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martes, 20 de octubre de 2020

El autobús


La historia comenzó cuando en las vacaciones pasadas mi familia y yo tuvimos que visitar a mi abuela que vive en un pueblo alejado de la ciudad. Ya teníamos mas de un año sin verla así que todos estábamos ansiosos de ir.

La visita estuvo muy bien, pasamos unas semanas muy agradables pero cuando fue la hora de regresar empezaron los problemas.

El auto de papá se averió y yo tenía que regresar a la ciudad porque regresaba a clases antes que mis padres entraran a trabajar.

Mi madre siempre ha sido muy responsable así que decidió que yo regresaría a la ciudad para ir a la escuela, pero mi papá protestó que su nena viajara sola en autobús siendo un viaje tan largo.

Siempre he sido la consentida de papá, porque a pesar que ya tengo 19 años mi papá me sigue viendo como su nenita, a mí me agrada porque puedo conseguir lo que quiero con solo sonreírle o con ir a recargarme en sus piernas como cuando era niña.


Así que mi padre no iba a permitir que regresara sola a la ciudad y prácticamente obligó a mi hermano Sergio a acompañarme.

Mi hermano Sergio tiene 24 años, terminó la Universidad pero decidió tomarse algún tiempo de descanso, aprovechando que por el trabajo de mi padre y de mi madre no hace falta que él trabajara ni nadie le exigía que lo hiciera.

Mi hermano Sergio es muy social, todos los fines de semana sale a bailar y se que tiene una novia a la que le dice "Juicy", pero que tiene muchas mujeres con las que se besa y se da sus toqueteos.

Así que a mi hermano Sergio le molestó un poco el que mi padre casi lo hubiera obligado a acompañarme a la ciudad, acababa de conocer a una jovencita en el pueblo, todos los días charlaba con ella, al principio, después los pude ver besándose; así que supuse que le molestó un poco dejar a su conquista y en verdad que era una chica muy bella, no muy alta, de cabello rubio, rizado, era flaca pero tenía los pechos muy firmes y un trasero redondo y parado.

Llegó el día que nos despedimos de mi abuela y de nuestros padres, los cuales prometieron que regresarían a casa después de arreglar el desperfecto del auto, pero la verdad ellos tenían la intención de pasar otra semana más con la abuela.

Después de las recomendaciones de mamá y papá, subimos al autobús que nos llevaría a la ciudad en un viaje de mas de 11 horas.

Por lo precipitado que compramos nuestro ticket nos tocaron los asientos finales del autobús.

Íbamos Sergio y yo en el autobús, platicando, a decir verdad él siempre me ha cuidado, fuimos compañeros de juego. Lo recuerdo perfectamente en una ocasión en que yo rompí una figurita de porcelana de mamá y me castigaron y me enviaron a la cama sin cenar. Sergio fue después a mi cuarto y me llevó la pieza de pan que le tocaba a él, yo estaba en la cama llorando de rabia cuando él entró y me dio el pan, lo recuerdo acariciándome el cabello mientras yo veía sus hermosos ojos negros.

Pero indudablemente Sergio creció, yo también, y de ser el niño flaquito de cabello negro pasó a ser un hombre de ojos expresivos, cabello negro un poco largo, la barba corta y viste siempre con las últimas tendencias de la moda, y una polla que a pesar de su pantalón se puede ver que es de muy buen tamaño; un verdadero semental que cualquier mujer ardiente desearía tener en la cama.

Yo dejé de ser la niña que se enojaba cada vez que debía tomar las clases de violín, hasta convertirme en una mujer de pechos redondos, firmes, con cabello negro que llega hasta la espalda, de caminar muy cadencioso, no soy una diosa griega, pero estoy muy bien según la opinión de los novios que he tenido y lo que más me gustan de mis son mis piernas largas, muy firmes y torneadas.

Habíamos recorrido 3 horas en el autobús mi hermano Sergio y yo, el cansancio y el calor empezó a hacer estragos y a mí me dio sueño, me recosté en el hombro de Sergio mientras él me abrazaba.

Cuando desperté estábamos llegando a una pueblo pequeño, ya había oscurecido, me despabilé, bostecé y le pregunté a Sergio cuanto había dormido y el me contestó que no sabía porque él también se había dormido; pero que no debió ser mucho.

El autobús ya estaba casi vació, la mayoría de las personas iban a pueblos cercanos así que haríamos lo que restaba del viaje acompañados solamente del chofer y de un par de ancianas que iban sentadas en los asientos delanteros.

Al llegar la noche el conductor del autobús puso música suave en el estereo del camión, nos preguntó si nos molestaba a lo que contestamos que no, y como las ancianitas iban dormidas no protestaron. La música empezó muy suavemente, yo volví a recargarme en el hombro de mi hermano, cerré los ojos y empecé a tararear las canciones, mi hermano Sergio me abrazaba y él también cantaba.

Como quería estar más cómoda, y el autobús en penumbras, decidí ocupar los dos asientos de enseguida, me acosté y puse mi cabeza en las piernas de mi hermano Sergio, mientras él me acariciaba el cabello.

Así pasaron unos cuantos minutos, Sergio que me acariciaba el cabello y a mi que me recorría algo desde la cabeza a los pies, no sabía que era. Supongo que cuando se cansó de jugar con mi cabello, puso su mano izquierda en mi cadera, me pareció una sensación diferente a pesar de que cientos de veces nos habíamos abrazado y me había tomado de las caderas, era algo diferente, sentía su mano tibia en mi cadera y cada vez que el autobús tomaba una curva su mano se movía discretamente por mi cadera.

Esa sensación me gustó, así que seguí tarareado la canción y me giré hasta ponerme boca abajo, pero su mano quedó justo en mi culo, su mano tibia seguía recorriendo discretamente de la nalga izquierda a la derecha, a mi me gustaba eso tanto que no dije nada, fingí que no me daba cuenta, que no sentía nada.

Creí que me estaba portando como una cualquiera, al estar mojada con las caricias de mi hermano. Pero mi incertidumbre se terminó cuando sentí la enorme polla de mi hermano crecer sobre mi mejilla, un bulto enorme que amenazaba con romper el pantalón.

De reojo pude ver como mi hermano Sergio tenía la mirada puesta en la ventanilla del camión, pero seguía magreandome y su polla seguía creciendo más y más.

Ahí hasta atrás del autobús en penumbras, no me importaba que Sergio fuera mi hermano y que me estuviera tocando, estaba muy húmeda y quería más, vi a mi hermano Sergio, nuestros ojos se encontraron y no hizo falta más, por medio de los ojos le dije que me gustaba lo que me estaba haciendo y que quería más, y yo pude ver en sus ojos una clara señal de aceptación, no hubo necesidad de palabras, el se inclinó, apartó el cabello de mi cara y me beso muy tiernamente en los labios, muy despacio, mientras me acariciaba el rostro; de esos besos que te hacen sentir como si fueras la más hermosa de las mujeres.

Al principio me sorprendió que me besara, pero no me importó que era mi hermano y que teníamos que respetar las leyes de la moral, la religión, no me importó nada. Me levanté del asiento, le pasé mis piernas por la espalda hasta que quedé sentada frente a él, como si mi hermano Sergio fuera una silla y yo me sentara de frente al respaldo.

Ahora lo besé yo, un beso largo muy tierno, como si fuéramos novios desde mucho tiempo, pero después Sergio empezó a meter su lengua en mi boca, a juguetear, a mordisquearme los labios suavemente, eso era la gloria nunca nadie me había besado así, mi hermano era un hombre que me tenía mojada a punto de correrme y claro que ya tenía su enorme polla tiesa y mas que tenía contacto con mi concha porque traía una faldita muy corta y unas tangas diminutas que estaban perdidas entre mis jugos.

Mientras nos besábamos mis manos bajaron hasta el cierre de su pantalón y le saqué su enorme polla y me quité mi diminuta tanga, así su verga empezó a tener contacto con mi concha inundada, la sensación era mejor que la gloria, que me importaba ir al infierno por eso, si ya tenía algo mejor, estaba dispuesta a pasar la eternidad en el infierno a cambio de sentir toda la verga de mi hermano Sergio hasta el fondo de mi.

Obviamente Sergio había tenido muchas aventurillas y tenía mucha experiencia en hacer gozar a una mujer, yo no era muy experta pero lo que me hacía sentir mi hermano era magnifico, estaba sudorosa sentada sobre mi hermano sintiendo su polla erecta en la entrada de mi concha.

Mi hermano Sergio me seguía besando apasionadamente, me llenaba de su baba por toda la cara, empezó a desbrochar mi camisa con gran habilidad, hasta que me dejó únicamente en mi sostén negro de encaje, metió sus manos en mis enormes pechos, subió el sostén hasta mi cuello y ahí tenía a mi hermano prendido de mis pechos, era una sensación suprema, sentir como su lengua recorría mis pezones y me daba unos ligeros mordisqueos, con una mano recorria mis pechos y con la otra me hacía círculos en el clítoris con gran maestría, mis gemidos pasaron de ser callados, hasta casi convertirse en gritos de placer desbordados, afortunadamente la música estaba bastante fuerte y el chofer creía que estaba cantando.

-ya Sergio, metemela ya, quiero sentirte dentro

-Pero sofi, ¿estás segura bebe?, yo pensé que solo querías esto...

- NO, por favor, quiero ser tuya, quiero ser la mujer de mi hermano Sergio. ¡Te amo!

Y antes de que él dijera nada, tomé su enorme polla húmeda con mis jugos y con su leche y me senté sobre ella, de un golpe entro sin dificultad hasta lo mas profundo de mi lubricada vagina.

Viendo Sergio cuál era mi decisión, después de haberse quedado quieto por instantes, me tomó por la cintura y empezó a levantarme y a bajarme, al principio lento al final con una rapidez bestial.

Mmmmmmmm bebe, ¡que rico!, damé más, ¡destrózame!

Sergio seguía con su ritmo, y yo seguía viendo las estrellas hasta que sentí que llegaba el orgasmo más genial de toda mi vida, el se corrió también, fue un orgasmo compartido, el más hermoso de nuestras vidas.

Acabamos sudorosos, manchados de esperma y de fluidos vaginales, pero con una sonrisa en los labios.

Nos quedamos por momentos quietos, yo sobre él con mi concha mojada rozando su polla, abrazados, con los pechos desnudos, ensalivados.

Pasaron minutos, después nos acomodamos la ropa y me volví a sentar a su lado para continuar el viaje, pero ahora a cada momento nos besábamos, tiernamente y apasionadamente como si fuéramos una pareja común y corriente y no como dos hermanos que acaban de descubrir lo bien que se la podían pasar juntos y sobre todo descubrir que eran un hombre y una mujer que se gustaban...

y que por si fuera poco amo a mi hermano mayor Sergio, lo amo como se ama al hombre, como se desea la polla.

Así seguimos el viaje, abrazados, ansiosos de llegar a casa y de disfrutar la casa que tendríamos para nosotros solos por una semana más.

Cuando llegamos a la ciudad bajamos del autobús siendo amantes, besándonos, hasta el taxista que nos llevó a casa creyó que estábamos recién casados, pero no lo que ansiábamos era llegar a casa para disfrutar del placer carnal prohibido sin testigos, sin tapujos, con libertad, pero esa es otra historia que mejor les cuento después.

Por Candorosa

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