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martes, 9 de enero de 2024

Víctor y María, Parte 1


Creo que esta es mi oportunidad. María viene a quedarse toda la semana conmigo y como un papá preocupado voy a hacer que disfrute todos los días.

Para ponerlos en contexto nos separamos hace unos meses ya y recién nos estamos organizando. Al momento de la separación ella se quedó con el departamento en la ciudad y yo con la casa de fin de semana, hago home office con el exterior y el tiempo libre lo dedico a arreglar el parque, hacer caminatas por la zona, etc. La casa está resguardada por rejas en todo su frente y todo un seto que bordea la casa con mi vecino. Soledad y tranquilidad absoluta.


Y en todo este tiempo en que pudimos acomodar las cosas y divorciarnos y seguramente desde un tiempo antes, solo que yo no prestaba atención, mi pequeña María se ha dedicado a calentarme con sus pequeños jueguitos.

De un momento a otro empecé a darme cuenta lo que hacía la pícara, apoyar su culito o su conchita sobre mi verga mientras me pedía upa. Saltar a caballito hasta que la hacía endurecer o acostarse a dormir conmigo pidiendo hacer cucharita mientras solo su calzoncito la separaba de mi pene. Muy muy pícara.

María llega y salta a mis brazos, sus piernas se enredan en mi cintura y queda justo sobre la punta de mi verga que de solo sentirla ya se pone dura. Mi ex deja su valijita al lado nuestro, le da un beso y después de unas cuantas indicaciones se va.

La bajo despacio mientras su vaginita roza todo mi tronco y juntando sus cosas entramos a la casa. Cierro con llave, entorno las cortinas y pongo la alarma para que nadie nos moleste. Me ocupé de comprar todo lo que iba a necesitar y algunas cosas más. La llevo a su habitación para qué ordené y le digo que cuando esté lista bajé.

¿Creo que es un morbo que todos tenemos aunque lo sabemos ocultar muy bien o nunca se fijaron en la vaginita de su hija o el culito de su niño mientras los bañan? ¿Cuándo buscan porno en las redes no los calientan las -18 y se exprimen la verga fantaseando? ¿Quién no se imaginó arrinconando a la sobrinita en una habitación oscura de la casa?

Yo iba a aprovechar y esa fantasía que me había despertado María la haría realidad.

Cuando bajo yo ya estaba con un bóxer que me marcaba toda la chota, me había acostumbrado a andar así en casa, ya que estaba solo y mi niña lo veía natural. Verla entrar en la cocina con su trajecito de baño hizo que mi verga se endureciera más. En esas semanas había crecido y si bien no le quedaba chico hacía que su vagina regordeta se apretara contra la licra.

Bebé, no te hace doler el bikini? Tendríamos que haber comprado uno nuevo- le dije mientras pasaba uno de mis dedos por el medio de ese canalito- si te parece podéis ponerte uno de tus calzoncitos total estamos solos en casa.

Subió corriendo a cambiarse y volvió con una bombacha blanca con florecitas rosadas, me relamía de gusto por esa pureza que solo yo podía probar.

Preparé la merienda y llevé todo al jardín, bajo los árboles se estaba fresco y no se sentía más que los pájaros. Mientras tomaba su chocolate le fui haciendo preguntas de sus días en la escuela, había terminado segundo grado, de sus amigas. Todo para que entrara en confianza.

¿Papi puedo preguntarte algo?- me dijo dejando su taza sobre la mesa, todo un bigote marrón le adornaba los labios- Nati me dijo que los papás nos podían dar besos.

¿Y cuál es la pregunta?- le dije mientras sonreía.

Tú nunca me besas como Nati dice que la besa su papá.- me quedé esperando que continuará- Nati me contó que su papá le da besos en la boca y en otros lados que le hace cosquillitas y le gusta mucho.

Mi verga de solo escucharla con esa vocecita tan de bebé largaba precum a dos manos, la sentía palpitar dentro de mi bóxer pidiendo salir a pista. La alcé de su silla y la puse en mi falta mirándome de frente. Sus manos se apoyaron casi encima de mi pene y por poco no acabó antes de empezar con todo.

María, yo también puedo hacer eso, pero tiene que quedar entre nosotros- le dije mientras ella asentía con su cabecita- podemos jugar y hacer todo lo que Nati te cuenta, pero nadie se tiene que enterar nunca. ¿Te parece que vayamos adentro y jugamos?

Se bajó de un salto y salió corriendo hasta la casa mientras gritaba que me apurara. ¡No sabe lo que le espera!

Dejé todo en la cocina, puse llave en la puerta del patio y de la mano la llevé a mi habitación. La senté en el medio de la cama y agarrando el control remoto me senté tras ella que apoyo su espaldita en contra mío.

Seleccioné una de las pelis que me había descargado y mientras empezaba le conté lo que íbamos a ver. A pesar de eso, cuando aparecieron las imágenes se quedó sorprendida.

Un hombre desnudo jugaba en la playa con una nenita muy parecida a María, se corrían y rozaban hasta que él la atrapaba y la empezaba a acariciar.

Yo había aprovechado para hacerle lo mismo, mis manos subían y bajaban por sus brazos y piernitas, le daba besitos y mordisquitos en el cuello y mientras hacía eso cada tanto uno de mis dedos pasaba por su vaginita que se humedecía. Sus suspiros y temblores me hacía saber que todo iba bien.

El hombre había acostado a la niña en la arena, así que hice lo mismo, María me miraba con sus ojos grandes y una sonrisa a flor de piel. Le saqué su bombachita y abrí sus piernas, sus labios vaginales gorditos resguardaban el mejor de los manjares.

¿Si miras la peli, vas a ver que el papá está jugando con la conchita de su hija y a ella le gusta, me vas a dejar hacer lo mismo? – le pregunté mientras dos de mis dedos abrían sus labios. Ella solo suspiró y cerró los ojos.

Fui bajando mi cabeza hasta enterrar mi nariz en su huequito, solo el dulce perfume de mi niña. Con la punta de mi lengua toqué su botoncito y un gemido corto el ambiente. Mientras con una mano sostenía sus piernas abiertas con la otra maniobre hasta dejar mi verga libre, sus venas estaban marcadas y la punta tan roja como si fuera una cereza.

Ahora, si puse sus piernitas en mis hombros y acercándola, empecé a comer esa concha como se lo merecía. Mi lengua recorría desde su anito rosado, pasando por sus labiecitos afiebrados hasta terminar en su clítoris, que ya era más que un botón. María gemía y gemía y apretaba cabeza con sus piernas.

Papi papito ahhh creo que me voy a hacer pis… No ahha no sigas- me decía entre gemidos y sollozos mientras yo aproveché a aumentar mis lambidas. Una agüita dulce explotó en mi boca mientras un gemido largo salía de la boquita de mi niña. Quedó como desmayada, perdida en su primer placer.

Yo me puse de rodillas en la cama y empecé a masturbar mi verga, tres toques hicieron falta para que mi semen saltará sobre el cuerpito de mi hija. En el televisor el papá acababa en la boca de la suya.

Por Larissa

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