miércoles, 20 de mayo de 2020

El Club de las Primeras Madres: Sandra


Sandra llegó a casa poco después del mediodía, tras haber terminado su cómodo trabajo de administrativa a media jornada. Ahora tocaba lo que más le gustaba, ponerse a punto e irse al gimnasio. Hoy le tocaba clase de crossfit. Fenomenal, ejercicios cortos de altísima intensidad con música techno de fondo en los que podría darlo todo y así desahogarse. Sus amigas le decían que era una yonki de las endorfinas que se liberan durante el ejercicio. Ella lo negaba en broma, pero sabía que en el fondo era cierto.

Pensaba en todo esto mientras se vestía: Un cómodo tanga fosforito sin costuras, y por encima, un culotte negro de lycra transpirable. En la parte de arriba sólo llevaba un ajustado sujetador deportivo fucsia. Le encantaba. ¿Qué otro tipo de mujer podía ir por la calle en sujetador sin que se considerase una locura? Sin embargo, formaba parte de la libertad de ir vestida de deporte. Le gustaba casi tanto como el deporte en sí. Se calzó, admirando sus preciosas, nuevas y modernas zapatillas. Le habían costado lo suyo, pero andar con ellas era como ir sobre algodones. Y no pesaban nada. La gruesa suela de plataforma -era casi tan alta como un tacón medio- amortiguaba cada pisada. Al fin se hizo una coleta en su liso cabello castaño claro y se miró al espejo, satisfecha. Se lo pasaba en grande y encima al cabo de unos años había desarrollado el cuerpo digno de una superheroína esculpida en mármol. Estaba tan definida que podría haberse dado una clase de anatomía con ella modelando ¿Podía pedir más?


Cogió su bolsa de deporte con la toalla, la muda y la botella de bebida isotónica y se dispuso a salir. Primero, como siempre, fue a la habitación de Rafa a despedirlo.

Dios.

Su hijo se encontraba mirando vídeos de YouTube mientras comía cheetos, las puntas de sus dedos grasientas de pasta naranja mientras bebía una lata de Monster. Era un chaval adorable, inteligente y bueno, pero que Dios la ayudase si comprendía cómo era posible que le hubiera salido así. Era su culpa. Le había ido dejando. De pequeño, un niño regordete es muy gracioso y nadie lo percibía como algo negativo, pero al crecer un poco… Su sobrepeso era al mismo tiempo el problema y la barrera que le impedía solucionarlo: Era el blanco de las burlas de sus compañeros de clase -quién sabe lo mal que lo hubiera pasado si no hubiera contado a Jesús, Luis y Javi entre sus amigos- y la fuente de todas sus inseguridades. Tratar ese tema era abordar un asunto delicado que sacaba a flor de piel todas sus frustraciones, y por eso lo evitaban tanto como podían. A Sandra le partía el corazón verle triste.

Como consecuencia, había ido yendo cada vez a peor. Cada vez recurría más a picar comida basura como vía de escape a sus ansiedades, y cada vez hacía menos deporte, ya que cada vez le resultaba más difícil debido a su condición física cada vez más deteriorada. Era un círculo vicioso sin fin.

Sandra había pasado noches en vela dándole vueltas al asunto, sin encontrar una solución… hasta ahora. Desde la conversación con sus amigas tomando café, tenía un arma más en su arsenal. Había pospuesto el emplearla lo que había podido, pero ya no tenía sentido. ¿Con qué conciencia se iría ella al gimnasio, y dejaría a su pequeño en casa tumbado y comiendo esa porquería? Se acabó. Es hora de enderezarle.

Rafa, ¿Qué haces? -dijo ella entrando en su habitación-

Nada, Mamá, ya he terminado los deberes

¿Y por qué no te vas con tus amigos a jugar al fútbol o al básquet? -insistió ella, poniéndose entre él y la pantalla. Era su manera de aclararle que darle largas no funcionaría hasta terminar la conversación-

No me apetece… -protestó Rafa, mohíno. Ambos sabían que no lo pasaba bien. Se cansaba antes que los demás y se ponía de relieve que no estaba a su altura físicamente-

Sandra se reafirmó, decidida. Casi siempre lo hubiera dejado pasar, cediendo, pero esta vez no.

Vale, lo entiendo -dijo sentándose a su lado, comprensiva- No tienes que ir. Pero que no tengas que ir ahora no significa que no puedas ir nunca ¿Me comprendes? Si prefieres quedarte en casa, quédate en casa poniéndote en forma, y en verano podrás jugar al fútbol con ellos como uno más ¿Lo entiendes?

Rafa asintió con pesar. Estaba claro que lo entendía, pero no le apetecía en absoluto. Era un tema que le desagradaba y además forzándole a hacer cosas que no le gustaba hacer. Odiaba el esfuerzo físico. Su madre lo comprendió.

Venga, hacemos un trato. -Le dijo, tendiéndole la mano- Me quedo contigo y hacemos ejercicio los dos juntos. Hoy dame tú la oportunidad. Después del entrenamiento, puedes volver a tumbarte si quieres, y si mañana no quieres, no volvemos a entrenar ¿Te parece?

Rafa se mostró reticente, odiaba muchísimo la perspectiva de hacer ejercicio, la pereza podía con él, pero la sonrisa de su madre, a la que quería más que a nada, unida a su tono y su propuesta incontestablemente razonable, pudieron con él.

Claro, Mamá… venga, vamos a empezar -accedió, cariñoso-

Sandra sonrió y besó a su pequeño en la frente. Trajo algunas mancuernas y extendió sobre el suelo de la habitación un par de esteras de gomaespuma.

Venga, empezaremos con sentadillas -le dijo- Imítame. Los pies paralelos, las plantas pegadas al suelo, flexiona las rodillas, uno, dos…

Rafa hizo lo que podía para llevar el ritmo de su madre, pero después de la primera serie empezaba a faltarle el aire, y los cuádriceps le ardían. Su madre, no obstante, seguía.

¡Vamos, campeón, no pares! ¡Venga, segunda serie! ¡Vamos, levanta ése culo!

Mamá.. ¡Cof! ¡Cof! Yo no puedo más…

Sandra observó a su hijo… tendría que empezar con la motivación antes de lo previsto.

¡Venga, sí que puedes! ¡Esfuérzate! Haremos una cosa, sólo mírame e imítame, ¿De acuerdo? Sólo concéntrate en seguirme

Y en lugar de ponerse a su lado, se puso delante de él, dándole la espalda. Comenzó con la sentadilla muy lentamente, para facilitar que su hijo la siguiese desde atrás. Al efectuar el movimiento, la cara de Rafa quedó a medio palmo del culo de su madre. Y qué culo. Dos glúteos perfectos, duros y esféricos, se marcaban perfectamente bajo la segunda piel que era su cortísimo pantaloncito hiperajustado. Hipnotizado, tan sólo se centraba en seguir aquella obra de arte, arriba y abajo. Ni siquiera se daba cuenta de cómo su madre, sonriendo, giraba la cabeza y veía cómo le clavaba la mirada en su trasero.

De alguna manera, aquella segunda serie le resultó más fácil que la primera. Rafa sólo cayó en que la había terminado cuando, ahora sí, volvió a reparar en el dolor de cuádriceps en sus piernas, que parecían flaquear hasta no poder sostenerle. Se dolió.

¡¡Así, muy bien!! -exclamó Sandra, contenta- ¡Venga, tercera serie!

¿Te.. Tercera? -preguntó Rafa, jadeando- ¡Si ni siquiera puedo creer que haya hecho cuarenta sentadillas! -dijo, honestamente- Creo que en mi vida había hecho tantas

¡Bueno, también decías antes que no podrías hacer una segunda serie y la has hecho! -Sandra estaba contenta al ver cómo su método estaba funcionando-

Ya, Mamá, pero de verdad que tengo las piernas destrozadas, no sé si podré…

Tú confía en mí -le cortó su madre, guiñándole un ojo-

Y ante la ojiplática mirada de su hijo, se quitó el  culotte deportivo, quitándoselo luego por encima de las zapatillas. Acto seguido, confiada en sí misma, se volvió a poner de espaldas a Rafa justo delante de él. Su culo quedaba justo en la horizontal de su mirada. 

Venga, vamos a por la tercera, ¿Vale? -le dijo, volviéndose- tu síguelo

Rafa no pudo sino callar y asentir apresuradamente, con la mirada clavada en aquella obra de arte. El tanga amarillo fluorescente enmarcaba dos perfectas nalgas, firmes y musculosas. Redonditas y brillantes, perladas de sudor. Su madre tenía un culo de diosa.

Sandra efectuó la primera bajada y Rafa la siguió como un perrito. Estaba tan sincronizado con ella que cualquiera hubiera dicho que un sedal invisible tiraba desde el culo de ella a los ojos de él. Cuando volvió a subir, él la volvió a seguir. Por si su culo no fuera escandalosamente sexy de por sí, a cada iteración sus glúteos se flexionaban, aparentando aún mayor volumen, expandiéndose a ambos lados de la tirita del tanga, que era tan fina que apenas podía cubrir los labios mayores de su vulva y su cerradito ojete.

Tras diez o quince iteraciones, Sandra notó que los jadeos de Rafa iban en aumento, y su respiración se hacía más desfondada. Cada vez le costaba más seguir el ritmo.

¡Vamos, peque, un último esfuerzo! ¡Venga caballerete, dale duro! ¡Baja ese culo gordo, flojeras, así! ¡Vamos, ahora otra más! ¡Venga, que ya quedan pocas repeticiones!

Le dijo, y dio dos pequeños pasitos hacia atrás. En la siguiente bajada, al flexionar sus piernas, el trasero de Sandra tocó directamente con la cara de su hijo. El correspondiente jadeo de esa repetición se convirtió en una inspiración gustosa, como cuando Rafa olía un bollo recién hecho antes de comérselo.

¡Vamos, venga, cielito, síguelo! -le animó Sandra- ¡Síguelo y es tuyo!

Rafa demostró una voluntad de hierro, siguiendo el ritmo de su madre y bajando hasta donde era capaz de bajar ella -lo que no era fácil- A la siguiente repetición, Sandra notó los labios de su hijo en su culo Sonrió. Sus amigas tenían razón, ellas podían ser una motivación casi sobrehumana para los chavales a esa edad. A cada movimiento Rafa se esforzaba más aún y se extralimitaba más. A la siguiente, Sandra notó inequívocamente un beso en su cachete. En la última, tuvo que contenerse para no reaccionar ante lo que fue un lametón de su hijo que le cruzó el culo de parte a parte.

Cuando por fin terminaron la serie se dió la vuelta, sonriendo. Rafa cayó redondo, sobre la esterilla, pero con cara de contento.

¿Qué tal? -le dijo, riéndose y guiñándole un ojo- bueno, ya sabemos lo que te motiva… acabas de hacer sesenta sentadillas, caballerete, estoy muy orgullosa de tí.

Yo… -Rafa jadeaba, feliz pero inseguro y algo avergonzado- lo siento, es que… bueno, como me has dicho…

Jajaja -se echó Sandra a reír, tranquilizándole- no te preocupes, cielo, no has hecho nada que yo no quisiera. Tú relájate y seguiremos, ¿Vale?

¡Vale!

Contestó Rafa, entuasiasmado. Esperaba una tortura, como casi siempre que había intentado hacer ejercicio -como cada clase de Educación Física, vaya- y ahora la experiencia no estaba resultando nada mala.

Venga -le dijo su madre sin darle tregua- ya que estás tumbado, a hacer abdominales.

¿Abdominales? -No pudo evitar responder Rafa con cara de fastidio. Era lo que más odiaba sobre la faz de la Tierra-

¡Si! -le contestó su madre, colocándose sobre los pies de él- Venga, no te me enfríes, yo te sujeto los pies, ¡Vamos! ¡Primera serie!

Rafa suspiró hondo y comenzó. Se tumbó bocaarriba en el suelo con las piernas flexionadas. A cada abdominal -que le costaba un mundo- se acercaba a su madre, que estaba de rodillas en sus pies, sujetándoselos. Cuando consiguió terminar la primera serie -ni siquiera sabía cómo- quedó tumbado, bajo la impresión de que no podrían volver a levantarlo ni con una grúa.

¡Venga, la segunda! -le apremió su madre, cuando apenas hubo descansado un minuto-

Espera, yo… -Rafa no tenía fuerzas ni para inventar una excusa- no puedo más

Vamos, venga -Sandra varió el tono de su voz a uno más seductor- Venga, empieza, a ver hasta dónde llegas

Algo en el tono de su madre convenció a Rafa, y se dispuso aunque sólo fuera a hacer uno más. Se elevó, doblándose y, cuando casi había llegado a arriba, su madre se le acercó. El pecho de ella quedaba justo delante de su cara. Sus dos tetas estaban bien marcadas en el sujetador deportivo, y sus puntiagudos pezones quedaban de relieve. Verlas en directo apenas a medio palmo de él le puso tan caliente que no le importó hacer el esfuerzo para repetir la experiencia. A cada repetición, se acercaba un poco más, y su madre se le acercaba más para premiar sus avances. Casi al final, ya pegaba su cara a la pechuga de su madre a cada iteración, y en la última abrió la boca para sentir el pezón de su madre entre sus labios, aunque fuera a través de la lycra del top.

Aún así, en cuanto terminó cayó rendido boca arriba, ahogado.

¡¡¡Muy bien, príncipe!!! -le felicitó Sandra- ¿Has visto? ¡Venga, dame otra serie!

¡¡Aaajj!! ¡¡Aaajj!! -la respiración de Rafa era lastimera- ¡¡No.. no puedo más!!

Sandra sonrió, dispuesta a llevarle al límite. Se afianzó, sujetándole los pies, y con la otra mano agarró su top deportivo y lo subió, descubriendo la parte inferior de sus tetas. El gesto no pasó desapercibido para Rafa.

¡Vamos! ¡Venga, otra más! -insistió-

¿En.. En serio? -respondió Rafa sin creérselo-

¡Claro! Vamos, a cada repetición me lo levantaré medio centímetro más -le prometió, con expresión pícara-

La expresión de Rafa se tornó en determinación. Puso de nuevo sus manos bajo la nuca y, frunciendo la expresión de su cara, se obligó a levantarse lo más que pudo. A Sandra le conmovió el esfuerzo que estaba realizando su hijo. Estaba rojo como un tomate, sudaba a mares, y podía haber escurrido su camiseta y sus pantalones cortos de lo encharcados que los tenía. Jamás le había visto dar tanto de sí. Cuando llevaba nueve o diez repeticiones, su físico empezaba a pesarle demasiado, y su voluntad mermaba… En ése momento, en el tirón siguiente, Sandra había subido tanto su top que descubrió sus pezones. La cara de Rafa cambió radicalmente y se quedó mirándolos perplejo. Una vez más, renovó sus fuerzas y consiguió continuar. A la siguiente se esforzó tanto que consiguió llegar con su boca al pezón de su madre. Sandra no pudo reprimir un gemido al notar los labios de su hijo, entre sus mofletes regordetes, chuparle la teta. Rafa consiguió llegar todas las repeticiones restantes. Con la última forzó al máximo e incluso mantuvo la posición varios segundos, para poder chupar un poco más y lamer el pezoncito de su madre, ya duro.

Cuando terminó no sólo estaba completamente exhausto, sino que la subida de tono en el ambiente era palpable. Los dos guardaron silencio un momento, sin saber qué decir. Sandra también se estaba calentando cada vez más. Decidió romper el hielo.

¡Venga, vamos, ahora flexiones! -exclamó, sin darle tregua, dando dos palmadas-

Rafa se giró y la miró sin creérselo.

Pero Mamá, ¿Qué dices? ¡Si no he sido capaz de hacer una flexión en mi vida! ¡Y ahora no puedo más!

¡Vamos! -Sandra insistió- ¡Arriba! ¿Es que no confías todavía en mí? Venga, empieza por ponerte en plancha

Rafa seguía mirándola reticente. Para convencerle, por toda respuesta, su madre se llevó las manos al top y, mirándole a los ojos, terminó de quitárselo del todo, liberando al fin completamente sus dos preciosas tetas. Eran de tamaño medio, con pezones pequeños, y estaban muy bien proporcionadas. Por si no estuviese bastante excitado, Rafa creyó que le estallarían los testículos al ver aquello. No sólo era la vez que más ejercicio físico había aguantado, también era la vez que más caliente hacía estado en su vida. En cualquier otro momento, con sólo la mitad de excitación, se hubiera hecho la mejor paja del año.

Confía en mí -le dijo su madre-

Rafa obedeció y se puso en plancha, sujetando su peso con los brazos extendidos y bloqueados, no quería ni pensar en cuando tuviera que flexionarlos y luego levantarse a pulso. No creyó que fuera capaz.

Entonces su madre sonrió y se tumbó de lado, en paralelo a él. Le miró tan seductoramente como pudo, y lentamente puso la mano debajo de él, metiéndosela bajo los pantalones, acariciándole la entrepierna. Su polla estaba completamente dura. Rafa no pudo evitar un respingo al notar la mano de su madre en su polla hipersensible. Casi se corre. La miró, interrogante.

Vamos, ahora baja, y vuelve a subir -dijo ella, guiñándole un ojo de nuevo-

Rafa obedeció y, haciendo un esfuerzo sobrehumano, hizo una flexión. Con su madre agarrándosela, la polla se le introdujo en el puño de ella al bajar su torso, y volvió a sacársela al subir. Tuvo que contener un gemido. Era como si se estuviera pajeando con la mano de su madre.

¿Ves como no está tan mal? -sonrió ella- Venga, si quieres continuar, es tu decisión

Rafa estaba tan caliente que su insoportable cansancio y dolor físicos pasaron a un segundo plano. Comenzó a hacer flexiones, dándose placer con la mano de su madre a cada una. Además, ella le animaba, como si fuera su entrenadora.

¡Vamos! ¡Venga, dame otra! ¡Tendrás que ponerte en forma! ¡Vamos, más rápido! ¿O no vas a ser capaz de follarte a una chica?

¡Ah, si! -gemía Rafa, parte lastimero, parte de placer, mientras hacía flexiones-

¡Pues vamos! ¡Venga, más fuerte! ¡Imagínate que te estás follando a una chica!

¡¡Ahhjj, aaahhjj, vale!! -jadeaba Rafa-

¡¿Ya te la imaginas?!

¡¡Sí, Mami, me la imagino!! -contestaba Rafa ahogado, haciéndoselo con la mano de Sandra a cada repetición-

¡Pues vamos, dale! ¡Flexiona más los brazos, baja más para clavársela bien hasta el fondo! ¡Dale duro, campeón! ¡Fóllate a esa zorra!

Sandra notó cómo su hijo puso todo su empeño, su polla se endureció y embistió con fuerza a su mano. Se sorprendió al ver su rendimiento. Había gente en su gimnasio que no hacía flexiones con ese ímpetu y esa rapidez.

¡Joder, cariño, sí que le tienes ganas! -le dijo, asombrada- ¿En quién estás pensando?

¡¡En tí, Mami, estoy pensando en tíiii!! -aulló Rafa esforzándose-

Sandra no se esperaba que su hijo se lo soltase así, tan a bocajarro, máxime notando las embestidas de su pollón en la mano. No pudo evitar la imagen mental de Rafa penetrándola a ella con la dureza con la que ahora martilleaba su mano, tal y como él se estaba imaginando, y se excitó automáticamente. Se llevó la otra mano a la entrepierna para tocarse.

En una de ésas, su hijo cayó pesadamente al suelo, rendido. No se había corrido, pero no podía más. Sandra estaba totalmente impresionada con su rendimiento… para entonces había contado más de cincuenta flexiones.

Aaahh, aaahhh, aaahhh… -jadeó Rafa sin poder casi respirar- no… nohh puedo más… qui..ahh… quiero… pero no… no puedo más...

Su cuerpo fofo e inerte tirado en el suelo, con su caja torácica hinchándose una y otra vez, tratando de recuperar el aliento, contrastaba con la tienda de campaña en sus pantalones de deporte, que marcaba una polla dura y vigorosa a más no poder.

Lo has hecho fenomenal, campeón, me has dejado impresionada -dijo Sandra, genuinamente sorprendida y enternecida por la gesta de su pequeño-

¡Aahhjj...aaahhjj! ¿Ya… ya he terminado? -preguntó Rafa-

Si, cariño, vamos, a descansar. Ahora ya te lo has ganado.

Rafa se levantó pesadamente y se dejó caer en la cama, recostándose, para recuperar el aliento. Cuando volvía un poco a recuperar su respiración y su pulso habituales, miró a su madre. Tan sólo con el tanga y las zapatillas de deporte, ella se dirigía hacia él, trayéndole la bolsa de Cheetos en una mano y la enorme lata de bebida energética en la otra. A Rafa se le puso la verga aún más dura y excitada, si es que eso era posible. Las connotaciones de ver a su madre como sirvienta sexual le daban un morbo increíble.

Toma cariño, recupera fuerzas… ahora te toca premio -dijo Sandra, seductora-

¿Premio? -contestó Rafa cogiendo lo que su madre le tendía, con un brillo de esperanza en la mirada-

Claro.. -dijo Sandra sonriendo lasciva, y arrodillándose ante él- Ahora es a mí a la que le toca hacer abdominales

Y, bajándole los pantalones, liberó su gruesa polla, totalmente erecta, enhiesta entre la tersa piel de sus rollizos muslos y su curva barriga. Toda su piel estaba mojada, brillante y sonrosada del copioso sudor reciente. Sandra se metió su verga en la boca y comenzó a mamarla. El sabroso líquido preseminal se mezclaba con la salada transpiración, y le gustaba.

Rafa estaba en el séptimo cielo. La fenomenal condición física de su madre la permitía doblar el torso una y otra vez con fuerza haciéndole una mamada extraordinaria. Las vistas eran increíbles: Podía ver perfectamente su cara al llevar ella el pelo recogido en una coleta y, al final de su fibrada espalda, cuajada de definidos dorsales, su fantástico y musculoso culo.

¡¡Oooh, si!! -gemía Rafa- ¡¡Dios, qué gustazo, Mami!!

Sandra elevó un segundo la mirada, pícara.

Vamos, cielito, no seas tímido -dijo guiñándole un ojo- recuerda que ahora te toca a tí motivarme a mi. Dame caña.

Rafa no se podía creer su propia suerte. La verdad es que había pasado por un pequeño infierno la última hora, llevando su cuerpo al límite del esfuerzo físico que ni siquiera sabía que pudiera soportar, pero ahora lo peor había pasado, y quedaba la parte buena, descansar y disfrutar. Se decidió a hacer que mereciera la pena.

¡¡Venga, no pares, dame dos series más!! -le espetó a su madre, imitando el tono de ella cuando él entrenaba- ¿Qué pasa, ya estás cansada? ¡¡Vamos, más brío!! ¡¡Cuanto más te esfuerces antes me sacarás la leche, Mami!!

Mientras le hablaba en ese tono, Rafa engullía cheetos y refresco, soltándole migas naranjas y escupiendo refresco en su cara mientras la gritaba, al tiempo que ella chupaba polla. El verse así excitó sobremanera a Sandra. De algún modo la mezcla de sobremimar a su hijo, hacer ejercicio y verse sometida de esa forma la ponía increíblemente cachonda. Respondió succionando con más ganas y más fuerza, bajando a lamerle los huevos sudados, realizando un auténtico esfuerzo por darle placer. Él lo notó, y aumentó las revoluciones. La asió de la coleta con fuerza y le llevó un ritmo aún más intenso, como si estuviera usando su cabeza para cascarse una paja. Después, sin soltarla, fuertemente agarrada, condujo su cara por todos sus bajos.

¡Aahh, si, no pares, Mamá! ¡Vamos, lámeme entero, puta! ¡Por tu culpa estoy sudando como un cerdo y no me pienso duchar! ¡¡Me vas a limpiar tú a lametones, perra!! -gemía Rafa descontrolado-

Sandra se dejó restregar la cara mientras lamía lo que se le ponía por delante. Chupó los testículos sudados de su hijo, saboreándolos y dejándolos limpios y brillantes. Pasó la lengua entre los pliegues de los michelines formados entre sus gruesos muslos y su gordo culo, y luego lamió su ano, antes de introducir la lengua en él. Mientras tanto no dejaba de masturbarle, y él, cogiéndola aún fuertemente de la coleta, se follaba el culo con la lengua de su madre.

¡Ooohh, dios, joder, qué gustazoo! ¡¡Aaahh, me estás dejando bien limpito, Mami!! ¡¿No dices que tengo el culo gordo?! ¡¡Pues tú me lo vas a comer, zorra!!

Era verdad. Sandra le había lamido tan concienzudamente que en la ducha no se hubiera quitado mejor el sudor.

Ahora.. -gimió Rafa, mirándola, vicioso- Ahora tocan sentadillas, furcia. Te toca trabajar el culo.

Sandra le miró, lasciva.

Claro, entrenador -le contestó, lujuriosa-

Se subió encima de él en cuclillas, y bajó el culo lentamente. Estaba tan bien formado que ni siquiera le hizo falta separarse las nalgas, su ojete quedó perfectamente a la vista entre sus duros y bronceados cachetes. Bajó hasta empalarse lentamente pero sin pausa en la polla dura de Rafa, que gimió, agarrándose a la colcha del placer. Su madre tenía un culito realmente estrecho.

¡¡Ooo, joder, siii!! -aulló cuando sus huevos al fin tocaron en el culo de su madre, clavado hasta el fondo en él-

¡¡Mmmm!! -dejó escapar ella. En realidad no practicaba sexo anal nada a menudo- ¿Que tal, así está bien? -dijo con picardía-

¡¿A qué esperas, puta?! -consiguió soltar Rafa, retomando su papel- ¡¡Dame la primera serie, zorra!!

Sandra se esforzó incluso más de lo que lo hacía normalmente, bajando más, y subiendo más rápido y con más fuerza. Verla desde el punto de vista tumbado de Rafa era todo un espectáculo. Su cuerpazo concentrado en darle placer, sus musculosas piernas y sus duros glúteos -empalados por la mitad por la polla de su hijo- tensos y marcados, apoyados por sus abdominales, perfectamente visibles. Sus dos preciosas tetas adornando toda aquella maravilla.

Rafa disfrutaba como nunca. La fuerza de su madre era tal que estaba consiguiendo follarle la polla con más fuerza usando su culo de lo que era capaz de hacer Rafa con su propia mano. Su trasero musculoso apretándole el rabo con fuerza y sus piernas bombeándosela sin piedad, estaba siendo brutal.

¡¡Joder, Mamá, pero qué buena estás!! ¡¡Y qué cañera eres, jodeer!! ¿¡Para eso te pasas la vida en el gimnasio, verdad!?

¡¡Si, cariño!! -dijo ella sudando entre jadeos- ¡¡Me paso horas trabajando como una esclava en el gimnasio para poder tener un buen culo duro para ti, cielo!! ¡¡Y para poder follarte con él como te mereces, mi amoor!!

¡¡Así me gusta, zorra!! -dijo él agarrándola del culo con ambas manos, con tanta ansia que le clavaba las uñas en los cachetes- ¡¡Joder, Mamá, me estás ordeñando con el culo, dios!! ¡¡Eres una puta máquina de follaaaar!!

Cuando ya no pudo más, y notó que se iba a correr de forma inminente, Rafa se abalanzó sobre su madre en la cama, la recostó y se sentó encima de ella, sobre sus tetas, metiéndole la polla por la boca y comenzando a follársela, desatado. Sandra no pudo hacer nada, las grandes caderas de su hijo le embistieron la cara hasta que quisiera o no, tuvo su rabo alojado hasta la garganta. Por si su peso no la inmovilizara lo suficiente, la volvió a atenazar con fuerza de la coleta para ayudarse a penetrarle la boca. A cada empellón se la metía hasta el fondo, llegando incluso a meterle los huevos en la boca del ímpetu con el que le follaba la cabeza.

¡¡Me corro, Mamá, me corrooohh!! ¡¡Toma, bebe semen, puta!! ¡¡Trágate mi batido de proteínas, zorra, tomaaaaAAHH!!

Sandra notó cómo su hijo comenzaba a eyacular esperma en su boca de forma continuada e increíblemente abundante, y no le quedó más remedio que tragar todo lo que podía, dado que él seguía presionando su miembro dentro de su boca. Para cuando terminó, creyó que habría tragado lo menos medio vaso de semen. Cuando por fin él se salió de la boca de su madre y cayó tendido a su lado, ella respiró hondo, aún asombrada del montón de lefa que había podido ingerir.

Al rato se incorporó, y se palpó los glúteos y los abdominales. Vivir para ver, los había trabajado bastante.

Pues no ha sido una mala sesión -dijo, contenta, a su hijo- Entonces, ¿Qué me dices?¿Querrás repetirlo?

Mañana a la misma hora -le contestó Rafa, reventado- Quiero ponerme MUY cachas, Mami.

Y se besaron dulcemente en los labios.

Por PericlesJantipo

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