viernes, 14 de febrero de 2020

Placer sin preguntas


Capitulo 1

Como cada viernes, apenas eran las dos y ya habían ocupado todas las mesas, del restaurante en el que trabajaba, desde hacía ya más de un mes. La última mesa libre, acababa de ocuparse y era mía, por lo que me acerqué a pedir la comanda. Eran cuatro hombres de mediana edad, que hicieron su pedido, sin penas levantar la mirada de la carta y cuando cinco minutos después volví con las bebidas, se les había unido otro.

— ¿Va a comer caballero? –pregunté, sacando mi libreta de comandas, al tiempo que retiraba un mechón de pelo suelto de mi cola de caballo alta.

Al contrario del resto de comensales de esa mesa, el hombre levantó la mirada y clavó sus ojos en la mano que colocaba el mechón de pelo, luego miró mi boca mientras le hablaba

— ¿Me recomienda el salmón señorita…? –preguntó con un sonrisa, que a pesar de no llegar a sus ojos, hizo que su expresión se suavizara.




—No lo he probado, por lo que no le puedo asegurar nada, pero sí puedo decirle, que al igual que el resto de la carta, siempre esta delicioso –contesté más nerviosa, de lo que estaba dispuesta a admitir

—Me gusta la gente sincera y que no haya respondido con un tópico. Tráigame el salmón, poco hecho, por favor –y regresé a la cocina como una niña a la que acaban de ponerle un diez en un examen.

No dejé de mirarle de reojo en todo momento, procurando que su mesa no faltara nada y cuando todos habían pedido café en vez de postre, él volvió a llamar mi atención.

— ¿Alguna dulce sugerencia?

—Sin duda, tarta tres chocolates –contesté como un tonta, contenta cuando asintió sin pestañear.

Estaba en la barra, esperando los cafés de otra mesa, cuando su voz me sorprendió:

—Realmente vale cada caloría extra. Me cobra la cuenta de la mesa y me pone un café corto por favor

Mientras llevaba los cafés a otra mesa, él esperó la cuenta bebiendo su café en la barra y cuando regresé ya había pagado.

—Gracias Eva, ha sido un auténtico placer –dijo moviendo la bandejita de cambio hacia mi

Miré los veinte euros de propina que me acaba de dejar, mientras digería que me había llamado por mi nombre.

—Vaya, le has causado buena impresión al señor, me ha pedido hasta tu nombre –dijo mi compañero de barra cuando él se alejó.

Volvió todos los días durante el resto de la semana, siempre acompañado, pero siempre sacando esos momentos en los que conseguía traspasar mi armadura de chica dura y sacarme esa tonta sonrisa, haciendo que le viera marchar deseando que volviera al día siguiente; pero acabó la semana y el lunes no apareció, al igual que el resto de la semana y aunque me costara admitirlo cada mediodía me decepcionaba no verle aparecer.

Cuando el miércoles de la siguiente semana ya estaba convencida que debía estar de paso y no volvería a verle, casi a última hora de la noche, le vi entrar y sin poderlo evitar me puse tensa.

—hola Eva, ¿es demasiado tarde para cenar algo?

—No –contesté con rapidez

Cuando le pedí que iba a tomar, me miró con esa mirada que conseguía tensar todo mi cuerpo y dijo:

—Eva, llevo una semana tomando decisiones, ¿te importaría decidir por mí? –y cerró la carta entregándomela.

—suponiendo que no sea escogido con la comida y le guste todo, ¿cómo se lo que le apetece en este momento?

Y para mi sorpresa su mirada se oscureció, resbaló lentamente por mi cuerpo descarada, sin pudor, con seguridad y firmeza antes de contestar

—Eva tráeme lo quieras solo es comida, no te preocupes por lo que me apetece en estos momentos ya que eso no está en la carta –y volvió mirarme descarado

Casi salí corriendo hacia la cocina, mientras intentaba que mi piel volviera a su estado normal (sin erizar), pedí un ensalada y una carne a la brasa de segundo, mientras suplicaba a mis pezones que dejaran de endurecerse, para poder volver a su mesa sin que estos se notaran en mi camisa.

Llevé el vino sin mirarle y dejé la ensalada. Apenas levanté la mirada, cuando alabó cada plato, ni siquiera cuando ya en la barra como siempre y tras pagar, espero a que volviera de otra mesa para pasarme la bandejita con la suculenta propina.

—Siento haberte incomodado, culpemos al jet lag y la dura semana que he tenido…

—No me ha incomodado, solo me ha sorprendido

—y dime Eva, ¿crees que un hombre como yo, tendría alguna posibilidad de seguir sorprendiendo a una chica como tú?

—Tú tienes jet lag y yo dos mesas más –le contesté intentando que no notara mi nerviosismo

Cuando dos horas después salí abrochándome aun el abrigo, me sorprendió verle fuera, apoyado en el que debía ser su coche. Cuando nos miramos me sonrió como hacia siempre; a medias. Solo cuatro pasos me acercaron a él y me bastaron para tomar la decisión…

—La cena y el café han hecho milagros con el jet lag y como no dijiste “no” decidí esperar a que terminaras con esas dos mesas.

Ya había tomado mi decisión, simplemente abrí la puerta del copiloto y subí sin que hubiera preguntas, porque ninguno de los dos necesitaba respuestas en ese momento.

Poco después, estábamos en un ascensor acristalado de un hotel cualquiera, mirándonos con la intensidad de quien sabe lo que va a suceder en breve, pero disfrutando de esos momentos previos a que estalle la tormenta.

— ¿Te apetece…? –preguntó ya en la habitación abriendo la neverita

—Me apetece más una ducha –contesté quitándome el abrigo ante su atenta mirada.

Estimulada por su excitante mirada empecé a desabrochar mi camisa mientras él se sentaba a los pies de la cama. Me excitaba la seguridad que desprendía su voz; su mirada, hacía que me sintiera tan sexi y deseada…

Abrí la camisa sacándola de la falda, luego esta cayó a mis pies y me deshice también de la medias. De espaldas a él, me quité el sujetador y busqué su mirada en el espejo. Me abrasaban sus ojos recorriendo mi cuerpo, solo cubierto por las braguitas y dejé de mirarle para ir hacia el baño, entonces oí crujir la cama… sus pasos y le vi en el hueco de la puerta mientras me quitaba las bragas.

—A partir de ahora preciosa, deja que lo hagamos a mi manera, aunque he disfrutado de cada segundo –dijo tomando el relevo de mis manos

Apenas rozaba mi piel, mientras se deshacía de mis braguitas y me inducía a meterme en la ducha, bajo el agua tibia que empezó a resbalar mi piel ardiendo. Necesitaba que me tocara, ansiaba sus caricias desesperadamente y suspiré cuando rozó uno de mis costados, mi pecho…

Mis pezones se endurecieron aún más con esa distraída caricia, apreté los muslos, mordí mis labios…

—Que rica estas así, llevo tanto tiempo deseándote así, anhelante y excitada… ¿quieres que te toque preciosa? –pregunto con voz ronca

Cuando asentí sus manos agarraron mis muñecas y me subió los brazos estirados llevando mis manos al enganche de la pared que sujetaba la alcachofa de la ducha.

—No la sueltes –pidió con voz queda

Me aferré con fuerza a la fría pieza mientras sus dedos recorrían mis labios, mi cuello, escote…suspiré cuando sus palmas frotaron mis duros pezones, solo unos segundos antes de seguir por mi vientre, mi pubis…uff agarré más fuerte y pegué mi espalda a las frías baldosas, cuando sus dedos se colaron entre los labios de mi vulva y recorrieron mi encharcada vagina.

—Recuerda que no puedes soltarte putita –dijo, justo antes de deslizar dos dedos en mi vagina.

Los dedos de su otra mano pellizcaron uno de mis pezones, los otros dos follaban mi coñito sin parar, mientras el pulgar estimulaba mi clítoris, volviéndome completamente loca, haciendo que casi me colgara del soporte, moviendo las caderas en busca de cada penetración, a la que unió un tercer dedo y siguió penetrándome sin pausa, hasta que me corrí.

—Buena chica –dijo enjabonando mi piel mientras aun temblaba

Sus manos, llenas de gel formaban espuma en mi cuerpo y volvían a excitarme, a pesar del reciente orgasmo, agarró la alcachofa y reguló el chorrito para dirigirlo a su antojo por mi cuerpo y para cuando acabó con la espuma yo volvía estar a cien.

—Separa más las piernas

Dios, un segundo después la presión del agua, directa en mi inflamado clítoris volvió a llevarme al cielo.

—Espérame en la cama mi niña, dame cinco minutos –dijo desnudándose, mientras yo me secaba

Me tumbé extasiada en mitad de la cama, oyendo el agua correr debí quedarme medio dormida porque un ruido me sobresalto y al abrir los ojos le vi, sentado en un sillón a los pies de la cama, completamente desnudo, con el pelo un húmedo tras la ducha.

—Me había quedado traspuesta –dije incorporándome un poco sobre los codos

—Me encanta mirarte… ¿me enseñas más? –su voz profunda, no parecía preguntar sino exigir y eso me excitaba mas

Separé las piernas y su mirada se centró entre mis muslos, en mi sexo ahora expuesto.

—Mas, usa tus dedos, ábrelo para mi cielo

E hice lo que me pedía encantada, separando los labios de mi vulva, exponiendo mí ya hambriento sexo de nuevo ante su feroz mirada.

—Acarícialo pequeña…así, ¿sientes lo caliente que esta? no pares, sigue acariciándote para mi golfilla.

Me excitaba hacer lo que me pedía con ese tono grave, ronco, sensual y que me parecía tan erótico…

—Dos deditos, mételos como hice yo en la ducha…nota como tu prieto coñito los aprieta, es toda una delicia preciosa…

Mi coñito estaba ya encharcado, recibiendo encantado la lenta y profunda penetración, mientras le miraba relamiéndome, mordiendo mis labios calentándome más y más escuchándole.

—Muy bien princesa, así despacito y muy adentro, sácalos casi al completo y vuelve dentro, así hasta el fondo –susurraba, sin dejar de mirar entre mis piernas

Y entonces bajé la mirada para ver como su mano aferraba su falo enhiesto y empezaba tallar su polla lentamente, al mismo ritmo que mis dedos penetraban dentro de mí. Deseaba que fuera su polla, la que me estuviera follando y mis dedos entraban y salían más rápido, mis caderas se elevaban buscando más…

— ¿Vas a correrte para mi golfa? –dijo apretando su falo

El glande oscuro y brillante se humedeció y me relamí los labios, deseando probar su néctar justo cuando otro orgasmo se apoderaba de mi cuerpo.

— ¿Quieres probarla mi niña? Ven –dijo cuándo asentí aun temblando

Gateé por la cama hasta los pies y como una loca saqué la lengua para lamer las gotitas que coronaban la puntita, relamí golosa y chupeteé el glande.

—Si pequeña, chupa mi niña –dijo, acariciando mi cabeza con la mano libre

Durante unos minutos, su mano solo me dejó relamer la punta, luego la apartó y con la otra presionó en mi cabeza, haciendo que su polla resbalara entre mis labios, tragué con facilidad casi media, un empujoncito y casi por completo, antes de retroceder y volver a la carga, no sin chupetear de nuevo la puntita. Disfruté de su sexo, hasta que me apartó sin ganas, se pudo en pie y retiró el sillón que había casi pegado a la cama. Me dio la vuelta y colocando su polla en la entrada fue resbalando lentamente, rozando cada milímetro de mi interior, haciéndome jadear como una perra en celo mientras me follaba por primera vez. Entró jodidamente lento y una vez dentro paró, se aferró a mis caderas y empezó a follarme cada vez más fuerte, más adentro, más rápido…salía, entraba, rebotaba, salía…

Me aferré a las sabanas jadeando, cuando mi cuerpo estalló de nuevo como un volcán, corriéndome como nunca, mientras él literalmente chapoteaba en mi coño encharcado. Solo paró cuando mi cuerpo dejo de convulsionar y yo dejé de gimotear, entonces me dio la vuelta como su fuera una muñeca de trapo, me subió mas para arriba y arrodillándose entre mis piernas, subió mi culo a sus muslos, se agarró al cabecero con ambas manos y me penetró de un solo golpe de caderas, ambos gritamos, volvió a empujar sin salir un par de veces, rozando con su pubis mi clítoris inflado.

—Necesito correrme niña, no puedo más

—Hazlo, pero no pares, no dejes de follarme –le suplique encendida

Y sin dejar de mirarme volvió a empujar una y otra vez sin dejar de mirarme, con fuego en los ojos, su cuerpo se tensó y un chorro de lava caliente inundó mi vagina, mientras aullaba y volvía a conseguir que me corriera una vez más, uniéndome a él mientras potentes chorros golpeaban mi interior.

— ¿Estas despierto? –pregunte despertando en mitad de la noche

—Si

— ¿El jet lag?

—He dormido un poco –dijo, metiendo la mano entre mis muslos

Sus dedos recorrieron mi rajita, haciendo que esta se empara al instante, recordando además el mejor de los polvos.

— ¿Porque no subes un poquito? –su voz sonaba tan sensualmente convincente

Me tumbé sobre su cuerpo desnudo, separé mis piernas dejando su sexo duro rozando el mío y dejé que mis rodillas se deslizaran hasta el colchón, mientras mis manos se apoyaban en su pecho, me incorporé y el empujó su falo hacia mi entrada, clavándome en su estaca. Como él me agarré al cabecero y cabalgué sobre su polla.

—Uff que rico

—Tu sí que estás rica, mi niña –dijo sobando mis tetas tras encender la lamparilla

Me corrí tras pedirme que apoyara los pies planos y le follara duro mientras me apretaba los pechos casi lastimándolos; descubriendo el placer rozando el dolor.

Luego me tumbó boca abajo, tras lamer mi piel, la acarició antes de tumbarse sobre mí para follarme salvajemente, hasta volver a llenar mi coñito de semen, dejándome exhausta y saciada de nuevo.

Por la mañana mientras me duchaba entró en el baño:

—Lo siento, no quería despertarte llego tarde al trabajo –le dije

— ¿Pensabas irte sin despedirte? –dijo, entrando en la ducha

—Iba a decirte que me iba

—No sé yo, ponte de rodillas…

—Voy a llegar tarde…

—No pierdas el tiempo pues –dijo empujándome por los hombros

Me arrodillé en la bañera y el guío su polla entre mis labios, apoyé las manos en sus muslos y la chupé al igual que sus pelotas, como fue demandando, cada vez más encantada, más hambrienta y deseosa hasta que tras un alarido llenó mi boca de semen

—Dúchate o llegarás tarde -dijo pasándome el gel

Terminé de ducharme encabronada y excitada dejándole en la ducha. Mientras cogí mi ropa el salió también de su ducha.

—No te pongas aun las bragas –dijo detrás de mí

Hizo que me sentara en el sillón donde él se había sentado la noche anterior, se arrodilló ante mí y separando mis piernas lamió mi coño con devoción, hasta hacerme olvidar no solo de la hora del trabajo, sino hasta de mi nombre joder…

Pasé el día en una nube, recordando lo sucedido, pero sin verle, y el resto de la semana tuve tiempo de pensar en todo, ya que no volvió, cosa que me hizo replanteármelo todo. Debía olvidarme de ese hombre, que en una noche me había hecho perder la cabeza y centrarme en lo que realmente me había llevado ahí. Ya tenía todos los datos, estaba allí para conocer a mi padre y nada iba a distraerme de mi principal cometido.

Al final de esa semana, cuando esa noche al salir de la cocina le vi allí sentado, supe que pasar de ese hombre no iba a ser tarea fácil, ya que cada poro de mi cuerpo, deseaba volver a sentir lo que solo con él había sentido.

Como estaba acompañado, simplemente se comportó como de costumbre, pero al final de la cena se acercó a la barra.

—He estado fuera…

El empezó a excusarse y yo me quedé mirando su anillo en el dedo anular.

—El otro día ya lo llevaba…–dijo lacónico, al darse cuenta de lo que miraba

—Lo se

— ¿Podemos vernos luego?

—Lo siento, pero ya he quedado con los chicos –le dije señalando a mi compañero

—Solo es una excusa

—Tómalo como quieras… –le dije, yéndome hacia la cocina.

No volví al salón, hasta asegurarme de que ya no estaba, y cuando acabamos como habíamos medio acordado, salimos juntos a tomar unas copas. No tardé en arrepentirme, mi pobre compañero estaba con su pareja y aunque intentaba animarme, no quería chafarle la noche y me aparte dejándoles espacio, para que se divirtieran, lo que dio pie a que algún que otro moscón se acercara, a esas horas de la noche con claras intenciones de no acabar la noche solos. Me libré con facilidad del primero, pero el segundo resultó ser un buen cliente del restaurante donde trabajábamos y algo bebido, se resistía a abandonar lo que había creído la presa ideal de esa noche, no sabía cómo quitármelo de encima educadamente, cuando para mi sorpresa le vi a él aparecer.

Se acercaba, con cara de pocos amigos y se sorprendió, al ver como apartándome de mi acompañante, le sonreía a él y cuando casi llegó a nuestro lado, le lancé los brazos al cuello y le dije:

—Ya creí que me habías dado plantón –y le besé

Al principio no reaccionó por la sorpresa de mi inesperado recibimiento, pero unos segundos después y ante la mirada atónita de mi anterior acompañante, sus fuertes manos aferraron mi culo pegándome bien a su cuerpo y me devoró.

— ¿Qué haces aquí?-pregunte cuando el otro hombre desistiendo se alejo

—Le pregunté a tu compañero, por donde solía ir cuando quería tomar algo y vine con la esperanza de encontrarte, esperando convencerte para charlar, pero no esperaba para nada este recibimiento

—Solo quería quitarme a ese pesado… –aunque no podía negar que las piernas me temblaban

—Venga, solo deja que te invite a una copa y charlemos

Me acerqué a la barra y me siguió, pedí una copa y él la suya y entonces le miré, desentonaba allí en medio de toda esa gente tan distinta, intentando hacerse escuchar por mí, en medio de esa atronadora música, de pie en ese antro, a las tres de madrugada tras venir de una semana de viaje y todo porque me deseaba, como había notado cuando sus manos me habían apretado contra su cuerpo.

— ¿Vas a escucharme al menos? –y supe en ese instante, que no quería escucharle hablar

Deseaba oírle gemir, pensé agarrándole de la mano y llevándole entre las gente que apenas se movían ya a esas horas, como auténticos zombis. Cruzamos el local, el pasillo y en entré en el baño de mujeres, donde había solo una retocándose el pintalabios ya inexistente, le sonreí a la chica haciéndole entrar a él tras de mí, que ni la miró aun alucinado. Nos metimos en uno de los baños, eché el cerrojo y disfruté unos segundos, de la sorpresa en sus ojos antes de que su boca se lanzara de nuevo a devorar la mía, mientras mis brazos se enroscaron en su cuello y sus manos de nuevo en mi culo.

—Joder, me muero por follarte pequeña –dijo subiendo mi falda

Desabroché su cinturón, bajé la cremallera y antes de que él corriera mis bragas yo ya había sacado su polla dura del pantalón, él subió una de mis piernas pegadas a su cadera, apoyé ligeramente el culo en la cisterna del retrete y tiró más de mí; flexionó las rodillas y me penetró de un solo envite. Ambos gemimos, sin importarnos quien pudiera oírnos desde fuera y me aferré más a su cuello, me agarró más del culo y me folló como un salvaje frotando su pubis contra mi clítoris inflamado, hasta que me corrí como una posesa, enroscando mis piernas en sus caderas mientras él arremetía una y otra vez.

—Voy a correrme nena, voy a correrme –jadeó mordiendo mi cuello

—Sí, sí, sí

No sé si fue primero el potente chorro de lava caliente inundando mi coñito o mi potente segundo orgasmo, solo sé que ambos gemíamos y jadeábamos fundidos mientras nos corríamos.

Dejé que colocara mis bragas sobre su semen que empezaba a escurrir por mi coñito y tras bajar mi falda salimos del baño, fuera aun estaba la misma mujer que volvió a sonreírme al verme al verme salir de su mano. Me llevó a despedirme de mi compañero y salimos al aire frio de la noche. En silencio entramos al coche, al mismo hotel y ya en la habitación me desnudó y me dé nuevo me llevó a la ducha.

Volvió a follarme dos veces más esa noche y por la mañana cuando me vestía con todo el cuerpo demasiado consciente del placer recibido le oí decir desde la cama:

— ¿Vas a seguir resistiéndote a esto?

—No –le contesté, antes de cerrar la puerta, rendida a la evidencia de mis deseos.

Así empezaron nuestros tórridos encuentros, plagados de sexo sin preguntas ni respuestas por la otra parte, solo el placer que nos consumía a ambos. Ni siquiera pregunte su nombre, de haberlo pedido me podia mentir, no saberlo me ponia aun mas cachonda.

— ¿Haces algo esta tarde? –preguntó tres mediodías después

—Salgo a las cuatro y entro a las ocho –le dije, dejando su café y mirando el reloj de pared

Entre neblina volví a ver la hora a las cinco y media, mordía la almohada mientras su polla húmeda tras mis primeros orgasmos, entraba lentamente en mi culo, sus manos aferraban fuerte mis caderas, mientras de pie en el borde de la cama entraba sin prisas pero sin pausa, parando unos segundos antes de empezar a sodomizarme sin piedad. Las sensaciones eran indescriptibles, quería que parara y que me diera más a partes iguales, me dolía y me gustaba… sus dedos se perdían en mi sexo y el placer aumentaba exponencialmente hasta el paroxismo total. Subió mi torso y con su mano libre me aferró bajo las tetas, mientras yo meneaba el culo clavándome más en su polla, sus jadeos en mi oído me hacían enloquecer, sus dientes se clavaban en mi cuello, en mis hombros…

—Voy a correrme, como me gusta follarme tu culito golfa…así muévete, si, si

Y tras un gemido gutural chupeteó mi cuello mientras llenaba mi culito de semen y sus dedos pellizcaban mi clítoris haciéndome volar de nuevo, con él.

Las siguientes semanas follamos casi a diario, en el hotel, en su coche y hasta el baño del restaurante donde yo trabajaba, mientras mi compañero creía que estaba fumando en la parte de atrás y sus colegas le creían atendiendo una llamada entre los baños y el pasillo.

Mientras tanto con todos los datos recopilados mandé un correo electrónico a mi padre en el que le explicaba sin rodeos quien era. Él me contestó dos días después asegurándome que no tenía ninguna hija y volví a ponerle en antecedentes, mandándole los datos que yo si tenía.

Acababa de darme una ducha cuando sonó mi móvil y me extrañó que él llamara en sábado y siendo más de media noche.

—Necesito verte

— ¿Cuando? –pregunté extrañada

—Ahora, puedo pasar a recogerte si quieres

—Ya estoy en casa, hoy he salido pronto

Quería verle, solo oír la necesidad en su voz me excitaba y le di la dirección, diez minutos después sonó el portero, sin que me hubiera dado tiempo ni a cambiarme.

—No esperaba tu llamada –le dije al ver como miraba mi pijama de ositos

Parco en palabras como siempre, bajo la cabeza para devorar mi boca, mientras sus dedos desabrochaban los botones de mi pijama.

—Estaba en casa, recordándote, pensando en esto (besaba mis pechos ya desnudos) y ya no podía mas

—Y que has dicho para salir de casa a media noche –pregunté, aferrándole del pelo cuando mordió uno de mis pezones.

—Que mi socio acababa de llamarme borracho y necesitaba que lo fuera a recoger –contestó metiendo la mano dentro del amplio pantalón de pijama

Sus dedos recorrían mi rajita empapada, hasta encontrar la entrada y sin pausa me penetró casi con furia, una y otra vez sus dedos entraban y salían empapando mi coñito hasta chapotear en él.

—Joder, que rica estas niña –dijo llevando los dedos de mi coño a su boca

Bajó la chaquetilla del pijama por mis hombros a la mitad el mis brazos, luego colocó una de las sillas detrás de mí e hizo que me sentara, pasando la tela por el respaldo e inmovilizándome así a la silla.

—Sube el culo zorrita

Y cuando obedecí su tácita orden, dio un tirón y me quitó el pantalón amplio de pijama junto con mis braguita, luego separó bien mis rodillas y arrodillándose ante mí, bajó a lamer mi sexo ya más que hambriento. Su lengua recorrió cada rincón, lamió, chupeteó y succionó hasta hacerme retorcer en esa silla antes de meter con dureza y sin piedad dos dedos en mi coñito y follarlo así una y otra vez, haciéndome correr como una loca sin dejar de lamerme, de penetrarme…alternando su lengua, sus metidas y hasta el froté de su pulgar en mi clítoris…otra vez mi cuerpo volvía a temblar sin control…y él siguió frotando, hasta que literalmente me hice pis, mientras volvía a correrme de nuevo y como un poseído volvió a lamer mi sexo tembloroso, sin piedad mientras lloriqueaba sin fuerza.

Me liberó de la chaquetilla y me llevó al sofá, donde me dejó descansar un momento mientras se desnudaba sin prisas.

—Ves cómo me pones… -dijo al ver como miraba su tremenda erección

Se acercó y dándome la vuelta, me puso de rodillas, colocó un cojín entre mis piernas y hasta la suavidad de la tela en mi sexo hipersensibilizado me producía escalofríos de placer, entonces apoyando una mano en el centro de mi espalda, note como paseaba su polla por la humedad de mi rajita, pero sin detenerse hasta mi ano, donde presionó hasta colarse, me aferró de las caderas y me la metió y empezó a moverse y hacer que mi coñito rozara la suave tela a cada arremetida… me follaba con furia, con desesperación, el culito me ardía, mi coñito palpitaba… quería más y más me dio, increscendo hasta el final apoteósico.

El domingo por la tarde recibí un nuevo correo de mi padre, en el que accedía a que nos conociéramos y tras mi respuesta afirmativa, me citó en su casa ya que su esposa estaba al corriente, tras leer el último de los correos que le envié el sábado y tras pedirle disculpas por los problemas que le pudiera haberle ocasionado, nos citamos el martes donde yo ya sabía que vivía.

—Perdón si el sábado estuve algo más brusco de lo habitual –dijo mi amante, el martes al mediodía

—Tranquilo, fue intenso pero lo disfruté

— ¿Podemos vernos hoy?

—Esta noche libro, pero tengo un compromiso –le dije, pensando en mi padre

— ¿Y si te llevo a casa ahora?

—Termino en media hora –me daba tiempo, ya que había quedado para cenar.

Una hora después, mi ropa de trabajo estaba tirada por todo el pasillo junto a la suya, mientras mi loco amante, mordisqueaba mis pezones, tras atar mis muñecas con su corbata y después de subir mis brazos por encima de mi cabeza, la pellizcó con una de las puertas y yo me retorcía de placer y dolor, confundiéndolos. Su polla dura rozaba mi cuerpo, su barba incipiente irritaba la fina piel de mis pechos, mientras sus dedos hurgaban entre mis piernas.

—Me encanta tu contradicción, te quejas pero te mojas… -decía metiendo y sacando los dedos de mi cuerpo enfebrecido

No paró hasta que me corrí y entonces levantando mi pierna, flexionó sus rodillas y sacando los dedos, me penetró como pudo, sin poder dar profundidad a la penetración arremetía una y otra vez, haciendo crecer el deseo en ambos, que a cada envite deseábamos mayor acople; finalmente subió la otra pierna, me empujó más contra la puerta, me aferré con las piernas como pude a sus caderas y me la metió hasta el fondo, una y otra vez, empujando en mi sin apenas salir, golpeando mi espalda y mi culo contra la puerta, mordiéndonos los labios, lamiéndonos como posesos…y grité cuando volví a correrme, solo entonces liberó mis manos.

Me arrodillé ante él, y agarrando esa polla que tanto placer acababa de darme, empecé a tallarla, mientras sacando mi lengua sopesé con ella sus pelotas antes de succionarlas de una en una, para terminar en su falo tembloroso y palpitante, hasta que apoyándose en la misma puerta, soltó un alarido y yo tragué para que se corriera en mi garganta y terminará en mi boca mientras yo limpiaba con mimo hasta la última gotita con mi lengua, sin dejar de acariciar sus pelotas.

Solo los nervios de lo que me esperaba tras esa puerta, apagaba un poco el cosquilleo que aun podía sentir entre mis piernas tras el polvazo con mi amante.

—Hola soy Eva

—Buenas noches señorita, mi marido está terminando de arreglarse, puede pasar, pero ahora que estamos solas, quiero que sepa que no va a sacarnos nada si es eso a lo que viene. –dijo la degradable y estirada señora

Tendría unos cuarenta y cinco, podía haber sido guapa y estaba bastante bien, pero la frialdad de su mirada… –pensaba mientras se apartaba

Y nada me había preparado para ese momento. Detrás de ella apareció mi padre. Por fin había llegado el momento, tras seis meses de incansable búsqueda, tras saber por un error de mi madre de su existencia y descubrir, que era mentira la historia que me había contado los primeros veinticinco años de mi vida…

—Cesar, ella es Eva. –dijo la mujer presentándonos, antes de coger mi abrigo

—Hola

—Déjame tu abrigo, os dejo unos minutos para que empecéis a conoceros

Miraba alucinada a ese hombre que ahora sabía mi padre, miraba en silencio a ese hombre de pelo canoso, alto y robusto que tan bien conocía ya, miraba sus manos y las recordaba recorriendo cada milímetro de mi piel erizándola, si aun podía casi sentir su sabor en mi boca de esa misma tarde, joder…

Capitulo 2

Allí estábamos, de pie uno frente a otro, mirándonos como si nos viéramos por primera vez, pesar de conocer a la perfección cada rincón de nuestros cuerpos.

—Ayer, no saber tu nombre me parecía misteriosamente erótico, hoy siento no haber hecho nunca esa pregunta –oí el repiqueo de los tacones de su mujer regresando.

El resto de la noche, me sentí como si estuviera en una nube, necesitaba procesarlo todo.

—Necesitamos asimilar muchas cosas –dijeron

—Tranquilos, no he venido a por nada, me enteré de tu existencia hace solo unos meses por un error de mi madre y simplemente quería saber quién eras, conocerte. –aseguré antes de irme, fingiéndole dar mi teléfono que ya tenía.

Al día siguiente no vino a comer, pero al acabar mi turno me esperaba fuera en su coche.

—Eva, necesito que me ayudes con esto. Necesito conocer a mi hija y para ello tengo que sacrificar a la amante.

— ¿Qué piensa tu mujer?

—Ha aceptado a regañadientes, no estaba en sus planes que apareciera una hija de la nada

Esa tarde, por primera vez no terminamos sin ropa, sino tomando algo en una cafetería, donde le conté la mentira de mi madre, sobre un padre muerto y que solo una carta que no llego a mandarle me puso sobre su pista.

—Solo ayer noche, al volver de tu casa y por teléfono, admitió que jamás llegó a contarte que se había ido embarazada, tras aceptar el dinero de tu padre para desparecer de tu vida.

Y así empezamos a vernos en cafeterías concurridas, donde fingir que solo éramos un padre y una hija que se habían encontrado poniéndose al día.

Pero aunque intentara olvidar como había conocido a ese hombre, por las noches, sola en mi cama, volvían a mi mente esos encuentros, en los que me olvidaba de todo, salvo el placer con el que solo él hacia vibrar cada célula de mi ser.

Casi un mes después, fue su cumpleaños y me invitó a la fiesta en su casa, donde me presentó a gran parte de su familia y amistades.

—Vaya, vaya, quien se hubiera imaginado, que mi cuñadísimo tuviera semejante bomboncito escondido

—Hola, soy Eva ¿y tú?

—Es Alberto, el hermano de mi mujer, al que le pierden las formas a la tercera copa

—No te enfades cuñado, algunos nos dejamos llevar, sé que es algo que tú no sabes…

El resto de la noche, papa me vigiló de cerca y Alberto no dejó de hacer insinuaciones cada vez que se acercaba. Y en el fondo me empezaba a gustar la situación en la que notaba, como a mi padre le cabreaba, que anduviera cerca el baboso de su cuñado. Cuando más tarde dije que me iba, él se ofreció a llevarme y mi padre dijo no, yo contesté:

—Papa es tu fiesta, no puedes irte ahora, estaré bien –dije besando sus mejillas.

Durante el recorrido, él no dejó de hacer insinuaciones, pero lejos de papa, no había nada de morboso en seguir su juego, y hasta decidí que me dejara en el antro donde estaban mis amigos, para evitar así malentendidos.

Cuando a las tres de la madrugada, por no llevarme a casa con dos copas de más, me propusieron quedarme en la de ellos, acepté como otras veces y no regresé a casa hasta el domingo a primera hora de la tarde, donde tras una ducha conecté el móvil. Este empezó a sonar con notificaciones, al tiempo que sonaba el timbre, mientras comprobaba que eran todos llamadas de mi padre abrí la puerta solo con la toalla:

— ¿Papa que haces aquí?

— ¿Porque no coges el puto teléfono? –dijo entrando

—Ayer noche, me quedé sin batería y hace un ratito cuando he llegado lo he conectado –le dije dándole la espalda

— ¿Dónde has estado, has pasado la noche con ese imbécil? –grito furioso, agarrándome del brazo, haciendo que la toalla cayera a mis pies

Tras unos segundos, se sentó en el sofá maldiciendo por lo bajo. Estaba furioso e iba a aprovecharlo

—Papa ya soy mayorcita, y no creo que tenga que darte explicaciones de donde o con quien voy…claro ya caigo, has venido a castigarme…

Al ver como mi última frase le enfurecía aún más, me acerqué dispuesta a jugar con ese fuego de su mirada y arrodillándome junto a él me tumbé sobre su regazo boca abajo.

—Vamos, papi no puede follarse a su princesa, pero si castigarla si ella folla con otro ¿no?

Y quien juega con fuego…me quedé quieta cuando sentí el escozor y el calor del primer azote en mi culito.

—Te llamé cien veces y nada, he venido esta mañana preocupado tras una noche de perros y no estabas –hablaba deprisa encolerizado

Sus azotes eran lentos, precisos y contundentes al contrario que sus palabras atropelladas.

—He tenido que ir a comer, fingiendo divertirme, solo deseando volver aquí para saber de ti, niña descarada e insolente

Siguió azotando mi culito enrojecido, mientras mi coñito se empapaba con cada azote, sintiendo su erección bajo mi cuerpo, entonces la misma mano que me azotaba empezó a acariciar mi piel enfebrecida, sus dedos se colaron entre los cachetes de mi culo y comprobó como ya debía suponer por mi agitada respiración que estaba mojada y excitada.

— ¿Quieres más? –preguntó, sabiendo la respuesta

—Siempre quiero más de ti papa –y disfruté de su jadeo

—Pues gánatelo, como seguro has hecho esta noche golfa –dijo desabrochándose el pantalón

Apoyé las rodillas y mis manos en sus muslos, justo cuando su polla saltaba como un resorte, dura y brillante como la recordaba, saqué la lengua y relamí las gotitas que ya coronaban el capullo oscuro, e hice círculos entorno a él, antes de succionar mamando el glande a chupetones fuertes, el gimió agarrándome del pelo y bajó mi cabeza, haciendo que tragara más de medio falo, le miré y empujó más, metiéndomela hasta la garganta unos segundos, antes de liberarme, para que siguiera mamando como si no hubiera mañana.

—Tus mamadas son memorables putita –dijo entre jadeos, cuando lamí sus pelotas.

Un momento después, me apartó al límite, cerró los ojos y suspiró, momento que proveché para subir sobre su regazo y montarme a horcajadas.

— ¿Quieres polla golfilla?

Y sin contestar meneé las caderas, mientras él, con dos dedos empujaba su sexo y recorría mi rajita encharcada, hasta colocar la punta en mi entrada y sin dejar de mirarle, fui clavándomela, mientras sus manos en mi culo me guiaban.

—Joder nena, así, despacito… -dejó mi culo, para aferrar mis tetas, mientras yo rotaba sin subir un milímetro.

Apenas podía respirar entre jadeos, oyendo los suyos, perdiéndome en la oscuridad de su mirada…y poco a poco mis caderas imprimieron un nuevo ritmo, sus manos volvieron a aferrar mi trasero, haciendo que cada movimiento de mi cuerpo fuera increscendo, a sabiendas que ya no había retorno…

—Sigue, dame más… ¡mírame! –grito cuando cerré los ojos

Y frotándome con su pubis, me corrí mirándole, gimiendo. Entonces su cuerpo se tensó y el calor líquido, inundó mi interior mientras aullaba uniéndose a mi placer, lamiendo mi boca, mordiéndome…

Se fue al baño y cuando volvió completamente arreglado, me di cuenta que en esos cinco escasos minutos, había encerrado de nuevo todos sus demonios.

—Lo siento, me he comportado como un salvaje, perdiendo totalmente la cordura. Esto no puede repetirse Eva –dijo poniéndose la chaqueta

—No he follado con Alberto, en ningún momento me ha apetecido, pero de haber sabido las consecuencias, lo hubiera hecho. –le espeté indignada justo antes de que cerrar la puerta de un portazo.

Tardó más de una semana, en dar señales de vida. Pero después de la tormenta, llega siempre la calma y terminó llamándome para tomar un café y acepté sabiendo que nos había dado tiempo, para pasar página y que volvería a encontrarme al hombre comedido y controlado, acostumbrado a tenerlo todo bajo control; pero ahora ya era tarde me había dejado ver su talón de Aquiles y a pesar de jugar a su juego, iba a intentar ganar la partida, aprovechando lo que sabía.

Unas semanas después, salí con los chicos a la exposición de un cliente y cuando ya nos despedíamos del cliente en el salón del hotel donde se celebraba el acto, decidí quedarme a tomar la última sola. En la barra de la cafería, de ese hotel parecido al que frecuentaba con él, antes de saber quién era, recordé esos tiempos, su decisión y por primera me planteé abandonar el juego y seguir sus reglas.

En ese instante un grupito de hombres se acercó a la barra para liquidar su cuenta, aunque a cierta distancia pude oírles:

—No te equivoques, esa es de las que cobra y caro –dijo uno con voz rasposa

—Ya te digo yo –contesto otro

—Venga chicos que va a oíros –dijo un tercero más mayor

—Bueno, nos vemos mañana –dijeron entre ellos despidiéndose

Fueron saliendo, todos menos el más mayor, que daba los datos al barman, para que le cargara las bebidas a su cuenta, y cuando pasó por mi lado se paró y me dijo:

—Lo siento, han bebido un par de copas de más.

—No pasa nada.

— ¿Me permite que la invite a es copa? –dijo con voz profunda

—Solo si me acompaña –le dije de repente

Su traje necesitaba ya un planchado, después de un largo día y él un afeitado, pero de repente ese hombre, que debía tener unos cincuenta y muchos, me pareció lo suficiente atractivo como para olvidarme un rato de mi situación.

—Pareces descolocado

—Me ha sorprendido tu propuesta –dijo bebiendo un trago sin dejar de mirarme

Un momento después descarada le pregunte:

—Y dime, que te preguntas ¿si tus amigos tenían razón o la cantidad? Piensa que son dos cosas totalmente distintas, con la primera solo va implícita una curiosidad normal, pero si por otra parte te preguntas cuánto costaría te estarías planteando otra cosa…–le dije retándole con la mirada

El me miró unos segundos y respondió:

— ¿Cuanto?

—Pregunta acertada porque te responderé a las dos, no soy una puta, no lo era hasta hace unos minutos, pero cuando has optado por la segunda pregunta y he deseado decirte 500 euros y no tengo claro, si esperaba con ello que salieras corriendo o que aceptaras.

—Hasta hace unos minutos, estaba dispuesto a irme la cama, tras un fastidioso día de reuniones interminable, pero ahora mismo, no puedo pensar en nada mejor en lo que gastar esos 500euros preciosa, prefiero salir contigo a salir corriendo –dijo acariciando mi rodilla

Sin darme apenas cuenta estábamos en el ascensor… frente a la puerta de su habitación…

— ¿Qué quieres que haga? –pregunté cuando cerró

—quiero verte desnuda

Se desabrocho la corbata, la camisa y se quitó el pantalón, sin dejar de mirar cómo me quitaba toda la ropa menos las braguitas. Se acercó y empujándome por los hombros hizo que me tumbara, subió mis pies a la cama, flexionando mis rodillas y frotó la tela de mis bragas, mojándolas con mis juguitos, intentando meterlas en mi coño.

—Me gustan las putitas calientes que se mojan enseguida…–dijo inclinándose para lamer mis labios entreabiertos.

Siguió frotando, mientras mis braguitas se metían entre mis cachetes por los tirones de sus dedos, mientras seguía lamiendo mis labios.

—Date la vuelta

Me puse boca abajo y bajó la tela descubriendo mi culo, pasó un dedo por mi rajita y desde atrás accedió a mi vulva penetrándola ahora sin tela, añadió otro dedo, otro más y me folló un par de veces antes de sacar sus dedos y volver atrás, para apoyar uno en mi anito y poco a poco fue penetrándome con él.

Deje que sus dedos hurgaran en mis agujeritos a su antojo tras liberarme de las braguitas, me retorcía entre jadeos y terminó provocándome un fabuloso orgasmo con sus dedos.

—Fóllame golfa, quiero sentir ese coñito abrazando mi polla –pidió colocándose un condón

Me abrí para él, agarrando su mástil y fui bajando, clavándome en su estaca, que en esa postura la sentía muy adentro a pesar de no llenarme como la de mi padre, empecé a balancearme sin apenas salir, apretándole en mi interior, agarrada al cabecero mientras el amasaba mis tetas, las estrujaba y subía la cabeza para lamer y mordisquear mis pezones.

—Que rico golfilla, así apriétame –gemía mordisqueándome

Me corrí de nuevo, frotándome y follándome su polla, mojando sus huevos con mis juguitos y la sensación era de lo más extraña, ya que cuanto más placer sentía más vacía me sentía, como si necesitara más, ¿quería sentir más placer, dolor? Subí el trasero, liberé su polla a pesar de sus quejidos y agarrándola la apoyé en mi entrada trasera, le miré fijamente y fui bajando el culo, abriéndome con esa polla, viéndole retorcerse bajo mi cuerpo de placer.

—Joder, que placer nena…

No era su nena, no debería hacer eso; no, no, no, me decía moviéndome, sodomizándome con su polla. Me puse en cuclillas y agarrándome del cabecero, incrementé la fuerza de mis acometidas, haciéndole chillar de placer, y entonces sus dedos acariciaron mi rajita y mi clítoris y contra mi voluntad volví a correrme. Furiosa, subí el culo, arranqué el condón que cubría su polla y arrodillándome en el suelo, le pedí que se pusiera en el borde, atrapé su polla entre mis tetas y le masturbé hasta que oí un alarido y abundante semen caliente cubrió mis tetas.

— ¿Puedo darme una ducha?

—Puedes lo que quieras nena

Me duché, frotándome como una posesa y al salir ya vestida, él ponía el dinero sobre la mesa del televisor.

—Me voy la semana que viene, me encantaría volver a verte –y vi un papel con un número de teléfono sobre los billetes

No había sido malo, pero tampoco había estado bien, simplemente no era mi padre y eso marcaría siempre la diferencia por más que me empeñara; era insustituible entre mis muslos, solo él me hacía volar

— ¿Qué tal el fin de semana pasado? –preguntó a finales de semana

—La exposición muy buena

— ¿Y el resto?

—Normal

— ¿De qué estamos hablando?

—Conocí alguien

—Doy por sentado que hablas de un hombre –dijo intrigado y mosqueado

—Sí, le conocí después

— ¿Vas a volver a verle? ¿Es algo serio?

—Si voy volver a verle y no, no es nada serio.

—Tengo que irme –dijo aprovechando que sonaba su móvil

Esa noche llamé al teléfono escrito en ese papel.

—Hola, nos conocimos la otra noche…

—Ya sé quién eres preciosa, me alegra que hayas llamado. Me voy mañana, ¿quieres que nos veamos esta noche?

—Si

Esa tarde noche follamos dos horas, me corrí tres veces y pesar de ello, volví a salir de allí sintiéndome furiosamente vacía, anhelando otras manos, otra boca y otro sexo que me eran negados.

Desactivé el modo silencio de mi móvil y vi varias llamadas y mensajes de mi padre en los que me invitaba a cenar. Le llamé

—Lo siento, he estado liada, los he visto ahora y supongo que ya has cenado.

—Si estoy cenando en casa, como no contestabas…

—Otro día

—Pareces cansada

—Lo estoy

—Ven –pidió en un arranque sin pensar

— ¿Qué dirá tu mujer?

—Está fuera de fin de semana

Cogí un taxi y llegué en veinte minutos a su casa. Nada más entrar, me llevó a la cocina, donde ya había puesto mesa y plato para mí.

—Parecías tan…

—No quiero hablar del tema, papa

— ¿Vienes de estar con ese tipo que conociste no? –inquirió mirándome

—Si

— ¿Que ha pasado cariño? –preguntó con fingida dulzura

—No seas falso papa

— ¿Cómo quieres que te lo pida? ¿Quieres que te pida que coño has hecho con ese cabrón? ¿Eso te gusta más? Joder últimamente casi no me reconozco ni yo.

—Al menos habla conmigo, no podemos simplemente fingir, que antes de ser quien somos, no pasó nada entre nosotros.

—Princesa, es aún más complicado que eso, te deseé desde el primer instante que apareciste con la carta, y nuestros encuentros fueron la leche, sexo del bueno, sin preocupaciones y vivido al máximo. –dijo de pie detrás de mi

— ¿Por qué no podemos seguir así? –le corté

—Porque a pesar de intentar dejar de desearte, cada vez lo hago con más intensidad y esa necesidad de poseerte, de sentirte “mía”, saca mi lado más oscuro, libera mis demonios

—No quiero saltar de cama en cama, intentando encontrar en alguna, a alguien que me dé algo parecido a lo que tú me niegas.

— ¿Vienes de su cama? –pregunto poniendo sus manos en mis hombros

—Si

Sus manos dejaron mis hombros, y agarraron la silla para separarme de la mesa, creí que iba pedirme que me fuera cuando se puso frente a mí, pero sin dejar de mirarme se arrodilló y agarrando el elástico de mis leggins tiró, yo levanté el trasero y me los quitó junto a mis bragas. Sin dejar de mirarme, separó mis rodillas, mis piernas, miró mi sexo desnudo y sin dejar de mirar empezó a masturbarme.

— ¿Cuantas veces has follado con él?

—No quiero…

—Contesta Eva, ¿cuantas veces te dio lo que yo te negué? –pidió sin dejar de tocarme

—Dos –gemí cerrando los ojos

—Ábrelos Eva, este orgasmo es mío –exigió

Dos minutos después, me corría sin dejar de mirarle, y entonces con la mirada enturbiada por el deseo y algo más, se inclinó y noté su lengua recorriendo mi rajita empapada, separé más mis muslos y aferré su cabeza, mientras me devoraba febrilmente. Volví a correrme en su boca experta en mi coñito, y entonces se incorporó, le dio la vuelta a la silla, conmigo aun sentada y levantándola hacia atrás, apoyada solo en las dos patas traseras, la apoyó en la mesa, colocándose entre mis piernas, tiré del elástico de sus pantalones de deporte, y su polla dura saltó como un resorte, el flexionó las rodillas, yo separé más las piernas, y su sexo duro buscó el mío húmedo, se apoyó en la entrada y me penetró de un estoque hasta los huevos. Aullé extasiada y él bramando empezó a follarme con furia.

—Voy a borrar cualquier recuerdo, que ese cabrón haya dejado en tu cuerpo

Creí que iba a romper la silla, me enloquecía esa manera desesperada en la que me follaba, como si nada más que eso importara. Solo cuando consiguió que me corriera por segunda vez, con su polla martillando mi coñito, aplacó las acometidas y dejó caer la silla, mientras abandonaba mi cuerpo. Su polla palpitaba ahora pegada mis labios, los entreabrí y succioné su capullo hinchado con fuerza, chupeteé haciendo ruidos, mirándole como sabía que le gustaba que hiciera mientras se la chupaba, al igual que sabía lo mucho que le gustaba que sobara sus pelotas, que diera tironcitos y las estrujara mientras seguía mamando.

—Vas a hacer que me corra

Y sin dejar de mirarle, me aparté un poco dejando que viera mi lengua, mi saliva uniéndome a su polla antes de volver a succionarle, a dejar que resbalara dentro, su cuerpo se tensó y noté el primer chorro llenar mi boca, tragué y el segundo desbordó mi boca, mis labios y seguí relamiéndome, mirando como miraba caer su semen de mi boca a mis tetas, mientras yo seguía chupándole, disfrutando de su placer mientras bramaba.

—Preferiría que te quedaras a dormir, arriba esta la habitación de invitados. –espetó unos minutos después antes de irse a su habitación.

Recogí mi ropa y subí en silencio demasiado cansada para nada más, me aseé antes de tumbarme y tirar del edredón, para cubrir mi cuerpo rendido y desnudo.

—Va a ser complicado, porque no creo ser capaz de desearte de otra manera, siempre voy a tener es necesidad de posesión contigo. Debes seguir con tu vida, es lo normal, y yo voy a seguir teniendo esta necesidad, como hoy de borrar cualquier rastro, que otro hay dejado en ti… ¿estas dispuesta? –le oí decir en la oscuridad

—Llévame al infierno, preséntame a tus demonios, hazlo como quieras papi, pero no dejes de follarme, no me apartes –dije retirando el edredón

El encendió la lamparilla, y miró mi desnudez unos segundos, antes de decir:

—tócate princesa, quiero verte

Y obedecí a papa, masturbándome para él hasta correrme, mientras me miraba sentado en la cama a mi lado.

—Ahora haz la cama, y luego baja a mi habitación, quiero follarme tu culito y quiero hacerlo en mi cama.

Hice la cama mientras él me observaba desde la puerta, y luego le seguí escaleras abajo, me puse como una perrita en mitad de su cama, y esperé. Me agarró de las caderas y me arrastró al borde de la cama y sin preparación alguna noté el glande presionar mi anito.

— ¿Ha estado en tu culito?

—Si

Sus dedos se clavaron en mi carne, y su polla entró sin piedad, haciéndome chillar de dolor.

— ¿Te duele princesa? ¿También chillabas cuando ese cabrón te lo follaba? –decía con desprecio follándome con furia

—No voy a contestar…

—Si vas a hacerlo pequeña, o papa dejara de follarte –dijo quedándose quieto

—Lo dilató primero, su polla es más pequeña y no me folla con tanta rudeza –canté con urgencia para que siguiera

—Vaya has tardado poco en decidirte a hablar. Papa es muy bruto con su princesa, ¿quieres que sea más blando?

— ¡No!–grite al instante

Me agarró por los hombros subiéndome, pegando mi espalda a su pecho, para decirme al oído:

—Me vuelves loco mi niña

Y llevó una mano entre mis muslos, buscó mi clítoris…ambos nos movíamos como posesos y mientras sus dedos volvían a llevarme al paraíso se vació en mi culito.

Así empezó esa nueva y placentera etapa entre nosotros; ante todos éramos un padre y una hija más, a solas el infierno ardía bajo nuestros pies.

Con los días establecimos algo parecido a una rutina, casi siempre le veía en la comida, y si podía librarse, cosa que lograba un par de veces al menos a la semana, me acompañaba a casa tras mi turno, subía a “tomar café”, y casi siempre me llevaba de nuevo al trabajo a las siete, eso era a escondidas, pero ante todos, sobre todo su mujer, solo comíamos juntos el sábado y pero lo que nadie sabía lo que pasaba después cuando me llevaba a casa… el sexo con él era apoteósico, desenfrenado, delirante…

Un día vino a comer al restaurante en el que trabajaba con dos clientes de fuera. Muchos de sus colegas de siempre, sabían que era su hija, pero ese día no les puso en antecedentes, y nos tratamos con cordialidad sin más. No habíamos podido “quedar” en varios días, y me fastidiaba comprobar, que seguían sus reuniones y ese día tampoco iba tocarme.

—Eva puede traernos… -empezó a pedir la comanda mi padre

Uno de los hombres que le acompañaban, no se molestó en ocultar que le gustaba y pasó toda la comida tirándome los trastos sin pudor.

—No me importaría que esa Evita, me enseñara la ciudad de noche, anda tu que la conoces más, convéncela –le oí decir cuando me iba

Para mi sorpresa, papa se acercó la barra, y ante la mirada de los otros me dijo solo para que yo le oyera:

—Dice que le gustaría que le enseñaras la ciudad, pero me temo que tiene más en mente enseñarte el otras cosas

Y entonces, supe por su mirada que le excitaba la situación, saber que su colega quería follarme le ponía cachondo.

—y tú ¿qué quieres papi?

—Quiero follarte –dijo volviendo a su mesa

Habló con ellos, pidieron cafés, copas y mientras ellos bebían relajadamente mi padre fue al baño, al pasar por mi lado me miró y supe lo que deseaba, le dije a mi compañero que salía atrás a fumar y al baño, que me cubriera cinco minutos y le seguí al baño.

Me sonrió cuando entré, y nos metimos en uno de los baños, donde en cuclillas desabroché su pantalón, y tras liberar su sexo empecé a lamerlo, y chupetearlo mientras él, metió la mano por mi escote, dentro del sujetador para masajear uno de mis pechos.

—Joder nena, necesito follarte –dijo jadeando ya

Me incorporé y subí la falda a mi cintura, mientras de un solo tirón bajó mis bragas y mis medias, y dándome la vuelta me apoyé en el inodoro, llevó su polla a mi entrada y me la metió; me aferré con fuerza para soportar sus arremetidas mientras sus manos dentro de mi camisa seguían amasando mis pechos, pellizcando mis pezones.

—Y ese imbécil tomando café… –dijo entre jadeos excitado

Nos corrimos en un par de minutos y nos recolocamos las ropas con prisas antes de salir del baño con un sonrisa de oreja a oreja.

—el miércoles me voy de viaje un semana, negocios –dijo un sábado, aun desnudos en mi sofá

—joo, te echare de menos, ¿un día me llevaras de viaje? –le pedí mimosa

Ese miércoles pensaba en lo larga que se me iba a hacer la semana, cuando sonó mi móvil

—Nena, ¿quieres llevarme al aeropuerto antes de ir al trabajo, y así te traes luego mi coche, y lo puedes usar tú el resto de la semana?

—Quiero

Y le recogí feliz por verle, más que por quedarme con su coche, pero me entristeció tener que dejarle en el aeropuerto. Bajamos sus maletas y ya en la fila para sacar las tarjetas de embarques me dijo:

—Supongo que llevas el DNI ¿verdad? Dámelo cielo

Y vi flipada como mi padre sacaba una tarjeta de embarque a mi nombre.

— ¿Qué haces?

—Dijiste que querías ir de viaje y tus deseos son órdenes para mí

—Tengo que ir a trabajar, no tengo maleta…

—Mi niña, papi se ha encargado de todo, tu solo tienes que disfrutar y hacer que yo disfrute. ¿Quieres?

—Quiero –flipé

— ¿Dispuesta a ser completamente mía durante una semana entera? –pidió estirando su mano

—Toda tuya, papi. –aferrándome a ella.

Ya sentada en el avión junto a él le pregunté:

— ¿Cómo te la has arreglado con mi ropa?

—Tu compañero me ayudó, cuando le conté mis intenciones, me llevó a esa tienda donde te arreglaban unos pantalones que habíais comprado juntos, los recogimos y compramos unas cosas más, del resto me encargué yo.

—Gracias papa, no quería que gastaras tanto…

—No sabes lo que he gastado tonta y además voy cobrármelo estos días

La mañana paso volando, del aeropuerto alquilo un coche y condujo un par de horas haciendo varias paradas beber y luego comer, primera hora de la tarde llegamos una pequeña ciudad rodeada de montañas y lagos preciosa y condujo hasta las afueras hasta un precioso hotelito. La habitación con bañera de burbujas en la misma habitación era un autentica pasada con un enorme cama con dosel altísima. Me dio mi maleta y la abrí a los pies de la cama sacándolo todo sobre esta.

—Pareces una niña el día de reyes

—Me siento así, esto es precioso, la ropa, la sorpresa, tu… -y me lancé a sus brazos

Los dos caímos sobre la cama donde me besó hasta que no me quedó aliento.

— Deberías colocar todo esto preciosa.

— ¿Cuando tienes que “trabajar”?

—Solo tengo un par de visitas, lo alargué con la intención de traerte

—Te adoro papi –le dije colocando todas mis cosas nuevas

El colocó sus cosas con rapidez, y se tumbó en la cama mirando como yo iba de un lado a otro extasiada.

— ¿Te gusta lo que te he comprado?

—Mucho

—A mí me gustas mucho tú, ¿me enseñas más? –esa voz ronca conseguía erizarme el vello

Y de pie ante la cama empecé a desnudarme, me arrodillé a los pies de la cama, justo a sus pies, y agarrada a los postes de la cama bajé la cabeza sumisa.

—No te muevas mi niña, estas deliciosa

Me ató a los postes de la cama y la siguiente hora me folló a su antojo.

El día siguiente fue también memorable, me llevó a ver los alrededores después de un copioso desayuno, también comimos por ahí y luego me dejó tomando algo en un preciosa cafetería con un libro, mientras el acudía a una cita de negocios, que duró algo más de dos horas, luego volvimos al hotel, bajamos a cenar y subimos pronto a darnos un baño de burbujas donde empezó otro rico asalto sexual. Descubrí lo mucho que me excitaba entregarle el control y a él le enloquecía mi sumisión absoluta.

El miércoles volvimos a recorrer alrededores hacia el otro lado y deambulamos todo el día, al llegar al hotel estábamos rendidos, y nos dormimos nada más tocar la cama tomándonos el día de descanso sexual.

El jueves al mediodía tenía otra reunión, por lo que tras el desayuno se fue y yo comí sola en el hotel.

—Parece tan aburrida como yo, supongo que solo por trabajo o fuerza mayor puede hacer que su acompañante la haya abandonado hoy–me sorprendió una voz masculina cuando ya tomaba el suculento postre

—Trabajo –le dije intentando no ser borde con ese hombre que veíamos cada noche en el restaurante del hotel

— ¿Me permite que la invite a un café en la terraza?

Papa llegó a la hora de la cena y mientras bajábamos a cenar le conté lo sucedido.

— ¿Solo te propuso ese café, nada más?

—No, simplemente tomamos un café y charlamos. Siempre había venido con su mujer aprovechando sus viajes por negocios pero esta vez ella no ha podido

Tras la cena con algún que otro jugueteo de los dedos de papa bajo la mesa, me moría por subir a la habitación, pero mi padre quiso parar a tomar la última; entonces pasó ese hombre y saludó ladeando la cabeza y para mi sorpresa papa le invitó a sentarse con nosotros y tomarse una última copa.

—Se lo agradezco, como le dije a su compañera esta tarde me aburro como una ostra viajando por primera vez sin esposa.

—Yo al contrario siempre viajo solo, esta es mi primera vez con Eva y aunque creo que usted ya se ha dado cuenta, con ella está siendo extraordinario…-aluciné de que prácticamente le acusara de mirón.

—De verdad siento si le he parecido indiscreto en alguna ocasión… –lejos de enfadarse lo admitió

—no se disculpe…

—Ernesto –se presentó

—Veras Ernesto, no puedo mantener las manos alejadas de su cuerpo y si lo hago en público y alguien mira, no puedo quejarme por ello, ¿verdad? –no podía creer el camino que tomaba la conversación.

Pidieron una segunda copa, y relajándose en los sillones tapizados de la oscura cafetería del hotel, siguieron charlando de varias cosas, y de repente mi padre, volvió a poner su mano en mi rodilla, y ante la mirada atenta de Ernesto, dejó que la tela de mi vestido ocultara su mano, que ya subía, acariciando la cara interna de mis muslos. Entre que estábamos en la esquina, y que Ernesto estaba ante nosotros, nadie más que él podía ver como papa subió ligeramente la tela de mi vestido, dejando ver a Ernesto la piel de mis muslos, que no cubrían mis medias tupidas a medio muslo. Miré a papa nerviosa, y su mirada caliente me encendió, haciendo que olvidara que Ernesto era participe del deseo que crecía entre mis piernas.

—Llevo todo el día de reuniones sabiendo que mi nena sumisa, me esperaba dispuesta a someterse a mis más bajos instintos...ya sabes lo que es eso…

—La verdad es que no lo sé…

—Pues no sabes lo que te pierdes amigo –dijo presionando mis braguitas, ya húmedas contra mi coñito

—Lo imagino, debe ser...delirante –contestó Ernesto relamiéndose sin apartar la mirada

—Delirante es encontrarte su coñito siempre dispuesto, mojándose al mínimo roce de mis dedos, siempre queriendo más, dispuesta a experimentarlo todo…

—uff para Cesar

— ¿Te incomoda? –pidió metiendo sus dedos bajo mis bragas

—No es eso precisamente.

—Su coñito esta encharcado… ¿te gusta que él te mire verdad golfita? –preguntó papa para que él lo oyera

—Si –contesté, sabiéndole pendiente a mi respuesta

—Deja que vea lo mojadas que están tus braguitas

Ernesto, para mi sorpresa y ya más excitado que pudoroso, se sentó al borde de su sillón, para poder ver mejor entre mis muslos, y volvió a relamerse al notar la manchita húmeda en la tela de mis bragas.

La mesa de al lado se ocupó, sin dejarnos más opción que finiquitar el juego a tres bandas, lo que nos llevó cinco minutos después ya recompuestos a despedirnos.

—Gracias, no esperaba pasarlo tan bien al final –dijo despidiéndose, frente a la puerta de su habitación

Papa me llevaba por la cintura cuando nos despedimos, pero solo dimos dos pasos cuando Ernesto asomándose de nuevo nos dijo:

— ¿Os apetece tomar la última?

— ¿Quieres pequeña?

—Quiero lo que tú quieras

Y tras una lobuna sonrisa dio la vuelta y me guio hacia la habitación de Ernesto, donde entré nerviosa y excitada.

No quise tomar nada más, pero les saqué unos botellines de la neverita y serví sus copas, mientras me miraban charlando entre ellos.

—Esto es una locura, en la que no dejo de pensar ¿me dejaríais ver sus braguitas de nuevo? –pidió de repente Ernesto

—Cariño anda se buena

Me senté en la mesa baja frente al sofá donde ellos se habían sentado y separé las piernas. Ernesto volvió a sentarse al borde mirando excitado.

—Sube los pies princesa –pidió papa

Me eché hacia atrás, apoyé las manos en la mesa, subí los pies a la misma y separé más mis muslos.

—Que rico huele

— ¿Quieres tocarla?

Miró a papa agradecido, luego a mí como un lobo y cerré los ojos cuando esos dedos extraños acariciaron mi sexo sobre la tela, primero con suavidad…pero a cada pasada apretaba más, profundizaba mas, hundiendo la tela entre los pliegues de mi vulva.

— ¿Te gusta Ernesto?

—Más que comer con los dedos

—Quítate las braguitas

Me puse en pie, y ante la mirada de un alucinado Ernesto, bajé mis bragas antes de volver a la misma postura. No tardé ni un segundo, en notar sus dedos en mi carne, mientras su aliento calentaba mis rodillas flexionadas.

—Esta tan mojadita… –dijo con la respiración entrecortada

—Eso me vuelve loco

Oyendo a mi padre, noté esos dedos extraños invadiendo mi vagina, penetrándome con delicadeza, hasta el fondo y empezaba a entrar y salir alentado por mis gemiditos.

—Mas, haz que se corra –inquirió mi padre

Y Ernesto también obedeció llevándome al orgasmo.

—Deja que la pruebe –dijo entre jadeos y mi padre asintió

Miré a papa, mientras ese desconocido de rodillas, entre mis muslos lamia con deleite mi rajita, una y otra vez.

— ¿Te gusta nena? –pidió flojito papa y asentí

Atrapó mi clítoris entre sus labios, chupeteó con ansia y volví a correrme, no dejó de lamer mis juguitos y empezó a meter sus dedos de nuevo penetrándome sin control hasta hacer que volviera a retorcerme en esa mesa.

—Dios que buena estas niña –dijo poniéndose de pie, con una visible erección bajo el pantalón.

—Ven nena –pidió mi padre, liberando su erección

Monte sin dudar a papa, clavándome su polla, mientras Ernesto de pie a nuestro lado, miraba como cabalga, ayudada por las manos de papa bajo mi culo.

—Desnúdala Ernesto

Y este de nuevo obedeció, quitándome desde atrás el vestido y el sujetador, para volver a ponerse al lado, y mirar como mis tetas se balanceaban, con el vaivén de montada.

—Mira como tienes a Ernesto pequeña, anda se buena

Y para sorpresa de este estiré la mano y desabroché su bragueta, liberé su polla dura y empecé a menearse lentamente mientras follaba a papa.

Papa me miró y dejó mi culo para empujar mi espalda hacia adelante, acercándome a la polla de Ernesto, y supe lo que querría, entreabrí los labios y dejé que esa polla extraña invadiera mi boca, mientras papa volvía a follarme con ganas, los gemidos de los tres se entremezclaban, y yo fui la primera en correrme, mientras papa empezaba a llenar mi coñito de semen, y cuando Ernesto se tensó saqué su polla de mi boca y le masturbé hasta que su semen cubrió mis pechos mientras aullaba.

Él fue a limpiarse y volvió con una toalla limpia y húmeda para limpiar mis tetas, pero antes de limpiarme con la toalla y mirándome encendido, empezó a repartir aún más su semen por mi torso, acariciando con sus dedos pegajosos mis pezones, pellizcándolos hasta endurecerlos.

Mi padre al lado miraba con una extraña expresión en su rostro, como si estuviera excitado y odiara estarlo al mismo tiempo, como las primeras veces que me follaba y luego odiaba perder el control, pero aun así, agarró mi mano la llevo a la polla palpitante de Ernesto. Mire papa y empecé a menear la polla que tenía en mi mano, buscando sus huevos con mi otra mano, sin dejar de mirar a mi padre…

—Hace mil años que no he echado dos… -dijo limpiándome ya con la toalla, y se sentó dándose por vencido

—Sigue mi niña –dijo papa solo para mí

Me arrodillé entre las piernas de Ernesto, las separé y empecé a lamer sus huevos, bajé con mi lengua por su perineo, humedecí bien su ano de saliva y metí la punta de mi lengua, mientras una de mis manos tallaba su polla que empezaba a dar señales de vida. Diez minutos después estaba de nuevo dura y el aullando.

—Toma nena lo he sacado del baño antes de subir –dijo papa pasándome un condón

Enfunde a mi nuevo amigo, la agarré por la base y poniendo una rodilla a cada lado de sus caderas me calce el soldadito de Ernesto mientras este resoplaba.

—Dios que estrechita, que gustazo cuando haces eso… no pares preciosa, que gustazo –gemía extasiado

Frotaba mis pezones duros por su velludo pecho, mi clítoris inflamado por el vello de su pubis y su polla bien incrustaba rellanaba mi coñito y lo que más me estaba excitando era ver a papa meneándosela con esa extraña expresión. Apoyé los pies donde tenía las rodillas, Ernesto gritó cuando bajé con fuerza de cuclillas, aferró mis tetas y las amasó, las pellizcó, las chupeteó enloquecido y entonces, mi padre colocándose detrás, me agarró de la cintura, dobló las rodillas y fue penetrándome por el culito haciéndome enloquecer. Grité como una posesa por primera vez ensartada en dos pollas.

—Bienvenida al infierno mi niña –dijo papa follándome duramente, como si quisiera partirme en dos.

Los tres nos movíamos como posesos, me corrí como nunca mojando hasta los huevos de Ernesto, que gimoteaba tensándose cuando se corrió también, mientras papa tras un par de estocadas llenó mi culito de semen.

Esa noche nos despedimos de un Ernesto agradecido prometiendo repetir lo que jamás imagino que le pasaría y había gozado como nunca y volvimos saciados a nuestra habitación donde nos metimos en la bañera de espuma y burbujas a relajarnos. Apenas podía sentarme.

—¿Porque has dejado que pasara princesa?

—Porque deseabas demostrarte, que me poseías incluso cuando era otro quien me follaba, odiabas que me tocara, pero te excitaba que yo dejara que lo hiciera, solo porque tú me lo pedias.

— ¿Cómo puedes saber lo que pasa por mi cabeza?

—Porque he aprendido a leer tu mirada

—Dime que más has visto

—No querías que le tocara, pero sí que lo hiciera porque tú me lo has pedido, y odiabas que me follara, pero te ha puesto a mil, cuando has sido consciente que me excitabas tu mirándome, y eso ha hecho que tuvieras que masturbarte, hasta terminar follándome como lo has hecho.

—No deberías…

—Papa siempre he estado, y estaré dispuesta a dártelo todo, incluso cuando no pidas nada.

—Dios mi niña, me vuelves loco

Y por primera vez en meses, me hizo el amor lentamente, besando cada rincón de mi piel y también así me enloqueció de placer.

Por Xio

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