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lunes, 19 de octubre de 2020

Mi madre me enseñó a masturbarme


Capitulo 1

Todo empezó hace cinco años, mas o menos. Había tomado mucho en la cena y me desperté a las dos de la mañana con ganas de hacer pis. Estaba totalmente dormida y sin prender la luz me dirigí al baño, pero un ruido me llamó la atención, venía de la cocina, eran grititos callado, parecía que el que los provocaba, no quería ser escuchado, pero no podía evitar hacerlos. La intriga pudo mas y en lugar de ir al baño fui persiguiendo ese ruido… No sé porque mi corazón empezó a latir fuertemente y no era para menos, Mi madre y su novio estaban en la cocina, totalmente desnudos. No podía creer lo que estaba viendo. Sobre la mesada mi madre estaba acostada con las piernas para arriba, mientras que Gustavo metía la cabeza entre ellas. Pensé mil cosas, menos las que creía que hubiera pensado si me planteaban una situación, hipotética, así.

Hasta ese momento no suponía que alguien pudiera estar lamiendo, oliendo, chupando, tocando, esa parte del cuerpo de una mujer. Sabía que al revés era frecuente, que las mujeres chuparan los penes de los hombres, (Las putas obviamente, no las mamás) pero tampoco imaginaba que los hombres pudieran hacer eso a una mujer y mucho menos a mi madre. Debo aclarar que yo solo tenía 12 años.


Pero no terminó allí la escena, luego el novio se levantó y con su pene en la mano, la penetró. Yo nunca había visto un hombre desnudo y menos un pene. Me pareció enorme, no podía entender como eso entraba en el cuerpo de mi mamá. Primero se movían lentamente y después mas fuerte hasta que Gustavo empezó a jadear y mi madre también y sus movimientos cesaron, pero ellos seguían jadeando y murmurando cosas, que no llegaba a escuchar… Cuando se separaron, me fui corriendo a mi cuarto… Se me habían ido las ganas de hacer pis, aunque sentía que la bombacha estaba toda mojada, pensé que quizás no me había dado cuenta y se me había escapado alguna gotita de pis mientras miraba la escena de la cocina pero unos días después al recordar lo que pasó también note la bombacha húmeda. Como un año después entendí lo que me estaba pasando, es que estaba caliente y frecuente mente me tocaba pensando en esa noche, pero que en lugar de mi madre estaba yo.

Cada tanto, El novio de mi mamá, viajaba al sur, para ver un campo que administraba y mi mamá y yo quedábamos solas y disfrutábamos mucho de eso… Charlábamos, íbamos de compras, veíamos películas en su cama y hasta había veces en que me quedaba dormida en ella.

Pero recuerdo bien ese viaje de Gustavo, ya que nos encontró con animo de hablar y nos encontrábamos, después de mi escuela, de su trabajo y nos la pasábamos hablado de cosas… Fue allí donde me explicó sobre el tema del sexo, de lo que significaba y todo eso.

Una noche, estabamos acostadas en su cama y haciendo zapping por los canales del cable, se vio una escena donde una mujer se estaba masturbando, casi de forma explícita, esto disparó miles de preguntas en mi cabeza y era el momento de dejarlas salir.

- Ma, ¿se está tocando?

- Y… si, - me dijo con algo de pudor, que hasta ese momento nunca se había manifestado en nuestras charlas sobre el sexo.

- ¿Y por qué lo hace? ¿Es una puta?

- No Sole, todas la mujeres se masturban. ¿A vos nunca te dieron ganas de tocarte?

No contesté y me puse muy colorada, cosa que tampoco me había pasado en nuestras charlas sobre el tema. Luego me animé y le dije – Es que pensé que si lo hacía era porque era una puta o algo así.

- Mi amor, cuando una crece, como lo estás haciendo vos, empieza a tener los cambios de esos de los que estuvimos hablando, los pelitos, las tetitas, la menstruación. Es que te preparás para ser mujer, para formar una pareja, para ser madre. Entonces toda vos empezás a experimentar, te empiezan a interesar los chicos, los besos y todo lo que se refiere al amor. Eso se ensaya, se practica, se perfecciona hasta encontrar al hombre que crees que es el apropiado y vertís en él, todo lo que fuiste aprendiendo en tus años de adolescencia. Uno de esos ensayos se hace sola y es la masturbación. Cuanto mas sepas de ella, mejor te irá el día de mañana cuando tengas que tener relaciones con un hombre.

- ¿Vos me vas a enseñar?

- No hay nada que enseñar. Vos sola vas tocándote hasta encontrar el placer.

- ¿De noche?

- A cualquier hora, ya verás.

- No sé si me animo.

- Cuando te animes será porque estás preparada para hacerlo.

- ¿Vos ya no lo hacés?

Serió con una carcajada fuerte y me dijo. – Cuando Gustavo se va varios días, yo me suelo masturbar.

- ¿Hoy lo vas a hacer?

- No es una cosa que se planifica, te dan ganas y lo haces.

- ¿Tenés ganas?

- Eso, son cosas íntimas, señorita, no se publican.

- Es que quería verte…

A mi mamá le cambió la cara, entre cerro los ojos y dio un suspiro, que de inmediato me hizo recordar esa noche en la que la vi haciéndolo.

- Esto no lo hice frente de nadie, ni de tu padre, ni de Gustavo…

se levantó el camisón que llevaba puesto y bajó su tanga, quedándole enganchada en uno de sus tobillos. Abrió unos pocos centímetros las piernas y su mano derecha, fue a su rayita y con el dedo índice empezó a masajearla… Con su otra mano se amasaba las tetas y pellizcaba su pezón.

Yo no sabía que mirar, si su impresionante pelambre y su dedo que se hundía cada vez mas en ese pozo sin fin o las hermosas tetas y el movimiento envolvente que realizaba sobre ellas.

Yo estaba como borracha y me dieron ganas de tocarla… Acaricié sus cadera, subiendo y bajando por su cintura, mi madre dio un gritillo y su respiración se empezó a entre cortar. Mi mano se fue acercando a su entre pierna y se sentía el calor que emanaba su vagina. Jugué con sus pendejos y sin darme cuenta entorpecía los movimientos de mi madre y así decidí sacarla pero ella la atrapo y la llevó a su conchita que estaba totalmente mojada. Su dedo se introducía y yo hice lo mismo… sentí la contracción de su útero y un grito salió de su garganta mas fuerte que la otra vez…

Saqué la mano de su cuerpo, estaba totalmente mojada. Intuitivamente me la llevé hasta mi nariz y me invadió su olor. Olor de mujer.

Mi mamá me miró y dejo caer una mueca que hacía siempre cuando estaba contenta.

Yo sentía que mi vagina latía y me decía tócame, tócame… pero no podía.

- Ahora te toca a vos - Me dijo mamá, mientras me iba desprendiendo el pijama. Yo no dije nada y le hice caso… quedé desnuda. Mi cuerpo no se podía comparar al de ella. Sus grandes tetas y mis pequeñas ondulaciones para las que usaba corpiño solo para decir que las tenía. Su cadera bien marcada y la pelambre de su pubis, contra mi pequeña pelusa que había que imaginarla ya que era imperceptible a simple vista.

Imité sus movimientos, pero no podía coordinar, las tetas con mi conchita. Ella parece que se dio cuenta y se dedicó a mis tetas. Tomo una de cada mano y jugaba con ellas dando me placer en cada movimiento. Me pellizcaba, me las zarandeaba, hasta que me las empezó a lamer, chupar, a morder. Yo volaba.

Esto hizo que yo me concentre en buscar eso que me estaba quemando por dentro. Y descubrí mi clítoris y lo hice girar hasta que mi grito se escucho en todo el barrio.

Después de esa noche lo habremos hecho dos o tres veces al año… siempre cuando se iba el novio de mi madre…

Capitulo 2

Estaba yo muy contenta al haber descubierto la auto satisfacción, pero aunque mi idea era que si me pajeaba bajaría mi calentura adolescentes… pero todo fue al revés. Cada vez mi temperatura subía y tal como me lo había advertido mi madre, lo empecé a hacer de noche, pero luego lo hice a cualquier hora y en cualquier lugar. Es mas cuando el lugar era mas expuesto, mas me gustaba… pero tampoco es eso lo que les quiero contar.

En casa, transcurre esta historia, yo estaba en mi cuarto, estudiando, cuando siento que la puerta de calle se cierra. Seguro que era Mamá que llegaba del trabajo. Sabía que en unos minutos, cuando deje sus cosas, vaya al baño y todo eso abriría la puerta de mi cuarto y me dará un beso.

Me concentré en la lección que debía estudiar y no me di cuenta que Mamá no me había saludado. Entonces salí de mi pieza y la busqué pero no era ella la que estaba en casa sino su novio. Lo saludé y él me dio un abrazo como siempre pero a mí me dio un cosquilleo diferente a siempre. Así que me quedé quieta para que el abrazo se prolongara lo más posible. Me encantaba su olor y la seguridad que tenía en sus manos, en sus brazos. Me pareció que me había abrazado toda la tarde pero en realidad fueron unos segundos, quizás un poco mas que siempre pero no tanto como yo lo deseaba. ¿Desde cuándo existe este sentimiento? Nunca lo había notado… quizás fue el estar solos en casa, cosa que no era muy frecuente, quizás porque siento que ahora le puedo atraer, ya que mi cuerpo ya es de mujer. El episodio no pasó de allí es mas traté de olvidarme de esa sensación pero la verdad es que no puede estudiar mas mi concentración ardía en deseos.

Me fui al baño hice pis, para sentirme más liviana y cuando volví a mi cuarto no cerré la puerta totalmente - ¿quería que me viera? Me desnude completamente, me recosté en mi cama y me hice una paja tremenda y no escatimé jadeos ni grititos pero él no apareció o por lo menos yo no lo vi.

A la media hora llegó mi mamá, así que me puse un pijama sin nada abajo y salí a saludarla.

- ¿Te sentís bien? – me preguntó y no era para menos de piyama a las cinco de la tarde y una ojeras post masturbación, parecía una muerta.

- Estaba estudiando y me dio sueño..

- ¿Querés que te lleve una chocolatada y unas vainillas a tu cuarto?

Y así empezaron mis nuevas fantasías. Desde ese día busque cada roce, cada mirada y toda mi seducción para que Gustavo me empiece a mirar como una mujer. Salía del baño con una toalla que apenas cubría el espacio ente mis tetas y mi culo, me paseaba por delante de él, tratando de descifrar un mínimo gesto, una mínima mirada de deseo pero todo resultaba en vano.

Pero unos meses mas tarde pasó algo. Mi abuela se descompuso y entre mi mamá y mi tía se turnaban para cuidarla. Esto duró un mes hasta que se repuso y ahora por suerte está bien… Pero en casa tuve piedra libre. Los días en que mi madre cuidaba a la abuela, mi adrenalina y mi calentura se multiplicaba por cien… Gustavo llegaba a casa los abrazos eran mas sentidos y mas largos, mis besos buscaban su boca y lo provocaba con todo mi cuerpo. Siempre lo esperaba vestida con un short y un top, hasta llegué a estar en bombacha y remera corta, mostrarme, seduciéndolo.

Una tarde, hacia mucho calor y mi madre cuidaba a la suya, Gustavo llegó mas tarde de lo de costumbre y yo estaba esperándolo desde hacía dos horas. Cuando llegó corrí a sus brazos y los besé en la boca, como una novia que espera a su amante. El beso pudo parecer que fue un error de cálculos y ambos lo dejamos pasar.

- Esta noche vamos a ir a comer a fuera, no tengo ganas de cocinar - me dijo

- Yo puedo hacerlo si lo deseas.

- ¿Y qué podrías hacer? Mejor vamos a comer fuera y no ensuciamos ni nada.

- ¿Estás seguro que quieres volver a salir de casa?

- Pidamos algo por teléfono y chau

- Muy buena idea… ¿Sabés algo de tu madre?

- Si, llamó hace un rato y me dijo que cuando llegues la llames..

- La llamo y después hago el pedido ¿Bien?

Yo asentí y él agregó - ¿Comida China?

- ¡Buenísimo!!!

Mientras él hacía el pedido yo prendí el horno, porque siempre llega fría y a él le gusta bien caliente. Yo no sabía lo bueno que me iba a pasar por eso… Cuando llegó la comida, yo tenía mi remerita blanca toda sudada, seguro que a la luz se transparentaba todas mis tetas.

Comimos mirando televisión, había un partido de fútbol y yo pensé, Gustavo era de esos hombres que cuando miran fútbol podés pasearte desnuda y no se darían cuenta… Comimos y terminamos diez minutos antes de que termine el partido, yo aproveche para levantar los platos y lavarlos, calculando que termine justo con el fútbol. Me miré al espejo y mi blusa estaba empapada y se pegaba a la piel y totalmente transparente.

Volví al living con café para los dos. Él hacía zapping para buscar algo para mirar. No me vio cuando le alcanzaba el café y unas gotas le cayeron en el pantalón, sin querer atiné a limpiarlo con una servilleta y mientras limpiaba su pierna, sentí su pene y me ericé.

Gustavo se levantó y fue al cuarto de mi madre a cambiarse, estaba tentada en ir a espiarlo pero me quedé esperándolo. Volvió con el torso al desnudo y con un short muy apretado donde se le notaba su hermoso bulto. Se volvió a sentar a mi lado. El televisor estaba en un canal de música, donde Luis Miguel Cantaba boleros.

- ¿Te quemaste?

- No te preocupes.

- Sí me das el pantalón lo pongo en remojo.

- Haceme el favor, buscalo en la pieza…

Fui y estaba sobre la cama matrimonial, cuando lo levanté cayo de él el calzoncillo, lo levanté e intuitivamente lo llevé a mi nariz y lo olí. Un olor fuerte a hombre me invadió. Gustavo entró en el cuarto, no me di cuenta hasta que sus brazos me tomaron por la cintura. No sabía que hacer, su calzón todavía estaba en mi cara. Lo dejé caer, sorprendida, me di vuelta y su boca se encontró con la mía y nos besamos, primero con la boca cerrada y luego la abrí dejando entra su lengua para que hurgara en mi boca. Sus manos jugaban por mi espalda, levantando la remera y en un segundo, con una hábil acción me la sacó. Mi piel y su piel. Los dos sudábamos.

Gustavo me alzó y me recostó en la cama, me sacó el short, la bombacha y me lamió la rayita, tal cual lo había visto hacérselo a mi madre. Yo estaba en la nube cien. Tomé su cabeza por la nuca para que no terminara hasta que yo acabé, eso pareció gustarle porque su lengua apuro su chupada en mi clítoris y como nunca exhalé, todo el aire que tenían mis pulmones. Acabé como nunca lo había hecho.

- Ahora Sole te toca a vos…

Como pude me restablecí, era lo último, hubiera deseado. Levantarme fue un suplicio y pensar en llevarme ese tronco a mi boca no me atraía. Una vez frente a él lo tomé con la mano y lo acaricié… No sabía bien que hacer. Una baba salía de la punta de su pene, entonces lo miré a los ojos y le dije – No sé como se hace.

- Vamos no te hagas la ingenua, si eres muy putita.

- Te juro que nunca lo he hecho.

- Yo te enseñaré a ser la mejor chupa pijas del mundo…

Estaba totalmente sorprendida, ya que él nunca hablaba de forma grosera, pero debo admitir que sus palabras chanchas me gustaba y así sin pensarlo mas le empecé a dar besos en la pija desde los huevos hasta llegar a la punta. El liquido se hizo mas abundante y su sabor era rico, un sabor nuevo y fuerte, así que abrí la boca y dejé que la cabeza de su pene entrara. Lo demás fue instinto y placer. Cada vez entraba más profundo y Gustavo se empezó a mover. Cuando llegué a la base, no lo podía creer, toda esa verga dentro de boca. Él se movía mas y más y de repente pasó algo que no me imaginaba. Un chorro de leche caliente salió de su pene y casi me ahogo y la saqué, pero su choto seguía tirando chorros de leche que me cayeron en la cara y el último en los pechos. Sus piernas temblaban y se dejó caer a mi lado… Cuando reaccione me dijo – Ven, metete en la cama – yo obedecí y así desnuda y llena de leche me acosté a su lado. El pasó su mano levantando los restos de leche y me los metió en la boca. Chupé sus dedos como antes había chupado su pene. Me besó y me dijo. No tengo profilácticos así que es todo por hoy, pasado mañana terminaremos la lección. Yo me estaba por levantar para acostarme en mi cama, pero me detuvo, me abrazó y me invito a quedarme a dormir con él. Fue hermoso sentir su peso en mi cuerpo, casi tengo que ir al baño a hacerme una paja, pero no tenía fuerzas ni para eso…

Me dio un beso en la boca y dormimos haciendo cucharita. Yo nunca había dormido con nadie, salvo con mi madre.

Al otro día, me desperté y ya era tarde para ir al colegio, así que me di vuelta y allí estaba él. Lo acaricié hasta despertarlo… me hizo una paja y yo a él y se fue a trabajar. Yo dormí dos horas mas entre sus sabanas que olían a él.

Capitulo 3

La primera vez que cogí con el novio de mi mamá fue dos días después que dormimos por primera vez, juntos.

Era obvio que iba a pasar de forma rápida. El primer día que mamá se ausentó de casa para ir a cuidar a la abuela, él volvió temprano a casa y yo lo estaba esperando en su cama. No hizo falta decir nada, él se desvistió, su verga era una columna férrea. Al levantar la sábana no se sorprendió al encontrarme desnuda.

- ¿Mi putita está preparada para sentir la emoción máxima?

- Tu putita tiene muchas ganas y mucho miedo.

- No te preocupes, en esto tengo mucha experiencia. Vos solo tenés que hacer todo lo que yo te diga y todo será más sencillo y más placentero. Todo será excitante y muy caliente ya verás. – Mientras me decía todo eso sus manos subían y bajaban por mi cuerpo dejándome toda erizada, sentía el sudor en mis axilas, en mi espalda, en mi entre piernas y temí que eso no le guste, ya que si bien mi sudor no era desagradable era muy intenso y se olía desde cierta distancia.

Gustavo me beso de forma profunda, mientras tomó mis manos y me indicó lo que debía hacer con ellas. Su idea es que me vaya tocando los lugares que más me iban calentando, que fuera indicándole el camino a seguir.

Y lamió mis tetas, las chupó, las babeó y las mordió, poniéndome en una nube. Acarició mi cintura, mordió mis axilas, ya no le importaba mi sudor o quizás a él le gustaba y me fue penetrando, con su verga enorme degustándome, despacio con su trompa. Me cogió y cada uno de sus movimientos me hacía acabar y volvía. Así descubrí que era multiorgásmica, igual que mi madre.

Pero la idea no es dedicarme a este episodio sino al tercer momento que fue hacerlo los tres.

Mi abuela ya estaba bien así que los encuentros con Gustavo se espaciaron hasta casi desaparecer. Lo mismo pasó con las relaciones con mi madre y nada de lo que había en oferta de mi edad me apetecía… hasta ese momento nunca había cogido con nadie fuera de mi mamá y Gustavo.

Cuatros meses después, mi suerte cambiaría. Una noche de primavera, fue una de esas en la que dan ganas de comer en el patio y quedarnos en largas sobremesas… Habíamos llegado al momento del postre y a mi madre se le antojó helado. Inmediatamente a los tres nos pareció indispensable comer helado, pero nadie tenía ganas de ir. Gustavo accedió ya que mi mamá lo empezó a chantajear. A su vez, él me invitó a acompañarlo y fuimos los dos, mamá levantaría la mesa y lavaría los platos.

La heladería quedaba a dos cuadras y fuimos caminando, él me abrazó y parecíamos una pareja. En la oscuridad le robé un beso y una vez en la heladería hacíamos como si fuéramos novios. Y nos hacíamos arrumacos y hablábamos todo el tiempo riéndonos y provocándonos. A la vuelta, en la calle, aprovecho para acorralarme contra una pared y me subió la blusa y me tocaba las tetas, me besaba y nos quedamos un rato así. Hasta que nos dimos cuenta que mamá nos esperaba…

Yo estaba muy caliente ya que hacía como cuatro meses que no tenía contacto con ninguno de los dos. Y al llegar al patio encontré a mi mamá fumando en la reposera. Había un halo de enojo por nuestra tardanza.

- Ya estaba por irme a dormir.

- Sos una exagerada. - Me acerqué y le di un beso en la boca, con la lengua casi le acaricio la campanilla de su garganta. Esos besos sé que la calientan mucho y la nublan, deja de ser la lúcida mujer para convertirse en una hembra en celo.

- Va a venir Gustavo – me dijo alejándome con las manos.

- ¿Te da vergüenza?

- ¿A vos no?

- A mi no me da vergüenza – Contesté justo en el momento en que entraba Gustavo, con las cucharas y el pote de helado.

- ¿Qué es lo que debería avergonzarte? – preguntó él

- Nada, tonteras de Sole…

- Ninguna tontera, algo hermoso que nos pasa.

- ¡Sole, por favor! – Mi mamá se impacientó y se puso colorada.

- Bueno no hace falta que digan nada. – Terció Gustavo.

- ¿A vos te doy vergüenza? – Le pregunté a Gustavo y seguí provocando lo que para mí era inevitable. – porque a mi madre, esta mujer tan bella e inteligente, le doy vergüenza…

- Yo nunca dije eso. – Dijo mi mamá -

- Vos no podés darle vergüenza a nadie. – dijo el novio de mi mamá como si estuviéramos hablando de boludeses.

- Ves mami, a Gustavo no le molesta. – Me acerqué a él y le puse un beso en la boca, sencillo. Mi madre y él se quedaron helados, mas que la crema de vainilla que estaba en el pote. Sin darles respiro y como venganza por haberme dejado cuatro meses sin una sección de sexo, me acerqué a ella y también la besé. Ahora era Gustavo al que se le salían los ojos de la órbita. Tome mi plato con helado y me fui a sentar a mi lugar, desde allí me quedé muda observándolos. Esperando su reacción. Pero los dos miraban el piso y ni siquiera se movían, entonces les dije:

- Se les va a derretir el helado.

Los dos a la vez reaccionaron tomaron un plato y se pusieron a comer sin hablar, como autómatas… 

Deje pasar unos segundos y pregunté.

- ¿Está mal que seamos sinceros?

- No, no está mal, pero no es sencillo. - Dijo Gustavo

- No tiene nada de malo, nadie obligó a nadie. Nadie hizo algo que no haya querido hacer.

- Pero Sole – interrumpió mi madre – Vos sos mi hija, Gustavo es mi pareja y no es normal que pase.

- ¿Vos no sabías que yo tenía relaciones con él?

- Lo intuía, pero no lo sabía.

- Yo nunca me lo hubiera imaginado – dijo Gustavo

- Quédense tranquilos, yo estoy bien, los quiero mucho y sé que lo que nos pasa no es normal. Pero porque no lo fuera no voy a dejar de hacerlo… me da placer y no molesto a nadie.

- Sole, vos ya tenés dieciocho años y podés hacer lo que quieras pero…

- Mamí, ¡Por favor!, Se los pido a los dos. Tengamos esta relación para dentro y disfrutemos. Si no nos gusta paramos, y chau… pero lo tenemos que probar…

- No hay que cumplir todas las fantasías – Dijo Mamá. – es bueno que haya algunos deseos incumplidos, porque son como metas. Y esto es muy grosso.

¿No te parece, cariño?

- Si me parece, pero hay tantas fantasías que no vamos a cumplir… tenemos tantas frustraciones y ahora nos pusieron esta aquí en la mesa… ¿La vamos a dejar ir? Nos miró a las dos…

- ¡Bien Gustavo! Me encantó tu argumento…

- Quiero decir que lo voy a hacer. Dijo mi madre y Gustavo y yo, aplaudimos y la vivamos… pero ella nos hizo callar y agregó… - pero quiero que quede claro que no estoy de acuerdo. – Los tres nos reímos y él la besó, se había cerrado el círculo.

Terminamos de comer el helado entre caricias y besos y luego fuimos al cuarto de mi madre y los tres hicimos el amor.

Me gustó verlos y ayudarlos a acabar. Me gustó que se esmeraran en ser mis amantes. Me gustó ser saboreada y saborearlos. Sentir que no era sexo, que los tres, hacíamos el amor.

Lo hicimos tres o cuatro veces más, en el lapso de esa primavera y el verano. Yo me puse de novia con un tipo que no iba a ver muy bien nuestra, relación y aunque mi madre quería acostarse con él, los tres estuvimos de acuerdo en cortarla… Ya pasaron dos años y unos meses de la última vez pero sé que va a volver a pasar, lo presiento. Quizás cuando lo necesitemos. Lo volveremos a hacer, no tengo dudas.

Por Sole Cross

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