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viernes, 19 de enero de 2024

Obesidad


– ¿Hija, y esa cara? Por qué tan triste – le pregunté mientras conducía. Mi hija iba sentada al lado, en el asiento del copiloto, el mentón sobre su pecho, solo el cinturón de seguridad impedía que se fuera de bruces hacia adelante.
La había pasado a buscar, como cada sábado en la tarde, como lo indicaba el derecho a visita, después del divorcio.

Nos divorciamos cuando ella tenía 11 años. Con motivo del juicio estuve un año sin poder verla.

Mientras yo vivía en una pensión, no quise arrendar un departamento y juntar esa plata del arriendo en un banco.

Después, cuando tenía casi 13 años, recién pude comenzar a verla, unas horas, dos veces al mes. A medida que pasaron los meses, las horas fueron aumentando. Según la resolución del tribunal, ella podía pasar el fin de semana conmigo. Pero no podía llevarla a la pensión.


Ahora, a sus 14 años, que me compré un departamento, que estoy pagando, quiero mostrárselo a ella.

Siempre cuando salimos vamos a un mall, le compro cosas, comida en el patio de comidas, vamos al cine y en la noche la voy a dejar, no muy tarde.

Pero ahora la llevaba al departamento que me compré y que orgullosamente quiero mostrárselo.

Ella no decía nada, mu seria, muy triste.

– Pero, qué pasa hija? –

– Nada,! – respondió secamente.

Llegamos al edificio, se abrió la reja de entrada y bajé al -3 donde está mi estacionamiento, a menos de 20 metros del ascensor.

– A dónde me traes? – me preguntó sorprendida.

– Es una sorpresa, baja  – le dije tomándola de la mano. Se abren las puertas, piso 20, pasillo a la derecha al fondo, pongo la llave el la puerta y le digo

– Este es mi departamento y el tuyo –  abriendo la puerta y entrando.

– Acaban de entregárselo, todavía no he comprado los muebles, pero la cocina está equipada, mira ven a verla  –

– Qué lindo todo. Que linda la cocina  –

– Compré lo más necesario, por el momento, el refrigerador y el microondas  –

Abrí el refrigerador y se lo mostré, había ido al supermercado y lo había llenado, hasta tarros de conserva habían.

– Éste es el comedor y el living, vamos a ir juntos a comprar los muebles, te parece? – ya su cara había cambiado.

– Éste es el dormitorio principal, el mío, tiene un clóset grande y la cama. Tampoco he comprado nada –

Éste es el segundo dormitorio, el tuyo, también vamos a ir juntos a comprar la cama y un mueble, pero tiene un closet grande para ti. Este es el baño, grande con una tina entera para cuando quieras darte baños de tina. Que te parece el departamento? –

– Está muy lindo, me gusta. Tiene un balcón? –

– Si, ven al living  – la tomé de la mano. Abrí el ventanal y le mostré la terraza.

– También hay que comprar un juego de terraza y una parrilla a gas que la vamos a poner en ese rincón.

– Que lindo se ve desde aquí  –

– Hora vamos al dormitorio y cuéntame qué pasa, porqué esa cara  – la llevé de la mano y nos sentamos en la cama.

– Estoy gorda,  estoy obesa! – dijo con amargura.

– No estas obesa, estas con un poco de sobrepeso  – le dije para tranquilizarla. En realidad está gorda, de chica ha sido así, mi ex esposa es gorda, buena para la comida chatarra y lo mismo come la niña.

– Tienes una pesa ? – me preguntó enojada.

– Si, en el baño,  yo también estoy gordo, pero me cuido  –

Fuimos a baño y se paró el la pesa, pesaba lo mismo que yo o más.

– Mira cuanto peso  –

– Pero es que estas con ropa  – dije para suavizar la situación. Era casi verano y andaba con muy poca ropa. Se sacó la blusa y la falda, los sostenes y los calzones, quedando completamente desnuda. Volvió a subir a la balanza y volvió a pesar lo mismo.

– Viste papá que no es la ropa  –

– Pésate tú ahora  – me dijo en forma imperativa señalando la pesa.

– Sin ropa  – dijo antes de que me subiera.

Me desvesti quedando totalmente desnudo, la pesa arrojó 5 kilos más que ella. Se puso las manos en la cara y se puso a llorar.

La abracé y nos quedamos abrazados desnudos durante un largo rato.

Cuando ella era chica, la bañaba todos los fines de semana. Y ése fue el motivo del divorcio, al principio a mi esposa no le importaba, después me dijo que dejara de bañarme con la niña y que tenía 10 años y estaba cambiando.

Pero mi hija que estaba acostumbrada a bañarse conmigo, presentó resistencia, y mi ex no insistió. Además de que a mi hija le gustaba que la enjabonara y ella a mi, lo que me producía una erección. Pero todo era como un juego para ella, no veía la parte sexual, creo.

Un día mi esposa entró al baño cuando estábamos lavándonos y ella estaba con mi erección en sus manos mientras yo me lavaba el pelo.

Armó un escándalo y me trató de lo peor. Sacó a la niña del baño entera enjabonada y se la llevó. Terminé de ducharme, me vestí mientras seguía recriminándome y mi hija me defendía, tomé mis cosas, las llaves del auto y me fui sin decir nada.

No pensaba que fuera malo que mi hija me viera desnudo ni que me tocara. Me dirigí al mall, caminé por los pasillos pensando en el problema, comí algo y entré al cine. Voy a esperar que la tormenta pase y después voy a volver a casa.

Después del cine, pasé a un restaurante, no para cenar, no tenía hambre, para hacer la hora. Pedí un par de tragos y estuve sentado bastante rato. Un mozo me preguntó qué quería de cenar, porque iban a cerrar la cocina. Le dije que no quería nada. Entonces va a tener que irse, no puede beber sin comer, es una multa para el local. Pagué el consumo y me dirigí a mi casa. Era tarde ya y estaba todo oscuro, me fui a la cocina, saqué una botella de whisky y me serví un trago. Fui al dormitorio y la puerta estaba cerrada por dentro. Volví a la cocina y me tomé otro trago, después fui y me acosté en el sofá.

– Papi, papi, qué haces aquí? – me preguntó mi hija.

– La mamá de dejó afuera  –

– Ven, acuéstate conmigo  –

– No, no importa, voy a dormir aquí  –

– No, te puedes enfermar, vamos a mi cama  –

Ante la insistencia de ella y los tirones que me daba, fuimos a su dormitorio. Comencé a desvestirme sentado en la cama mientras ella sacaba mía zapatos, noté que el whisky estaba haciendo efecto. Desabroche el pantalón y bajé el  cierre, con la ayuda de ella me los saqué quedando completamente desnudo.

– Ya, acostémosnos  – dijo ella metiéndose a la cama, me metí yo, ella se dio vuelta y me dijo que la abrazara, eso hice y quedamos muy pegados, ella ya era gordita y puso su gordo trasero contra mí. Lo sentí cálido y agradable, ella se acomodó y me dormí. No recuerdo que haya pasado alguna cosa, lo que sí sentí fue un golpe en la cabeza, era de mi esposa.

Estaba acostada con mi hija, la tenía abrazada por detrás y tenía una erección al 100% perdido entre las nalgas de mi hija.

Me trató de pedófilo, violador, sinvergüenza, etcétera. Me levanté rápidamente, mi erección apuntaba a un lado y a otro, tomé mi ropa corrí al baño, me vestí y salí corriendo mientras escuchaba gritar y llorar a mi hija.

No recuerdo que pasó esa noche, no sé si la penetré o no,  ella tenía 11 años, pero estaba más desarrollada que otras niñas de su edad.

Después de más de un año pude volver a verla. Aunque mi esposa me acusó de violador, mi hija negó todo. Al final llegamos a un acuerdo de divorcio.

– Hija, vamos a vestirnos, comer algo y te voy a ir a dejar  –

– Papi, no puedo dormir contigo? –

– No, cuando compremos tu cama vas a poder quédate a dormir aquí  –

– Y porqué no ahora  ? –

– No te acuerdas de lo que pasó la última vez que dormimos juntos ? –

– No pasó nada papi, si crees que tuvimos sexo, no fue así, mi mamá quería demandarte y me llevó a un médico, comprobaron que yo era virgen, por lo que la acusación de violacion no prosperó y éso perjudico toda su demanda porque perdió credibilidad.

– Bueno, comamos algo y nos acostamos a ver tele juntos, te parece? –

– Si, papá  –

La comida fue muy frugal, ya me había hecho la idea de hacerla bajar de peso.

Después de comer nos acostamos a ver televisión, después se volvió y me dijo que la abrazara, la abracé y nos quedamos tapados y dormidos.

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La verdad es que me sentía bien, cómodo, desperté y estaba abrazado a mi hija que estaba en posición fetal, desnudos los dos. Por suerte no tenía una erección, pero tenía pegado a mi pelvis su trasero. Vista así, por la espalda, mi hija parece una mujer mayor.

Cuando conocí a mi esposa, tenía 15 años, no era delgada, tampoco era gorda, tenía una contextura mediana y bien provista de todo.

Durante el embarazo subió como 15 kilos y bajo 4, después recuperó los 4 kilos y siguió subiendo. Buena para los dulces, tortas, helados, etcétera. No está mal que le gusten, pero comer todo el día…

En eso me considero culpable, no hice nada por impedirlo, como era todo para mí, le decía que sí a todo lo que me pidiera.

Incluso cuando la bañaba, fines de semana, me daba cuenta de su sobre peso, pero no le di importancia. Cuando crezca va a ajar de peso. Creció, llegó a 1,65 metros y los rollitos la acompañaron. Y como no si a cualquier parte que íbamos, comíamos.

– Hija, estás despierta? – le dije acariciando su hombro.

– Si, papi  –

– Levántese que tengo que ir a dejarla, se nos hizo tarde  – normalmente la iba a dejar entre las 8 y las 9 de la noche y ahora el reloj despertador indicaba que iban a ser las 10.

– No quiero papi, quiero quedarme contigo  –

– No puedes, cuando compre tu cama te vas a poner quedar a dormir  – yo la veía dos veces al mes y algunas horas. Ella que estaba acostumbrada a estar conmigo todo el día. Era mi vida, la llevaba al mall, le compraba cosas, ropa, vestidos lindos, hasta sus calzones. Incluso nos bajábamos juntos. Ahora me veía algunas horas al mes.

– Además mañana tiene que ir a al colegio  – era domingo.

– No quiero ir nunca más al colegio  –

– Pero por qué? –

– Todos me hacen bullying, se ríen de mi, nadie me quiere –

Lo dijo con tanta amargura que me conmovió.

– Mañana voy a ir al colegio a hablar con la directora  – le dije

– No, no vayas, la mamá ya fue y no sirvió de nada –

Yo la abrazaba más fuerte, la apretaba contra mí para darle seguridad, le daba besitos en el hombro y mi mano acariciaba uno de sus pechos.

– No me invitan a ningún cumpleaños y a ninguna fiesta. Y si voy me hace el vacío o se burlan de mi gordura –

– Bueno, te prometo que vamos a solucionar ese problema, pero por ahora tengo que ir a dejarte, no le avisamos que te quedarías. Además la próxima vez voy a ir a buscarte el sábado y te quedas conmigo hasta el domingo. De acuerdo? –

– Si, bueno, lo prometes? –

– Si, lo prometo  –

Nos levantamos rápidamente y nos vestimos, bajamos al estacionamiento y fui a dejarla. Cuando estaba de regreso, venía pensando en cómo solucionar ése problema. Para empezar tiene que bajar de peso y yo también, tengo que dar el ejemplo.

…..

– Hola hija, cómo estás? – le dije cuando se subió al auto.

– Hola papi  – me dijo dándome un beso en la mejilla. Antes del divorcio me daba los besos en los labios. Seguramente me culpó por la separación y más de un año sin verla.

– A dónde vamos? – preguntó.

– Al departamento  – no quería llevarla a ningún lado porque todo significaba comer y eso tenía que tratar de evitar.

– Que rico, éso quiero  –

Cuando llegamos al departamento, nos sacamos los zapatos, ella dejó la mochila en el suelo y se fue corriendo a la cama. Era el único mueble que tenía. Me senté en la cama, sus rodillas dobladas y su vestido levantado, dejaban ver sus piernas hasta los calzones. Que le vea los calzones, que la vea sólo en calzones o sin calzones le da lo mismo. Sus piernas eran dos perniles o jamones.

– Papi, acuéstate conmigo  –

Me acosté a su lado y me abrazó. Nos quedamos un rato en silencio, ella tenía su mejilla en mi pecho y su brazo por mi cintura.

– Hija, tenemos que hacer un plan de trabajo  –

– De trabajo? En que vamos a trabajar? –

– En mí, tengo que bajar de peso, estoy muy gordo  y tú tienes que ayudarme  – se lo dije de esa manera para que no pensara que era por ella.

– Tú gordo? Yo estoy gorda  –

–  Con mayor razón tienes que ayudarme –

– Bueno, todo sea por ti  – dijo riéndose. Entendió que era por ella y lo tomó bien.

– Y qué vamos a hacer, cuál es el plan… –

– Nos vamos a pesar los dos, vamos a anotarlo en un cuaderno. Vamos a llevar un registro por cada vez que nos pesemos y cada vez tenemos que pesar menos  –

– Ya, y qué vamos a hacer para bajar de peso ? –

– Varias cosas, lo primero es la dieta, vamos a comer más proteínas que carbohidratos –

– Si, bueno  –

– Lo segundo, en el subterráneo hay un gimnasio, vamos a ir a hacer gimnasia  –

– Gimnasia? –

– Si, gimnasia y lo tercero, en el segundo subterráneo hay una piscina temperada. Vamos a hacer gimnasia acuática  –

– Eso me gustó, me vas a enseñar a nadar? –

– Si, claro, por supuesto que si  –

– Qué rico! –

– Vamos a comenzar por pesarnos y hacer el registro –

– Ahora? –

– Si, ahora  –

– ! Pucha! Ahora? Descansemos un rato  –

– No, porque perdemos tiempo, vamos a pesarnos al baño, yo voy a buscar un cuaderno donde anotar –

Saqué mi agenda del maletín, al final hay unas hojas para anotar lo que uno quiera. Llegué al baño y ella estaba totalmente desnuda. Le dije que se subiera a la balanza y sentado en la tapa del wc anoté el peso. Le entregué la agenda y me desnudé. Ella sentada frente a mí en la tapa del excusado, miró la balanza y anotó el peso. Después alargó la mano y tomó mi miembro que estaba a menos de 30 centímetros de su cara. Me bajé de la balanza y ella se paró, me entregó la agenda y el lápiz, en seguida me abrazó.

– Papi, te amo  –

– Yo también te amo, pero vamos al dormitorio – su abrazo desnudos me estaba alterando las hormonas y ella lo sintió. Bajó su mano y tomó mi incipiente erección y la puso entre sus piernas, sentí el calor y la humedad de su vulva.

– Vamos al dormitorio a vestirnos para que vayamos a ver el gimnasio y la piscina  –

– Bueno  – dijo soltándome no de buena gana.

– Me gusta verte cuando caminas  – dijo mirando hacia atrás. Ella caminaba delante mío.

– Y éso porqué? –

– Porque me gusta ver como se mueve de lado a lado – dijo con una sonrisa maliciosa.

En el dormitorio se acostó en la cama y me invitó a acostarme a su lado. Le dije que no. Pero insistió.

– Sólo un ratito  – éso me sonó a » solo la puntita  » –

– Bueno, pero no va a pasar nada, ok? –

– Si, entiendo  —

Me acosté a su lado, me abrazó y me agarró la erección.

– Pero hija, no puedes estar un rato sin tocarme ? –

– No, papi, no puedo  – dijo dándome un beso en la boca.

– Ya, ya, pero sólo un ratito  –

El ratito fue más que un ratito, a los pocos minutos ya lo tenía en la boca.

– Pero hija, dónde aprendiste éso ? –

– En el pc, hay varias páginas  –

–  Ves porno en el ordenador ? –

– Todas las chicas lo hacen  – se saca mi miembro de la boca cada vez que responde y lo vuelve a meter.

– Así no podemos conversar  –

– Porqué no ? – preguntó sacándolo de la boca y rozándolo por sus labios, brillantes y gruesos.

– Porque me vas a hacer acabar –

– Que rico, éso quiero  – dijo chupando con más fuerza y más rápido.

Me agarré del borde de la cama y la dejé seguir. La miraba con atención, después cerré los ojos y ya…

Después nos duchamos y fuimos a la cocina a comer. Como casi no paso en el departamento, tengo casi todo en sobres o en latas. Así que preparé una sopa de sobre y éso almorzamos.

– Y esto nomás? –

– Estamos a dieta, lo recuerdas? –

– Ayúdame con los platos  – le dije. Se había parado detrás mío, me habi abrazado tomado mi pene.

Después en la cama volvió a lo mismo, mientras veíamos televisión ella jugaba con mi miembro erecto.

– Papi, hace cuanto que no haces el amor? –

– No sé, ya perdí la cuenta  –

– Ah, por éso  –

– Por eso qué? –

– Por éso que tenías tanta lechita, yo tragaba y tragaba, tu me llenabas y me llenabas la boca  –

– Lo siento hija, pero en realidad me hacía falta una descarga  –

– Esta bien, no te preocupes, me gustó aunque no pude tragarme todo –

– Si, gracias mi niña  –

– Yo te voy a mantener bien, para que no tengas problemas  –

– Pero si tu vas a venir cada 15 días, igual me vas a encontrar cargado  –

– Mmmm, si, pero puedo venir todos los fines de semana –

– No, no puedes, tu mamá no te va a dejar  –

– Veremos  –

– Además de que no deberías hacer éso conmigo, soy tu padre  –

– Y con quién quieres que lo haga, con un amigo, un compañero, un vecino? –

– Cada vez que me gusta un chico y le pregunto se quiere ser mi novio, me dice que primero se lo chupe. Si fuera mi novio se lo chparia, pero no me gusta que lo ponga como condición. Contigo es el revés, yo tengo que pedirte que me dejes hacértelo  –

– Ni siquiera deberíamos hablar de esto. Tu mamá no puede saberlo  –

– Nadie lo va a saber, o crees que voy a andar contando que cojo con mi padre? –

– Pero si nosotros no cogemos… –

– Todavía no –

Tenía toda la razón, era inevitable, para allá íbamos, pero se la iba a poner difícil.

– Sabes que no podemos hacer el amor, no puedes embarzarte a los 14, menos de tu padre  –

– Me gustaría tener un hijo tuyo, pero cuando sea mayor, ahora quiero terminar de estudiar  –

– Eso me parece bien  –

– Vas a tener que comprar píldoras anticonceptivas eso sí  –

Me quedé pensando, creo que no tengo otra opción, tampoco quiero correr riego por un » accidente » y dejarla embarazada.

– Ya, basta de jugar, tenemos que ir de compras  –

Le brillaron los ojos, siempre que le decía que íbamos a ir de compras se ponía muy feliz, se me montaba encima y me llenaba de besos.

Le compré ropa de gimnasia, le compré un traje de baño para la piscina en un local de deportes, además de la gorra y los lentes. Ah, y por supuesto, pasé a una farmacia a comprar anticonceptivas. Como siempre le compraba a mi esposa, le compré la misma marca a ella.

Ya era un hecho, esa noche se iba a quedar a dormir conmigo en mi cama y desnuda. Tenía que tomarse los anticonceptivos, sólo por precaución, más vale prevenir…

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La primera noche que mi hija se quedaba a dormir conmigo.

Después de casi 4 años, en que la veía 2 veces al mes y por algunas horas, ahora se quedaría a dormir en mi departamento. Y no sólo en mi departamento, en mi cama.

Después de que volvimos de comprar comimos algo, muy frugal, y nos fuimos a la cama.

– Ya sabes hija que si quieres quedarte a dormir conmigo, vas a tener que hacer dieta –

– Si, papá, voy a hacer lo que tu me  digas  –

Después de ver televisión durante un par de horas, le dije que debíamos dormir. Le dije que se diera vuelta y yo me di vuelta hacia el otro lado, a pesar de sus protestas.

Me costó quedarme dormido, era la primera vez que no dormía sólo, sentía el cuerpo de mi hija en mi espalda, pero estaba féliz.

Como era lógico y así me imaginaba que iba a ocurrir, desperté con mi hija pegada a mi, sus nalgas apretadas contra mis genitales y mi erección matinal entre ellas, en alguna parte.

Me quedé quieto, mirando su pelo, su espalda y sus nalgas, me esperaba un duro trabajo si quería que ella adelgazara.

Le eché el pelo hacia un lado descubriendo su cara, la abracé por el estómago, ella tomó mi mano y la puso en uno de sus senos, de pequeña le gustaba que la abrazara así, acaricié su pezón y dándole un beso en el hombro le pregunté como estaba.

– Bien papi, gracias  –

– Tenemos que levantarnos  – le dije al oído.

– No, no quiero levantarme, estoy bien así  –

– Más rato va a estar lleno el gimnasio  –

– Podemos ir en un rato más, en muy temprano aún  –

– Bueno, voy a ir a preparar desayuno – me sentía incómodo es esa posición, con mi erección quien sabe dónde.

– No, no te vayas, quédate así  – dijo echando su mano hacia atrás y sujetándome de una pierna me apretó contra ella.

– Sientes mi erección  – le pregunté.

– Si –

– No te molesta? –

– No, está rico, quédate así  –

– Lo tienes dentro  –

– Si –

– En tu vagina? – pensando que podría estar en su ano.

– Si, me gusta  –

Me quedé así, como estaba, abrazándola por atrás, rozando su pezón con mis dedos y dándole besitos en su espalda y cuello. Ella se movió seguramente porque le dió cosqillas. Se hizo hacia adelante y después se apretó contra mí. Ahora sentí mi miembro desplazarse dentro de su vagina. Se sentía delicioso. Cuanto tiempo hacía que no me sentía igual? No lo sé, el último tiempo sólo me he satisfacía con la mano en la ducha y cuando era muy necesario.con todas mis deudas y comprando cosas no me queda dinero para gastarlo en mujeres. Ya vendrá el momento en que lo pueda hacer. Pensaba. Ahora estaba en éso, sólo que la mujer era mi hija de tan sólo 14 años. La sentí moverse.

– Hija, estás bien? –

– Si papi, sigue moviéndote  –

Lentamente comencé a moverme, hacia atrás y después hacia adelante hasta el fondo. La sentí quejarse.

– Hija, estas bien? –

– Si papi  –

– No te duele? – era su primera vez.

– No papi,  está rico, sigue, no pares  –

Me estaba cogiendo a mi hija, por un lado tenía un remordimiento, por el otro lado me producía placer el coito y que fuera mi hija, eso era la guinda de la torta.

Cada estocada a fondo era un quejido, mientras más rápido se transformaba en un gemido. Yo bufaba como un toro, nada más se podía hacer, a lo hecho pecho y seguí cogiéndola hasta qué la llené con mi lechita, una y otra vez, cinco veces le inyecté mis jugos acumulados. Qué placer, qué sensación más agradable, sentía un cosquilleo por todo el cuerpo y finalmente me quedé inmóvil.

– Hija, estás bien? –

– Si papi  – dijo sin moverse.

Me quedé quieto un rato descansando, inmóvil, todavía dentro de ella. Sentí que acariciaba mi mano que tenía en su cadera, de donde me afirmaba para entrar lo más posible. Subí mi mano hasta tocar sus pezones. Tomó mi mano y la subió hasta su cara y me la besó.

– Te amo papi  –

– Yo también te amo hija  – esta conversación comenzó a excitarme.

– Te gustó papi? –

– Si hija, estuvo genial  –

– Y a ti, también te gustó  –

– Ay papi, me encantó, deberíamos haberlo hecho antes, tantos años perdidos –

– Si, pero no se podía hija, además de que eres una niña aún. A qué edad querías que lo hubiéramos hecho? –

– Cuando tenía 10 vi cuando lo hacías con mi mami. Y cada ves que nos bañabamos juntos, yo quería que me lo hicieras a mi, pero tu nunca lo hiciste –

– Por éso nos divociamos con tu madre, ella pensaba que yo te cogia en la ducha  –

– Espera, quiero darme vuelta  –

Saqué mi erección de su vagina, esta conversación me tenía al 100%. Ella se puso de espaldas y me miró a los ojos.

– Ven papi, quiero más  – me dijo invitándome a subir.

– Estás cómoda  – le pregunté cuando estaba dentro de ella nuevamente.

– Comodisima, no puedo estar mejor papi  – dijo con sus rodillas dobladas y las piernas bien abiertas.

– Me haces muy feliz, papi  –

– Y tú a mi hija  –

Pero los papás no se comen a las hijas. Pensaba, mientras comenzaba a moverme lentamente, el mete y saca hacia abrir los ojos de mi hija y ella hacia el mismo movimiento en contrario. Cogiamos en silencio, disfrutando el momento, de pronto se le escapó un quejido entrecerrando los ojos.

– Te duele? –  negó con la cabeza sin dejar de mirarme. Me di cuenta que un orgasmo se le venía, continué metódicamente contando, 1, 2 ,3 ,4… una vez por segundo, 75 segundos después comenzó con su orgasmo que debe haber durado 10 segundos. Me quedé encima de ella con mi erección, sin eyacular. Ella se retorcía de placer, hasta que de pronto se relajó, cerró los ojos, dió vuelta la cara a un lado, abrió los brazos y bajó las piernas. Dejó escapar un quejido largo como un suspiro, como si se desinflara y quedó inerte. Tenía la cara roja de calor, sin bajarme de ella, apoyado en los codos y con mis manos en sus pechos, soplaba suavemente su cuello y su cara. Metí las manos por debajo de ella, la tomé de los hombros y la penetré profundamente, todavía mantenía mi erección y pensaba coger hasta acabar. Al tercer empujón me miró y me sonrió.

– Qué haces papi? –

– Pensé que querías más  –

– Tu no acabaste papi ? –

– No, pero no importa  si  no quieres  –

– Bueno, acaba luego  –

– No se trata de éso, lo podemos dejar para después  –

– Si, dejémoslo para después  – me dijo.

– Entonces, nos vamos a la ducha? – le pregunté.

– Si, vamos, necesito una ducha  – dijo ella.

Se lo saqué, le di la mano y le ayudé a levantarse.

La ducha estuvo muy agradable, reparadora.

– Papi ven – me dijo sentándose en la tapa del wc y tomándome por una de mis piernas. Me acerqué y ella tomando mi miembro lo metió en su boca y comenzó a chupar.

– Pero hija  –

– Ay papi, siempre quise hacer esto y nunca me dejaste –

– Bueno, pero ten cuidado  – hacía tanto tiempo que no me hacían algo así. De manos en las caderas dejé que se diera el gusto y me lo diera  mi.

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Me levanté temprano en la mañana. Tenía que ir a buscar a mi hija. Hacía dos semanas que no la veía.

Llegando al departamento le dije que se desnudara y la pesé. Estaba igual, no había bajado ni un kilo.

– Pero hija, en qué quedamos? –

– Papi, si estoy haciendo dieta  –

– No se nota  – dije sacándome la ropa y pasándome.

– Mira, yo bajé 2 kilos, solo éso te pido, por último 1 kilo por semana. Es poco porque deberían ser 5 kilos. Pero no quiero ser tan exigente porque sé lo que cuesta.

– Bueno papi, vamos a la cama a hacer ejercicios? – me preguntó abrazándome y besándome.

– Si, vamos a hacer ejercicios pero abajo, en el gimnasio. De manera que póngase la ropa que le compré y vamos a ir al gimnasio – tomándola de la mano y llevándola al dormitorio.

– Pero papi, un ratito y después vamos, te lo prometo  – mirándome a los ojos y tomando mi miembro.

– No, sin ejercicios no hay amor  – voy a tener que ser inflexible, pensaba.

– Es que lo necesito, dos semanas sin verte  –

– Yo también lo necesito, pero lo primero es bajar de peso. De lo contrario no vas a quedarte a dormir conmigo  –

– Bueno, ya – dijo de mala gana y se vistió.

De vuelta del gimnasio nos duchamos y nos acostamos, estábamos tan cansados que no teníamos ganas de nada.

– Descansamos un rato  – le dije abrazándola.

– Si, abrázame  – dijo dándose vuelta y tomando posición fetal.

La abracé asegurando mi miembro flácido entre sus nalgas. Ella se acomodó y se apretó contra mí, después de un suspiro nos dormimos.

– Tengo hambre – dijo ella despertando.

– Yo también, vamos a la cocina  –

Obviamente que yo estaba preparando para éso. En el refrigerador tenia algo de carne, verduras y huevos.

Después del almuerzo, a todo esto habíamos despertado después de medio día, un bistec con abundante ensalada, nos fuimos a la cama y nos pusimos a ver tele. Son los dos únicos muebles que tengo. Después de un rato ella comenzó a jugar con mi pene logrando una erección. Sin decir ni una palabra se agachó y lo metió a su boca.

– Te gusta papi? – después de varias chupadas que estaban deliciosas.

– Si hija, está rico. A ti te gusta?  –

– Si papi,  me encanta. No sabes cuantas veces soñé haciéndolo  –

– Yo también te eché de menos  – le dije.

– De veras papi? – dijo subiéndose y metiéndolo en su vagina.

– Si, pero vas a tener que bajar de peso, me aplastas mucho  –

– Bueno  – dijo comenzando a moverse.

Con su gordura no veo en dónde está metido mi miembro, sólo lo siento entrar y salir.

– Sabes papi, ya no les hago caso  –

– A quiénes no les haces caso  ? –

– A mis compañeras, las que me hacen bullying porque estoy gorda. Dicen que nadie quiere a las gordas, pero tú me quieres. Cierto? – al parecer iba a ser una conversación larga.

– Si hija, yo te amo, pero igual tienes que bajar de peso  –

– Sí,  lo sé,  voy a bajar de peso y voy a quedar como ellas. Tú me vas a ayudar, verdad papi? – mientras aumentaba el movimiento. Sus pechos subían y bajaban.

– Si hija, vamos a hacer la dieta y mucho ejercicio  –

– Me gusta éste ejercicio  – dijo moviéndose más rápido y con una sonrisa burlona.

– Eres linda hija, te pareces a tu madre  –

– Tan gorda estoy? –

– No quise decir éso, es que tu madre era linda como tú, ella nunca fue delgada y a mi me gustaba como era. Si el problema fue cuando se embarazó, subió mucho de peso. Decía que tenía que comer por dos, pero comía por tres  –

– Y a ti no te gusta que sea gorda? –

– No es que no me guste, pero influyó en la relación, el deseo sexual comenzó a disminuir sin darnos cuenta. Ella prefería una hamburguesa en lugar del sexo –

– A mi me gustan las dos cosas  – dijo con una risita.

– El sexo pasó a segundo plano, después a tener plano hasta casi a desaparecer de nuestras vidas  –

– Por éso se separaron? –

– Si, en parte  –

– Cómo en parte? –

– Porque cuando te bañabas conmigo se me producía una erección y a ti te gustaba jugar y a mi también me gustaba  –

– Si, a mi todavía me gusta, a ti no? –

– Si, y ése fue el problema, el único sexo que tenia era en la ducha cuando me masturbabas y yo eyaculaba tratando de que no me vieras  –

– Ah, si, me acuerdo. Porqué no me hiciste el amor a mí, yo quería  –

– Porque eras muy chica y también eras  mi hija  –

– Pero sigo siendo tu hija y ahora lo estamos haciendo  –

– Si, pero las circunstancias son otras  –

– Si estuvieras viviendo con nosotras, no haríamos el amor? –

– No sé, no creo  –

– Que bueno que vivas acá, me gustaría venir a vivir contigo  –

– Hija, creo que voy a acabar  – no quería seguir con la conversación y en realidad estaba por eyacular.

– Yo también papi  – y comenzó a moverse con más ganas, y los leves gemidos durante la conversación, aumentaron en volumen y cantidad.

– Qué rico papi  – me gustó mucho.

– Si hija, a mi también, ahora a la ducha  –

Después de la ducha nos acostamos de nuevo a seguir viendo televisión.

Después nos fuimos a la piscina, jugamos y nadamos, la hice trabajar harto en la piscina, no se dió ni cuenta.

– Que rica estaba la piscina papi, me siento relajada  –

– Si, yo también, creo que voy a dormir un rato  –

– Yo también  –

Al día siguiente desperté con ganas de ir al baño. Mi hija dormía, me levanté con cuidado para no despertarla.

– Papi, a donde vas? –

– Al baño  – parece que despertó cuando saqué mi erección o ella ya estaba despierta.

– Yo también quiero ir  – dijo levantándose.

– Lo siento hija, no quería despertarte  –

– Ya estaba despierta  –

– Y no sentías mi erección? –

– Si, pero no quería despertarte  – dijo riendo.

– Que rico despertar así-

– Cómo así? – le pregunté mientras habría la llave de la ducha.

– Contigo adentro  – moviendo mi miembro de arriba a bajo  –

– Vamos a ir a buscar el desayuno  – le dije mientras nos secábamo.

– Que rico papi, me gusta hacer el amor en la ducha  –

– Si, a mi también. Entiendes ahora lo que me costaba no hacértelo cuando nos bajábamos juntos en la casa? –

– Yo hubiera estado feliz  –

– Y yo preso  –

Después del desayuno programamos el día, coger, el desayuno, coger, gimnasio, almuerzo, descanso, coger, gimnasio, descanso, piscina, dormir. En realidad el orden no era tan estricto ni el coger tampoco, algunos días más una cosa que otra.

Lo que cambió fue que ya no la iba a buscar. Ella se venía el viernes en la tarde, hasta el domingo en la tarde.

Para las vacaciones, tenía derecho a 15 días con ella, fueron 15 días agotadores. Mucho de todo todos los días. Después se venía los viernes en la tarde hasta el domingo. Pero ahora eran todos los fines de semana, no semana por medio, como era antes.

Mi ex puso un poco de reparo, pero mi hija le dijo que hacíamos ejercicios, lo que era cierto y que había bajado más de 10 kilos y se notaba. Por eso ella permitió que mi hija pasara todos los fines de semana conmigo.

Al año siguiente, pasó todo el verano conmigo. Mi ex reclamó pero ella le dijo que era por el gimnasio y la piscina. Además de que pasaría todo el año con ella.

Al final, al año subsiguiente, se vino a vivir conmigo. Como padre e hija para todos, pero como pareja en la intimidad.

Llegó a pesar 60 kilos el último año del colegio y los chicos la llenabab de piropos y la envidia de las compañeras.

Cada vez que hacíamos el amor era más rico.

– Papá, quiero tener hijos – me dijo muy seria  una noche después de hacer el amor.

– Cuando te cases con un hombre que te ame, tendrás todos los hijos que quieras  – le dije

– No, quiero tener hijos tuyos –

– Pero no puedes tener hijos de tu padre  –

– Porqué no? –

– Porque la ley lo prohíbe  –

– Y ? Quién va a saber que son hijos tuyos ? –

– Hija, me gustaría tuvieras un hijo mío, en serio, pero recién tienes 19 años. Espera terminar la universidad y ahí veremos, te parece? –

– Si, me parece, ahora ámame otra vez –

Por Riseva

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