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martes, 22 de septiembre de 2020

Un debut poco probable


Nooo, no te creas qué me violaron, o me sedujeron, o algo por el estilo… No, nada de eso. La cuestión fue que llegó un momento en que estaba decidida a dejar de ser virgen… ¡Claro qué sí! ¡A coger se ha dicho!

Perdóname si no me acuerdo de ciertos detalles. En realidad de los "detalles" me acuerdo, en lo que tengo dudas es en los preámbulos, en las palabras, esas cosas más difíciles de retener. Hace seis años de esto y no quiero mentir. Haré lo posible.

Con mi amiga Myriam nos masturbamos desde siempre. Myriam es parte fundamental en este relato. Es la protagonista…, casi. Ojo, no digo que ella es la responsable de lo que sucedió. Las dos fuimos responsables y yo, definitivamente, provoqué los acontecimientos. Con Myriam nos conocimos en la escuela primaría, y en la secundaria seguimos juntas. Fuimos, y seguimos siendo, amigas inseparables. Lo que se llama "la amiga", "el amigo", que para serlo de verdad es uno, sólo uno, siempre. Cuando empezamos con el tema del sexo, tenía miedo de lastimarme, así que le pedí a Myriam que me "controlara": yo me acariciaba y ella miraba que pasaba con mi vagina… Como no pasó nada raro, o por eso mismo, le pedí que me acariciara ella. Lo hizo, y a partir de ese momento nos "excitábamos" mutuamente. Era mucho más lindo sentir los deditos de Myriam en mi concha…, y a ella le gustaba sentir los míos. Eso no nos privaba –mientras nos masturbábamos-, de hablar de los chicos que nos gustaban y que nos gustaría que nos la metieran. A veces era el mismo chico que nos gustaba a las dos, y a veces no, pero en el caso de que nos gustara el mismo, cuando llegara la oportunidad, sabíamos que lo compartiríamos sin ningún problema. El tema era que nadie se interesaba por nosotras…, ninguno de los que nos gustaba. Los chicos de nuestra edad se babeaban atrás nuestro, por mis tetas y por el culo de Myriam, pero eran tan estúpidos y charlatanes que no queríamos saber nada con ellos. Seguramente después lo vocearían entre todos los amigos y nosotros pasaríamos a ser las putas de la escuela y el barrio.


Myriam tiene un hermano cinco años mayor, que está buenísimo, pero Myriam no quería saber nada con seducirlo porque, según ella, el hermano la cagaría a patadas, cosa que yo creía un poco exagerado, pero que me impedía tirármelo, porque con Myriam nos habíamos comprometido "debutar" juntas, con quien sea.

Hicimos una lista con todos los "candidatos" varones de nuestros círculos familiares, de amistades, relaciones, vecindades o conocimiento, aunque sea circunstancialmente: el del kiosco de cigarrillos, el del puesto de revistas, el verdulero, el chico de la pizzería que hacía el reparto, cualquiera…, nada que hacer, no encontramos la persona ideal, sin riesgo y con placer…

Myriam, además de su hermano, tiene los padres, muy amables y simpáticos, igual que los míos, un primo lejano -lejano porque vivía lejos, medio estúpido…-, un par de abuelos muy mayores que vivían como a quinientos kilómetros, justamente dónde vivía el primo, un par de tíos demasiado formales. Yo tengo un hermano tres años menor –descartado-, ningún primo a mano, una abuela, la mamá de mi mamá, y mis abuelos paternos…, muy jóvenes para ser abuelos, muy simpáticos, agradables, cariñosos, con mucho swing…, en fin, ya saben a donde apunto… ¡Mi abuelo estaba buenísimo! Para la edad era como los japoneses, indefinible, aunque yo sabía cuantos. Sería el Edipo, pero era igualito a mi papá…, bueno, mi papá igual a mi abuelo, morocho, con unas canas que le quedaban de matar, una barba bien recortadita…, un metro ochenta y dos, alrededor de 80 kilos… y muy buen estado, ágil, alegre y siempre dispuesto a jugar conmigo, desde que tengo uso de razón, y también con Myriam, desde que comenzó a venir a casa. Todo muy bien, pero… ¿Quién se animaba…?

-Myriam… tú serás el ariete para asaltar la fortaleza.

-¿Estás loca? Me da vergüenza… Además… ¿Qué sabes si tu abuelo va a querer? Puede ser que el sexo ya no le resulta prioritario…

-¡Eso crees tú! ¡No sabes como le dan a la matraca con mi abuela! Cada vez que me quedo en su casa los siento…

-¡Anda, mira si lo van a hacer estando tú!

-¡Sííí! ¡Te lo juro! Ellos no saben que yo los escucho, porque mi habitación no está al lado de la matrimonial, pero cuando voy al baño, a la noche, o a la hora de la siesta, los escucho…, bueno, un día me di cuenta y comencé a prestar atención… tras la puerta… ¡ja! ¡Todo un show! ¡No se privan de nada!

-Bueno, pero a tu abuelo puede no interesarle otra cosa…

-¿Por qué no? ¿Por qué se perdería un bocadito cómo tú, eh? Yo no puedo tirar el anzuelo… ¡soy la nieta! El abuelo reúne todas las cualidades que andamos buscando: está muy bien, nos gusta…, no sólo a mí, a ti también ¿no?

-Sí claro, ¡está muy bien!

-Bueno, si tú lo conquistas yo no me quedaré atrás. Bueno, Gianni no me va a dejar con las ganas si mi amiguita del alma se lo pide…

-¿Y como hacemos?

-Bueno…, hay que trazar una estrategia…

Acostumbrábamos pasar muchos fines de semana juntas, en mi casa o en la suya, incluso cuando nos vamos de vacaciones una u otra se engancha con los padres respectivos. Bueno, nuestros padres no tienen problemas y nosotros "acondicionamos" nuestra salida a estar juntas. Preferimos no ir de vacaciones a separarnos. Varias veces fuimos con mis abuelos a la playa. Y siempre la pasamos bárbaro. Aclaro que en esas vacaciones todavía no había pasado por nuestras cabezas la intención de la que estoy hablando…, así que no imaginen nada… ¡Éramos unas jovencitas inocentes!

A partir de estas elucubraciones y de la decisión de no esperar a que alguien que nos gustara nos quiera coger, sino provocar nosotras que eso ocurra, nuestra relación se hizo más estrecha… y más ardiente. ¡De verdad éramos fuego! Cualquier oportunidad para estar a solas y sin peligro, era aprovechada por nosotras para "excitarnos", habiendo avanzado de las caricias mutuas hacia los labios y las lenguas… culminando en espectaculares 69… Nuestros principios sexuales eran simples: mientras no fuéramos etéreos… seríamos homos…

Era muy importante que pudiéramos tener una relación de compañeras y amigas en todo y por supuesto también en el sexo. Si pensábamos compartir todo, también teníamos que compartir nuestro cuerpo. Desde muy joven lo hacíamos, con alegría y placer. Conocíamos cada rincón de nuestros cuerpos y todas las formas de darnos y recibir placer. Luego de haber comenzado con las mutuas caricias y besos, en la boca, en las tetas, la vagina y el culo, no teníamos porque privarnos de nada, solamente nos faltaba un buen pedazo de carne dentro de nosotras. No usábamos ningún aparato, tanto por tener miedo como por vergüenza a comprarlos. Pero utilizábamos las manos y la lengua todo lo que podíamos. Mas adelante les contaré que de alguna manera fue una desventaja, especialmente para Myriam. Pero falta mucho para eso.

Nuestra primera experiencia "total" se dio naturalmente. La mutua masturbación era común y normal entre nosotras. Ese día, como tantos otros, estábamos en casa de Myriam, viendo televisión y conversando sobre muchachos, especialmente sobre Bruno, el hermano de Myriam. Nos gustaba a ambas, y el día anterior, luego de hablar por teléfono con una de sus amigas, seguramente combinando una cita, resolvimos tratar de espiarlo cuando se fuera a bañar, pues notamos lo empalado que se había puesto hablando con esta chica. Sencillamente nos fijamos por el ojo de la cerradura, una por vez, claro, y aunque no podíamos tener el panorama completo, pudimos apreciar lo fenomenal que se le ponía la verga cuando estaba al palo. Si bien nos quedamos excitadísimas, no queremos hacer nada juntas, pues puede resultar sospechoso que nos encerremos en el cuarto de Myriam cuando hay alguien en la casa…, así que nos quedamos con las ganas, por lo menos parcial, pues cuando volví a mi casa no titubeé en masturbarme en el baño pensando en Bruno. Lógicamente, Myriam había hecho lo mismo.

Pues bien, hablando de lo que habíamos visto el día anterior, nuevamente nos excitamos. ¡Pero estábamos solas! Myriam me propuso ir a su dormitorio. Muchas veces lo hacíamos, pero hoy había algo muy especial entre nosotras. Generalmente no nos desnudamos completamente, por si alguien regresa demasiado imprevistamente, pero ese día, sin comentarlo ni acordar nada, en cuanto cerramos nos quitamos toda la ropa. Cada una hizo lo suyo y cuando estuvimos desnudas nos acostamos. Myriam me abrió las piernas y fue apoyándose en mí lentamente, viniendo desde el pubis hacia arriba, besándome el ombligo, chupándome las tetas y llegando a mi boca. Jugamos un buen tiempo con las lenguas y luego bajó hasta mi entrepierna. Con los dedos separó los labios vaginales y con la otra mano tomó el clítoris frotando suavemente, luego de lo cual apoyó su boca y comenzó a chuparme toda, adentro y afuera, los labios mayores, el clítoris e introduciendo profundamente la lengua. Abrí las piernas hasta donde me fue posible, flexionando las rodillas y apoyando los talones en la cama y Myriam me recorría toda la raja, llegando hasta el ano. ¡Tuve un tremendo orgasmo, mucho mejor de los que tenía cuando solamente utilizábamos los dedos! Cuando terminé me lamió profundamente y se irguió hasta llegar a mi boca, besándonos y sintiendo yo mi sabor mezclado con la saliva de Myriam. Entonces me acomodé sobre ella, invirtiendo mi posición, con lo que quedamos como dos ranitas haciendo el 69. Al apoyar mi boca sobre su conchita, el placer que sentí fue tan tremendo que nuevamente tuve un orgasmo, seguido casi inmediatamente por las contracciones de mi amiga, que derramaba sobre mí todos sus jugos, los que sorbí con mis labios y mi lengua. Myriam tiene un clítoris más grande que el mío, rojo y brillante, que puedo tomar entre mis labios y estirar, lo que nos produce a ambas un infinito placer.

Nos dimos vuelta, quedando Myriam sobre mí. Nos retorcíamos de placer. El olor a sexo, la humedad, la tibieza, nos tenía locas. Gemíamos y jadeábamos intermitentemente cuando aflojábamos la presión para poder respirar. ¡Teníamos un orgasmo tras otro! Cuando acaricié su ano con mis dedos Myriam dio un saltito.

-¡Espera, tengo una idea! ¡Nos va a gustar! –Myriam se levantó.

-¡Oh, no! ¡Estaba tan bien! –No me gustó que me "abandonara".

-Sonsita, tus dedos en el culo me dio una idea. ¡Ummm, ya lo estoy saboreando!

-¿Qué cosa?

-¿Dónde lo metí? ¡Acá está! –Myriam buscó en un cajón de su mesita de luz. -¡Mira! ¿Qué te parece?

En la mano blandía dos barritas de chocolate.

-¿Y ahora te da por comer chocolate?

-¡Pero qué comida! –Ya estaba nuevamente ubicada. –Toma, introdúcelo en mi chocho. Yo te lo pongo a ti.

Me dio una barrita.

-¡A comer se ha dicho! –Sentí como, suavemente, haciéndolo girar un poquito, metía el chocolate en la vagina… ¡La mía! -¡Vamos, pon tu golosina!

Yo estaría medio dormida…, o en el cielo, pues me costó entender su "glotonería", pero cuando metí el chocolate en la húmeda conchita de Myriam, ella pegó un grito espectacular.

-¡Despacio, no empujes demasiado que soy virgen! Hazlo con cuidado, como yo.

Al sentirlo dentro de mí, solo deseaba no haber sido virgen para que lo pusiera todo. No era carne, pero al pensar lo que seguía temblé de emoción. ¡La idea de Myriam fue genial!

Una vez bien ubicados, comenzamos a "comerlo", exactamente así, a pequeños mordisquitos, facilitados por la circunstancia que la humedad y la temperatura lo ablandaban, por lo que este chocolate se convirtió en el más delicioso que comí en mi vida… Cuando Myriam lo tomó entre los dientes y comenzó a ponerlo y sacarlo… bueno, ¡creí volar de placer! Yo hice lo mismo… y al final nos unimos en el mismo clímax, rematado por un largo gemido. Nos quedamos abrazadas, con el rostro embardunado de chocolate, flujo y sudor. No quise desperdiciar nada. Cuando pude regular mi respiración, limpié con la lengua cada rincón de los labios externos e internos de la vagina de Myriam. Al sentirme, ella hizo otro tanto.

-¡Katia, voy a acabar de nuevo!

-¡Yo también, chupa fuerte, lame bien! –Y culminamos esta orgía gastronómica con el orgasmo del postre…

Después vinieron muchas más, con caramelos, bombones, golosinas de todo tipo, pero nuestro objetivo era, como te dije, seducir a mi abuelo. ¡Era lo prioritario!

No fue simple. En principio no era nada fácil estar a solas con Gianni. Nuestras visitas a la casa de ellos se hicieron más frecuentes, incluso hasta dos veces por semana. Cuando salíamos de alguna actividad o pretextábamos ir a ver ropa, o discos, nos dábamos una vueltita por allí, al atardecer, para "saludar"…, para conversar… y para que mi abuelo comience a fijarse en nosotras, y en especial en Myriam, como "mujeres", por lo cual llevábamos la conversación hacia temas más "serios", menos frívolos, como parte del convencimiento necesario de que habíamos "madurado"… En oportunidades "aceptábamos" la invitación a cenar –con la previa información a nuestros padres-, para que el abuelo nos llevara a casa en el auto, en el cual, por supuesto, yo me sentaba atrás, porque, por el recorrido, "convenía" que primero me dejara a mí… y luego, solos, llevara a Myriam, hasta la suya… Esta estrategia podría ser lenta –o inútil, no lo sabíamos todavía-, pero empezaron a llegar ciertos elogios a nuestro encanto, nuestra belleza, nuestra simpatía, nuestra inteligencia…, etc., etc., que por cierto mi abuelo se encargaba de brindarnos en presencia de mi abuela, para evitar "suspicacias", supongo, pero que comenzó a "sugerir" a Myriam, primero tímidamente y luego con mayor alevosía, cuando, en soledad, la acercaba a su casa que, por desgracia, pensábamos, solamente estaba a quinientos metros de la mía.

También era parte de la rutina, despedirnos con un beso…, muy tierno y "puro" en las mejillas, pero que Myriam se encargaba de ir acercando cada vez más hacia la comisura de los labios de mi abuelo. Me contó, que al principio se quedó medio "cortado", pero que en la siguiente oportunidad, en la despedida, la abrazó por la cintura, apoyando su mano en la cadera, "como al descuido", sin evitar, más bien provocando, un lindo y gustoso "piquito"… Según Myriam… ¡estaba madurando!

En ese momento resolvimos reflexionar y plantear los pasos a seguir. Como venía la mano, era muy probable, en eso estábamos de acuerdo, de que Gianni se le "tirara" a Myriam en cualquier momento, por lo cual, si eso ocurría sin mi presencia, yo quedaría "descartada", pues Myriam "jamás diría nada" que -tal como suponíamos-, debería prometer a mi abuelo antes de la "consumación del delito"…, porque era obvio, para él, que nosotras "no teníamos secretos"… y muy poco gusto le daría a su dulce nietita si se enteraba que el querido abuelito se cogía a su mejor amiga… Por lo tanto, en principio, resolvimos suspender las "frecuentes visitas", pero buscando la manera que mi abuelo no supusiera que se debía a "su atrevimiento" de darle un beso a Myriam y de acariciarle la cadera…, pues sino, en cualquier otra oportunidad, saldría disparando.

Sin saber a ciencia cierta si daría resultado, la siguiente semana fuimos nuevamente a cenar y, en el regreso, tranquilamente, sin ningún drama, Myriam le dijo que "lamentábamos muchísimo" –ambas, claro-, no poder encontrarnos con él –especialmente con él-, porque comenzábamos unos cursos vespertinos de "psicología social" -¿Qué tal, eh? ¡Pavada de intelectuales!-, y durante unas semanas no pasaríamos por su casa… y le dio un beso bastante más húmedo y con abrazo…, esperando que él hiciera lo mismo. Ese día, Myriam bajó conmigo, pues se quedaría a dormir…, mientras yo, muy discretamente ya lo había saludado y les daba la espalda… ¿Qué me cuentan? ¡Las niñas perversas!

A veces las cosas salen peor de lo que una lo piensa… ¡y a veces salen mejor! Nos enteramos que mi hermano se quedaría todo el fin de semana en casa de un compañero, por lo cual, ni lerda ni perezosa, les propuse a mis padres que invitemos a los abuelos a comer un asado y… de paso, si se puede…, en fin, ya saben… Rápido como un bombero le hablé a mi abuela y le dije que los esperábamos el sábado a la mañana, dado que el día, según el Servicio Meteorológico, "pintaba" lindo… Esa noche, en mi pieza, nos refregamos como locas, imaginando que podría pasar el día siguiente…

Y…, suspenso…

En el fondo de casa tenemos la pileta y un quincho con parrilla, dónde, además, hay un W.C. y una piecita con algunos cachivaches, pero que mi abuelo –sí, mi abuelo, no mi papá-, se dedica a tener en buenas condiciones, pues instaló una cama para poder dormir la siesta sin que nosotros –o sea todos los otros, mis padres, mi abuela, mi hermano y yo-, lo molestemos con nuestro habitual bochinche cuando los sábados a la tarde estamos juntos…

Llegaron a eso de las 10:30 y, no sé si fue al vernos a nosotras dos, mi abuelo resolvió hacer el asado. Generalmente es papá el asador, justamente para que el abuelo descanse, pero hoy… el día estaba tan lindo y nosotras tan seductoras, modestamente, que su "maniobra" nos permitiría estar junto a él, sin que los demás molestaran, pues andarían por otra parte de la casa…

Ahora les explico porqué la oportunidad se dio al no estar mi hermano. Cada uno de nosotros tiene su habitación, y en cada una hay dos camas, para que nuestros amigos o nuestros abuelos, se queden a dormir, si lo desean. Cuando está mi hermano, él viene a mi dormitorio y los abuelos utilizan el suyo. En este caso, Myriam se podría quedar conmigo… y ellos se podrían quedar a dormir. El cuartito del quincho solamente sirve para estar algún par de horas a la tarde, cuando da el sol, pues sino resulta frío, muy destemplado e inhóspito…

Lo de "seductoras" va en serio. Nos habíamos puesto unas ligeros top y unas cortísimas mini, total estábamos en nuestra casa y del exterior no se ve nada, tampoco desde la vecindad. Ambas eran mías –pues no habíamos previsto que la oportunidad llegaría tan pronto-, y a Myriam les iban perfectas, por dos simple razones: yo soy un poco más tetona…, entonces con la blusa no hay problemas…, le cubre un poquito más que a mí, no solamente un par de centímetros más abajo del corpiño…, y con la pollerita tampoco, porque si bien ella es más culona, al ser muy plisadas, solamente se paran un poquito más, dejando ver, muy astutamente, la bombachita… Pero, hoy y aquí, nuestro propósito era totalmente "inconfesable": íbamos a seducir a mi abuelo sí o sí…, por lo cual debajo de esa escueta vestimenta, resolvimos ponernos algo todavía más escueto… que descubriremos en el momento oportuno.

El abuelo comenzó limpiando, preparando la leña, etc., y nosotras colaborando muy diligentemente, mientras Myriam procuraba, en lo posible, rozarlo la mayor cantidad de veces y agacharse adecuadamente en el ángulo que favoreciera la mejor visión por parte del abuelo. Ante la visión de sus espectaculares nalgas… ¡no habría polla qué se resistiera! ¡No podía fallar!

-¡Qué hermosas y seductoras están! ¡Ni los monjes capuchinos podrían aguantar…!

-¿Aguantar qué, Gianni…? -¡Myriam iba al ataque!

-Bueno, la belleza de ustedes dos, la seducción que… bueno, "derraman"…

-¿Tú crees qué alguien se "derramaría" por nosotras? –Ahora era yo la que atacaba.

-Sin duda, ustedes son muy deseables… Pueden desestabilizar a cualquier hombre, por más formal que sea…

-¿Tú eres formal?

-Myriam…, yo no corro esta carrera…

-¿Por qué no, "abu"? Tú estás en muy buen estado.

-Claro, Katya tiene razón…, ¡estás muy bien! –Myriam lo quería "arrinconar".

-Ustedes son tremendas, me van hacer poner colorado…

El abuelo procuraba no mirarnos. Nosotras intercambiábamos miradas y sonrisas.

-Está hermoso el día, calentito, ¿no? –Myriam sugería el "clima" que pretendía.

-Hay… sí… yo estoy muy caliente… -Apoyé el comentario de mi amiga.

-Y yo también… ¿nos refrescamos?

-¿Qué? ¿Se meterán en la pileta? –Mi abuelo se asombró. No hacía tanto calor para bañarse.

-No, solamente nos pondremos más frescas.

Y nos sacamos, bien a la vista de mi abuelo, casi encima de sus ojos, las blusas y las mini, quedándonos con los bikinis más sucintos que pueda alguien imaginar …

-¡Uy! Ustedes me quieren provocar un infarto…

-Vamos… ¿Qué infarto…? No me digas que no tienes práctica… -Yo también lo "corría".

-¿Práctica de qué? –El abuelo pretendía hacerse el desentendido.

-De ver mujeres con muy poca ropa…

-Vamos… Gianni…, eres una fierita… -Si por Myriam fuera, se lo cogería allí mismo.

-Ustedes que saben…

-Ah… yo sé… -Quería excitarlo…

-Y yo también…

-¿Andan espiando? –"Abu" miraba el fuego y se reía.

-No, pero tenemos oídos e imaginación.

-Bueno, bueno…, yo me tendré que tirar a la pileta, porque ya estoy transpirando…

¡Mi abuelo Gianni se estaba empalando! ¡Se notaba el bulto!

-"Abu"…, échale la culpa al calor del fuego…

-Si viene tu abuela y las ve así, me va a poner una capucha negra…

-Luego del asado espero que vayas a dormir la siesta… -¡Myriam estuvo genial! Con el tono más seductor e intencionado le dijo a mi abuelo que es lo que quería hacer… Y yo le seguí la corriente.

-¿Cómo, cómo dicen? ¿Qué harás en la siesta? –Yo "protestaba".

-Es tu amiga Myriam, que tiene pajaritos en la cabeza…

-Está bien, está bien Katya, es un decir nomás… -Myriam lo captó enseguida.

-Ah… bueno, no me dejen afuera, ¿eh?

-¿Afuera de qué? ¿Estás loquita? -Gianni se reía, levemente ruborizado. Le preocupaba que yo me diera cuenta de sus deseos… Suponía, sin duda, que lo de "no me dejen afuera" era un chiste…

-Katya… ¿nos cubrimos un poco…?

-Sí, por favor, no quiero líos con la familia… -Mi abuelo había entrado en el juego. Sabía que estábamos semidesnudas para que él nos viera y sabía que era mejor tenerlo como un secreto entre nosotros. "Algo" podría pasar y no quería que los demás sospecharan.

Nos fuimos a cambiar con la seguridad que esta tarde, si no pasaba algún cataclismo, Gianni sería "nuestro". Ahora sí, no había necesidad de mostrar nada. Nos vestimos bien recataditas y ayudamos a mamá y a la abuela a poner la mesa. Papá, como hacía siempre que tuviera algo de tiempo, estaba lavando el auto.

El asado estuvo riquísimo. ¡Menos mal que dejamos tranquilo al asador en la última media hora! Nos divertimos muchísimo contando chistes y cuentos, incluso nosotras, para no exagerar en nuestro papel de "monjitas". ¡Podría ser sospechoso! Y al final la gran noticia: mamá y la abuela le pidieron a papá que las llevara hasta el shopping, para hacer algunas compras.

-¿No quieren venir? -Mamá sabía perfectamente que no resisto la tentación de ver trapos…, pero esta vez fui inconmovible…

-No mami, nos quedaremos para ver algunos apuntes que tenemos que estudiar para el lunes…

-Bien, bien. Cuando las nenas quieren estudiar no hay que quitarles la inspiración…

Ni Myriam, ni el abuelo, ni yo, quisimos intercambiar mirada. ¡No vaya a ser cosa…!

Terminamos, levantamos la mesa, el abuelo se metió en la piecita del fondo, nos ofrecimos a lavar y limpiar todo, mamá y la abuela se cambiaron y cuando estaban listas para salir…, nosotros estábamos listas para entrar. ¡Órdago!

Cuando se fueron planeamos lo nuestro. Myriam era la vanguardia. Y yo sería una sorprendida –y sorprendente-, retaguardia. Myriam volvió a la ropa que teníamos a la mañana, pero más "livianita": sin corpiño y sin tanguita… ¡Un primor! ¡Para comérsela toda! ¡Y cómo! Nos perfumamos con lo mejor que tenía. Con un algodón pasé suavemente colonia por la pelvis, que habíamos depilado mutuamente la noche anterior, aunque dejando unos encantadores vellitos en lugares apropiados. También perfume en la colita… ¡y a la carga! Miré como cruzaba el patio y el jardín hasta el fondo… ¿Estaría mi abuelo durmiendo o estaría mirando por la ventanita si Myriam iba hacia allí? No me hice ver. No tenía dudas que Gianni recibiría muy bien la visita de Myriam, pero no sabía que pasaría conmigo. ¡Al final de cuentas era la hija de su hijo! Cuando Myriam entró, esperé unos minutos. Me había quedado con la ropa del almuerzo, pues, por las dudas, no quería que mi abuelo pensara que lo habíamos preparado entre las dos…, por lo menos al principio.

Les cuento tal como me contó Myriam.

Cuando llegué al cuartito, antes de entrar me detuve unos segundos, frente a la puerta. ¿Qué pasaría si estaba cerrada con llave? Presté atención para tratar de escuchar. Al fin me decidí. Tomé el picaporte y lo giré, muy despacio. No ofreció resistencia y abrí. Ningún ruido. Gianni estaba durmiendo, así parecía, frente a la puerta. La piecita es muy pequeña, la puerta está prácticamente a los pies de la cama. ¡Se veía tan lindo! Tenía la remera y el short con el que había hecho el asado, el cabello revuelto y una suave y acompasada respiración. ¡Gianni tenía 40 años más que yo, pero a mí me gustaba igual! ¡Y lo deseaba! Tal como habíamos quedado, dejé la puerta entreabierta, apenitas arrimada, para que pudieras ver y oír. Lo que me preguntaba es en que momento aparecerías, y como iba hacer para disimular… "¡la sorpresa!" Me incliné sobre el rostro y le besé los ojos cerrados. Hizo un movimiento y un suspiro. ¡Me estaba esperando!

-¡Myriam, tesoro, cuanto has tardado!

-Uy, estabas despierto…, menos mal. ¿Y si no querías qué viniera?

Lo besé en la boca. Me tomó de la cabeza y, mientras su lengua recorría todo el paladar, me fue acostando sobre él.

-¡Qué rico es el aroma de tu cuerpo, pequeña!

¡Qué lindo me sonó ese piropo! De agradecimiento o calentura, comencé a lamerle todo el rostro. Me di cuenta que tenía que esperar, que él fuera mi seductor.

-¿Estás segura Myriam? ¿De veras quieres estar conmigo?

-¡Sí, claro! ¡Es lo qué más quiero!

Allí sentí, al estar totalmente tendida sobre él, como entre mis piernas comenzaba a ocupar lugar un bulto que crecía…, crecía…, crecía. Parecía que nunca iba a dejar de crecer. Comencé a sentir algo de temor. Una cosa es imaginarlo y otra cosa es sentirlo. Gianni me tranquilizó, mientras sus manos se metían bajo la blusa y acariciaba mis pechos.

-Te trataré como una diosa, la diosa de mis sueños, la criatura del paraíso que quiere sentirse adorada… ¿Eres virgen?

-Sííí…, lo soy…, ¿me dolerá?

-No temas, todo será como quieras.

Una mano me acariciaba las tetas y la otra había descendido hacia mis glúteos. Gianni no dijo absolutamente nada que me había encontrado prácticamente desnuda. Se lo agradecí, porque eso me hubiera dado mucha vergüenza… El problema era que yo no sabía que hacer con mis manos. Lo acariciaba, el rostro, el cabello, las orejas, el pecho…, pero sabía que un hombre espera mucho más de una mujer…, pero todavía no me animaba, aunque ardía de deseos. Los pezones los sentía duros como el canto rodado, la vagina húmeda como si hubiera estado sentada en un bidet, y con agua tibia…. Sentí una de sus manos en el canal de la cola, entre las nalgas, que bajaba muy suavemente, deteniéndose un momento en el ano, acariciando y presionando suavemente. Luego siguió más allá hasta llegar a los labios, los exteriores, los más abultados. Pasó sus dedos por los mismos, hacia uno y otro lado… y sentí la sensación de mi primer orgasmo, enterrándome casi en su cuerpo. ¡Qué ganas tenía de sentir su pene dentro de mí! Y todavía no lo había visto. Cuando llegó al clítoris, luego del orgasmo, me decidí. Bajé la mano, y entre mis piernas llegué a su bulto y traté de bajarle el pantalón. Me levanté un poquito, para dejar espacio, y conseguí tirar algo hacia abajo, pero no podía, quedaba como enganchado. Gianni me soltó las tetas y colaboró en bajarlo. ¡Aahh, qué placer cuando sentí su carne entre mis piernas! ¡Que calor, que humedad, que belleza, que deseos de mirarlo! Te juro, Katya ¡ya me había olvidado de ti!

A pesar de lo incómodo, apretadas mis manos entre mi cuerpo y el suyo, quise tocarlo, tenerlo, palparlo… Gianni comprendió mi intención y se corrió, dejando un huequito para que pasara la mano. ¡Oh, Dios, que maravilla! Mi mano lo tomó, todo, todito, en lo que podía… Quise colocarlo entre mis labios…, en la vagina, pero Gianni me detuvo.

-No, espera, no lo hagas todavía.

-Pero… ¿por qué? ¡Me muero de ganas!

-Ten paciencia, que no sea tan pronto. Cuando el placer tarda, más se goza cuando llega.

-Pero…, ¡es que hace un año que espero!

-¿No te gusta acariciarme?

-¿Cómo no me va a gustar? ¡Eres divino, Gianni, divino!

Tu abuelo es un amor Katya, un amor, bueno ya te diste cuenta. Desabrochó los tres botones de la blusita, mientras yo lo acariciaba, desde arriba hacia abajo, desde la izquierda a la derecha, notaba su cabeza, corría el prepucio hacia atrás… ¡pero no podía verlo! Me sacó suavemente la blusa, tomándome el brazo para que lo soltara un momento y poder pasar la manga, mientras me besaba los pezones. ¡La gloria Katya, la gloría! ¡Y cada vez con más ganas y seguía teniendo orgasmos…! En eso me acordé de lo que habíamos hablado, no hacerlo muy largo, tal vez luego no tendría tiempo para recuperarse y poder cogerte a ti. ¡Qué egoísta qué me sentí!

-¡Por favor, mi amor, no me hagas desear más, me muero!

Y le llené la cara de besos, para ver si lo convencía y "aflojaba". Me tomó con sus brazos y me levantó sobre él, pudiendo salir de abajo… ¡y al fin se la vi! ¡Qué hermosura! ¡Lo más lindo que había visto en mi vida! Te juro, Katya, fue mi cuarto orgasmo, sólo con mirarle la verga!

¡De pronto me di cuenta! ¡Dios mío! ¡"Eso" me va a meter dentro! ¡Me va a doler! ¿Y si lloro? ¡Qué vergüenza! ¡Señor, diosito mío, no me hagas aflojar! ¡Por favor, qué no me vea llorar, me muero!

-Yo te digo como tienes que ponerte para que no duela, para que pueda penetrar poco a poco y tú me vayas diciendo como te sientes. Vas a ver, no te va a doler. ¡Estás hermosísima Myriam, una verdadera diosa del sexo!

Eso me gustó muchísimo, Katya. Que me dijera eso me hizo sentir toda una mujer fatal, haciéndome coger por el hombre que yo había decidido que me desvirgara.

-Acuéstate aquí, a lo largo. Voy a buscar el preservativo…

-¿Preservativo? ¿Para qué? Yo te tengo confianza…

-No es por eso, Myriam. No quiero que corras peligro de quedar embarazada…

-No, no. No pasa nada…

-¿Sí? ¿Cuándo se fue la menstruación?

-Este…, y… hace ocho…, diez días…

-¿Ves? No estás segura. Mejor no correr riesgo, te sentirás mejor, y yo también.

-Pero. Yo quiero sentirte bien… ¡es mi primera vez!

-Vas a sentirme bien, el preservativo no lo impide…

-Sí, pero la leche no la voy a sentir…

-Pero, sí, sentirás mis sacudidas, todo… Cuando estés segura, en el próximo período, si quieres, lo hacemos sin condón…

-Sé buenito, por favor, métemela sin nada…, bueno un poco, hasta que me desvirgues, luego te pones el forro, ¿sí? Dale, después me enseñas a ponértelo, vas a ver, déjamelo sentir…

-Bueno, tenlo en la mano. Levanta las piernas y apóyalas en mis hombros. Así, ves. Ahora yo te voy penetrando y tú me dices…

-Sí, sí, dale, prontito…

Si vieras que lindo Katya. Levanté las piernas y las abrí, bueno, Gianni me las abrió, me acomodó, y me dijo que lo tomara, lo pasara por el clítoris y ubicara la cabeza entre los labios, donde calzara justo, para que se deslice bien. Yo lo tomé con la izquierda, no sé, en esto debo ser zurda, cada vez que le tomé la pija con una mano, lo hice con la izquierda… Él se inclinó un poquito sobre mí, apoyó las manos, más bien los dedos, sobre la cama y comenzó a empujar despacito… Te juro, yo quería empujar con todo hacia él, pero por suerte me contuve… Sentí un fuerte dolor, como si algo me tirara, me arrancara no se qué, pero al mismo tiempo un placer inmenso, más allá de lo que te podría decir… Primero cerré los ojos, tenía miedo de que me salieran lágrimas…

-Si te duele dímelo, tesoro, y me detengo…

-No, no, por favor, no. Sigue empujando, me duele pero me gusta. Si me salen algunas lagrimas es por la alegría…

-Abre los ojos, los quiero ver. Son tan hermosos y están tan húmedos ahora…, tan excitantes, que me encanta penetrarte y verlos…

Se movía muy lentamente, casi por milímetros. ¡Qué control maravilloso, sobre todo con una virgen! ¡Es un maestro! Me fui acostumbrando a sentir el pene de tu abuelo dentro de mí…

-Sí, ya los vi, yo estaba viendo desde la puerta. Y las caras de placer de los dos era un poema… ¡Cómo cogían guachitos!

-Bueno, ya viste lo que pasó…

-Pero seguí contándome. Quiero saberlo por tus labios. Lo que sentiste.

-¿Viste lo qué es? Nuestras masturbaciones son moco de pavo al lado de sentir un choto dentro de ti. Es otra cosa, ¡no hay comparación! Bueno, ¿viste? Comenzó a moverse con más fuerza…

-¡Yaaaa… pasó! ¡Ya está, me lo rompiste! Apenas me dolió. ¡Empuja con todo!

Se movía hacia adentro y hacia fuera, saca y ponga. Sentía como se hinchaba el clítoris… y…

-¡Aaahhh… acabé de nuevo! ¡Cómo me gusta!

Gianni me apretaba, inclinado sobre mí. El orgasmo fue superior a cualquiera de los otros que nunca tuve, sentirlo dentro mío me volvía loca, quería seguir, seguir, ¡qué no se acabe nunca! Cuando me llegó al fondo empezó a temblar…, sentía sus testículos contra los glúteos. Yo, secretamente, deseaba que se olvidara y me llenara toda…, pero no, Gianni no perdía el control. Me lo sacó, despacito, sentí como se deslizaba caliente y húmedo entre los labios de la concha… y al salir… lo tomó en la mano y me acarició el clítoris con el glande… Me dio un escalofrío…

-Ahora levántate un poquito y colócame el forro. Rasga el sobrecito y sácalo con cuidado, no le claves las uñas… Así…, con el anillo de latex hacia fuera apóyalo en el glande…

¡Ahora lo vi, bien visto! Estaba súper rojo y súper húmedo…, me dio unas ganas de chupárselo…, pero me dio un poco de vergüenza…, si me lo pedía lo hacía…

-Ahora con la mano o con los dedos, como te guste, lo vas desarrollando hacia atrás… ¿Ves que fácil? Bueno, ahora… ya puedes hacer el trabajito tú misma…

Gianni se tendió boca arriba, con el magnífico mástil encapuchado esperándome…

-Ponte en cuclillas, a horcajadas… y poquito a poco te vas bajando, como tú quieras, como te guste más o como mejor lo sientas…

Me puse como me dijo, lo tomé con la mano y lo guié hasta mi abertura… y me fui bajando, sintiendo como entraba sin dificultad, pero bien apretadito, rozándome el clítoris y los labios. ¡Lo sentía como si no tuviera ninguna cubierta! No creo que llegué a tenerlo más de cinco centímetros adentro cuando tuve un nuevo orgasmo…

-¡Papito, qué lindo! ¡Cógeme, cógeme, qué me gusta!

Gianni acompañaba mi movimiento con leves empujoncitos, mientras me acariciaba las tetas, rozándome apenitas los pezones… ¡Es tan dulce y delicado!

-Ahora cabalga, como si estuvieras arriba de un caballito…

Antes de que el pene comenzara a temblar y Gianni a sacudirse, cuando le sentí bien al fondo, totalmente clavado, en el momento del chicotazo del semen, me vino otra vez… ¡No podía más de felicidad! Sentí que me elevaba, volaba, llegaba al paraíso, veía todas las estrellas… ¡Algo único! Me incliné hacia él y le di un beso interminable… Y entonces…

-¡Miren que cariñosos que están! ¡Les dije que no me dejaran afuera!

-Oh, Katya…, no…, es un desliz… -Mi abuelo ensayó una disculpa, pero enseguida entendió y se reía… -Así que me tendieron una trampita, estas señoritas calentonas, ¿no?

-Bueno, "abu", tan mal no la estás pasando…

-¡Claro que no! Yo le traté con todo cariño… -Myriam no estaba apurada por salir de arriba de Gianni, la postura le sentaba perfectamente…, y se dedicó a acariciarlo…

-¿Quedaste muy cansado, papito?

-Nooo…, estoy muy bien…

-Mira que tienes que recuperarte pronto, antes que pasen las dos horas… y haya tiempo para mí… -Yo lo tenía muy presente y se lo recordaba.

-¿Qué estás diciendo?

-Lo que oís, a mí también me toca. Con Myriam tenemos un convenio…, si una lo hace… la otra también…

-Quiere decir que todo esto lo prepararon para divertirse conmigo…

-¿Cómo divertirnos, papito? Es para hacer el amor por primera vez contigo…

-Claro, "abu", quisimos que fueras tú quien nos convirtiera en mujer… ¿Qué te parece, no es un halago? ¡Y ahora me toca a mí!

Myriam se levantó, tomó con cuidado el preservativo, para no chorrear…

-Ten cuidado, deja el semen en la punta y haz un nudo más arriba.

-¿Así? ¿Viste como aprendí rápido? Casi tienes razón, pero no toda, porque la sacudida se siente, la eyaculación…, pero no es lo mismo que sentir la lechita…

-¿Y cómo sabes? ¿Cuándo la sentiste antes?

-No…, pero me imagino…

-Bueno, basta de charla y déjame el lugar… -Le di la "orden".

Myriam bajó de la cama, y se vistió… con lo poquito que tenía.

-¿Me dejan mirar? No molesto…

-Algunas cositas puedes hacer… -Mi abuelo, a esta altura, no quería perder nada.

-¿Cómo cuales? –Myriam se interesaba.

-No te apures, ya van a aparecer solas…

Me sentía un poco ridícula, como si estuviera de más, totalmente vestida…, al lado de Myriam quien, a pesar de la ropa, seguía semi desnuda, y de mi abuelo, con camiseta y la manguera fláccida y caída… ¿Le quedarán ganas para mí? ¿No habremos sido demasiado optimistas en cuanto a la capacidad sexual de Gianni?

-Mi amor, tienes que tener un poquito de paciencia, tu hermosa amiga me exprimió todo. Tengo que recuperarme. Ven, siéntate a mi lado.

Comenzó a quitarme la blusa, botón por botón, y tenía bastantes, pues era muy "recatada"… Cuando quedé en corpiño, me saqué las zapatillas y Myriam se fue hacia los pies de la cama, a mis espaldas. Gianni me atrajo hacia él y empezó a besarme por todas partes, el cuello, las orejas, los ojos, los labios… y yo me sentía más y más caliente… Cuando introduzco su lengua en mi boca…, recién en ese momento sentí que dejaba de ser mi abuelo y pasaba a ser el hombre que me iba a coger por primera vez. Estaba sobre la cama, sentada a su lado y con los pies en el suelo. Sentí un estremecimiento de Gianni y un gemido…

-Uummm, que rico… -A mis espaldas, Myriam se había inclinado sobre él, y aunque yo no veía, intuí que le estaba chupando la polla, lo cual me pareció fantástico, para acelerar la recuperación y poder coger sin apuro…

-Espera un poquito que nos acomodamos… -Gianni se sentó en el borde y le indicó a Myriam que se arrodille entre sus piernas.

La poronga de mi abuelo estaba tomando una dimensión y rigidez interesante… Myriam hacía el trabajo muy bien. A mí me paró a su costado y comenzó a besarme desde el cuello hacia abajo, mientras me desabrochaba el corpiño, pasando luego sus labios y su lengua por los globos y los pezones. Empecé a tiritar de deseo… Cuando llegó con sus besos al ombligo miré hacia abajo y vi la sorprendentemente experta mamada que Myriam le hacía. Evidentemente, nuestras abundantes sesiones de películas porno nos habían instruido bastante. ¡Las ganas que me dio de chupársela!

Tranquilamente, sin apuro, como si tuviéramos toda la tarde, me bajó el cierre, mientras yo veía con los ojos como monedas, como la verga de mi abuelo entraba y salía de la boca de Myriam, húmeda y brillosa. Cuándo el pantalón estuvo en mis tobillos, levanté las piernas, teniendo alguno de sus dedos bajo la tanguita, acariciándome los labios, algo más que húmedos… ¡chorreando! ¡Cuándo me había besado los pezones había acabado!

-Así que tú también eres virgen… Bueno, tendré que hacer precio especial, por trabajo doble…

-¡No, al revés! ¡Somos dos al precio de una! Al final, todo el trabajo lo hicimos nosotras… ¿O no fuimos nosotras las que te seducimos?

-Cierto, son tremendamente persuasivas… -Entonces me quitó la tanguita y me acarició el sexo. -Súbete a la cama, de pie.

Se recostó un poco, con Myriam siempre entre sus piernas y me hizo parar frente suyo, en la cama. Giró hacia mí y me besó la vagina y acarició mis nalgas, metiendo sus dedos en el canal, hasta llegar a los labios, los míos y los suyos… pues me atrajo hacia sí. Allá abajo, a los pies de la cama, Myriam continuaba con su faena, mirando hacia mis ojos y respondiendo a mi sonrisa. Me sentía en la gloria, a pesar que todavía no la había sentido dentro, ¡ni siquiera tocado! Tenía miedo de que acabara antes, en la boca de Myriam… ¡chupaba tan bien!

-Espera un poquito, Myriam. –Estaba por venir. Me acomodó. -Ponte de rodillas, como un perrito, al borde de la cama, te la meto así para que no te duela…

Me coloqué como me dijo e inmediatamente sentí como iba entrando… Como había oído lo que había pasado anteriormente se lo dije…

-Gianni, conmigo no tienes que usar forro, se me fue el lunes, hace cinco días…

-¿Estás segura?

-Sí claro, te lo juro, podes acabar tranquilo, no me pasará nada.

-Ah, viva. Tú tienes ventaja. -Myriam se reía. Seguía sentada en el suelo, esperando que Gianni le diga que hacer.

-Pero tú has chupado y yo no… -Menos mal que Gianni no me veía la cara, porque me dio vergüenza de lo que dije…

No me dijo nada. Adiviné que eso no le gustaba mucho…, en mi caso, en su nieta…, aunque con Myriam no había problemas. Cosas del parentesco… Lo que dije le hizo acordar que estaba Myriam esperando.

-Ponte debajo de mí y chúpame los huevos…

-¡Ay…, que lindo! Ahora mismo…

Aunque el miembro lo introducía despacito, de pronto sentí un tirón.

-"Abu"…, duele…

-Oh, perdona mi amor…

-¡No, no la saques! –casi grité.

Poco a poco el dolor fue reemplazado por el goce más absoluto. ¡Uno, dos, tres orgasmos antes de llegar al fondo!

-¡Cómo te sacudís, tesoro! Tiemblas toda… ¿Tienes frío?

-¡NOOO…, qué frío! ¡Estoy acabando!

Sentí, junto al choto, la lengua de Myriam recorriendo la zona del clítoris. ¡Más ganas tenía! Otro orgasmo y Gianni que seguía empujando. Tuve que afirmarme muy bien con mis codos para no caerme de bruces sobre la cama. ¡Qué garrote que tenía el animal! ¡Sentía un fuego en la concha, un incendio! Sus manos sobaban mis nalgas y sus dedos acariciaban el ano, recorriéndolo suavemente en todo su entorno. ¡Eso me ponía más caliente! ¿Cuándo me la daría por el culo? Sentía tanto placer, que me olvidé del dolor y de que muchas veces leímos que por el orto duele más, pero no me importaba, quería que me tapara todos los agujeros. Mi abuelo jadeaba. Me aferró fuerte las caderas y se sacudió, se estremeció y en una ultima arremetida me largó todo el denso y cálido semen. ¡Al fin, al fin lo sentí! ¡Es lo máximo!

-¡Qué locura, que lindo, que lindo…! -No sabía que más decir, que más gritar.

Si no la tuviera enterrada saltaría de contenta… Nos tiramos tan largo éramos sobre la cama y Myriam se unió a nosotros, abrazados y sudorosos.

-¿Y ahora qué hacemos? -Myriam era la más despabilada, pues era la que más tiempo había tenido para recuperarse.

-Mejor se visten y se van. Ya pasaron más de hora y media…

-Sí, pero esto no termina aquí, ¿no Gianni? -¡En un momento como este no lo iba a llamar "abuelo"!

-No sé. Tengo que pensarlo…, bueno déjenme y veremos…

-Mira que no te vas a librar de nosotras así nomás. -Myriam estaba en mejor situación que yo. De alguna manera, Gianni le había prometido llenarle la concha sin forro en una "próxima vez", ¡y yo no me la quería perder! Pero en este momento lo mejor sería irnos y disfrutar del recuerdo…

-Adiós Gianni, hasta luego…

Y ambas lo besamos, una en cada mejilla, como dos castas niñas…

Por Lena

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