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jueves, 12 de mayo de 2022

El Diario secreto de mi hija

 

Este Diario es el de la hija de una mujer que me escribió para compartir algo que llevaba un tiempo atormentándola. Me cuenta que su hija lleva tiempo viviendo fuera, desde que se fuera a estudiar a la Universidad y posteriormente ponerse a trabajar, por lo que solo volvía a casa los días que tenía de vacaciones, aunque en realidad cada vez iba menos por las ocupaciones de su trabajo.

Un día pidió a su madre que hiciera una limpieza general en su cuarto, porque quería tirar muchas de las cosas que conservaba todavía desde que era niña y así fue como su madre, mirando todo lo que tenía en los armarios y los cajones, descubrió como una especie de Agenda, que al ojearla vio muchas hojas escritas con la letra de su hija, por lo que se le ocurrió ponerse a leerlo para ver si podía tirarla, pero su lectura la dejó tan perpleja que no pudo dejar de leer hasta que terminó la última hoja de ese diario.


Ella no sabe cuándo su hija empezaría a escribirlo, aunque al principio hace mención a cuando tenía 7 años, ni cuando dejó de hacerlo, pero su hija andaría sobre los 16 años, por lo que contaba en él, quizás cuando pensó que ya no era una niña para tener un diario donde contar sus intimidades.

Estaba claro que su hija, cuando la llamó, ya no se acordaba de ese diario, o en ese momento, con la cabeza ocupada en otras cosas, ni se le ocurrió pensar que su madre podría descubrirlo, ya que su hija era bastante despistada, pero en él se notaba como iba evolucionando desde una letra infantil hasta una forma de escribir al final, que le costaba entender, resultando lo más turbador ver como una niña podía escribir sobre sus experiencias sexuales, comenzando su Diario de esta forma, y que yo he adaptado para hacer este relato:

Por la noche escuché ruidos, como gritos de mi madre y fui a asomarme a la puerta de la habitación de mis padres pudiendo ver como estaban desnudos, con mi padre encima de mi madre, moviéndose sobre ella, haciéndola gemir o gritar, pero yo no sabía si mi padre la estaba haciendo daño y si mi madre estaba llorando porque no podía quitárselo de encima.

Me quedé bloqueada. Tenía que haber entrado a defender a mi madre, para que mi padre la dejara en paz, pero me quedé allí mirando, cada vez más confusa, porque parecía que eso a mi madre le gustaba y le decía a mi padre que le diera más y más fuerte. Yo no entendía nada, pero al ver eso, sentía latir muy fuerte mi corazón y casi no podía respirar, sintiendo también unas cosquillas entre las piernas, pareciendo como si tuviera ganas de mear.

Cuando mi padre se quitó de encima de mi madre, pude ver su pene muy gordo y estirado, todo mojado. Nunca se lo había visto así, pero no podía dejar de mirarlo hasta que mi madre se sentó encima de él, viendo como se lo metía entre las piernas y se movía sobre él, empezando a gemir otra vez, como si eso le diera mucho gusto, y así se lo decía a mi padre.

Mi madre tenía unas tetas grandes y duras y se movían arriba y abajo mientras saltaba sobre mi padre, que la sujetaba por las caderas, pero mi madre parecía como si estuviera montando en un caballo, cabalgando sobre él. Ojalá tenga yo esas tetas cuando sea mayor….. De pronto, se quedó  tumbada sobre mi padre, quieta, resoplando y respirando fuerte; luego apagaron la luz y se durmieron.

Yo volví a mi habitación, pero no podía dormir. Mi corazón todavía palpitaba en mi pecho y parecía que quería salirse de él, mientras seguía sintiendo ese cosquilleo en mi vagina toda mojada, y al tocármela, noté el gusto que me daba. No sé si en ese momento entendí por qué mi madre sentía tanto gusto al tener el pene de mi padre metido dentro de ella, pero no fui consciente de ello. Era la primera vez que veía algo así y tenía que asimilarlo.

Todas las noches estaba pendiente de esos ruidos para ir a verles y así fue durante todas las noches en que no me quedaba dormida antes. Les vi hacer más  cosas, como cuando mi madre se metía el pene de mi padre en la boca y lo chupaba hasta metérselo todo dentro y como mi padre metía la cabeza entre las piernas de mi madre para chupar su vagina también, haciéndola gritar de gusto.

Todo eso me excitaba mucho, sin saber muy bien por qué, pero mientras los miraba yo empezaba a tocarme la vagina también, gimiendo como mi madre, pero más bajo, para que ellos no me escucharan.

A las mañanas siguientes, todavía tenía eso en la cabeza, estando despistada todo el día en el Colegio, pero no tenía ninguna amiga a la que poder contárselo. Ellas no sabían nada de sexo ni hablaban de esas cosas, pero un día, hablando con una compañera que no era de las más amigas mías, me contó que espiaba a su hermana mayor cuando follaba con su novio. Yo me quedé escuchándola con mucha atención, preguntándome ella que si yo había visto a alguien alguna vez y allí fue cuando la dije que yo veía a mis padres hacer eso.

Ella se río con picardía, preguntándome las cosas que hacían. Yo no sabía muy bien  como contárselo, pero ella me preguntaba si mi madre le comía la polla a mi padre o como se ponían para follar. Con ella aprendí todas esas palabras de follar, coño, polla y otras más que me excitaba pronunciarlas, pero solo lo hacía cuando hablaba con esta compañera contándonos todo lo que veíamos.

También me preguntó si a mí me habían tocado la rajita, contestándole que no, pero ella me dijo que un tío suyo se lo hacía y que le daba mucho gusto. Todas estas conversaciones con esta amiga me excitaban mucho, tanto como ver a mis padres y eso hacía que cada vez estuviera más en mi mundo, pensando solo en llegar a casa para tocarme hasta hacerme venir como un poco de pis que me daba mucho gusto. Alguna vez mojé las sábanas de mi cama y mi madre, al notarlo, se enfadaba conmigo, diciéndome que siendo tan mayor como me meaba en la cama todavía, pero yo la decía que no era pis, llena de vergüenza, y ella me miraba de una forma que no sabía que decirme.

En alguna ocasión, mientras lo hacían, veían en la tele películas que yo no podía ver desde la puerta, pero se escuchaba gemir mucho y gritar a las mujeres y yo supuse que serían de sexo, y una vez que estaba sola en casa, busque esas películas escondidas y me puse a verlas, quedándome impactada con todo lo que vi, masturbándome varias veces mientras las veía tumbada en la cama de mis padres.””

Aquí hago yo un inciso, para deciros que la madre de esta niña, según iba leyendo el diario, recordaba muchas de esas situaciones que su hija contaba y eso le hacía estremecer, porque esa lectura le estaba haciendo comprender muchas cosas que en su momento no llegaba a descifrar, lamentando no haberlo hecho en su momento, continuando yo con el Diario:

En esa edad en la que no podía hablar con nadie de estas cosas, esta niña que me contaba todo eso me tenía encantada y hasta mis amigas se enfadaban conmigo diciéndome que estaba mucho tiempo con ella hablando y que las dejaba a ellas, pero es que con ella estaba aprendiendo todo eso que quizás, por mi edad, no me correspondía, pero a la vez, necesitaba saber todo eso para entender lo que hacían los mayores y por qué lo hacían, aparte de que con ella, cuando estábamos a solas, empezamos a tocarnos una a la otra y fue a la primera a la que besé en la boca con la lengua, dándome mucho gusto hacerlo, mientras nos masturbábamos con los dedos una a la otra.

Así que cuando mis amigas empezaron a hablar de chicos y de sexo, yo ya sabía todo eso, pero tenía que disimular con ellas, para que no me preguntaran como sabía yo tantas cosas, aunque en realidad me faltaba por experimentar muchas otras prácticas que estaba deseando tener, como el tocar una polla y sentir como eran cuando se ponían duras.

Los chicos empezaron a andar detrás de nosotras para tocarnos y que les diéramos besos y a veces nos escondíamos en algún lugar para hacerlo y así fue como toque la primera polla, de un compañero que se llamaba Carlos y que dejaba que todas lo hicieran, tocándonos él también el culo, y por delante, a la que se dejaba meter el dedo.

Yo siempre tenía muchas ganas de hacer esas cosas y ellos empezaron a darse cuenta, por lo que siempre me buscaban y querían estar conmigo, porque me dejaba hacer todo y fui la primera de mis amigas que empecé a chupar pollas, pero cuando ellas se enteraron, también empezaron a hacerlo.

Yo estaba siempre caliente y después de ver tantas veces la polla de mi padre, tenía ganas de que me la metiera también, como a mamá, pero a la vez pensaba que me iba a hacer daño, porque el coño de mi madre era muy grande y yo solo tenía una rajita cerrada, lo que me hacía tener sueños por la noche que a veces se convertían en pesadillas, como me pasaba cuando soñaba que mi padre me estaba follando, y mi madre entraba en la habitación, toda enfadada, diciéndole a mi padre:

—¿Pero qué haces? Desgraciado, que me la vas a convertir en un putón, con tanta polla, salte ahora mismo de ella.

Y yo me despertaba, sobresaltada, sudando y con el coño todo mojado, diciendo:

—¡Nooo, déjalo, mamá!, que me gusta y no me hace daño.

Como lo decía gritando, a veces venía mi madre a la habitación para ver si me pasaba algo y yo le decía que había sido una pesadilla, muy desconcertada por lo que había soñado.

Pero a pesar de eso, todas las noches tenía que masturbarme, a veces viendo a mis padres follar y otras, yo sola en mi cuarto. También, durante el día, me metía en el baño para tocarme e intentar meterme cosas por la vagina, como el mango del cepillo o algo más fino que me entrara mejor, para ver lo que se sentía, aunque no me atrevía a meterlo del todo hasta una noche en la que me llevé una zanahoria a mi habitación y tan excitada como estaba, empecé a metérmela cada vez más dentro, y aunque sentía algo de dolor, yo seguía apretando más hasta que empezó a salirme sangre por la vagina y me asusté mucho, sin saber qué hacer.

Yo había escuchado a las chicas mayores hablar de que cuando se desvirgaban, salía sangre, por lo que yo entendí que al meterme la zanahoria tan dentro, me había desvirgado y ya no podría hacérmelo ningún chico, como ellas contaban, pero por suerte, no me salió más sangre, aunque ya había manchado las sábanas y mis braguitas con ella y mi madre se iba a dar cuenta de lo que había hecho.

Por la mañana, mi madre me preguntó qué había pasado, que de qué era toda esa sangre y como yo no decía nada, ella al ver mis braguitas con sangre, se acabó dando cuenta de lo que había hecho sin acabar de entenderlo del todo, diciéndome:

—¿Qué te has hecho, hija? ¿Cómo puede ser? ¿Qué te has metido? ¿Quién te ha enseñado a hacer eso? Pero si eres una niña todavía……

Una tormenta de preguntas que yo no sabía responder, toda avergonzada, mientras mi madre seguía preguntándome:

—¿Qué pasa, que ya te gusta esto? Madre mía, pero si todavía no tienes ni la regla, ¿qué voy a hacer contigo…..? ¿Ya te vas con chicos? ¿O algún hombre mayor te ha tocado? ¿Ha sido tu padre….?

Como empezó a meter a mi padre en esto, yo la respondí:

—No, mamá, nadie me toca. Soy yo misma la que lo hago porque empezó a darme gusto.

—¿Tan pequeña ya? Eso es porque has visto algo, ¿te han enseñado pornografía?

Otra volví a callar, sin decir nada, pero mi madre descubrió la zanahoria manchada de sangre y siguió preguntándome:

—¿Esto te has metido? ¿Pero no ves que está lleno de porquería y puedes tener una infección?

Yo me quedé muy asustada por lo que decía, pero mi madre adivinó lo que estaba pensando:

—Claro. Con la calentura, ni se te ocurrió pensar eso. Esperemos que no te pase nada, porque si tenemos que llevarte al médico, a ver que le decimos.

Por suerte no me pasó nada y mi madre parece que se va olvidando de lo que hice, pero yo sigo con mi curiosidad y con ganas de meterme una polla de verdad, por lo que dentro de la ingenuidad de mi edad, cuando estoy con mi padre, me pongo encima de él, frotándome y moviéndome para que me haga lo mismo que a mamá, pero aunque noto su polla dura debajo de mi culo, él se siente incómodo con lo que hago y me aparta para que no siga, sin que todavía me haya dejado tocársela nunca.

Pero cuando viene mi abuelo a casa, a él si le gusta que me siente en sus piernas y me acaricia las piernas debajo de la falda, por lo que empiezo a moverme encima suyo para que ponga la mano en mi culo y lo manosee, dejándome yo que me toque todo lo que quiera, poniéndose él a respirar fuerte mientras lo hace, y yo me siento feliz porque me gusta mucho que alguien mayor me toque de esa forma.

También su polla se pone dura debajo de mí, pero nunca me la quiso enseñar, aunque estemos solos, por lo que yo acabo muy excitada y cuando me voy a la cama, empiezo a masturbarme pero sin meterme nada, solo  los dedos frotándome la vagina hasta que me viene el gusto.

Un día que llegué a casa del Colegio más pronto de lo normal, al entrar en casa, escuche ese mismo sonido que oía por las noches, pero me extrañó porque mi papá estaba fuera y al asomarme a la puerta vi a mi madre en la cama con un hombre que no conocía. Estaban follando como hacía con mi padre y eso me llenó de confusión, porque no entendía porque mi madre necesitaba a otro hombre si mi padre le daba tanto placer.

Era la segunda polla de un hombre mayor que veía y aunque era distinta a la de mi padre, también me gustó y me dio envidia cuando mi madre se la chupaba con tanto gusto, porque debía de estar muy rica y otra vez tuve que masturbarme mientras los veía follar y mi madre ahora sí que gritaba como una loca, pensando que no había nadie en casa.

Cuando terminaron, volví a salir de casa para volver más tarde, intentando disimular con mi madre todo lo que había visto antes.

Ya no volví a ver más veces a ese hombre en mi casa y si mi madre seguía follando con él, a lo mejor se iban a otro sitio, pero después de eso, yo tenía cada vez más ganas de follar y en una de esas veces que estaba chupándole la polla a un compañero del Colegio, me tumbé y abrí las piernas para que me follara. Él se quedó muy sorprendido, porque ninguna niña le había dejado hacer eso, pero me hizo caso y se puso encima para metérmela. Como yo ya no era virgen, no noté mucho dolor cuando me la metió y le dije que se moviera para follarme, pero cuando estaba empezando a darme gusto, él se corrió y la sacó, quedándome yo un poco frustrada porque quería seguir más tiempo, hasta que me corriera yo.

Yo le dije que siguiera, pero se le bajó y ya no pudimos más.

Como ese chico debió de decírselo a los demás, lo que había hecho conmigo, otros quisieron también y lo volví a hacer con tres compañeros más, que también se corrieron muy pronto, menos uno que si aguantó más hasta hacerme correr a mí también y fue el que más me gustó.

En una ocasión, en el Colegio nos mandaron hacer un trabajo por parejas y un chico enseguida se apuntó para hacerlo conmigo y decidimos ir a mi casa, diciéndole a mi madre que teníamos que hacer un trabajo.

Mi compañero se quedó mirando a mi madre, porque llevaba poca ropa para estar en casa y cuando nos metimos en mi habitación, como él debía saber que yo era muy caliente, enseguida empezamos a distraernos hablando de sexo, preguntándome él:

—¿Tú le has visto el coño a tu madre?

Como yo note que mi compañero se había fijado en ella, habiéndome confesado que le gustaban las mujeres mayores, le dije que sí, y él entusiasmado, empezó a preguntarme:

—¡Uuufff! ¿Y cómo es? La mía lo tiene lleno de pelos y casi no se le ve la raja, pero cuando se lo abre debe de ser una pasada.

—La mía tiene muchos pelos también y lo tiene grande porque la polla de mi padre le entra bien.

—¿También le has visto la polla a tu padre? ¿Estaba dura? ¿Les has visto jodiendo? ¿Te ha metido mano alguna vez….?

—Buenooo, tranqui, jaja.  Sí, se la vi varias veces, y jodiendo también, pero a mí no me deja ni tocarla.

—Pues yo tengo amigas que su padre las soba todo lo que quiere y casi hasta se las follan.

—A lo mejor lo hicieron y a ti no te lo dijeron.

—Sí, es verdad, pero tengo una que me lo cuenta todo, que algunas veces follamos también y me dijo que no.

Esa conversación estaba excitándonos a los dos y empezamos a tocarnos y besarnos, queriéndome él desnudar, pero yo tenía miedo de que mi madre entrara en la habitación, aunque al final, como ya estaba muy cachonda, me tumbé en la cama y él me bajó las bragas para empezar a joderme, intentando yo que mis gemidos no se escucharan mucho y no sé si al final mi madre oiría algo, pero seguimos hasta que acabamos corriéndonos los dos. Y luego, enseguida, nos pusimos a hacer el trabajo a toda prisa para terminarlo.

En el Colegio, a veces las compañeras hablaban de un Maestro que decían que era un sobón, porque solía tocar a las chicas, pero sobre todo a Cristina, que era la que más tetas tenía y con ese Maestro siempre sacaba buenas notas.

Ya había follado con varios chicos, pero yo seguía deseando hacerlo con alguien mayor, preguntándome si ese Maestro habría follado a Cristina también, pero en esos días me llegó la primera regla y estuve un tiempo sin hacerlo con nadie, porque tenía miedo de quedarme embarazada. Además, mi madre me dio la charla de que tuviera cuidado también:

—A ti, que te gustan tanto los chicos, ahora ya te pueden preñar, así que ya puedes cerrar bien las piernas para que no te la metan, que ya escuché yo por el Colegio, que algunas andáis puteando demasiado.

No sé por qué mi madre me decía eso, como si supiera que yo ya andaba jodiendo por ahí, pero supongo que las madres se dan cuenta de esas cosas y después de lo que me había pasado con la zanahoria, ya se esperaría de  todo de mí.

Un día, estando en el parque, una chica mayor que yo se acercó a mí y me preguntó si quería ganar dinero:

—¿Ganar dinero cómo?

—Por follar, ya sé que lo has hecho.

A mí me extrañó eso porque follar era lo que más me gustaba, pero si me daban dinero por hacerlo, entonces sería una puta y no me gustaba sentirme así, por lo que seguí preguntándole:

—¿Follar con quién?

—Con un señor, que me dijo que le buscara una de 12.

—¿Tú follas con él?

—Sí, cuando voy a su casa me da dinero por dejarme hacer de todo, pero ahora quiere probar con una más pequeña.

Yo llevaba ya tiempo queriendo follar con alguien mayor, para saber si se tenía más gusto con ellos, y esta era mi oportunidad, aunque el dinero me daba igual, así que le contesté muy decidida:

—Vale. ¿Cuándo tengo que ir?

—Ahora, ven conmigo.

Esta chica me llevó unas calles más lejos, hasta un portal, donde llamó al timbre y nos abrieron la puerta. Subimos al segundo piso y allí nos esperaba un hombre, mayor que mi padre, algo gordo y calvo, pero a mí me daba igual, porque era muy amable y cariñoso conmigo.

Empezó a tocarme mientras la otra chica miraba, quitándome la ropa y cuando me bajó las braguitas, se quedó mirando entusiasmado:

—Que rica, sin pelitos y ya tan abierta a tu edad. ¿Qué andarás haciendo para tenerla así?

Empezó a lamerla, dándole unos pequeños mordiscos que me estremecieron, pero él notaba como me gustaba y sonreía mientras me lo hacía, diciéndome:

—Me encanta la suavidad de tu coño, es un manjar que nunca había probado.

Ya me tenía muy excitada, pero yo lo que quería era verle la polla y tenerla en mis manos, así que por fin se quitó el pantalón y se puso en la cama conmigo desnudo, preguntándome:

—¿Quieres chupármela antes de que te folle?

—Yo solo moví la cabeza afirmativamente y me fui hacia su polla, que aunque no era muy larga, si era muy gorda, con el glande hinchado y cuando la tuve en la boca me encantó. Me la llenaba toda y yo la sacaba y la metía para verla brillante por mi saliva.

Era la primera polla tan grande que tenía en la boca y lo estaba disfrutando, después de tanto tiempo deseándolo, pero ahora venía lo mejor. Ya me la había puesto entre mis piernas para metérmela con el preservativo puesto, y cuando empezó a apretar, sentí algo de dolor, porque era muy gruesa para mí y no estaba acostumbrada a eso, pero él siguió haciéndomelo muy despacio, con mucho cuidado, aunque la otra chica ya le había dicho que no era virgen, pero a él no le importaba, lo que quería era hacerme gozar y disfrutar él conmigo.

Cuando la tuvo toda dentro, empezó a follarme y por primera vez sí que pude sentir lo que era un hombre dentro de mí, como se movía y como mi placer iba subiendo de intensidad, gimiendo cada vez ms fuerte y seguido, sabiendo él cuando iba a correrme, por lo que siguió follándome más deprisa hasta que grité como nunca lo había hecho antes al correrme, y él me la sacó para quitarse el preservativo y correrse encima de mi barriga, que me la llenó toda de semen.””

Ahora hago otro inciso para deciros que la madre de esta niña me mostraba su preocupación preguntándose si había educado bien a su hija y si le había prestado la suficiente atención para que no hubiera tenido que prostituirse con esa edad, pero en realidad no sabía lo que podía haber hecho ante el deseo de su hija de disfrutar del sexo en toda su dimensión de esa forma tan precoz.

Incluso, llegó a insinuarme si tendría que haberla dejado estar con su padre, para que él la calmara lo suficiente como para que no anduviera de puta por ahí, pero yo solo pude decirla, que ante eso, poco se puede hacer, porque hay niñas con un deseo sexual desproporcionado para su edad y por mucho que hagamos las madres, ellas cada vez van a querer más y no saciarse con nada, pero yo seguí leyendo su diario:

Ahora ya sabía lo que era joder con un hombre mayor y me encantaba. Volví varias veces más a esa casa y un día estaba con un amigo de él, que quería follarme también. Yo, cada vez era más viciosa y no me importaba. Por primera vez tuve dos pollas en la mano, en la boca y aunque ese señor ya había estrenado mi culo, ahora iba a tener dos pollas dentro de mí al mismo tiempo.

Entro los dos hicieron lo que quisieron conmigo. Mi cara de vicio debía de excitarlos más y ya no me trataban como a una niña, sino como la puta que era, aunque a mí no me gustara reconocerlo. Yo no hacía eso por dinero, sino porque me gustaba, por puro vicio que no sé de donde me salía, porque la mayoría de mis amigas no eran así, muchas eran vírgenes todavía y aunque les gustaran los chicos, no se daban a cualquiera, como lo hacía yo.

Con 14 años tuve mi primer novio, un chico algo mayor que yo, que quería tenerme para él solo. Era muy celoso, no me dejaba vestir faldas cortas ni llevar escotes. Yo permitía todo eso porque me gustaba, pero pronto empecé a sentirme agobiada y a engañarle con otros chicos, hasta que él se enteró y se puso a pegarme y a insultarme, llamándome puta en la calle, hasta que un hombre pasó por allí y me defendió, haciendo que se fuera.

Me llevó a su casa para curarme las heridas que tenía en la cara y en el cuerpo. Me dijo que tenía que decírselo a mis padres lo que me había pasado y que no tendría que ver más a  mi novio, pero yo le tenía miedo, porque una vez me dijo que solo me jodería él o me mataría, pero este hombre me dijo que buscaría a ese chico para que me dejara en paz.

Yo estaba muy asustada, pero agradecida también a él y mi única forma de agradecérselo era ser cariñosa con él, pero no se sentía cómodo con mis ofrecimientos, aunque supongo que una cría de 14 es demasiado apetecible para un hombre de 45 y al final acabó cediendo a mi insistencia.

Después de besarle con mi lengua, me tocó las tetas, apretándolas con sus manos y cuando me tocó el coño, se volvió loco.  Estaba todo mojado y sus dedos podían entrar fácilmente en él. Me confesó que nunca había estado con una chica de mi edad, pero que era uno de sus sueños. Me llevó a la cama y después de desnudarme, me folló con un amor como nadie me lo había hecho nunca.

Él me hacía feliz y yo se lo hacía a él. No sé si estaba enamorada pero solo pensaba en ir a su casa para follar con él. Me decía que me quería mucho, pero que no podíamos ser novios, que teníamos mucha diferencia de edad, que yo podría ser su hija y no estaba bien que un padre se follara a su hija. Yo le decía que eso me daba igual, pero en mi inconsciencia no me daba cuenta que sus vecinos habían empezado a murmurar porque me veían subir a su casa, aunque él les dijera que era su sobrina.

Un día me dijo que no fuera más a su casa, que no podíamos vernos más. Yo no lo entendía, pero él estaba llorando y solo me dijo que deseaba que un día me casara con un hombre que me hiciera todo lo feliz que me merezco. Yo también lloré, me fui y no le vi más.

Durante un tiempo no me apetecía follar con nadie, aunque me buscaran, solo me masturbaba alguna vez en casa para desahogarme hasta que un amigo que conocía mi historia me dijo que estaba demasiado buena para no follar con nadie, y así empecé a follar con él, solo como un entretenimiento, para evadirme. Era solo sexo, aunque él intentaba darme el cariño que me faltaba, pero no me llenaba lo suficiente.

Después conocía a otro chico, era de otro Instituto, pero me había vuelto a hacer sentir todo eso que disfruté durante tantos años. Follábamos sin límite, en cualquier sitio y yo hacía todo lo que me pedía, hasta que un dúa me pidió que folláramos con un amigo suyo, haciendo un trío. Yo nunca había hecho algo así, pero acepté porque confiaba en mi novio.

Fuimos a casa de ese chico y dejé que empezaran a desnudarme entre los dos. Se sacaron las pollas y yo estaba cada vez más cachonda chupando la polla del amigo de mi novio y luego se sumó él también poniéndomela los dos en la boca.

Yo estaba golosa, ya había tenido dos pollas, así para mí, pero ahora era distinto, una de ellas era la de mi novio, que me compartía con otro y comprendí en ese momento lo que era sentirse una puta de verdad, pareciendo una reina entre ellos. Mientras uno me follaba, yo se la chupaba al otro. Luego se intercambiaban, me cambiaban de posición, hasta que me quedé entre los dos, con la polla de mi novio en el coño y la de su amigo en el culo. Empecé a gritar como loca y sentía que me desmayaba con las dos pollas dentro de mí, que me hicieron correrme dos veces seguidas, mientras ellos se corrían también dentro.

Cuando la sacaron, yo estaba llena de semen, que me caía entre las piernas, haciéndome sentir como una puta, pero el problema fue que mi novio también me vio así, después de verme gozar con su amigo y a partir de ese día cambió conmigo. Empezó a reprocharme cualquier cosa, a discutir sin motivo y como la relación se volvió insoportable, lo dejamos.

Ahora soy joven todavía, he dejado la niñez atrás, pero sigo buscando ese hombre que me llene completamente, que me folle todos los días y me comprenda, que me deje libertad para ser como soy, que soy de todos y no soy de nadie, eso debe saberlo si quiere amarme.””

Después de leído el diario de su hija, esta mujer me dijo que le había servido para conocer más a su hija, a quien en realidad no conocía después de haberla parido y criado todos estos años en los que no había sabido ser madre. Se sentía culpable y se lamentaba, aunque yo intentaba consolarla diciéndola que los hijos siempre son unos desconocidos para sus padres, porque sólo conocemos una cara de ellos, una parte que se va haciendo más pequeña según van creciendo, porque se van alejando de nosotros y ya no nos necesitan.

Pero ella insistía conmigo:

—¿Pero no ves que siempre me necesitó? Desde que me veía con su padre, ahí tenía que estar yo, tenía que saber eso y acompañarla en sus dudas y en sus descubrimientos.

—¿Y qué ibas a hacer? ¿Reprenderla? ¿Negar su deseo?

—Sí, seguramente hubiera hecho eso, pero ahora se mi error, el de muchas madres que tardan años en darse cuenta o nunca quieren reconocerlo, pero una buena madre debe acompañar a su hija en su placer, guiar sus deseos y enseñarla a disfrutar de su cuerpo y del de los demás. Tú sabes que muchas madres hacen eso, te lo han contado y tú nos lo has transmitido. Por eso te escribí, para contarte esto tan íntimo y tan crudo a la vez.

Al final, esta mujer me preguntó si debía decir a su hija que había descubierto ese diario y lo había leído, pero yo le dije que no lo veía necesario, porque ya nada podría cambiar lo que había ahí escrito y sería revolver un pasado que fue como tuvo que ser.

Anónimo

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