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miércoles, 16 de septiembre de 2020

Historia de Ana, su hermano y su novia


Cuando Lucía comenzó a salir con mi hermano Jesús me llevé una gran alegría. Lucía y yo éramos las mejores amigas desde la infancia. Lo que no imaginaba eras que con esa relación se iniciaba una tortura psicológica que me llevaría a plantearme mis límites y mi visión de la realidad.

Al principio todo iba muy bien. Jesús y Lucía parecían felices. Yo había ganado una hermana. Nada más comenzar su relación, Lucía y yo nos prometimos que nuestra amistad no se veía afectada pasase lo que pasase entre ella y mi hermano. De modo que nuestra relación y confianza creció más. Y ahí surgió el problema. Las inevitables confidencias entre amigas. Y en este caso, naturalmente sobre Jesús, mi propio hermano.

Lucía me mantenía al tanto de las evoluciones de su relación. Pero claro, llegó un momento en que las conversaciones empezaron a tratar de temas de carácter sexual. Al principio me chocó un poco oírla hablar de cómo se magreaban y lo excitante que le resultaba. Pero decidí actuar con naturalidad para no estropear nuestra relación.

Con el tiempo, sus comentarios iban subiendo de tono, pues lógicamente la relación entre ella y Jesús era cada vez mas íntima. Hasta que cierto día me confesó que lo habían hecho. Yo esperaba que la cosa se quedase ahí. Sin embargo me dijo:


Mira Ana, no sé si contarte esto. Si fueses otra no lo haría, porque ya sabes como somos las tías... basta que una amiga nos hable bien de su novio para que nos enamoremos y queramos quitárselo. Pero contigo, no hay ese problema, pues es tu hermano. Además eres mi mejor amiga y necesito compartirlo contigo.

Después de esta declaración, ¿Qué podía hacer yo? Así que me dispuse a escuchar cómo se lo habían montado en el coche de Jesús. Todo me resultó muy extraño, pero a la vez morboso (lo cual atribuí a que llevaba varios meses sin novio). Lo cierto es que incluso me resultó divertido cuando después vi a mi hermano en casa. Era como poseer un secreto que el otro desconoce. Te sientes con poder. Poco imaginaba yo lo pronto que las tornas se cambiarían.

Lucía siguió contándome sus escarceos amorosos con Jesús, y cada vez me daba más detalles... que si la tenía muy grande, que si casi no le cabía en la boca cuando se la chupaba, que si alquilaban pelis porno y luego imitaban las escenas, que si habían comprado un vibrador para sus juegos...

El resultado no se hizo esperar. Las confidencias de Lucía me excitaban sobremanera. Y cuando veía a Jesús no podía evitar volver a recordar todo lo que me había contado. De modo que estaba todo el día super cachonda. Por la noche soñaba con escenas de sexo entra ambos. Cuando intentaba masturbarme para aplacar el deseo, me sorprendía imaginando a mi hermano desnudo. Miraba a Jesús de forma distinta. No como a un simple hermano.

Cierta tarde, tras describirme minuciosamente las últimas proezas sexuales de Jesús (algo sobre cómo logró que ella se corriese 5 veces seguidas usando la lengua), Lucía me dijo:

Por cierto, como este fin de semana tus padres se marchan de viaje, Jesús me ha dicho que nos vamos a montar una "fiestecita" en tu casa.

Quise preguntar a qué se refería, pero en ese momento sólo podía tratar de disimular mi calentura (había llegado a mojar mis bragas con su confesión).

El sábado a mediodía, cuando mis padres ya se había ido, llegó Lucía. Almorzamos los 3 juntos. Empezamos a ver una peli en la tele. Pero después de media hora, Jesús susurró algo al oído de Lucía, se levantó y se dirigió a su cuarto. Lucía me sonrió y me dijo:

Mi semental me reclama... vaya panza de follar que me voy a dar.

Y se fue tras él. ¡Y tanto!, estuvieron toda la tarde encerrados. Yo podía oír claramente el traqueteo de la cama, los gemidos de Jesús y los gritos de Lucía. Quería irme, debía irme, pero algo me retenía. Por fin, al anochecer, Lucía salió del cuarto. Era tarde y tenía que volver a casa. Al despedirse me dijo:

Uff, joder Ana... tengo el chocho al rojo vivo. En mi vida me han jodido tanto.. y tan bien.

Aquella noche fue muy larga, me sentía febril. Cuando dormía soñaba con escenas incestuosas. Me despertaba de golpe con deseos incontrolables. Perdí la cuenta de las veces que mis manos acudieron a mi sexo en busca de calmar su ardor.

Cuando amaneció, una sola idea llenaba mi mente: Follar con mi hermano.

Fui a su cuarto, abrí la puerta. Parecía que aún dormía (lógico tras la tarde que había pasado). No dije nada. Aparté las sábanas, le bajé los slips y comencé a chupar su polla. Jesús me miró, no dijo nada tampoco. Le mantuve la mirada unos segundos y volví a concentrarme en la polla que crecía en mi boca. ¡Y cómo crecía! Lucía no me había mentido, era de gran calibre.

Jesús me pidió que le dejara lamer mi coño. ¡Cómo si tuviera que pedirme permiso! Aunque no hacía falta que me trabajara mucho para ponerme a punto, yo ya estaba superhúmeda. Me chorreaba todo el sexo. Así que dio unos cuantos lametones, situó su miembro en la entrada de mi vagina y me penetró. De una sola embestida, me encajó toda su polla. Le dije que quería ponerme encima. Sin sacarla, cambiamos las posiciones. Y así estaba yo, cabalgando sobre mi hermano (que sobaba mis pechos), cuando por el rabillo del ojo capto una figura en la puerta de la habitación. Era Lucía que nos miraba fijamente. Me paré en seco, pero Jesús que me agarraba por las caderas impedía que me levantara. Con la polla de mi hermano dentro de mis entrañas, buscaba una explicación que darle a Lucía, mi mejor amiga y novia de Jesús. Pero no tuve tiempo. Ella habló antes:

Te dije que de hoy no pasaba. Hemos tardado desde luego, pero al final ha caído.

Pero yo.. ¿de qué hablas Lucía? – Yo estaba alucinando.

Como te he dicho muchas veces, para mantener a tu hombre, una mujer debe saber contentarlo, hacer que sus fantasías se hagan realidad. Desde que empecé a salir con Jesús averigüé que su mayor fantasía era montárselo contigo. De modo que puse este plan en marcha para lograrlo.

Me sentía manejada, como un muñeco con el que juegan dos niños caprichosos. Lucía vio mi desconcierto:

No te enfades. Eres el objeto de deseo de dos personas. Sí, también el mío. Todo este juego ha hecho que yo también te desee. Y mira cuánto....

Lucia se bajo la falda, dejando a la vista un consolador a la altura de su entrepierna que llevaba cogido con correas.

Dime.. ¿quieres que tu hermano y yo te follemos? Únete a nosotros en esta loca pasión.

Miré a mi hermano. Sonreía. Miré a Lucía y su consolador. Y acepté.

Pasamos toda la mañana follando en todas las posturas posibles.... yo a cuatro patas penetrada por Lucía, que a su vez lo era por Jesús, penetrada a la vez por Jesús por el coño y Lucía por mi ano, chupándosela a Jesús mientras Lucía me chupaba a mi...

Perdí la cuenta de las veces que me corrí en apenas 3 ó 4 horas.

Yo estaba algo confundida. Mi mente no se aclaraba, ¿qué iba a pasar ahora? Pero Lucía lo dijo claro:

- Al salir con tu hermano, no pierdo una amiga, sino que gano una amante.

Por Mano Negra

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