sábado, 31 de diciembre de 2016

Verano del 2016 (Relato Corto)


- ¡Hala, Manu! Te están saliendo pelitos por ahí abajo, je, je, je.

La boba de mi hermana Julia siempre metiendo la pata. ¡Brrrrr! Me he puesto colorado como un tomate.

Estábamos recién llegados a la playa del camping donde solemos pasar el mes de julio mis padres, mi hermana Julia, de 10 años y yo que acabo de cumplir los trece.

Es una playa nudista muy bonita. Nosotros venimos todos los veranos y nunca nos importó estar desnudos ni nos fijamos mucho en los demás pero ahora es lo primero en que se ha fijado: me empieza a salir un poco de pelo en la polla.

- Bueno, a ti que te importa. Déjame en paz.

- La tienes mucho mas grande que antes y con esos pelitos está muy bonita.

- Anda, tonta, no me mires tanto que me da vergüenza.

- Ja ja, que risa, Manu tiene pelos en el pito.

- Y a Julia cuando crezca le van a salir unas tetas grandes como melones. ¡Lo que me voy a reír yo cuando te crezcan! Te llamaré tetuda, tetazas y tetona, ya verás como te vas a poner.

Estaba pasando una vergüenza enorme ya que a pesar del bochorno, me empecé a empalmar. Mi polla estaba creciendo a pesar de los esfuerzos que hacía por evitarlo. Rápidamente me tumbé boca abajo sobre la toalla para disimular. Con suerte no se enteraría nadie.

- Niños, dejad de discutir e ir a daros un baño. Nosotros vamos a dar un paseo y saludar a los conocidos, dijo mi madre.


Menos mal, parece que no se enteró de que iba la cosa, cuando se me baje el empalme voy al agua y espero que Julia no siga con sus bobadas.

- Manu, ¿vienes al agua? Dijo Julia.

- Dentro de un ratito. Ve yendo tu que voy ahora.

- Venga, no seas miedicas, que seguro que está buenísima.

- Ahora no puedo levantarme, con tus bromas se me puso dura y no puedo andar así por la playa.

- Déjame ver como la tienes.

- ¡Venga ya, cómo te la voy a enseñar! ¡Déjame solo!
- Tampoco es para tanto que te la vea, ahora te vas a poner vergonzoso. ¡Ven al agua!

Mientra me decía esto, Julia me empujó de un hombro haciéndome girar lo suficiente para que se viese lo que trataba de tapar.

- Caramba, si que se te ha puesto bien grande. No te preocupes, vamos corriendo al agua y por el camino te tapas con las manos. Nadie se va a enterar.

- Eres una entrometida y una fisgona. Con estas cosas no se juega.

- Ven al agua.

Di un salto y nos pusimos a correr hasta llegar al agua. El frio me ayudó a normalizar la situación y no volvió a producirse ningún otro incidente en todo el día.

Tenemos una tienda grande, de una sala y dos habitaciones. Mis padres duermen en una y nosotros en la otra sobre unas esterillas de espuma de caucho. Nos ponemos una camiseta para dormir y is hace algo de fresco nos metemos dentro de los sacos, pero normalmente es suficiente con echarse uno abierto sobre los dos. Así estábamos esta noche, que por ser la primera se nos hacía dura la cama.

- Manu, estas esterillas son muy finas, se me hace muy dura la cama.

- A mi también, no estoy nada cómodo.

- Tengo una idea, ponemos una sobre la otra y así quedará mas mullida la cama.

- ¿Los dos en una colchoneta? Vamos a estar muy apretados. Podemos probar.

- Venga, así mejor, ya verás.

- Perece que si. Es mejor aunque tengamos que estar mas pegados. Quizás tengamos calor.


- ¿Cabes?
- Si, así pegado a ti no me salgo de la colchoneta.

- Oye, eso que noto ¿es que se te está poniendo dura?
- Calla, eres una charlatana, déjame tranquilo. No lo puedo evitar y si me dices algo es peor.

- Bueno, no te digo nada mas. ¿Cuando me vas a dejar verla así dura?
- Estás loca, déjame dormir.

La verdad es que el contacto con el cuerpo de mi hermana me estaba excitando. No solo se me ponía dura, es que me apetecía refregarme contra su culo, apretarla, tocarla. Por lo menos si pudiese hacerme una paja…

- Bueno, Manu, te dejo dormir. Hasta mañana.

- Hasta mañana Julia, buenas noches.

Estábamos pegados, sus piernas tocaban las mías piel con piel; su espalda y mi pecho solo se separaban por las dos camisetas que usábamos de pijamas; había poca separación entre mi polla y su culo. Sentía su calor, la suavidad de su piel, su respiración. Me era imposible estar quieto, quería sentirla mas todavía, pegarme, fundirme a ella, necesitaba mas calor aún. Instintivamente mis movimientos fueron aumentando, eché un brazo sobre ella para pegarla mas a mí mientas mi polla se aplastaba contra su culito. Hervía de excitación, era mucho mejor que cuando me hago las pajas, un placer inmenso, no podía parar.

- ¿Qué te pasa, Manu? No me dejas dormir.

- ¡Ostras, Julia! Me he puesto muy caliente, déjate estar así un ratito a ver si me calmo. No quiero parar, no puedo.

- Pero esto es follar, estás loco.

- No, solo es un roce, nada mas que un roce. Déjame seguir, no te pasará nada y yo estoy teniendo mucho gusto, mucho.

- Bueno, vale, te dejo un poco pero no me aprietes tanto.

- Tu culito me da gusto, así, así. Déjame disfrutar.

- Nos van a oir.

- Calla y no te muevas, ya me corro. ¡Ay que gusto! ¡Uf…! ¡Que buena estás!
- ¡Que cerdo! Estas medio loco, cálmate.

- ¡Jo! Estoy explotando, nuca sentí tanto gusto, me estoy corriendo y me parece que esta vez ya me salió leche, noto algo raro en el pito.

- Qué dices.

- Si, es la primera vez que me sale leche y es gracias a tí.

- Te salió leche?
- Unas gotitas. Es cierto que da mucho mas gusto que cuando no sale. Fue estupendo y gracias a ti.

- Bueno, por esta vez no me importa pero no quiero que lo vuelvas a hacer. Eso es una cochinada…
- No seas remilgosa, a ti no te pasa nada y a mi me da mucho gusto.

- ¿Cómo es esa leche que dices que te sale? Déjamela ver.

- Solo fueron unas gotas, toca si quieres.

- ¡Ostras! Que gorda y dura la tienes.

En esto estábamos cuando:

- ¡Niños! Parar ya de tanto hablar y dormiros de una vez.
- Era mi madre que oía nuestra conversación desde la habitación contigua. Esperemos que no se enterase de lo que hablábamos.

- Tranquila, ya dormimos. ¡Hasta mañana! Dije yo.

- Buenas noches, dijo Julia.


Nos dormimos instantáneamente y no desperté hasta que nos llamó mi padre.

- Venga, arriba que ya es hora. De noche de palique hasta las tantas y ahora a dormir. No puede ser. Aquí horario de cuartel. ¡Tararí, Ti, Ti! ¡Todos a desayunar!

- Que prisa hay, es el primer día, dejanos dormir algo más.

- No, ayer hemos quedado con Diego para ir en su lancha hasta la isla, salimos a las diez.

- ¡Jo…! Esto parece un cuartel de verdad.

Enseguida nos levantamos y pasamos el día estupendamente: paseo en lancha, nadar, jugar en la orilla, etc. Al llegar la noche mis padres fueron a echas la partida con unos amigos y a nosotros nos mandaron a la cama. Al acostarnos recordé la paja que me había hecho contra el culo de mi hermana y me empezó a apetecer repetir.

- Julia, ¿dormimos juntos como ayer?
- Bueno, así está mas blandita la cama, vale.

- Acércate, déjame abrazarte.

- Venga ya, no hagas como ayer.

- Si, mujer, no seas mala. Es solo un momento. ¡Déjate así!
- Vale, un ratito pero antes déjamela ver. ¿Ya la tienes dura?
- Si, ya estoy empalmado, mira que grande…
- ¡Si, es enorme! ¡y qué dura! - dijo agarrándomela- ¿no te duele?
- No, al contrario, se está muy bien así empalmado. ¿No quieres tocarla un poco más? Me gusta que me la toques.

- ¿Venga ya! ¿Qué te crees! -Julia ponte así -Julia tócamela -Julia… -Julia.

- Bueno, no te enfades. Eres muy buena conmigo, dije abrazándola por la espalda.

Con mis manos me puse a acariciar su barriga y su pecho, aún liso salvo unas pequeñas tetitas. Mi polla dura estaba ya en contacto con su trasero separados solo por las camisetas. Me encontraba en la gloria y para mi sorpresa, Julia también se empezó a animar, su cuerpo empezó a moverse respondiendo a mis caricias.

- Manu: me gusta que me abraces. Así se está muy bien.

- Se te están poniendo duras las tetitas, dije mientras se las acariciaba.

- Sí, y me gusta que me las toques, sigue, sigue así.

Jugué con sus pezoncitos y ella respondió a mis juegos moviendo sus piernas en busca de las mías. Yo estaba en la gloria: tenía mi polla pegadita al culo de Julia, ella acariciaba mis piernas con las suyas y se contoneaba con mis caricias por su pecho. ¡Qué mas podía pedir! 

- ¡Qué gusto tenerte así, Julia! Estoy muy caliente, me voy a correr ya.

- No pares aún, sigue acariciándome que me haces sentir muy bien.

- ¡Ay! No aguanto mas, me corro. Así, así. ¡Cuánto gusto me das!

Me corrí con mas ganas aún que el día anterior. Me entró un tembleque mientras me salia un chorro de leche que encharcó la camiseta mía y seguro que la de Julia también pues seguía pegada a mí.

- ¡Jobar! ¡Fue fabuloso, Julia! Mira como te puse con mi leche. ¿se notará cuando seque?
- A mí también me gustó que me acariciases, pero deberías seguir un poco más.

- Bueno, mañana seguimos que ahora tenemos que dormir.

- Menudo cara, yo te doy gustito y a ti te cuesta darme unas caricias más. ¡Eres un egoísta!
- Bueno, a ver, ven aquí. No sabía que querías seguir.

- No, ahora ya no, muchas gracias, generoso.

- Vale, perdóname, pensé solo en mí, te prometo que mañana estoy atento a lo que tu quieras.

- Bueno, vale, vamos a dormir. Hasta mañana.

- Hasta mañana.

Al despertar al día siguiente la camiseta estaba seca, con una mancha amarilla como si se me hubiese meado, no era muy llamativa pero por prudencia la metí entre la ropa sucia, que no se viese. Julia tardó algo mas en levantarse y pasamos el día en la playa con los amigos como si nada hubiese pasado. Mi rabo estaba algo juguetón pero tampoco demasiado que no se pudiese controlar. Parece que la descarga nocturna calma a la fiera. Mejor así.

En algún momento me fijé en las tetitas de Julia. Eran dos pequeños conos que escasamente sobresalían un centímetro sobre el pecho, con unas sombritas mas oscuras que anunciaban los pezones. Eran poquita cosa pero el hecho de que le gustase que se las tocara me hizo verlas mas bonitas, que las mirase con más amor. Julia también estaba creciendo y posiblemente empezando a despertar al sexo. Su coñete sin embargo era aún totalmente de niña, otras niñas de la playa tenían ya una pelusilla o incluso pelos, Julia no. Procuré distraer mis pensamientos para evitar empalmarme. Cada vez que recordaba la noche se me empezaba a poner dura.

Terminó el día y llegó la noche. Papá y mamá salieron con otros amigos y nosotros después de ver una película nos fuimos a acostar.

- ¿Juntos? Pregunté.

- Por mí sí, dijo Julia.

- Por mí también, dije yo. Así estamos más calentitos.

- Calentito tienes tu el cerebro. El cerebro y otra cosa.

- Bueno, no seas mala y acércate a mí. Así, déjame acariciar tu barrigola, dije pegándola a mí al tiempo que le pasaba la mano por su barriguita en círculos.

A Julia se le notaba que le gustaban estas caricias y con sus piernas buscaba las mías y se pegaba aun mas a mí. Pasé mi brazo izquierdo por debajo del cuerpo de Julia tocándole las tetitas con esa mano, con la derecha fui bajando a su ombligo, la barriga, las piernas. Enseguida noté que sus tetitas estaban tiesas y duritas.

- Me gusta estar así contigo, Manu, dijo Julia.

- Yo también estoy muy a gusto así contigo. Además no quiero ser egoísta como ayer, quiero acariciarte mucho y que estés bien.

- Me siento muy rara pero muy bien, sigue, sigue.

Mi mano derecha se fue animando a pasear francamente sobre su sexo y entre las piernas de mi hermanita que disfrutaba del toqueteo.

- ¿Te gusta por aquí? Pregunté mientras pasaba la mano por la cara interna de sus muslos.

- Mucho, me gusta mucho.

- ¿Y por aquí? Dije mientras tocaba su vagina.

- También. Estoy teniendo mucho gusto con tus caricias, me encuentro muy rara.

- Eso es que te estas calentando, ya empiezas a ser mayor y ya te empieza a gustar como a mí.

- Será eso, que estoy caliente o lo que sea. Tú no pares y dame gustito.

- Yo también quiero, no te olvides, a ver si la egoísta eres tú.

- Bueno, si quieres, te toca, ¿qué hago?
- No sé. ¿Nos damos un beso como los novios?
- Bueno, vamos.

Nos pusimos de frente y juntamos nuestros cuerpo al tiempo que uníamos las bocas. Estuvimos así un rato en el que no supimos que hacer con los labios, no sabíamos nada de trabajar con la lengua. No se estaba mal pero tampoco era algo extraordinario.

- Esto del beso no está mal pero pensé que seria mucho mejor, no sé por qué lo hacen todos, dije yo.

- No debemos saber hacerlo, tiene que ser diferente, dijo Julia mas sensata que yo. De todos modos, por qué no nos sacamos la ropa, seguro que estamos mejor.

Nos quitamos la ropa y volvimos al abrazo. Ahora puse a Julia sobre mí y la abracé con fuerza. Nos dimos otro beso. Mi polla se apretaba contra un muslo de julia que apoyaba su coñete en mi cadera. Poco a poco fuimos abriendo las bocas, mezclando las lenguas y comprendiendo la maravilla del beso. Mi rabo quería marcha y empecé a moverme contra el muslo de Julia al tiempo que ella se refregaba contra la protuberancia del hueso de mi cadera y así, besa que besa, frota que frota, ella empezó a suspirar y a temblar. Yo no me quedé atrás.

- Manu, ¡Qué gusto! No puedo estar quieta.

- Julia me voy a correr. Me gusta verte así.

- ¡Huy…. Ay… Uffff…! Me estoy poniendo mala. ¡Cuanto gusto me das!
- Tu eres la que me lo das a mí. ¡Así, así, no dejes de moverte.

- ¡Ay, Ay, Ay… ! Parece que me meo ¡Que gusto!
- ¡Aggg… ! ¡Toma mi leche! Ya no puedo más. Me muero de gusto.

- Manu me pongo loca, quiero gritar. ¡Ay, Ay, Ay… !
- No se te ocurra, si nos pillan nos matan.

- Ya sé, tonto. Parece que me va pasando, pero ¡Qué pasada!
- Si, es una pasada. Parece que a ti te gustó aún mas que a mí. Estabas como loca.

- Es cierto, durante un momento estaba realmente loca. ¡Qué bueno es follar!
- Si, Se lo tenemos que decir a papá y mamá.
- ¿Sabéis? hemos follado y nos gustó mucho. Manu es una máquina y yo me pongo loca.

- Si, la verdad es que no pensé que nos pasara esto. La culpa es tuya con tu pirula caliente.

- Bueno, no creo que tengamos que arrepentirnos de lo que hemos hecho. ¿Crees que te hice daño o que me lo haces tu a mí?
- A mí me parece que no es malo, lo que pasa es que si nos pillan…
- Eso sí, tenemos que ser muy prudentes si lo repetimos.

- ¿Acaso te crees que yo no voy a querer repetir mañana?
- ¡Ostras con la niña! Salió viciosa.

- Seguro que tú no vas a dejar pasar ni un día sin querer, hermanito.

- Bueno, ahora a ordenar esto y dormir, que ya estarán a llegar los jefes.

- Si Manu, hasta mañana, dame un besito pequeñito.

- Te lo puedo dar grande por el mismo precio.

- Ummm, Te quiero.

- Ummm, yo también.

- Hasta mañana Manu.

- Hasta mañana Julia.

Así pasó la tercera noche de las vacaciones. ¿Qué pasará en las siguientes? 

Manuel Lugo, septiembre de 2016

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