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viernes, 12 de enero de 2024

No soy como la mami papi, Parte 3 (continuación del relato que se compartió en la revista)


Habían pasado algunos días y las palabras de mi hija retumbaban en mi mente. Pero nada me hacía presagiar mi futuro con ella. Es cierto que comencé a follar a mi mujer casi todos los días pensando al apretado culo de mi hija.

Después del matrimonio ella y su marido se habían ido al Caribe y yo no hacía más que pensar a ella dejándose hacer por su marido todas las cosas que había hecho junto a mí y, solo Dios sabe, cuantas cachondeces más, mi hija era una putita terrible de caliente.


Finalmente, ellos volvieron a su apartamento ubicado en el mismo edificio nuestro, solo dos pisos más arriba. Los fui a recoger al aeropuerto y lo primero que hizo Carolina cuando me vio, con su mano derecha me mostró su dedo pulgar hacia arriba y me guiñó un ojo, pero no me dijo nada y eso me tenía intranquilo. ¿Le había dicho todo a su esposo, Marcelo? ¿Marcelo había aceptado follarla junto a mí? No sabía que pensar y esto me intrigaba al máximo, también mi polla estaba intranquila y se manifestaba con frecuentes erecciones.

Me estaba provocando una crisis y me confundía. Suponiendo que le haya dicho todo a Marcelo y que él hubiese aceptado de dejar a mi hija follar conmigo, su padre. Carolina habría resuelto su situación con su esposo y ya no tendría sentimientos de culpa y quedaría en libertad de follar conmigo. Pero yo también tenía mis sentimientos de culpa para con mi mujer. Tampoco Helena se merecía que yo la engañara. A pesar de todas sus limitaciones en el sexo, mi mujer y yo nos amábamos. Yo también debía sincerarme con ella, pero no sabía como enfrentar la compleja situación.

Me apesadumbré al pensar que tal vez me había embarcado en una situación demasiado escabrosa y de la cual no podía prever las consecuencias. Ciertamente la relación con mi hija era muy agradable, pero no dejaba de ser una situación un tanto bizarra y yo no sabía como iba a salir de esa. Pero me encomendé al buen Señor que soluciona todas las cachondeces de los comunes mortales, y sucedió algo inesperado que vino a solucionar casi todo.

Esa noche espontáneamente mi mujer tomó mi polla en su mano, haciéndome saber que quería que folláramos. Mi pija estaba dura en un instante pensando a las lujuriosas curvas de mi hija, pero que eran una replica de las curvas de mi mujer. Mi mente venía estimulada por las imágenes de dos mujeres, mi esposa y mi hija. Sabía que también debía satisfacer a ambas. Las dos estaban siempre deseosas de mi polla. Con mi esposa debía cumplir mis deberes conyugales y, a mi hija, sería imposible negarme a follarla, ciertamente no iba a negarme a darle toda la verga que ella me pidiera.

Ahora mi polla estaba en las cálidas manos de mi esposa. De hecho, a Helena le encantaba follar conmigo, solo que ella restringía mis cachondeces y no me daba su culo, tampoco mamaba mi polla hasta dejar que me corriera en su boca, pero se mostraba siempre entusiasta de una buena follada.

Recientemente mi hija me había revelado que Helena tenía dificultad a correrse con un orgasmo vaginal, así que cada vez que la follaba estimulaba su clítoris con mis dedos o mi lengua y no la soltaba hasta cuando no se corría dos o tres veces. Sus orgasmos se habían incrementado, eran más salvajes y potentes. También ayudaba un nuevo vibrador clitoriano que le había comprado en el sex-shop y que ella prontamente usaba o me dejaba usarlo en ella.   Se volvía loquita cuando le colocaba el vibrador sobre su coño y la follaba hasta correrme dentro de su panocha. Ciertamente no le agradaba mi lechita en su boca, pero adoraba sentir su coño rebosante de mi semen.

Había iniciado un ritual que me encantaba. Después de haberme corrido en su vagina, ella me dejaba salir de su chocho atiborrado de esperma; abría sus piernas y se enfilaba el vibrador en su coño embadurnándolo completamente de semen espeso y lechoso, luego comenzaba a pasearlo a lo largo del surco de su conchita, hacia arriba y hacia abajo, hacia arriba y hacia abajo; hasta correrse una o dos veces más. Era un verdadero placer verla con sus piernas separadas ampliamente como una puta mientras follaba su coño y estimulaba su clítoris con el artilugio que zumbaba suavemente en contacto con su coño caliente y lleno de semen. Después quedaba sobre la cama inerte y se adormecía rendida y satisfecha. Esas noches me fascinaban al sentirla hambrienta de polla, caliente como una puta en celo; casi tan caliente como su propia hija.

La noche siguiente tomé una de sus esplendorosas tetas y comencé a lamerla y mordisquear su pezón erguido.

—¡Vamos, tesoro! … ¡Toma el juguetito ese y hagámonos una buena follada! …

Le susurré mientras comenzaba a comerme su otra teta. Me sorprendió cuando me dijo:

—¡No! … esta tarde quiero solo tu polla … extiéndete y déjame a mi …

Apenas me recosté, Helena me saltó encima y luego de frotar mi erección contra su coño mojado, se sentó sobre mi polla dando largos gemidos de placer. Sabiendo cuanto le gustaba restregar su coño con el vibrador, la cosa me pareció un tanto extraña, pero debo decir que su coño apretado me hizo olvidar cualquier disturbio y me excitó verla tan ganosa y deseosa de mi polla. Sus besos, sus caricias y su cuerpo esplendido, pronto me incitaron a follarla como ella quería. Mi esposa es una bellísima mujer y mi hija es una copia fiel de ella, solo que eran similares físicamente, en lo sexual eran diferentes, mi hija era una puta desenfrenada y mi mujer no. Era recatada, casta y disfrutaba del sexo clásico y normal, a diferencia de Carolina que siempre buscaba de descubrir y experimentar cosas nuevas y cachondas sin importar cuan depravadas fuesen.

Comenzamos a follar con gusto, Helena me cabalgaba gimiendo y rozando mis pectorales con sus pesantes y duras tetas. Era de hace mucho que no la sentía así de caliente. Respiraba afanosamente y gemía que era una maravilla, se acercó a mi oído y me susurró:

—¡Tesoro … esta noche tengo un gran antojo por tu polla! … ¡Espero no te desagrade si me comporto como una putita caliente! … ¡Uhmmmm! … ¡Tu polla es maravillosa, cariño! … ¡Me encanta sentirme llena de tu verga, amorcito! …

—¡Me encanta cuando te comportas así, cariño! … ¡Ojala lo hicieras siempre, amor! … ¡Vamos, putita mía! … ¡Gózate esta cabezona verga de tu marido! … ¡Es solo para ti, cariño! …

Estaba un poco desenfrenada, saltaba y se dejaba caer encima de mi polla, restregaba sus tetas en mi pecho, me besaba, me mordía, gemía y chillaba como una cerdita. Su respiro era siempre más afanoso e irregular. Comenzó a morder mi lóbulo y a susurrarme algunas frases que casi paralizaron mi corazón:

—¡Tesoro mío … me gusta saltar sobre tu polla! … ¡Imagino como le habrás roto el culo a Carolina con esa rica verga tuya! … ¡Imagino cuanto habrás gozado tú llenando su boca con tu lechita! … Finalmente también tú has caído en el hechizo de nuestro angelito … ya no tendré esos sentimientos de culpa … Carolina es un espléndido pedazo de coño y sería un verdadero pecado no aprovechar lo que el buen Dios a casa te viene a dejar, ¿no crees? … tal vez es por eso por lo que me siento tan caliente como una puta de solo pensar que tu verga le ha abollado el culo a nuestra hija … eso me manda en éxtasis …

Me quedé sin respiro ni palabra. ¿Qué carajo estaba cacareando mi mujer?    ¿Acaso mi hija le había dicho de nosotros?    Además, ¿Se sentía feliz de haber sido cornificada por su propia hija? Y, ¿A qué se refería con esos sentimientos de culpa?

Abrí mi boca para preguntar, había tantas cosas que me intrigaban y necesitaba saber, pero ella me precedió y continuó:

—¿Has visto que hermosa panocha que tiene Carolina? … ¡Una conchita de marrana caliente! … ¡Quien sabe cuantas pollas han ya pasado por ese agujerito apretado! … además de encularla … ¿Le chupaste su coñito? … te puedo asegurar que meter la lengua en esa rajita apretada y llena de sabores celestiales, es como un regalo del Señor … si supieras cuantas veces se la he lamido y chupado bebiendo toda su sopa caliente … jamás nunca pensé que podía ser tan dulce y apetitoso lamer y beber el jugo de una mujer, hasta cuando no se la chupé a ella …

¡Santos carajos!  Mi cándida mujercita me estaba confesando candorosamente que le había chupado y lamido el coño a nuestra hija, Carolina. Ciertamente habría sido ridículo culpabilizarla después de que yo mismo me había follado su panocha y su culo. Inmediatamente me di cuenta de que todo esto era un maquiavélico plan de Carolina.Ella había pensado todo esto. Ciertamente me había confesado de sus tendencias a gozar de la panocha de una mujer, pero ¡El coño de su madre! Primero había lesbicado con su madre y después, se había hecho encular por su padre. ¡¡Pero qué gran bella puta habíamos traído al mundo!!

De todos modos, tengo que admitir que el solo pensar a mi mujer entremedio de los muslos sedosos de Carolina a chupar y lamer su coño lampiño, me excitaba sobre manera. Prontamente acepté la idea, también porque esto significaba que podría disfrutar del culo y del coño de Carolina con el completo beneplácito de mi esposa. ¿Qué más podría pedir? Pero quería saber más:

—Siempre pensé que te gustase solo la verga … ignoraba completamente estas tendencias tuyas un poco … ¡ehm! … lésbicas …

—¡Ay, amorcito! … también yo las ignoraba … nunca lo había imaginado siquiera … pero se dio todo en modo casual … ha sido todo merito de nuestra hija, ¿sabes? …

No sé por qué, pero esto no me causó ninguna sorpresa ni tampoco me pareció tan casual, mi casta e ingenua mujer continuó:

—… ¡ehm! … ella … bueno … yo y ella normalmente hablamos de sexo … una tarde no excitamos mucho ella y yo … le confesé de mis limites sobre el sexo oral y anal … me miró estupefacta … me dijo que ella no tenía esos limites … me confesó que le encantaba prenderlo en el culo … me dijo de haber tragado litros de esperma de los muchachos del colegio … me mojé escuchando a mi hija, amor mío … mi coño era una laguna …

—¿Y te dijo algo más? …

—¡Sí, amor! … comenzó a usar un lenguaje obsceno … sabes que no me gusta … pero en boca de ella me parecía genial … me dijo que me estaba perdiendo lo mejor del sexo y que era maravilloso sentir una gran verga por atrás … y sin ningún pudor, me dijo que ella también chupaba y bebía toda la esperma que le pudiera dar un muchacho … después de eso me abrazó, se acercó a mi oído y me dijo a baja voz … “mami … a todos los hombres les gusta el culo de una mujer y también llenarle la boca de semen … y si no obtienen eso en casa … muy probable que lo busquen y encuentren fuera de casa … no creo que a ti te gustaría que papá hiciera eso, ¿entiendes lo que quiero decir, verdad” …

—¿Eso te dijo? … y tu ¿Qué le dijiste? …

—¡Ay, tesoro! … se me vino el mundo encima … me puse a llorar … sabes cuanto te amo y no quiero perderte … le dije que tu nunca te habías quejado de eso … y que con la inmensa verga que te gastas me haces completamente feliz … cuando escuchó mis alabanzas a tu pija, vi que su expresión cambiaba … me pareció que sus ojos brillaron … y quiso saber más, entonces le mostré las fotos que le había hecho a tú bendita polla …

—¿Tú hiciste eso? …

—¡Por supuesto! … no quería quedar de mentirosa …

—¿Y que dijo ella? …

—Bueno … te vio desnudo con tu polla completamente parada y dura … luego miró los primeros planos con mucha atención … casi se puso bizca mirando las fotos de tu polla una y otra vez … y exclamó … “Santo Jesús, debería ser maravilloso sentir la polla de papá bien dentro de cualquier coño, ¿verdad, mami?” …

—¿Y tu le insinuaste algo? …

—¡No! … Solo asentí con mi cabeza, pero nunca la había visto así tan interesada en ti, pero eso no es todo.    Después de un rato me comentó: “Mami, no puedo ocultarte que la polla de papá me provocó unas contracciones que me llegaron al útero.   Creo que todas las mujeres soñamos de vez en cuando en encontrar una polla que nos llene por entero la panocha. Yo soy una de ellas, mami. Daría cualquier cosa por tener una pija como la de mi papi bombeando lechita en mi chochito.”

—¡Oh! … ¡Uhm! … ¿Entonces tu le habrás llamado la atención imagino? …

—¡No, cariño! … viéndola fuertemente excitada con el pensamiento de tu polla en su cabeza … me vino a la mente eso que ella misma me acababa de decir … que tú podrías buscar fuera de casa lo que no tienes conmigo … pensé alocadamente y me vino a la cabeza algo diabólico y perverso …

—¿Y me puedes decir de que se trata eso tan perverso y diabólico? …

—Mauricio … créeme … me sentí desesperada y estaba dispuesta a todo para no perderte … eres y serás siempre mi único amor … entonces, amor … le hice una propuesta maquiavélica e indecente …

—¡Oh, esto se pone interesante! … ¿Y que le propusiste, cariño? …

—¡Ehm! … bueno … como estábamos hablando sin tapujos entre madre e hija … descaradamente le dije: “Escúchame, Carolina … ¿Deveras te gustaría probar la verga de tu padre? … ¿Le darías tu culito y te tragarías toda su leche? … Yo te dejaría via libre … y no sería celosa de ti … es siempre mejor si tu papi te folla a ti y no cualquier puta de la calle …” …

—Entonces … ¿Fuiste tu a proponerle que me sedujera? …

—¡Sí, amor mío! … y estoy contenta de eso … deberías haberla visto como le brillaban los ojitos a tu hija cuando se lo dije … se volvió como loca … me abrazó y me lleno de besos …

—Entonces … ¿Todo esto nació de una idea tuya un tanto descabellada? …

—¡Oh, vamos! … No seas mal agradecido … sé que la follaste y tú y ella se divirtieron mucho … ella me contó todo … me dijo que eras un puerco pervertido … y que nunca había disfrutado tanto con una polla …

—Entonces … ¿No estás ni enojada ni celosa? …

—¡Por supuesto que no! … Además, tu hija es más puerca que tú … cuando le dije que estaba dispuesta a todo con tal de no perderte … ella me estrechó más a ella y con una voz ronca y sensual, se acercó a mí oído y me susurró … “Mami … yo haré que jamás pierdas a papá … pero eso tiene un precio” …

—¡Guau! … ¡No hay duda de que ella es una digna hija mía! … ¿Y cual era su precio? …

—¿Ni siquiera lo imaginas? …

—¡Ehm! … bueno … me vienen a la mente varias cositas … pero dime ¿Qué te propuso ella? …

—Yo me quedé silenciosa e inmóvil … no sabía que hacer con esa malcriada … y como ella no decía nada … fui yo a pedírselo … Dime que cosa quieres …

—¡Nooo! … ¿Y te lo dijo? …

—Me besó en la boca … me metió su lengua y me agarró los senos … ¡Me quitó mi sostén! … tiró sus tetas afuera y las apretó contra las mías … me hizo sentir cosas que yo no sabía que pudiese sentir … nuestras tetas estaban como pegadas … comenzó a comerse mi orejita y lamer mi boca … mis sentidos se conmocionaron … me hizo estremecer esta guarra de tu hija …

—También es tu hija … no me des todo el crédito a mí … ¿Y qué hiciste entonces? …

—Me vinieron unos escalofríos por todo el cuerpo … más aún cuando comenzó a decirme palabras soeces que encendían mi imaginación … su tono era suave, pero persuasivo … me dijo sin medias palabras … “Mami, te quiero a ti … si tengo que satisfacer a mi padre con todas sus puercadas … entonces me debes dar tu panocha … te darás cuenta de que no solo sé cómo tratar a un hombre … también he hecho gozar a algunas mujeres … mis amigas gritan de placer cuando me como sus coños” … Estaba atónita de sus palabras y espontáneamente me vino de preguntarle:

—¡Por Dios, Carolina! … No me dirás qué … No me dejó terminar, me mordió mi labio inferior y me estremecí de placer sintiendo las caricias y besos de mi hija … con cierta agresividad me dijo …

—¿Qué? … ¿Qué quieres saber? … ¿Si me gusta chupar y lamer un chocho? … cierto que sí, mami … me gusta mucho … chupar y que me chupen … por si no lo has entendido … me gusta todo tipo de sexo … ¡Todo y más! … Me encanta la verga, pero jamás desdeño una panocha … soy bisex, mami … ¿entiendes? … y me gustan más las mujeres mayores, porque son más putas que las jovencitas …

Estaba literalmente estupefacta con las confesiones de Carolina … pero ella continuaba a lamer mis mejillas, mordisquear mis lóbulos y besuquear mi boca … mi coño se mojó, querido … me mojé como cuando estoy contigo … me besaba, me lamía, me acariciaba, me chupaba las tetas y no sé de donde apareció un vibrador que comenzó a pasar por mi vientre y mis senos …

—¿Me quieres decir que ella te sedujo a ti? …

—¡Sí, amor! … ¡Así fue! … me dijo: “Mami, debes saber que no hace falta una polla para hacer gozar a una mujer … también los besos, las caricias y las chupadas pueden darte un placer similar o mayor … pueden hacerte gozar como una verdadera puta en celo y llevarte al séptimo cielo” … Después se apoderó de mis tetas dulcemente y con sus labios excitó mis sensibles pezones … no me pude resistir, cariño … tu sabes lo excitable que soy cuando me chupan las tetas …

—¡Uhm! … una verdadera diablilla nuestra hija, ¿no? …

—¡Justamente! … enseguida me dijo: “Mami … el amor entre dos mujeres es algo natural … y si son madre e hija es aún más intenso y placentero … mi primera experiencia fue con tu amiga Luisa, ella y su hija me iniciaron al placer lésbico … nunca lo olvidaré … fue maravilloso” …

—¿Tu amiga Luisa con su hija también lo hacen? …

—¡Oh, sí! … también para mí fue una inesperada sorpresa … pero ella continuó: “Mami la relación sexual entre madre e hija es mucho más que eso … la intensidad y entrega son insuperables … desde siempre me he sentido atraída por ti, mamá … eres la mujer que he siempre deseado …pero nunca me he atrevido a exteriorizar mis sentimientos hacia ti … hasta ahora que tú me propones de seducir a papá … inmediatamente me pregunté … ¿Por qué con papá sí y con mamá no? …

—¿Y con ese argumento te convenció? …

—¡Sí … pero no solo! … sus manos viajaban por todo mi cuerpo … mis tetas venían ordeñadas por sus avezados dedos … me acariciaba la espalda … palpaba mis nalgas … el vibrador estaba sobre mis bragas excitando mi coño … no me pude resistir, cariño … me dijo que ella iba a pensar en algo para seducirte y yo estuve de acuerdo …

—¿Entonces ella vino a mí con el cuento del traje de baño, las vacaciones en el Caribe y todo eso … nada más que para seducirme? …

—Temo que así fue, tesoro …

—¡Ehm! … bueno … por lo menos ahora está todo más claro y ya no sentiré esos sentimientos de culpa por haberte engañado con nuestra propia hija …

—¡Oh, que bueno! … también es un alivio para mí esclarecer todo esto entre nuestra cachonda hija y nosotros … ella … bueno … ella no se detuvo … me dijo: … “Mami … te quiero y te deseo … te hare gozar tanto o más de lo que te hace gozar mi papi” … cariño … las palabras de Carolina me hicieron estremecer … parecía un pulpo o como esa diosa india que tienes como seis o más manos … masajeaba mis tetas … sus dedos se enfilaban en el surco de mis glúteos … mis bragas descendieron a mis rodillas y esa cosa se puso a vibrar justo encima de mi clítoris … me estaba haciendo enloquecer, amor … me tenía completamente en su poder … y yo … bueno … ya no tenía voluntad ni fuerza para rechazarla … me estaba haciendo gozar como una puta … ¡¡Me desnudó entera casi sin darme yo cuenta de ello!! …

—¡Guau! … ¿Y que hicieron luego? …

—Bueno … me abrazó con fuerza … me aferró de las nalgas y me estrechó a ella … apenas sintió el contacto de su pubis con el mío, empujó con fuerza su vientre sobre mi vientre … estábamos casi en contacto directo de nuestros coños … me pegué al cuerpo de Carolina … casi sin darme cuenta mi panocha buscaba de restregarse contra su chocho … era un gesto inconsciente, pero el significado era más que evidente … mi coño deseaba el suyo …

—¡Uhmmm! … ¡Me hubiese gustado estar ahí! …

—¡Sí … lo sé que eres un cerdo! … pero déjame continuar: … Sentí su afanosa respiración en mi cuello, sus labios me besaron y me estremecí cuando empujó su pierna entre mis muslos … luego su voz ronca en mi oído me susurró … “Mami … siento tu panocha que presiona contra la mía … estamos pegaditas con nuestros sexos … te gusta el contacto con mi vagina, ¿verdad? … eres tan puta como yo, mami … pero te esfuerzas en ocultarlo en vez de disfrutarlo y dejarte ir … ¡Libérate, madre! … ¡Déjate andar! … nuestros vientres ondulaban al ritmo de una música silente … nuestros coños se acercaban cada vez más …

—¡Hmmmm! … ¡Que erótico debe haber sido eso! …

—¡Sí! … Carolina improvisamente me dio un golpe seco con su guatita … la sensación de sentir su panocha sobre la mía me hizo temblar … me fue imposible continuar pasivamente ante su impetuosa fogosidad y empuje mi pelvis contra la suya … fue un momento maravilloso … nos miramos a los ojos … ella atrapaba mis nalgas con sus manos y mis manos estaban sobre su trasero … nuestros huesos púbicos se estrellaron … era coño contra coño … sus brazos me abrazaron por el cuello y yo envolví su cintura con los míos … nuestras bocas se unieron en un libidinoso beso incestuoso … nuestras lenguas se torcieron la una con la otra … y comenzamos un refriegue de nuestros sexos desnudos …

—¡Guau! …

—¡Ummmm! … ambas estábamos gimiendo y manteniendo el estrecho contacto de nuestros vientres … me desconcertaba, pero al mismo tiempo me excitaba estar sintiendo este inmenso placer con la lengua de mi hija en mi boca … Cariño … no podía seguir mintiéndome a mi misma … el cuerpo sensual y voluptuoso de Carolina me atraía inexorablemente … sus palabras y caricias hacían hervir mi sangre … mi panocha estaba empapada obscenamente … pero el momento en que su mano separó mis labios vaginales con sus largos dedos, creí que iba a morir … en forma espontánea cerré mis muslos para aprisionarla entre mis piernas … no quería dejarla escapar … y ella susurró … ¡Hmmmm! …

—¿Qué te dijo? … ¿Qué te dijo? …

—¡Mmmm! … ¡Vamos, mami! … ¡Relájate! … ¡Déjate ir! … ¡Sé que te gusta! … ¡Estás temblando toda entre mis brazos! … ¡Demuéstrame que eres tan puta como yo! … ¡Dime que te gustan mis dedos follando tu coño! … ¡Separa tus piernas! … ¡Déjame entrar en tu coño, mami! …

—¿Y la dejaste? …

—Tesoro … la sola idea de que mi hija me follara con sus dedos botó por tierra todas mis inhibiciones y me rendí a sus caricias … mi cerebro fue obnubilado por esas sensaciones nuevas … y abrí ampliamente mis piernas a las caricias de mi hija y a su depravación … mi cuerpo estaba poseído por una excitación incontrolable … ella metió dos de sus dedos en mi chocho y se asombró de encontrarme tan mojada … me dijo que ese era un signo incontrastable de que mi coño la deseaba a ella … tu coño no miente … tu coño me quiere, mami …

—¡Uhm! … ¡Qué caliente tu hija! …

—¡Tal cual como su padre! … pero también me estaba calentando a mí … le dije: … “Carolina, tesoro … te gusta jugar con el coño de tu madre, ¿verdad? … me gusta sentir tus dedos en mí … me estás haciendo gozar … si haces algo así con tu padre, lo harás morir de placer” … y ella ni corta ni perezosa me respondió: … “Mami … papá déjalo a mí … ahora quiero que juegues con mi coño, mami … méteme tus dedos dentro … folla mi panocha, mami” … en ese preciso instante entendí que la deseaba como nunca había deseado a nadie … deseaba follar la concha de mi hija, ¿entiendes? …

—Te comprendo perfectamente … a mí me sucedió algo parecido …

—Lo sé … su coño es adorable … ella había separado sus piernas y esperaba mi mano … rápidamente ahuequé la palma y sentí sus esponjosos labios gorditos y mojados … acaricié su panocha … se sentía resbaladiza y caliente … la penetré con un par de mis dedos y comencé a follarla … Carolina estaba muy excitada … su coño se sentía delicioso y jugoso, así que me ti un dedo más y comencé a follarla con tres dedos y mi dedo pulgar a acariciar su clítoris … Mauricio, me tienes que creer … nunca me había calentado con una mujer … me comporté como una cerda con mi hija …

—Madre e hija … dos putas cachondas y lésbicas …

—¡Ay, tesoro! … ¡No es así! … ¡Y tu lo sabes! … solo que nos dejamos llevar … lo nuevo … la inexperiencia de experimentar … la confianza y complicidad que puede haber entre madre e hija … ¡Ay, no sé! … ¡Eran tantas cosas juntas! … ¡Y todas tan ricas y deleitables! …

—¡Y te hizo algo más! …

—¡Pero si no podíamos detenernos, cariño! … nuestras bocas estaban hambrientas de besos … nuestros dedos revolvían los fluidos de nuestras panochas … nuestros vientres se juntaban y ondulaban queriendo follar una el coño de la otra … ¡¡Virgen Santísima, cuanta lujuria y placer!! …

—¡Entonces se detuvieron! …

—¿Acaso no has entendido nada? … No había forma de que nos detuviéramos … era un juego exquisito entre ella y yo … seguimos a prodigarnos caricias y besos … luego Carolina se detuvo …

—Lo sabía se detuvieron …

—¿Estás loco? … ella se detuvo porqué chocamos con la mesa de la sala … solo entonces nos dimos cuentas de que estábamos desnudas … pero seguíamos igual de calientes … Carolina recogió sus vestidos y yo recogí mi ropa … luego corrimos sin decir palabras a su dormitorio …

—¿El dormitorio de ella? …

—¡Sí! … porque si íbamos al nuestro tu podrías llegar sorpresivamente y sorprendernos desnudas …

—¡Oh! … ¡Cuánto me hubiese gustado hacer eso! …

—Sí, lo sé que eres un cerdo pervertido … bueno … cuando llegamos al dormitorio, Carolina lanzó sus vestidos sobre una silla y yo hice lo mismo … ella subió a su cama y me dijo: … —“Ven, mami … quiero mirarte … estoy enloqueciendo de deseos por ver tu panocha … muéstramela, mami … hazme ver tu vagina, por favor” … —¿Entiendes? Mi hija me estaba pidiendo que le mostrara mi coño, pero lo más asombroso es que eso me excitó al máximo … quería mostrarle mi panocha a Carolina … sin remilgos ni vergüenza alguna quería que ella se diera cuenta de lo mojada que estaba … me senté sobre el edredón y abrí mis piernas para mostrarle mi vagina encharcada a mi nenita …

—¡Guau! … ¡Que pervertidas! …

—¡No me importa lo que digas! … me sentía realmente una cerda depravada y me comporté cómo tal … hice un poco a un lado mis vellos vaginales que afortunadamente son poquitos y aferré mis labios mojados abriendo mi panocha de par en par, de modo que mi hija pudiese ver bien el coño de su madre … luego levanté mi pubis hacia su rostro para que ella pudiera examinar bien mis enrojecidos y excitados labios vaginales … le dije: … “Mírala, amor mío … espero te guste mi panocha … tu mirada de cerda cachonda me dice que te gusta … ve como has hecho que me moje … ahora puedes jugar con mi coño … demuéstrame cuanto te gusta … y no te detengas hasta que me corra en tu boca” …

—¿Y tu la incitaste a comerte el coño? …

—Mauricio, cariño … tenía tantas ganas … pensé que se iba a tirar de cabeza entre mis piernas … en cambio se quedó allí a fijar mi conchita llena de jugosos fluidos … luego se inclinó hacia mi como en una cámara lenta y estampó un sonoro beso sobre mi clítoris … mi cuerpo entero se estremeció y creí que me iba a morir … fue como un golpe eléctrico …

—¿Y no te hizo nada más? …

—¡No te apures! … esa puta de tu hija … me dio un segundo beso allí mismo … mi espalda se arqueó y chillé sintiendo un segundo corrientazo eléctrico … esa putita sabía muy bien lo que estaba haciendo … me desesperé y le grité enloquecida: … “Puta de mierda, besamela … besa la chuchita de donde tu naciste … llénala de besos” …

—¡Guau! … ¿Y ella que hizo? …

—Bueno … cuando vio que abrí más mis piernas y mantuve mi panocha obscenamente abierta … se la empujé contra su boca y ella hundió su boca en mi agujero abierto y comenzó a lamer y beber mis jugos … besó repetidas veces mi clítoris … me anduvo mordisqueando los labios … me besó hasta el culo …

—¡Ummmm! …

—Me volví como loca … no podía ni siquiera respirar … luego levantó su rostro de mi coño … estaba toda embadurnada con mis fluidos … sus mejillas brillaban mojadas … sacó su lengua y la agitó en el aire frente a mí … la movía en forma indecente … pero me hizo hervir la sangre … quería esa lengua de mi hija dentro de mi chocho …

—¡Oh! …

—Le grité: … “Carolina, amor mío … dame esa lengua tuya … ¡vamos! … enfílamela dentro … hazme ver cuanto te gusta comerme la panocha … chupa la vagina de mamá … chúpamela … me quiero correr en tu boca” … Mauricio, debes creerme … nunca había gozado así tanto, nuestra hija casi me mata de placer … y no me pude contener …

—¿Finalmente te corriste? …

—No todavía … ella se zambulló entre mis piernas … me metió su lengua dentro mi panocha y comenzó a agitarla dentro … parecía tener una pequeña hélice que giraba enloquecida dentro de mi vagina y su nariz aplastaba mi clítoris … era demasiado para mí … aferré su cabeza con mis manos y la empujé contra mi ingle … sentí su lengua adentrarse profundamente en mí … su nariz continuaba a frotarse contra mi botoncito con inusitada violencia … era humanamente imposible resistir … mis piernas comenzaron a temblar … mi cabeza había enloquecido y se movía de lado a lado … grité y chillé … me dolían las tetas … no podía parar de temblar … se me acalambraron hasta mis piececitos …

—¡Ay, Helena! … ¡Me asustas! …

—Me corrí, Mauricio … me corrí como una vaca … una cerda en celo … me revolqué sobre la cama de mi hija … un delicioso e infinito orgasmo … una cosa exquisita y devastadora … nunca imaginé ni soñé algo tan asombroso … sentí que me salía de mi panocha una cantidad inimaginable de fluidos … me pareció que me estaba meando … y esa guarra de Carolina abrió su boca y recibió el entero chorro dentro … tragaba y tragaba … el jugo de mi placer le chorreaba por la barbilla … mantuve mi panocha abierta hasta que salió hasta la última gota … cuando terminé de mear su boca, ella se levantó y me abrazó besándome en la boca y compartiendo un poco de mis fluidos que se había tenido entre sus labios … saboreé mis propios jugos con su beso …

—Y así terminó todo, ¿no? …

—¡Eso es lo que tu crees! … ¡Pero no fue así! …

—¿No? …

—¡No! … Carolina me miró con los ojos achinados y brillantes … parecía poseída por un demonio cachondo … me dijo: … “Mami … sé que me deseas tanto como yo te deseo a ti … vamos a probar a jugar un jueguito que se llama sesenta y nueve … acomódate de espalda sobre la cama yo estaré sobre ti” …

—¿Entonces tú la pusiste en su lugar imagino? …

—¡Por supuesto que no! … hice como ella me dijo … creo que yo también estaba endemoniada … prestamente me acomodé y ella montó mi cabeza … la vista de su pequeño coñito sin pelitos me hizo pasar mi lengua por mis labios e imaginar su coño abierto a mi lengua … lo estaba saboreando antes de comerlo …

—¡Le chupaste el coño a Carolina … nuestra hija! …

—No solo eso … por las siguientes dos horas nos besamos … nos acariciamos … nos palpamos tetas y culos … me chupó y lamió por todo el cuerpo … y yo hice lo mismo con ella … no se cuantas veces nos corrimos … era casi como un orgasmo sin fin … nuestra hija es deliciosa e impetuosa …

—¡Ummmm! … ¡Guau! …

—Luego este tesoro de muchacha, me enseño a restregar mi panocha contra su panocha … ella dijo que era algo así como “Tijeras” … convulsioné deliciosamente frotando mi coño con el de mi hija … nuestros labios vaginales pegados y calientes frotándose estrechamente mientras nos besábamos libidinosamente … nuestros cuerpos estaban entrelazados como dos serpientes … nuestros orgasmos fueron simultáneos y devastadores … temblábamos y nos sacudíamos eyaculando con nuestros coños pegados … ¡Era demasiado exquisito sentir el coño caliente de mi hija tiritar sobre el mío! … pero con tanto estimulo, Carolina se agitó inquieta y me dijo … “Mami … me han venido unas ganas terribles de hacer pipi … no quiero ir al baño, mamá … quiero que me abraces fuerte, fuerte” …

—¿Cómo? … ¿La abrazaste? …

—¡Ay, Mauricio! … estaba tan caliente que no quería que su coño se despegara del mío … acomodé nuestras tetas y la abracé muy estrecha para que no se separaran nuestros chochos … y Carolina relajó su vejiga frotando su coño al mío mientras meaba que era una delicia … casi me volví loca sintiendo su orina deslizarse entre mis piernas … lo sé … fue como el culmine de la depravación, pero volví a correrme abrazada a ella y sintiendo su pipi mojando mi botoncito …

—¡Ummmm! … ¡Cómo me hubiese gustado estar allí! …

—¡Ya lo creo! … pero cuando me recuperé de mis espasmos y temblores … Carolina todavía frotaba su coño contra el mío, y me dijo: … “Mami … ¿sabes? … te quiero pedir una cosa …” … ¡Mauricio! … estaba tan excitada que estaba dispuesta a hacer todo lo que ella me pidiera …

—¿Y que quería esta guarra hija tuya? …

—No podía creer que ella me pidiera de recambiar lo que ella había hecho por mí …

—¿Qué? … ¡Explícate mejor, cariño! …

—Sus palabras fueron más o menos estas: … “Mami … quiero sentir tu chorro de pipi en mi clítoris … quiero que me masturbes con tu orina caliente … hazlo, mami … ha sido siempre mi sueño de hacerlo contigo” … ¡Mauricio! … podrás creerlo o no … pero me di cuenta de que eso era lo que yo esperaba que ella me pidiera … me sentí muy excitada de poder mear el coño de Carolina … prontamente tomé posición en medio a sus muslos para satisfacer su obscena propuesta … no fue necesario decir nada, ella se acomodó y abrió con sus dedos los labios de su chocho … cuando miré su coño enrojecido y excitado con los labios estirados e hinchados, me volví como loca … su clítoris estaba apenas cubierto por sus rosados pliegues … el espectáculo era obsceno, pero terriblemente excitante … posicioné mi panocha a unos veinte centímetros de su coño inflamado … Carolina miraba mi coño y el suyo con una máscara de lujuriosa libidinosidad esperando que el chorro de pipi saliere de mi coño …

—Y te atreviste a mear en su coño, ¿no? …

—¡Mauricio, ella me lo estaba pidiendo casi a gritos! … “Vamos, mami … chorrea mi botoncito … estoy muy caliente, mami … méame … orina sobre mi clítoris y haz que me corra” … Gemía como una puta … sus labios vaginales estaban completamente abiertos y me ofrecía su clítoris turgente y completamente fuera de sus pliegues … sentí una presión en mi coño y abrí mis propios labios apuntando a su panocha … salió un chorro potentísimo que alcanzó su vientre sudado y algo cayó sobre su coño … Carolina levantó sus caderas y casi juntó mi vagina con la suya … mi chorros continuaron a salir sin pausa … la meé por todos lados … sus muslos … su guatita … su cuquita doblemente empapada con sus fluidos y los míos … Carolina comenzó a chillar y gritar de placer … yo también grité sin control … me toqué mi clítoris y bastaron dos segundos para correrme en un delicioso y liberatorio orgasmo …

—¡Guau! … Deveras me habría gustado estar allí con ustedes …

—Bueno … no sigas diciendo eso … creo que tendremos nuevas oportunidades de gozar con nuestras adorable hija … podríamos compartirla … tu disfrutaras con su culito y sus mamadas con tragadas y yo podré deleitarme de sus maravillosas lamidas y chupadas, esos placeres que solo dos lésbicas incestuosas pueden regalarse … quizás si ella querrá sentir mi meada en el agujerito de su culo …

Las palabras de mi mujer me habían hecho delirar. Ya imaginaba todas las cosas que podría hacer yo con ellas dos en la cama. Ahora ya sabía que nuestra hija había pasado de la verga del padre a la panocha de su madre sin remilgos ni hipocresías.

Se vislumbraba un futuro prometedor para nuestra vida sexual en familia.

Continuará

Por JUAN ALBERTO

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