lunes, 20 de julio de 2020

Historias Prohibidas


Si miramos a nuestro alrededor, quizás no nos demos cuenta, de que hay muchos hombres que viven en una especie de “cárcel interior”, prisioneros de sus deseos, unos “deseos prohibidos” que se mueven en la clandestinidad y la reprobación social, con la angustia de no poder compartir esos “gustos” con nadie, pero a la vez que sucede eso, otra parte de esa misma sociedad, intenta aprovecharse de esas debilidades, a veces por puro morbo, otras buscando un beneficio económico, o simplemente para sobrevivir, como este caso que se me dio hace unos años, en el que tuve oportunidad de conocer a uno de esos hombres.

Cuando mi hija salía del Colegio por las tardes, solíamos ir a un Centro Comercial cercano para que merendara un poco y se divirtiera con sus amigas, ya que allí solían juntarse casi todas.

Lore había empezado en un Colegio nuevo y yo no conocía a ninguna madre, por lo que me sentaba sola en una de las mesas a tomarme un café tranquilamente, así que a la vez que estaba pendiente de mi hija, podía observar a mi alrededor llamándome la atención la presencia de un hombre que estaba siempre allí, haciendo como que leía un periódico, pero en realidad me di cuenta de que lo que hacía era mirar a las crías, disimulando todo lo que podía, por lo que podía pasar totalmente desapercibido para alguien que no fuera tan observadora como yo.


Eso me produjo mucha curiosidad, ya que por mi carácter, yo no soy de ir llamando la atención a nadie por quedarse mirando a mi hija o a cualquiera otra y prefería llenar esos momentos de aburrimiento en fijarme como actuaba, por lo que acabé dándome cuenta de cómo clavaba su mirada en alguna que le gustaba especialmente y como resoplaba de vez en cuando, o como se tocaba la polla por encima del pantalón, que yo suponía en plena erección.

Después de tres días observándolo, vi que siempre solía levantarse para irse al baño y tardaba bastante en volver, por lo que a la vista de lo que hacía, yo supuse que iría a masturbarse porque no aguantaba más la excitación.

A ese hombre le gustaban las jovencitas, lo que no tenía nada de malo, si no hacía daño a ninguna ni provocaba alguna situación desagradable con ellas. Yo no le conocía de nada, pero se le veía buena persona, un pobre diablo esclavo de sus debilidades, que acabó dándome pena y miedo de que alguna madre se diera cuenta de lo que hacía y empezara a gritarle llamándole de todo y causando un escándalo en ese Burger lleno de niñas con su uniforme escolar algunas de ellas y otras con esas ropas tan sexys que nuestras hijas nos piden y que nosotras permitimos que lleven.

El acabó dándose cuenta de mis miradas y se sintió avergonzado, pero yo no quería asustarle ni recriminarle nada, solamente sentía una profunda curiosidad motivada por mi alma de escritora, así que aproveché una torpeza por mi parte cuando al pasar a su lado, moví la mesa y provoqué que se le derramara un poco el café.

Enseguida le pedí disculpas y él muy nervioso me dijo que no pasaba nada, que no me preocupara, pero yo insistí en pedirle otro café, pidiéndole permiso para sentarme con él.

La verdad es que el pobre hombre estaba temblando, muy inquieto por mi presencia a su lado, lo que se acentuó cuando se me acercó mi hija a preguntarme que por qué me había sentado con ese señor y él, sin poder evitarlo se  quedó mirándola, sobre todo, dirigiendo sus ojos a la piernas que mi hija que enseñaba totalmente a causa de la falda extremadamente corta que llevaba, como muchas otras de las que estaban allí.

Mi hija se dio cuenta de cómo la miraba y su instinto femenino la hizo sentirse orgullosa de causar esa atracción en un hombre de esa edad, dejándose admirar de esa forma tan libidinosa, aunque si él se dejara llevar en esos momentos por sus impulsos, seguramente le hubiera gustado acariciar esos muslos con sus manos, palpándolos y manoseándolos hasta llevar sus manos más arriba y hacer todo lo que mi hija le permitiera, pero supongo que habría aprendido a reprimirse para no volver a tener los mismos problemas que en el pasado.

Allí había también algún padre cuidando de sus hijos, pero yo ya me había apercibido que él estaba solo, sin ningún hijo al que cuidar, así que queriendo indagar en el motivo por el que iba allí todos los días, le pregunté:

 —¿Tiene usted hijas también?

—Sí, tengo una, pero apenas la veo porque estoy divorciado.      

—Vaya, ¿y eso? ¿No le deja su exmujer verla?

Noté que le había incomodado esa pregunta y quise disculparme:

—Perdone, no es asunto mío, pero como es un caso frecuente lamentablemente, por eso le preguntaba.

—No pasa nada. No tenemos una buena relación.

—Es una pena, porque se nota que a usted le gustan las niñas.

De nuevo, volví a sentirle incómodo, y quise tranquilizarle.

—Bueno, entiéndame, quise decir que todos los papás están encantados con sus hijas.

—Sí, claro, eso es verdad. La echo mucho de menos.

—Eso es normal, ¿por eso viene aquí a mirarlas?

Yo estaba siendo demasiado directa con él, sin apenas conocerle y tenía miedo de que en cualquier momento se levantara y se fuera, por lo que quise sincerarme con él ya de una vez por todas para que no temiera.

—Mire, no tiene por qué preocuparse. Le llevo observando varios días y sé a lo que viene.

Él ya se quedó totalmente desconcertado, sintiéndose descubierto y balbuceando me dice:

—¡Ohh!, Disculpe, no quiero que piense mal de mí, no soy ningún degenerado……

—Ya lo sé, tranquilo, no voy a recriminarle nada. Solamente siento curiosidad por hablar con usted para que me cuente….. Verá, yo soy escritora y me gusta escribir sobre estos temas, así que todo lo que hablemos será confidencial, ya que los escritores también tenemos una especie de “secreto de confesión”, como los curas……

—Pues me deja sorprendido, no sé qué decirla o que quiere saber usted.

—Por ejemplo, puede empezar diciéndome por qué se separó de su mujer. Supongo que le pillaría tocando a su hija.

—Sí…. ¿Cómo lo sabe?

—Bueno, ya le dije que a mí me cuentan muchas historias y son cosas que suelen pasar.

—Ya supongo que no seré el único, pero no sabía que fuera tan frecuente.

—Sí que lo es… Si yo le contara……

—¿A usted la excita que le cuenten estas cosas?

—Buena pregunta…… Si le dijera que sí, ¿qué pensaría?

—Pues que me hubiera encantado casarme con usted, jaja.

—Reconozco que soy morbosa, pero es más la curiosidad y el interés por conocer todos estos casos. Yo no quiero incomodarle, pero me gustaría que fuera sincero conmigo, ya que yo no le voy a juzgar ni a criticar por nada de lo que me cuente.   

—Está bien ¿Qué quiere saber?

—¿Se siente mal por tener esos deseos?

—A veces sí. Ya sabe que esto está muy mal visto, pero es algo que no puedo evitarlo, aunque le aseguro que nunca le he hecho daño a ninguna cría. Solamente han disfrutado conmigo.

—Entonces, aparte de mirar, ¿ha tenido alguna experiencia?

—No muchas, pero si, alguna…..

—Con su hija supongo, pero… ¿ha habido más?

—Con mi hija, sí, pero sólo la masturbaba, llegué a lamerla también y ella me la chupaba a mí, pero nada más……

—Hasta que le descubrió su mujer.

—Sí, fue por mala suerte, llegó a casa antes de lo previsto y nos pilló.

—¿No cree que su mujer estaría sospechando ya y por eso intentó sorprenderle?

—Puede que sí, no sé. Yo estaba muy enviciado con ella y no me daba cuenta de eso. Supongo que me vería jugar con ella alguna vez y vería cómo me empalmaba.

—Su hija también vería eso.

—Claro y la encantaba. Me la agarraba con las manos, me pajeaba y hasta que no me hacía correrme, no paraba.

—Es lo normal. Si la enseñó a hacer eso, querría hacerlo una y otra vez. Pero no me creo que no se la quisiera clavar también.

—Bueno, eso era solo cuando no estaba su madre.

—Era muy arriesgado todo eso que hacía, supongo que tendría miedo, pero le podía el deseo y seguía haciéndolo.

—Sí, es cierto, pero a mi hija la gustaba también y me lo pedía.

—Claro, lo entiendo, eso nos gusta a todas….

—¿Su marido con su hija….., también……?

—Ya lo puede suponer, pero eso me lo reservo.

—Vaya, ¿aquí sólo tengo que contar yo….?

—Jaja, bueno, ya veremos……. Cuénteme, ¿cómo empezó?

—Pues jugando, como todos…… así fue pasando. Yo nuca había hecho esas cosas, pero me excitaba muchísimo y como veía que ella también, era difícil parar.

—Y cada vez fue a más……

—Si ves que ella quiere también, pues sigues…... Si ella no hubiera querido, no la hubiera forzado a nada. Eso seguro. Yo la quiero por encima de todas las cosas.

—Me parece muy bien. Si hubiera actuado con violencia no me interesaría su historia. La situación que se dio es lo que la hace interesante para mí.

—Así es, eso téngalo por seguro, yo no soy como otros……, aunque me lo consideren igual, ya sabe…….

—Sí, la sociedad criminaliza estas cosas, a veces injustamente.

—Es usted muy comprensiva y se la ve con mente abierta. Vuelvo a añorar no haberme casado con usted en vez de con mi mujer, jeje.

—Muchos hombres me lo dicen, que buscan mujeres como yo, pero según parece, pocos las encuentran…….

—Sí, desgraciadamente no abundáis. Permíteme que te tutee, ya que estamos hablando en confianza.

—Claro, será mejor así. Me decías que con otras también empezaste a hacer algo…..

—Sí, en los parques pude manosear a alguna. Y bueno, aquí conocí a una mujer así, morbosa como tú, que me dejaba tocar a su hija.

—¿Si? ¿Me estás proponiendo que yo también te deje hacerlo con la mía?

—No, no me atrevería si veo que no hay posibilidad.. Eso surgió así, pero luego al final acabó pidiéndome dinero.

—¡Ah!, jaja, ya decía yo, caíste en su trampa…..

—La verdad es que sí, pero también lo disfruté. Ella era extranjera, me propuso ir a su casa y fui varias veces. Allí pude hacer de todo con su hija, hasta se dejaba follar. Imagínate, ella estaba acostumbrada a hacer de todo y poder follarme a una cría como ella, para mí era el cielo. Y así estuve repitiendo varias veces hasta que un día apareció un hombre y quiso sacarme más dinero, por lo que cogí miedo y ya no aparecí más por allí. Debía de ser familia de la madre o su pareja, yo que sé, hay cosas muy raras.

—Hay que tener cuidado cuando te metes en algo así…..

—Sí, pero después de eso, seguí viniendo aquí, porque es un sitio muy bueno para encontrar lo que a mí me gusta.

—¿Qué quieres decir?

—Que me pueden criticar a mí, pero aquí suelen venir otros a hacer lo mismo.

—¿Aquí a la vista de todos?

—Alguna vez aquí y otras en los baños. Mira, te voy a contar algo. En este barrio, mucha gente no anda muy bien de dinero y muchas madres aprovechan para venir aquí con sus hijas, a ver si nos pueden sacar algo a alguno.

—Pero es muy fuerte eso que me estás contando. Yo ya me fijé en alguna cosa rara que vi, como algunos que las soban con todo descaro, aunque no sé si serán sus padres o amigos. ¿Y qué pasa en los baños?

—Esos que ves hacer eso son amigos de ellas, que suelen invitarlas a merendar y les permiten hacer esas cosas. Y luego en los baños actúan como verdaderas putas. Una vez estaba meando y entraron dos crías a mirar.

—No me lo puedo creer.

—Sí, así pasó, ahora son muy descaradas. A veces las veo entrar con chicos también, ya supondrás a qué…..

—Eso siempre pasó, pero ahora cada vez lo hacen más pronto. ¿Qué pasó con esas dos?

—Cerré la puerta y me quedé con ellas. Estuvieron tocándomela y una se atrevió a chupar y todo, mientras yo las tocaba a ellas.

—Supongo que eso ellas ya lo habrían hecho más veces.

—Claro, aquí hay más como yo, que siempre andan mirando a ver si tienen alguna oportunidad de meterlas mano. Todas, más o menos empiezan así, las traen las mayores y las enseñan a hacer esas cosas. ¿Tú hija no te contó nada?

—Sí, también me contó, pero no pasó aquí, fue en otro sitio que la llamó un señor para enseñársela y se la estuvo tocando.

—Ves. Hay muchos más a los que les gustan estas cosas.

—Sí, lo sé. Ya te digo que me han contado muchas historias de ese tipo.

—Pero…. ¿te las cuentan, así sin más….?

—Bueno, supongo que les daré confianza….. Tú me lo estás contando también.

—Es verdad. No sé cómo, pero me lo estás sacando todo…..

—Yo creo que también necesitáis desahogaros y compartirlo con alguien desconocido, con quien podáis tener una distancia.

—Puede ser. Pero estos pensamientos son los únicos que me hacen correrme al pajearme.

—¿Entonces no te correrías follando conmigo?

—Supongo que sí, estás muy buena y debe ser una delicia tenerte en la cama, además con lo morbosa que eres….. Pero tenerte a ti y a tu hija juntas, sería lo máximo para mí. No me digas que tu marido os tiene a las dos, porque me muero…..

—Eso no te lo voy a decir…..

—Qué perversa eres. Seguro que sí y no me lo quieres decir…..

—Imagínate lo que quieras, pero sólo te diré que mi marido es muy morboso también.

—Uufff, que maravilla, no hace falta que me digas más. No te quiero comprometer, pero por lo que me dices, tu hija ya debe tener  su experiencia. Está muy rica y tu marido debe gozar mucho con ella.

—Ya me fijé antes en como mirabas a mi hija. ¿Te gustaron sus piernas, eh?

—Sí, las tiene maravillosas…..

—¿Te gustaría meterla mano?

—Me encantaría, claro.

Yo llamé a mi hija para que se acercara a nosotros y la puse a mi lado para que ese hombre pudiera acariciarla discretamente. Él puso una mano sobre uno de los muslos de la cría y empezó a acariciárselo, haciendo lo mismo con la otra mano, que las iba subiendo hacia sus nalgas, apretándolas ligeramente, pasando una mano por delante, sorprendiéndose de que ya usara tanga.

—¿Ya la dejas ponerse tanga?

—Ella me lo pide, ahora a su edad ya empiezan a usarlo.

—Qué rica…, (decía, mientras metía los dedos por debajo de la tela para acceder a su rajita)

Añadiendo:    

—No me dejarás meterla en el baño……

—Bueno, en agradecimiento por contarme tu historia, te la voy a dejar, pero no la folles…..

—No, no te preocupes, estoy muy excitado con tu conversación y me voy a correr enseguida.

Este hombre, apenas un desconocido para mí, que no me había dicho ni su nombre, se llevó a mi hija al baño, sin que nadie dijera nada, ya que parecía algo habitual en ese lugar y al cabo de 20 minutos salieron otra vez, mi hija muy sonriente y él con la cara muy feliz diciéndome:

—La he dado una pequeña propina. Espero que no te importe.

—No, eso será porque se ha portado bien.

—Sí, ha estado maravillosa. Me ha dejado comerle el coño y tengo que decirte que pocos he visto tan ricos y luego me ha chupado la polla hasta que me corrí. ¡¡Uuufff!!, Como envidio a su padre…..

Y yo dirigiéndome a mi hija:

—Bueno, esto será mejor que no se lo contemos a tu padre ¿eh?

—No, mamá, jeje.

Y siguiendo hablando con ese hombre:

—Cuéntame alguna experiencia más que hayas tenido.

—Pues cuando me separé tuve que alquilar una habitación en la casa de otra señora que estaba divorciada y que necesitaba dinero, porque su marido no le pasaba la pensión, pero imagínate, tenía una hija también. Después de lo de mi hija, ahora la tenía a ella todo el día por casa medio desnuda, teniéndola que reprender su madre para que no estuviera así, pero era muy picardiosa. Créeme, hay algunas así, que te vuelven loco, porque es como si llevaran al demonio dentro.

—O es que las veis vosotros así también, porque siempre pensáis que se os están insinuando.

—No, te lo digo de verdad. Hay otras que no quieren nada y eso se nota. Yo nunca me meto con ellas y las dejo en paz, porque no quiero líos, pero a mí me gusta observarlas y sé cuándo quieren algo……

—Y esa quería…

—Claro, su madre no podía con ella. La cría me tomó cariño y estaba todo el día conmigo, así dejaba descansar un poco a su madre, que le parecía bien que yo la entretuviera.

—Y los dos os lo pasabais genial, jaja.

—Pues sí, la verdad. Así era imposible quitarse el vicio después de lo de mi hija y aquí me tienes, buscando lo mismo…..

—Con otros hombres con los que he hablado, me decían que en sus “gustos” quizás había influido que tuvieran experiencias sexuales precozmente con adultos. ¿En tú caso pasó algo parecido?

—Pues mira, sí que las tuve. Yo me críe con una tía mía, porque mi madre no se ocupaba de mí. Ella era soltera y vivíamos solos, por lo que siempre me tuvo muy mimado y me lo consentía todo. Recuerdo que yo me empeñaba en dormir con ella y ya puedes imaginar cómo acabó aquello. O sea, que yo conocí lo que era una mujer desde bien pronto, tocando a mi antojo sus tetas y ese coño carnoso que tenía, siempre húmedo, que me fascinaba.

—Así que fuiste un privilegiado comparado con otros chicos de tu edad.

—Ya ves. Yo no le contaba eso a nadie porque o no me creerían o se morirían de envidia y podría tener problemas, como ya me había avisado mi tía, pero yo cuando les oía hablar de chicas y las ganas que tenían de hacer cosas con ellas, ya me había corrido un montón de veces en el coño de mi tía, pero no les podía decir nada.

—Supongo que sería lo mejor. A nosotras nos pasa igual cuando empezamos a tener  esas experiencias tempranas.

––Seguro que tú también las tuviste, como la mayoría……

––Bueno, al final te voy a tener que contar yo también, para que no digas que solo cuentas tú. Me da un poco de vergüenza, no te conozco mucho y no sé lo que pensarás de mí.

––No te preocupes, yo he sido sincero contigo. Me has dado confianza y me gustaría que me la tuvieras también.

––Pues verás… Cuando tenía la edad de mi hija, un amigo de mis padres siempre estaba metiéndome mano. Era muy cariñoso conmigo y aprovechaba cualquier momento para sobarme. Yo tenía unos buenos muslos y a él le encantaba acariciármelos, incluso, a veces, lo hacía delante de mis padres. Eso me ponía muy nerviosa y no sabía que hacer porque en mi casa le llamábamos “el padrino”, aunque no lo fuera, pero él se comportaba conmigo como si de verdad lo fuera, porque siempre estaba regalándome cosas y me daba dinero a escondidas cuando me dejaba tocar.

––Vaya, pero al final te gustaba si te dejabas hacer……

––Supongo que sí, me daba gusto, claro, pero me daba miedo de que mis padres nos vieran.

––Ya ves, ése hombre al final era como yo y tantos otros, nos gustan jovencitas…. Pero seguro que pasaron más cosas, cuéntame…..

––Este hombre estaba casado, pero no tenían hijos, por lo que me tenían a mi como a una hija casi.

––¿Y su mujer no se daba cuenta de lo que te hacía tampoco?

––No lo sé, la verdad, nunca vi que le dijera nada, aunque a veces estaba delante de ella jugando conmigo, haciéndome cosquillas y tocándome, pero ella no le daría importancia o a lo mejor se lo permitía por alguna especie de morbo entre ellos.

––Si tenía tanta confianza, te daría la polla para que la tocaras…..

––Sí, fue la primera que toqué, así que imagínate mis nervios. Fue un día cuando me llevó a casa en el coche. Me la enseñó y me dijo como se hacían las pajas los hombres, para que se la hiciera yo. Fue una sensación muy fuerte sentirla en mi mano, moviéndosela hasta que le salió el semen llenándome la mano de él. Después nos limpiamos y me dejó en casa. Esa noche no pude dormir y no sé por qué, estaba tan excitada que me tuve que masturbar varias veces…..

––¡Vaya!, que putita. Seguro que desde esa vez ya hizo lo que quiso contigo.

––Sí, empecé a chupársela y todo, y me convirtió en una viciosa. Él siempre buscaba excusas para estar conmigo y hasta una vez convenció a mis padres para llevarme de vacaciones con ellos.

––¿Ellos te dejaron, nunca sospecharon nada?

––Sí, mis padres confiaban totalmente en él y les pareció bien. Cuando mi madre descubría que me estaba dando dinero a escondidas, me decía que me tenía muy malcriada.

––Claro, ni se lo imaginaría…… En las vacaciones ya te tuvo a su total disposición.

––Estaba siempre conmigo. Su mujer solo pensaba en tomar el sol y no se preocupaba mucho de mí, así que una tarde estábamos en la piscina del Hotel y nosotros subimos a la habitación para ducharnos, porque ella quería quedarse más tiempo. Allí ya empezó a tocarme y me llevó a la cama, siendo esa la primera vez que me folló.

––¿Te gustó esa primera vez?

––Me encantó, jaja. No tenía nada que ver con lo que sentía cuando me masturbaba yo sola. Sentía que me moría de placer y le pedía más y más, hasta que él no podía seguir.

––Qué bárbaro. Menuda suerte tuvo contigo “tu padrino”, jeje.

––Después de eso seguimos viéndonos más veces, pero yo fui creciendo y él haciéndose más mayor. Tuvo una enfermedad y ya no podíamos hacerlo.

––Menuda historia, me dejas sorprendido, aunque al final no me has contado lo de tu hija con tu marido, jaja.

––Después de todo lo que hemos hablado, eso ya te lo puedes imaginar…..

––Es verdad, al fin y al cabo es lo mismo de lo que llevamos hablando todo este tiempo. Estas cosas suceden, a veces delante de nuestros ojos aunque no queramos verlas, como parte de la vida, ya que el sexo es el origen y final de todos nuestros actos, lo que nos mueve a comportarnos de una manera u otra, disfrazándolo de otras cosas para no sentirnos culpables.

––Pues es una buena reflexión que debería hacernos pensar sobre la hipocresía de nuestra sociedad que se empeña en ocultar nuestros deseos más primarios y naturales desde el principio de los tiempos como seres humanos.

Ahora muchas mujeres dicen que les molesta que les enseñen una polla, que las digan piropos por la calle o que se sobrepasen con ellas en los transportes públicos…. Efectivamente, las mujeres deben ser respetadas, tengan la edad que tengan, al igual que los hombres, pero entre todas debemos valorar también nuestras contradicciones y pensar ¿Para quién nos ponemos guapas, para quien nos exhibimos….? Y plantearnos si nos gusta sentirnos deseadas, admiradas….. y por quien.

Cada una dará una respuesta de por qué se pone un escote o una falda más corta, quizás para alguien en concreto o nadie en particular, pero no podemos elegir quien nos puede mirar o desear y a partir de eso pueden surgir todas estas “historias prohibidas” que todas la mujeres podríamos contar a través de las cosas que nos pasan, porque esta es la gran complejidad de la sexualidad humana, que es más primitiva y poderosa que cualquier “construcción social” que hayamos hecho posteriormente, por eso, se quebrantan una y otra vez todas esas normas sociales que nos auto imponemos.

Por KarlaSuarez

1 comentario:

  1. Muy interesante relato. De temática similar a muchos de los míos. Me gustaría ponerme en contacto con el escritor para comentarlo.

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