viernes, 5 de julio de 2024

Convertí a mi hija en una niña adicta al semen (Parte 1 y 2)


Aunque suene a utopía, sean sinceros. ¿Quién en lo más hondo de su oscuridad, no desea probar a su propia nena? Yo logré aquello y he superado ya los remordimientos.

Desde infante aprendí a manosear a las niñas, y siempre fueron mi principal fetiche, pero también, el semen. He admirado aquel líquido lechoso de fuerte olor desde adolescente y me he masturbado más de 1 vez al día, por ello ver mi semen era tan natural para mí.

Lastimosamente con las pocas chicas que he estado, no me han querido hacer oral y si una lo ha hecho, era terrible. Pero mi amada esposa, ella me complació en cada ocasión que follábamos, era tan pasional conmigo, tan perra en la cama, que mi lujuria alcanzó su nivel máximo, a ella le encantaba mi semen, nunca había visto a una mujer disfrutar tanto mi esperma, amaba tragárselo, al igual que ser llenada por la vagina, mi esposa era tan bella, cuánto sufrimos para al fin concretar nuestro amor, era alta, 1.78 cm, muy blanca y delgada, con cabellos rubios y ojos grises que parecían verdes y azules por momentos, insistía tanto en darle un bebé, y como ella quería, tuvimos a una bebé, mi amada Luna. Pero el destino un cruel dador que te da para luego quitártelo, me la arrebató por un tumor en su cabeza, dejándome en el hoyo de la tristeza junta a mi pequeña Luna de 3 añitos.


Yo recuerdo mi adolescencia, cada vez que venían mis pequeñas sobrinas y primitas, de entre 6 a 8 añitos, me las ingeniaba para llevarlas a jugar a solas en una habitación de mi casa, en donde las punteaba por el culo bajándoles el pantalón hasta eyacular en sus pequeños cachetes, no se quejaban, pues tampoco las penetraba, incluso sonreían a veces cuando las miraba. Pero siendo mayor de edad ya no podía hacer eso con ninguna otra niña más, pero siempre mantuve aquel fetiche vigente en mi inconsciente.

A pesar de que la madre de mi esposa quiso tener la custodia de su nieta, yo no lo permití, y se quedó conmigo. Fue un año difícil para mí, pero logré sobrevivir y salir adelante con mi nena, así cumplió sus 4 añitos, a pesar de que mi madre quiso vivir con nosotros yo nunca acepté, quería lograrlo solo, y lo hice, mi Luna salió igual de bella que mi suegra y su mamá, yo siendo trigueño, de cabello castaño y ojos marrones oscuros, mi nena nació con sus ojos verdes, blanca y rubia. Seré sincero, al quedarme viudo, me hice la prueba de ADN al año que me dejó mi esposa y que creen. ¡La nena no era mi hija! Solo mi madre lo sabe, pero decidí seguir teniéndola, y me costó el corazón perdonar a mi esposa ya estando muerta, pero ahí estaba mi Lunita, su fiel retrato. Pero esa inquietud de que no era de mi sangre me perseguía día y noche.

Fue un día cualquiera, que mi princesa venía a darme las buenas noches para luego llevarla en brazos a su cama, cuando me di cuenta que tenía la perfecta oportunidad de realizar mi fetiche más oscuro, estaba ahí mi nena, totalmente bajo mi cuidado y viviendo solo con ella. ¿Aberración? ¿Enfermedad? ¡No lo sé! Pero desde ese momento aquella idea no salió de mi cabeza. Consideré todas las consecuencias, positivas y negativas, pero el resultado final, sería muy beneficioso para mí. Cuando llegué a tal conclusión, no hubo marcha atrás, tenía la posiblidad de convertir a mi hija en mi amante sexual adicta a la verga y al esperma.

Y a sus 4 años, comencé por jugar con ella haciéndole roses en su conchita debes en cuando, no parecía sentir molestia cuando la rosaba ahí, luego a la semana aproximadamente empecé a vestirla con falditas o vestidos, para poder discretamente levantarle su falda y empezar a frotar su conchita por encima de su calzoncito. Mientras le hacía eso la distraía hablándole y jugando con ella con mi otra mano, a veces me tomaba la mano que frotaba en su chochito y empecé a frotarla con su propia manito, realmente me tomaba mi tiempo ahí urgándole la flor por lo menos 15 min, así poco a poco la hacía acostumbrar a este juego de tocamientos indebidos para su edad. Estuvimos así casi 20 días, hasta que en una que volvió a tomar mi mano mientras la tocaba, aproveché en meter mi mano debajo de su calzoncito, y fue mi 1er contacto con su conchita peladita al jugar así, estaba tibia y suave, con mucho cuidado, tomándome mi tiempo, le sobaba su rajita de abajo arriba, recorriendo su tierno canalcito con mi dedo índice, mientras ella sujetaba mi mano en ese vaivén, como se suponía que solo jugábamos no podía tener una buena posición para hacerlo como debería ser, así que hice que se siguiera tocando ella misma mientras me sentaba detrás de ella, para meter mi mano en su flor pero por encima de su manita que jugueteaba ya con su conchita, entre los dos empezamos a masturbarla, y eso parecía encantarle a mi Luna, porque se reía a veces diciendo: «¡Oyeee me hace cosquilla jaja», «Pero nos estamos divirtiendo verdad mi princesa» le dije, «Jaja pero me hace mucha cosquiiiillaaaa…» Aunque aún era muy tierna para tener orgasmos, lograba calentarse mucho, su coño terminó bien rosadita y calientita. «Papi está calienteee», «Si muy caliente mi Lunita, pero te gusta verdad, si o no he jeje», «Siiiiiii son cosquillitas rico rico», las palabras de mi bebé me hacían delirar. Y como siempre después de terminar la sesión la llevaba directamente al baño, le alzaba su faldita y hacia que ella lo sostenga, mientras le bajaba su calzoncito hasta las rodillas y cargándola la sentaba en el trono para que orinase. «Haciendo pichirrún» le decía, «Jajaja pichiruuuu» decía mi nena, y orinaba una gran cantidad, y luego de eso yo mismo le sacaba su chuchita con mis dedos, y así ella se iba contenta a jugar a su cuarto, mientras yo terminaba jalándome la verga en el baño chupándome el dedo con el que limpié su rajita. Sólo así lograba defogar el deseo.

Al día siguiente, luego de que mi madre o mi suegra se hubiesen ido, porque siempre se turnaban para apoyarme con la nena, si es que no venía la niñera ese día, compré saliendo del trabajo aceite para bebé, pues me preocupó que al quedar tan rosadita su vagina pudiera lastimarse, empecé a vestirla sólo con un polito y su calzoncito, y antes de cenar, la llevé a su cama como siempre, y en una me senté detrás de ella, y le dije: «Hora de las cosquillitaaaas», «Cosquillita cosquillitaaaa» respondió, y procedí a untar mi dedo índice con el aceite de bebé, y sin más metí mi mano debajo de su calzoncito y empecé a frotar su florcita, y me sorprendió la facilidad con que ahora resbalaba mi dedo por su rajita, podía ahora subir y bajar más rápido que el día anterior, «Ha… Mmmm…» mi Luna emitió sus 1eros gemidos, lo cual activó mi lujuria al máximo nivel, masturbándola rápidamente haciendo ya un poco de presión, juntó sus brazitos a su cuerpo y con los antebrazos en horizontal a los costados si cuerpecito blanquito empezó a mover, no había dudas, mi nena estaba sintiendo el placer de verdad, y mientras la frotaba le decía al oído: «Te amo mi princesa, nunca dudes que te amo, que eres lo más importante para mí», «Ha… Hua… Hum… Ha…» mi bebita no podía pronunciar palabra alguna por el placer que sentía, le daba besitos por el cuello mientras dale y dale con mi dedo en su chochito, fueron como 5 min así full placer con mi niña, hasta que dijo: «Papi papi quiero pipí, quiero pipí», «¡Ya te quieres orinar amor! ¿Tan pronto?», «Ha… Quiero el baño papi haaa…», «Pero si recién estamos empezando mi Lunita…» y en eso empecé a sentir gotitas muy caliente deslizarse por mi mano, «¡Hija, te estás orinando!», sin demora la cargué y la llevé al inodoro para que orine, y ni bien se sentó salió disparado a chorros su pichi, salpicándome un poco, «Hey mi niña, casi me orinas», «Haaa jaja… Haaa papi haaa», su carita de alivio al poder orinar sin miedo, me enamoró totalmente. Luego de limpiarla con mi dedo otra vez, la dejé ir a su cuarto mientras la veía correr tan tierna con su calzoncito puesto, y yo tenía que defogar la energía acumulada por el deseo hacía mi propia niña.

Aún no podría tener orgasmos, pero el querer orinarse se podría considerar como sus pre-orgasmos. Solo pude resistir una semana entera haciendo lo mismo usando el aceite, y tocarla hasta que de nuevo expulse sus gotitas de orina, pues era el límite que podía soportar en ese tiempo, lógico, aún tenía 4 años, de 5 a 10 min era su límite antes de que se empezara a orinar. Después de eso, fui al siguiente paso, le insité a que se empezara a tocar ella solita solo cuando esté en casa conmigo, los 2 sin nadie más, la dejaba bien en claro que nadie debe verla tocándose ahí, ni decirle a nadie sobre lo que hacíamos. Le untaba el aceite en su zanjita y con mi mano sobre su manita le enseñaba como debe hacerlo ella sola, así poco a poco aprendía a masturbarse ella misma. Amaba sus tiernos gemidos y como empezaba a contraer sus caderitas, también la acostumbré a besarla en el cuello y rostro mientras se tocaba. Cada noche su calzoncito terminaba empapado de su propia orina. Y también se tomó de costumbre bañarla en las noches antes de que duerma y luego de ponerla en su camita sin nada debajo, ni siquiera su calzoncito, empecé a comerme su pequeño coñito, la primera vez que lo hice solo dijo: «Oyeee cochinooo», «Ahora soy un cochinito oic oic» le contesté, «Jajaja un chanchito» dijo la nena. Iba subiendo el tiempo cada noche, era una adicción el saborear de su intimidad de esa forma, al final se acostumbró a ello, incluso después se quedaba dormidita como una bella angelita.

Todo iba bien, a veces la veía tocándose su coñito mientras mirábamos la televisión juntos, parecía que la estimulaba ver Plaza Sésamo con todos esos monstruos peludos.  Y una noche que le pregunté si se tocaba estando solita, me confesó que incluso se había tocado en su jardín por debajo de su escritorio cuando nadie la miraba, eso me dejó pringao, le dije que no lo haga fuera de casa, que era peligroso, «No lo haré más ahí papi», «Si cariño recuerda que es nuestro secreto ok». Así, mi Luna ya se podía dar placer ella solita también, pero ahora más que tocarla con mi dedo, le hacía full sexo oral, hasta que llegue a orinarse un poco, y yo saboreaba esa mezcla salada de sabor a coño infantil y orina. Ella estaba lista para avanzar en su aprendizaje.

El ritmo de lecciones seguía su curso y ya cerca a cumplir su 5to añito, había logrado avanzar mucho con ella, permitiéndome explorar todo su cuerpo sin que ella sienta miedo, ni rechazo; ahora no sólo jugaba y saboreaba su coñito, me pasaba casi 1 hora en total estimulando cada zona erógena aún inactiva en su tierno cuerpecito. Veamos punto por punto los avances que hice con ella:

– Ya no había problema en tenerla desnuda ante mí, en cualquier momento le podría alzar su polito, bajarle el pantalón o levantar su faldita, eso le parecía ya normal que le haga.
– Podía meter mi cabeza entre sus piernas sea por delante o por detrás para olerla por encima de su calzoncito y ella sin inmutarse, seguía con lo que estaba haciendo (como jugar con su tablet, y otras cosas así).
-Mover a un lado, bajarle o quitarle el calzoncito para darle un buen oral a cualquiera de sus huequitos de placer.
-Me dejaba apretar y chupetarle sus delicadas y blancas nalguitas, en todo momento (por ejemplo venir hacia mi para mostrarme un dibujo que estaba haciendo y mientras le hablaba diciéndole lo bonito que está, estar manoseando su culito apretando y amasando sus cachetitos sea por fuera o por dentro de su ropa).
– En el oral, ya le hacía sin tabú el beso negro, es decir, lamía, succionaba y chupaba su diminuto ano, tuve que tener cuidado aquí ya que la 1era vez que lo hice encontré restos pequeños de caquita seca pegados cerca a su huequito y el fuerte olor a caca no se podía ignorar, así que antes de saborear ahí, una lavada en su culito y luego todo ok, full oral anal.
– Y no podía dejar de lado a sus inactivas teticas, chupándole sus botoncitos rosaditos hasta dejarlas bien coloraditas, y ella feliz sonriéndome cuando me miraba como consentía a sus gemelitas.
– Cada noche antes de nuestra sesión, le pedía que vaya a tocarse solita unos min. y cuando yo me unía ya estaba rosadita.
– Todavía no le enseñaba poses sexuales, mayormente la disfrutaba hechada de espaldas o viceversa, o en la postura que estaba. Y tampoco besos con lengua en la boca, solo piquitos. Como se dice poco a poco el río llega al océano.

El día de su 5to cumpleaños tenía una actuación en su jardín por el aniversario de su plantel, era un baile grupal alusivo a las flores, en casa ella practicaba su coreografía y la animaba y la aplaudía, «¿Lo hice bien papi?», «¡Perfecto mi princesa!», y sin más la desnudaba para gozar de su pureza, su baile me llegaba a excitar mucho jeje. Así que fui al evento de su jardín, sentado en 1era fila fue un deleite ver a mi muñequita con su atuendo de girasol (la flor preferida de su madre, curioso), y ya en casa tenía su regalo de cumpleaños, pero se lo daría después. «Si todos supieran que le hago cada día a esa delicada florecilla» decía en mi mente, mi Luna era feliz conmigo, de la mano caminaba dando saltos y cantando. Yo la consentía mucho pero sin malcriarla.

«Mi bebita, tengo un regalo para ti por tu cumpleaños», «¡Si si papi quiero ver mi regalo», así que se lo entregué, «Ábrelo cariño» le dije, y muy emocionada rompía la envoltura, era una cajita mediana, y al abrirlo me miró con sus ojitos verdes, «¿Qué juguete es papi?», «Es algo que usaremos en ti desde ahora mi cielo», «¡¿Oh de veras papi?!». Había ido días atrás a un sex shop local para comprarle el consolador con vibrador más pequeño que había, y desde esa noche usamos dicho dildo pero sin entregárselo todavía, le dije que era algo que teníamos que compartir y que sería solo de ella, el día que me demostrara que había aprendido a disfrutarlo realmente, y así iniciamos su nueva etapa de entrenamiento.

Sentada en su cama recostada hacía atrás le abrí un poco las piernas para untarle el aceite de bebé en su chocho, cuando prendí el vibrador le gustó el suave zumbido que hacía, «Abejitas» decía divertida, «Y se mueve la abejita mira», puse la opción de contracción y parecía dar saltitos el juguete, «¡Mira mira papi cómo salta jajaja!’. Y en modo vibrador lo acerqué lentamente a su florcita y ni bien la llegué a rosar se llevó un dedo a la boca y mientras lo sujetaba con los dientes gemía cerrando sus ojitos, era todo un espectáculo verla así, de abajo arriba y de arriba abajo el dildo recorría su conchita por fuera, veía como la hacía temblar a su vulva, mi Lunita estaba muy inquieta, no dejaba de mover sus caderitas, le frotaba en su clitoris escondido, «Veo que te encanta, no dejas de gemir y de moverte» le dije, «¿Te gusta tu regalo de cumpleaños?», «Ah… Si… Si si papi haaa… Hua…» y se tumbó de espaldas aún con su mano en la boca, aproveché en recostarme para chuparle su tetita izquierda, y full masturbada que le daba, hasta que con una de sus manitas me cogió del cabello gimoteando rápido, «Ah ah ah ah ah» y salió disparado un chorrito de su pichi, «¡Oh mi Lunita ya llegaste al límite!», y apagando el dildo, puse mi boca bien abiertas sobre su vagina para ir recibiendo los chorritos de su orina y me lo tragaba, poco a poco se fue calmando mi niña, y bien chupadita le dejé el coñito limpiecito. Para luego abrazarla hasta que me pidiera ir al baño.

Así pasé varias noches enseñándole como usarlo, le dije que cada vez que ella quisiera usarlo, me lo pidiera y yo le enseñaría el uso correcto.  Tal como había planeado, ella comenzó a pedírmelo casi todos los días, esperaba que ella misma me lo pidiera, sino lo hacía, le hacía oral sin el dildo; y después de un par de semanas en que usé el vibrador mientras le comía su coñito, finalmente se ganó el dildo y lo guardó en su cajita en la mesita de noche al lado de su camita, «Jaja no amor, ahí tus abuelas o la niñera lo encontrará», «¿Pero dónde lo tendré?» contestó, «En mi cuarto, sabrás donde encontrarlo cuando quieras usarlo, pero recuerda solo cuando estés en casa y conmigo». Cada noche cuando le decía que vaya a tocarse, iba a mi habitación por su juguete, para luego irse a su cuarto y escuchar el zumbido junto a sus gemidos de niña.

Decidí que ya era hora de que aprendiera a usar mi pene como su juguete. Esta vez no la dejé desnuda, la hice arrodillar al filo de su cama y le dije: «Desde ahora podrás jugar también con el juguete de papi», «¿También tienes uno para ti papi?», «Jaja sí mi bebé, pero es un poco diferente a tu otro juguete. ¿Quieres verlo?», «Si papi. ¿Cómo es?». Me bajé el buzo quedándome en boxer, «Dame tu mano» y al dármela la hice frotar encima de mi bulto, «¡Aquí está mi amor!», «¡Eh, es con lo que haces pipí oh…», «Si bebé, y no solo sirve para eso, te enseñaré». Y me bajé el boxer con calma hasta que salió mi verga totalmente erecta frente a la cara de mi Luna. «¡Oh… Papi con eso haces pipí!», lo dijo mirándolo con sus ojos agrandados de sorpresa, unté un poco de aceite en mi verga y le llevé su manito a mi pene, «¿Te gusta?», «Es grande y caliente papi» vi su carita con una expresión de admiración total, «Ahora mueve tu mano sobre él de arriba abajo, hazlo amor», y mi nena obediente a su padre comenzó a deslizarlo, gracias al aceite fue fácil para ella, y como toda niña lo tomó como un juego que parecía gustarle. Movía sin parar sus pequeñas manos hacia arriba y hacia abajo tratando de envolver mi pene. Estaba tan excitado que decidí acostarme para que ella arrodillada ante mi siguiera jalándomela con sus dos manitas a la vez.
Hasta que ya no pude más, y me hizo eyacular sobre mi abdomen. «¡Hay papi, que pasó mira eso mira eso!» exclamó mi Lunita soltando mi verga y viendo por 1era vez aquella explosión del cuerpo masculino, al principio se asombró pero luego vi un gesto divertido en su carita tapándose su boquita abierta, al parecer le fue divertido ver salpicar mi semen volando por el aire y aterrizando sobre la piel de mi abdomen y pectorales. «¡Esto es muy divertido para mí hija! ¡Dame tu manito!». Y con sus manitos me ayudaba a embarrar mi leche por toda mi piel.

Ya después de cenar, le dije: «Amor, lo que me hiciste me gustó muchísimo, y quisiera que lo hagas siempre, sí», «¡Ujum!» murmuró asintiendo su cabecita. Quería que entendiera lo feliz que me hacía eso. A la tercera vez, la vi tan emocionada dándome una inocente paja con sus manitos, que la recosté sobre su espalda y le dije que me correría sobre su barriguita y luego jugaríamos a untarlo por su delicada piel. «Si papi» dijo, e inmediatamente se recostó en su cama, y le levanté su polito rosa dejando descubierto  su barriguita blanquita, y me la jaló hasta que me hiciera terminar soltándole la descarga en su bello vientre. Y usando su manita lo esparcí por todo su abdomen. Como a la sexta vez, me corrí encima de su ombliguito chiquitito y dejé que ella se lo embarrara solita por todo su vientre. Después fue el turno de sus tetitas inexistentes, me corrí en sus pechitos e hice un gran show embarrando yo mismo sus tetitas con mi verga. Estaba dispuesto a todo para enseñar a mi bebita. Luego mientras cenábamos de repente me preguntó: «¿Y qué sabor tiene papi?», eso me tomó por sorpresa, «¿De qué mi Luna?», «Deee… Heee… Jajaja eso», «¿Cuál mi Luna?», quería que ella me lo dijera, «Pueeeees… Eso pues jajaja… Cuando haces pipí», «¡Ah! Buena pregunta. Es como una buena medicina… no sabe tan bien, pero te hace bien… las chicas crecen más bonitas y saludables bebiendo esa lechecita de su mismo padre… y si la hija hace eso por su papi, hará que se quieran más mucho más, ¿Me entiendes?», «Si papi», «¿Tú quieres crecer bonita?», «Si papi», «¿Tú quieras estar muy sana?», «Si papi si», «¿Y tú quieres que Luna y su papi se quieran más y más?», «Siiiiiiii…», «¿Mucho, mucho?» le dije, «Si mucho mucho papi». Le di un beso tierno en la boca como muestra de mi felicidad.

Mi bebé empezaba a entender cómo se complace a un hombre, el placer de sentir sus manitas masturbándome me ponía muy arrecho siempre, pero tenía que resistir la tentación de quitarle su virginidad, aún era muy pronto para eso. Sucede que al día siguiente después de haberme preguntado por el sabor del semen, cuando nuevamente eyaculé sobre sus pechitos, ella misma frotó un poco en sus manos, para luego comenzar a lamer sus deditos;  era la cosa más maravillosa que había visto hacer a mi bebita, probar el semen de su padre por primera vez. Me arrepentí de no haber grabado en vídeo todo eso. Pero luego vi que frunció su ceño expresando un poco de asco. «Ya te acostumbrarás, cariño», le dije. Y como estaba muy feliz con ella por haber tenido la iniciativa de probar mi semen sin que le dijera nada, metí mi mano a su conchita y me dí con la sorpresa de que estaba húmeda, me olí mi dedo y era olor a orina, «¡Así que mi princesita se había hecho la pila he!», «Lo siento papi no me di cuenta», luego de limpiar mi esperma de sus pechos, procedí a desnudarla en el acto, «¡Al parecer una linda niña quiere que le haga cosquillitas en su florcita!», ella me miraba sin responder, «¿Quieres cosquillitas?», «¡Ujum!» murmuró la nena, «Entonces iré a traer tu juguetito favorito sí», y dándole como 7 besitos en sus pequeños labios fuí por su dildo, para luego masturbarla con el vibrador hasta que nuevamente se orine.

La noche siguiente volvimos a repetir todo pero está vez, por un impulso mío, dirigí mi pene sobre sus labiecitos cerrados y se los dejé empapados de semen caliente y fresco, se quedó inmóvil viéndome con sus bellos ojos verdes, «Lo siento cariño, creo que me ganó la emoción, pero te ves tan bonita con tu boquita llena de mi lechecita. ¿Quieres comerlo?», movió negativamente su cabecita, yo sabía que aún no era el momento, así que procedí a limpiarle la boquita. Pero una parte de mi como que se fastidió por qué no deseó probarlo otra vez. Como había traído el dildo, adrede la masturbé pero con el modo contracción tratándole de introducir la puntita en su rajita pero sin llegar a dañarle y quitarle la virginidad. Admito que fuí un poco atrevido en ese aspecto, pero logré que soltara sus chorritos de orina mientras se tapaba la boca queriendo gritar. Después de chuparle su conchita bebiendo un poco de su pichi, la recosté para que descansara de su pre-orgasmo.

Como era viernes, al día siguiente no iría a su jardín, por lo que aún quería seguir jugando con ella. Se había quedado dormidita en mi pecho, y pensé que talvez debería un poco acelerar el proceso. Pensé que era hora de que me mamara la verga. «Bien. Ahora será tu turno, bebé …». Así que con caricias la desperté, «Tengo sueño papi», «Pero amor mañana no tienes clases, ¿No te gustaría que sigamos jugando?», «Si pero tengo mucho sueño papi», «Ah eso lo quitaré en un segundo jeje», le bajé su calzoncito y levanté su polito lila, y le dí su rica estimulación a sus tetitas y a su conchita, y cuando comenzó a gemir, «Ya vez ya se despertó mi bella durmiente».

Luego procedí a darle una pequeña explicación de cómo debía tratar mi pene, como si fuese un helado y chupetearlo y lamerlo, arriba y abajo, «¿Entendiste mi amor?», «¿Cómo un helado papi?», «Si muñequita, vamos a intentarlo, ven aquí», y dejé mi serpiente erecta ante su carita de niña buena, «Vamos, cógelo sin miedo Luna», ella lo tomó en su manita mientras bostezaba, y se sobaba los ojos con su otra mano, «Bien, ahora imagina que es un rico helado de chocolate y comienza mi amor», «¿Mmmm?» murmuró apenas, cogí su cabecita y la llevé a tocar mi polla con sus labios por 1era vez. «Lame mi amor, saborea de mi helado de chocolate», y muy tímida sacó su lengüita frotando mi glande, ufff eso me encendió a mil, «Sigue, muy bien mi bebé», tengo que reconocer que lo hizo bastante bien por varios minutos, acariciando sus cabellos dorados la empujaba un poco para que bajara a lamer todo el cuerpo del pene, y aprendió el ritmo, subiendo y bajando, «Te ves tan hermosa haciéndole eso a papito» le decía, luego tomé su otra pequeña mano y le enseñe a estrujarme suavemente mis bolas, aprendió bien, pero a menudo se olvidaba de hacérmelo y tenía que guiarla nuevamente. «Amor lo haces bien, pero tienes que también meterlo en tu boquita», seguía lamiendo, «Abre tu boquita», ella obedeció pero lo abrió muy poco, «Ábrelo más amor, bien grande», y cuando lo hizo, sin perder tiempo se la metí a la boquita, aunque solo el glande, y empujando su cabecita, abajo y arriba, pero al cerrar un poco su boca sentía chocar sus dientes de leche, «Amor debes evitar que choque con tus dientecitos», luego de un min. solté su cabecita y ella misma ya me lo chupaba, qué rico era ver cómo entraba y salía de su boquita mi glande bien cabezona, «Saca la lengua, si así, mantenla así afuera y sigue mi Luna», mi cabeza iba a explotar por la lujuria, por fin mi nena me hacía el sexo oral, tuve que acompañar sus manitos para que tuvieran la presión apropiada sobre el tronco de mi verga, la sensación de ver a tu bebé mamándote la pija a cualquiera lo volvería loco, como lo disfrutaba, sus soniditos y su saliva me lograron llevar al clímax y en unos instantes, no pudiendo contenerme más, comencé a correrme en su boca, disparando un potente chorro y ella que no esperaba esta explosión de semen, retiró su cabeza de inmediato, como yo seguía eyaculando un par de chorros le bañaron su rostro, entonces le grité: «¡Abre tu boca! ¡Ponlo de nuevo dentro amor!», ella obedeció sin demora y disparé el último chorro en su boca y le grité: «¡Ahora trágalo! ¡Bébelo todo!», sumisamente ella se tragó todo y yo quería aún mantener mi pene dentro pero ya era demasiado para ella y volvió a retirar su boca; su lindo rostro estaba sucio con un poco de mi esperma, se veía increíblemente hermosa y le dije: «¡Eres la mejor hija! … ¡Hiciste que papi se corriera completamente! ¡Ufff! ¡Te ves preciosa con tu carita sucia de esperma! ¡Ve! ¡Ve a mirarte al espejo!», se levantó y corrió a mirarse en el espejo del armario, contemplándo su carita bañada con semen espeso y blanquecino. 

Me acerqué a ella por detrás y comencé a frotar el chorrito de esperma con mis dedos sobre sus mejillas, nariz y labios. Ella me sonrió mirándome por el espejo y entendió no iba a ser la primera y última vez que yo le haría esto, iban a venir otras, muchas más. Pero lo que me sorprendió fue cuando me dijo: «¡Papi … parece yogurt!», «Si así es. ¿Y a ti te gusta el yogurt?» le pregunté, «¡Uhmm ¡Sí! ¡Es rico!» contestó, «Entonces quiero ver cómo lo pruebas», con sus deditos, recogió semen de su carita y se lo llevó a su boca. «Rico yogurt verdad», mi nena asentía con la cabeza aún teniendo su dedo en la boca. La abracé tiernamente y ella a mí, nuestra relación incestuosa se estaba haciendo más y más fuerte. «Te amo hija», «Yo también papi».

Lo hicimos muchas veces más. Me preocupé con esmero de practicar con mi Luna cada noche, haciéndo que me la chupe y recibiendo todo mi yogurt en su boca para luego tragárselo, y por lo menos dos veces por semana me corría en su carita también. Ya sabía esconder los dientes y respirar al mamarla, ya se introducía unos cm más abajo de mi glande. Y lo mejor de todo, el condicionamiento al que la sometí, dió sus preciados frutos, porque cuando le pregunté: «¿Te gusta chuparle a papi y tragarte su yogurt?», ella respondió: «Si papi, me gusta eso». ¡Imagínense a una niña de cinco años diciendo que ama chupar el pene de su papi y tragarse su semen! Bueno, esa es mi Luna. Ahora golosa como lo fue su madre en vida.

Nuestra relación incestuosa seguía su curso, de una manera normal y tranquila, ella no decía nada de nada al respecto, y sus abuelas no sospechaban tampoco nada, menos la niñera. Nunca tuve que forzarla, tantas veces ya lo habíamos hecho, que generalmente ella ya comenzaba con los toqueteos e iniciaba voluntariosa nuestro juego sexual mientras veíamos TV juntos. Yo lamía su coño y su ano por horas, incluso ya también con mi dedo meñique lograba introducirle unos centímetros en sus dos agujeritos sin llegar a lastimarla. Otras veces, la hacía orinarse con el vibrador cubierto de aceite de bebé. Había logrado lo que tanto quería, que le encantara que lo hiciéramos todos los días antes de irse a la cama. Ya compartíamos la misma cama para dormir como dos amantes, a veces en la mía y otra en la suya, dormir bien abrazaditos después de haberle descargado una enorme carga de semen por su garganta cada noche. Por largo tiempo hicimos eso, por varios meses.

Pero como todo fetiche, nunca tenía suficiente con ella, siempre quería más y más de mi Luna. Me corrí en su cara, me corrí encima de su coño (cuidando de que no le llegara semen a su rajita), me corrí sobre sus nalgas, otras hincaba mi glande sobre su ano sellado y le soltaba toda la descarga, me corría en sus tetitas con esos insignificantes pezoncitos rosaditos; y se acostumbró a comerse todo el semen, los recogía y lo juntaba en la palma de su manita y se lo llevaba a la boca para beberlo en sorbos haciendo bulla al succionar, froté y la ensucié con mi esperma por todo su cuerpo. Incluso inventaba juegos nuevos entre nosotros, como por ejemplo descargar mi semen en un vaso y ver cómo se lo tomaba y hasta a veces con un sorbete, y claro por qué no también, comerlo con una cucharita.

Pero aún hice que conservará su pureza, su virginidad, como ahora estaba acostumbrada a tener sexo oral con su padre, habían ocasiones en que estando una de las abuelas en casa, me buscaba para coger mi mano y frotarse su vagina. «Amor recuerda que hay visita en casa, tenemos que estar solos sí», «Lo sé, papi pero… Me siento extraña ahora ahí», «Si mi amor pero no deben vernos nunca, espera que se vaya la abuelita, y te voy a quitar eso que sientes en tu florcita», «Si papi, está bien». Me preocupaba un poco lo excitada que se sentía a veces, claro como era niña no podía entender ni controlar sus impulsos, ya que al haberle despertado su sexualidad tan niña, le costaba no poder resistirlo, de repente de lo tranquila que estaba, sin querer le tocaba su conchita sea con mi brazo o un objeto, me miraba queriendo sonreír con ese peculiar brillo en sus ojitos, se sonrojaba y buscaba empezar nuestros toqueteos.

Sabía que cada vez, ella se desarrollaba más, así como sus órganos reproductivos, y su sexualidad ya a flor de piel, sería demasiado para su control, sin exagerar no hubo un solo día que no tuviéramos nuestro juego sexual. Su organismo ya estaba acostumbrado a nutrirse de mi semen, ella tenía que aprender a controlarse pero en el fondo me gustaba que fuera así, mi bebé ya se había convertido en mi putita personal.

Por EL_GATO_CRIOLLO

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