonia no te digo. Querían venirse las dos pero les he dicho que no-

-Mejor, no me apetece tener a Antonia en casa-

-Podrías ser un poco más comprensivo con ella pobre. Ya sé que habéis tenido vuestros más y vuestros menos pero aun así...-  un "toc-toc" interrumpe su argumentación.

-¿Si?-  pregunta Mariela.

-No puedo dormir, tengo miedo-  dice Katia con voz infantilizada.

-Ven aquí cariño-  sugiere Daniel.

-¿Puedo dormir con vosotros?-  suplica.

-Aquí estaremos estrechos los tres, vete a su cuarto Dani-  decide mamá.

-Noooo, quiero estar con los dos. Hay sitio de sobra-
-Pero es que tu madre es muy gorda cariño-  dice cómicamente Daniel.

-Cállate tonto-  le reprocha Mariela mientras se echa a un lado.

-Y me pongo en medio-   dice Katia juguetona mientras salta sobre la cama.

-Vale. Pero no montes mucho escándalo-  protesta Mariela.

Daniel se sulfura por momentos ante la situación que se presenta y se siente desnudo. A penas viste un envejecido pantaloncillo de pijama y con tan poco espacio será difícil conservar mínimamente su espacio vital. De pronto se percata de que eso dista de ser un inconveniente tratándose de Katia. A pesar de la presencia de su mujer, no hay nada censurable en el hecho de tener a su miedosa hijita tan, tan cerca.

-Le estaba contando a tu padre como han flipado Antonia y Selena-

-Ya lo sé. Sele me ha llamado enseguida en cuando se ha enterado-

-No hay que darle más vueltas. Ya paso todo y ese loco está entre rejas-   Dani

-Ya lo sé papá, pero aún tengo el miedo metido en el cuerpo-

Daniel desearía meterle otra cosa en el cuerpo pero intenta reconducir sus pensamientos para no despertar a la bestia.

-¿Tú estás bien? ¿Te duele?-  Katia, mientras le acaricia suavemente torso.

-Sí, solo han sido unos golpes cariño-   con la mirada fija en el techo.

-Me has salvado la vida papá, te quiero-   y le da un beso fugaz en la boca.

Ese gesto es la mejor medicina para la maltrecha mente de Daniel que flota en una nube, aun así, empieza a notar cierta inquietud fálica del todo inapropiada en una situación tan inocente. Mira a su alrededor y siente su discreción arropada por una oscuridad casi absoluta.

-Tienes suerte hija de tener un padre tan fuerte-  dice Mariela

-Al final habrá servido de algo hacer tanto deporte estas últimas semanas-

Daniel bromea pero nunca pensó que le costaría tanto derrotar a un vagabundo. Puede que ese apestoso ser haya recibido muchos golpes en su vida y se haya visto inmiscuido en numerosas peleas, aun así, no parecía demasiado corpulento. Le da miedo pensar en lo que hubiera podido ocurrir de no haber podido con él.

-Sí. La verdad es que te has puesto muy fuerte papá-

La mano derecha de Katia, que restaba estática sobre el pecho de su padre, se activa para constatar esa última afirmación y se mueve en círculos para reconocer a tientas esos pectorales re fortalecidos.

-No es para tanto-  dice Daniel mientras sus dedos se encuentran con los de ella.

-Dice Carmen que cambiaría a su marido por ti-   afirma cómicamente Mariela.

-Ay mamá, es que Manolo es un gordo asqueroso-  musicalizando la frase.

-En el fondo es un buen tipo, pero con poco interés-  le defiende él.

Mientras hablan los tres, Katia y su padre juegan con sus dedos haciendo manitas en un ritual algo confuso que hace volar las ideas de Daniel.

-No me sorprende que Carmen pase tanto rato con Conchita-  continua Mariela.
-¿Por qué?-  interviene Daniel.

-Pues porque Manolo solo piensa en futbol, en trabajo o en hacer el vago-

-Papá tampoco ayuda mucho en casa-   ataca Katia mientras le aprieta los dedos.

-Sí. La verdad es que podríamos hacer un cambio de maridos-

-Ala mamá, si papá está mucho más bueno que ese gordo seboso-

Katia habla con un tono agudo vocalizando exageradamente mientras baja peligrosamente su mano hacia el bajo vientre su padre. Ella se encuentra entre los dos inclinada hacia él a su izquierda mientras Mariela argumenta su réplica.

-Sí, ya ves, para lo que me sirve-  retóricamente.

-! Aaaahp!-  aspira la chica sorprendida  -¿es que no le das lo suyo a mamá?

Katia sujeta por fin la poya de su padre bajo el pijama quien se esfuerza por mantener esa discreta quietud postural luchando contra viento y marea.

-Cariñoo, emmm, no le hables a tu hija de nuestras cosas-  incómodo.

-Oooh, de que cosas se entera una-  afirma Katia juguetona.

-Cada pareja tienes sus etapas hija-  se escusa Daniel.

-Sí, pero algunas etapas se alargan durante meses-   protesta Mariela.

-Oh, papá, no me lo puedo creer-  decepcionada.

-Vamos mujer, no te quejes delante de la niña. ¿No eres tu quien siempre dice que no las tenemos que traumatizar?-  intenta él viéndose acechado.

-Papá ¿de verdad te crees que eso me va a traumatizar?

Katia nota como el pene de su padre se endurece cada vez más adquiriendo un tamaño alarmante y emprende un discreto masaje fálico.

-Ya no soy una niña pequeña ¿eh?-  con una voz que contradice esa afirmación.

-Eres la niñita de mamá-   dice Mariela mientras la abraza por la espalda.


Mamá apenas puede ver los discretos números luminosos del reloj en la mesilla de noche mientras rodea a su niña por la cintura con su grueso brazo. La chica se siente traviesa y nota como se le dispara la adrenalina mientras no deja de sujetar ese poderoso miembro relleno de palpitante morbosidad incestuosa. Daniel se mantiene estático notando el acercamiento de Mariela. Duda entre sí tomar alguna medida física que le pueda salvar el culo o si apostar por la quietud como mejor opción para que ella no se dé cuenta de nada. Katia también opta por permanecer inmóvil pero se dedica a apretar intensamente y aflojar ese lujurioso tronco que tiene cautivo en su mano. Nota como se contrae y como circula la sangre por su interior.

-Que calor mamá-   amablemente.

-Ay perdona niña. No quería molestarte con el calor de mi amor-  irónica.

-No te enfades mamá, ya sabes que te quiero-  sintiéndose perversa.

-A ver si conciliamos el sueño pronto que mañana tengo muchas cosas que hacer-

Mariela regresa a su pose boca arriba y sus blandas ubres se desparraman hacia los laterales gozando de la libertad que les otorga ese ancho camisón. Está muy cansada y se le va la mente por momentos. Mientras tanto Katia vuelve a pajear a Daniel quien consigue librarse del pánico que le otorgaba esa situación y contempla por primera vez las posibilidades que se le ofrecen. Discretamente mete su mano izquierda bajo el pijama de su hija para alcanzar esos gloriosos pechos adolescentes.
-La cabaña del árbol no es de madera-  murmura vagamente Mariela.

-¿De qué es?-  pregunta suavemente Daniel mofándose.

-D.De cartón mojado-  aun con una pronuncia más incomprensible.

Katia apenas puede contener la risa mientras nota como mamá está perdiendo la conciencia entre delirantes ideas caducas. Los últimos vocablos de Mariela carecen ya de cualquier parecido con una palabra y su respiración se torna más pausada y profunda.

-¿Que pijama llevas cariño? ¿Es el de conejitos?-

-Adivina-  aun riéndose.

-A ver déjame que lo palpe...-

Daniel recorre los márgenes de esa algodonada tela adentrándose en ellos impunemente mientras su hija se da la vuelta para darle la espalda.

-¿Es el de Nemo?-  se aventura.

-¡Ahp! ¿Cómo lo sabes?-  sorprendida.

-Me conozco tus pijamas al milímetro amor-  mientras babea su cuello.

-¿Y los camisones de mamá también los conoces?-  pícaramente.

-No me hagas esto, no me hagas esto pro favor-  murmura torturado.

-Yo no hago nada malo, yo soy soltera-  se defiende Katia.

Daniel le aprieta los pechos mientras intenta abrirse paso tras esa negra melena para morderle la oreja.

-Toda tú eres mala, eres la tentación más malvada, eres el pecado encarnado-

-¿Soy pecado? ¿Y qué pecado soy?... ¿La envidia?... ¿La ira?... ¿la gula?

-Siiií, la gula, porque estás para comerte-  se escucha depravado a sí mismo.

Las largas inspiraciones de Mariela van adquiriendo carácter de ronquidos gradualmente mientras muy, muy cerca, al otro
Lado de la cama se van acelerando los movimientos cada vez más legitimados por un sueño tan profundo y manifiesto.

-Dile a mamá que me prefieres a mí-

-Claro que te prefiero mi vida-  susurra.

-Nooh, díselo a ella-   abriendo un instante tan inmóvil que parece un fotograma.

-Mariela... tu hija me pone cachondo-  en voz baja.

-Nooh, eso no es lo que quiero que digas, además, tiene que ser más fuerte.

Daniel duda durante unos segundos pero logra arrancarse con un nuevo intento mucho más intenso:

-Mariela... amo a Katia, amo cada milímetro de nuestra hija y me muero por hacerle el amor con todas mis fuerzas. La amo y la deseo más de lo que nunca te he deseado a ti.

-No vas a hacerme el amor papá. ¿Cómo se te ocurre? Soy tu hija-

La niña juega al desconcierto pero Daniel no se deja amedrentar y lucha para bajarle ese pantaloncillo que se interpone entre ellos.

-¿Qué haces?-  molesta.

-Te voy a follar-  rotundamente.
-Ni lo sueñes. Como te pases grito y despierto a mamá-

-No serás capaz-  desafiante.

-Ah! !mamaá!-  en un tono que sobrepasa de mucho la broma.

-Sssshhhh-  pronuncia desesperado él intentando no alcanzar volumen.

Mariela se inmuta contestando con un vocabulario incomprensible antes de caer de nuevo en una postura ligeramente diferente a la original.

-¿Qué haces? ¿Estás loca?-  incrédulo.

-Es para que veas quien manda, a mí no me vas a violar como a Selena-

-¿Pero qué dices? yo.yo.n.no.q.que-  tartamudeando nerviosamente.

-No seas tonto. ¿Te gustaría que estuviera ella aquí?-  insinuando.

Daniel percibe que esa pregunta puede que tenga trampa e intenta actuar en consecuencia.

-Noooh, solo te quiero a ti, ni siquiera me acuerdo que tengo otra hija.

-¿Prefieres que esté mamá aquí en lugar de Sele?

-Cariño, dime qué quieres de mi-  Daniel se desespera.

-Quiero que me digas que soy tu preferida-  imperativa.

-Lo eres cariño. Claro que lo eres. Te quiero más que a nada en el mundo-

Katia deja que su padre le suba la parte de arriba hasta que sus tetas quedan al aire. A Daniel le faltan manos para gozar de su niña. Finalmente consigue liberar esas redondas nalgas al completo. No aguanta más. Quiere follarla. Quiere penetrar ese generoso culo más de lo que nunca ha querido nada.

-Ponte condón papá, ¿tienes?-  susurra con cierta urgencia.

-Si cariño, en el cajón, espera-  se apresura en alcanzarlo.

-¿Me dejas que te lo ponga yo? así practico-  moviéndose a su espalda.

No hay espacio en la saturada mente de Daniel para que esta petición pueda inquietarle más allá del ahora y aquí. Por un momento le entra el pánico al no encontrarlos por la falta de luz, pero finalmente da con ellos y procede a la obertura.

-Nonono, dámelo, yo lo hago-  dice Katia.


Al recuperar él su posición horizontal, la chica se le encarama encima apresándolo con sus muslos un poco por debajo de la cintura. A Daniel le bastan unos pocos segundos de caricias para percatarse que ella ya no lleva ninguna prenda. Se pregunta "¿para que el condón? ¿Es solo por el lubricante? ¿O de verdad quiere follar "bien"?"

-Aixx-  Katia tiene alguna dificultad.

-Creo que está al revés cariño-  sugiere Daniel.

-A vale, ya está... oh papá, la tienes tan dura que no se si alcanzará-  riendo.

-Claro que si tonta-

-No me llames tonta-  fingiendo enfado.

Un esporádico ronquido de Mariela anormalmente alto desata de nuevo sus risas distrayendo su atención. Antes de darse cuenta Daniel nota como su niña gatea hacia él para besarle en la boca. Ella le mete su dulce lengua tan a dentro como alcanza mientras se acomoda y como quien no quiere la cosa empieza a frotarse con él vapuleando su pene mientras le muerde los labios. Papá le aprieta las tetas con sus fuertes manos a escasos centímetros de su cara haciéndola gemir de dolor. Por ahí abajo hay tanta presión sanguínea y tanta lubricación que no alcanza a estar seguro de nada. Mientras sus lenguas se pelean en un duelo baboso, Katia emite un sugerente gemido que mezcla dolor y placer. Daniel nota como su flamante poya se adentra por el cálido y húmedo chocho de su hija hasta lo más hondo. Ella empieza trotando discretamente pero sus movimientos se transforman rápidamente en una feroz cabalgada que zarandea la cama golpeándola contra la pared cada vez con más fuerza. Mariela sigue roncando mientras su cuerpo inconsciente se somete a esa agitación. Papá siente que la situación se le escapa de las manos en diferentes frentes. Está tan caliente que, sometido a ese ajetreo, se disuelve en un orgasmo tan placentero que lo paraliza mientras Katia sigue a lo suyo gimiendo contenidamente. Daniel ha perdido el mundo de vista por unos instantes y al regresar le invade la vergüenza por haberse corrido tan rápido. Se da cuenta de lo lejos que ha quedado la discreción necesaria para asegurar el sueño de Mariela y sujeta con fuerza a la chica para detener su incesante balanceo.

-Ssssssssssshh-  dice Daniel imperativamente.

-Oooh. ¿Qué te pasa papá? ¿Estás bien?-  sintiéndolo más flojo.

-¿Estás loca? vas a despertar a mamá-  con urgencia.

-Ah, perdona papá, es que estoy muy cachonda-  susurra como avergonzada.

Esa manera tan sugerente de pronunciar tan lujuriosas palabras hacen que Daniel se revele contra la idea de desenfundar ese condón repleto de esperma y tras asegurarse de que su mujer sigue dormida vuelve a sujetar los pechos de su hija convencido que puede contrarrestar el declive de su arma.

-¿Te gustan mis tetas papa?   -susurra mientras retoma su erótico balanceo.

-No te lo puedes imaginar-  mientras las disfruta en la oscuridad.

-¿Qué es lo que más te gusta de mí? También tengo un buen culo-  suspirando.

-Tu cuerpo entero, tu saliva, tu voz, tu olor, tu...-  embobado.

-En adelante quiero que hagas todo lo que yo te ordene-  en plan mandona.

Daniel empieza a sospechar lo accidentado del jardín donde se está metiendo pero ahora mismo no puede atender ese asunto. Debe concentrarse en lo buena que está su hija para lograr una erección irrefutable. Ahora la tiene dura, pero solo lo suficiente para seguir penetrándola acompañando esos sinuosos movimientos.

-Oh sii, oh papá, follame-  mientras siente sus manos rodeándole las nalgas.

-Que traviesa que eres. Eres una niña mala-  cada vez con más confianza.

Daniel teme por los riesgos de seguir con el mismo condón después de una más que generosa corrida pero la coyuntura no le permite echarse atrás. Decide confiar en ese pedazo de látex y seguir disfrutando de esa experiencia excepcional mientras siente ya la plenitud de su poderoso miembro viril.

-Más despacio cariño, con cuidado-  sin notar casi los ronquidos de su mujer.

-Es que me corro papá-  en voz baja pero con tono ansioso.  -Ooh, ooh-

Katia aprieta con fuerza los pectorales de papá mientras se corre conteniendo a duras penas sus gemidos. Fruto de su peculiaridad no puede evitar regar a Daniel con los flujos de su eyaculación. Tarda unos segundos en recuperar el habla aturdida por tan arrolladores sensaciones pero finalmente se excusa:

-Perdona papá, no lo puedo evitar-  avergonzada.

-No pasa nada cariño, no hay mejor premio para mí-  con gratitud.

-¿A ti te falta mucho?-  secándolo con su infantil pijama a oscuras.

Daniel contempla la posibilidad de terminar ahí con su hombría en lo más alto pero al sentir el leve contoneo de Katia se disipa rápidamente esa opción. Su polla sigue peregrinando por el interior de su hija muy despacio mientras ella empieza a recuperar la normalidad en su respiración acelerada.

-Quiero tu culo cariño-   susurra.

-¿Qué?... no se... mi culo es sagrado-  con voz infantil.

-Y mi polla también, están hechos el uno para el otro-  insiste.

-Pero la tienes muy grande y me harás daño-  haciéndose la víctima.

-No amor, verás cómo no. Seguro que te gusta-

-Ya estoy lo bastante dolorida papá, que es mi primera vez-

La conversación fluye a lomos de un lento pero constante movimiento que apenas hace sonar los muelles de la cama. Las manos de Daniel no cesan en el empeño de reconocer el sublime cuerpo de su hija como si quisiera asegurarse de que todo permanece en su sitio.

-Vamos a tu cuarto pequeña-  ardiendo por dentro.

-No, tiene que ser aquí, con mamá-  exigente.

-¿Por qué? Aquí no puedo desplegar toda mi potencia-  con desespero.

-¿Y si se despierta y hemos desaparecido los dos?

-¿Y si se despierta y estamos follando a su lado?

-Pero papaaaá, cada ronquido nos demuestra que sigue dormida y si despierta podemos disimular. Además, me pone muy cachonda hacerlo a su lado-

-En el suelo entonces-  en tono de súplica.

Katia lo piensa por un segundo y sin acabar de salir de dudas pregunta:

-¿Y me la meterás por el culo?-  con una vocecilla muy aguda.

-Te la meteré hasta lo más hondo-  amenazante.

-Vale, pero ten cuidado-  susurra mientras se desprende de él.

Daniel siente una primera sensación de ansiedad al salir del cálido interior de Katia pero pronto se reconforta al cobrar consciencia de lo que está a punto de hacer. Se deshace por fin de esa goma liberando su tranca embadurnada con su propio esperma.

-¿Cómo lo hacemos?-  pregunta insegura de rodillas sobre la tupida alfombra.

-Apóyate en la cama cariño-  Daniel la conduce usando sus caricias.

Papá está al rojo vivo y un deseo abrasador hace que la delicadeza sea una verdadera quimera. Katia se siente por primera vez fuera de sitio y no sabe exactamente como ponerse. De pronto y sin previo aviso nota una repentina y profunda puñalada de carne que la penetra sin darle tiempo siquiera a apretar el ojete. Suelta un "aaaah" lleno de fragilidad mientras su padre la sujeta firmemente por la cintura. La lubricación que su poya traía consigo ha facilitado la incursión. En escasos segundos la actividad se acelera exageradamente junto con sus respiraciones que, aun intentando ser discretas, dejan escapar algún que otro gemido fugitivo. La cama vuelve a moverse, esta vez hacia los laterales, fruto de las violentas envestidas que Daniel le profiere a su hija por vía anal. Mariela sigue roncando acunada por ese leve balanceo mientras Katia apenas puede mantener su propio silencio:

-MmmMmmMmmM-  sincronizando la intensidad de su voz con cada empuje.

Daniel concentra todas sus fuerzas en follarse a su hijita y ya ni si quiera respira sintiendo la inminente y costosa llegada a meta. Una gran ola de placer y desahogo golpea su mente alienándolo del escenario y convirtiendo la absoluta oscuridad en el blanco más intenso. La prudencia y la sensatez quedan muy lejos ya y presa de esa explosiva sensación suelta un intenso grito de alivio liberando toda la tensión que se había acumulado poco a poco desde que Katia entró en la habitación.

-¿Qué?!¿Qué?!-  dice Mariela asustada mientras se apresura a encender la luz.

-No cariño ¡no!-  Daniel mientras le entra el pánico aún aturdido.

-¿Qué ocurre? ¿Por qué chillas así?-  mientras le mira con los ojos entreabiertos.

Daniel siente que está todo perdido y se prepara para una dramática lluvia de improperios y agresiones de todo tipo pero Mariela aún está algo atontada por un despertar tan brusco y con los ojos entreabiertos intenta proteger sus pupilas dilatadas demasiado sensibles todavía a la tenue luz de la lámpara. Él tiene la visión más cegada si cabe dado que la urgencia del momento le ha empujado a mantener sus párpados bien abiertos.


-¿Estás bien Dani?-  con un tono mucho más razonable del que cavia esperar.

-Oh, sí, creo que...-  aún repleto de temores con el corazón en un puño.

-¿Dónde está Katia?-  pregunta Mariela extrañada.

Esa pregunta es música celestial para los oídos de Daniel y se inunda de esperanza. Katia está escondida debajo de la cama con el pulso muy acelerado.

-Se ha ido hace rato a su cuarto-  improvisa.

-¿Y tú? ¿Por qué chillas así? ¿Porque estás sudando? ¿Y esa respiración?-

-Ha sido... una pesadilla, una horrible pesadilla, hasta me he caído de la cama-

Daniel se sorprende aliviado de como cuadran sus ocurrencias:

-Soñaba que ese loco encapuchado se llevaba a Katia y yo no podía evitarlo-

-Oh, Dani... parece que lo de hoy te ha afectado más de lo que aparentabas-

-Sí cariño. Me hago el valiente pero la verdad es que he pasado mucho miedo-

-Venga vuelve a la cama y tranquilízate. Ya pasó todo-  maternalmente.

En ese momento él cae en la cuenta de que tiene sus pantaloncillos entre sus rodillas y la alfombra. Afortunadamente el ángulo de visión de su mujer no alcanza a vislumbrar su desnudez inferior.

-Sí... vale...-  pero apaga la luz-  mientras apoya su cuerpo en el colchón.
Daniel está recuperando el aliento aún y hace como que descansa reclinado para ganar tiempo cuando nota que una mano le sujeta con fuerza la poya, la tiene bastante blanda ya pero todavía notablemente hinchada y muy enrojecida.

-De acuerdo, pero no vuelvas a asustarme así-  dice amablemente Mariela.

-No cariño, lo prometo-   aliviado con su amada oscuridad protectora de vuelta.

Daniel regresa a la cama subiéndose discretamente el pantalón. No puede creer que haya salido impune de tan imprudente fechoría. Aun así, no estará a salvo mientras Katia permanezca en la habitación. Sumergiéndose en una quietud absoluta junto a su mujer afina sus sentidos. No escucha nada. Los esporádicos movimientos de Mariela que termina de acomodarse en diversas fases son lo único que mancilla ese silencioso negro roto aún por unas pupilas algo traumatizadas por la reciente agresión lumínica. Desde la nada emerge un dulce beso bocal tan inesperado como silencioso que no rompe la quietud de Daniel. Mariela aún está despierta pero la presencia de su hija en la habitación no es perceptible, ni siquiera por su padre, más allá de ese beso mudo de despedida. A penas es capaz de notar el leve movimiento de la puerta ajustada por la que se escabulle su hija.

Selena está acomodada en la cama de su habitación abrazando a Teddy y evocando sensaciones de obnubiladas y descanso. Ha estado bien pasar tiempo con la tía Antonia pero ha trabajado mucho ayudándola con las cosas de su recientemente fallecida hermana y ya tenía ganas de volver a la normalidad. No hay nada como faltar unos días para disfrutar de la vuelta al dulce hogar. Soñolientas nubes se asoma por el horizonte de su pensamiento mecido por olas de relajación. Una buena cena y un baño la han dejado como nueva y el tenue sonido de los grillos es ahora su hilo musical.

Una mínima idea salpica su calma con inquietud reclamando atención desde un rincón de su mente. Ella mira de reojo esa espinilla que ha intentado obviar hasta el momento: "a papá y a Katia se les ve muy acaramelados..."

Desde la locura de esa noche hace unas semanas, ellas dos acordaron reconducir la situación edificando un muro de frialdad hacia su padre. No tanto como eso. Simplemente salir de ese círculo vicioso donde la decencia caía vertiginosamente degradando la integridad de una familia que por lo demás se podría calificar de ejemplar; establecer una normalidad que pusiera fin a esa perniciosa rivalidad amorosa de límites confusos y desfigurados. Pero entonces... ¿a que venían esas señales tan equívocas? A pesar de ser su mejor amiga sabe de lo que es capaz su hermana. No le hace falta remontarse a recuerdos muy lejanos para constatar sus temores. Recuerda que Katia ya le había insinuado unos días antes que pensaba en hablar del asunto con papá en lugar de actuar como si nunca nada hubiera pasado.

El sueño que flirteaba con ella parece haberse esfumado hace ya un rato a medida que sus elucubraciones sacuden cada vez más intensamente sus mantras. Quien sabe que puede haber ocurrido mientras Selena estaba ausente... Quisiera estar por encima de todo eso pero no logra calmar su inquietud.
Cada vez que se ve en el espejo se maravilla de sí misma. No es que sea creída, solo es consciente de lo bien hecha que está. Podría escoger al chico que quisiera. Tiene una vida por delante para romper mil y un corazones. ¿Por qué seguir preocupándose por papá? Eso no lleva a ninguna parte.

Recogiendo y empaquetando las cosas de la difunta tía Dolores, Selena se sintió inyectada por una buena dosis de realidad y de conciencia vital e incluso se notaba más madura. Alejarse un par de días de su familia le ayudó a verlo todo con más perspectiva, como quién por fin se sitúa en un mapa. Antonia, desde su tristeza, resulto ser una fuente de inspiración. Hablaron de muchas cosas y le dio muchos consejos. Cuesta de imaginar que esa mujer también fue joven y bella una vez. Eso le da que pensar: sus genes no son tan distintos; puede que su irrefutable belleza empiece a degradarse paulatinamente y que en
30 años sea tan espantosa como ella. De todos modos aún falta mucho para eso...

Será cosa de la edad, o del verano, pero últimamente se siente muy caliente. Mientras intenta focalizar sus ardientes pensamientos en algún chico de su entorno sospesa los pros y los contras en cada caso:

*Javi le gustaba, pero pasó de ella por culpa de Katia y eso no se lo perdona.

*Oscar siempre le va detrás pero... tiene como una feminidad que le apaga la lívido.

*David... él está colado por Laura pero Selena se ve capaz de cambiar el rumbo de la situación.

Un tenue ruido interrumpe su casting mental. ¿Que ha sido eso? La quietud de la noche hace perceptibles cosas que pasarían desapercibidas a plena luz del día. Algo ha sonado en la habitación de Katia. Un susurro sutil, una risa silenciada, un suave golpe... ¿Puede que su hermana esté hablando por teléfono? Le parece escuchar más de una voz mientras agudiza su oído. Sus sospechas abren la puerta a una serie de recelos que escalan uno por encima del otro.

Selena aspira una gran bocanada de ansiedad al contemplar como su madre duerme sola a pierna suelta sobre la cama emitiendo profundos ronquidos. ¿Dónde está papá? La puerta de la habitación de Katia, a diferencia de la del dormitorio de sus padres, permanece cerrada. La chica regresa a su cama y pega la oreja a la pared contigua al cuarto de su hermana. Tras un minuto de incertidumbre por el que transitan ajetreadamente numerosos pensamientos por fin logra diferenciar la voz de Daniel entre las risitas juguetonas de Katia. Una mezcla de ira, bochorno e indignación se apoderan de su estado de ánimo mientras sutiles gemidos empiezan a delatar la vergonzosa carnalidad incestuosa que habita tras el muro bajo el discreto manto nocturno de esa noche de verano. Selena se plantea el abordar agresivamente la situación golpeando la puerta del cuarto de su hermana entre gritos y, completamente despechada, contempla la posibilidad de despertar a su madre para alertarla pero su propio sentido común reacciona abofeteando su orgullo con futuribles y nefastas consecuencias. Sin despegar el oído del papel pintado percibe el ajetreo creciente al que es sometida esa cama acompañada por femeninos gemidos contenidos que ya han perdido su faceta divertida y desprenden ahora puro frenesís erótico infantilizado por un tono tan agudo.

Esa audición parece eternizarse mientras las envestidas se aceleran. Paradójicamente los gemidos cesan por completo en la recta final justo antes de llegar a la cumbre dando un indiscutible protagonismo a los reveladores muelles del colchón. Un intenso soplo de desahogo pone fin a la escalada abriendo de nuevo la puerta a risas y susurros incomprensibles. El silencio vuelve a ganar terreno poco a poco hasta que un leve crujido señala la abertura de la prohibitiva puerta del cuarto de su hermana.
Por un momento Selena teme a la vez que desea que papá aparezca por el umbral de su habitación la cual permanece sin cerrar. Se desvanece el miedo a medida que transcurren los segundos dejando sitio a la quietud más absoluta.

Teddy habría muerto de asfixia hace un buen rato de haber estado vivo viéndose estrujado por los tensos brazos de su atormentada dueña. Ella se sumerge en una odisea de colisiones emocionales y racionales mientras intenta sacar el agua clara:
¿Cómo es posible? Miles de airados pensamientos chocan entre sí desprendiendo chispas de odio que salpican a todos:

*a Katia por romper su fraternal pacto de decencia que incluía una inequívoca orden de alejamiento de 1 metro con papá,

*a Daniel por ser tan deshonesto, pervertido, y caer de nuevo en las garras de esa zorra mañosa.

*a Mamá por permanecer roncando en su sueño de ignorancia y no darse cuenta de nada nunca.

*a Selena, ella misma por haber sido parte implicada y responsable para que todo llegara a ese punto.

*a Teddy por su inerte capacidad de defenderla o consolarla desde su sonrisa tan ausente de empatía.

Tras un sinfín de divagaciones logra vislumbrar una realidad tan clara como simple: Ella decidió salir de ese juego para ser una chica normal. Decidió relegar esa dichosa noche y sus precedentes a un rincón de su recuerdo cerrado a cal y canto, presa de un futuro olvido. Nada de lo que ocurra entre papá y su hermana debería de afectarla. "No es asunto mío". Ya está. Ella está fuera.

Unos ojos como platos fijados en el techo evidencian que para nada ha logrado poner punto y final. No es tan fácil reconfigurar sus inquietudes y menos aún si esos calenturientos tortolitos no dejan de restregarle su indecente lujuria por la cara.

****

K: ¿Quieres otra tostada Sele?
S: No, no tengo hambre.
K: ¿A quién más invitamos?
S: No se tía, este año no tengo muchas ganas de fiestas.
K: ¿Qué te pasa hoy? estás muy rara ¿eh? con esa cara...
S: Será que no he dormido bien.
K: Pues ya se te pasará, piensa que 16 años solo se cumplen una vez en la vida.
S: ¿Vas a invitar a Derek?
K: Mmmm. Si. Ahora que ese loco que lo tenía acojonado está entre rejas...
S: ¿Vais a volver?
K: ¿Que dices tonta? si lo invito será para estar fabulosa y pasar de él.
S: A papá le gustará mucho que traigas a todos tus fans.
K: ¡Eh! que también tengo amigas chicas ¿eh?
S: ¡Ya!
K: Tía, ¿qué te pasa? ¿A qué viene este tonito?
S: No sé, pregúntale a tu novio.
K: ¿A qué novio?
S: Al que está en el jardín regando las plantas.

Katia paraliza la expresión de su rostro con un flash de perplejidad y tras unos segundos estáticos arranca con un tono completamente distinto susurrando con toda su urgencia y su tensión.

K: Cállate tía que mamá está por aquí.
S: Eres una traidora Katia.
K: No tiene nada que ver contigo.
S: ¿Como que no? Hicimos un trato.
K: Solo hablamos de lo que había sucedido, no de lo que podía suceder.
S: ¿Como que no? Es la misma cosa.
K: Nooo. Esto diferente. No se trata de nuestro juego. Papá está enamorado de mí.
S: ¡Ah! No me digas. ¿Y de mí no?
K: ¡No! ¡Papá me quiere más a mí!
M: Papá os quiere igual a las dos niñas, no seáis tontas.

Mariela interviene con toda naturalidad helando la sangre de las chicas que no logran ni respirar. No se habían percatado de su presencia y Katia ha pronunciado esa última frase con demasiado ímpetu.

M: ¿A qué viene esa discusión? ¿No sois ya mayorcitas?
K: Hablábamos de la fiesta de nuestro cumpleaños y de nuestros regalos.
S: Si. Katia se piensa que va a recibir mejor regalo ella porque a mí me comprasteis la moto.
M: Eso fue por las notas. No tiene nada que ver.

Katia y Selena se miran aliviadas mientras recuperan el aliento pero no tarda en aparecer aflicción entre ellas de nuevo mientras terminan el desayuno en la cocina. Por la ventana, a la otra punta del jardín, Daniel corta algunas ramas sin camiseta. El afán de ellas para no mirarse a los ojos las ha empujado a mirar al exterior.

S: Como se ha puesto papá ¿no?
K: Sí. Ha estado haciendo mucho ejercicio estas últimas semanas.
S: Lo debiste pasar bien anoche.

Katia guarda silencio mientras proyecta una mirada de odio y desprecio. Tras negar con la cabeza arranca de nuevo:

K: Tú querías olvidar todo eso. Querías que no hubiera pasado. Pues olvídale y no te metas.
S: ¡Claro! Mientras folláis por las noches a un metro de mí.
K: Sssssshhh. Pero cállate, que mamá está en casa.
S: Pues tú verás. Pero yo no estoy dispuesta a seguir aguantando esto.

****

Daniel habla con Teo para ultimar los detalles:

D: Estará lista para el día 1? Es que tenemos una fiesta de cumpleaños y mis hijas quieren celebrarla aquí.

T: Yo creo que sí. El equipo de purificación ya funciona pero hay que revisar el drenaje. Entre hoy y mañana...

D: Bien.

T: El tema económico ya está cerrado así que solo falta rematar la faena.

El técnico se despide con un gesto mientras se sube a la camioneta. Daniel respira reconfortado. Siempre quiso tener una piscina propia. Hubiera querido inaugurarla al principio del verano pero quiso asegurarse primero de cobrar la prima anual de su empresa. Es así de precavido. A escasos metros, apoyadas en la pared de la casa, las chicas hablan entre ellas pendientes del resultado de la conversación de su padre. Dani se acerca:

-Parece que no habrá problema pare el cumple-  les comenta orgulloso.

-Ya te lo dije tonta, sabía que papá no me follaría-   dice Katia sonriente.

-¡¿Que no te qué?!-  Exclama extrañada su hermana.

-Que no me fallaría, ¿que he dicho?-  perpleja.

-No sé, ¿qué ha dicho papá?¿tú la has escuchado?-  fingiendo curiosidad.

Daniel lo ha escuchado perfectamente pero no quiere entrar al trapo y cambia de tema:

-De todos modos ya conocéis el trato: la fiesta será a plena luz y 20 invitados como máximo.

-Pero no es justo. Yo tengo muchos más amigos que Selena. No debería ser 10+10 sino 15+5.

-Eso lo habláis entre vosotras pero en origen será mitad y mitad.

Las deja sumidas en una discusión mientras se distancia para atender otros asuntos. Ya en el interior de su casa vuelve a sentir vértigo emocional, pero esta vez es distinto. No es miedo de caer aún más abajo habiendo tocado fondo. Daniel está correteando por la cresta de una montaña con una flor en la mano atravesando una nube pero ¿hasta cuándo? Se siente como un adolescente enamorado pero sabe que pisa terreno resbaladizo y que en cualquier momento puede caer desde lo más alto. Su situación no es sostenible. Y ¿qué pasa con Selena? No le ha olido nada bien el tono de ese equívoco ahí fuera. Las mira furtivamente por la ventana mientras reflexiona. Las chicas siguen discutiendo:

-No, Oscar no cuenta como mío, es amigo de las 2-  protesta Katia.

-Vale pues mira, partimos los invitados en 3: 6 míos, 6 tuyos y 8 comunes-   resuelve
Selena. Katia reflexiona:

-A ver, 6 + 6=...12, +8... Mmmm ...-  cuenta con los dedos frunciendo el ceño mientras su hermana suspira armándose de paciencia.

****

Es día 2, domingo por la mañana. Daniel está solo, sentado y parcialmente sumergido en la parte menos profunda de su flamante piscina nueva. El sol brilla intensamente ya a una altura considerable pero él lo ve todo oscuro. ¿Qué es lo que ocurrió ayer? La fiesta se prolongó a lo largo y ancho de la jornada pero la alegría que reinaba en el ambiente nada tenía que ver con su sufrimiento. Ya temía lo que pudiera pasar juntando a una multitud de engendros en plena efervescencia sexual en una fiesta acuática, pero lo vivido superó sus peores temores. Katia y Selena llevaban unos insignificantes bikinis que no dejaban demasiado a la imaginación mientras 15 babosos revoloteaban a su alrededor regando el césped con su propia saliva. Sus niñas coqueteaban con todos mientras provocaban furtivas y cómplices muecas obscenas entre los chicos más atrevidos. Bajo la mirada de un padre súper-protector hay pocas cosas más ofensivas que ver como chicos de edad dudosa toquetean a sus hijas aunque sea bajo pretextos bromistas.

Daniel estuvo al borde de un ataque de ansiedad cuando perdió de vista a Katia durante un rato y el intento fallido de recontar a los chicos no le ayudo en absoluto. ¿Cómo tener control sobre una fiesta a la que no estás invitado? Ya suficiente molestas se mostraban las chicas por tener a sus padres en casa.
¿Cómo saber en todo momento donde y con quien estaban sus niñas? Y encima Derek; ahí paseándose, interpretando ese confuso papel de ex-novio de su hija y amigo de dudosas intenciones de su otra hija, completamente ignorante de la identidad del agresor que le mandó al hospital hace un par de semanas; con ese "hola señor Valverde" cargado de burla y menosprecio... "Ay si tuviera aquí mi pasamontañas rojo" pensaba Daniel cada vez que aparecía ese odioso skater en su campo visual. "Te ibas a comer las ruedas de aperitivo, la tabla de plato principal y tu dichosa gorra de la NBA de postres". Pero no fue eso lo peor. Fruto de su discreta pero permanente vigilancia vio como Katia se morreaba con un tal Edu de quien ni si quiera había oído hablar antes. Lo hicieron a escondidas después de mucho tontear. Un cachas de ensueño, con una intachable seguridad fruto, seguramente, de sus incontables conquistas. Él es todo lo que Daniel no fue de joven.

Por la noche Mariela intentaba tranquilizarle sin ser consciente del verdadero caos que reina en el corazón y la cabeza de su marido:


"Es lo más normal del mundo. Están en la edad. ¿Qué más da si algunos de sus amigos tiene 20 años o incluso más? A las chicas siempre nos han gustado los chicos mayores. No te pongas así. Han crecido. Ya son un par de mujercitas. Ya no son tus niñas. Tienen todo el derecho de flirtear con quien quieran. Si yo tuviera su edad, su tipo y fuera soltera también me divertiría como una loca presumiendo delante de los chicos guapos."

Mariela parecía existir en una dimensión paralela donde todo transcurre de modo distinto. A ella le parece que su marido rema por un mar en calma a penas balanceado por una leve inquietud oceánica pero al otro lado del cristal que separa ambas realidades, Daniel lucha contra viento y marea para mantenerse a flote sabiéndose perdedor frente a titánicas olas de ansiedad mientras una tormenta torrencial llena de lágrimas su bote.

No sabe muy bien como sentirse. Su situación no es equiparable a las vividas por cualquier persona normal, por lo que le cuesta encontrar su sitio a lomos de tan intensos sentimientos. "Todo el mundo sabe que no está bien que tu novia ligue con otros en tus narices, pero... ¿y si tu estas casado con la madre de tu amada? ¿En qué lugar te deja eso?" ¿Que condición es la que le otorga todo lo sucedido? ¿Qué derecho puede reclamar alguien que se ha acostado repetidamente con su propia hija aprovechando la ausencia de su mujer, o con ella durmiendo bajo su mismo techo, o lo que es peor: follando con la niña mientras Mariela ronca en su misma cama...?

-¿Estás bien papa?-  Selena aparece de la nada preguntándole dulcemente.

-Hola cariño... estás aquí-  con una calmada sorpresa mientras sale de sus cavilaciones.

-Te veo muy pensativo-  con cierto tono de humor.

Selena lleva su inquietantemente pequeño bikini gris con un original estampado negro a modo de tinta derramada. Se ha levantado tarde pero con ganas de seguir disfrutando de su piscina nueva. El ardiente sol del recién estrenado agosto justifica sus ganas de chapotear. No esperaba que nadie se le hubiera adelantado. Al contemplar la lluviosa estampa de su padre cabizbajo se le ocurre una metáfora.

S: Pareces uno de esos dibujos animados que tienen una pequeña nube encima que les sigue, mojándoles con su mala suerte en medio de un día soleado.

D: Pensé que esa clase de animación te quedaba muy lejos. Hoy en día todo son locuras y estridencias.

S: ¿Hablas de los dibujos o del mundo real?

Daniel se queda sin habla frente a una analogía tan bien traída. Selena entra con paso prudente en esas frescas aguas. Camina sobre el sugerente azul turquesa tan propio de los diminutos azulejos del suelo piscinero. Intenta conservar cierta elegancia mientras desafía la sorpresiva temperatura hasta que logra sentarse junto a su padre, quien prosigue con la mirada perdida:
D: Sí... El mundo es loco y estridente.

S: Tan tranquilo que estabas cuando éramos pequeñas... ¿no? D: ¿Eso me lo has escuchado decir a mí?

S: ¿Cómo lo sabes?  ahahah.

Una mirada nutrida con reconfortante complicidad alivia el dolor de Daniel. Después del terrible castigo que le infringió Katia ayer... nadie como Selena para curarle las heridas. No podría hablarlo con nadie más sin que le juzgaran y condenaran espontáneamente. Ni si quiera con Maite, quien tanto le ha ayudado en sus momentos más bajos.

S: Katia es mala papá.
D: ¿Por qué dices eso?
S: No soy tonta ¿sabes? Se lo que te ocurre. Yo estuve ahí ayer.
D: Ya pero...
S: ¡Que lo sé todo!  Sé lo que ocurre entre vosotros.

Una pausa llena de reflexión dibuja un nuevo escenario para esa conversación. Las cartas están sobre la mesa. Daniel emprende sus argumentos a medida que la expresión de su rostro se rompe.

D: No puedo pensar que soy la víctima.
S: ¿Por qué no? ¿Porque eres su padre? ¿Porque casi le triplicas la edad? ¿Porque eres un hombre?
D:   ...Sí.
S: No seas tonto papá. Eres muy simple si piensas eso. Créeme, Katia es mala.
D: Xth. Para ya.
S: ¡No quiero! Lo más importante para que puedas superar un problema es saber cuál es.
D: Ah ¿sí? y ¿cuál es?
S: Que estás enamorado de una persona malvada. D:   ¿Qué? ¿Pero qué dices?
S: Estás enamorado de Katia y ella lo sabe. Me lo dijo... Y aun así mira lo que hace en tus morros.

Selena se siente aventajada con sus argumentos y nota el placentero deber de poner las cosas en su sitio. Mientras habla empieza a remojarse el cuerpo para sofocar el calor ya que el agua a penas le llega a la cintura, pero lo hace de un modo tan grácil que logra hacer perder el hilo a su padre.


S: ¿Te crees que no le vacilaba a Derek? Para ella todo es solo un juego y tú eres solo su presa.
D: ¿A qué te refieres?
S: Ella sabe cómo la amas, sabe que como más celoso estés más la amarás y podrá jugar contigo.
D: Me refería a... Derek. Cuando eran... novios.
S: A él solo lo invitó para darle celos con Edu. Para restregarle por la cara lo buena que está y lo que se pierde.
D: Yo pensaba que le habías invitado tú porque es tu amigo.
S: Bueno, las negociaciones fueron complejas pero tampoco es tan amigo mío.
D: Estoy preso Selena. Estoy perdido. No puedo evitarlo aunque sé que esto no puede acabar bien.
S: Eres su juguete.
D: Lo sé, siempre lo he sabido. Me siento... me siento como un gladiador. S: ¿Tan machote te crees? ahhaha
D: ¡Nooh! Me refiero a que siento que mi vida pende de un hilo para satisfacer un frívolo entretenimiento.
S: No exageres papá. Nadie va a acabar con tu vida.
D: Con mi vida no, pero quizás si con mi cordura.
S: ¿Por qué no lo hablas con tu terapeuta?
D: Maite me perdería el poco respeto que me tiene si supiera lo que me ocurre.
S: Entonces intenta pensar en que te aconsejaría ella. Hace muchos años que vas. La conoces bien.
D: No lo sé. A veces se equivoca. Una vez me contó que para superar obsesiones amorosas suele ir bien resolver la tensión sexual acumulada con un buen polvo pero a Katia le he metido 4 y ahora es mucho peor.
S: ¿Maite te dijo que te follaras a tu hija?
D: ¡No! Me hablaba en términos genéricos. No en mi caso particular.
S: 4 ¿eh? A mí solo me follaste cuando estaba ella.
D: Eso no... Es que... no quise... no... Es que.
S: ¿Como que no? Me hiciste daño ¿sabes? en el entierro de Dolores me dolía el culo todo el rato.

Daniel se siente de pronto descontextualizado escuchando como su hija trata ese sórdido asunto de un modo tan terrenal y desenfadado. Ella eleva la mirada como si buscara el recuerdo de ese lluvioso y fúnebre día en su córtex cerebral dando plena libertad a los ojos de su padre para repasar esas relucientes redondeces tan cercanas. Selena posa de un modo aún más sugerente mientras acaricia su precioso cuerpo para mantenerlo mojado al tiempo que sigue con su relato.

S: Quizás fui muy cruel haciéndote el vacío después. Al fin y al cabo, no fue culpa tuya lo que ocurrió.
D: No fue culpa de nadie supongo.
S: ¿Como que no? Si casi se podría decir que te violamos entre las 2. Ahahhahha.

Ella baja la vista abruptamente para descubrir las indiscretas miradas de su padre que a duras penas puede seguir con la conversación sabiéndose pescado. Selena está muy cerca y Dios sabe cómo le ponen a Daniel las chicas mojadas. El riego sanguíneo de papá empieza a focalizarse hacia su bajo vientre mientras su hija prosigue su razonamiento aparentemente ajena a los libidinosos impulsos de su interlocutor.

S: A demás, fui yo quien empezó todo esto. En cierto modo, todo es culpa mía. Todo por aquel arrebato.
D: ¿Te refieres a ese día...? Bueno, estabas herida y necesitabas consuelo.
S: Sí. Herida por Katia, ¿ves? todo aquel que está cerca de ella resulta herido. Tú, yo, Derek y mamá no porque no se entera de nada. Es mala papá. Yo la aguanto porque es mi hermana pero ya estoy prevenida y me duele que tú lo pases mal porque, ¿sabes? Tú eres mi papá favorito.

A Daniel se le inundan los ojos por la emoción que le provocan las tiernas palabras de su hija. El dolor se disipa derramándose por sus mejillas y desahogando su corazón oprimido. Selena no puede evitar que se le empañe la mirada al contemplar esa manifestación, tan incontrolable como sincera.

D: Me paso la vida gastándome el sueldo en las sesiones con Maite y en los medicamentos que me receta y resulta que mi mejor medicina eres tú.
S: Bueno, en mí también te gastas un buen dinero. La mega-Tablet que me regalaste ayer no tiene precio papá.
D: Sí que lo tiene cariño... sí que lo tiene... lo tiene.

Esgrime una sonrisa mientras su niña enreda sus dedos con los propios. Con la otra mano Daniel intenta secarse las lágrimas instintivamente sin tener en cuenta que su brazo permanecía aún sumergido en las cristalinas aguas donde se encuentran. Una confusa ternura inunda esa pausa cuando de repente Mariela entra en escena con su mastodóntico andar. Dejan de hacer manitas en seco mientras se rompe abruptamente ese clímax cariñoso, cosa que delata su censurable índole e incomoda a sus protagonistas. Mariela luce un bañador más recatado pero a pesar de ello, el traje no logra contener la totalidad de sus lorzas. Tras de sí trae a un pequeño invitado que lleva consigo un balón hinchable.


M: Le he dicho a Pedro que puede venir hoy a jugar.
S: ¡Hola Pedo!
P: No me llamez azíiiii.
M: Ya que no le invitamos a la fiesta de ayer... quería probar la piscina nueva.
S: No te enfades Pedo, es que la fiesta de ayer era para mayores.
P: Madielaaah, dile a la detdazada de Zelena que no me llame azí.
M: Vamos niña. Deja de torturarle.
K: ¡Ehhh! ¡Habéis empezado sin mí!

Katia se queja mientras se asoma por la ventana de su cuarto recién levantada. Su voz inquieta el pulso de Daniel que ya lleva un buen rato sin moverse de su rincón. Su refrescado tren inferior contrasta con la sequedad en su parte superior de su torso, lo que le hace muy sensible a las salpicaduras accidentales fruto de los juegos del hijo del vecino. Pedro tiene una hiperactividad estresante. Está bien para un rato pero odiaría tenerlo en casa de ser su propio hijo. Puede que sea una de las causas de que Manolo se refugie tantos ratos en el bar.

Daniel ha pasado la noche en vela y su química cerebral no está bien equilibrada. Su estado de ánimo se divaga sin mucha lucidez entre pensamientos que no logran alcanzar conclusiones mínimamente definitivas. ¿Odia a Katia o sigue enamorado? Aunque bien pensado, una cosa no quita la otra. ¿Y qué pasa con Sele? No hace tanto tiempo su balanza obsesiva permanecía equilibrada entre las dos. Han sido los recientes acontecimientos los que han provocado que Daniel se aferrara a Katia como a un clavo ardiendo. Necesitaba escapar de la desesperación que gobernaba su existencia desde el día del entierro de la tía Dolores. Recuerda ese sábado de finales de junio como si fuera ayer. Amaneció soleado para nublarse con llorosas nubes oscuras escenificando una acelerada metáfora de su momento vital y es que después de esa noche delirante donde quebró su moralidad liberando una caudalosa lujuria incestuosa, su vida se había sumido en unas sombrías semanas de tormento. El síndrome de abstinencia amorosa se volvió insoportablemente intenso a medida que pasaban los días y notaba como sus niñas tenían solo una sana relación familiar con él, como si nunca hubiera habido nada más. "Sana relación familiar". Daniel se repite este concepto par considerarse infectado y adicto a un amor enfermizo. Pero ¿Qué hubiera pasado si esta semana hubiera faltado Katia y Selena fuera quién le hubiese premiado con su codiciada carnalidad? Cree estar en lo cierto al constatar que un idilio con ella sería menos doloroso.

Un chapuzón inesperado anuncia la entrada de Katia en esas refrescantes aguas salpicando repentinamente a Daniel y sacándolo de sus profundas reflexiones existenciales. Los bañistas no tardan en organizar un peculiar juego con la pelota que traía Pedro y la permanencia en el recinto acuático se vuelve insostenible para alguien que busca tranquilidad y reposo. Daniel deserta entre reproches chistosos de su familia intentando escapar de las maliciosas salpicaduras. Ya a salvo se acomoda en una de las tumbonas para tomar un rato el sol. Mirando el partido se siente abrumado por la ligereza y la alegría que habita en las almas de sus mujeres y como no: también en la del pequeño Pedro. Se siente injustamente condenado a cargar con una pesada cruz echa de ansiedades obsesivas y anhelos prohibidos. ¡Cuánto sufrimiento innecesario por una mala gestión de sus emociones y sus pensamientos...! Mientras los demás juegan, él se siente iluminado por una realidad incontestable: "sus niñas están tremendas", más aún al lado de la mórbida obesidad de Mariela que a duras penas logra mantenerse a flote torpemente. Katia y Selena nadan como si de sirenas etéreas se tratara capitaneando sus respectivos equipos hacia la victoria en ese nuevo deporte de normativa voluble e incoherente. La bipolaridad de Daniel reacciona ante tan revelador espectáculo y empieza a empujarle hacia una realidad más vigorosa y motivadora: "¿De verdad quiere ser un formal padre de familia que procesa un sano amor paterno a sus tentadoras hijas, ajeno a su embriagador embrujo?¿Alguien que se conforma con tener una vaca sudorosa de edad avanzada en casa a modo de esposa?¿A caso no es afortunado por haber sido objeto del deseo de las chicas más hermosas que habitan la faz de la tierra?¿No es el sueño más elevado de todo varón salpicar con su amor a tales infartantes bellezas femeninas?¿De verdad se considera desdichado después de saborear ese par de sabrosos bombones?... La positividad de esos pensamientos alivia su pesar liberándolo livianamente de temores futuros mientras su prisma mental se va cerrando a medida que su consciencia se apaga. El sol y el pasado insomnio nocturno hacen mella en él hasta que los chapuzones y los gritos que se generan en la piscina dejan de inmutarle. Decide dejar de esforzarse para encadenar sus pensamientos y se deja atrapar por ese sueño celestial que lo invade.

****

-Papá, papaá-   susurra Selena mientras su pelo gotea chispas heladas sobre el rostro de Daniel.

-¿Qué? ¿Qué? ¿Cuánto tiempo he dormido?-  contesta mientras vuelve en sí.

-Un buen rato. Ahahah-  aún con un tono enigmáticamente suave.   -Ya se han ido todos-

El sutil canto de los pájaros es lo único que suena entre las pausadas palabras de Selena. Su pérdida de la noción del tiempo proclama contra toda lógica que un simple parpadeo soñoliento es lo que separa ese íntimo silencio del barullo generado por el partido de "AquaBall". Daniel tiene todavía la visión mermada. Su hija le tapa el sol con su propia cabeza con una marcada intencionalidad y sigue transfiriéndole esas refrescantes gotas capilares. Se acerca un poco más y sacude su pelo sin usar las manos haciendo gesto de negación rápidamente. Sus cabellos llegan a rozar la cara de su padre el cual apenas empieza a pensar con normalidad recién salido del sueño,  pero aún obnubilado.

-¿No te molesto?-  pregunta entre risas ella.

-Nada que venga de ti puede molestarme amor-   cerrando sus ojos.

-Oooooh. Apuesto a que sí. ¿Qué tal si te escupo? ¿Eso te gustaría?-  animando esa frívola conversación mientras levanta sus cejas.

-Sí, si...si-  Daniel no encuentra otra palabra que no sea "si".

-Vale... tú lo has querido espera frustrada.

-¿Como que no? ¿Qué ocurre?-

¡Aaay, no me sale!-  se queja

-No sé. Es como el otro día que intenté hacer pipí en el mar y no me salía-

-Será que no estás acostumbrada-  relajado.

-¿A escupirle a la gente? no, claro que no, soy una princesa-   fingiendo indignación.

-Tengo sed cariño. Quiero tragar tus babas-  le susurra mientras le acaricia el brazo.

-Ay papá. No sé...-  indecisa.

-Tú prueba-  en tono de súplica.

Selena se arrodilla sobre su toalla de corazones al lado de la tumbona en la que reposa su padre. Se acerca un poco más y tímidamente deja caer un hilo salival dentro de la sedienta boca de su padre. No tarda en soltarse e incrementar el flujo. Lo cierto es que las pupilas gustativas de Daniel no podrían percibir la diferencia entre las babas de su preciosa hija y las de su asqueroso vecino Manolo, pero el simple hecho de saber de su origen convierte ese néctar en el brebaje más sublime del planeta a pesar de estar servido a temperatura ambiente. La transferencia se dilata en el tiempo gratificantemente hasta que el lento acercamiento de Selena causa la unión de sus labios. Ambas lenguas no tardan en intervenir pero Selena no está dispuesta a venderse tan barata.

S: No, espera, lo siento papa... no puedo.
D: ¿Que ocurre cariño? ¿No te gusta?
S: Claro que sí pero yo no soy un premio de consolación.
D: ¿Pero qué dices? Tu no... ¿Pero cómo...?
S: Tú quieres a Katia.


Daniel se siente emocionalmente apaleado y mangoneado por los recientes acontecimientos y ni el mismo tiene las cosas claras pero es una verdad irrebatible que quiere comerse a Selena sin más dilación ahí mismo.

D: No, ahora te quiero a ti. Tú lo has dicho: Katia es mala. Me hace daño.
S: Primero yo, luego ella. Antes a Katia. Ahora a mí ¿y luego?... ¿luego le toca a ella de nuevo?
D: No, no es eso.
S: Debería darte vergüenza papá. Mamá está currándose la comida para todos en la cocina y tú aquí...
D: ¿Yo aquí?
S: Tú aquí intentando enrollarte conmigo después de haber estado tirándote a tu otra hija estos días.
D: No, no es lo que parece. Yo no soy una mala persona. Lo que ocurre es que tengo problemas...
S: No te justifiques. Mala persona no sé pero mal padre seguro. A veces creo que eres tu quien juegas.
D: ¡No! Te aseguro que no es un juego para mí.

Mientras intenta convencer a su niña de sus buenas intenciones una frase lejana suena desde el otro lado de la casa: "-¡me voy, hasta luego!". Katia se despide de su madre a pleno pulmón desde la puerta principal. Daniel interrumpe bruscamente su discurso y dirige la mirada a la pared como si tuviera visión de rallos X para atravesarla. Por un momento parece olvidarse de Selena.

-Se va-  rotundamente ella.

-¿Qué? ¿Por qué? ¿A dónde? ¿Con quién?-  con cierto grado de preocupación.

-¿A caso importa?-  esgrimiendo su indignación.   -¿Por qué no corres detrás de ella?

Daniel se percata del hastió de su hija y de lo inapropiado de su reacción e intenta reconducir la situación relajando de nuevo los músculos de todo su cuerpo que se habían tensado "injustificablemente" por completo. No contenta con eso Selena mete el dedo en la herida.

-Creo que se va con Edu a comer-  con cierta burla malévola.

-No me importa si tú estás con migo-  mientras le coge la mano.

-¡¿Pero qué dices?! Eso no te lo crees ni tú-  deshaciendo el enlace ofendida por tal insulto a su inteligencia.

-Tienes razón cariño, me importa pero quisiera que no me importara-  victimista.

-No me importa lo que piensas, en todo caso me importaría lo que sintieras-  dolida.
-Te necesito Selena, te necesito más que nunca-  con un indigno grado de desesperación.

-No soy... morfina, o lo que sea que se pincha la gente para el dolor, soy una chica sana, joven, inteligente y preciosa que podría estar con el chico que quisiera. Alguien de su misma edad que la merezca y por su puesto... que no sea un familiar directo que se tira todo lo que pilla estando casado-  se despacha a gusto poniendo a su padre en su sitio. Tocado y hundido.

-No, no... Yo no hago eso. Te diré que en este último año solo he hecho el amor con vosotras 2-  achantado.

-No papá. A mí no me hiciste el amor. A mí me violaste por el culo-   fustigándole con sus argumentos certeros aunque descontextualizados.

-Pero tú querías...-  perplejo no logra terminar la frase viéndose interrumpido.

-¡No! yo me estaba marchando enfadada a mi habitación. No quería eso-  le rebate airada.

-Pero... pero te gustó... además, tu dime porque estabas enfadada cuando te ibas-

-Porque... no parabas de correrte solo en ella. Katia me estaba ganando en todo-

-Ah, así que se trata de eso-  Daniel recupera de pronto una calma sabiéndose aventajado con nuevos argumentos.

-¿A qué te refieres?-  temiendo haber dado un paso en falso que deslegitime su enfado.

-¿Quien juega con quién? ¿Katia te estaba ganando? ¿A caso soy un trofeo para la ganadora de vuestro juego?

-Nooooh,  mmmmm-

Se establece un silencio reflexivo donde la ira de Selena se apaga sofocada por un chaparrón de lógica conceptual. Ella mantiene baja la mirada mientras intenta arrancar de nuevo con un: "no es eso, es que..." mientras se aparta tímidamente el pelo de la cara. Daniel no quiere echar más leña al fuego y una vez restaurado su estatus en esa conversación prosigue recuperando su tono más tierno:

-Eres la chica más preciosa del mundo entero y te quiero con locura. Cuando se mezclan estas dos verdades me explota algo dentro que apenas puedo contener y si encima me provocas como lo haces... pierdo por completo cualquier control que pueda tener sobre mí mismo-

-Sí. Es verdad papá. Lo siento. Es culpa mía. De ahora en adelante procuraré no provocarte, así te será más fácil-

Selena aparta la mirada hacia un lateral como si hubiera dejado atrás ya esa conversación. Sus tetas se realzan eróticamente cuando ella curva la columna intentando favorecer el acceso de sus propias manos hacia atrás para desabrocharse la parte de arriba de su bikini. Daniel no da crédito a lo que sucede hasta que ese fino trapito se desvanece sacando a relucir ese par de jovencísimos pechos pálidos. Los latidos del corazón de papá se convierten en verdaderos leñazos y sus atosigados ventrículos bombean a la par todo su pánico y lujuria a raudales. ¿Cómo la simple presencia de un buen par de tetas mojadas puede zarandear salvajemente el equilibrio de un hombre?

-¿Pero qué haces loca?-  susurra con toda su urgencia.

-Nada, es que voy a tomar un poco el sol-  contesta ella con indiferencia mientras prepara su toalla grácilmente.

-Pero es que te pueden ver-  replica con cierto grado de desesperación.  -¿Y si se asoma mamá?

-Ay, papá, que no estoy haciendo nada malo. Solo tomo el sol.

-Pero q. no. cm. n...-

Daniel mira a su alrededor. Si bien el jardín donde se encuentran no está dotado con muros ni vallas que delimiten su propiedad, bien es cierto que una serie de árboles y arbustos estratégicamente situados les dan cierta privacidad. Además, la calle residencial donde se encuentra es abierta y espaciosa nutrida solo de casas bajas. Mientras recupera cierta normalidad en su pulso solo ve a lo lejos algún que otro vecino paseando el perro o algunos niños jugando a pelota. Intenta relajarse y respirar hondo. Tras unos breves instantes se plantea levantarse y entrar en casa para huir del peligro que le acecha pero se da cuenta enseguida que alejarse de su niña es lo más contrario a lo que realmente quiere hacer. Por un momento piensa en qué estará haciendo Katia con el dichoso Edu: "otro soplo de ansiedad en el corazón". Un leve suspiro reclama de nuevo su atención. Selena cambia levemente de postura. Está tumbada boca-abajo con lo que sus apetitosas peras están a buen recaudo; aun así, su estrecha espalda desnuda le parece igualmente sugerente coronada por ese precioso pelo mojado. Los hambrientos ojos de Daniel recorren el precioso cuerpo de su hija hasta bordear esas sublimes nalgas parcial y desigualmente descubiertas por una tela que lleva un buen rato sin ser acomodada. Mientras ella toma el sol despreocupadamente un bochornoso bulto se hace notar en el bajo vientre de su padre. Crece lentamente pero con firmeza mientras deforma ese bañador granate y negro. Esa vigorosa protuberancia parece relevar al cerebro de su dueño tras un calenturiento golpe de estado biológico y empieza a discurrir por si mismo gobernando todo su cuerpo. Desde su situación, sus ojos alcanzan a ver la ventana de la cocina donde su mujer estará preparando la comida. Está adecuadamente cerrada para no despilfarrar el aire acondicionado y en un ángulo suficientemente inclinado para suponer que ella no pueda verles sin asomarse.

El sol pega fuerte. Selena tiene una piel tolerante a los rayos UVA pero empieza a temer por la integridad cutánea de su espalda. Quizás debería ponerse crema solar aunque de momento solo opta para dar un paso más en su perniciosa contienda con papá. Cuidando la estética de sus movimientos eleva su femenino torso para darse la vuelta pero cuando finalmente mira a su padre esperando encontrarse con su babosa mirada, encuentra a un hombre completamente desnudo sobre esa cómoda tumbona quien reposa con los ojos cerrados. Una súbita aspiración cortada delata su sorpresa. Alertado por tal reacción, Daniel alcanza la cúspide de esa sensación de desnudez que le inquietaba en los últimos minutos e intentando aparentar una tranquilidad absoluta se pronuncia:

D: ¿Que te ocurre cariño?
S: ¿Pero qué haces papá?
D: Tú tenías razón. No es nada malo. Solo tomamos el sol en nuestro jardín.
S: Ya, pero...
D: Llevaba muchos años deseando tener piscina y ahora no voy a permitir que mi vergüenza me prive de disfrutarla al máximo.
S: Pero papá... tienes el pito suelto.
D: ¿Y qué? Ya me lo habías visto antes, y yo tus tetas... ¿a qué viene esa novedad?
S: Pero no a plena luz del día. ¿Y si te ve mamá con la...poya hinchada aquí conmigo?

Selena mira a su alrededor. Descolocada se siente en la cuerda floja a pesar de no detectar ninguna mirada ajena a lo lejos. Instintivamente se tapa los pechos con su brazo cosa que aún tensa más la lívido de su padre. El pene de Daniel luce de un modo muy distinto bajo la intensa luz solar. Hasta ahora, ella solo había visto ese poderoso pedazo de carne de reojo y discretamente alumbrado por la tenue claridad de una pequeña lámpara en la mesita de noche de mamá. Esta vez se permite mirarlo de frente sin perjuicio alguno. Está enrojecido y reluciente, abrazado por el notorio relieve de unas venas azules. Su grosor es incuestionable ya y la piel que contiene ese palpitante deseo incestuoso se tensa aún más con cada latido. Ella se conoce como la única causa de ese torrencial riego sanguíneo, cosa que la hace sentir muy deseada a pesar de la aparente tranquilidad de su padre. La chica está arrodillada, sentada sobre sus propios pies muy cerca de esa tumbona acolchada que apenas se eleva 2 palmos del suelo. Como quien coge un manubrio agarra ese nabo y empieza a manejarlo de modo inexperto y con poca gracia; pero el simple hecho de que Selena juegue con su poya causa gran placer a su padre que nota el aliento de un jugoso devenir ya muy cercano. Daniel articula su poya con notorias contracciones fálicas que sorprenden a su hija, desconocedora ella de la movilidad de dicho miembro. Fascinada, se acerca y empieza a usar las dos manos para efectuar un masaje de connotaciones más identificables. Empujada por el calentón empieza a escupir al glande con una técnica lamentable fruto de la cual la mayoría de sus babas caen sobre sus preciosas tetas. Acomoda más su postura y prosigue inundando el nabo de papá. Daniel siente una vertiginosa escalada lujuriosa que le hace olvidar todo lo demás mientras esparce la humedad por esos gloriosos pechos tan firmes con su mano izquierda. Selena también ha perdido su claridad mental y presa de un pecaminoso apetito empieza a engullir la polla de su padre sin ninguna clase de austeridad salival y sonora. Parece atragantarse con ella y hasta se le enrojece el rostro levemente. Papá se agarra fuertemente a la tumbona como temiendo perder el norte. Aturdido por la intensidad de este momento intenta empaparse de su significado: Selena nunca le había comido la polla, ni a él ni a nadie como queda patente por su manera de manejarse. Aun así, ese acto se viste con sentimientos tan intensos que ni la más experta y cara de las putas podría hacerle sombra a esa mamada. Daniel está malito. Mientras su hija le chupa los huevos llega a ese punto en que la calentura ya resulta insostenible. De pronto un sonido ajeno les golpea con un mazazo de pánico. La ventana de la cocina se abre y Mariela saca la cabeza buscándolos:


M: ¡En 20 minutos la comida estará lista!

S: ¡Vale mamá, ya iremos!

M: ¡a ver si para entonces está la mesa preparada!

La chica ha contestado espontáneamente con una voz notoriamente truncada y temblorosa. El largo pelo disimula su desnudez superior. Daniel ha tenido tiempo de tirarse el bañador encima para simular normalidad en su indumentaria. De haber prestado atención Mariela se hubiera percatado de que algo extraño pasaba en su jardín pero su preocupación estaba puesta más bien en sincronizar los fogones.

-¡oh! que susto papá-  con los ojos muy abiertos y sin parpadear.

-Ha ido de poco-  restaurando su respiración previamente paralizada.

-En que estaríamos pensando... ¿Y si la ventana no hubiese hecho ruido al abrirse?- sorprendiéndose del peligro.

-Ni si quiera había pensado en eso-  con una sonrisa de alivio.

-¿Y tú eres el adulto?-  negando con la cabeza.

-!Ufffff...que calor!

El sofoco provocado por tal inesperado sobresalto no hace más que multiplicar el bochorno de un día tan soleado. Daniel logra a duras penas recuperar el control sobre su motricidad y se encamina apresuradamente hacia las refrescantes aguas de la piscina. Anda con el culo al aire deseoso por darse un buen chapuzón reparador que ahogue ese asfixiante calor. Selena termina de secarse las babas y se dispone a colocarse la parte de arriba pero no localiza la prenda en cuestión.

-¿buscas esto?-  le pregunta Daniel chistosamente.

-¡Papáaaaa!-  protesta ella.   -¡tíramelo!-

El atavío queda flotando huérfano y a la deriva. Selena viste con una sonrisa el desafío y se lanza de cabeza al rescate pero al emerger no logra vislumbrar de nuevo su pretendido atuendo.
S: Si no me lo das voy a entrar así en casa. D: ¿Y qué dirá tu madre?
S: Le diré que tú me lo has quitado.

Consciente de quién está saboteando su búsqueda, la chica se acerca a su padre juguetonamente para arrebatarle lo que le pertenece. Daniel continua completamente desnudo. Ha dejado su bañador en la orilla justo antes de entrar. Finge esconder algo a su espalda con las manos para engañar a Selena que lucha con rápidos movimientos para alcanzar su objetivo, pero papá lleva ventaja ya que, a pesar de que los dos hacen pie, él es más alto y el agua no condiciona tanto su movilidad. El rifirrafe de la lucha causa joviales fricciones subacuáticas entre ambos cuerpos evidenciando el vigor latente de la quinta articulación de Daniel que no ha cesado en todo el rato y que permanece cargada con toda su munición.

S: ¡Pero papá, dámelo que es mío!
D: ¿A caso... acaso lo has pagado? Es mío, yo lo pagué. S: ¿Pero cómo quieres que cubra mis preciosas tetas?
D: Yo me ocupo de eso.

Daniel toma la iniciativa saliendo del acoso de su hija y la abraza por la espalda apresando sus firmes pechos con sus grandes manos. Selena mira de nuevo la ventana de la cocina sabiendo que su situación no es tan ventajosa como cuando estaba junto a la tumbona y que una simple mirada de mamá podría descubrirlos. A penas ve su ajetreado moño apareciendo fugazmente. Notando su propia desnudez capturada por las fuertes manos de papá se siente reconfortada aun habiendo perdido el contacto con el suelo de la piscina; segura a la vez que frágil ya que su discreción pende de un hilo a plena luz del día y encontrándose al aire libre, a la vista de cualquier mirada inoportuna.

-Mamá-  pronuncia ella tímidamente sin que hagan falta más palabras.

-Vamos al borde-  susurra él tendenciosamente.

Daniel ha captado el mensaje y consciente de que están transgrediendo de nuevo los límites más elementales de la prudencia conduce a su presa surcando las aguas cloradas hasta que su niña logra sujetarse al rugoso limite ya muy cerca de la casa. Un ángulo tan cerrado legitima a papá para masajear ávidamente las tetas de Selena mientras le lame el cuello y la espalda. Esta zona es más profunda y ella ya no alcanza a tocar el suelo. Por un momento intenta resistirse al notar que su padre le baja el bañador pero está tan caliente que pronto cae vencida por sus ardientes deseos y se deja hacer emitiendo solo algunos vocablos de negación sin ningún convencimiento. Daniel hace oídos sordos y procede arrastrado por un descomunal torrente pasional que lo ha llevado muy lejos de las preocupaciones que lo atormentaban a primera hora del día y que nutre su consciencia de una felicidad tan intensa y cálida como el sol que corona este veraniego domingo de verano. Su juicio yace completamente anulado por la dictadura que acaudilla ese fulgurante pedazo de carne repleto de fervor incestuoso que se infiltra entre los carnosos muslos de Selena. Ella nota inminente e inevitable la extinción de su virginidad vaginal al sentir el roce malintencionado de ese intrépido glande que lidera el vigor de un interminable tronco fálico ansioso por penetrarla hasta lo más hondo. Daniel hubiera querido no apresurarse tanto y ser cuidadoso con su niña pero algo mucho más poderoso que él le empuja a follarla con urgencia y una vez encontrado el camino aprieta el culo para imprimir más fuerza a su poya, la cual que se adentra muy dentro de ella.

-Ah,ah, papá, con cuidado-  llena de fragilidad.

-Sí, sí, cariño, lo siento, perdona, oh, ooh...-  consciente de su desgobierno corporal.

-Mmmh, Mhhhh, Mmmmh-  Selena se muerde el labio inferior para contener sus jadeos.

Daniel se siente esclavo de su propio deseo incontrolable y posee a su amada con todo su físico usando sus manos con entusiasmo para reconocer cada uno de los encantos prohibidos de su tierna víctima. Selena nota esa sensación tan nueva para ella. Nota el enorme pene de su padre entrando muy a dentro. Tiene su mirada perdida hacia la ventana de la cocina pero su visión está nublada por abrumadoras sensaciones que eclosionan relegando su dolor a un segundo plano e inundando su alma con un océano de placer. Barrida por una precoz explosión, se corre multiorgásmicamente de un modo tan intenso que casi pierde el sentido. Cuando aún no ha salido del shock y presa del frenético ajetreo que la azota a su espalda, vuelve a abrirse la ventana de la cocina, Ella está aturdida por unos orgasmos tan intensos a la vez que prematuros y no es capaz de reaccionar.

-¡Vamos! ¡A poner la mesa!-  dice Mariela sin siquiera asomarse.

De nuevo latidos de pánico golpean su pecho con fuerza. Daniel, fuera de si prosigue con sus envestidas que de tan intensas provocan olas a su alrededor. A penas asume la posibilidad de sumergirse de golpe si Mariela se decidiera a asomarse pero no puede parar ahora.


-¿Pero qué haces papá?¡suéltame! que la ventana está abierta-  dice condicionada por una rápida respiración.

-Un momentoooo, un momentoo cariñooo-  suplica él sin atender a razones intensificando más su ritmo.

En pocos segundos, Selena logra recuperar algo de sensatez y sabiéndose al borde del abismo emprende una inesperada huida que coge a su padre desprevenido: tras unos anecdóticos pataleos infructíferos, usa su agilidad para impulsarse hacia arriba con sus brazos escabulléndose de papá. Él no parece dispuesto a dejarla escapar y la sujeta por los muslos truncando su decidida trayectoria. Múltiples factores atacan a la chica haciéndola sentir más vulnerable que nunca: la desnudez de su torso fuera del agua, la inmovilización que la aprisiona, la inexistente distancia que la separe de la ventana abierta de la cocina, la reciente profanación de su parte más íntima... Daniel parece ajeno a todos esos condicionantes y usa su boca y su lengua para devorar enfervorizadamente el culo de su niña. Selena nota esos mordiscos anales y esa intrépida lengua adentrándose entre sus nalgas hasta que de pronto logra por fin salir del asedio y se arrima a la pared. Su acosador se dispone a proseguir la persecución pero cuando ya tiene medio cuerpo fuera del agua, algo le para en seco.

-¡Dani! ¿Qué hacéis?¿dónde está tu hija? La comida ya está lista-

Paralizado, Daniel mantiene su miembro erecto oculto bajo el agua junto con el resto de su injustificable desnudez inferior. Mira a Mariela viendo en el mismo plano a Selena, quien termina de subirse la parte inferior del bikini cautelosamente pegada a la pared cobijada en el ángulo muerto de su madre.
-Voy a buscarla, creo que está por ahí detrás duchándose para sacarse el cloro- dirigiendo falsamente la mirada hacia su derecha.

- Vamos-  dice ella tras una breve pausa.

Daniel mira a su hija haciéndole una mueca silenciosa para transmitirle que tiene vía libre. Una vez localizada la prenda que le faltaba, ella se dispone a completar su indumentaria rápidamente y a seguir el guion relatado por su padre, el cual, recuperando su sentido común, opta por poner fin a su vergonzosa desnudez antes de salir por la zona menos profunda.

Ya bajo el chorro de la ducha del jardín, Selena parece sentirse a salvo por fin pero de las pecaminosas aguas piscineras de los Valverde emerge una criatura que tiene un asunto pendiente bajo su oscuro bañador. La ducha está ubicada en un rincón formado por las habitaciones de Katia y Selena ya fuera del alcance del prisma que ofrece la ventana de la cocina. Una breve mirada previa de Daniel a su alrededor certifica la intimidad de la que disponen y le autoriza para desenfundar de nuevo.

-No papá... me duele-   con tono de súplica.

-Esta bomba no puede desactivarse amor, y la explosión es inminente-  mientras la acorrala contra la pared.

-Pero es que... era virgen-  al borde del llanto.

-Vale cariño, no te preocupes, lo aremos como la otra vez-  mientras libera de nuevo esos divinos pechos adolescentes.

Daniel abre el grifo de la ducha y se sienta en el suelo reclinado en la pared mientras Selena procede sin mucha convicción sentándose sobre él con una rodilla a cada lado. Aparecen tiernos besos y caricias dando continuidad a tales acercamientos hasta que una inesperada incursión digital en el culo de la chica rompe de un plumazo todo el romanticismo que pudiera albergar tan improvisado romance. Ella se siente violada por un momento pero tras la sorpresa inicial empieza a prestarse a tan sugerentes tocamientos. El refrescante goteo de la ducha salpica insistentemente los actores de la escena convirtiendo en destellos fugaces los intensos rallos del sol. Con la impaciencia que le otorga su flagrante erección, Daniel adapta el gesto para no demorar más los acontecimientos y aparta la tela para penetrar de nuevo a su hija. Ella gime de nuevo al sentir como el pollón de su padre se abre paso entre sus nalgas entrando de nuevo en ella sin haber tenido demasiado tiempo para lubricar. La primera incursión es costosa y parece filmada a cámara lenta pero poco a poco el ritmo se intensifica exponencialmente a medida que Selena se emociona de nuevo con ardientes anhelos y colabora con serpenteantes movimientos que hacen todavía más excitante su espectacular figura rebosante de erotismo desenfrenado. Su pasión convierte en sonoros unos jadeos que pretendían ser discretos y una simbiosis orgásmica empieza a sincronizar sus acelerados cuerpos a otro nivel. Parece que nada importa lejos de esta trepidante escalada que se dilata bochornosamente en el tiempo bajo la refrescante agua que llueve sobre ellos. Todo el sentido de su existencia se concentra en una gloriosa explosión. Si, ahora, ahora, ya! se funden ambos cuerpos en un estático e intenso abrazo a penas inmutado por leves contracciones residuales. La cinética se ve relevada de golpe por la química más íntima y arrolladora que barre todo a su alrededor. Solo un par de ajetreadas respiraciones enlazan unos momentos tan distintos tras el punto de inflexión: mismo lugar, mismos protagonistas... pero unos pocos segundos separan la tensión más erótica de la relajación más placentera.

ereqtus ereqtus




No hay comentarios :

Publicar un comentario en la entrada

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...