jueves, 27 de junio de 2024

Hombre solo busca familia nudista


Durante todos estos años, muchos hombres se han dirigido a mí, diciéndome que estaban solteros o divorciados y como tenían que hacer para poder contactar o hacer amistad con alguna de esas maravillosas familias nudistas que reflejo en mis relatos, para que les aceptaran entre ellos a la hora de hacer nudismo o incluso llegar a relaciones más íntimas.

Yo siempre les digo que para eso, no hay una fórmula mágica. Todo depende de las circunstancias que se den, como sea la familia o de la facilidad para socializar de esa persona, ya que hay algunos a los que se les da bastante bien hacer amigos, mientras otros son más retraídos o tímidos y les cuesta más.

En algunas páginas o Foros, incluso he llegado a ver anuncios del tipo: “Hombre solo busca familia nudista”. No sé el éxito que habrán llegado a tener esos anuncios y si alguna familia habrá contactado con ellos, porque lógicamente en cualquier familia existe una desconfianza previa para aceptar a hombres solos que quieran hacer nudismo con ellos y todo requiere un conocimiento previo para ver si hay afinidad o química entre esas personas, así como si sus intereses son comunes, ya que detrás de ese término “familia nudista”, se suele añadir la palabra “liberal”, dando a entender que lo que se busca en realidad es tener sexo con ellos, incluso o sobre todo, en muchas ocasiones, con sus hijos.


La verdad es que el nudismo familiar, desde fuera, puede parecer un mundo muy cerrado para alguien desconocido y sin muchos contactos, pero como todo en la vida, es cuestión de empezar a intentarlo y ver lo que surge, sobre todo en algunas playas determinadas, que puede que sea más fácil, porque a esos clubs privados nudistas es más complicado acceder un hombre solo..

Como me he dado cuenta de que este interés o necesidad es bastante habitual, voy a contaros algunas de las experiencias o anécdotas que he tenido en este aspecto, sobre los casos más comunes que se pueden dar para que os sea más fácil intimar con alguna familia que pueda estar receptiva a ello.

Cuando mi hija era más pequeña, pero ya en esa edad en la que se empieza a despertar el interés entre los hombres, solíamos ir a una playa nudista con una amiga mía y sus hijas, de parecida edad a la mía.

Al llegar a la playa solíamos ponernos en algún lugar cerca de la orilla y un poco alejados de otras personas que estaban tomando el sol y a las que nuestras hijas, con sus juegos, pudieran molestar.

Como en toda playa, también en las nudistas, suele haber gente paseando por la orilla y sobre todo los hombres, al vernos a nosotras, intentaban acercarse lo más posible para vernos bien, volviendo a pasar varias veces más, si es que alguna de nosotras le habríamos gustado especialmente, supongo, o incluso alguno se quedaba cerca disimulando para podernos mirar más detenidamente.

Nosotras nos dábamos perfecta cuenta de esas cosas, porque eran habituales ya, aparte de que las mujeres estamos más acostumbradas a percibir ese tipo de comportamiento en los hombres, no sólo en playas nudistas, sino en cualquier lado, por lo que no solíamos hacer mucho caso y seguíamos hablando de nuestras cosas, mientras las niñas estaban a lo suyo a nuestro lado, pero cuando nos dábamos cuenta, ya estábamos rodeadas de varios hombres solos que se habían puesto cerca de nosotras disimuladamente a tomar el sol, lo que nos hacía cierta gracia, porque sabíamos que lo que pretendían en realidad era estar cerca de nosotras para mirarnos y sobre todo a las niñas, que es lo que más les suelen atraer en estas playas, hasta el punto de que a alguno de tanto mirar, se le acababa poniendo dura, mientras otros se tocaban discretamente.

A nosotras eso no nos molestaba, porque cada uno es libre de ponerse donde quiera y mirar lo que quiera, mientras no nos incomode o provoquen situaciones desagradables, como molestar a la niñas, pero por lo general, solian ser bastante educados y discretos y solamente miraban, aunque alguno podía llegar a masturbarse por no poderse aguantar la excitación.

Mi hija ya estaba acostumbrada a esas cosas, pero las hijas de mi amiga no tanto, porque hacía poco que habían empezado a hacer nudismo y en una ocasión, su hija pequeña, que a pesar de su edad, tenía un desarrollo precoz y ya le habían salido tetitas, por lo que empezaba a atraer muchas miradas, vino a decirnos:

—¡Mamá! A ese señor se le ha puesto dura.

—¿Sí? Jaja, ¿Por qué será? —no queriendo darle importancia.

—No sé, está todo el tiempo mirándome —decia la niña un poco confundida.

—Bueno, cariño, tú no te preocupes. ¿A ti te gusta vérsela así?

—Sí, la tiene como a veces se le pone a papá.

—A los hombres les pasa eso y es normal que a algunos les guste mirar a las niñas excitándose y por eso se les pone así —intentó tranquilarza su madre.

Al fijarme en ellos, yo también le dije:

—Pues hay varios que ya la tienen dura también, así que debes de gustarles mucho.

La niña se quedó un poco extrañada, quizás porque a su edad no acabara de comprender esas cosas:

—¿Yo?

—Claro, porque estáis ahí enseñándoles el coñito y eso les excita.

Su madre y yo nos reímos al ver la cara que ponía, y nos hizo gracia como ella miraba su rajita, preguntándose cómo podía gustarle eso a un hombre mayor, así que le dijimos:

—Mira, tú sigue jugando en la arena y no te preocupes por ellos.

Después estuvimos fijándonos como la cría miraba de reojo a esos hombres, mientras abría las piernas para dejarse ver y observar su reacción, comentándolo entre risas nosotras:

—Jaja, tú hija es tremenda, fíjate como los está provocando. Alguno va a acabar corriéndose todavía.

—Sí, acabarán pajeándose pensando en como le comen el coñito. La cría es muy inocente aún, pero creo que está aprendiendo a ser mujer con mucha rapidez, como todas en su momento hicimos —me decía su madre.

—Sí, ya te digo. Me acuerdo de la mía cuando empezó a ser consciente de cómo les gustaba a los hombres mirarla. Se abría bien de piernas en la playa delante de ellos para que la vieran bien.

—Son un caso. La mía mayor tiene más picardía y al padre le pone malo cuando se pone a provocarlo porque quiere sacarle algo que yo no le quiero dar.

—Hace bien, es muy lista Así aprendemos todas a usar nuestras armas con los hombres.

En otro de los días que estuvimos, nuestras hijas se juntaron con otras niñas y niños que estaban en la playa, ya que es normal que se busquen entre ellos para jugar y no aburrirse, dándose el caso de que uno de esos hombres que estaban a nuestro lado, de unos 60 años y que ya habíamos visto más veces, al ver como todos los hombres se quedaban mirándolas, nos dijo:

—¡Qué lindas son las nenas! Menuda expectación tienen.

—Sí, nosotras ya estamos acostumbradas a que miren a nuestras hijas, así que cuando se juntan varias, pues llaman más la atención.

—Menos mal que se lo toman bien, porque hay algunas mamás que se molestan y empiezan a llamarnos de todo por mirarlas.

—Sí, lo sabemos, sólo quieren proteger a sus hijas para que no les hagan daño, pero yo mientras sean respetuosos con ellas, no tengo nada que decirles. Mirar no es ningún pecado.

—A veces es difícil aguantarse el no hacer algo más.

—Me imagino, están ahí tocándose todos desesperados. Hasta me dan pena, los pobres.

—¡Caray!, que comprensiva es usted. ¿Le parece bien entonces que los hombres se pongan a hacer nudismo con ustedes, como excusa para estar más cerca de las niñas?

—No sería la primera vez, ya le dije que es algo habitual. Mi marido tiene un amigo y alguna vez nos ha acompañado también.

—Qué delicia, como lo disfrutaría. Pero un amigo no es un extraño.

—Eso sí, pero usted también es un extraño para nosotras y podríamos terminar siendo amigos.

—Muchas gracias por tenerme en esa consideración. Nada me gustaría más.

—¿Ha estado más veces haciendo nudismo con alguna familia?

—Yo tuve la mía propia, pero no les gustaba el nudismo y luego, cuando me divorcié, conocí a una chica que tenía una hija. Yo las inicié en el nudismo y estuvimos unos años de relación. A ella no le importaba que yo disfrutara también con su hija, y me la ponía encima para que la follara, así que imagínense.

—¡Ah!, qué bien entonces.

—Fueron los años más maravillosos de mi vida, pero ella era extranjera y se volvió para su país.

—Vaya, lo siento.

—No pasa nada. Gracias a ella disfruté de uno de los mayores placeres de la vida, teniendo todas las noches a la madre y a la hija desde que era una cría en la cama.

—¡Ah!, ya, claro. Y eso ya no lo puede olvidar.

—Eso no se olvida nunca. Por eso cuando veo alguna familia cono las suyas, me trae recuerdos y me da cierta envidia, pero ya a mi edad, me consuelo así, mirándolas en la playa.

—Bueno, hombre, todavía puede tener oportunidades. Es usted muy agradable, seguro que alguna familia le ha aceptado entre ellos.

—He tenido algún contacto, es verdad, pero es complicado, es un mundo muy cerrado y es difícil conocer a alguien que te acepte. Sus maridos son unos afortunados, que aprovechen bien estos años con ellas, porque luego se echa de menos.

—Sí, la verdad es que ellos disfrutan mucho con las crías y a veces se olvidan un poco de nosotras, jeje.

—No me lo creo, son unas mujeres muy bellas. A mí, además, cuando estuve con alguna cría, me gustaba estar con la mamá también. El placer es doble y mucho más morboso.

Mientras estábamos hablando con este señor, mi amiga se dio cuenta de que un hombre se estaba llevando a su hija pequeña de la mano hacia una arboleda que había en la parte de atrás y le dijo a la mayor:

—Clara, mira a ver a donde se lleva a tu hermana. Vete con ellos.

El señor con el que hablábamos se echó a reír diciendo:

—Jaja, algunos no pierden el tiempo, aunque yo también me llevé a alguna cuando tuve oportunidad.

—Pero es que ella es todavía muy pequeña para que la follen, aunque ya llame mucho la atención y se fijen en ella.


—Bueno, mujer, no creo que la folle si está su hermana con ella; querrá estar un momento a solas para sobetearla un poco y comerla el coñito, aunque otras a su edad ya empiezan a follar.

Mientras, Clara llegó donde su hermana y le preguntó a ese hombre:

—¿Dónde vais? Es mi hermana.

—¡Ah! Hola, nada, sólo quería enseñarla unos pajaritos que tienen ahí el nido.

—¿Puedo verlos yo también?

—Sí, claro. Ven.

Al llegar donde los árboles, enseñó a las niñas un nido encima de una rama, levantando a la pequeña en brazos para que lo viera bien, poniendo el brazo entre sus piernas agarrándola por el culito.

Mientras tenía a su hermana en brazos, Clara se fijó que ese hombre se estaba empalmando, y dándose cuenta él de su mirada, le preguntó:

—¿Te gusta lo que ves?

—Sí.

—Agárrala, si quieres.

Después de dudar un poco, Clara empezó a tocársela con curiosidad, poniéndosele todavía más dura, y al fijarse la hermana pequeña en lo que estaba haciendo, perdió momentáneamente el interés en el nido descubierto, y pidió al hombre que la bajara:

—¿Quieres tocarla tú también?

—Sí —contestó decidida la cría.

Y allí se pusieron las dos hermanas a jugar con la polla de ese hombre, que le preguntó a la mayor:

—¿Tú ya sabes chupar, no?

—Sí, se lo hago a mi papá.

—Claro, me lo imagino, chúpamela un poco a mí y así enseñas a tu hermana.

La hermana pequeña de Clara, miraba con curiosidad como ella se metía en la boca la polla de ese hombre, haciéndola desaparecer casi entera dentro de ella, algo que le sorprendió, por lo que le dijo:

—¡Buufff!, sí que sabes hacerlo bien, nena. Tú papá te ha enseñado muy bien. No sigas, que me vas a hacer correrme ya. Deja un poco a tu hermana a ver como lo hace.

La hermana de Clara, sujetando la polla con la mano, empezó a pasar su lengua por el glande, lamiéndolo cada vez con más confianza, notándose que la gustaba lo que estaba haciendo, e imitando a su hermana, se la metía cada vez más adentro de su boca, hasta que empezaron a darle arcadas, lo que provocó las risas de su hermana y el consejo de ese hombre:

—Despacio, no te la metas tanto como tu hermana, que a ti no te cabe, jeje. Sigue así, lamiéndome la puntita, que lo haces muy rico, mientras le acariciaba las tetitas con una mano.

Al poco rato, sujetó la cara de la niña porque empezaba a correrse y acabó echándoselo en la entrada de la boca, para sorpresa de ella, que no sabía qué era eso, pero su hermana se apresuró a lamer lo que iba saliendo muy golosa, tranquilizándo a su hermana pequeña:

—Es semen, lo que les sale a los hombres cuando les haces cosas ricas, como lamérsela como has hecho tú.

—Sí, a mí también me supo rico.

Pero ese hombre estaba tan excitado con ellas, que a pesar de su corrida, no se le había bajado, y le preguntó a Clara:

—¿Quieres follar?

—Sí —contestó ella, también muy excitada.

—Bueno, siéntate encima. Déjame comerte estas tetitas tan ricas que tienes.

Clara se montó encima de él, con la soltura de quien está acostumbrada a hacer esas cosas, empezando a moverse sobre sus piernas, saliéndole sus primeros gemidos, pero ese hombre colocó a su hermana en medio de los dos para poner su vagina a la altura de su boca y poder comerle el coño mientras follaba a Clara.

Con las dos hermanas encima de él, su excitación era máxima y aunque lamentaba no poder follar también a la pequeña, estaba dispuesto a disfrutar de ella todo lo que pudiera antes de correrse otra vez, así que mientras la mayor seguía con su polla dentro de su coño, él seguía besando a la hermana de Clara, lamiéndole su rajita, tan mojada ya, que la lengua del hombre se introducía completamente dentro de ella, llevándola al delirio, y entre los gemidos de las dos crías a la vez, no tardó en correrse, después de que las niñas hubieran tenido ya varios orgasmos que las dejaron satisfechas, así que al terminar volvieron con su madre, que al llegar les preguntó:

—¿Qué hicisteis? Venís todas manchadas. Clara, ¿han follado a tu hermana?

—No, mamá, solo a mí.

—Bueno, menos mal, porque su padre me mata si se entera de que la follaron ya —nos comentó nerviosa.

Como nosotros nos reíamos con la situación, ella nos dijo:

—Es que es verdad. Me da rabia de estos que vienen y se las llevan sin decir nada, que ni se quien son ni que van a hacerles. Mira, al menos, usted es educado y viene a hablar con nosotras buscando lo mismo ¿no? —le preguntó a nuestro nuevo amigo.

—Pues no le voy a decir que no, claro que me gustaría follarlas, pero mi intención era únicamente charlar un poco y hacer amistad.

—Pues si quiere, tiene mi permiso. Con la pequeña no, pero si la mayor todavía tiene ganas de más, puede llevársela.

—Muchas gracias, señora, pero si vienen a bañarse conmigo, en el agua podemos jugar y hacerlo de forma discreta..

—Claro, ir a bañaros con el señor, niñas.

Y allí fueron las tres con él, y después de jugar un poco en el agua con ellas, vimos como se abrazaba a Clara y sujetando sus piernas con las manos, empezó a follarla dentro del agua, sin que llamaran mucho la atención porque no se veía bien lo que estaban haciendo.

Otra mujer que estaba cerca con su hijo, y había oído la conversación, nos dijo:

—No se llevan sólo a las crías. Al mío también se lo llevaron una vez y no veáis lo que me contó:

—¿Un señor se lo llevó también?

—Sí, pero no era para él, era para su mujer. Mi hijo me dijo que ella se puso muy contenta al tenerlo delante, mientras la decía el marido que se abriera bien de piernas para que el crío la viera bien y se le pusiera dura; y claro, una señora mayor con buenas tetazas y el coño todo peludo puso a mi hijo a 1000 y ella lo agarró y se puso a comerle la polla hasta que le sacó toda la leche.

—Madre mía, que viciosas son algunas.

—Estos críos son un caramelo para ellas y su marido querría hacerle un regalito y le llevó a mi hijo y cuando termino de sacarle toda la leche, le dijo a su marido que se lo llevara otra vez con su madre, a ver si lo iba a echar en falta. Fíjate que cara dura la tía.

—Jaja, bueno, es que tu hijo tiene una buena polla ya y llama la atención.

—Sí, dímelo a mí, desde siempre la tuvo así larguita, pero el último año dio el estirón y lo que más creció fue su polla, jaja, así que imagínate como me puso a mí. Me daba mucha curiosidad y se la medía todos los días para ver cómo le iba creciendo y me excitaba tanto cuando lo hacía, que siempre acababa haciéndole una paja, para medírsela bien estando lo más dura posible

—Menudo morbo. Te darían ganas de que te montara también.

—Sí, claro. Cada vez tenía más ganas de probarla dentro de mí, para ver como la sentía.

—Sería una maravilla, seguro. La verdad es que se ven algunos muy apetecibles a estas edades; son unos críos apenas y ya con unas pollas tremendas. Siempre me preguntaba si sus madres debían de estar dándoles todo el día para que les crezcan de esa manera.

—Muchas sí, es que aquí en la playa los tienes a tu lado o echados encima de ti y casi sin querer se te va la mano y empiezas a pajearles. Y eso que en la playa te cortas un poco, pero en casa ya no tienes nada que te lo impida.

Al escularla, mí amiga le dijo:

—Yo no tengo ninguno en casa, pero si he tenido oportunidad de probar alguno también y es verdad que es una de las sensaciones más morbosas que existe, y más para su madre, supongo.

—Claro. Para mí, mi hijo es el mejor del mundo. Ya me da tanto gusto que casi no echo de menos a su padre.

—¿Qué estás, separada?

—No, pero como si lo estuviera, porque él viaja mucho y me paso muchos días sola con el crío.

—Entiendo. En esos casos es una suerte tener a un hijo en casa. ¿Tu marido sabe algo, o le parece bien?

—Sí, a él no le importa. Pero no os creáis que me echa de menos a mí, porque a donde va, siempre se las apaña para estar en la cama con alguna cría también, que son sus favoritas, y sabe ya bien donde buscarlas. Así que no tiene nada que decirme.

Otra señora mayor que estaba escuchando la conversación, también intervino:

—Tiene razón, ha hecho muy bien. Mi hijo ya es mayor, pero cuando tenía la edad del suyo también me pedía meterla, como veía a su padre, para ver lo que se sentía. Y aunque al principio le dije que solo una vez para que supiera lo que era eso, luego ya no pude evitar que lo hiciera siempre que quería, porque al final, las madres somos muy débiles con nuestros hijos y como a mí también me daba gusto, tampoco iba a privarme de ello.

—Y seguro que todavía sigue haciéndolo, ¿no?

—Sí, él ya está casado y con sus niños, pero cuando viene a visitarme, siempre nos las arreglamos para tenerle en la cama un ratito, jeje.

—Claro, es un buen hijo, jaja.

—Lo único malo es que su mujer lo sabe y a veces se pone un poco celosa, pero ella ya sabía con quien se casaba y le pareció bien, así que se aguante un poquito, que ella lo disfruta todos los días.

—¿Y a los nietos también ha empezado a disfrutarlos?

—Todavía son pequeños, pero el mayor ya se queda mirándome cuando estoy desnuda y hasta se le levanta el pito.

—¡Que bueno! Seguro que ya le ha dado un buen meneo, jaja.

—Pues sí, jaja, le encanta…..

Y ahí siguieron las dos madres contándose sus confidencias, mientras uno de los que se había puesto a nuestro lado, las escuchaba atentamente, mientras no podía evitar pajearse.

Pero también hay otros hombres que no se conforman sólo con mirar y son más atrevidos inventándose cualquier cosa para hacer amistad con alguna familia, cada uno con su estrategia. Recuerdo a uno que estando con mi amiga y las niñas, nos pidió permiso para ponerse a nuestro lado y hacer nudismo con nosotras. Nos dejó un poco sorprendidas sin saber que contestarle porque había sitio suficiente como para ponerse en otro lado, y como no le dijimos que no expresamente, extendió la toalla a nuestro lado para ponerse con nosotras, empezando al poco rato a hacer comentarios sobre las niñas, a las que no quitaba ojo:

—Que suerte tienen. Tener una familia como las suyas y hacer nudismo todos juntos. Yo no tengo pareja ni hijos y tengo que venir sólo, pero es un poco triste para mí y suelo ponerme con alguna familia, si me dan permiso.

—¡Ah!, bueno, muy bien — le contestamos por cortesía.

—¿Y sus maridos no las acompañan?

—No pueden, están trabajando.

—Que pena. No pueden disfrutar de las niñas.

—Ya disfrutan en casa de ellas.

—Sí, de eso estoy seguro. Yo también lo haría. Ya estoy viendo que son muy hermosas. Al estar solas, se les acercarán muchos hombres como yo. Perdonen si las estoy molestando.

—No pasa nada. Sí que se acercan bastantes. Ya ve que estamos rodeados de ellos, jaja, y a veces nos hacen proposiciones.

—¡Ah, sí! ¿Qué tipo de proposiciones?

—De todo. Con más o menos educación, al final lo que buscan muchos es jugar con las nenas, aunque otros nos piden follar con nosotras directamente aprovechando que no están nuestros maridos.

—Claro, es que muchas lo hacen. Aquí se ven buenas pollas y quieren darse el gusto de probar otras que no sean de sus maridos.

—Hay muchas tentaciones y además siendo la gente tan liberal, puede pasar cualquier cosa —mientras mirábamos su polla, que empezaba a aumentar de tamaño.

Por lo que él nos dijo:

—No se priven, ¡eh! Pueden servirse…..

—Mejor no, que están las niñas delante y seguro qeu se lo cuentan a su padre.

—Bueno, como quieran, pero las niñas también pueden, si quieren….

—Si ellas tienen ganas, no les vamos a decir que no —poniéndole los dientes largos a ese hombre.

—¡Uufff!, no me digan eso, que me corro con ellas en un momento….

Al final, las crías estuvieron jugueteando un poco con su polla, mientras él las sobaba todo lo que podía, hasta que como nos había adelantado, acabó corriéndose antes de lo que él hubiera deseado.

Otro caso que me sucedió fue el de uno que empezó a hablarme diciéndome que era fotógrafo de modelos y que se había fijado en la belleza de mi hija y hasta me propuso hacerle algunas fotos para promocionarla en algún catálogo de moda.

Como estaba escuchándolo mi hija, se entusiasmó enseguida con la idea y nos propuso ir con él para hacer las fotos, pero cuando se lo comentamos a mi marido, él no quiso. Nos dijo que lo que quería era hacerle fotos desnuda a la niña y que no sabríamos lo que iba a hacer con ellas, aunque podéis imaginároslo.

En cambio, se de otras que si accedieron a que hicieran esas fotos a sus hijas, y al final con una disculpa u otra, siempre terminaban haciéndoselas desnudas, en posiciones sugerentes o sexys, como pueden verse en muchos catálogos en internet, que acaban apareciendo en algún lugar.

Otros buscaban ese acercamiento, haciendo amistad con mi marido, para ganarse su confianza y ver las posibilidades que tenían de estar con la niña de una forma consentida por él, digamos. Le preguntaban si éramos liberales, si teníamos experiencias de ese tipo, contando las que había tenido él también, para acabar pidiéndonos hacer nudismo con nosotros, irnos conociendo y ver si había la suficiente química como para intimar todos juntos.

Un caso parecido a este fue el que le sucedió a mi amiga y su marido, cuando conocieron a un hombre en la playa que les invitó a hacer nudismo en un apartamento que tenía. Como ellos tenían interés en conocer esa zona, aceptaron la propuesta, pero al llegar allí se encontraron con la sorpresa de que el apartamento tenía sólo dos habitaciones para dormir y como había solo dos camas matrimoniales, les propuso repartirse a las niñas para estar más cómodos.

Un poco contrariados, mis amigos, al no haber otra solución, aceptaron que durmiera con ellos la pequeña para estar más cómodos en la cama y que la mayor durmiera con el dueño del apartamento, porque al ser sus invitados, no pudieron negarse en correspondencia.

Durante los días que estuvieron allí, el señor, al tener a la cría todas las noches en su cama, estuvo follándola todo lo que quiso e incluso, llegó a proponer a sus padres que durmiera la pequeña también con él, para que pudieran dormir mejor, pero eso no lo aceptaron, porque no querían que se la follara también, ya que era virgen todavía, aunque sí tuvieron que dejarle que jugara con ella en otros momentos del día, en la playa o en casa.

Incluso cuando se encontraba a solas con mi amiga, empezaba a meterle mano también, insinuándole que follaran, a lo qaue le contestaba mi amiga:

—¿No tienes bastante con las crías?

—Estamos para compartir. Tú marido ya te folla todas las noches. Con otras familias a las que invité, el marido me prestaba a su mujer también para que durmiera conmigo.

—¿Y tenían hijas como yo?

—Sí, una, pero esa dormía con el padre, por eso no le importaba que su mujer follara conmigo.

Mi amiga me acabó contando, que como insistió tanto, al final acabó fallándola a ella también.

De todas formas, estas cosas no son tan raras y es normal que acabe pasando durante estas convivencias de nudistas entre todos los miembros de la familia, con la otra familia con la que compartan o con el que los invitó a hacer nudismo en su casa.

Antes os decía que a veces, algunos intentaban entablar amistad con los maridos, para tener más fácil acceso a sus hijas.

En nuestro caso nos sucedió alguna vez, cuando mi marido podía venir con nosotras a la playa. Solían empezar llevando la conversación hacia temas más íntimos entre hombres, y con una cerveza delante, se lo acaban contando todo, teniendo conversaciones como esta:

—Tu hija está muy rica ya. Te sacará toda la leche.

—Si, es tremenda. A veces cuando pienso que su madre ya me la sacó toda, llega ella y consigue que eche más todavía.

—Buufff, sí, yo sé bien lo que es eso. Las veces que he estado con una madre y su hija, en ocasiones hay madres que parece que llevan tiempo sin probar una verga y me exprimen hasta que no puedo más y cuando dejan a la cría que disfrute un poco también, siempre consiguen ponerme a tono otra vez y me sacan hasta lo que no tengo, jaja.

—Ya veo que aunque andas sólo, no te ha faltado —le decía mi marido, a causa de lo que le contaba.

—No te creas, sinceramente mi trabajo me cuesta. Es difícil encontrarse a un tío tan abierto y simpático como tú que me deje estar con su familia. Normalmente suelo dar con madres solas, con alguna hija, que buscan compañía y pasarlo bien.

—Yo lo que quiero que tengas claro es que no voy a decirle a mi mujer y a mi hija que follen contigo, pero tampoco voy a poner impedimento a ello, si tú te las ganas y acceden a dejarse follar.

—Sí, está muy claro. No te preocupes, si ellas no quieren, no pasa nada. A mí tampoco me gusta forzar a nadie, aunque también me ha pasado de hombres que me pedían que follara a su mujer y ella no estaba muy por la labor, pero entre los dos acabábamos convenciéndola, y su mismo marido, le abría las piernas para que se la metiera.

—¡Uuuff!, eso es tremendo. A muchos hombres les excita ver como se follan a su mujer.

—Pero al final no ves como disfrutaba la tía. Yo creo que es un juego que se montan ellos para buscar nuevos alicientes a la relación.

—Sí, aquí te encuentras con gente de todo tipo y no dejas de sorprendente.

—Me has caído genial. Os voy a invitar a todos a comer y así nos vamos conociendo —le decía ese hombre finalmente.

—Estupendo. Llamaré a mi mujer y a mi hija para ir al bar.

Una vez todos allí, nos invitó a comer todo lo que quisimos, esforzándose por agradarnos, contándonos varias anécdotas que había tenido con otras familias mientras halagaba a mi marido para que no pusiera impedimentos a los tocamientos que ya nos estaba haciendo durante la comida tanto a mi como a nuestra hija.

La verdad es que era un señor muy agradable y sabía cómo poner cachonda a una mujer. Nuestra hija estaba también encantada con él porque no sé qué cosas le decía al oído, que ella se reía y cada vez le dejaba que metiera más la mano entre sus piernas, besándola y mostrando una evidente excitación, sobre todo cuando mi hija abría las piernas y él pasaba el dedo por su rajita, pero como ese no era el lugar adecuado para seguir avanzando, finalmente nos dijo:

—¿Me dejáis llevar a la cría a mi caravana? Quiero enseñarla unas cosas que la dije antes.

—Si quiere ella no hay problema.

—Déjame ir, mamá —me dijo ella, muy animada.

—Sí, hija, vete.

Cuando se fueron, mi marido me dijo:

—Jaja, creo que te has quedado con las ganas de follar con él.

—Bueno, es muy simpático y está muy bien, la verdad, pero ha preferido llevarse a la niña y al menos que ella lo disfrute.

Cuando pasaba algo más de una hora, nuestra hija volvió a nuestro lado muy contenta, por lo que la preguntamos:

—¿Qué tal ha ido todo?

—Bien. Genial.

—Me parece a mí que nada más meterte en la caravana con él, ya te quiso empezar a follar —le dije yo a ver que nos contaba.

—No, mamá. Me estuvo enseñando unas fotos que se hizo con otras familias con las que estuvo para decirme que quería hacérmelas a mí también.

—Vaya. Eso no me gusta mucho. No nos dijo que qusisiera hacerte fotos.

—Me dijo que solo eran para él, para tenerlas de recuerdo.

—¿Y cómo fueron esas fotos?

—Pues primero a mi sola, en varias posiciones y luego haciendo cosas con él, chupándosela, y follándome.

—¡Ya ves! Te hizo la colección completa, vamos. Me gustaría volverlo a ver para pedirle explicaciones.

—Pues creo que se marchó ya. Me dijo que se iba a otra playa.

—Lo que me temía, este nos ha engañado bien con su palabrería. Ves, no se puede confiar tanto en la gente.

Por lo que dijo mí marido:


—La primera confiada eres tú, que dejas ir a la cría con cualquiera.

—Tú también estuviste de acuerdo para que se fuera con él.

—Sí, porque hay gente muy hábil que saben cómo ganarse la confianza, pero al menos podía habernos invitado a todos, como hacen los demás, aunque quiera follarse a la cría.

—Bueno, ya sabes qué hay de todo. Al menos la cría se lo pasó bien y ya está.

Otras veces, hay hombres que se sirven por si solos, sin tantos rodeos y aprovechan cualquier descuido de los padres o de exceso de confianza para follarse a cualquier cría despistada en la playa.

En una ocasión, paseando entre las dunas de una playa, vi a dos hombres con una cría que no estaba en edad de andar sola por allí, así que me quedé observando por si fuera la hija de alguno de ellos que estuvieran dando un paseo, pero pronto me di cuenta de cómo empezaban a sobarla entre los dos, abriéndola las piernas y masturbándola.

Ella se veía que estaba gozando con ellos y por eso no intervine, así que seguí mirando sin que me vieran, como se turnaban entre los dos para chuparle el coño, mientras el otro le daba la polla en la boca, que la recibía gustosa, por lo que supuse que debía de tener ya una larga experiencia y acabé suponiendo que esos hombres se la habían llevado a ese lugar con el pleno consentimiento de la niña para disfrutar de algo que posiblemente llevara tiempo haciendo con otros hombres.

Hablaban entre ellos, cambiándola de posición según el momento, para finalmente ponerla a 4 patas y mientras uno por detrás se le empezaba a follar, el otro se la metía en la boca. Cuando se corria el que la follaba, se cambiaba con el otro para que se corriera dentro de la niña también, y una vez satisfechos, se fueron cada uno por un lado, como si no hubiera pasado nada.

No sé si después de leer estas anécdotas, creéis que os va a resultar más fácil contactar con alguna familia para hacer nudismo o para intimar con ellos, pero al igual que hay hombres de todo tipo buscando estas relaciones, también hay familias muy distintas que pueden reaccionar de forma diferente ante este tipo de proposiciones o intentos de acercamiento y quizás la experiencia que se vaya consiguiendo es la mejor manera de conseguir lo que os proponéis.


Por VERONICCA

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