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jueves, 15 de diciembre de 2022

La señorita Green


La noche, había caído. Ana, con las piernas cruzadas, observaba absorta, la escena de la serie, mientras comía palomitas, cómo ausente. "No debió haberme invitado. Con lo a gusto que estaba en mi cama, leyendo...", es lo que llevaba pensando, desde que puse los pies en su casa. "Diosito de mi vida. Qué frío he pasado, en el camino hasta aquí", es lo que pensé, desde que entré en su habitación. Somos amigas, desde la más tierna infancia. Nuestros padres, son amigos, también, desde que eran pequeños. Por lo que, Ana y yo, sómos como hermanas. Incluso algo más que eso.


-¿Te conté la última noticia?

Negué con la cabeza. Ella, se giró, observándome, con el ceño fruncido. Con lentitud, se pasó el dedo, sobre la comisura de la boca, pensativa.

-Mmm - pareció dudar, lo que me antojó una eternidad - . Sobra decir, que no se lo puedes decir a nadie.

-Cuenta con ello, "hermana".

Con renovado entusiasmo, apagó la pantalla, y se pudo frente a mi.

-He dado mi primer beso.

Lo admito, me pilló de sorpresa. No podía imaginarme a Ana, besándose con un chico. Era mi princesita, mi adorada niña. A la que tenía que defender a capa y espada. Ella pareció descubrir la sorpresa en mi rostro.

-No hace falta, que te alegres tanto... - Dijo, con retintín.

-Pués claro que me alegro, tonta... Es sólo que... Me ha pillado un poco de sorpresa... Pero, me alegro, de verdad...

Intenté sonar convincente; no sé si lo conseguí, puesto que ella, volvió a encender la pantalla, y  ambas, volvimos la atención a la serie.

-¿Qué sentiste? - Pregunté, mientras Miércoles Addams, volvía a hacer de las suyas.

-Fue una pasada... Tanto, que tengo cómo cosquillas en el estómago.

-Típico - dije, con una sonrisa - . A todas nos ha pasado, en nuestra primera vez, con un chico.

-Ya...

Fue lo último que dijo, antes de que, veinte minutos más tarde, terminásemos de ver el capítulo. Veinte minutos, en los que, un silencio incómodo, reinó en la habitación. 

-Ha sido un poco más flojo, que los anteriores - dije, refiriéndome al capítulo.

-Concuerdo... Creo que, la serie, está yendo de más a menos.

Rara vez, solíamos no coincidir, en la opinión de una serie, y, aquella, no era la excepción. Pero, había algo, que no me cuadraba.

-Estás cómo ausente, desde que me has contado lo de antes.

-¿Lo de antes?

-No te hagas la sueca, Ana. Lo del beso.

-Ah... Eso... Es que, no te lo he contado todo...

Fruncí el ceño.

-¿Ya no confías en mi?

-Claro, tonta... Es sólo que...

-Es algo personal.

Asintió.

-Te entiendo... No es necesario que...

-Eres la única persona, con la confianza para contárselo... Pero... Me da verguenza...

-¿Verguenza? Besarse con un chico, es normal. Sómos adolescentes.

-Es que... No ha sido a un chico.

-Joder, Ana... ¿Con un  madurito? Te has pasado el juego... - Dije, riendo.

-Madurita...

 Vale. Es la risa más corta de la historia de la humanidad; si dieran un premio, a la persona que menos tiempo tarda, en poner cara de imbécil, hubiese quedado campeona indiscutible.

-A ver... Debes estar bromeando.

-¿Conoces a la profesora Green?

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"Las clases, habían finalizado. Me disponía a salir, cuándo me entraron ganas de ir al cuarto de baño. Al entrar, me introduje en un cubículo, para hacer mis necesidades, cuándo, de repente, comencé a escuchar voces, del cubículo de al lado. Agucé el oído. Al principio, no la reconocí, porque se escuchaba muy bajo; pero, al cabo de un minuto, comenzaron los gemidos. Con lentitud, bajé la tapa del inodoro, y me subí. Aún tengo en la retina lo que pude vislumbrar.

-¿Quién es tu cerdita?

La profesora Green, estaba sentada, con las piernas abiertas, y completamente desnuda. No podía despegar mi vista de ella. Se lamió el dedo, y lo paseó por sus muslos, mientras hablaba por el teléfono.

-Ahora, siéntate en la silla, y masturbate para mi - dijo, con voz entrecortada.

No podía dejar de imaginar, a la persona que estaba al otro lado del teléfono, obedeciéndola. Y un escalofrío, recorrió mi cuerpo. Me toqué los pechos, por encima del uniforme. Te aseguro, que nunca había visto una escena tan erótica.

-Así... ¿La tienes durita ya?

Solté un gemido, y me tapé la boca, con miedo a que me pudiese escuchar. Se levantó, y, abriéndose de piernas, comenzó a masturbarse. Aquella imagen, fue demasiado para mi; solté un gemido, más alto de lo que me hubiese gustado. La señorita green, soltó el teléfono, con tan mala suerte, que fue a caer al interior del inodoro. A partir de ese instante, reinó el caos.

-Mierda... 

Apresuradamente, intenté salir de aquél cuarto de baño. Pero la señorita Green, fue más rápida. en cuanto quise salir del cubículo, estaba cortándome el paso.

-Ana González. ¿Qué estás haciendo aquí?

-Yo... Venía a orinar, y...

-¿No te han enseñado, que es de mala educación, escuchar conversaciones ajenas? Mira, dónde a acabado el teléfono, por tu culpa.

Estaba muy enfadada. Violentamente, me introdujo en el excusado, y me hizo mirar el estropicio, que yo misma, había creado.

-Ya me puedes comprar uno nuevo...

-No... No tengo tanto dinero..., yo...

Nuestras miradas, se cruzaron. Nunca había visto a alguien, cambiar tan rápido. La señorita Green, pasó del enojo, a sonreír, con lascivia.

-Ya sé cómo puedes recompensarme - dijo, sentándose de nuevo. 

-No...

-Sí - dijo, abriéndose las piernas.

Tragué saliva. Estaba entre asustada, y excitada. Al final, ganó la segunda parte. Me agaché ante ella, y comencé a lamer su coño. 

-Te... Perdono el estropicio... 

Sabía que no podía pagar su teléfono, de ninguna manera, por lo que, me esmeré. Ella, puso los pies sobre la puerta, y se dejó hacer, encantada. Admito que, su coño, tenía un sabor excelente. Tanto, que comencé a excitarme. Por lo que llevé mi mano, a mi falda, que me quité con lentitud. Gemí, al comprobar que mis braguitas, comenzaban a mojarse. 

-Qué bien lo haces... Mejor que el inepto de mi marido. Que sólo sabe darme placer por teléfono.

-Adoro escuchar eso.

Ya me tenía completamente embrujada. 

-Me estoy mojando con usted, señorita Green...

Con suavidad, me apartó, y comprobó que lo que yo decía, era cierto. Pasó su mano por mis braguitas, y sonrió. 

-Yo diría, que algo más que eso. Siéntate.

Nos intercambiamos las posiciones. Ella, pasó despacio su lengua por la tela, haciéndome arquear la espalda. No te imaginas, lo buena que es.

-Sabes tan bien... - Dijo, sin dejar de lamer mi entrada prohibida... Hasta aquél momento, claro.

La observé. Mientras me lamía, no dejaba de masturbarse. Acto, que me puso más cachonda si cabe. Aún puedo escuchar lo mojada que ella estaba también... Por mi... Yo era la causa... 

-Señorita... Green... - Gemí, agarrando su cabeza - . Voy a corr...

-De eso nada.

Dejó de lamerme. Abrió la puerta, y salimos del cubículo, tal y cómo estábamos. Tengo grabadas sus caderas, moviéndose hacia la puerta del cuarto de baño. Al llegar, cerró con llave.

-¿Qué hace?

-Siéntate, y abrete de piernas.

Un escalofrío, me recorrió, mientras la obedecía. Al hacerlo, se aproximó a mi, en mi misma posición. Atisbé cómo sus pezones, estaba completamente duros, al igual que los mios.

-¿Estás preparada para el acto final?

Sin pretenderlo, sonreí, mientras asentía.

-Preparada.

Se colocó frente a mi. Me besó, se separó, y, con lentitud, colocó su coño, junto al mio. Aún resuenan en mi cabeza, los gemidos de las dos, frotándonos mutuamente. Aún siento en mi entrepierna, el tacto de su coño rasurado. Aún me excito, al visualizarnos a las dos, corriéndonos al unísono.

-Eres una alumna aventajada - dijo, levantándose. y comenzando a vestirse.

Por mi parte, aún estaba en shock. Por lo que cuándo se despidió de mi, aún seguía tirada, en mitad de cuarto de baño, tan mojada aún, que por poco me masturbo allí mismo. No sé el tiempo que pasó, desde que me levanté, me vestí, y salí por la puerta del baño."

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-Ana... Es...

-Increíble, lo sé.

-No me imaginaba que la profesora Green... Fuese tan zorra...

-Ni tú ni nadie...

Calló de repente. La conocía de sobra, para imaginar que, lo siguiente que saliese de su boca, iba a ser algo, bastante fuerte.

-Hemos queado, el próximo fin de semana... ¿Te gustaría venir?

Un abrazo, selló el pacto. Ahora, sólo faltaba concretar, con la señorita Green, la fecha, y la hora.

Por DanoninoDeLeche

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