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miércoles, 15 de julio de 2020

Princesas: Berta y Nora


– ¿¡Papá cuando vamos a salir al patinar…!?

– Meteros en la ducha en lo que yo acabo, mi amor. Solo cinco minutos más.

La nueva reestructuración de los pilares del puente colgante me estaba llevando por el camino de la amargura, pensaba que tenía la clave para que no cedieran por pandeo, pero el programa de elementos finitos no llegaba a terminar de calcular… un poco más y ya, por fin aparece un pilar esbelto en verde y azul, sin puntos críticos de rotura.

Merecía un descanso y relajar todo mi cuerpo, el estrés de la última semana me tenía frito, salir con las niñas al parque y llevarlas a la pista de patinaje era una muy buena excusa para evadirme del trabajo… Habían estado toda la tarde jugando en el jardín revolcándose como cerdas y así no podían salir. Simona estaría fuera con sus amigas toda la tarde, empalmaría con la noche como de costumbre… esas mujeres no tenían hartura en los garitos de la cuidad…bailar, beber y follar era su vocación ¡Quemaban la ciudad como “Pepi, luci y Bom y otras chicas del montón”! Así que me puse mano al asunto. Miro el reloj, apenas nos queda poco más de una hora para que cierren la pista…

– ¡Aún estáis así! Vamos Princesas, daros una ducha rápida que nos vamos a patinar….


******************

Tranquila y sensual se acercó a la ventana. Nada cubría su voluptuoso cuerpo. La luz que entraba por los enormes ventanales bañaba su piel bronceada. No tenía pudor alguno en enseñar su cuerpo a cualquier persona que pasara a sus pies por la calle. Más de un hombre se detuvo a mirarla. Más de una mujer también. Otras, escandalizadas, tapaban la vista a sus hijos con la palma de su mano.

Simona, de pie frente al ventanal observaba las reacciones y sonreía malévola. Jaime se acercó por detrás y la abrazó. Él también estaba desnudo, y excitado. Sus pieles contrastaban en demasía. Él, pálido. Ella, oscura. Jaime la giró, cogiéndola de las caderas y la apoyó en el cristal. Verónica se encaramó encima de él, rodeándolo por la cintura con sus piernas. Sin ningún momento de vacilación, él la besó ante la vista de cualquiera que pasara por la calle, a sus pies.

– Y ahora relájate. No pienses en nada. Túmbate de espaldas y abandónate a las sensaciones. Sólo siente mis manos sobre tu espalda.

El solo contacto hace que se alivien las tensiones. Necesitaba calor humano, caricias de otro ser que te hagan sentir viva. Siente el cuerpo pegado al tuyo, no importa el calor. Los labios en su nuca… aspiró su aroma de mujer.

– Me gusta como hueles…

Las manos acarician sus brazos, sus caderas, suavemente. Se vuelve sobre un costado ofreciéndole sus tetas tersas. Acoge una de ellas en su mano como una pequeña paloma y posa la boca sobre el pezón un beso tierno. Se oyen sus leves ronroneos, apenas perceptibles penetrar en el oído de él. Le gusta, le gustan sus movimientos felinos, elásticos al acercarse más a él. Le abraza mirándole profundamente a los ojos y le besa. Sus labios se funden amorosamente. Se saborean el uno al otro.

– Deja que bese todo tu cuerpo, tus manos, tus pies, tu vientre…

Lentamente acerca la cara al interior de sus muslos. Nota un calor intenso… el dulce aroma del coño le embriaga. Si boca ya en el sexo, lo acaricia con sus labios, muy suave. La  lengua recorre su vulva despertando hasta la última terminal nerviosa. Prueba su licor extasiante y se enerva.

Ella acaricia sus cabellos mientras comienza a mover sus caderas. La lengua y labios se mueven al ritmo que marca la pelvis y sus gemidos. Nota la flor creciendo en su boca. Un capullo que se va abriendo lentamente hasta que estalla en una explosión de placer que le inunda hasta el cerebro.

– Hoy te llevaré al cine. Arréglate nos esperan.

Al oír estas palabras, sabía que no iba a ser una sesión de estreno, por eso, decidió estrenar el conjunto de lencería que él te había regalado. La sala estaba en penumbra. Él se detuvo a buscar los mejores sitios en la fina de los mancos. Con una sola mirada lo tuvo claro. Aquel tipo le llamó la atención…estaba en el lugar justo y adecuado.

– Vamos, dijo mientras le dejaba pasar delante de Jaime. Poco a poco les vio, acercándose hasta detenerse  a su lado. Ella le miró de arriba a abajo. Él la miró abajo a arriba.

Se sentó coqueta haciéndose notar e inspiró profundamente su perfume para que lo notara. Las luces se apagaron y comenzó la película. La de la pantalla y la de la butaca. Notó su rodilla contra la él buscándole. Había separado sus muslos y la falda se subió lo justo para mostrar la fantasía de sus medias. Una mano hipnotizada siguió sus señales buscando la piel de su cálido muslo. No tardó en percibir la delicadeza de su tersa piel en sus yemas.

La suya, sutil, se apoyó en la entrepierna del desconocido predominante. De reojo pudo ver que su otra mano hacía lo mismo con él y la suya también se deslizaba por su otro muslo. Al instante, ambos flancos recostados tenían sus pollas enhiestas en las manos de ella y los dedos buscándole, tropezaron con los de él. Amablemente apartó sus braguitas para dejarle paso hacia las delicias de la dama. Los dedos del desconocido se empaparon de flujo y semen acumulado de la tarde tórrida con Jaime.

Los de ella jugueteaban con la lágrima del cabezón. Poco a poco se inclinó hacia la polla erecta del anónimo, hasta apresarla con sus labios de rodillas sobre el asiento sin posa brazos. Él aprovechó para levantarle del todo la falda. Jaime se acopló desde atrás y pronto sintió las embestidas a través de su boca. Desde el final de la fila percibió la presencia del acomodador observando, masturbándose. Su boca se volvió ávida.

El coño atravesado flotaba completamente empalado. Todo se volvió irreal y tan real al mismo tiempo. El coño de Simona succionaba con apetencia el falo de Jaime, curiosa estampa atravesada por ambas aldabas que casi se unían por sus puntas en el interior de la esposa abnegada de Pelayo. Las cadera presas de las manos firmes de su amante mantenían la diana dardeada por el cipote que perforaba de nuevo su útero… explotó dentro de ella llenándola expresado guturalmente el inmenso placer de llenarla. Ella explotó en él ruidosamente en gemidos ahogados percibiendo cada chorro de lefa. Pronto el anónimo se hallaba en el culmen y también explotó llenándole de sabor y sensaciones con chorros de engrudo espeso.

Dejó que eyaculara el último aldabonazo y se regodeó en el glande cuidándolo a conciencia. Saciada, se dio la vuelta incorporándose, tomó los testigos en sus manos, los que la llevaron al infinito y para que diera fe de que había sido cierto. Besó a ambos. Ella no ha tenido suficiente con la doble inseminación. Nunca es suficiente para Simona, pero hoy será el anónimo amigo que este ha invitado, quien se encargará de rematar una tarde infinita de placeres que no volverán. Prometió que sería la despedida definitiva…amaba a su esposo, amaba el sexo y amaba a sus hijas. Su familia lo era todo.

– Tenemos una cita secreta.

El desconocido queda expectante, sus miradas se cruzan repetidamente con ardor.

– Estoy deseando follarte y supongo que tú también a mí.

En un momento se levanta y se dirige al baño. Él va tras de ella. Le coge de la mano y la introduce en una cabina del baño de señoras. Le empuja contra la pared y la besa locamente. Ella corresponde a sus besos apasionadamente. La mano se aventura bajo su falda, toca la braguita totalmente mojada con su flujo y el esperma depositado en su cubículo por Jaime. La arranca de un tirón. Mientras ella ha sacado la polla del pantalón totalmente enhiesta…el chico es joven y potente, escasos 25 años se reflejan en la dureza y celeridad de erección ¡Bendita juventud! La embiste contra la pared subida sobre la cadera del macho. Se deja caer empalándose en la tranca perforadora. Siente sus huevos.

La verga entra sin resistencia en su raja totalmente húmeda y lubricada de semen y flujo vaginal. Mmmm le encanta como aún es capaz de aprisionar con las paredes de la vagina. Se mueve ferozmente dentro de ella hasta arrancarle suspiros de placer.

– Quiero que te corras dentro de mí, quiero sentirme inundada de semen espeso. ¡Mójame por dentro!  Le susurra al oído. – Sabía que eras un buen macho… lo estás demostrando.

Estas palabras hacen un efecto casi inmediato… la cadera se automatiza en una cadencia demoledora. Percibe el glande recorrer todo el conducto electrizando cada terminación nerviosa a su paso, es una bala perforadora y letal para su concupiscencia, cabezona y embriagadora. Llega al fondo de la pared vaginal y vuelta a la boca vaginal. Es un vaivén que sazonan con sus bocas, sus lenguas, sus salivas plagadas de feromonas del placer. Jadeos y gemidos. La fortaleza del amigo anónimo queda demostrada en cada empellón a fondo, no deja nada fuera del coño acogedor de Simona. Los testículos golpean una y otra vez, clava a fondo expandiendo la bocana vaginal con la amplia base de la verga, dejando que exploten en ríos de lava caliente en sus rincones más íntimos.

Esa noche su esposo se ha encargado de las niñas, es su día libre de amigas, “chochete free” le llaman. Se separan rápidamente. Encantada de albergar en su útero la leche de los dos jóvenes. Piensa que solo le falta una para completar el triplete, ninguna de las corridas que tiene a buen recaudo en su vagina es de su amado esposo.

Arreglándose ante el espejo, sus miradas cómplices sonríen. El chico además es guapo ¡Qué más puede pedir! Salen separadamente del baño, el anónimo semental llega a la calle por la puerta principal, Jaime espera en la sala como si nada. Desde la distancia el acomodador, puede ver todavía el rubor en las mejillas de la señora. Las copiosas aventadas forman una ensenada de semen que borbotea por la raja de su vagina totalmente llena de ambos amantes. El anónimo se lleva los dedos a la nariz, y acto seguido camina calle abajo viendo el Audi perderse entre las calles del viejo barrio…con su amigo y la amante casual.

************

Este fin de semana me hubiera venido muy bien que mi esposa no hubiera tenido ese día de juerga con sus amigas, yo encantado de quedarme en casa con las niñas, pero en el estudio me achuchaban mucho con el proyecto y necesito acabarlo. Lo más peliagudo ya lo había conseguido, en pocas horas acabaría con el resto, pura rutina de cálculo y burocracia con los pliegos de condiciones. Me merecía un receso con las niñas.

Era un poco tarde me había entretenido demasiado con el trabajo. Sentía ansiedad y nervios, no sé porque sentía todo eso…, incontrolable. Se me ocurrió aligerar, a mi hija menor le insistí que se aseara en el baño de ellas y su hermana utilizó el baño de matrimonio, debíamos salir al parque central antes que cerraran la pista de hielo.

Inseguro de lo que podría pasar en el interior del baño, espere a que ella entrara y luego fui yo pasados cinco minutos. Por fortuna dejó la puerta abierta como de costumbre en casa, entré. Cuando me vio dentro no se inmutó, no era la primera vez compartiendo la intimidad del aseo, infinidad de veces nos hemos mostrado los cuerpos desnudos sin pudor.

– ¿¡Papi no me has dado tiempo…!? No ves que aún me estoy bañando.

Verla desnuda era un regalo para los ojos, ya no era la niña inocente de hace unos años. Berta deslumbraba súper hermosa, su cuerpecito delgado y bien formado es de los que dejan a cualquiera perplejo, por muchas veces que repares en él. Sus tetitas respingonas ya empezaban a florecer, su cabello largo cubría media espalda casi a su cintura, dejando paso a la vista hermosa de su culito resultón con dos nalgas redonditas y diáfanas por una hendidura perfecta. En su pubis se notaba un poco de vello, con una  abultada su vaginita. Quedé como hipnotizado unos segundos sin reaccionar.

– Vamos muy mal de hora cariño, y yo también necesito darme una ducha…

Sin ocultar sus tetitas ni su coñito, continuó su ducha, poco le importaba que la observase, o usase el aseo para aliviar mi vejiga…decenas de veces nos habíamos visto orinando.

– He pensado bañarme contigo hija, esta ducha es más amplia y ahorraremos tiempo.

– Vale papi, será como cuando era más pequeña y nos bañábamos juntos ¡Vamos papi!

Me quité la camisa y el pantalón, quedé solo en mis bóxer algo excitado viendo a mi pequeña…, lamentablemente se me notaba mucho más de lo deseable, al mirarla nuevamente vi su mirada dirigida al bulto del calzoncillo. Se quedó un momento observándome, entendí que en la pubertad se tiene la curiosidad de saber algo más sobre el sexo contrario… aproveché para preguntar nuevamente  que si quería que me duchara con ella. Subió sus hombros e hizo un gesto con su cara, como diciendo… “tú verás a mí me da igual”. No lo pensé un segundo para entrar de una a la ducha con ella. Percibía mi cuerpo excitado, con esa ansiedad tonta que sentía, la niña se dio cuenta.

– Déjame enjabonarte un poco.

Tome la esponja y empecé a enjabonar su cuerpo estático, no decía nada pero su cuerpo me lo transmitía todo, era algo mágico sentir el  bello cuerpo de mi hermosa mi niña.

Terminé de jabonar su cuerpo, seguidamente mis manos acariciaron sus pequeñas tetas, de pezones redonditos, de piel suave y duros. En ese momento recibí un fuerte rampazo que despertó un deseo apaciguado tantas veces por Simona. Deseaba seguir sintiendo cada parte de su cuerpo. Me preocupaba un poco que Nora acabase la ducha y viniera a nuestro aseo… también que mis manos imprudentes en su bello cuerpo no fueran del gusto de Berta, pero no sucedió así, la nena se hallaba encantada de sentir mis caricias.

Mi niña no decía nada. Continué enjabonando su cuerpo con mis manos sin la esponja para poder apreciar su piel delicada al hacer contacto con mis dedos ¡Enloquecía cada vez más! El deseo era cada vez más fuerte. Vertiginoso me despojé del bóxer, quedando desnudo frente a ella, la niña que despertaba ese mismo deseo hacia mí… queríamos sentir más. Entonces tomé sus manos y las llevé hacia mi cuerpo.

Mirándola a los ojos… – Quiero que me enjabones como yo lo he hecho.

– Papi, se te ha puesto la picha muy grande. ¿Es porque te gusta estar conmigo así?

Dijo entre inocente y pervertida. Quedé en blanco, perplejo, no sabía que responder. Mi pequeña no estaba molesta, simplemente fue un apunte a su curiosidad… comprobé que quería saber algo más sobre mi excitación… No siempre me empalmaba en su presencia.

– Mi niña, la verdad es que tú eres la culpable que la picha de papi esté así de grande. Ver y sentir tu maravilloso cuerpo, ha despertado el deseo que ocurre al tocar a mamá.

– Papi, tengo mucha curiosidad por saber porque despierto eso en ti…

No sabía que responder, me aturdí del todo, no esperaba algo tan directo, siempre pensaba que no hacía dar definiciones para explicar el instinto básico animal.

– La respuesta está en…otra pregunta. ¿Por qué te gusta verme desnudo?

– No lo sé bien Papi, cuando estás en el cuarto con la puerta entreabierta, me llama la curiosidad observarte. No espero que estés desnudo, pero me encanta verte como te bañas en pelotas… paso mucho tiempo viéndote porque me gusta ver tus músculos, tu fuerza… y tu… miró a mi erecta verga.

–…Mi verga. Afirmó con la cabeza.

Estaba en lo cierto, mi niña tenía la curiosidad de una adolescente en ciernes… le gustaba verme desnudo, ahora debía averiguar si estaba preparada para hacer o saber algo más.

– Si quieres saber porque despiertas tanto deseo en mí, sigue tocando todo mi cuerpo y lo sabrás. Quiero que conozcas que nunca he estado con una mujercita tan joven como tú.

– ¡¿Ni siquiera con tus hermanas?! Mamá dice has estado con muchas mujeres, porque los hombres tenéis que coger experiencia para hacernos el amor bien. Imagino que la tienes muy gorda porque lo has hecho con muchas y cuando eras niño, con tus hermanitas.

– Ni con ellas. Sabes mi amor, pensar que soy el primer hombre que puede contemplar tu bello cuerpo desnudo y acariciarlo me hace un privilegiado. Quiero que sepas que te amo con toda mi alma ¡Por ti y por Nora daría mi vida!

– Lo sé papá. Las dos sabemos que eres el hombre que más nos quiere en el mundo.

– No lo dudes, y si me dejas quiera besar y sentir tu vaginita. Me gustaría notar como sabe un coñito virgen como el tuyo.

– Y si mamá se da cuenta, ¿Qué pasará papi?

Cada pregunta, era un obstáculo a derribar, me hacía analizar como si fuese una persona madura.

– Mi niña no hace falta que se dé cuenta, ¿tú quieres que ella se entere?

– No quiero que os enfadéis. Pero tengo curiosidad por saber porque quieres besar y sentir mi vagina, ¿te gusta?

– Es muy sencillo, siempre he deseado saber que se siente al besar y acariciar una vaginita virgen y hermosa como la tuya. Por eso  me gustaría poder hacerlo con la tuya.

– Oye papi, mamá me contó que has follado a muchas mujeres, pero… ¿Mami no era virgen cuando la tocaste por primera vez? Eso no me lo dijo.

– No hija, a mamá ya se la habían follado otros novios que tuvo antes que yo… ya tenía 21 años cuando nos hicimos novios, por eso te digo que no sé qué se siente con un coñito tan dulce como el tuyo.

Tomé mis manos y las coloqué en sus hombros, empecé a bajarlas suavemente mientras ella las tenía en mi torso masajeándome. Arrodillado quedé frente a ella, al ver su monte de Venus impúber tan cerca, mi respiración se hizo más fuerte, lo que concebía en ese momento era loco, tenia deseos de abrazarla, abrigar y besar todo su cuerpo, pero debía controlarme para no asustarla y poder vivir ese momento que tanto deseaba. El agua caía diluviando sobre nuestros cuerpos mientras miraba su rostro encendía el deseo. La abracé un poco fuerte contra mi cuerpo.

– Me da un poco de miedo papi…

Lleve mis manos a su rostro, mirándola fijamente a sus ojos… – Quiero que me digas la verdad. ¿Deseas que acaricie tu cuerpo con mis manos y pueda sentir un poco tu vaginita? En el momento que no quieras que siga me lo dices y paro.

– Papi, sentí cosquillas en el estómago cuando me abrazaste, pero lo que me da un poco de miedo es lo gorda que tienes la polla.

– Mi niña, no te preocupes, si sientes cosquillas es porque te gusta lo que hago y despierto deseo en ti, pero si no quieres no lo hago para que no te sientas mal.

– Papi, perdóname, pero es verdad, tengo miedo que pase más cosas, eso me asusta.

– ¿Te asusta que acaricie tu vaginita y tus tetitas despertando deseo en ti…?

– Papi, es que no sé qué decirte perdóname

– Pero dime, ¿Me dejas acariciar todo tu cuerpo y tu vaginita?

– Esta bien papi.

– Tranquila, no te preocupes, tendré mucho cuidado te lo prometo.

Abrace su pequeño cuerpo mientras el agua caía sobre nosotros, con mis manos masajeaba su espalda, bajé mis manos hasta su culito respingón. La masajeaba sin soltarla de mis brazos. Percibía el latir de su corazón, despertaba el deseo en ella. Masajeaba su culo con delicadeza. Luego separé un poco sus piernas y deslicé mis dedos por la raja de su culo hasta sentir su hermosa vaginita. Al notar que mis dedos rozaban su vulva, apretó las piernas. Fue un destello de energía que recorrió todo mi cuerpo… percibir una vaginita pelada con muy pocos vellos, me excitó sobre manera.

En ese momento la solté y me quedé mirándola, coloqué mis manos en sus tetas recién florecidas, sin dejar de mirarla. Los acaricie y los besé suavemente. Se perdían en mi boca su pequeños pezones…, la sentí suspirar y soltó un pequeño gemido, le gustaba pensé. Era buena señal saberlo. No cerré la llave del todo, quería que nos siguiera cayendo el agua suavemente. Hacía rato que no pensaba en su hermana.

– ¡¿Aún tienes miedo… quieres que me detenga o deseas que siga?!

– Papi, aun tengo un poco de miedo, pero quiero que sepas que se siente muy bien tus caricias. También deseo lo que tú quieres

Bajé suavemente hasta quedar en cuclillas. Mi boca se posó en su vaginita, sus vellos me producían cosquillas, ¡se sentía maravilloso!, pero cuando mi lengua entro en su vaginita, ella volvió apretar sus piernas.

– Quiero que te relajes, vas a sentir mejor mis caricias y se irán todos tus temores.

Cerré la llave de la ducha. Tomo suavemente mi cabeza, separé un poco más sus piernas y empecé a explorar su hermosa  vaginita. Notaba su humedad a pesar del agua, una sensación maravillosa recorrió todo mi cuerpo y despertó todo ese placer oculto dentro de mí, ¡Mi hermosa niña era solo para mí en ese momento!, me hacía sentir feliz. Suavemente introduje un poco mas mi lengua dentro de su vaginita, el calor dentro de ella era más intenso y sus jugos que emanaban de ella aumentaban el elixir de mi deseo, despertando en ella el deseo de vivir esta nueva experiencia, en ese momento me olvide de todo, solo vivía el momento.

No entendía todo lo que apreciaba en ese momento, tampoco le pregunté, solo me dejaba embriagar por el deseo y la pasión de Berta despertada en mí. Probar su vaginita, una fantasía maravillosa para mí, controlar mi deseo para no hacerle daño era otro reto, no deseaba que ella temiese al sexo conmigo.

Ella seguía con sus manos en mi cabeza, nunca deseó parar… suspiraba y me permitía vivir toda la magia que producía en mi ese momento. Apretaba su culito con mis manos, tirando hacia mi boca para sentir más su delicioso chochete. Mi lengua deslizaba por sus labios vaginales encendiendo la pasión por ella, apretaba sus piernas y trataba de sacar sus nalgas, se lo impedía con la fortaleza de mis manos. La excitación era máxima, percibía que no aguantaba más. Era maravilloso comerse un coñito tan rico, el instinto procreador impulsaba todos mis pensamientos a ir un poco más allá. Creo se apoderaba de mí un deseo incontrolable que nunca noté por mi hija.

Me levanté y la abracé contra mi cuerpo, notaba mi vigoroso cipote endurecido, chocar contra su pequeño vientre. No estaba dispuesto a que nadie se interpusiera en ese momento íntimo, quería sentir totalmente a mi niña. La sí del culo para subirla un poco mas y le susurré al oído…

– Vas a notar un poquito mi glande en tu vaginita, no sientas miedo…solo será la puntita.

Se le notaba excitada con fuerte respiración tangible.

– Bueno papi, pero un poquito para que no me duela, dijo colocando sus manos en mi cuello.

Mi mano izquierda en culo y con la derecha la abracé fuerte contra mi cuerpo, mientras ella colgaba de mi cuello con sus manos y sus piernas entrelazaban mi cintura como le pedí que hiciera. Sentir la presión de sus pequeños pezones punzándome el pecho aumentaba mi deseo.

– No te vayas a soltar de mi cuello, mi niña, no quiero que te caigas.

Solté mi mano derecha y tomé mi polla enfilándola en la entrada de su vaginita. Percibí la suavidad de sus labios vaginales y empecé a frotar suavemente mi glande entre ellos…, en ese momento ella me abrazo más fuerte y apretó más sus piernas contra mi cintura, su reacción fue inmediata.

– ¿Qué has sentido…? Quiero saberlo, le dije sin dejar de rozar su vaginita con mi verga.

– No sé papi, siento como nervios por todo mi cuerpo, ¡Qué pena papi, sentir eso contigo!

– No te preocupes, no sientas pena… es normal. Me encanta saber lo que sientes en este momento, quiero saber si te sientes bien y deseas que te siga acariciando con mi polla.

– Me gusta lo que me haces papi, aunque un poco de miedo tengo si me metes todo el trozo de polla tan gorda.

Lo que ella acaba de decirme era lo que esperaba escuchar en ese momento, alentaba mi deseo por ella, saber que había despertado el mismo deseo que yo sentía por ella me ilusionaba y me da fuerzas para seguir despertando más deseo en ella.

– Ya te lo dije, estas sintiendo deseo por tu papi. Te gusta lo que te hago sentir y te da miedo porque es nuevo para ti. Ya verás que cuando tu vaginita se acomode a mí polla no querrás que se acabe nunca.

Seguía con la punta del glande frotando sus labios vaginales sin sentir cansancio en el brazo con  la que la sostenía.

– No me has respondido si deseas que te siga acariciando más con mi polla.

– Papi, sí quiero seguir sintiendo estos nervios por todo mi cuerpo.

La tomé de su cintura con mis manos y le dije que se dejara caer un poco hasta que sintiera que mi cipote tocaba su coñito, la miré a los ojos y le día un pequeño beso en su dulce boca, se estremeció apretando fuerte sus piernas en mi cintura, estaba excitada. Anhelaba en ese momento que ella me deseara, perdí la noción del tiempo, nos arriesgábamos a que la hermanita se diera cuenta. No importaba, no quería perder la oportunidad de follarme a mi niña. Solo pensaba en ello, nada más me importaba.

Mis brazos la sostenían por su espalda y su culito…, no quería lastimarla. La besé nuevamente metiendo gratamente mi lengua en su boca, correspondió abriendo su boca. En ese momento nos fundimos en uno solo, su vaginita estaba sentada sobre mi ariete erecto. Bajó sus piernas suavemente por mi orden, para que su vaginita se sentara fielmente sobre mi mástil erguido, como cuando se monta a caballito y así poderse mover sobre él. Sentí su vaginita caliente en el sensible glande, sus jugos realizaban el trabajo de lubricar tan estrecha gruta. Al apretar sus piernitas despertaba en mí una sensación maravillosa.

– Papi, se siente muy dura tu polla, pero me gusta lo que me hace sentir, me dijo abrazándome por la cintura con sus piernas.

– Cariño, no te preocupes por nada. Papi nunca te hará daño… la verga de papá solo quiere sentir tu vaginita para disfrutar de todo el placer que despierta ella en él. Papá quiere consentir a mi niña en todo, hasta donde tú lo dejes.

– Esta bien papi, quiero que sigas, creo que ya no siento miedo, estoy más tranquila y me gusta lo que siento.

Sentí como sus palabras aumentaban mi deseo, la abracé fuerte alzándola contra mi cuerpo, dejando la cabeza del estoque a las puertas de su vaginita. Al sentir que la cabeza entraba en su bocana, me adentré en otro mundo paralelo. La polla se deslizaba poco a poco conquistando cada centímetro de su gruta en cada empellón, la notaba apretar contra mi falo hinchado. Logré meter una cuarta parte de mi tranca cuando noté su himen, me recreé en él un rato metiendo y sacando sabiendo que a partir de ese momento mi hija sería mía, su virgo sería mío por siempre. El mete saca le venía bien excitando sus paredes que lubricaban mejor cada vez… no esperé más y la invadí partiéndola en dos. Percibí en mi glande la rotura de su telita, me excitó inconmensurable. 



No creo que aguantase mucho…cinco días sin follar a mi esposa y la novedad con Berta, era desmedida la excitación. Ella colgada de mi cuello se balanceaba engulléndose todo mi cipote, no es muy largo con 18 cm, pero posee un grosor que apenas puedo cubrir con mis dedos alrededor de la cepa. Mis huevos también son enormes, y los llevaba muy cargados. Fueron dos minutos de follármela a todo el tramo de verga, cuando sus gemidos eran más plausibles o fuesen un orgasmo continuo. Con excitación en su clímax explote en lo profundo de su vaginita. Mi semen brotaba a borbotones con largos y fuertes chorros de lefa espesa. Tras seis o siete aldabonazos, la niña quedó  con su vaginita atorada por mi polla y rellena de esperma, allí en  medio de sus piernas. La abracé muy fuerte contra mí y bese su cabeza, su cara y su boca. Cuando pude respirar…

– Mi niña me has hecho el hombre más feliz de la tierra, por fin se lo que se siente al acariciar a una niña virgen y desflorar su vaginita. Gracias a ti mi vida.

– Papi, te salió mucha leche de tu polla… la noté muy calentita. ¿Crees que me preñarás?

– No creo hija, la primera vez nunca pasa nada… y en las próximas veremos el mejor momento para que tu papi te pueda hacer el amor y llenarte de leche sin quedar preñada.

– No creo que me importe que me preñes… Si me haces una pancita seré más mujer.

– Me encanta lo que dices. Has logrado despertar en mi tanto deseo por ti, que mi polla se ha puesto muy feliz… por eso ha sacado todo el preciado semen de los huevos de papá para guardarlo en tu coñito ¡¡Ha eyaculado tanta leche para demostrar cuanto le gustas!!

– Sí papi, ¡¿entonces siempre demuestra tu polla así su felicidad…Soltando mucha leche?!

– Así es mi niña. De ahora en adelante creo que serás capaz de hacerla feliz todas las veces, porque encendiste la llama del amor y la pasión en ella.

– ¿Mami ya no te puede hacer tan feliz como yo…Ya no te saca tanta leche de tus huevos?

Se me hizo un nudo en la garganta, no sabía que responder… – Será nuestro secreto.

Aún la mantenía con cierta rigidez no tan dura, la tomó con sus dos manos y empezó a acariciarla, tenía semen aún en el glande y, sus manos se deslizaban suavemente sobre tronco venoso. ¡Qué sensación tan maravillosa me producían sus pequeñas manos!

– Papi está muy suave, aunque ya no está tan duro y tampoco tengo miedo. Creo que es porque me ha entrado toda en mi chochito y me lo has llenado de mucha leche, sin haberme pasado nada malo… ¡Estoy muy feliz de que me hayas desvirgado, papá!

– Nunca me cansaré de todo lo que me has hecho vivir hoy. Quiero que sepas que mi verga siempre estará esperándote a ti y tu vaginita, para hacerte sentir todas las cosas bonitas que hoy sentiste cuando te acaricio por dentro del chochete.

– ¿Me regarás por dentro otras vez de leche…?

– Por supuesto, eso siempre ocurrirá mi amor. Los testículos de papá no paran de producir.

– Está bien papi, te quiero mucho. Debemos apresurarnos antes que cierren la pista de patinaje del parque. Quiero hacer muchas carreras con Nora.

La pequeña aún no había acabado y con la ayuda de su hermana se apresuró a ponerse las rodilleras y el casco antes de salir camino del parque. Llegamos a tiempo, con la suerte que se prolongó media hora más la apertura de la pista. Era divertido verla deslizarse, sus risas rellenaba todo el espacio de mis oídos, de igual manera que había ocupado el interior de la vaginita de mi Berta… la miraba y pensaba que su coñito estaba ahora lleno de mí.

*************

La esposa llegó a casa, justo pasada la media noche. Las niñas se quedaron dormidas se sentó con su esposo en el sofá, pero su actitud era extraña, entre excitada y nerviosa, quizás la palabra era inquieta, el remordimiento de infidelidad le hacía actuar rara… su marido preguntó que ocurría, tras unos minutos de duda le largó lo que había sucedido en el trabajo. Pidió de antemano que no se fuera a molestar. No le contaría la verdad de su aventura con Jaime, el chico del reparto MRW, y su compañero anónimo. Simona tenía suficiente imaginación para excitar a su esposo con una de tantas fantasías que Pelayo confesaba en sus momentos más íntimos…tríos, voyerismo, lugares públicos y cosas por el estilo, pero antes era oportuno quitarse el aroma a semental, antes que se diera cuenta.

Pidió tiempo muerto para darse una ducha. El agua caía tibia sobre su voluptuoso cuerpo, enjabonó toda su piel, su coño fue el primero en ser fregado y aseado…llevaba tres lechadas con espermatozoides viboreando dentro de su útero, no pensó que la pudieran preñar esos dos machos sementales, solo se encaprichó y Jaime la sedujo con una de las fantasías de su marido. El agua aliviaba la irritación clitoriana al punto del orgasmo. A los pocos minutos se abrió la puerta del aseo…

– Me encanta cuando nos duchamos juntos. Nuestros cuerpos desnudos bajo el chorro caliente. Me gusta cómo me miras con ternura mientras enjabonas mi cuerpo dulcemente. Soy una niña en tus manos expertas. Fueron las palabras de cuando se conocieron.

Su esposo entró a los pocos minutos de estar escuchando la ducha sonar, contemplo el agua discurrir por su piel brillante, tersa. Se vuelve más elástica al enjabonarse, sus manos resbalan por su superficie vagando y explorando. Le excitan las manos de varoniles recorres su cuidada piel treintañera y así se lo haces saber. 

– Yo también estoy excitado, se lo dice al oído, aunque es evidente.

Siente como crece el falo entre sus manos, como un artesano modelando el barro  contemplando su obra terminada. A él también le vuelven loco sus caricias, suaves e intensas, más intensas debido al jabón y al agua que cae sobre él. Quiere tenerle en su boca, hacerle de ella. Se acuclilla en la bañera y le posee. Sus labios le besan ardorosamente. No puede pensar en otra cosa que en su lengua vibrante sobre el glande. Consigues volverle loco de placer. Le gusta mucho sentirse en su boca, que dirija su placer. 

– En este momento te pertenezco totalmente, soy parte de ti.

Se engulle totalmente el cipote, le acaricia el tronco con sus labios bajando a los orondos testículos colmados de esperma ¡Se siente desarmado, a su merced, en sus manos! ¡¡La desea tanto…!! La desea tanto que no puede esperar más. Le ayuda a levantarse. La abrazo, sus cuerpos resbalan y se acarician mutuamente. Sienten la virilidad deslizarse entre los muslos carnosos de Simona. Se funden en un beso húmedo y apasionado.

Se vuelve de espaldas a su esposo, ofreciéndole el culo reluciente. Se apoya en la repisa de la jabonera inclinándose ligeramente. El  hombre puede ver su joya asomando entre las nalgas cual hamburguesa ceñida. La abre con sus manos para su marido. Él enfila el balano entrando en ella profundamente de un solo envión… no se sorprende de lo fácil del deslizamiento hasta topar con sus grandes huevos, le recibe con su abrazo íntimo.

Se cuelga totalmente de la repisa de azulejo, parece que se fuera a romper de un momento a otro, apretada y frágil. Un gran tramo de carne venosa se mueve dentro de su útero, la siente estrujando con su coño…, le siente todo en lo profundo de su vagina. No es la más larga que ha probado esa noche, pero sí la más gruesa y sabia. 

– Quiero entrar en tu útero, quiero estar ahí siempre, quiero morir por hacerte mía cada día ¡Ten, soy tuyo! Te voy a dar mi preciado tesoro, disfrútalo, disfrutémoslo, sintamos juntos.

El tercer hombre acaba vaciando su contenido seminal donde otros dos ya descargaron, se siente llena, plena y completa. Deja que eyacule el último chorro de lefa, porque le quiere de nuevo en su boca, comérselo, saborearlo y disfrutar golosa. Ella sabe que por muchos amantes que sazonen su intimidad, Pelayo siempre está ahí…ella no es nada sin él, en su anillo de boda quedó grabado… “Soy tu, tu eres yo”

De inmediato se empezó a hacer todo tipo de ideas, pero se calmó solicitando que le contara. Desde hace algunas semanas cuando le tocaba visitar a uno de los clientes que ella atiende, de ascendencia árabe se sentía incomoda por la forma como él la miraba y por las cosas que le decía y le insinuaba. No le había hecho caso y en cada oportunidad se hacia la loca manteniendo la distancia. Sin embargo ese día la invito a pasar a su oficina como siempre para realizarle el pedido y darle el pago de las facturas pendientes cuando le preguntó que si no había notado que ella le gustaba.

En ese momento se puso muy nerviosa, le replicó que no era una buscona… era una mujer casada y que le pedía que la respetara... esas cosas de falsa contrariedad. Sin embargo el árabe no pretendía que se divorciara ni mucho menos, ¡¡Él solo la quería follar!! Y que no se preocupara porque compensaría tal hecho con preciados obsequios que ella quisiera y su esposo no le pudiera dar. Entre tanto Pelayo no aguantaba escuchándole el relato, y de inmediato ella saco de su cartera un pequeño paquete. El tipo ese le dio como un anticipo algo con lo que discutir su esposo para que todo esté claro, la cosa no tenía que ser a escondidas.

– Pelayo es un tipo liberal. ¡¡No pienso dejar a mi esposo por ti!! Le dijo, pero aún así cogió el estuche.

Simona a abrió la pequeña caja con un anillo de Bulgari dentro. Una pieza costosa. De pronto quería molerle a golpes al tipo, se le subieron los celos a la cabeza…no mencionaba palabra, se levantó y fue a buscar agua para tomar y calmarme un poco, le pidió unos instantes a su esposa. De vuelta, al más calmado le preguntó por la respuesta de su esposa, ella contesto que eso no iba a pasar y que no le aceptaba el obsequio. No aceptó la devolución, eso ya era de ella.

Simona no podía quedarse callada ante tal afrenta y, que para honrar la confianza que él había depositado en ella el día que se casaron, le debía  tal explicación… pero que ella no había traicionado los votos del matrimonio con ese tipo. Se quedó en silencio

– Yo creo que en primer lugar el simple hecho de aceptar el anillo es una demostración de que el árabe también te gusta…

En segundo lugar que me lo contara significa que ella ya ha pensado en la idea de acostarse con él y que solo estaba esperando mi aprobación. Esa fue la última frase que intercambiaron y no hablaron más la noche de ese viernes. Y el fin de semana transcurrió sin volver a tocar el tema.

Sin embargo llegado el miércoles llegue a la casa y le extraño no encontrar a su esposa y tampoco a las niñas, intentó comunicarse a su teléfono y no lo logro, no se preocupe más, tomó una ducha y luego se recostó en la cama a leer un poco…en nada de tiempo se quedó dormido. De pronto su sueño se vio interrumpido por una deliciosa mamada que a la primera le parecía un cálido y húmedo sueño, sin embargo sentía que la saliva recorría la entrepierna, despertó del todo y vio que era su esposa haciendo algo que no hacía desde varios años atrás… despertarle con una felación. Al verle despierto le clavo su mirada en sus ojos recorriendo sus virilidad con suavidad y lascivia, de pronto se me acercó a su boca…

– Estamos solos, dejé a las niñas con mi madre para venir a follarte como cuando éramos novios.

Esto lo puso a mil, se dieron un beso húmedo profundo y apasionado. Le acercó su entrepierna completamente depilada

– Me acicale el coñito ayer solo para ti

Pelayo se sentía como un adolescente, ella se sentó sobre la endurecida aldaba de su esposo y empezó a frotarse el clítoris con el glande, al tiempo que acariciaba la entrada de su vulva. Al poco rato no esperó a metérselo todo, ella estaba muy lubricada del tiempo que llevaba pensando en tal momentazo. El cipote se deslizaba vertiginosamente y sus caderas se movían con vigor en un movimiento cadencioso de adelante hacia atrás, se dejo caer en mi pecho sobre su espalda sobándose las tetas con pellizcos duros en los pezones, su esposo se encargaba del clítoris mientras sus gemidos se hacían mas fuertes al igual que sus movimientos estremecedores

De pronto sintió que la piel de su cuerpo se erizaba como preludio de un estallido orgásmico descomunal, notó acabar sus fuerzas y él tomó el releva agitando la cadera con fuerza hacia arriba con rápidas y constantes repeticiones que le permitieron acabar fundiendo en un solo grito sus desahogos de placer.

Se tendieron uno al lado del otro y hablaron sobre la excelsa virilidad de Pelayo, esa masculinidad por exceso de testosterona… aquella tarde tuvieron dos sesiones más de sexo completo, y a la noche una más…se puede decir que fue lo mejor en años. Jadearon y gozaron sin importarles que las niñas durmieran a escasos metros y lo tuvieron que oír todo. Al día siguiente una vez que se Simona desayunó de la verga de Pelayo, obteniendo su ya escaso semen. Se me acercó y le preguntó

– ¿Qué has pensado de lo que te conté sobre la propuesta del árabe?

Se lo pensó más fríamente, estaba intrigado por ver cuánto valía su esposa para ese tipo. Ella le incitaba diciéndole sería bueno intentarlo por buenos regalos, mostrándole el anillo puesto en su dedo anular.

– Solo es un business cariño, sexo vago por regalos de mucho valor.

Pelayo quedó un poco en shock, vio que Simona estaba decidida a hacerlo, así que puso la cara más madura y circunspecta que pudo.

– Si quieres hacerlo solo te doy mi aprobación con una condición.

– ¡¿Cual?!

– Que grabes con detalle lo que hagas con él… quiero escuchar todo lo que pasa cuando estéis juntos.

Ella le increpo… – ¡Pero esas son dos condiciones!

– ¡¿Tenemos un acuerdo o no?!

Ella accedió y le mantendría al tanto de todo. De inmediato le tomó la mano y la llevo a su entrepierna diciéndole en el oído

– ¡Siente como me puso tu respuesta!

– ¡¡Ahhhhgghhg!! Que caliente y mojada estoy con mi hombre… ¡¡Quiero estar en la gloria del placer con mi macho!!

Pelayo escuchaba sin creer la tremenda erección que le estaba provocando... Se acariciaba el clítoris con el glande gordo y duro de su esposo, y cada vez lo hacía con mayor fuerza, con rabia, era lo más rico que había sentido en años. Buscó el lubricante vaginal, se empapo y el exceso lo uso para cubrir el ariete. Tomó su teléfono móvil y empezó a hacer una llamada, Pelayo se hallaba sorprendido, puso el altavoz y al otro lado de la línea un hombre contestó.

– ¡Caramba que agradable y excitante sorpresa…!

– ¡¡Estoy tirándome a mi esposo y quiero que escuches lo que gozo con un cipote grande dentro de mí!!

Y de seguido se sentó sobre Pelayo, metiéndoselo de un solo golpe y gritando como una perra en celo. Puso sobre el pecho de él, el teléfono, el hombre decía la solicitaba

– No te oigo puta, ¡será que ese palo no es tan grande como dices! ¡En cuanto goces el mío no vas a poder caminar! ¡¿Dime qué quieres que te haga puta?! ¡¡Dile a tu esposo que quieres que te folle!!

Pelayo escuchaba obnubilado, ella se batía con fuerza metiéndose todo el falo hasta los mismos huevos…era fácil con tanta mezcolanza de espermas lubricando su abocardado coño. Gemía, sudaba y gritaba como loca.

– Sí, sí, sí quiero follarte Mohamed, quiero que me castigues como está haciendo mi esposo. Quiero tu verga bien adentro y comprobar si tienes pelotas para PREÑARME.

Dirigiéndose a su marido… – ¡¡Dame nalgadas!! ¡Pégame, vamos cabrón pégame!

La volteó poniéndola boca abajo, puso el teléfono cerca de su boca, colocó una almohada bajo su vientre y empezó a darle nalgadas. Ella gritaba fuera de sí como una puta

– ¡¡Ábrete el culo perra!!

Se abrió las nalgas para que su marido eligiera el agujero correcto… le dejó el culito en bandeja y de inmediato se la clavó hasta el fondo. Ella solo emitió gruñido.

– ¡Ummm qué rico! En mi culo es lo mejor

El hombre al teléfono seguía diciéndole lo puta que era y lo mucho que la iba a follar  cuando lo fuera a visitar.... Lo había puesto muy excitado, necesitaba de las atenciones de la señora para que fuera a sacarle la leche.

– ¡Trae a tu esposo para que vea como te voy a hacer tragar toda mi lefa, perra!

En ese instante empezaron a moverse con mayor fuerza y rapidez, en pocos segundos se erizaron y al unisonó comenzaron a salir los fluidos acabando con un polvo demencial como nunca antes. El apretado ojal hizo su efecto explosivo en los huevos de Pelayo, las palabras de su caliente esposa y la situación que escenificó con aquel tercer hombre invitado, fueron el detonante del mejor orgasmo de su vida. No podía creer como se había sentido en aquella situación a tres con su esposa como protagonista.

Ella quedó en la cama. Empezó a llorar, estaba ahogada entre llanto y risa, mientras se tocaba su entrepierna suavemente…el clítoris a esas alturas lo tenía bastante irritado. Pelayo tomó el móvil quitándole el altavoz.

– ¡¿Te ha gustado lo que has oído?!

– Cuando ella llegue a tu casa caminando con las piernas abiertas y con problemas para sentarse sabrás que YO me la follé. En ese momento sabrás que lo que hicisteis hoy no se puede comparar con lo que yo le voy a hacer reventándole el coño. Ese día también te vamos a llamar para que la oigas gozar gritando… ¡Mohamed PRÉÑAME!

Finalizó la llamada entre cabreado y excitado. Se sentó en la cómoda de la habitación sintiendo emociones nuevas que jamás pensaba que pudieran existir. Era extraño saber que su amada y entregada esposa deseara follar con otro hombre, que además se lo dijera tan abiertamente…, además acababa de tirársela por el culo, donde nunca antes ella le permitió entrar…hoy fue la primera opción. Todo era muy raro, pero no le dio más vueltas disfrutando del momentazo más placentero de su vida. Se hallaba con la sensación de después de haber montado en una montaña rusa. Sin embargo su cabeza lucubraba sobre si sería cierto que ella solo pensaba en follárselo. Era rabia y celos, no obstante había servido para tener el mejor polvo en mucho tiempo.

La semana siguiente se iba a producir la tan esperada visita al árabe… pero en realidad no hubo ningún tipo de tales características. Todo fue un montaje para darle vidilla a su relación anodina. Ciertamente la voz era de un chico marroquí que se prestó al montaje por 20 €, la mejor inversión de su vida, dio tan buenos resultados con el semental de su esposo le propuso la versión trío para gozar más de sus polvos. Aquella noche, aquella llamada acordada, fue sin duda el punto de inflexión de su decaído matrimonio, pensó Simona, sin saber que los acontecimientos dentro de casa también aportaron un nivel supremo al sexo en casa, en familia. Los deseos de su marido hicieron cavilar como complacer a su esposo  partiendo de sus fantasías y, de paso pulgar sus devaneos con Jaime y el anónimo amante del cine. ¿Cuál sería la sorpresa que la señora de la casa le prepararía a su marido?

*************

Simona me desveló el secreto del increíble polvo con aquel moro tras el teléfono, pero deseaba darme una sorpresa a modo de regalo por ser tan buen amante. Yo solo puedo decir que estoy felizmente casado con ella desde hace doce años, justo los mismos que tiene mi nena mayor Berta, dos menos tiene la pequeña Nora. Mi esposa Simona ya tiene cumplidos treinta y cuatro y yo seis más a punto de la cuarentena…, me ha dado las dos niñas más hermosas del universo, no me hacen feliz sino lo siguiente. Una delicias escucharlas desde mi oficina en casa, aún discutiendo, en esa ocasión se oía hablar a Simona con la pequeña Nora, no entendía muy bien de qué hablaban.

– Mamá me aprieta mucho el sujetador.

– A ver cariño, intentaba cerrar el corchete pero las tiras no daban más de sí. – Como es posible, si te lo compramos a principios de año.

Simona se quedó mirando el pecho de su hija y era mucho más grande de lo que se espera a esas edades. Siguió oteando todo el cuerpo de la niña y el cambio también era más que sutil en sus caderas y la vulva era un monte de Venus bien hinchado.

– Hija lo tienes todo mucho más grande.

– Desde hace unos día me duelen los pezones…mis tetas han crecido mucho ¿Eso es malo mamá?

– No hija, como va a ser malo. Te estás haciendo una mujer muy rápido, nada más.

Esa misma tarde Simona pedía cita en el ginecólogo de confianza, el que siempre le atendió con los embarazos de las niñas. Sin pudor Nora se encontraba despatarrada dos días después en la consulta del Doctor Benito, auscultaba la vagina de Nora con detención y bastante interés, Simona desde su posición lateral observó como al profesional de la sexualidad se le ponía dura la polla. Pensaba que era normal, un hombre es macho en todo momento, y eso le iluminó cual sería la sorpresa en forma de regalo para su esposo…, aquello que la redima de sus incontrolables e injustos actos de infidelidad con el repartidor de MRW y su amante anónimo, y de paso cumplir uno de tantas fantasías de Pelayo de tener un trío a la par que desvirga a su nena pequeña.

– Según los análisis Nora tiene una cantidad elevada de estrógenos, y eso hace que su desarrollo sea vertiginoso…

El Doctor comentaba a la madre que las niñas suelen entrar en la pubertad entre los 8 y los 13 años de edad, pero que Nora había pasado toda la evolución de cinco años en tan solo cinco meses. La cría ya tenía un desarrollo mamario de una niña de 14 o 15 años, suele ser el primer signo de pubertad en la mayoría de las niñas le decía mirando con cierta lascivia a las tetas de la pequeña y luego las bien desarrolladas de la madre.

– Lo normal serían unos bultitos del tamaño de una moneda de 5 céntimos de euro por pezón, pero Nora ya los tiene más grandes que una moneda de 2 euros.

No es raro que el crecimiento de los senos comience primero por un lado y luego por el otro, continuaba el doctor. También es habitual que los botones mamarios estén un poco sensibles o adoloridos. El crecimiento desparejo de los senos y el dolor son cosas absolutamente normales y suele mejorar con el tiempo. En cuanto a la vulva, no hay un motivo, solo que tendrá una vulva voluptuosa y un clítoris gigante debido a la producción de estrógenos hasta que se regule su cuerpo…en un periodo corto puede que le llegue la regla.

A la vuelta del ginecólogo Simona comienza a poner en marcha su plan…encuentra a Pelayo en el jardín podando los cerezos…  

– Quiero decirte algo que no sé cómo lo vas a tomar pero tengo que decírtelo

– No me digas amor ¿qué pasa?

–  Se trata de Norita.

– Sí ¿qué pasa con ella?

– Mmm, bueno la llevé al ginecólogo

– ¿Por qué? ¿Está enferma? ¿Qué le pasa?

– No nada, por primera vez a esa edad es cuando hay que ocultarla para ver cómo se desarrolla su vagina… si tiene bien la mucosa, el útero y si pueden preñarla.

– Entonces está bien, todo correcto…no está enferma.

– Así es, no está enferma y lo tiene todo muy bien para ser en el futuro madre. Es solo que no se si te has dado cuenta pero Norita tiene una vagina muy grande para su edad.

– Bueno, no me he fijado mucho en las vaginas de las niñas. Intentó ser lo más convincente posible, y que no se le notara en la cara como mentía descaradamente a los pocos días de haber desvirgado a Berta… –  mucho menos en la de Norita.

– ¿Desde cuándo no la has visto desnuda…?

– El de Berta hace una semana cuando se duchaba y el de Nora mucho más… unos meses.

– Bueno Anita no es el tema es solo Norita.

– De acuerdo, dime Simona

– Mira mi amor, Norita tiene ahora una vagina bien grande con unos labios vaginales superiores bien gruesos y los internos son carnosos en forma de mariposa muy sobresalientes para una niña de diez años… no digamos las tetas, bien grandes. ¿¡Creo que en eso sí te habrás fijado porque salta a la vista!?

– Sí, claro en sus tetas sí.

– Con decirte que sus tetas son más grandes que las de su prima diana y eso que ella tiene 12 años y ni que decir de Berta, que ahora comienzan a despuntar.

– Cada una ha salido a una familia, Nora a ti y Berta a mi familia.

– Ya, pero el caso es que me he puesto a comparar su chochete con el mío, y te digo que es casi igual… en un par de años será más grande. Le pregunté al médico que si eso era normal. Tras examinarla me dijo que es un caso muy especial, pero que no es alarmante que se dé en algunas niñas, como en algunos niños les llega a crecer la verga más de 15 cm a los diez años como a la raza negra… vamos que no nos preocupe que es debido a un exceso de segregación de la hormona del crecimiento. Pronto parará de suministrar tantas feromonas y se regularizará a niveles normales, pero de momento es más hembra que todas las chicas de su edad, adelantándose cinco años más o menos.

– Bueno amor, si el ginecólogo dice que no nos preocupemos, pues no nos preocupemos…, pero mi amor más grande que la tuya no lo creo, porque tú tienes el coño bien grande y rico. Es el coño más tragón que he conocido…

– Pelayo ya sé que has conocido muchos coños, tu polla ha estado bien servida…pero lo que quiero es que tú la veas… que te fijes bien en el chochete de Norita. Tu experiencia de tantos años follando coños maduros va a servir para que des una opinión certera y fiable.

– Como quieras mi vida. ¿A ver para qué deseas tú… que le examine el coñito a mi niña…? ¿Solo para vérselo y darte la razón…dime para qué?

– Joder Pelayo, es tu hijita. Quiero que veas que tiene un conejo bien grande, mi amor.

– ¡Ay nena! Eso de estar revisándole la vagina a mi hija no me parece bien.

– Amor no te sientas mal, ¿Cuántas veces las has aseado, se lo has tocado y la has visto meando mientras tú te cepillas los dientes o te duchas…? El cuerpo de nuestras niñas no puede ser un secreto para sus padres. Cualquier cambio, o cualquier cosa nos alertará.

– ¿Y cuando lo hacemos?

– Hoy mismo mi amor por la tarde en la siesta cuando Sandra y ella se acuesten después de almorzar, la llamo a nuestro cuarto y entre los dos la miras.

– Está bien, tú ganas como siempre.

Pasó la mañana normal, volvimos a patinar en el parque en las horas que teníamos reservadas. Hicieron los deberes… todo normal en la comida como siempre entre risas y complicidades, las adoro a las tres. Tras recoger la mesa y poner el lavavajillas las niñas se marcharon a su cuarto. Simona acostó a Anita y la cobijó, pero a Nora la trajo a nuestro dormitorio

– Cariño vienes conmigo al cuarto de nosotros. Le susurró al oído a la niña

– Yo también, dijo Berta.

– No mi reina, tu tal vez otro día, papá y mamá tienen que ver a Norita.

Mi esposa entró al cuarto con Norita de la mano y ella venía con su camiseta larga que hacía bata…se le dibujaban sus braguitas rosas… se trajo un peluche de felpa, un osito blanco. Yo estaba en calzoncillos recostado en la cama y cuando mi niña me vio salto a la cama corriendo

– Hola papi, aferrándose a mi cuello me dio un besito en la boca.

La abrace apretándola contra mi pecho… –  Hola mi amor ¿cómo estás?

Simona se subió a la cama… – Mira mi Reina te vamos a hacer unas cositas que van a ser nuestro secreto. Son cosas que hacen los papás a sus hijos para que estén bien y no tengamos que llevarte al médico.

Mi esposa arrodilló a la niña a mi lado, y empezó a sacarle su camiseta de dormir por encima de su cabecita mientras ella colocaba su peluche a un castado mío, luego la recostó contra su pecho y con las dos manos le empezó a bajar las bragas hasta la mitad de sus muslos mostrando toda su hermoso monte de Venus. La miré por primera vez como hombre, no como padre. Sus tetas eran bien grandes como dos naranjas bien redondas, casi se juntaban dejando un espacio muy pequeño entre si y unos pezoncitos sobresalientes. Mi mujer terminó de desnudarla por completo.

– Mira amor mira estas bonitas tetas que tiene tu hija pequeña.

Se las apretaba con ambas manos y luego bajo una mano hasta la raja de la niña

– Sí, mira que chochete. ¿No me digas que no es bien grande para su edad?

Boquiabierto lleno de morbo viendo semejante cuerpecito exuberante como pocos.

– ¡Guau! Hacía tiempo que no te lo veía… sí mi amor sí que tiene con qué orinar

La niña se reía divertida dejándose hacer casi inocentemente. Me puse de pie en el suelo, la llamé a mi lado y la tomé por debajo de sus axilas. En un gesto suave, sus 45 kg eran una pluma para mí…, la acosté atravesada en la cama con sus piernas colgando, tomé cada una de sus piernas y se las abrí. Agachado acomodándome en medio de ella contemplé esa raja de tan cerca que aspiraba ese olorcito a coñito infantil, limpio con efluvios de niña impúber

– ¡Vamos amor dale un besito! La nena lo está esperando ¿Verdad que sí cariño?

La cría no contestó, acerque mi boca y le di un beso en toda la parte donde nacía la  hermosa raja. Con mi lengua empecé a buscar entre sus carnosos labios el interior caliente y rojo hasta llegar al pequeño botoncito que estaba metido en esos gruesos labios vaginales de niña bajo el pliegue de su capuchón. No tarde en encontrarlo…era más grande de lo que imaginé en una nena de tan corta edad. Empecé a jugar con el haciéndole círculos, la niña empezó a pronunciar palabra casi inaudibles entre jadeos… me pusieron bien tieso.

– Dale un besito con la lengua en el clítoris, la niña lo tiene muy dolido por lo grande que se le ha puesto a la pobre… ¡Necesita los mimos de su papi!

La verga alcanzó la rigidez de crucero en pocos segundos oyendo a Simona…, su ojo miraba el espectáculo de mi Nora derritiéndose de gusto con los lametones que le procuraba su padre, y los huevos colganderos rozaban la alfombra del dormitorio.., las manos de la madre sobaban sus tetas de la ninfa, sus pezones erectos denotaban la excitación de la nena. Simona besaba sus carnosos labios dándole aliento y humedad, resecos por la hiperventilación de la excitación.

Sin dejar de chupar ese clítoris subí mis manos y tomé las tetazas apretándolas y juntándolas de modo que los dos pezones se juntaron y eso la hizo estremecer soltando más y más fluido vaginal…sabían a gloria aquel néctar. Mi mujer se acerca con voz sensual y lasciva para ponerme cardiaco perdido.

– Amor, ¿te gusta la rajita de tu hijita? ¡¿Verdad que no mentía cuando te dije que tiene un chochete enorme?!

– Claro mi cielo me gusta mucho. Los coñitos de las niñas son lo más rico de la vida. 

– Creo que se le ha desarrollado su cuerpo por un motivo… ¡Nuestra Nora está preparada para ser mujer…!

– Yo también pienso que un padre debe ser quien haga mujer a sus hijas…por derecho.

– Me alegro que te guste la idea, porque es lo que pienso yo ¡Te tengo una sorpresa…!

Retiro mi boca mojada de los jugos de la niña… – Estoy deseando ver que me has preparado, pero de momento déjame disfrutar un poco más del rico chochito de mi niña.

– Por supuesto…ella también lo está disfrutando mucho y lo necesita… con tu boca la está aliviando mucho de la quemazón de coñito que le ha dejado el doctor. El muy cabrón puso caliente a la niña con auscultarla ¿Verdad mi amor?, se dirigió a su hija casi hipnotizada.

Simona se acercó al oído de sus esposo y le confesó que de no haber estado ella presente en el examen vaginal a la niña, el doctor la hubiera desflorado de como se pudo de burro, pero lo bueno es que está enterita para que la estrenes tú ahora…

– ¡Qué bueno tienes el cipote mi amor!

Me puse de pie soltando las tetas de vero y mi mujer sentada en el borde de la cama junto a Nora, agarró mi tranca tomándola con las dos manos.

– ¡Uy mi amor que dura la tienes! ¡Umm, está perfecta para perforar coñitos tiernos…!

– Mira cariño. Dirigiéndose a la niña y sujetándome los huevos como sopesándolos. – Papá tiene los huevos más grandes que nunca verás… ven tócaselos, verás que pesados los tiene. Son más grandes que los un caballo ¿Recuerdas aquel caballito del desfile?

La niña imitó a su madre y con su manita intentó albergar las pelotas con el cuenco de la mano. Sonrió al agarrarme los huevos. Me sentía el rey del mundo con mis hembras adorando mi par de pelotas y mi falo. La excitación se convertía en dolor testicular…

– ¿Verdad que pesan mucho?

– Sí mucho. Están blanditos…me gusta lo suaves que están y como se mueven dentro de la bolsa. Nunca he tocado nada así de blando.

–  Eso es porque los tiene llenos de leche, mucha leche y están flotando en ella… ¡Toda esa leche es para ti si la quieres! ¡Papá es capaz de sacar un litro si te portas bien!

– Sí, si la quiero ¿Me la darás papá?

Simona no me dejó contestar, le pego dos lengüetazos que me hicieron estremecer, mi niña se incorporó. Nos miraba mientras le puse la mano en su carita y me chupaba el dedo gordo de mi mano izquierda. Simona suelta la tranca, se pone de pie y empezó a quitarse toda la ropa mientras nos íbamos besando en la boca y me va diciendo que le ponga la verga en medio de las tetas. Subí a la cama y coloqué una rodilla a cada lado de mi hija, quedando mis bolas posadas en su ombligo y la cabeza de mi verga cerca de sus tetas, la niña se acomodó bien y como si supiera lo que yo iba a hacerle se cogió cada una de sus tetas y las separó.

Pensé que Nora era puro instinto… me mira a los ojos como autorizándome. Mi verga empezó a entrar en medio de sus tetas que por mucho que ella se las separaba entraba apretada, cuando la punta de mi Berga toco su barbilla ella cerró sus tetas quedando mi verga presionada por la mitad, yo empecé a deslizarme un mete y saca entre las tetas como si me la estuviera follando. Ella se arqueaba subiendo su pecho hacia arriba, mi polla pasaba por encima de su boquita casi hasta su frente y regresaba…, cuando volvió a subir la niña sacó su lengua y la puso en toda la cabeza. Empezó a moverla en todo rededor del glande mientras me la apretaba con sus tetas.

Su madre se acostó al lado de su niña y empezó también a pasar su lengua por el estoque, lo mojaba con su saliva mientras la niña apretaba sus tetas con ambas manos. No aguantaba más mi erección, tomé las manitas de la niña y las separé, saqué mi polla del medio de sus tetas. Tomando cada pierna de la niña, las abrí y la raja de mi hija pequeña quedó abierta. Se veía jugosa bien mojada. La arrastré hasta el borde de la cama con mi mujer besándola en la boca al mismo tiempo que le acariciaba las tetas, yo con tremenda excitación sosteniendo sus piernas en cada mano.

Acerqué mi Verga a su coñito pensando que solo sería un ensayo, sin intención de follármela, pese a su gran coño es una niña y tal vez le haga daño con el desvirgue. En realidad no podía contenerme mucho, solo me convencía en meterle un poco, no puedo contenerme voy a meterle solo la puntica. En esos pensamientos agarré el mostrenco por la mitad del tallo y lo enfilé a su raja. Cuando mi niña sintió el glande entre sus labios más cerca del clítoris que de la entrada, la nena muy arrecha llegó con sus manitas, tomo sus gruesos labios vaginales y se abrió el chochete mostrando cuanto mojada se hallaba la ninfa.

– Vamos cariño, tu hija te está esperando con el coñito abierto… Míralo Pelayo que húmedo lo tiene la nena… ¡Ese chochete está pidiendo la verga dura de papá!

– Es precioso y está muy calentito…

– Sé que te gustan así… por estrenar ¡Fóllaselo! Y ¡Haz una mujer de tu hija pequeña!

Su madre no cejaba de chuparle la su boquita y acariciar sus tetas de pezones enervados…, todo estaba servido para mí, aun con un poco de temor empujó mi verga. Asombrado vi como el cabezón se hundió. Sentí la agradable sensación de una gruta calientica y suave, empujé un poco más en la lubricada cuevecita infantil de labios carnosos…un coño mofletudo y apretado. El mazo se deslizó hasta más o menos la mitad, volví sacando todo lo metido y miré de cerca la raja abierta raja y, no aprecié rastro de sangre me sorprendí, preocupado…

– ¡Nora no parece virgen!

– Sí lo es, lo ha ocurrido es que el ginecólogo en la auscultación del conducto vaginal, rasgó el telo con la prueba de “papanicolau” que es con una pinza en forma de pene.

– ¡¿Entonces tiene el himen roto por eso…?

– Así es, pero el doctor me comentó que aún le quedaba un poco y con lo gorda que la tienes, en cuanto se la mentas entera, vas a romper lo que le queda de telo. Lo importante cariño no es quien labró la tierra primero con un instrumento frío y metálico, sino quién la va a labrar con una verga de verdad bien caliente y dura… la encargada de sembrarla.

Los ánimos de Simona me ponían a mil, coloqué de nuevo en su entrada el glande hinchado y dolorido de la presión que ejercía la sangre durante tanto rato. Empujé despacio pero sin parar y se la metí toda. No lo podía creer, mi niña de diez años ya no era virgen, y nunca más lo sería. Boquiabierto miraba como mi cipote se enterrada hasta el corvejón en esa raja. Nora solo lanzaba gemidos. Mi esposa se separó de su boquita y vino hacia mí y me besé en la boca con restos de saliva de nuestra niña. Nos envolvimos en un beso bien húmedo. Su lengua luchaba con la mía, acariciaba sobre excitada mi cuerpo con ansiedad.

– Mi amor ¿te ha gustado la sorpresa?

 –  ¿Cuál es la sorpresa Simona…?

– ¡Cuál va a ser! Desflorar a la más pequeña… ¡Ya has desflorado a tus dos hijas! Y esta que es bien pequeña, fíjate como disfruta de tus pollazos. Parece que fue ayer cuando me preñaste de Nora, y ahora es ella la que está dispuesta a que la preñes.

– Es una gozada desvirgar a una nena sin manchar.

– Pues claro que sí mi vida, eres quien la estrena y sin embargo la niñita ya estaba rota.

– Eso estoy viendo. Se la metí toda y ni se quejó.

– Claro mi amor, es una nena de coño bien tragón como su madre... ¡Sigue follándotela! ¡No le detengas! Clávasela con pasión. Haz que se dé cuenta como la perforas, ¡¡Jódela igual que a unas de esas putas callejeras baratas con las que tanto has disfrutado!!

Esas palabras de mi mujer me pusieron bien cachondo, siempre fui sincero con ella y siendo más joven, aún de novios, se me elevaba la testosterona tanto que ella no podía conmigo, así lo resolvíamos yendo a un polígono cercano para ver cómo me follaba a varias putas por 10 € el polvo. Recuerdo que ella era una asistente muy activa… y tras correrme dentro de sus coños, ella se encargaba de dejar bien limpia la polla con su boca de ninfómana. Ahora mis niveles son más bajos, pero aún soy capaz de echarle tres polvos seguidos y hasta cinco en casos excepcionales con un poco de ayuda azul.

Solté los piececitos de mi niña, me acomodé encima de ella tomando su carita en mis manos y la empecé a besar con dulzura y lujuria a intervalos. No pensaba en la nena a modo de ser una puta, pero casi. La niña correspondió a mis morreos lascivos, pensé que internet estaba siendo un lugar de tutoriales del sexo para esta nueva generación “Sabían besar con lengua y follar como ninguna otra en la historia de la humanidad” Con nuestras lenguas entrelazadas abrazó mi cuerpo con sus piernas alrededor de mi cintura, le daba fuertes y profundos pollazos…la follaba duro y madre se masturbaba viéndonos y a ratos me daba a chupar su coño extrayéndose el clítoris bajo el carnoso capuchón.

– Así mi amor… ¡Húndesela entera hasta los huevos! La nena puede con tu verga entera y tú con las dos ¡cómeme también el coño… LO NECESITO CABRÓN!

– Sí, vaya que sí. Eres bien putita mi pequeña ¡Menuda sorpresa para papi!

La nena no decía nada, solo soportaba con austeridad estoica los profundos puyazos a los que era sometida por el falo paterno. En cada incursión, notaba como se abombaba su barriga al alberga todo el trozo que le estaba metiendo…ella solo gruñía un poco exhalando buena parte del aire de sus pulmones. Cerraba los ojos al percibir mi glande en su útero. 

– Sí que eres bien puta. Le replicaba su madre. – Mira cómo te tragas toda la verga de papá… y eso que solo tienes diez años, cuando tengas veinte necesitarás la de un caballo.

– ¡Toma puta, toma! Le hacía notar mis huevos aporreando su culo una y otra vez, loco.

Mi mujer cerca de nosotros, sentada al lado no dejaba de acariciándole su cabello y de alentarla con lo buena niña y hembra que era conmigo… –  ¡¿Ya estás contenta mi cielo… eso era lo que querías, verdad?! Necesitabas que te quitaran el ardor de coñito que tienes en tu clítoris y en tus pezones… ¡Te están tirando muy fuerte al crecer tan rápido…!

– Me gusta mucho, mami. Así Aaaggg! Esto es lo que necesito papi ¡Dame más…!

– Esta nena se porta como una putita… mi amor es toda una putita.

Continúe dándole verga a mi pequeña hija unos minutos más, pero lo que no tiene remedio no tiene forma de ser remediado, la leche me hervía en las pelotas, la sensación orgásmica me nacía desde mis huevos hasta la cabeza a punto de reventar. La presión en mi cuerpo era como pocas veces recordaba. Mi esperma estaba bien macerado, sin eyacular en tres días, se había acumulado un cantidad ingente de semen dispuesto a rellenar una vaca sin fuera necesario…no solo mi polla es recia y los testículos gordos como de caballo semental, es que la eyaculación se asemejaba a la equina en tales circunstancias de incuria… y de pronto todo se me obnubilo y se abrieron las compuertas del placer.

– ¡Ummm! ¡Me voy a correr ya nena!

– Sí mi vida échale tu leche dentro, seguro que a ella le va a gustar y lo necesita para aliviar su quemazón de coñito ¿Verdad que te gusta que papá te lo riegue con su esperma?

Miró a mi pequeña, sus ojos los tengo a escasos diez centímetros de mi cara y le pregunto si desea que me corra dentro de su útero… – Dime mi cielo, ¿lo quieres dentro?

– Sí papi, quiero que me llenes con tu leche. La explosión fue inmediata nada más oír su consentimiento… – ¡Aahh sí papiiii! La noto caliente… ¡Échamela toda papá!

La enterré en lo más profundo de su coñito, aventando el primer gran chorro y un segundo igual de poderoso de leche espesa. Ella gemía notando cada aldabonazo. Sentía su cuerpo tenue y pequeño bajo mi mole aguantando firmemente los empujones que le solicitaba. Era una ricura escuchar a mi niña con su vocecita infantil, declarándome que le descargaba toda mi lefa en lo más hondo de su ser. Me quedé unos segundos recuperando el resuello de la carrera al orgasmo más feroz en años.

Cuando me encontré más calmado, desterré mi badajo del coñito de Nora recién sembrado con mi semen. Tanto su madre como yo, no pusimos a la expectativa de ver salir mi glande de su raja, seguido de un reguero de esperma como lava derramándose por le perineo a su culito y de ahí cubriendo una gran mancha blanquecina en las sábanas. La cría suspiraba profundo y su madre no estaba menos satisfecha… se había masturbado dejando una buena mojada debajo de su coño

 – ¡Uufff que polvazo te ha echado papá mi princesa! ¡Te has portado como toda una campeona!

– Papá me has hecho gozar mucho…

– Y tú a mí me has hecho muy feliz.

Mi niña se volteo y se subió encima para alcanzar a darme un beso sonoro y abierto en la boca. Era una ninfa divina, nunca imaginé a mi pequeña Nora tan entera tras una batida de sexo de más de un cuarto de hora penetrando su estrecho y suculento coñito. La nena recién estrenada para el resto de su vida, se encontraba feliz.

– No papi, has sido tú quien me hizo muy feliz… ¿Volverás a hacérmelo otra vez?

– ¿Hacerte qué mi amor?

– Follarme, quiero me la vuelvas a meter en mi coño para curarme otra vez con tu leche.

Miro a mi mujer ella, me sonríe coqueta y cómplice de todo lo que allí ocurría… – ¡Tú verás!

– Claro que si mi princesa… desde hoy en adelante te voy a dar mi crema todos los días.

– Síii yupiiii papi, te quiero mucho ¡¡mua!! Me enseña el clítoris remangado se el capuchón. – Mira papá ya no lo tengo tan duro… no me duele por la leche que me echaste dentro.

–  Ya vale hija, ve a dormir la siesta con tu hermana…, papá y mamá necesitamos hablar.

La niña se agachó a recoger su peluche y apuntó su culo hacia nosotros…pude ver su chochete colorado y semi abierto chorreando semen. Salió para su cuarto caminando muy natural con un reguero por su pierna de leche recién ordeñada de mi polla

– Adelante mi amor, ¿qué quieres saber que no sepas ya?

– Solo dos cosas… primero quien la rompió de verdad

– Es cierto que le rompió el himen el doctor Benito en la auscultación, de buena gana se la hubiera zumbado allí mismo si no estoy delante. ¡El cabrón tuvo una tremenda erección! Ya he cambiado de ginecólogo a la doctora María Encarna, lo decidí nada más salir de la consulta e hice los trámites. En todo el tiempo no se le bajó la hinchazón al muy cabrón.

– Te creo mi amor…

– Ahora tú me vas a decir que pasó con la mayor… porque sé que también está rota por ti.

– No pensé que iba a pasar aquella tarde que te fuiste con tus amigas, antes de ir al parque nos duchamos y Berta y yo compartimos la misma ducha…pero ya no fue como otras veces.

– Quiero que sepas que más de un hombre, creyéndose muy macho, me ha propuesto follarse a las niñas… bueno más a Norita que a Anita, ya sabes tú por lo de su anomalía. Todos piensas que debe ser muy excitante probar su chochete  y mamarle esas tetazas que está echando.

– ¡No lo puedo creer es solo una niña! ¡¿Quiénes son esos Hijos de Punta?!

– Tranquilo que me tienes a mí para defender a mis crías como una leona, me vasto y me sobro para mandar a tomar por el culo a esos salidos… ¡Por mis hijas mato!

– Lo sé, eres toda una hembra en todos los sentidos… ¡pero querer follarse a unas niñas!

– Sí claro niñas. Todos los machos sois iguales… como que tú no te las acabas de follar como si fuera la más vil de todas las putas.

– No te lo niego el polvazo el que acabo de tener con mi pequeña…Es la hembra más joven que me tirado en mi vida porque ella lo pedía y tú lo justificabas, que conste.

– No te voy a negar que te la he puesto a huevo, como se la ponía a Felipe II, y a ella la he convencido para que se entregue, con el fin de curar su molestia de crecimiento desmesurado… Le he dicho que la leche de la polla de papá es la mejor receta para tener un cuerpo como el mío sin quemazón de coño ni tirones en los sensibles pezones… la pobre niña se ha marcado convencida.

– Ya lo creo, y pidiendo una segunda sesión enseguida.

–  ¿Y cuál la segunda pregunta?

– Cuando estaba follándome a Norita tú le preguntaste que si era eso lo que quería.

– ¡Ah eso! Lo que pasa, es que ellas nos han visto follando bastantes veces, últimamente somos un pocos distraídos con nuestra intimidad…, y tanto Berta como a Norita se les metió la idea que fueras tú quien las desvirgara… Como ya te imaginas en principio yo no quería pero Norita insistía tanto que ya no la soportaba y cuando le dije que le ayudaría se puso muy feliz. Me pidió que te dijera que la trataras como me tratas a mí, cuando me estás follando.

– ¿Y cómo creen ella que te trato en la folladas….?

– Ya viste Pelayo lo que pedía la niña… COMO A UNA PUTA.

– Bueno mi amor, otro día vamos por Berta… prepárate porque esa es bien caliente, ya lo sabes…a ella también le gusta que la traten como puta, a esa tipa le gusta que le den verga. Se ve que la has viciado bien

– ¿Por qué dices “esa tipa” siendo tu hija?

– Que quieres que te diga, me llena de morbo tratarlas como putas perras viéndolas follar tan jovencitas con un macho tan fornido como su padre ¡Es maravilloso! Me hace feliz que todos seamos felices en casa. Tú cumples esa fantasía de follar con las niñas, yo de participar con vosotros teniéndote para mí sola después… esta manera rebajas las ganas y me follas con mayor dedicación. ¡Me encanta tenerte horas perforando mi coño o mi culo!

– Eres única Simona, me das todo lo que necesito, por eso nunca te pondré los cuernos.

– Lo sé precioso, te mereces todo lo mejor del mundo… y lo mejor para un semental como tú es que puedas tener tres hembras para saciar su testosterona, corriéndote dentro de nosotras las veces que desees entiendo que lo consigues… ¡Eso sí que es maravillosamente excitante uff! Notar tus chorros de lefa dentro del útero, tus bramidos, tus empellones aporrándonos con tus gordos cojones. Eso me pone a mil como una perra. Y después el apoteósico final… Que sepas que eyaculas chorros muy potentes que se hacen notar en el cubículo vaginal, se sienten como lava tibia rellanándonos ¡Eres muy especial!

Continúa...

Tomado del excelente blog https://sesionesorgasmicas.blogspot.com/

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