viernes, 29 de abril de 2016

Con Mi Prima Paloma (Relato Corto)


Hola me atrevo a escribir las experiencias que viví con mi prima ya que apenas nos reencontramos y me di cuenta que no es una chava traumada sino todo lo contrario, una mujer que disfruta bastante del sexo y no tiene inhibiciones.

Yo soy 8 años mayor que ella y en aquel entonces ella tenía 10 y yo 18, sus papás habían peleado y su mamá (la hermana de mi mamá) vino a vivir a nuestra casa. Mi mamá como buena hermana se llevó a mi tía de paseo, de compras, a la estética y a varios lugares. Siempre antes de irse me dejaban encargados a mi hermano Fausto que tenía como 14 años y a Paloma, la verdad a mí no me importaba solo decía que sí mientras seguía jugando al play station o viendo tele. Por esas fechas teníamos la costumbre mi hermano y yo de ver películas porno en la tele de nuestro cuarto, así que llegaba de la escuela, le servía de comer a mi prima y me subía en chinga a ver pornografía o jugar al play con mi hermano dejando sola a la niña en la sala. 

Un día al salir del cuarto después de hacerme una paja vi a mi prima salir corriendo a esconderse al cuarto donde ella dormía. Mi cuarto tenía una ventana que teníamos tapada con posters y cartulinas, supongo que quedó algún hueco por el que mi prima se asomaba a ver que hacíamos mientras se sentaba en las escaleras.

-¿Qué viste? Le dije. 
-¿Qué hacían? Me dijo apenada.
-Por eso, dime que viste, le repetí.
-Estaban viendo una película, eso fue lo que vi. 
-¿Cuánto tiempo llevabas ahí viendo?
-Todos los días los veo, es que me aburro allá abajo sola. Sentí algo de pena por ella y me resigné a hacerla pasar.


Mi hermano se asustó al vernos entrar a los dos pero no detuvo la película ni dejó de masturbarse. “¿Sabes que estamos viendo?” y me contestó que no, “deberías ver la película y te voy explicando de que se trata”. Se sentó en la orilla de la cama y miraba la tele y a mi hermano masturbarse, yo la rodee con mi brazo y hasta que la senté en mis piernas. 

Están cogiendo, le dije, él se está cogiendo a esa mujer, y ¿sabes porque lo hace? Porque el cuerpo de las mujeres para eso es, para que nosotros los hombres lo disfrutemos, las besemos y las toquemos. A las mujeres les gusta eso, además ellas también los disfrutan. ¿Sabes besar? Después de pensarlo un poco me dijo que no. No te preocupes, yo te enseño si quieres.

Le rodeé la cintura con mis brazos y después la tomé de la barbilla y me acerqué para besarla, le di un beso pequeño y pude sentir sus labios fríos tal vez por los nervios porque su respiración se escuchaba agitada. La seguí besando y fui sintiendo como se sonrojaba y se ponía caliente, comencé a meter mi mano debajo de su blusa y acaricié su abdomen y con mi otra mano sus piernas, metí mi lengua en boca y ella se estremeció, mi verga estaba tan dura que tuve que dejar a mi prima ahí en la cama para poderme hacerme una paja y venirme. Le dije que tenía que volver a la sala porque mi mamá y mi tía no tardaban en llegar (siempre llegaban a la misma hora), ella se fue sin decir nada y yo estaba nervioso de que fuera a contarle algo a su mamá o peor aún a su papá con quien siempre hablaba por teléfono, pero no fue así, durante los 3 días siguientes no dijo nada, solo me miraba a la hora de la cena e intentaba estar siempre cerca de mí. 


Mi hermano me preguntó porque solo la había besado si se notaba que ella estaba deseosa de sexo, pero le dije que no, ella era muy chica, tenía apenas 10 años y yo 18, no quería lastimarla y que fuera a decirle a sus papás. Pero decidí que podíamos seguir divirtiéndonos mientras veíamos películas. Todos los días ella llegaba corriendo de la escuela, comí apurada y se subía al cuarto con nosotros. Llegaba directo a sentarse en mis piernas y me besaba, le pedía que me besara en el cuello y que usara su lengua, ella era muy obediente y complaciente y poco a poco fue haciéndolo mejor. Un día nos dijo a mi hermano y a mí con quien también se besaba, que sino queríamos que se quitara la ropa, al fin que el cuerpo de las mujeres era para que los hombres lo disfrutemos. Le dijimos que sí y apurada aunque con un poco de pena comenzó a quitarse el uniforme, solo se quitó la blusa y su corpiño, la detuve en ese momento, era tan excitante ver a esa criatura en falda de colegiala y zapatos escolares. Sus pechos ya estaban en crecimiento, la verdad tenía un cuerpo delicioso para su edad, era delgada y tenía su culito redondo y paradito y unos pezones rositas riquísimos. La recosté en la cama y la besé, poco a poco fui bajando por su cuello hasta llegar a sus pechos, comencé a lamer y besar sus pezones mientras ella se retorcía y jadiaba, apreté sus senos mientras los chupaba y mordisqueaba despacio, ella se cerraba los ojos y apretaba las sabanas moviendo sus caderas. Nunca había probado unos pechos como esos, tan tiernos y suaves, no podía dejar de chuparlos. Me despegué de ella para sacarme la verga y jalármela como siempre pero esta vez no fue así. Paloma ya había visto muchas veces como era el sexo oral y era momento de ponerla a prueba y parecía que ella también lo sabía.

-¿Quieres que lo chupe verdad? Me dijo con una voz tan inocente que hizo que casi me viniera en ese momento.
-Sí mi amor, chúpamela, yo sé que ya llevas tiempo queriendo igual que yo.
Se sentó en la orilla de la cama y yo acerqué mi pito a su cara, ella lo tomó con sus manitas tibias y sin levantar la mirada le dio un beso en la punta. 
-Usa tus manos como en las películas, le dije y ella bien obediente comenzó a subir y bajar con sus dos manos algo torpe.
-La tienes bien grande me dijo con los ojos bien abiertos. 
-Y dura, tú la pusiste así porque estás bien rica mamita, usa tu boca, chúpala como helado.

Sacó su lengua y lamió mi glande despacio, después usó bien sus labios mojados y la chupo de manera suave. Le pedí que se la metiera lo más que pudiera en la boca pero no entró mucho por más que la abrió. 

-Espera, deja te ayudo. Y la tome del cabello y jale su cabeza hacia atrás y fui metiendo mi pene en su pequeña y húmeda boca, ella tenía sus ojos cerrados, en medida que iba entrando más ella daba arcadas y las lágrimas se le salieron.
-¿Te estoy lastimando mi amor? Le dije deteniéndome. Ella solo movió su cabeza diciendo que no pero seguía dando arcadas.
-Chúpalo despacio mi niña le dije y ella después de tragar un poco de saliva comenzó con el movimiento. Chupaba como si no hubiera comido nada en todo el día, como si llevara toda una vida mamando pitos, realmente lo estaba disfrutando y por su puesto yo también. Solo le sostuve su cabeza y ella hizo el resto, tuve que separarme de ella y toda mi leche cayó en sus piernas. Cuando volteé a verla estaba jadiando, exhausta, con los ojos cansados, la boca abierta y la saliva escurriéndole. 
-Ve a limpiarte preciosa. Se levantó de la cama y fue al baño a lavarse la cara. Cuando me di cuenta mi hermano estaba jalándose el pito mientras caminaba hacia el baño.
-¿Ahora me lo chupas a mí Palomita? Le dijo Fausto, ella le sonrío y de un salto de sentó en la cama nuevamente.

A partir de ese día las fiestas con mi prima fueron increíbles, pero les iré contando de a poco para no aburrirles con relatos tan largos. Se aceptan comentarios para mejorar la escritura, realmente voy escribiendo como recuerdo ya que esta historia es real.

Durante mucho tiempo tuve un cierto remordimiento de pensar que quizá por mí culpa esa niña la pasaría mal por tantas cosas que hicimos durante casi 1 año y muchas veces pensé en detenerme pero la calentura me pudo más y hoy el tiempo me da la razón.

Mi tía estaba muy contenta y agradecida conmigo y con mi hermano porque decía que habíamos logrado que Paloma se sintiera mejor y no extrañara tanto a su papá, que la niña llegaba contenta a la casa y se apuraba a hacer su tarea antes de que mi tía saliera a recorrer la ciudad con su hija más pequeña y con mi mamá. En una ocasión la escuché hablado por teléfono con su papá y le decía que no tenía novio, que fulanito solo era su amigo. No recuerdo el nombre pero mucho nombraba a ese niño y hasta Fausto mi hermano le llegó a hacer burla de él. Entonces esa misma tarde que subió al cuarto le dije:

-Oye Palomita estoy molesto contigo.
-¿Pero porque? Me preguntó preocupada.
-Es que escuché que tienes novio, y se supone que tú eres mi novia.
-No, no Fer, yo no tengo novio. Además yo no sabía que yo era tu novia. Lo último me lo dijo algo apenada.
-Bueno pues ahora ya lo sabes, eres mi novia, yo te beso, yo te abrazo, yo te hago esas cosas ricas que a ti te gustan.
-Ok Fer, soy tu novia entonces. Me dijo contenta y me dio un beso.

Muchas veces cuando ella subía al cuarto yo estaba jugando al play y ella solo se sentaba en mis piernas ya sin ropa y se tallaba contra mi pito, siempre terminaba dejando de lado el mando de la consola para meterme en la cama con ella, besarnos y tocarnos todo. “Chúpame mi cosita” me decía casi con voz suplicante y yo nunca me le negué. Lamía su panochita tierna y le sacaba todo su juguito mientras le sobaba las nalgas, pasaba mi lengua por su rajita y ella empujaba su cadera contra mí y gemía. Yo aún tenía el pendiente de si la lastimaría al penetrarla, por eso solo le sobaba y le lamía su culito y su cochito hasta que se venía, nunca la dejé con ganas pues siempre terminaba porque muchas veces después de eso se dormía por unos minutos hasta que mi hermano se acercaba a ella para masturbarse con sus pechos.

Mi hermano y yo nos poníamos a jugar sentados en la orilla de la cama y Paloma de se ponía de rodillas frente a mí y me la mamaba mientras yo jugaba hasta que me corría, se levantaba y se la mamaba después a mi hermano. Aprendimos a compartir a nuestra prima, él se masturbaba viéndome a mí y a Paloma. Yo la ponía en 4 en la cama y colocaba mi pene entre sus piernas, “aprieta bien” le decía y ella bien obediente, le tallaba mi verga entre sus piernas y rozaba con su panochita, se sentía tan caliente, hinchada y húmeda que me hacía correrme más rápido. Entonces le pregunté si quería hacerlo como en las películas, si quería que la penetrara. Me dijo que tenía miedo que le doliera pero que si eso era lo que yo quería que estaba bien. 

Esperé una tarde que no estuviera mi hermano pues quería ese cochito virgen solo para mí. La recosté boca arriba en la cama, solo de imaginarlo se me hacía agua la boca. Ella se veía nerviosa, algo tensa y asustada pero en ningún momento me dijo que no. Comencé besándola, le metí toda mi lengua en su boca y pude sentir como su piel se ponía chinita, me rodeó el cuello con sus brazos y yo le chupaba los pezones duritos y suaves, acariciaba y apretaba sus pechos algo desesperado con una mano y con la otra iba sobando su cintura y su abdomen, ella comenzaba a retorcerse. Me aparté un poco de ella y sobé sus caderas, tenía frente a mí a una pequeña mujercita, tenía ya el cuerpo bien torneado, de no ser porque aún tenía un poco la carita de niña cualquiera hubiera pensado que se trataba de una mujer en sus años más calientes. Abrí sus piernas y sobé sus muslos, pasé mi lengua de afuera hacia dentro mientras le daba pequeñas mordidas. 

-Me haces cosquillas. Me dijo con una voz inocente.
-Ahorita te voy a hacer algo más rico preciosa.

Lamí su panochita y con mis dedos la abrí un poco. Era una hermosura ver ese hoyito pequeño y estrecho tan mojado, pedía a gritos ser penetrada. Seguí chupando y lamiendo su pocito y ella gemía y se quejaba muy quedito. Me aparté, ensalivé la punta de mi verga y la coloqué en la entrada de su vagina.


-¿Me va a doler verdad? Me dijo casi llorando.
-Un poquito nada más mi niña, pero vas a ver que te va a gustar. Yo estaba por volverme loco, ya no quería seguir siendo el buen primo que la trataba con cariño, quería follarla como a una puta en celo y penetrarla duro, pero sus lágrimas me devolvieron a la realidad.
-Mira, si te duele mucho te la saco ¿sale? Le dije, ella movió su cabeza diciendo que sí.

Comencé a empujar mi verga contra su vagina, estaba muy estrecha y la cabeza de mi pito no entraba, ella empezaba a quejare pero ya no de placer, sin embargo seguí intentando, entonces entró la cabeza y ella dio un salto brusco y pegó un gritó agudo, se tapó la boca y comenzó a llorar.

-Bueno, bueno, te la saco. Y muy molesto le saqué mi pito.
-No Fer es que no quiero que te enojes. Y comenzó a llorar más. Yo soy tu novia y quiero que tú estés contento, perdóname.
-Vamos a hacer esto, vamos a ir preparando tu cochito para que me lo pueda coger sin tanto problema y tú también lo disfrutes ¿ok?

Se limpió las lágrimas y me dijo que sí con la cabeza.

-¿Y si me metes primero tu dedo? Y tomó mi mano y metió mi dedo índice en la boca.
-No mi amor, chupa este. Y le metí el dedo de en medio. Lo chupó mientras seguía sollozando.

La levanté de la cama, la cargué y nos sentamos en el sillón reclinable que tenía en el cuarto, la senté en mis piernas y volví a besarla mientras le decía que no se preocupara y ella me decía que la perdonara, que ella quería ser mi mujer por completo y que fuera yo el primero que la penetrara y no mi hermano. La senté sobre mi pito, mi pecho contra su espalda y la abracé fuerte mientras la seguía besando. Abrí sus piernas y con mis dedos índice y anular le abrí su panocha sin dejar de besarle la boca. Estaba más mojada aun que hace rato y comencé a jugar su rajita con mi dedo, ella movía su cadera y apretaba su culito contra mi pene y yo la tenía tan dura que sentía que se la encaba en su ano. No tuve que maniobrar mucho, estaba tan mojada que mi dedo casi se resbaló hacia dentro, volvió a brincar pero en esta ocasión no la iba a dejar ir. Con mi otra mano la apretaba contra mí, mordía sus labios y le comía la boca. Le metí el dedo lo más que pude y ella parecía quejarse, no supe bien porque tenía su boca tapada con mi boca. Se retorcía como si quiera zafarse pero no la deje, moví mi dedo dentro de ella con movimientos circulares y después empecé a sacar y meter mi dedo. Cada que entraba ella brincaba, yo lo hacía despacio para no lastimarla tanto y ella de tanto que se movía tenía mi pito entre sus nalgas, después de un rato con el mete y saca parecía que ya se había acostumbrado y entonces empezó a mover la cadera buscando más placer. Había tanto jugo escurriéndole que me atreví a meterle otro dedo más, dio un gritito y se arqueó hacia mí. Yo le chupaba su espalda, su cuello y mordía sus hombros, sentía mi pito palpitando en sus nalgas, seguía penetrándola con mis dedos medio y anular y con el pulgar sobaba su clítoris, sus gemidos eran cada vez más fuertes y excitantes, ya no parecían los de una niña de 10 años.

-¿Ves como si estabas lista? Ya no solo eres mi novia, ahora eres mi puta, eres mi putita, dilo. Le susurraba al oído mientras le mordía su oreja.
-Sí, sí, soy tu putita primo. 
-Pero nada más eres mí puta, solo yo te puedo coger.
-Sí primo, yo soy tu puta, hazme lo que quieras. Y pude sentir como se corría, su cochito estaba hinchado palpitando y sus piernas temblaban. Se dejó caer sobre mí bastante cansada.

Me levanté del sillón cargándola y la acosté en orilla de la cama, me paré a un lado de ella con mi verga bien erecta y de inmediato supo lo que tenía que hacer. Abrió su boca para que se la metiera, entendí que estaba muy cansada así que esta vez fui yo quien hizo todo, aunque ya me faltaba muy poco para venirme. La follé un poco por la boca con una pie en el piso y la otra pierna recargada sobre la cama, terminé en su boca y vi como con dificultad tragaba, dio arcadas y se la saqué rápido pensando que vomitaría. Pero no fue así, solo se levantó con la cara llena de una mezcla de lágrimas, saliva, mocos y semen. Le di un beso en la frente y le dije:

-Vete a bañar y duérmete pero en tu cuarto, yo también me dormiré. No le digas nada a Fausto porque también va a querer y recuerda que eres solo mía puta. Dilo.
-Sí Fernando, soy solo tuya, soy tu puta y nada más tú me vas a coger.

Tuve que ayudarla a levantarse, bañarla y acostarla en su cama. Demás está decir que esa noche aunque no le metí mi verga dormí como un bebé, no podía esperar el día en que al fin la penetraría, pero decidí que dejaría que fuera ella quien me lo pidiera, siempre terminaba siendo ella la que pedía el sexo.

Por desgracia los encuentros con mi prima se hicieron cada vez menos frecuentes debido a que su mamá ya pasaba más tiempo con ella, sin embargo podía darme cuenta de que Paloma deseaba estar conmigo tanto como yo, a cualquier oportunidad rozaba mi mano o me abrazaba y se quedaba pegada de mi unos segundos más de lo normal, afortunadamente nunca nadie le vio nada malo a la conducta de la niña. Unos meses antes de que terminara el año escolar sus padres se reconciliaron y acordaron volver a vivir juntos, eso significaba que ella se iría y seguro pasarían años para que volviéramos a vernos puesto que anteriormente la última vez que la había visto fue cuando ella cumplió 3 años, así que debía de actuar rápido.

Una tarde llegó de la escuela con un poco de fiebre, su mamá ya se iba con ella y su hermanita a comer fuera y se me ocurrió hablar con ella.
-Tía si Paloma se siente mal debería dejarla aquí, trae un poco de sueño ¿no Paloma?
La niña lo entendió todo rápidamente y dijo que sí con la cabeza, que prefería comer en la casa y acostarse a dormir un rato. Su mamá le dio una pastilla y la encargó conmigo, que si le subía la fiebre le llamara y ella regresaría a la casa rápido. Yo ya estaba pensando en cómo hacerla sudar la calentura.
Después de que se fue mi tía subimos al cuarto y ella me abrazo y comenzó a besarme. Me dijo que ya no se sentía tan mal, que no quería tomarse la pastilla y le pregunté si entonces podríamos pasar un rato juntos, me dijo que sí sonriendo.

Tenía su cuerpo tibio, un poco más de lo normal, besaba su boca mientras le iba quitando la ropa, descubrí sus pechos que para ese entonces ya estaban bastante crecidos. Yo estaba como loco, desesperado por comerme a mi prima, apretaba sus senos, lamía sus pezones y ella jadeaba, se lamia los labios y me decía que se sentía rico. Le quité la falda y bajé su pantaleta, ya tenía vello púbico, ya era toda una mujercita, le sobé su cochito mientras continuaba chupando sus pezones erectos y ella se retorcía en la cama. 
-¿Ahora sí me vas a dejar que te la meta? Le pregunté mientras me quitaba el pantalón.
-Sí Fer, pero despacito. Me dijo sonrojada.


Se sentó en la cama y comenzó a chuparme el pito, horas y horas de mamadas la habían vuelto una experta, yo le sujetaba el cabello y me movía dentro de su boca, ella me miraba a los ojos y ya me encendía, no iba a dejar pasar otro día sin hacerla mía.

La acosté boca arriba y ella solita abrió las piernas, chupé su cuello y bajé por su pecho hasta llegar a su panochita. La lamí y pase mi lengua para dejarla preparada, la abrí un poco y le metí un dedo para comprobar que estuviera lista, gimió un poco y entonces le metió otro dedo más. Cerró los ojos y me dijo que no le dolía, que le estaba gustando, me di cuenta que estaba lista.
Ensalivé mi pito y lo coloqué en su entrada, ella volvió a cerrar los ojos y apretar los dientes, me recosté sobre ella y le besé la cara mientras introducía mi pito poco a poco dentro de su vagina. Podía sentirse como se iba abriendo, estaba apretada a pesar de que ya le había metido los dedos además de que ella la contraía, no iba ni la mitad adentro cuando ella comenzó a llorar.
-Cálmate, si sigues así te va a doler más. Vas a ver que pronto empezaras a sentirte bien y te va a gustar, te lo prometo.

Me dijo que sí con la cabeza e intento relajarse, respiraba por la boca y gemía despacio. Yo intentaba no dejársela ir de golpe aunque me moría de ganas. Entrando toda comencé a hacer movimientos circulares dentro de ella, podía sentir como estaba de apretada por dentro y eso me excitaba más, sus gemidos eran cada vez más fuertes y constantes y ya no tanto de dolor, poco a poco comenzó a quejarse de placer, me apretaba los brazos y me encajaba su uñas, yo le mordía las orejas, el cuello y los hombros y cuando menos me di cuenta ya estaba entrando y saliendo de su cochito. Estaba tan caliente y mojado que mi pito entraba y salía con facilidad, sus movimientos también facilitaron el trabajo, sus lágrimas ya se confundían con su sudor y con el mío, me miraba a los ojos como queriendo decirme que lo estaba disfrutando pero de boca solo salían gemidos que me provocaban más y más. 

Me separe de ella y la puse boca abajo, levanté sus caderas y abrí sus piernas. Comencé a comerme su ano y ella se retorcía y hasta me pareció escuchar que se reía, bajé para continuar con su rajita, que se veía hinchada y empapada. Volví a penetrarla y ella lanzó un gritó que de inmediato calló mordiendo la almohada, su vagina estaba tan dilatada, ya no se sentía apretada pero seguía contrayéndola y yo podía sentir como mi polla palpitaba dentro de ella. La tomé de las caderas para poder penetrarla más duro, ella gritaba con cada envestida.

-¿Con que te gusta que te la meta eh puta? Mientras le reventaba su panochita.
-Sí, sí me gusta.
-Dime que eres una puta, dime que quieres que tu papi te lo va a dar.
-Sí papi, soy tu putita, me gusta que me cojas.

Sus palabras me volvían loco, pero aún más ese tono de voz infantil e inocente que aún tenía era lo que terminaba de ponerme mal. Continué con las envestidas cada vez más rápida y más fuertes, parecía que no había follado en años aunque entre esos meses yo me había acostado varias veces con mi novia, no faltaba mucho para correrme así que se la saqué para finalmente terminar en su nalgas, aunque lo hubiera querido no podía venirme dentro de ella, me hubieran matado mis papás y mis tíos si hubiera quedado embarazada. Al terminar me dejé caer al lado de ella, que me miraba con ojos de amor.

-Primo yo no quiero irme, a mí me gusta ser tu novia y yo quiero quedarme a vivir contigo para siempre. Y me abrazó y se quedó dormida.
Le toqué la frente y efectivamente ya no tenía calentura. Me dormí un rato con ella, más tarde al despertarnos volveríamos a coger como locos.

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