sábado, 5 de mayo de 2018

El diario de Papá (Relato Corto)


Esta historia inicia con mi esposa encontrándome en la cama con mi hija de 14 años.
Que idiota, me dormí y ella no me despertó. Un psicólogo me dijo que ella me dejó dormir para que nos encontraran, pero la verdad es que ella estaba viendo el video que grabó y que yo siempre borraba después de nuestros encuentros.

Mi esposa gritó y me golpeó con uno de sus zapatos y a mi hija la abofeteó. Ella sabía perfectamente que no la había violado y que era algo especial para nosotros. Lo sabía desde hace mucho y ese momento fue únicamente el momento en que ya no pudo evadirlo. Amenazó con llamar a la policía y meterme a la cárcel. Lo hubiera hecho y yo habría muerto a golpes en una celda por pedófilo, pero mi hija le dijo que de hacer eso ella se cortaría las venas.

Mi esposa había dejado de amarme hace mucho, posiblemente porque nunca entendió cómo nos amábamos mi hija y yo. Ese día por fin encontró el coraje para dejarme, pero no se iría sola. Ella prometió no denunciarme solo si nuestra hija se iba con ella a los Estados Unidos donde viven sus hermanos. Esa noche salieron de mi vida, separado por millones de kilómetros. Hasta que ella cumpla 21 años no podremos estar juntos.


La verdad es que traté de suicidarme, o mejor dicho lo pensé. A las 2 de la tarde mi hijita me había dicho “Te amo papi soy toda tuya” ofreciéndome sus pechos aún inmaduros, y 12 horas después estaba solo en una casa vacía pensando en matarme. No lo hice por aferrarme al hecho de que en unos años la volvería a ver. De saber lo que ahora sé, quizás hubiera saltado por la ventana.

Durante casi 20 días estuve como muerto, comía, trabajaba y dormía solo por inercia.
En el trabajo les dije la verdad, mi esposa me había abandonado y se había llevado a mi hija, así que lo comprendieron, y no hicieron más preguntas. No era muy cercano a ellos ni a nadie. Desde que nació mi vida había sido mi hermosa hija, y más desde que descubrimos que nuestro amor no entendía de límites. Así que sin amigos ni familia cercana, estaba sólo. Mi casa era un mausoleo donde un cadáver se movía. Eso hasta el día 21.

-Si tú eres mi papá, yo prometo ser tu hija – me dijo una niña al abrir la puerta un sábado a las 6 de la tarde.

-¿Qué? – Fue lo único que alcancé a balbucear antes de que ella entrara a mi casa.

-Soy Laura, era amiga de su hija. Ella me dijo que viniera a verlo si todo se podía mal –
-¿Eres amiga de mi hija? Ella ya no vive aquí –

-Ya lo sé. Se todo. Sé que ustedes dos tenían sexo – Dijo de la forma más natural. Yo debí poner una cara de pánico porque ella continuó – Cierre la puerta y no se asuste.
Le contaré todo.

Nos sentamos en la sala, ella en el sofá y yo en el sillón frente a ella, lo más lejos de ella que pude. Era una niña bajita como de 1.50 cm, no era muy delgada y su cuerpo no tenía ninguna forma de mujer, parecía apenas estar dando ese estirón que hace más altas a las niñas que a los niños un tiempo. Morena en jeans, con una playera estampada en azul, muchas pulseras de plástico y una mochila. Su cabello negro iba suelto y le llegaba hasta la mitad de la espalda. Sus ojos y orejas eran grandes y su boca pequeña y llena de dientes blancos.

-Sé que ustedes dos tenían sexo porque ella me lo contó, y ella me lo contó porque descubrió que yo también lo hacía con mi papá – Dijo mirándose sus tenis blancos – Ella me vio despedirme de mi papá varias veces y dice que así lo notó, yo no sé qué vio, pero lo supo. Hace unos meses cuando mi papá se fue yo estuve llorando detrás de los talleres de la escuela, ella fue y me consoló, yo no paraba de llorar y le dije que ella no entendía por lo que estoy pasando. Ella me dijo “yo lo hago con mi papá cada vez que puedo. Los martes que mi mamá va a visitar a la abuela, estoy desesperada por que llegue mi papá para poder estar con él sin prisas y meternos desnudos a mi cama. Tenemos un amor especial ¿Tú tenías algo así con tu papi verdad?” Le dije que sí y desde entonces nos hicimos amigas.

Yo estaba en shock al saber que una niña conocía mi más oscuro secreto. Pero no parecía querer amenazarme, lo cierto es que era una historia triste para ella.

-Estuve en contacto con ella estos días, me contó lo que pasó y me dijo que si las cosas se ponían muy mal para mí que viniera a verlos y le pidiera ayuda y que yo le ayudará a usted. Ayúdeme por favor – En ese momento lágrimas empezaron a bailar en sus grandes ojos negros.

-¿Qué te pasó? – pregunté.

-Mamá está enganchada otra vez – Dijo ella después de respirar profundo – Está muy mal, me pegó. - Se levantó la manga de la playera y mostró un par de líneas moradas.
– Ella le hace a la piedra, y justo ahora está muy mal. Mi papá está en la cárcel, va a pasar 30 años ahí, por posesión de drogas y armas. El dejó mucho dinero, pero mi mamá se puso como loca a consumir, fumaba todo el tiempo, Ayer en la noche se durmió y no ha despertado. Creo que ya no va a despertar. Hablé a la ambulancia tome mi mochila y salí corriendo para acá. No creo que despierte –


Era una narración tan compleja y dramática que no sabía que decir, lo único que atiné a decir después de mucho tiempo fue

-¿Que traes en la mochila? – pregunté para ganar tiempo y poder digerir lo que pasaba. Ella con naturalidad abrió los dos grandes cierres y empezó a acomodar el contenido en el sofá a la vez que lo nombraba.

-Traigo mis papeles en este sobre, acta de nacimiento y mis boletas de la escuela y otros papeles que encontré del doctor y el acta de matrimonio de mis papás y papeles que se veían importantes. Un poco de ropa, pantalones y mi uniforme, ropa interior y unas playeras, mi lap y mi Tablet, mis zapatos, mis lentes de repuesto, unas fotos y una bolsita con unos juguetes, mi perfume y esto. – Al pronunciar la última palabra volteó la mochila y el resto de su contenido se esparció por el sofá y el suelo.

Billetes, muchos billetes, todo quedó tapizado con billetes de todas denominaciones, ella no dejó de sacudir la mochila hasta que el último salió perezoso y flotando se acurrucó entre sus pies.

-No quiero regresar. Esto es parte de lo que dejó mi papá, ayúdeme y es suyo – Ella empezó a llorar de nuevo.

El verla llorar me hizo reaccionar, pasé sobre el dinero desperdigado, me senté a su lado y la abracé. Sentí su cuerpo estremecerse en mi pecho por el llanto, sus lágrimas mojando mi camisa y su dulce olor de niña envolverme.

-No te preocupes, todo estará bien. – la abracé y besé su cabeza hasta que se calmó varios minutos después. Por fin dicho el guión que había preparado y de seguro ensayado, y realizado el acto final de los billetes, ella se quedó sin saber qué decir y me tocaba a mí hacer el siguiente movimiento. – Vamos a recoger tu dinero. Lleva tus cosas al cuarto de mi hija y mientras yo pediré una pizza ¿De qué te gusta la pizza? - Imagino que no se concentrará en lo importante hasta que aclare lo del dinero. Obviamente su padre, quien fue condenado a 47 años de prisión, guardaba mucho dinero en efectivo. Ella traía poco más de cien mil pesos, que si bien es una fortuna para un niño, no era una cantidad tan descomunal ni que me ocasionará un trastorno. No soy millonario pero soy un profesionista trabajador y ahorrativo, no era la primera vez que veía esa cantidad en efectivo. Laura se quedó muy tranquila cuando guardamos el dinero en mi caja fuerte (una muy pequeña, como la que hay en los hoteles) y pudo ver que yo también contaba con efectivo en ella. Le dejé claro que ese era su dinero y yo la ayudaría sin que eso fuera un factor.

-La verdad lo planeamos entre las dos. Se suponía que ella estaría aquí y me ayudaría a convencerlo de que me dejara quedarme – me contaba mientras comíamos pizza – Su mamá le quitó el cel y la vigila, pero pudo mandarme un mensaje diciéndome que viniera, que yo estaba sola y usted estaría triste y sólo.

-Me cuesta trabajo creer que mi hija te contara de lo nuestro – Pasaba por mi mente que podría ser una trampa de mi ex o algo así.

-Guarda los juguetes sexuales en la vieja caja de la computadora, el favorito de ella son las esposas, a usted le gusta el verde. Ella empezó con las pinzas en secreto para masturbarse mientras usted no estaba, y luego se lo mostró y a usted…

-Ya, ya me quedó claro que eres su amiga y hablaban mucho de lo que le gustaba.

-A decir verdad no hablábamos tanto de eso como cree. Hablamos de la escuela, de la tele y cosas así también. En su último mensaje me dijo que le dijera algo.

-¿Que? –

-“No estés solo en la cueva osito” Eso me puso en el mensaje ¿Lo entiendes? –

-Sí, ella era un conejito y yo un oso. El conejito y el oso vivían juntos y felices en su cueva, y sin importar que pasara afuera, ellos siempre estaban felices en su cuevita. Nuestra cueva era debajo de las cobijas cuando nos acostábamos.

-¿Quieres que sea tu conejito? –

-Yo y cualquiera estaría feliz de que fueras su conejito. Pero lo importante no es eso, sino que yo no soy tu oso. Y no tienes que hacer nada, eres amiga de mi hija y estas en problemas. Pasa aquí la noche y veremos mañana qué hacer. Y no te preocupes, puedes dormir en el cuarto de mi hija. Solo te pido un favor.



-¿Cuál? –

-Por ningún motivo te vayas sin avisarme, sería muy peligroso ¿entiendes? –

-Si –

Platicamos hasta las 12 de la noche y le dije que se fuera a la cama. Yo hice lo mismo. Creí que tendría insomnio como las anteriores noches, pero al contrario dormí profundamente y muy rápido. Quizá el sentirme útil y necesitado otra vez le había dado sentido a mi existencia.

En la noche me despertó algo familiar, era un cuerpo pequeño y frío entrando a mi cama.

-¿Qué haces? ¿Estás bien? – dije entre dormido mientras el pequeño cuerpo se pegaba a mí. Ella estiró su cara y me besó en la boca, yo retiré la cara con suavidad. Iba a decirle que no debía hacer esto pero se me adelantó.

-Tengo miedo y estoy sola. Déjame entrar a la cueva osito. No soy el conejito, pero soy un gatito perdido y que tiene frió. – Dijo apenas en susurros y con lágrimas en sus ojos.

La besé en los labios con suavidad y se abrieron para mí, nuestras lenguas se conocieron y ella succionó la mía. Bajó su mano a mi entre pierna y sintió como mi verga iba creciendo.
Yo bajé mi mano por su espalda, ella llevaba una camiseta y nada más, a la mañana siguiente encontré sus pantis a los pies de la cama, se los había quitado justo antes de subir.

Pasé mi mano por sus nalgas tersas y perfectas, suaves y tibias. Aventuré la punta de mis dedos por su culito diminuto. Ella dio un pequeño respingo, pero siguió besándome. Después ´pasé mis dedos por su vagina ya húmeda. Al pasar mis dedos varias veces sobre sus labios vaginales ella empezó a gemir. En un momento ella dijo algo que no entendí. Me detuve y le presté atención.

- No soy virgen. Por ningún lado soy virgen.

-Eso no me importa. Eres mi gatito y esta es tu cueva, aquí nada de afuera, el pasado o el futuro importa – Le dije mientras la ponía de espaldas y separaba sus muslos con delicadeza, una vez que su sexo quedó expuesto, introduje uno de mis dedos lentamente hasta el fondo. Oh Dios que caliente estaba ahí dentro.

-Empecé a penetrarla con mi dedo de forma lenta pero fuerte y profundo. El resto de mi mano se estrellaba contra su clítoris. Ella jadeaba y saltaba cuando mi dedo llegaba a lo más hondo. Hice que mi dedo girara dentro suyo y los gemidos pasaron a gritos entrecortados. Con la boca abierta y jadeante me pidió más. En la siguiente embestida introduje otro dedo. Ella gritó, puso sus manos en mi muñeca y sentí como todos sus jugos se desparramaban por sus nalgas y empapaban el colchón, su ano palpitaba ferozmente como reclamando una parte del botín. Yo saqué mis dedos empapados y los chupé ruidosamente frente a ella y luego la besé. Ella me besó con pasión y felicidad.

Cuando recuperó la respiración, separó un poco los labios y preguntó

-¿Y tú? – Le iba a decir que yo estaba bien y no se preocupara pero me di cuenta de lo que ella necesitaba.

Baje mi trusa y dejé libre mi verga que estaba erecta y brillante. Le separé las piernas y me puse sobre ella, pero no para penetrarla, empecé a masturbarme mientras contemplaba su cuerpo desnudo y brillante por el sudor de su reciente orgasmo. Con un ronco gemido eyaculé en su vientre y en su sexo. Me dejé caer junto a ella y vi sus dientes blanco, como pequeño soldados formando una sonrisa. Ella tocaba y esparcía mi semen por todo su cuerpo. Esa noche ambos pudimos dormir tranquilos, después de una noche muy profunda ambos encontrábamos algo de luz y calor.

La mejor cura para la soledad es otro solitario, dos pequeñas llamas que se necesitan la una a la otra para mantenerse ardiendo. En esa cueva hecha de nuestros temores y esperanzas inició nuestra historia.

Mi primer día con Laura me tenía asustado. Desperté y la encontré dormida a mi lado, la luz del día inundaba la habitación. Nunca me consideré pedófilo, aunque creo que lo soy, yo amaba a mi hija por ser mi hija.

Laura era una niña de apenas 13 años hermosa, su cuerpo era macizo y su piel suave, sus muslos carnosos brillaban con la luz en un matiz de tonos casi infinitos.
No parecía respirar, solo su pequeño ombligo se desplazaba un poco, no hacía ruido alguno. Su sexo sin vello estaba brillante por un poco de fluido. Si bien era el sexo de una niña, no el de una niña virgen. Los labios ligeramente separados y ese pequeño hueco oscuro al final de los mismos delataban que alguien ya había entrado y forzado su cuerpo.

Recordé la vez que desvirgue a mi hija loco de deseo, y el enorme esfuerzo que ella hizo para contenerme. Me pregunté cómo habría sido la primera vez de Laura.

A mi niña al final le brotaban gruesas lágrimas y su voz estaba cortada por el esfuerzo, pero estaba feliz de que su papi al fin hubiera estado con ella. Yo me resistí, incluso le prometí que en un año lo haríamos, pero ella no cedió y con caricias y palabras que sabía me incendiaban había logrado que la penetrara esa noche. Después de eyacular y recobrar la razón me horrorice al ver cómo de entre las piernas de mi hija, de su vagina roja y dilatada, emanaba sangre y semen. Ella dijo “papí” tan dulcemente que alejó el miedo.

La miré al rostro y la vi sonriendo, “Te amo papi, gracias, fue hermoso… Abrázame”.
Esa vez ella me sedujo y absolvió, ella sabía cómo tratar conmigo. Yo me debatía entre el deseo y la culpa, pero ella me enseñó que si bien todo el mundo podía condenarme, ella solo me amaba. En esa mañana mi hija no estaba y era otra niña la que dormía con su vientre brillante de mi semen ¿Qué pasaría cuando abriera los ojos?

Estaba pensando en eso cuando subí su playera. No sé qué parte de mi degenerado subconsciente tomó el control de mis manos pero alcé sin pensar la camiseta de Laura para ver sus pezones, no digo sus pechos, porque prácticamente no tenía, eran apenas un par de pezones marrón claro sin textura, lizos y dormidos. Ella abrió los ojos poco después y me encontró mirándola fijamente



-Buenos días – dijo

-Buenos días Gatita –

Ella no hizo por cubrir su desnudez, sólo se quedó quieta. Nos quedamos así un buen rato hasta que ella no soportó más.

-Tengo que ir al baño – Dijo

-Si claro – Me levanté para que ella pudiera pasar al baño de mi recamara –Es ahí.


Ella se levantó y fue corriendo al baño, no cerró la puerta al entrar y pude escuchar como el chorro de su orina se estrellaba contra la porcelana. Poco después de que el sonido cesó, salió caminando con paso lento y mirada baja. Se plantó frente a mí, yo seguía sentado en la cama, y se quitó la playera que era su única prenda. De nuevo nos quedamos mirándonos por un largo rato, yo la veía a los ojos preguntándome qué esperaba de mí, y creo que ella hacía lo mismo.

-¿No te gusto? – Me había abrazado para no verme al hacer esa pregunta.

-¿Por qué crees eso? -

-Cuando desperté creí que ibas a ponerte encima de mí, pero no lo hiciste, y luego pensé que me seguirías al baño.

Consideré el decirle cuánto me gustaba, pero en lugar de palabras opté por algo más directo. Tomé su mano y la bajé hasta mi verga que oprimía mis calzones. Ella palpó el miembro y soltó una risita.

-Claro que me gustas, mira como me tienes de solo verte desnuda. Pero quiero estar seguro de que tú quieres esto. No tienes que… - No pude seguir hablando pues ella me dio un beso profundo y largo, su diminuta lengua entró en mi boca explorando y jugando mientras mordisqueaba mi labio inferior.

Al terminar el beso, bajó su mano izquierda a su sexo, dio un respingo y su mano subió con dos dedos brillantes. Pasó los dedos entre mi nariz y boca para que sintiera por primera vez ese dulce aroma de niña. Luego puso ambos dedos en su boca y después en la mía, de forma que saliva y flujo vaginal me fueron dados juntos. Al mismo tiempo ella apretó con fuerza mi verga que no había soltado.

Resoplé por lo excitado y sentí como el orgasmo se abalanzaba desde mi oscuro interior.
Imagino que ella sintió las palpitaciones de mi miembro y con destreza y en menos de un segundo sacó mi pene de los calzones y lo metió en su boca. Se puso en cuclillas y empezó a succionar mi pene con mucha fuerza, como jamás nadie lo había hecho, o así los senti.
Me acosté para disfrutar más y ella aprovechó para engullirlo todo, por instinto arqueé la espalda para empujar aún más y ella metió un brazo bajo de mí y con la otra mano me sujetó las bolas. No duré mucho, casi nada, explote y ella hábilmente recibió todo mi semen sin desperdiciar una gota.

Cerré los ojos y dejé que mi cuerpo sintiera esa oleada de placer. Cuando recuperé el aliento y abrí los ojos, la vi a ella, a Laura, sonriendo. Abrió la boca para que viera mi semilla blanca y reluciente en su rosada lengua. Jugó con ella, se cercioró que la viera bien y con un cómico sonido se la tragó.

-Tenías tus huevitos repletos, te debían de estar doliendo mucho, estabas super necesitado de vaciarlos. No te aguantes, podría hacerte daño. Después de desayunar haré que te corras otra vez. – Dijo eso y salió de mi vista.

Yo seguía exhausto, me palpitaba mi próstata intensamente. La mayoría de las veces uno tiene un orgasmo y deja que las cosas salgan, pero este fue de esos en los que intentas exprimirte a fondo.

El no entender es lo que provoca miedo, al ver que la deseaba el mundo cobró sentido para ella, y pudo liberarse de su angustia. Al parecer su papá le había dicho esa idiotez de que a los hombres se nos hinchan y duelen los huevos sino descargamos nuestro semen. Le dices a tu hija que duele, que te ayude, que sea buena. “Que cabrón el muy hijo de puta” pensé.

Esa era la manipulación más simple para convencer a un niño para que te deje saciar tu lujuria en él. Ellos son héroes que te salvan, y tú los amas más por eso. ¡Qué puto asco! Al final es una mentira muy simple y cuando se descubre, tú no sufrías y su sacrificio no valió una mierda, ya que tu solo les mentiste para usarlos. Nunca los amaste, solo fingías para gozar al usar su cuerpo. Eso es abusar de un inocente, ni siquiera la violación es peor, por lo menos en un ataque ellos se saben agredidos y pueden defenderse, saben que son la víctima, saben que tú eres el malo, pero cuando les pides que te salven del dolor con su amor y sacrificio, es una vil mentira y un puto asco.


Ya sé que mi indignación pierde sentido considerando dónde acababa de eyacular y las cosas que hacía con mi hija desde hace años, pero por lo menos yo nunca le mentí sobre que la deseaba, que la amaba.

Salí de un salto de la cama cuando escuché como caían cosas y un sonoro “Carajo” proveniente de la cocina.

-No hay comida en esta casa – me gritó Laura al entrar a la cocina. Ella seguía desnuda. – hay zucaritas pero no leche, hay aceite pero no huevos, y en el refri solo hay cervezas y tres cebollas –

-Desde que me quedé solo no me he preocupado de hacer las compras –

-¿Y qué comes?

-Sinceramente no sé - Ella infló sus mejillas y yo alcé los hombros en un ademán de inutilidad – Oye ¿No te vas a vestir?

-¿No te gusta lo que ves? – Respondió enseñándome su suave culito – Ya veo que si te gusta.
– Dijo mientras veía mi renovada erección - La verdad me gusta andar desnuda o casi desnuda por la casa, sobretodo en estos días que no hace frío. Y creo que te ayudará a disfrutar de… – Se tragó la última palabra de esa oración.

-Como no hay que comer vamos a desayunar y de ahí a hacer las compras, también necesitas más ropa. Así que tendrás que vestirte.

-Pero antes tenemos que aliviar esto – Dijo mientras pegaba su estómago a mi erección.

-No me duele – Dije con desinterés



-Ya sé, pero me gusta, me gusta cuando lo provocó. Mi mamá no podía hacer que se le parara a papá sin importar lo que hiciera, y lo intentó de todo. Pero al verme se le ponía dura y caliente. Solo necesitaba verme, a veces ni eso, le bastaba saber que llegaría pronto, cuando regresaba de la escuela ya estaba con su pito enorme sentado en el sillón. Yo no me quitaba el uniforme, me arrodillaba y lo mamaba. Eran mis erecciones, mías, yo las hice, como esta, como esta.

Ella ya había metido su mano y sacado mi verga y me masturbaba con ritmo. Alzo mi playera y mordió mi pezón, de forma intermitente una y otra vez. Succionaba y mordía. Yo jadeaba y sentía como me fallaban las piernas.

-Dámelo, suéltalo todo –

Yo descargue en su mano, en su brazo y su vientre. Tuve que sujetarme de una silla para no caer. Ella sonreía mientras lamía mi esperma. Se arrodilló y limpió con su boca a conciencia mi pene que ya estaba reblandecido.

-Esta noche quiero que me cojas, por delante y por atrás, quiero ser tuya por completo, ahora eres mi papi y yo tu hija –

-Así es hijita. En la noche te haré mía –

-Bueno, pues vamos a bañarnos y de compras -

Fin

Por lawyer236
Las fotografías son de David Hamilton del libro de 1993 Twenty Five Years Of An Artist y las puede uno encontrar en internet

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