lunes, 21 de octubre de 2019

Hernán y Mirta: La historia de una relación muy especial

Este es un relato de una historia real tal cual me la contaron los protagonistas: Hernán y Mirta.

Hernán es el hijo mayor de Aldo y Mirta. Junto a su hermana, Daniela, un año menor conformaban una familia tipica de clase media de Buenos Aires.

Todo comenzó hace muchos años cuando Hernán contaba con 11 y Mirta, su mamá, 34.

Hacía ya 3 años que Mirta había dejado de bañarlo y secarlo a Hernán diariamente.

Un sábado por la tarde encontrándose los dos solos porque Aldo se había ido al club a practicar tenis y Daniela a un cumple de una compañerita, y mientras Hernán terminaba su ducha y ya comenzaba a secarse, Mirta irrumpió sorpresivamente en el baño y se ofreció a secarlo como hacia mucho no lo hacia. Hernán no se negó recordando lo mucho que disfrutaba de las caricias de su madre.



Mirta vestía un camisoncito de seda blanco sin sostén que apenas llegaba a cubrir su cola. Demasiado sexy para un encuentro a solas con su hijo púber. Haciéndole prometer a Hernán que sería un secreto ya que el padre había prohibido la práctica a los 8 años cuando consideró que ya era grande para que la madre lo bañara y como ambos coincidieron en que lo extrañaban y que lo harían aprovechando la soledad de la ocasión, Mirta se sentó en el inodoro, lo puso de espaldas a Hernán y cubriéndolo con un gran toallón de algodón blanco comenzó con la práctica del secado de su hijo muy lenta y suavemente. Primero la cabeza, el cuello, los hombros, el pecho y la espalda, bajando con las caricias hacia la cintura y la cola mientras le preguntaba si le gustaba, si lo disfrutaba y el niño asentía y exclamaba mucho mami, me encanta.

Al llegar a la cola y los genitales las caricias de Mirta se intensificaron y se detuvieron en la zona provocándole a Hernán una erección.

-Te gusta mi amor así- preguntó Mirta. Hernán no respondió avergonzado.

-No te gusta?- inquirió Mirta nuevamente.

Al no obtener respuesta giró el cuerpo de Hernán para quedar frente a frente y lo atrajo más hacia sí, entre sus piernas abiertas. No hubo más palabras. Solamente se miraron. Mirta lo atrajo aún más tirando del toallón hasta que el pene erecto de su hijo quedó a casi nada de contacto con su vagina apenas cubierta por la bombachita. Mirta abrió aún más las piernas y rozó su concha con la pija de Hernán subiendo y bajando dos veces. Terminó de secarlo y se retiró del baño. Nunca más hablaron del tema y se volvió a repetir. Como si nada hubiese pasado.

Hernán nunca pudo sacarse de la cabeza lo sucedido ni olvidar esas imágenes. El cuerpo de su madre se había convertido en su objeto de deseo e inspirador de sus varias pajas diarias.

Varios años después, durante unas vacaciones en familia en una playa de la costa y cuando Hernán ya había cumplido 16 y Mirta 39, tuvo lugar el segundo episodio de acercamiento entre ellos.

Mirta media 1,65, muy buen cuerpo, 90 de senos, 65 de cintura y 95 de cadera con una cola muy parada. Cabello corto tipo carre, teñido de rubio, la piel bronceada que resaltaban sus ojos verdosos. No usaba bikini, solo mallas enterizas. Aldo su marido, 5 años mayor, había sido su único novio y su único hombre en la vida. Eran de costumbres recatadas y bastante antiguas donde el sexo era un tema tabú.

Hernán se las había tenido que arreglar solo o con sus amigos para hablar de sexo y poder debutar sexualmente con una mujer a los 15 años. Había conseguido los servicios de una ex vedette famosa de unos 40 años que no casualmente eligió por el parecido físico notable que tenia con su madre. En varios encuentros sostenidos a lo largo de un año había llegado a aprender todos los secretos del arte amatorio y de la seducción que tan bien le enseñó su profesional maestra.

A los 16 años era ya casi un hombrecito muy lindo y muy exitoso con las adolescentes pero a el lo atraían las mujeres maduras que lo seguían viendo como un nene.

Una tarde de ese verano en la playa y aprovechando que Aldo y Daniela no estaban en las cercanías, Mirta le pidió a Hernán que le pasara el bronceador por la espalda. Los balnearios de la costa bonaerense tienen carpas que las familias alquilan para dejar sus cosas, descansar a la sombra, juntarse a comer, etc. Cuentan con una mesita, sillas, reposeras y en el fondo un cortinado que separa un vestidor.

Mirta lo llamó a Hernán dentro de la carpa, parada frente a la mesa y lo suficientemente dentro como para evitar miradas. Le dio la crema bronceadora y le ofreció su espalda. Hernán comenzó con los suaves masajes sobre la piel de su madre al mismo tiempo que no podía evitar una terrible erección. Sin decir palabras Mirta bajó los breteles de su malla sensualmente y apoyó su manos sobre la mesa haciendo que su cola rozara el short de Hernán. Fue un instante en que el miembro erecto de Hernán se apoyó entre las nalgas de su madre. Fue un instante también que Mirta se fregó el orto sintiendo la verga endurecida de su hijo.

Las voces de una familia amiga llamándola hicieron que Mirta saliera a su encuentro inmutable. Hernán se fue a una reposera. Como si nada hubiera pasado.

Acomodado en la reposera Hernán evitaba que se notara su inevitable erección que no lo abandonaba y seguía con la mirada todos los movimientos de su madre. Mirta se ubicó en una silla frente a el en ronda de charla con una amiga y otro matrimonio, sin mirarlo. Al grupo se unieron Aldo y Daniela que regresaban del bar. Hernán no le sacaba la mirada de encima a Mirta.

Ella lo sentía. Esperó el momento justo para mirarlo. Sus miradas se encontraron en un instante fugaz. El le mostró disimuladamente lo que solo ella podía notar, su erección. Ella abrió sutilmente sus piernas ofreciéndole a sus ojos, su concha.

Todas las noches cenaban afuera con amigos. Luego los chicos se iban con sus amigos y los grandes a tomar un café. Aldo todas las noches dejaba a Mirta en la casa con Daniela y se iba al casino solo. Hernán salia a bailar o a los jueguitos electrónicos y regresaba al amanecer.

Una noche Daniela fue invitada a dormir a la casa de una amiga. Hernán esa noche decidió no salir mintiendo a sus amigos que se sentía mal. Aldo dejó a Mirta en la casa y se fue al casino. Hernán estaba en su cuarto.

Mirta entró al cuarto de Hernán.

-Te sentís bien mi amor. Estas mejor?

– Sí, Má. No prendas la luz, por favor.

El reflejo del exterior que entraba por el ventanal era suficiente para ver el babydoll casi transparente que lucia Mirta.

Mirta le acarició la frente y las mejillas sentada en su cama. Hernán fue corriendo la sabana que cubría su desnudez y su verga ya parada.

Mirta la acaricio y empezó a pajearlo. Hernán a tocarle la concha y meterle los dedos. Gimiendo, desenfrenados de placer ambos acabaron casi al instante. Mirta se fue a su cuarto. Hernán se durmió.

Hernán se casó a los 26 años con Julia luego de un noviazgo de tres años. Daniela se casó al año siguiente con su único novio desde los 15.

Cuando llevaba dos años de matrimonio, a los 28, Aldo, su padre, falleció repentinamente de un infarto. Mirta con 51 años se quedaba completamente sola con sus hijos ya casados y con Daniela viviendo a 200 km. de la ciudad. Hernán tendría que ser su sostén en tan duro momento.

Luego de su trabajo Hernán comenzó a pasar diariamente a visitar a su madre y a hacerle compañía. A la vez que se hacían más prolongadas, él sentía que eran insuficientes. En un año su matrimonio se extinguió. Con la excusa de la separación le pidió a Mirta si podía vivir allí por un tiempo hasta conseguir otro lugar. Por supuesto Mirta accedió feliz aunque simulando tristeza por la separación.

Hernán volvió a instalarse en su cuarto de hijo. Habían pasado muchos años y deseos extinguidos pero la soledad de su madre encendió esa chispa que estaba dormida en la profundidad de su ser. Nunca jamás hablaron de lo ocurrido años antes. Con el pasar de los días y los meses de convivencia los deseos de Hernán crecían pero no parecía encontrar eco en Mirta que lo trataba como a un hijo sin insinuar absolutamente más nada.

Sin saber que podría pasar por la mente de su madre decidió comenzar a seducirla sutilmente, con pequeños gestos y acciones. Nada violento ni agresivo. Le fue sugiriendo que modificara su vestuario. Que estaba formidable para su edad y que debía lucir esa belleza. Le compró ropa interior. Sexy, provocativa. La llevaba a cenar, al cine, a tomar algo. También la llevó a bailar. Durante todo un año llevó su plan de sutil seducción adelante.

Una noche de verano después de cenar Hernán invitó a Mirta a ver una película en el living. Los dos en la comodidad de un amplio sillón. Mirta concurrió vestida al convite. Hernán estaba solo con un bóxer.

-Ma, que haces así vestida. Ponte cómoda. Anda, dale, ponte ese camisoncito que te compré.

Mirta obedeció sin reparos. Volvió como su hijo le había pedido. Apagaron las luces, encendieron la TV y comenzó el film. Ambos muy juntos en el sillón, rozándose. Mirta suspiró un bostezo estirándose la espalda y los brazos. Hernán se acercó y le susurró al oído

-Te hago unos masajitos. Ven, ma, acomódate….necesitas mimos

Comenzó con los masajes en el cuello y la espalda que se fueron convirtiendo en caricias por todo el cuerpo y susurros al oído que se fueron convirtiendo en besitos.

-Te gusta así, ma? Te gustan mis mimitos? Estas re mimosa

Mirta no podía contestar con palabras. Su cuerpo, su respiración, sus suspiros y gemidos lo decían todo. Quería más.

Los dedos de Hernán se detuvieron en los pezones erguidos de Mirta mientra le chupaba el cuello. Fue el primer gemido de placer incontrolable.

A partir de allí todo se descontroló y se desencadenó desenfrenadamente la pasión contenida y reprimida durante años.

Hernán se la cogió a Mirta. Mirta se lo cogió a Hernán. Se cogieron todo lo que desearon hasta desmayarse de placer. Mirta le chupó la pija a su hijo hasta llenarse y tragarse toda la leche. Hernán le chupó la concha a su madre hasta tragarse todo su polvo y meo. Ella le rogó que le llenara la concha de leche. El le rogó que fuera su puta para siempre.

Acabaron miles de veces. Como nunca.

-Hijo te amo. Eres el hombre de mi vida. El único hombre que me hizo acabar. Mi macho.

Por MALAU82

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