miércoles, 10 de agosto de 2016

Mis Historias Sexuales 1: Mi Hermano me Chantajea (Relato Corto)





Hola, soy Susana y les voy a relatar como comenzó mi vida sexual al lado de mi hermanito pícaro y como fue evolucionando hasta convertirme en lo que soy ahora: Una madre soltera bisexual, abierta a nuevas experiencias. En ese entonces yo vivía con mis padres, tenía 15 años, era la mayor de 4 hermanos, estaba Daniel de 13 años, Marian de 11 y Alejandro de 8. El sexo en mi casa era un tema bastante tabú. Lo único que me explicó mi madre fue el tema de la menstruación.

Recuerdo, eso si, que desde pequeña mis padres se encerraban a veces en su habitación.

A mi me molestaba mucho eso cuando era pequeña, pero mas tarde comprendí el significado de esos encierros voluntarios y no protesté mas. Es mas, en algunas contadas ocasiones en que yo era la única de mis hermanos que estaba en casa cuando hacían eso, me acercaba a la puerta a escuchar y oía algún que otro gemido de mis padres, pero el pánico que sentía por poder ser descubierta hacía que no me atreviera a escuchar durante mucho rato.

Por supuesto, todo lo referente al sexo no lo aprendí por mis padres, sino por las típicas amigas aventajadas que siempre se tienen en clase. A los 14 años yo, aunque por supuesto ya era mujer, era casi tonta en todo lo demás concerniente al sexo.

Sabía que los chicos tenían eso que les colgaba, que se metía en lo nuestro, pero poco mas.
Recuerdo que escuchaba con total curiosidad lo que contaban las demás chicas, eso si, sin dejar que se notara demasiado mi absoluto desconocimiento del tema. Ellas, aunque no tenían ninguna experiencia, hablaban siempre de “lo” de los chicos, como lo llamaban para no decir su nombre.

La chica que tenía mas éxito en este tema era Lourdes, que explicaba que con su hermano de 16 años, nunca habían tenido problemas para cambiarse delante del otro, o para salir sin taparse de la ducha, es decir, que se veían desnudos uno al otro desde siempre con total naturalidad, y que incluso ahora con 14 y 16 años lo seguían haciendo, y así habían podido seguiir los respectivos cambios de sus cuerpos. Ella decía que era muy natural y nosotras la creíamos, pero con el tiempo me di cuenta de que no lo era tanto, ya que cuando estaban sus padres no se mostraban desnudos, y, viendo como nos miraba su hermano, estaba claro que se ponía cachondo con lo de su hermana.

Otro de los temas que a los 14 años me interesaba mucho, aunque no comprendía el significado, era cuando hablaban de pajas, que si una lo hacía, que si otra no. Al principio las chicas estaban divididas, pero pronto la gran mayoría estaba de acuerdo en que les gustaba mucho.

Yo solo escuchaba, intentando que no se notara que no sabía de que hablaban, y si me preguntaban decía que a si que me gustaba, para no parecer tonta. Poco a poco, por lo que decían y por algún gesto que alguna hacía al hablar de ello comprendí que lo de la paja consistía en tocarse la vagina. Yo no veía que podía haber tan maravilloso en eso, aunque recordé que me gustaba lo que sentía cuando dirigía el chorro de la ducha sobre mi sexo, y decidí averiguarlo. Empecé a tocarme el sexo a solas en mi habitación.


Al principio lo vi ridículo, ya que no sentía nada especial, luego, empecé a notar una especie de cosquillas al tocarme ciertos sitios de determinada manera, y finalmente descubrí a que se referían las chicas cuando hablaban del “bultito”, empecé a masajearme esa hinchazón y descubrí que me producía un placer estupendo, así que continué, hasta que mi cuerpo se convulsionó de placer, a pesar de que yo me asusté al notar aquello por primera vez, por suerte yo recordaba lo que en la jerga de mi clase se llamaba “los escalofríos”, y supe que era eso. Así pues, si les pasaba a todas es que era algo normal, y perdí el miedo.

También entonces comprendí a que se referían las chicas cuando se preguntaban “si mojaban”. Yo siempre había pensado que se referían a que les salía orina, pero entonces comprendí que eso que me mojó al llegar al escalofrió no era exactamente orina.
Así fue mi primer orgasmo o “escalofrió”. Ni que decir tiene, que a partir de aquel día, lo repetí a menudo, perfeccionando mi estilo, y haciéndome unas pajas estupendas. Siempre bien encerrada en el baño o en mi habitación con la puerta cerrada si estaba sola. Yo disfrutaba con eso, pero me daba mucho miedo de que! e alguien pudiera pillarme, ya que creía que lo que hacía no estaba bien y mis padres se enfadarían.

Bueno, así estaba mi vida cuando un día, ya con 16 años, estaba sola en casa y decidí divertirme. Como era verano iba solo con camiseta, pantaloncito y ropa interior. Me lo quité todo en un momento, y tumbada en mi cama empecé a revolcarme por la cama. Me encantaba sentir la suavidad de las sábanas sobre mi cuerpo totalmente desnudo, y, haciendo eso, empezaba a poner a tono mi cuerpo. Luego agarré mi almohada e hice lo que había descubierto poco tiempo atrás: me la situaba entre las piernas y me frotaba contra ella, primero poco a poco y después mas fuerte. Normalmente haciendo eso, mi clitoris despertaba totalmente, y después de restregarme un ratito así, ya podía aplicar mis dedos sobre mi “bultito”, y sentir esas sensaciones tan maravillosas. Estaba ya notando que mi orgasmo se acercaba, tenía ya esa calentura en el cuerpo que te pide llegar al final porque no aguanta mas. Yo sabía que solo tenía que mover un poquito mis dedos de la forma que yo sabía un poquito rápido y e! l orgasmo estaría allí, pero me gustaba “hacerme sufrir” y alargar ese momento anterior al orgasmo, donde tu cuerpo sufre porque necesita desahogarse, pero a la vez está en ese punto máximo de calentura que me encanta. Cuando de pronto oigo que la puerta de mi habitación se abre y mi hermano saca la cabeza diciendo:

- Susan, ya estoy en casa, he vuelto antes.

Sus últimas palabras fueron mas lentas ya que se quedó parado al ver como me tapaba rápidamente. Supongo que ver, lo que hizo fue intuir lo que estaba haciendo, ya que aunque muy rápido, pudo darse cuenta de que estaba desnuda, y mi acaloramiento y respiración entrecortada le dijeron el resto. Yo tapada con la sábana y con mi excitación desaparecida de golpe, le dije “Ah! Vale,vale”. No supe decir nada mas, y entonces, cuando toda colorada por la vergüenza creía que le simplemente se iría, entró y me dijo “te estabas masturbando!”.
Yo, asustada de oir esa palabra en boca de mi hermano al que nunca había oído decir nada fuerte ( aunque por supuesto con sus amigos hablaban de todo), le dije “no,que dices?”, el insistió en que si, y discutimos sobre eso, hasta que el me dijo “no me mientas o se lo cuento a mamá”, entonces yo caí en la trampa (aunque ahí tapada solo con una sábana, cortada segundos antes de llegar al orgasmo, y discutiendo con un hermano sobre si me masturbaba, tampoco es raro que estuviera aturdida), y le reconocí que si, que lo estaba haciendo.
Y ese fue mi! gran error.


El me miró fijamente y, sin cortarse, me dijo: “Vamos a hacer un trato, tu me dejas que te vea desnuda y yo no se lo cuento a mamá”. Yo me quedé petrificada, mi hermano, con el que nunca nos habíamos visto nada, solo en ropa interior y muy fugazmente me pedía que me desnudara delante de él. Le dije que no, que ni loca, y el dijo que lo contaría, al final, y aunque ahora me parezca ridículo, me pareció mejor eso que no que se lo contara a mis padres.
Realmente me daba pánico lo que podrían decirme mis padres, así que me destapé y me levanté, quedándome allí totalmente desnuda. El se acercó y me estudió con la mirada, dando la vuelta alrededor mio. Era la primera chica desnuda que veía en vivo y no se perdió detalle.

Entonces, sin mas se fue al baño (entonces no supe el porque, luego comprendí que se había masturbado). Para mi aquello fue horrible, me sentí como en esas películas de campos de concentración donde hacen ir a la gente desnuda. Fue realmente humillante! , y cuando ya me recuperé me prometí a mi misma que me vengaría. No descansaría hasta que yo también le viera desnudo y estuviéramos en igualdad de condiciones.

Me acostumbré a entrar en casa sigilosamente, y siempre pasaba de largo mi habitación para acercarme silenciosamente a la de mi hermano a ver si le pillaba. También decía siempre que volvería algo mas tarde de lo que lo hacía realmente, sobretodo si mis padres no estaban, para intentar que el se confiara. Por fin, después de varios meses, un viernes por la tarde llamé para decir a mi madre que me quedaba con unas amigas hasta la hora de la cena.
Ella me dijo que se iba con mi padre y mi hermana fuera toda la tarde. Yo le pregunté si mi hermano estaba en casa, y me dijo que si, que creía que el no salía. A media tarde, yo, después de pensarlo mucho, decidí sacrificar unas horas de diversión con mis amigas para volver sigilosa a casa. Hasta ahí llegaba mi sed de venganza. Llegué a casa y abrí con mi llave sin hacer ruido.

El hecho de que la puerta se abriera solo girando la llave me anunció que él estaba en casa, ya que si no queda nadie, cerramos la puerta dando 2 vueltas de llave. Yo aumenté mis precauciones, y como si fuera un espía secreto, me acerqué a la escalera con mucho cuidado.
Me quité los zapatos y subí de puntillas y muy poco a poco. Al llegar al pasillo vi que la puerta del baño estaba abierta, así que no estaba allí. Me fijé en la puerta de su habitación y no estaba cerrada como de costumbre,sino entreabierta. Yo me alegré de mi suerte, ya que hoy si podría espiarle, aunque probablemente solo estaba leyendo o durmiendo, ya que no oía los típicos sonidos de su consola. Pasé por delante de mi habitación y continué hasta la suya.
Lo que vi fue mucho mejor de lo que ! yo esperaba.

Yo siempre había querido pillarlo desnudo, pero me lo encontré encima de su cama viendo revistas de sexo, y con una mano acariciaba su sexo, que salía por encima de su pantalón de deporte. La verdad es que no veía su pene porque lo tenía agarrado con la mano, pero estaba claro lo que hacía. Con un gesto de triunfo en mi cara entré y dije lo primero que se me ocurrió “Te pille!”, el pegó un bote del susto que le di, y a continuación se la guardo rápidamente, y entonces dándose cuenta que tenía una revista prohibida la metió debajo de la almohada. Pero yo le dije: “No te molestes, te estabas masturbando y viendo revistas” y sin darle tiempo a replicar le hice el mismo chantaje que el me había hecho. Así que le se levantó, se quitó la camiseta el pantalón y los calzoncillos y se puso de pie. Mi vista ,por supuesto, se dirigió rápidamente a su sexo, que con el susto se había quedado pequeño, pero vi que al mirarlo yo recuperaba un poco de vida. Eso me gustó y , lanzad! a con mi éxito, se me ocurrió decirle “tócate”. El podía haberse quejado, ya que yo no hice eso, pero no dudó y empezó a acariciarse. En un santiamén su pene estaba erecto y yo me sorprendí de como podía variar un pene. Era el primer pene adulto que veía, y el primero erecto, y quedé fascinada viéndolo.
La verdad es que el no parecía estar sufriendo como yo lo hice.

Mas bien parecía estar disfrutando con eso ( mas tarde supe que realmente era así, y que el se había estado masturbando pensando en mi desde el día que me vio desnuda). Su pene erecto medía como un palmo, y al estar en erección su punta, que en reposo quedaba escondida, salía al exterior. Para mi era nuevo y me fijé en ella, de un color oscuro, era allí donde estaba el agujero para orinar, y parecía suave al tacto. Su tronco hinchado marcaba unas venas, y yo me pregunté a mi misma si eso le dolería, aunque no dije nada. Luego me fijé en la mata de pelo de su sexo, y pensé que eso era como en las chicas. Y finalmente! e me fijé en sus huevos, esas dos pelotitas de debajo de su pene, preguntándome también como serían al tacto, si duras o blandas, o sería parecido a un pecho de mujer. Luego le di la vuelta, mirándole su culito y volví a echar un último vistazo a eso que seguía tocándose. Entonces, cuando yo ya me iba, de repente el empezó a resoplar y vi como echaba chorretones de algo que no era orina por su punta. Yo supe que eso era el semen de los chicos y que eso significaba que se había corrido!. La verdad, yo no había pensado que pasaría eso, entre otras cosas, porque aunque si sabía de la existencia del semen, no sabía que podían provocar su salida manualmente. Me asusté y me fu corriendo, en mi habitación tenía una mezcla de vergüenza por lo que yo pensaba que había ido demasiado lejos, pero a la vez excitación, por haberme vengado, y , sobre todo, por haber visto lo que había visto.

No porque fuera mi hermano, sino porque era un chico. Me di cuenta que no solo había visto un chico! adulto desnudo, sino que lo había visto en erección, masturbarse y llegar al orgasmo. También imaginé a algún chico que me gustaba haciendo eso y me reí.


Seguimos viviendo como si tal cosa, hasta que un par de semanas después, mis padres salieron un sábado por la noche. Estuvimos los cuatro hermanos mirando una película, y al acabar, mi hermana y mi hermanito se fueron a la cama. Nosotros hicimos zapping un rato, hasta que mi hermano pilló una escena de tetas en una película. Yo dije “anda, que guarrada!”, y el me respondió “bah, eso no es nada, quieres que te enseñe mis revistas?”.
Yo, sorprendida por ese ofrecimiento, acepté, pues había oído hablar a chicas sobre esas revistas y quería ver como se hacía el sexo con claridad, no como en las películas normales, que solo se ve uno encima del otro.

La verdad es que me sorprendía como es que mi hermanito, que era menor por dos años, sabía tanto de sexo. El sacó sus revistas y me las fue enseñando, y, nosotros que no habíamos hablado nunca de sexo, empezamos a comentar cosas. Yo vi como follaban, hacían sexo oral (también a las chicas! Eso no lo sabía), también vi penetraciones anales y dije “eso debe doler!”. Luego el me dijo “quieres ver la de un negro?”, y sin dejarme contestar me enseñó una revista do! nde dos hombres negros lo hacían con una rubia, a mi me excitó el contraste de pieles abrazadas, y me fijé claro está, en sus penes , eran negros!.

Ya se que es una cosa obvia, pero en ese momento me sorprendí, y le dije a mi hermano “parecen barritas de chocolate”. Nos reímos los dos, y el me dijo “te importa que mientras seguimos me toque?, total ya me has visto hacerlo”. Así que se sacó su pene y se lo iba tocando, no como cuando se masturbó, bueno si, igual pero muy lento, yo me volví a fijar en su pene, ahora mas tranquila que la primera vez, pero entonces le dije “recuerda que están Marian y Ale en su habitación” y el dijo, “no te preocupes, están durmiendo, y si se levantan seguro que es para ir al baño que está al lado de su habitación y ya los oiremos”, dicho esto, vio que le miraba el sexo y me dijo “quieres hacerlo tu?” el que? Dije yo un poco asustada porque no sabía a que se refería tocarla, dijo el Yo dije que sí, y se la agarré, estaba caliente, y dura.

Rápidamente sacié mi curiosidad y comprobé que, efectivamente, la punta era mucho mas suave. Me di cuenta que al tocarle ahí para comprobarlo, a el parecía gustarle especialmente.
Se la toque así un ratito y el me dijo “Me enseñas como te tocas tu?”. Yo quedé helada, me pedía que le enseñara como me masturbaba. Me iba a negar cuando me di cuenta de que tenía su pene erecto en mi mano, y entonces dije “de acuerdo, es justo” Me quité toda la ropa y me senté en la silla delante de la cama, y abrí mis piernas.

Mirando su pene empecé a acariciarme. Como yo ya sabía mi sexo ya estaba excitado, y en seguida me producía placer. El se levantó y me dijo “Me dejas?” Por toda respuesta yo levante mi mano de mi vulva y el me acarició como me había visto. “Así lo hago bien?” me preguntó. Yo le dije que sí.

El hablaba “es el primer coño que veo en vivo, no sabía que también olían” y diciendo esto, acercó su nariz y olfateó mi intimidad, “y esto es el clítoris,verdad? Aquí es donde debo tocarte?” yo me estaba poniendo cachondísima entre las caricias y lo que decía, y finalmente noté que se me acercaba el orgasmo. Primero pensé en detenerme, pero luego pensé que no, que me apetecía mucho correrme y que además el se había corrido delante mio. Esos pensamientos aun me excitaron mas y mi orgasmo llegó profundo y prolongado. El al oír mis gemidos especialmente placenteros y ver mi cara descompuesta me preguntó “Te corres?”, yo le dije “Síiii”, y el se excitó mas. Decía “que fuerte!, y esto que moja mi mano es pipí o te lo haces al correrte?” al contestarle yo, se acercó su mano a la nariz y empezó a olerse cada dedo con gran satisfacción.


Yo me levanté como pude y me dejé caer en la cama, gozando aun de los restos de aquel estupendo orgasmo, el mejor de mi vida hasta entonces, y aun lo recuerdo como uno de los mejores.

Entonces el finalmente reaccionó, y dejando de oler mis fluidos en sus dedos, recuperó la consciencia de su pene erecto como un obelisco,y enseñándoselo, me dijo “me acabo o quieres probar tu?”, yo me levanté y le dije que por supuesto quería hacerlo yo, pero que si primero me dejaba tocar sus huevos. El se rió y dijo “no tienes que pedir permiso para eso!”, y yo le dije “es que no se si te puedo hacer daño o si no os gusta que os los toquen”, el me contestó que evidentemente nunca se los habían tocado pero que estaba segurísimo de que le iba a gustar, y que si podría hacerle daño, pero solo si los apretaba fuerte, que acariciándolos no pasaba nada, y se los tocó como demostración.

Yo entonces los toqué y descubrí que no era una bola compacta como un pecho, sino que eran 2 bolas duras metidas dentro de una bolsa, por fin había desvelado el “secreto”. Jugué un poco con ellos y le dije que ya era hora de que le se corriera, y que esta vez quería verlo bien, ya que la otra vez fue sin avisar y además me asusté.

Yo se la agarré y empecé a mover mi mano de arriba a abajo como había visto que hacía el.
De vez en cuando el me agarraba la mano y me corregía la posición. También me pidió que con la otra mano le sobara el culo. Su pene estaba cada vez mas grande en mi mano, ansiosa de recibir el placer que la aliviara . A mi me gustó sentir esa pieza caliente y dura en mi mano, sobretodo notar sus venas, y también notaba como una especie de anillos en el interior de su polla. Le fuí pillando el truco y el empezó a gemir. Yo le miré y vi que toda su piel se erizaba, no necesitó decirme que estaba a punto de correrse, y menos cuando empecé a notar que su polla se hinchaba.

De repente empecé a notar un líquido caliente en mi mano y agarrándosela de mas abajo, seguí enseñándosela y viendo con detalle como salían esos chorretones blancos de su agujerito e iban a parar al suelo. Me dijo que le había encantado, y me puse a su par.
Ambos estábamos sudando un poco y nos quedamos viendo fijamente hasta que me dijo "Gracias Susan, fue muy rico" y yo le dije "Claro que si, fue delicioso" y diciendo esto nos acercamos lentamente hasta que nuestros labios se fundieron en un largo y húmedo beso.
Con eso sellamos un pacto que habíamos iniciado sin querer queriendo. Tomé mi ropa y me fu a mi habitación, acompañada por mi hermanito. Ya en la puerta él me dijo "Fue muy rico, a ver que día lo repetimos" y yo le dije "Si, otro día que nos quedemos solos" y luego me dijo buenas noches, dándome otro beso, mientras ponía sus manos en mi cintura y yo rodee su cuello con mis brazos. Parecíamos novios en esa posición.


Luego cada quien entró a su habitación y yo no podía creer lo que había hecho con mi hermanito. Me puse un camisón y una pantaletita debajo y me dormí, pero pasadas las horas tuve un sueño erótico donde mi hermanito me hacía el amor, me daba duro y me hacía suya, como las personas en las revistas. Desperté de golpe, muy sudada y húmeda, tanto así que tuve que cambiarme de pantaletas. Y ya a punto de conciliar el sueño me pregunté que como sería tener sexo con mi hermano. Pasado el tiempo lo averiguaría, pero esa es otra historia.


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