miércoles, 5 de junio de 2019

CINE POLÉMICA: Pretty Baby 1978 - Cuando el sexo no tenia edad


“Yo todavía no era un ser sexuado y así es como Malle quería que fuera. Él estaba más interesado en mostrar la aparición de mi sexualidad mediante mi actitud, que a través de una desnudez gratuita”
-Brooke Shields


Nacer, crecer y vivir en un burdel. Le pasó a Violet, a su hermano menor, a otras niñas y niños que viven junto a ella. Cuando en la infancia lo único que te rodea son mujeres, tu madre y tus “tías”, y ellas trabajan acostándose con hombres, dándoles placer a cambio de dinero, aprendes que esa es la realidad, que la vida es así: dormir en el día y ejecutar el oficio de noche, entre música, baile, licor, risas, apuestas, gritos, gemidos y puertas que se cierran. Violet es testigo involuntaria de la cotidianidad de un burdel en la Nueva Orleans de 1917 y sus ojos curiosos y asombrados presencian en cada jornada lo que presiente será su destino: crecer para volverse una de ellas, una de esas prostitutas sensuales llenas de clientes.

Violet protagoniza Pretty Baby (1978) –conocida como Niña bonita en América Latina y como La pequeña en España- y el punto de vista del filme es el suyo. Es su mirada infantil la que guía este relato. Es su mirada la que da inicio a la película y con su mirada también termina. Cuando el filme empieza Violet parece estar presenciando un acto de placer pero en realidad es algo más, un acto de vida. No está nada mal como metáfora visual y auditiva: una cosa es lo que ella cree percibir y otra lo que en realidad ocurre. Por eso la visión del burdel es tan amable y romántica. Las prostitutas se aprecian entre sí, hay solidaridad entre ellas, todas son hermosas, van bien vestidas, sus clientes son elegantes, formales y caballerosos, el piano toca canciones alegres, madame Nell Livingston administra todo con rigor pero con justicia. No es posible imaginar un mundo mejor: aunque afuera la Primera Guerra Mundial deja miles víctimas, esta es un eco lejanísimo para Violet. Ella apenas tiene 12 años.

Al optar por ese punto de vista en primera persona, Louis Malle hace que tengamos que describir e inferir muchas cosas por nosotros mismos. A las prostitutas no logramos identificarlas y reconocerlas individualmente (esta no es su historia), no hay muchas explicaciones para la maltrecha dinámica familiar de Violet –la relación con su madre es cordial pero distante-, no entendemos del todo que ahí hace un fotógrafo retratando a las prostitutas y por qué se va quedando a ser parte de la “familia”, tampoco sabemos el motivo que impide a que Violet vaya a la escuela y salga de los confines del burdel (¿rechazo social?), lo único que tenemos claro es que está siendo criada para renovar al grupo: es preciosa, es carne joven, es virgen.

La infancia de Violet le estorba sobre todo a ella misma, que quiere desarrollarse rápido para ser parte del grupo y dejar de ser la niña que –por lo menos externamente- nunca se ha sentido. Al vivir siempre entre adultas cortejadas y mimadas por sus clientes, quiere lo mismo para sí. No tiene otra perspectiva, no hay quien quiera dársela, no les conviene. El único podría ser “Papa” Bellocq, el fotógrafo (¿homosexual?, ¿impotente? ¿voyeur consumado?) que intenta, prendado de ella, devolverle su niñez, a sabiendas que probablemente ya es demasiado tarde. Cuando le regala una muñeca y luego la viste como una niña de su edad para fotografiarla, Violet se siente incómoda, como si la hubieran disfrazado. Más tarde cuando él la fotografíe completamente desnuda, sin importar que luzca aburrida, su expresión será otra: ya por fin se siente mujer. Así no lo sea todavía. Ella sabe que todo es una fachada, que por dentro aún desea ser protegida y guiada por su madre ausente, pero esa vulnerabilidad casi nunca nos permitirá verla. La contradicción la habita y vivirá para siempre con ella, como la última imagen de Pretty Baby lo confirma con amargura. “De alguna forma Pretty Baby era una continuación, y una variación, de muchos de los temas de Lacombe Lucien. Puesto que apenas estaba saliendo de Black Moon, supongo que todavía estaba obsesionado con que el personaje central fuera una chica joven. Tenía la visión de una jovencita jugando en este burdel, que era un poco como la casa de Black Moon, una suerte de mundo imaginario” (1), relataba Malle.


Por supuesto que hay mucho de perversidad en esta historia. Es el relato de la corrupción y el abuso de una menor de edad por parte de su madre (Susan Sarandon) y sus compañeras de trabajo. Es el negarle la niñez, la educación y la inocencia a un ser que quizá va a pagar duras consecuencias sicológicas futuras, es celebrar la pedofilia, es la connivencia hipócrita con un crimen sexual. Sin embargo al situar todo en el pasado, Malle y la guionista Polly Platt –diseñadora de producción y exesposa de Peter Bogdanovich- descargan la responsabilidad en los usos y costumbres sociales y culturales del momento: así eran las cosas en 1917, así de perverso era el ambiente que Violet respiraba, la suya no es la única niñez interrumpida, la suya no es la primera desfloración subastada. Además todo está respaldado en textos que relatan la vida en el distrito de Storyville y en las fotografías de E.J. Bellocq, un hombre misterioso –el mito dice que era un enano deforme- que se dedicó a tomar fotografías de las prostitutas de Storyville en Nueva Orleans a principios de la segunda década del siglo XX.


Pretty Baby señala el desembarco de Louis Malle en el cine norteamericano. Tras Lacombe Lucien y Black Moon sintió que se estaba convirtiendo en un cineasta regional, de alcance limitado, y quería expandir sus límites como autor. Estados Unidos era un país que visitaba a menudo y admiraba, y como uno de sus proyectos implicaba al jazz, al distrito rojo de Storyville, al descubrimiento de la historia de una prostituta que nació y creció en un burdel (según aparece en “Storyville, New Orleans” de Al Rose) y a las fotografías de E.J. Bellocq, se antojaba natural rodar en América. Cuando fue a presentar Black Moon en Nueva York y en San Francisco, pasó por Los Ángeles e hizo un contrato de dos películas con la Paramount. En 1976 empezaría su aventura americana.

David Picker, amigo suyo y jefe de producción de Paramount, le sugirió hacer el guion junto a Polly Platt, que pese a no tener una carrera prominente como guionista, había colaborado en los guiones de los filmes de Bogdanovich. Picker había leído la adaptación –no producida- que ella hizo de la novela The Assistant, de Bernard Malamud, y estaba sorprendido de la calidad de su escritura. Aunque inicialmente Malle y ella se entendieron bien, Platt fue desplazándolo de la escritura del guion: recogió lo que habían investigado, se marchó a Arizona y lo trasformó todo en un argumento escrito por ella, muy a la usanza de lo que hacen habitualmente los guionistas norteamericanos. Trabajaron juntos en una segunda versión, pero Malle sintió que la esencia de lo que él había pensado y escrito ya estaba perdida. Y él, traicionado.


Sin embargo, Polly Platt tiene otra versión de los hechos y de la génesis del guion. Según cuenta, la idea original de Malle era hacer un filme sobre el maltrato a los inmigrantes mexicanos en California, pero ella lo disuadió de la idea. Platt fue la que encontró un libro de las fotografías de E.J. Bellocq publicado por Lee Friedlander y la que se lo mostró a Malle, sugiriéndolo como posible tema. También ella recuerda que durante la preproducción de La última película (The Last Picture Show, 1971) viajó a México y topándose con algunos burdeles, vio que las mujeres vivían allí con sus hijos. Recordando ese episodio se le ocurrió que sería buena idea empezar el filme con un nacimiento en un burdel. Malle había leído el libro de Al Rose sobre Violet, una mujer que nació y creció en un burdel, y decidieron unir las dos líneas narrativas e intersectar las vidas de Bellocq y de Violet. Platt se fue para Arizona a escribir el guion sin Malle por motivos personales, pues a su novio no le hubiera gustado que se hubiera marchado sola con el realizador francés.


Fue un proceso de pre y producción demorado y complejo. El estudio se atemorizó con el tema de la prostitución infantil y casi no da el aval, luego al director de cinematografía, Sven Nykvist, se le impidió manejar él mismo la cámara por asuntos sindicales; además Malle no estaba conforme con el equipo de técnicos que lo rodeaban, que no entendían su visión artística del filme. Para construir el reparto era fundamental encontrar a la joven adecuada, y descubrir a Brooke Shields fue decisivo para este filme.

Nacida el 31 de mayo de 1965, Shields era a sus 11 años una modelo infantil de ya larga trayectoria cuando fue entrevistada por Malle y Platt para el rol. “Aunque yo era tan joven siempre había tenido aspecto maduro y evocador. Estaba lejos de la precocidad y eso era lo que Louis Malle buscaba. Yo no era de ninguna forma lo que Nabokov había llamado una ninfa o una Lolita. Eso no era lo que Louis Malle había imaginado para su Violet. Él creía que su poder debía residir en su inocencia sabia. Louis quería un sentido de dualidad y contradicción en su protagonista. Él vio a la mujer/niña como alguien con ingenuidad e inocencia reales, acopladas a inteligencia y madurez emocional. Él no quería provocación astuta. Yo era lo que él quería –a la vez una niñita y una adulta emocionalmente madura, pero careciendo de personalidad astuta” (2), explicaba la actriz en una de sus autobiografías. No fue sencillo proponerle a ella y a su madre que le permitieran ser parte de un filme donde debía aparecer desnuda, pero de parte de ellas no hubo mayor dificultad para aceptar. Malle entrevistó a muchas jóvenes para el rol, pero Brooke Shields lo conquistó por su naturalidad, madurez y asombrosa belleza.


Aunque Polly Platt pensó y contactó a Jack Nicholson para interpretar a Bellocq, en últimas serÍa Keith Carradine el encargado de hacer una versión romántica e inventada de este personaje, casi que un adolescente en el cuerpo de un adulto; mientras una espléndida y desinhibida Susan Sarandon sería Hattie, la madre de Violet. Todos, escenografía incluida, adquirieron bajo la lente de Sven Nykvist un tono parecido a un recuerdo. El cinematografista sueco optó por no utilizar luces de fondo –para malestar y contrariedad del equipo técnico- buscando reproducir el estilo visual de las pinturas Édouard Vuillard, que era algo a lo que Malle aspiraba. Visualmente Pretty Baby es muy lograda, reflejando a la vez un mundo decadente y fascinante.

Reparto de Pretty Baby (1978): Susan Manskey, Diane Scarwid, Cheryl Markowitz, Susan Sarandon, Seret Scott, Keith Carradine, Brooke Shields, Miz Mary, Barbara Steele, Laura Zimmerman.

Estrenada en Estados Unidos el 5 abril y en Francia el 24 de mayo de 1978, mientras era prohibida en Inglaterra y en Ontario, Canadá, la película estuvo precedida de una campaña de expectativa enorme (incluyendo un reportaje gráfico con Brooke Shields y una reseña del filme en los números de Playboy de enero y marzo de ese año), que no se vio compensada ante los ojos de un público que estaba preparado para encontrar el escándalo franco y se topó con una versión demasiado artística y hasta tímida de un tema complejo que Malle asumió haciendo prevalecer su mirada libre de juicios morales.

Sin embargo no todos están de acuerdo con su postura neutra. En su análisis de la obra de Malle, Hugo Frey anota que “El constante deseo de Malle de evitar el juicio moral convencional corrió el riesgo de reducirlo a una clase diferente de juicio por defecto que es imperdonable. Esta tendencia, la ambigüedad, el balanceo de juicios, seguramente está mal encausada a la luz de la experiencia genuina de las víctimas de abuso, una experiencia que nunca está por completo explicada por la fotografía excesivamente neutral y repetitiva de los ojos agridulces de Violet. De hecho ni es abordado en sus justificaciones retrospectivas del filme. Comentando al respecto al momento del estreno británico de la película, Malle explicaba que «se me ha acusado de explotarla, pero eso no es verdad. Ella me utilizó». Esta es una inversión típica de Malle que fuerza la credibilidad al punto de romperla” (3).



De igual forma la crítica de cine dividió opiniones a la hora de valorar a Pretty Baby, que fue estrenada en un momento de extrema sensibilidad frente a los abusos y a la prostitución infantil. “Si [la película] hubiera sido escandalosa por lo menos la gente hubiera asistido a que los excitara. En realidad era muy austera y nada se mostraba para ser exactos. Por esa razón era incluso más perturbadora” (4), expresaba el director, desilusionado frente a la incomprensión de un filme probablemente adelantado a su tiempo o quizá ya irremediablemente caduco al momento de su estreno. ¿Suena contradictorio? No olviden que este es un filme de Louis Malle.

Referencias:
1. Philip French (Ed.), Malle on Malle, Londres, Faber and Faber, 1996, p. 124
2. Brooke Shields, There Was a Little Girl: The Real Story of My Mother and Me, New York, Penguin, 2014, p. 116
3. Hugo Frey, Louis Malle, Manchester, Manchester University Press, 2004, p. 99-100
4. Philip French, Op Cit., p. 120


Tomado de www.tiempodecine.co

Esta polémica película dificil de encontrar y más con una calidad respetable y con subtitulos, la puedes descargar desde la versión completa de la revista LASCIVIA (Diciembre del 2016)

3 comentarios :

  1. please which issue of LASCIVIA I can download this movie?

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    1. You can find it in the magazine LASCIVIA of December 2016 (is number 26)

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