martes, 11 de agosto de 2015

Hermanos y amantes (Relato Corto)


Existen dos cosas en el mundo que me apasionan: la primera es patinar. Desde pequeña me llamo la atención, en especial el patinaje sobre hielo, de manera que nunca faltaron un par de patines en mi alcoba, primero con ruedas y después, cuando hubo una pista de hielo en la ciudad donde vivo, con afiladas navajas. La segunda es el sexo. Actualmente tengo veinte años y disfruto al cien por ciento mi sexualidad, creo que soy una gran adicta. Quiero contarles mi historia y espero que les agrade, o mejor aún, les excite como me han puesto a mil a mí, cada uno de los relatos que he leído de ustedes.

Mi nombre es Nadia. Vivo con mi madre, la cual ha hecho un esfuerzo extraordinario por sacarnos adelante, ya que mi padre nos dejó hace ya bastantes años, como para poder recordarlo, y mis hermanos, Carolina de veinticuatro años y Julio de veintiséis.

Carolina, es enfermera. Es muy bonita, su piel es blanca y el pelo castaño oscuro, además, tiene los ojos azules más bonitos que haya visto en alguna persona; de verdad es una hembra deliciosa, que causa que la deseen más de tres pacientes y doctores en el hospital donde trabaja. Por su parte, Julio da clases de fotografía en la universidad donde estudio, y no pierde la oportunidad de tirarse a alguna que otra alumna de vez en cuando.



Mi historia comienza cuando tenía quince años. Como les decía, me encanta patinar, y por aquellos tiempos, acababa de ingresar a un curso de patinaje sobre hielo en una pista nueva que abrió en mi ciudad. La verdad, estaba cumpliendo un sueño de adolescente y me sentía muy bien con lo que pasaba en mi vida. Había terminado la escuela secundaria y me preparaba para enfrentarme a la preparatoria, así que mi pasatiempo eran los patines y aquellas vacaciones abarcaban toda mi mente y mí tiempo. Mis hermanos por su parte, con un poco más de madurez, se divertían de otras formas; por ejemplo, mi hermano Julio, no dejaba los videojuegos y estos mezclados con las labores escolares, lo encerraban en su cuarto sin salir más que para comer o al baño, mi madre decía que era típico de la edad, pero la verdad, a mí no me importaba lo que hiciera. Mientras tanto, Carolina, recién había entrado a la escuela de enfermeras y se convirtió en un hábito verla de blanco a todas horas y en todo lugar.

Cierto día, regrese de la pista un poco cansada, me había llevado a casa la mama de una amiga del curso, ya que mi madre me había dicho que iba a salir de casa y no regresaría hasta la noche. Por su parte, mis hermanos deberían estar cada uno en sus actividades, de manera que pensé estaría sola en casa hasta muy tarde. Subí confiadamente la escalera, rumbo a mi cuarto, pero al entrar al pasillo, me dieron ganas de ver alguna película de mi hermano. Deje mis cosas en mi habitación, y busque en su recamara alguna cinta que me llamara la atención.

Si estaba buscando una cinta que me llamara la atención, la encontré. Casi en medio de una pila de casetes de video, encontré uno que estaba marcado como: Carolina + Julio. No supe de que trataba y decidí verlo. Supuse en un principio que era un video familiar, pero, los recordaba todos, no era posible que nunca hubiera visto este. Una vez en mi cuarto, puse la cinta en la video y me tumbe en la cama aun con el set de patinaje, esto es, las medias, las bragas y el corto vestidito de algodón azul pastel con el que había entrenado. El video comenzó.

Lo primero que apareció en escena fue la habitación de Caro. Ahí, sentado en los pies de la cama estaba Julio esperando algo. De pronto, Carola entro enfundada en su uniforme de enfermera y se acercó a él. Cuando pude ver lo que ocurrió después, se me helo la sangre. No pude más que llevarme la mano a la boca para contener la impresión que me causo ver a mis hermanos besándose dentro del cuarto. No podía creer que estuvieran haciendo eso entre ellos. Sin poder pensar, me acerque un poco más al televisor y deje seguir el espectáculo.


Ahora, ambos se habían puesto de pie, Carolina, se veía muy linda, me di cuenta que estaba arreglada como para una fiesta, solo que vestía su uniforme, mientras que Julio en cuestión de segundos se había quitado la playera y quedo desnudo del torso. Valla que disfrutaban los besos, poco a poco pude ver como sus lenguas jugueteaban mutuamente, mientras pequeñas gotas de saliva escurrían por las bocas de ambos. Toda la acción era acompañada por un baile de caricias que encendía el calor al su alrededor. Las manos de mi hermano, poco a poco levantaban la falda blanca de Carolina y astutamente se infiltraban hasta su conejito dándole un fabuloso masaje.

Lentamente, se fueron acercando a la cama hasta que se sentaron a la orilla; no dejaban de mirarse, cualquiera que no los conociera, y los hubiera visto así en la calle hubiera pensado que estaban enamorados uno del otro. Las miradas no duraron mucho, no tardaron mucho en volverse a enfrascar en un desenfrenado beso francés.

Yo estaba petrificada, era la primera vez que veía besarse a alguien de esa forma, peor aún, en mi interior intuí lo que estaba a punto de pasar, y eso me puso más nerviosa. Otra vez, me acerque todavía más al televisor absorta en el espectáculo, sin hacer ningún ruido, conociendo lo prohibido del video seguí mirando.

Julio y Carolina, estaban sentados en la orilla de la cama todavía, pero ahora no solo eran besos, sino que las manos de mi hermanito ávidas de deseo, ahora retiraban la blusa y el sostén de mi hermana tan candentemente que, a ese paso, no tardaría mucho en desnudarla por completo. Al intentar quitarle el sostén encontró un poco de problemas, ya que quiso hacerlo sin dejar de besarla, pero ante lo chusco del momento, Carolina dejo de lamer sus labios y con una sonrisa hermosa se quitó ella misma la prenda. En el momento en que se separó de su piel, las tetas de mi hermana dieron un brinquito y se acomodaron firmemente para ser agobiadas inmediatamente por las manos y la lengua de Julio.

No podía creerlo, mis hermanos se estaban follando. Pasaron muchas cosas por mi cabeza, quise detener el videocasete, pero me detuvo el hecho de que me gustaba lo que veía, la verdad, no sabía qué hacer, estaba tan nerviosa, que no me di cuenta cuando aquel pánico se convirtió en excitación.

La temperatura no terminaba de subir, casi en un abrir y cerrar de ojos, las tetas de Carola, estaban empapadas de saliva. Ella parecía disfrutar tremendamente cada lengüetazo en los pezones, los cuales, estaban tan duros y paraditos que despuntaban aún más con los apretones de las manos de su amante. Al otro lado de la pantalla, el calor también aumento. Sin darme cuenta mi mano ya estaba acariciando mi entrepierna imitando lo que veía hacer a Carolina, la cual restregaba sus manos por debajo de sus bragas aumentando la calentura de la escena, lentamente me acariciaba las piernas cubiertas por la rica textura de las medias. Ante tal situación actuaba como una boba, ya que era la primera vez que me pasaba todo esto, así que no sabía cómo reaccionar ni que hacer, solamente hacia lo que veía.

Tras una pequeñísima distracción puse mi atención otra vez en la tele. Carolina estaba irreconocible, los gestos de su cara nunca los había visto, eran los de una hembra súper caliente desesperada por ser cogida por su hombre. Inclusive su respiración era fuerte y en la actitud parecía conocer todos los deseos de Julio, cuando este termino de lamerle las tetas, ella se recostó en la cama dejando que su hombre, levantándole las piernas le despojara de las bragas que estaban chorreando de jugos. Después, solo quedo con la falda arremangada a la cintura y unos ligueros blancos muy sexis al descubierto. En ese momento la incertidumbre me inundo. De un salto, Carola bajo de la cama y se arrodillo frente a mi hermano abriendo un poco la boca. Rápidamente, bajo el cierre de los jeans de Julio y dejo salir un miembro hermoso que broto como un capullo rojo y palpitante.


Sin pensarlo dos veces Caro lo tomo con la mano derecha y empezó a frotarlo de arriba a abajo suavemente. Me di cuenta que mientras hacía esto, no dejaba de mirarlo a los ojos, regalándole una preciosa sonrisa. Cuando vio que estaba bien duro y paradito, con la punta goteando fluido, se dispuso a devorarlo, pero justo en el viaje a su boca, mi hermano la detuvo con un beso y un lengüetazo en los labios, de esta forma, sin más impedimento, se comió aquel dulce falo recogiendo con la lengua todo el líquido pre seminal que salía. Carolina parecía conocer su trabajo, mi hermanita se deleitaba lamiendo una y otra vez todo lo largo del falo, de vez en cuando, escupía saliva generosamente aquel delicioso capullo para después meterlo entero en su boca. Yo miraba la escena hipnotizada, creo que con la boca abierta.

Hasta ese momento, había sido testigo del incesto de mis hermanos y la manera en se entregaban uno a otro. Había sido una excelente idea haberse grabado en video lastima (para ellos) que no lo escondieron bien. Me excito mucho pensar en ambos, tirados en la cama, mirándose en el televisor con las caras cambiadas por el placer. Sin duda, Julio había puesto la cámara en un triple y planeo todas las características del video, ya que en cierto momento, la escena se cortó para cambiar a una más cerrada captando la carita de Caro comiéndose a Julio.

Me encanto aquella escena, de lejos, apenas y podía tomar nota de cada lengüetada que daba, pero ahora, podía ver cada detalle. Mi hermana, ciertamente disfrutaba lo que hacía, la saliva escurría de su boca formando unos hermosos hilitos de jugo entre sus labios y la punta del falo erecto. Por mi parte, estaba tan excitada, que no podía más que mantenerme sentada en la orilla de la cama, frotando mi conchita por encima de la ropa que me cubría. Cada segundo, cada escena que pasaba significaba un descubrimiento sobrecogedor para mí. Estaba caliente y deseosa de más, en realidad, nunca en mi vida me había sentido de esa manera.

Justo cuando comenzaba a disfrutar de mis deditos en la concha, escuche el estrepitoso sonido de la puerta de la casa cerrándose en el piso de abajo. El pánico me invadió y rápidamente quite el casete y corrí a dejarlo en su lugar, como pude, sin hacer ruido corrí a mi cuarto y me encerré esperando que mi travesura pasara inadvertida. Un instante después, me di cuenta de que Julio había llegado a casa.

En mi recamara, los minutos pasaron lentamente mientras pensaba en lo ocurrido tendida boca arriba en la cama frotándome el coño con los recuerdos del video; un sin número de ideas y pensamientos, asaltaron mi mente, en fin, no podía pensar. En un instante, sin más ni más, me decidí. Corrí al baño, me quite el traje de patinar, y quede en las bragas y en una playerita que alcance a ponerme. Como niña pequeña, di un salto y me puse de rodillas en la cama frente al espejo de la cómoda. Me deshice de mis bragas y acerque suavemente mis dedos a mi vagina. ¡Oh sorpresa! Ya estaba húmeda... muy húmeda... Me acaricie con detenimiento, quería sentir cada milímetro de esa zona tan sensible y hasta ahora misteriosa. Tuve curiosidad por saber cómo se veía, me senté y con mis piernas bien abiertas me acerque lo más que pude al espejo frente a mi cama. Me gustó mucho lo que vi... mi linda conchita, colorada, brillante por la presencia de sus jugos, me excite muchísimo. Sobre todo pensando en lo que había visto. Instintivamente, separe los labios con los dedos de una mano mientras con la otra busque mi excitado clítoris y lo comencé a acariciar a la vez que puse mi mirada en la entrada de mi vagina.

Definitivamente, estaba en la gloria. Arquee un poco la espalda y empecé a moverme disimuladamente mientras frotaba mi clítoris, a través del espejo notaba como mi coñito estaba chorreando y yo no podía más que frotar y frotar, así, decidí meterme una mano debajo de mi camiseta, aparte el sujetador y empecé a tocarme las tetas como Julio lo hizo con Carolina, a tirar de los pezones que estaban duros debido a mi gran excitación, mi respiración se estaba haciendo más acelerada y sabía que tenía que controlarme, en cualquier momento podría entrar Julio y descubrirme, pero estaba bastante cachonda como para pensar en eso.


Poco a poco, comencé sentir la desesperación propia del preludio de un orgasmo, sentí el coño me iba a estallar de placer, así que sin pensármelo más me desnude por completo y metí la otra mano a mi conchita frotándome más fuerte, mis dedos se deslizaban debido a la humedad que aumentaba cada vez más.

Placenteramente, recorría toda la raja desde el clítoris hasta el culo, era delicioso, riquísimo, esto era increíble, si hubiese estado sola hubiese jadeado, gritado, pero me tenía que controlar, todo esto mientras seguía recreando en mi mente a mis hermanos entregándose el uno al otro.

No podía más, abrí bien las piernas, y moví los dedos con más fuerza y más deprisa, todo esa situación me daba placer y sobre todo morbo, mi espalda se arqueaba, mi coñito chorreaba más y más, quería gritar, mientras con la otra mano me sobaba las tetas, notaba que mi orgasmo se acercaba y que podía llegar en cualquier momento, seguía frotándome más y más deprisa, hasta que como un relámpago, una sensación inaudita recorrió todo mi cuerpo dejando salir de mi conejo un rio de flujos que se desbordaron por mis manos y mis piernas, esto era una maravilla. La corrida que había tenido, mi primera corrida, había merecido la pena. Tirada en la cama, exhausta, seguí moviendo los dedos ya cada vez más despacio hasta que las palpitaciones desaparecieron, necesitaba recuperarme, pero eso sí, estaba dispuesta a volver a vivir otra vez la misma experiencia ya que me pareció maravillosa. Además, mi determinación de pillar a mis hermanos y descubrir su mundo de sexo se convirtió en mi nueva obsesión.

Nunca pensé lo que pasaría el día que decidí revisar la recamara de Julio buscando evidencias. Estaba segura de que la casa era un desierto, de manera que no corría peligro alguno, comencé por la pila de videos de donde había sacado el primero. Uno por uno revise las etiquetas. Estuve tentada a ponerlos en el video, pero me agote con solo pensarlo. Sin duda alguna, yo sabría cuando encontrara algo que valiera la pena.

Nada. En aquel montón, encontré nada. Definitivamente, aquella película era la única evidencia de las relaciones de mis hermanos y para mi mala suerte, no la vi completa. Me conformaba con encontrar el mismo video del día anterior, pero no lo hice. Pero no desistí de mi búsqueda. Al revisar algunas cajas que estaban debajo de la cama, me topé con una en especial que contenía el similar perfecto de lo que estaba buscando. La caja era algo grande, y su carga consistía en una generosa cantidad de revistas pornográficas y películas que a diferencia de la primera estaban en sus cajas con sus portadas.

Saque con un poco de trabajo la cajota, y la lleve a mi cuarto, seguramente estaría más cómoda y seria catastrófico ser descubierta en el cuarto de mi hermano mientras revisaba sus cosas, que en mi recamara en donde no notaria, al menos al momento, la ausencia de sus pertenencias.

Cuando pude cerrar la puerta y encerrarme con llave en mí recamara, estaba un poco agitada por el esfuerzo, de manera, que volví a abrir la puerta quitándole el cerrojo y fui en busca de un poco de agua fresca. Regrese y cerré sin tomar en cuenta que al aventar la puerta, esta quedo entreabierta.

Primero tome todas las revistas para revisarlas. Las primeras tenían imágenes de mujeres posando semidesnudas o completamente sin ropa, nada del otro mundo. Al principio me aburrí un poco de solo ver ese tipo de fotos, aunque me excito la manera en que estaban vestida, pero esa es otra historia, pero conforme avance en la pila de revistas, descubrí otras mucho más fuertes que me encantaron.

El contenido de estas, era de sexo explícito, había chicas siendo folladas, de todos los modos posibles, algunas devoraban las pijas de los tíos que tenían frente a ellas y eso me recordaba a Carolina frente a Julio en su habitación. El recuerdo más claro que tengo de aquellas revistas es cuando encontré las imágenes de una rubia vestida de bailarina de ballet, al principio creí que eran solo imágenes de desnudos, pero me dio gusto darme cuenta en las páginas siguientes, que la graciosa bailarina, era una verdadera zorrita golosa. Las escenas me encantaron, en ellas, la chica se masturbaba deliciosamente por sobre los mallones, dejando empapadas las bragas para después ser fornicada por un hombre precioso.

Hubo un momento en que me imagine a mí misma haciéndolo de la misma forma que la chica de las fotos. Me vi vestida con un traje de patinar blanco, medias y una braga húmeda por la excitación que me provocaban mis deditos. No lo pensé dos veces, deje la revista a un lado y fui a buscar algo de ropa apropiada para realizar mi fantasía. Cuando termine de cambiarme, quede con unos mallones blancos de licra y un vestidito blanco de una pieza con cierre a un costado. Recogí mi cabello y me mire al espejo. Me gusto. Comencé a ponerme nerviosa, pensando en lo que haría, camine a la cama y de un salto subí al colchón tomando nuevamente la revista con una mano, mientras que con la otra, frote mi trémula conchita ansiosa de placer.


Inicie suavemente el toqueteo, poco a poco, mis dedos recorrían mi raja por encima de las medias provocando la salida de pequeñas gotas de jugo que con dificultad podía recoger. Mientras tanto, mi mente estaba en la chica. Las imágenes se amontonaban en mi cabeza y el placer que subía de tono, me inundaba. El ritmo de mis dedos aumento y tuve que dejar la revista frente a mí para poder desocupar una de mis manos para ponerla acción. De esta manera, también empecé a frotarme las tetas por encima del vestido. Era delicioso.

Abrí un poco las piernas y puse mi mano derecha sobre la vagina acariciándola. Pronto, estuve tan caliente que ya no soporte hacerlo sobre la ropa, así que cerré las piernas un poco y baje las pantimedias tanto como me fue posible para que no me estorbara en mi labor. Las abrí de nuevo y continúe. Pronto mi dedo medio se fue hundiendo dentro de la vagina y los gemidos ahogados que el placer me provocaba no cesaban. La humedad ya era bastante. La sensación de frotar mi conejito desnudo, era aún mejor. Empecé a respirar profundo. Lo único que deseaba era que eso jamás acabara, pues me sentía muy bien, tenía placer a cantidad. Me recosté sobre los cojines. No puedo describir lo que sentí cuando ese primer dedo se introdujo por completo en mi puchita. Una vez que lo sentí no pude dejar de desear que estuviera ahí todo el tiempo. A partir de ese día confirme que el sexo era lo mejor del mundo y las nuevas cosas que iba descubriendo me fascinaban.

Me masturbe todos los días en adelante. Lo hacía a todas horas, en cualquier lugar en que podía hacerlo. En la escuela, lo hacía durante las clases; me ponía el suéter del uniforme sobre las piernas, y así podía levantar mi falda para frotarme la conchita. Al sentir el orgasmo cerca, me levantaba al baño de chicas y me excitaba hasta el final, de hecho, algunas veces revisaba que estuviera completamente sola para poder gemir algo fuerte y disfrutar del orgasmo. En fin, aquella caja que había encontrado bajo la cama de mi hermano, me había proporcionado hasta ese momento las imágenes necesarias para masturbarme, pero había llegado el momento de cambiar la diversión por otra más seductora, aunque yo no supiera lo que estaba a punto de ocurrir.

Por nadiak_223 

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