miércoles, 27 de septiembre de 2017

La Niña y El Pervertido (Relato Corto)


La primera vez que nos vimos yo ya pisaba los 40 y ella con un cuerpo donde concentraba todos sus 12 añitos como si fuera una ninfa adolescente. Tenía el miedo y la ansiedad de su primera vez; quería y no terminaba de animarse, entonces le propuse que yo llegaría hasta donde ella quisiera.

Aceptó y empecé a chuparle la conchita por arriba de su bombachita blanca, haciendo que la misma apareciera en la humedad de mi saliva y sus jugos fuertes en función de su edad, le acariciaba las piernas mientras la lamía y debo admitir que me costó asumir sus fluidos púberes pero ante sus jadeos y movimientos de goces empecé a correr la bombachita y lamer sus virginales carnes en forma directa.



Se reclinó y tomándome de los cabellos me hizo mirarla mientras me preguntaba como una gran experimentada si me gustaba ella. Tu concha es deliciosa, hace rato que no siento este gusto en una mujer.

Me hundió la cabeza de nuevo entre sus piernas y ella siguió retorciéndose mientras yo sacaba mi pija para masturbarme. Recogí el resto de su vestimenta para llegar a los deliciosos pezones y con la lengua recorrí su cuello hasta aterrizar en su boquita sensual y ávida de perversión.

Tenía en la mirada el miedo, las ganas e incertidumbre de conocer el sexo y cuando sintió como mi pija parada se frotaba en su conchita bombacha de por medio, "hasta ahí" musitó mintiendo. La acaricié con ternura y tomándola del mentón la fui bajando, ella ofrecía una pequeña resistencia pero la curiosidad pudo más y saboreó el glande raspando suavemente con sus dientecitos.

Ante mis gemidos es como si tomó coraje y se largó a chuparme con vehemencia saboreando las bolas también. Se arrodilló de frente a mí y vi como la bombacha se metía entre sus nalgas. La giré para chuparle el culo, cosa que logré sin sacarle la bombacha tomándome el sudor de sus glúteos y en otro giro la deposité debajo de mí. 

¡No, no quiero!, trató de defenderse pero su cuerpo irradiaba la calentura del ya. Le entré de una y posterior a un breve quejido cerró los ojos con una sonrisa en el rostro moviéndose lo mejor que podía y agarrándose de mis clavículas susurraba "papi” que lindo, “gracias papi" le acabé en la puerta de la conchita viendo como caía mi lechita con tono rosado por su sangre.

La agarré de hembra y ella misma buscaba conocer los límites del asco, ama los besos de lengua y chupar pija, me costó bastante abrirle el culo pero es una delicia sentir sus palpitaciones en las paredes intestinales y como cada tanto me ensucia la verga de caca.

Una vez que apareció le dije que no tenía ganas de coger y me pidió permiso y un calzoncillo para pajearse en la cama. Le pregunté en quien pensaría y me dijo que en la única pija que tuvo adentro por siempre y se frotaba el calzoncillo por su concha al tiempo que decía si no dispones lo contrario así será por siempre, solo me cogerá otro si vos lo decidís.


Sabe pedirme las cosas, como meterme su mano en mi pantalón para agarrarme la verga mientras me pide para golosinas o ir al cine. La siento en la falda y a todo lo que le pido dice SÍ, no tendría problemas en hacer lesbianismo o acostarse con otro por mandato mío; pero hasta hoy la uso solo yo.

NOTA DE IMAGENOBSCURA: 
LAs imagenes aquí expuestas son del fotógrafo David Hamilton de su libro "Misty Dawn", y se les puede encontrar en Internet, así que cualquiera que piense mal de ellas debe analizarse seriamente.


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