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viernes, 31 de marzo de 2023

Mis primeras experiencias


Hola, me llamo Vanesa, actualmente tengo 27 años, me encanta el sexo, para mi es como una adicción, me he masturbado muchas veces leyendo los relatos de esta pagina, así que se me ocurrió compartir algunas de mis primeras experiencias, que recuerdo con mucho agrado.

Modestia aparte, soy muy atractiva, mido 1.68, mis medidas son 88-57-93, tengo el cabello rubio oscuro, la piel muy blanca, ojos verdes, algunas pecas, senos firmes con pezones largos, cola respingada y un chochito que suelo tener depilado y que a pesar de que le doy (y le dan) bastante uso, aun parece de niña.


No se porque, pero desde pequeña he sido un poco puta, lo que les voy a contar sucedió cuando yo tenía 12 años, mi cuerpo estaba empezando a cambiar, mis pechitos apenas me estaban brotando, mis pezones eran dos botoncitos rozados, en mi pubis apenas estaba apareciendo algo de vello, mis unicas curvas eran mis nalgas redonditas, ya que desde muy pequeña he tenido una cola paradita.

Yo soy la menor de 3 hermanos, un hombre, otra mujer y yo, siempre nos educaron de manera muy conservadora, en la casa nunca se hablaba de sexo, y en el colegio, que era de monjas, pues mucho menos, sólo lo estrictamente necesario, en clase de biología.

Un día, buscando entre los libros de mi hermano un mapa para una tarea del colegio, encontré algo que empezó a despertar el ardor que desde esa epoca he tenido siempre, y que me hace perder la cabeza, bueno, entre uno de los libros había varias fotos, eran fotos de él y su novia en un paseo que habian hecho hacía poco, me puse a verlas, las primeras eran tomadas por alguien más, estaban ellos dos, abrazados, con el paisaje al fondo, mi hermano (Mario) tenía por ese tiermpo 17 años y su novia (Paula) 15 o 16, creo.

Bueno, esas primeras fotos me parecieron aburridas, y ya iba a dejarlas otra vez donde estaban, cuando al pasar a otra foto, veo algo que me sorprendió, era Paula desnuda, estaba al aire libre, pero en un sitio apartado, yo no lo podía creer, ella estaba con los brazos abiertos, como diciendo "aqui estoy", y sonreía, la foto seguramente habia sido tomada por Mario, me quede pasmada viendola, siempre me habia parecido muy bonita, pero viendola asi, me parecia un angel, aunque parezca increible, nunca, que me acordara, habia visto a nadie desnudo, y me llamo la atención la mata de pelo entre las piernas, mentalmente comparaba el cuerpo de laura con el mío, y me sentía como una niñita.

Seguí pasando fotos, las otras todas eran de Paula, Paula sacandole la lengua a la cámara, Paula tratando de chuparse un seno, Paula mostrando la cola, Paula acurrucandose, metiendose la mano entre las piernas, Paula agarrandose las tetas, luego Paula sentada en el pasto, con las piernas abiertas, con una mano entre las piernas, habia varias fotos de ella así, de hecho la mayoría, todas eran muy parecidas, solo que cada foto se acercaba mas a ella, y la sonrisa de ella se iba haciendo diferente, y sus ojos tenian una expresión como de dolor, o asi me lo parecía, en algunas tenía los ojos cerrados, y en algunas se mordía los labios, yo nunca habia visto esa expresión en la cara de alguien, la cara de Paula, y su mano en su vagina me provocarón inquietud, desazon, no sabía que sentía, pero estaba casi temblando, note que mis calzones estaban mojados, yo, inexperta, pensé que era la regla, decidíir al baño, deje las fotos donde estaban, procurando que no se notara que yo habia estado ahí.

Entre al baño y me bajé la falda para revisar los calzones, pero no habia sangre, estaba empapada de un liquido blancuzco y caliente, me asusté un poco, me imaginé de todo, que estaba enferma, ahora me río de mi ingenuidad, pero en ese entonces, con la crianza que me habian dado, no estaba lista para entender lo que me estaba pasando, confundida, me lleve la mano a la vagina, y al hacerlo senti como una corriente electrica por todo el cuerpo, involuntariamente cerré los ojos y se me vino a la cabeza la imagen de Paula en las fotos, deje mi mano ahí, aunque me daba un poco de asco por la viscocidad, pero el asco pronto se me pasó, cada pequeño movimiento de mi mano me daba otro corrientazo de placer, mi cabeza daba vueltas.

Me recoste en la pared, mareada, me fui escurriendo hasta el piso, el frio de la baldosa me gustaba, yo estaba muy caliente, sentia las mejillas hirviendo, y mi chochito ardiendo, me frotaba con toda la mano, que se movia cada vez más rápido y mas fuerte, cada vez salia mas liquido, oleada tras oleada de liquido y de placer me inundaron, perdí la noción del tiempo, todo se hizo confuso, lo siguiente que recuerdo es estar ahi, echada, agotada, con los ojos entre cerrados, sabiendo que habia hecho el descrubrimiento mas importante de mi vida, estaba sudorosa, el piso y mis nalgas estaban pegoteadas con mis jugos, me sentía sucia, salvaje, feliz, mujer.

Despues de ese día, me masturbaba cada vez que podía, nunca era suficiente, las yemas de mis dedos quedaban arrugadas por la humedad, y cuando no lo podía hacer, como en clase, o a la mesa, seguía pensando en eso, era mi obsesión, vivía para eso, empecé a bajar el promedio en el colegio, y hasta me salieron ojeras. Un día, la madre rectora me hizo llamar, me dijo que habia recibido reportes de las profesoras, que yo no prestaba atención, que no hacia las tareas, que me había vuelto altanera, me preguntó que me pasaba, yo le dije que nada, ella (yo creo que sospechaba la verdad, la muy zorra), me dio un sermón lleno de indirectas, sobre la pubertad, la moralidad, el pecado, el deber y todas esas cosas, yo ni le prestaba atención, y ella tambien se aburría, asi que me dijo que si no le quería contar a ella, a quien sí se lo tenía que contar era a Dios, y me madó a confesar con el padre Bernardo, el parroco del colegio.

Ese mismo día, despues de clases, y para cumplir con el ‘castigo’, fui a la capilla para confesarme, el padre Bernardo estaba hablando con una de las monjas, yo esperé a que terminaran, y cuando la monja se fue, le dije que quería confesarme, fuimos al confesionario, el entro en su cubículo y yo en el otro, a traves de la rejilla que dividía ambos cubiculos, y luego del diálogo de rigor, me pregunto cuales eran mis pecados, yo le conté la historia de mis masturbaciones, empezando por el incidente de las fotos, el me escuchaba sin interrumpirme, cuando creí que ya había contado todo lo que tenía que contar, me quede en silencio, en ese momento me di cuenta de que la repiración del padre sonaba agitada, me preguntaba si sería señal de enojo suyo por mis pecados, dentro de esa capilla, ante el padre, me sentía culpable, y aumentaba mi culpabilidad el hecho de hayarme bastante excitada en ese momento, relatar mis travesuras solitarías me habia puesto muy caliente, me sentía algo humeda, y si no fuera por el respeto que le tenía al sacramento de la confesión, me hubiera empezado a masturbar ahi mismo, luego de un momento, me empezó a interrogar.

- ¿Y cómo te tocas, hija?

Yo no sabía que decir, estaba bastante apenada.

- Ya le dije, con la mano, padre.

- Si, pero ¿cómo?

- Pues... frotandome.

- ¿Cómo?

- de arriba a abajo, varias veces.

La respiración del padre se iba agitando más.

- ¿Te gusta?

Quise decir, ¡Claro que si! Me encanta, me fascina, me vuelve loca! pero me contuve.

- Si padre.

- ¿Que sientes?

- Padre...

- ¿En que piensas mientras lo haces?

- No se... no pienso.

- ¿Que tan seguido lo haces?

- Varias veces al día.

- Te metes los dedos?

- No.

- ¿Nunca lo has intentado?

- No.

- ¿Has tocado a alguien más, aparte de ti misma?

- No padre.

A traves la rejilla se veía un movimiento confuso, luego de un momento decidí toser, para recordarle que yo estaba ahí, esperando la absolución.

- Ah? Si. Ego te absolvo, in nomini patri, fili et espiritu sancti, amén.

- ¿Cual es mi penitencia?

- Ninguna, simplemente piensa en lo que hemos hablado.

Salí de la capilla confundida, no me había sermoneado ni nada, no sabía en que tenía que pensar, todavía estaba mojada, ya afuera de la capilla no tenía ningún escrupulo solo tenía ardor y urgencia, no podía esperar a llegar a la casa, me metí a un baño del colegio y sentada en un retrete me empece a masturbar, frotandome por encima del calzón, que estaba empapado, me demoré, moviendo mi mano lentamente, disfrutando, con los ojos entrecerrados, me lleve la mano a la boca, probando mis jugos agridulces, que eran un manjar para mi, mi postre favorito, me estaba chupando los dedos de una mano mientras me seguía frotando con la otra, era un sensación deliciosa, sin embargo en mi cabeza seguía oyendo las palabras del padre, y mis jugos me sabian a pecado.

Extrañamente, sentirme ‘mala’ sólo aumento mi placer, recordé en ese momento lo que el cura me había dicho de si me metía los dedos, inconcientemente mi dedo del medio se separo de los demas y empezo a surcar mi rajita, me gustó mucho eso, mi dedo parecía mandarse solo, y empezo a introducirse en mi chochito, a pesar de estar muy humeda, le costaba hacerlo, con esfuerzo, logre meterlo un poco, era una sensación nueva, deliciosa, en ese momento senti que se aproximaba un enorme orgasmo, en un impulso, con algo de esfuerzo, meti el dedo lo más que pude, sentía un poco de dolor mezclado con enorme placer, como una robot, empece a mover el dedo muy rapido, freneticamente, y pensando, no se porque, en mi confesión, los espasmos llegaron enseguida, incontrolables, fue como una avalancha, fue el mejor orgasmo que habia tenido hasta ese momento, mis liquidos escurrian, como siempre, tome lo mas que pude de ellos en mi mano y me la llevé a la boca, chupando y untandome toda, pensando en que pensaría el padre si me viera asi, con las piernas abiertas, borracha de placer, sucia, mala, pecadora.

Cuando llege a la casa estaba otra vez excitada, entre a mi habitación y me desnudé, toda mi piel estaba sensible, me tendi en la cama, no me masturbé inmediatamente, me puse la almohada entre las piernas, apretandolas, me revolcaba, frotandome contra la almohada y la cama, tenía desasosiego, estuve así un rato largo, mis movimientos destenderon la cama, me puse bocaabajo, mi lengua lamia las sabanas, restregaba mis pechitos contra el colchón, apretaba mi pubis contra la almohada, ya empapada, mis manos tocaban y agarraban mis nalgas, un dedo exploró la raja entre mis nalgas y pronto llego a la otra raja, abierta, humeda, caliente, buscando el camino hacia mi chocho, hasta que logró meterse, era espectacular, mientras mi dedo entraba y salía, mi cuerpo se arqueaba, casi convulsionando, mordía una cobija para evitar gritar, luego me lleve la almohada a la boca, mordiendola y chupando los rastros de mis jugos, que esa vez sabian particularmente salados, pase mi mano por delante, apretandola con mi pubis contra la cama, volvi a meter el dedo y moviendome sobre mi mano, que permanecia quieta, hice el amor con mi dedo, que se había convertido en mi primer amante, intoxicada por mi propio olor, me corrí a chorros, ahogando mis gemidos en la almohada, la cabeza me dio vueltas por varios minutos, hasta que me quedé dormida.

Los días siguientes, al cruzarme con el padré por los corredores del colegio, no podía sostenerle la mirada, a pesar de que sus ojos parecían buscar los mios con insistencia, un día, semanas despues, en un descanso, sentí que una mano me tomaba el brazo, volteé, era él.

- Hola hija.

- Hola padre.

- ¿Es impresión mía, o desde que te confesaste la ultima vez me has estado evitando?

Yo no respondí, seguimos caminando así un momento, su mano en mi brazo me ponía incomoda.

- Quiero hablar contigo, ven despues de clases a la capilla.

Asi lo hice, cuando entré el estaba sentado en una banca, leyendo un libro de oraciones, al oir mis pasos miró hacia la puerta, al verme sonrío, llegue junto a él, con una seña me pidió que me sentara a su lado, lo hice, poniendo mi maleta sobre mi regazo, apretandola con los brazos cruzados, me sentía nerviosa, me fijé en su cara, nunca me habia detenido a mirarlo, él como las monjas, siempre habia sido una figura borrosa que se movía por el colegio, pero esa vez era alguien de carne y hueso, en ese momento le calculé 60 años, pero ahora me parece que talvez no tenía tantos, su cara no era fea, aunque no era un galán, sus manos se veian fuertes, la sotana no dejaba adivinar el resto.

- ¿Has vuelto a cometer alguna falta?

- ¿Me va a confesar?

- No, traquila, no estes prevenida, sólo quiero que hablemos, como amigos.

Su vos me sonaba falsa, quedamos un momento en silencio, dejando el libro sobre la banca, se levantó, fue hasta la puerta de la capilla, miró hacia a fuera, luego la cerró y puso la tranca, luego volvio a mi lado.

- Es muy bonita tu maleta.

¿Qué? ¿De que estaba hablando este tipo?, pensé.

- Dejame verla.

Tomó la maleta, la miró un instante y luego la dejo en el piso, ahora me sentia indefensa, sentía que debía cubrirme, crucé los brazos sobre mi pecho, luego los puse sobre mi regazo, luego los volví a cruzar, no sabía que hacer, no sabía que estaba haciendo ahí, me quería ir, hasta pensé en gritar, creo que el lo notó.

- ¿Estas nerviosa?

- Algo.

- ¿Porqué?

- No sé.

- ¿Temes que te haga algo?

- No.

- ¿Que crees que te podría hacer?

- No sé.

- ¿Qué quieres que te haga?

- Nada.

Hubo otro silencio, largo, el paso su mano por mi pelo, como peinandome, suavemente, su roce era muy agradable, yo sentía tibios escalorfrios, pero permanceía rígida, luego tomo una mano entre las suyas, lentamente se la llevó a la boca y la besó en el dorso, al bajarla, la dejó sobre su regazo, lentamente, guío mi mano entre sus piernas, se estaba acariciando usando mi mano, yo estaba como ajena, como viendo todo desde lejos, lentamente, senti que debajo de sus sotana, un bulto crecía, yo sabia que era un pene por los libros de biología, pero era la primera vez que ‘conocía’ uno en persona, el bulto logró concentrar toda mi atención, cerre los ojos, tratando de formarme una imagen de lo que habia bajo la sotana, de repente el padre aparto mi mano, abrí los ojos y vi como él se desabotonaba la sotana, apenas lo suficiente para poder sacar su pene, al sacarlo lo tenia erecto, aunque no totalmente, yo estaba pasmada, no podía creer lo que veía, me parecía inmenso, me atraía, me parecia que me llamaba, yo no podía quitarle los ojos de encima.

- Ya habias visto uno?

- No.

- ¿Qué te parece?

Yo no podía responder, me estaba mojando, mis manos temblaban, la cara me ardía, todo el cuerpo me ardía, párecía tener fiebre, por un momento me sentí enferma.

- ¿Quieres tocarlo?

Yo no hablé, simplemenmte lo agarré con ambas manos, que deje quietas alrededor eso que con distintos dueños y tamaños iba a ser mi monstruo favorito de toda la vida.

- ¿Te gusta?

Yo seguía muda, el tomo entonces mis manos entre las suyas y las bajo, moviendo la piel, y dejando aldescubierto la cabeza de su pene, humedo, brillante, goteando aguita, como por instinto, con un dedo, yo me dediqué a esparcir el líquido que iba saliendo poco a poco, por toda la cabeza del pene, el padre suspiraba, de repente, y si interrumpirme, levanto mi falda y empezó a tocarme el chocho, yo estaba en el cielo, no podía creer que la misma mano que me dio la primera comunión me estaba acariciando mi parte mas sensible.

Obviamente yo ya estaba empapada, primero me toco por encima del calzón, luego metio su mano debajo, trató de meter un dedo pero sus dedos eran mucho mas grandes que los mios, aparte de que la posición no era muy comoda, asi que desistió, y empezó a acariciarme el clitoris, un punto que yo todavía no habia descubierto, y al hacerlo fue tan inmenso el placer que empecé a jadear con fuerza, luego a gemir, cada vez mas alto, tanto que a el le toco taparme la boca con su otra mano, por miedo a que nos escucharan, pero no se detuvo, siguió acariciandome el clitoris, volviendome loca, su otro brazo me rdoeaba el cuello y me tapaba la boca, yo empecé a lamer su mano, le me metió algunos dedos a la boca y yo los chupaba y mordía, sin tener control de mis actos, me corrí no se cuantas veces, quede un momento somnolienta, momento que él aprovecho para manosearme el pecho por encima del uniforme, un suave cachetada me hizo volver en mi.

- Ven acá, arrodillate.

Con un gesto me indicó que me pusiera entre sus piernas, yo, como zombi, obedecí, su pene ya estaba un poco mas flojo que antes, volví a agarrarlo como antes, sin saber que hacer.

- Abre la boca.

La abrí, con la lengua in poco afuera, como para recibir una hostia, el se lo sacudio, golpenado suavemente mi boca y mi lengua con él, yo saque mas la lengua, el siguió sacudiendolo, golpeando mi lengua, luego llo dejo ahí y tomo mi cabeza con su otra mano.

- Cómetelo, chupalo.

Yo, timidamente, metí un poco en mi boca, el sabor era extraño, pero me gustó, muy rapido fue endureciendose dentro de mi boca, yo lo saboreaba con los ojos cerrados, ya no sabia ni quien era ni donde estaba, mi boca, mi lengua y el pene eran todo lo que exisitía en el universo, las manos del padre en mi pelo me guiaban, el instinto hacía el resto, yo me lo comía tanto como podía, bajando y subiendo la cabeza, chupando, mi mandibula estaba desencajada, mis liquidos se escurrian desde mi chocho por mis piernas hasta mis rodillas y el piso, de pronto siento que el padre me agarra la cabeza con fuerza, y en ese momento explota en mi boca una descarga abundante de semen espeso, caliente, salado, yo, inmovilizada, no pude sino tragar y tragar y tragar, el padre gemía, luego su pene empezó a encogerse dentro de mi boca, luego lo solté, me lleve la mano a mis pernas, y como siempre, bebi lo que pude de mis jugos, untandome toda la cara, me gusto como se mezclaban los dos sabores en mi boca, me relamía, miré hacia arriba, el padre me estaba mirando, parecía mucho mas viejo, sonreía.

Y ahi estaba yo, en el piso, pequeña, sucia, todavía virgen, pero ya toda una puta.

Por Vanesa Lujuriosa

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