miércoles, 8 de julio de 2015

Mi padre, mi maestro (Relato Corto)


Mi padre me acostumbró a ser tocada por él desde pequeña. Sus acercamientos siempre fueron naturales, espontáneos y muchas veces necesarios para mí. Mi erotismo, estimulado diariamente por mi padre, reclamaba satisfacción tal como él me lo había anticipado un día. “Cuando tengas ganas, vienes y yo te las quito”, “no quiero que nadie más te toque hasta que te cases” me decía.

Todo comenzó a mis 4 o 5 años. Mi padre me sentaba en un mesón de la cocina, me abría las piernas y me examinaba “, a ver cómo está creciendo mi nenita” me decía. Rara vez me bañaba mi madre, siempre lo hacía él. Me enseñaba cómo lavarme los genitales. Un día mi madre entró al baño repentinamente y lo vio acariciándome la entrepierna. “Esa niña está muy grande para que la bañes” le dijo. Él se lo tomó en broma, “sólo estamos jugando, y a ella le gusta, mira”….mientras me besaba la vulva por fuera y cuando mi madre no miraba me metía un poquito la lengua. Mi madre salió del baño y él siguió lamiéndome. Fue la primera vez que tuve un orgasmo, pero yo no lo sabía.

Luego me secaba, me llevaba a mi cuarto, me ponía el pijama, me acostaba boca abajo y me acariciaba la espalda hasta que me durmiera. Sus manos bajaban hasta mis nalgas y de repente me toqueteaba la vulva. Muchas noche me desperté sintiendo la lengua de mi padre hurgándome la vulva, lamiéndola, chupándola suavemente, introduciendo su lengua en mi vagina, empujando mi himen, abriéndose camino. Yo me sobresaltaba, él me tranquilizaba, “es para que duermas mejor”, me decía. Y yo me dormía sintiendo su lengua recorrerme con una tierna lascivia que aún rememoro en mis fantasías.


Con el tiempo y por asuntos de trabajo, mi padre compartía menos con nosotros, pero cuando llegaba a casa no perdía oportunidad para tocarme. Mientras me ayudaba con las tareas me sentaba en sus piernas y por debajo de la mesa deslizaba sus manos dentro de mi braga y me frotaba suavemente, mientras me explicaba las lecciones escolares. Le gustaba tocarme frente a terceros, disimuladamente. Una vez en una fiesta a la que asistimos toda la familia mi padre se sentó en una mesa alejado, me llamó para decirme algo, me sentó en sus piernas, me apartó a un lado la braga e introdujo su dedo en mi vagina un poco, hasta donde el himen se lo permitía. Y allí me tuvo un rato, yo saludando disimuladamente a la gente mientras él me tocaba, me apretaba el clítoris, me lo jalaba, y yo me estremecía de los nervios.

Otra noche mi padre hacía un trabajo en casa con uno de sus empleados. Era tarde, yo no me podía dormir y lo llamaba cada cinco minutos. Hasta que me dijo “ven que yo te duermo”, trae tu cobijita”. Me acosté al lado de él en el sofá de la sala, él me abrazó por debajo de la cobija y con una de sus manos comenzó a masturbarme hasta que me tranquilicé. Todo delante del señor, pero no se veía nada. Así era él imprevisible y repentino.


Mi padre enriqueció mi vida sexual. Actualmente tengo 32 años, estoy felizmente casada, mis mejores fantasías me las proporcionó mi padre con sus toques largos y silenciosos, inoportunos, acertados y perturbadores.
No reivindico el incesto como práctica sexual. Sólo quise compartir mi experiencia como otro punto de vista sobre el tema.

Mariana

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