viernes, 10 de febrero de 2017

1966 Entre mar y cordillera, Patricio Manns



01 Arriba en la cordillera
02 Vai peti nehe nehe
03 El andariego
04 Lautaro en el viento
05 Un cuarto de Tocopilla - Mataron a mi morena
06 Por la tierra ajena
07 Bandido
08 Sirilla de la Candelaria (con Rolando Alarcón)
09 En Lota la noche es brava
10 Ya no canto tu nombre
11 Los mares vacíos





Primer disco de Patricio Manns, producido por Camilo Fernández y publicado en 1966 por el sello Demon, bajo el número LPD-021. Incluye una de sus canciones más conocidas “Arriba en la Cordillera”. Todos los temas pertenecen en letra y música a Patricio Manns, excepto “Ya no canto tu nombre”, en que comparte autoría con Edmundo Vásquez. El tema n° 8 “Sirilla de la Candelaria” cuenta con la participación de Rolando Alarcón.
Dice en la contraportada del LP
Entiendo que las canciones no deben explicarse. Si ellas no defienden sus fueros por sí mismas, constituyen obras incompletas: un molino sin agua, por ejemplo; una espiga sin tierra o una tierra sin espigas. Por lo tanto, no explicaré estas canciones, pero sí, me propongo intentar algunos alcances acerca de las circunstancias.
Ante todo, éste es un libro cantado, un libro que guarda tierra, aire, piedra, árbol, elementos. Que atesora elementos desatados también: tempestades, relámpagos. Que recorre los caminos de la tierra, pero no mirando los caprichos del polvo, sino la evolución misteriosa de los pájaros en el espacio y al leñador luchando contra un roble que se defiende, que combate crispando todas sus grandes raíces mansas y que, sin embargo, sucumbe tronchado por el hacha. Y, aún antes, es un libro donde se cantan aspectos particulares de la gran tragedia humana: están aquí, en estos surcos del disco, que vagamente recuerdan el paso del arado mecánico por la tierra, la miseria; el trabajo suicida; la ley ancha y angosta a la vez; el amor amargo, (siempre olvido y ausencia, nunca plenitud); la guerra; la conquista; (nunca la paz pura); la fuga del perseguido; pero, por sobre todo, la muerte: la muerte de los pasos cordilleranos; la muerte de los mares; la muerte del socavón; la muerte en la fría calleja madrugadora alumbrada por el relámpago de la cuchilla y, apenas, una sonrisa corta y seca. Es, pues, un libro amargo, pero no amargado, y está cantado así para sacudir a aquellos que prosiguen durmiendo desdeñosamente luego de oír el grito que traspasa la noche como un estilete...

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